Bajo el realismo de Trump, EE.UU. ya no es indispensable

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 11/11/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1955200-bajo-el-realismo-de-trump-eeuu-ya-no-es-indispensable

 

Pocos le asignaban posibilidades de éxito a Donald Trump en su puja por llegar a la Casa Blanca. Pero lo cierto es que lo que parecía un sueño imposible es una realidad. Por el empuje del propio Trump y el apoyo masivo de la mayoría blanca norteamericana.

El impacto de lo sucedido tendrá consecuencias de peso en política exterior. Trump, que no es ciertamente un experto en esa materia, ha acumulado algunos anuncios que permiten hacer algunas reflexiones acerca de cuáles podrían ser sus futuras directivas. Ante todo, Donald Trump parecería no creer que, frente al mundo, Estados Unidos sea necesariamente un actor “indispensable”. No es un internacionalista. Ni un soñador. Y menos aún, un diplomático consumado. Es, más bien, un pragmático, duro e inteligente a la vez. Un realista.

Por ello en sus primeros pasos privilegiará seguramente el andar en los temas internos. Quizá suponga que eso es precisamente lo que su lema “Primero América” quiere decir.

No obstante, ha puesto sobre la mesa algunas visiones que pronto deberá ratificar o modificar. Me refiero a temas de envergadura: la inmigración latina a Estados Unidos; el ingreso de musulmanes a su país; la reorganización de la OTAN; la reducción de la asistencia externa a otros países; la revisión de los acuerdos centrales en materia de comercio internacional, incluyendo el Nafta; el comercio con China, en procura de mejorar los actuales términos de intercambio; la necesidad de que los aliados o amigos de Estados Unidos contribuyan seriamente a sufragar los costos de la asistencia militar norteamericana, y el impulso para que los países más avanzados de Asia accedan -defensivamente- a las armas nucleares; en especial, Japón y Corea del Sur, con el consiguiente riesgo de proliferación.

Por el perfil aislacionista de Trump, la confiabilidad de las alianzas militares de Estados Unidos está en proceso de revisión. Europa, por ejemplo, debería -según sostiene Trump- hacerse cargo de costear lo principal de su propia defensa militar. Lo que puede enfriar la relación de Estados Unidos con el Viejo Continente, hasta ahora cercana y estratégica. Y no es imposible que, de pronto, Estados Unidos y Rusia comiencen a actuar conjuntamente en Irak y Siria cuando de enfrentar al terrorismo islámico se trate. En Medio Oriente, la preocupación local parecería ser la de una disminución acelerada del protagonismo mediador norteamericano.

En nuestra propia región es probable que la relación con México sea inicialmente la más picante. Por la insistencia de Trump en completar el muro fronterizo de más de 1000 kilómetros que ya existe, extendiéndolo a los más de 3000 kilómetros de la línea de frontera común. Desde el pragmatismo, sin embargo, Trump sabe bien que México es el tercer socio comercial de su país, después de Canadá y China. Lo cierto es que, ante el nuevo escenario, el peso mexicano cayó fuerte con el triunfo republicano, perdiendo el 13% de su valor, lo que resultó un latigazo de proporciones.

Respecto de Venezuela, es posible que la posición norteamericana se endurezca. Trump no parece demasiado dispuesto a ser paciente con los desplantes de un líder inepto como Nicolás Maduro. Sin por ello estimular el intervencionismo.

Es probable que hasta que la futura administración de Donald Trump muestre sus cartas, lo que quizás no suceda hasta el año que viene, la fragilidad y la desaceleración se instalen en el ambiente. Mientras tanto, aquello -un poco presuntuoso- de que Estados Unidos es para la paz y seguridad del mundo una “nación indispensable” parecería rumbo a desvanecerse.

Dependiendo de los nombres de quienes el presidente electo convoque para conducir la política exterior norteamericana, el momento de incertidumbre podría comenzar a disiparse aun antes de que la administración federal norteamericana pase a manos de Donald Trump y su primer equipo de gobierno. No obstante, una sensación de “borrón y cuenta nueva” se ha instalado sobre algunos de los temas de la política exterior del país del Norte tras lo que Guy Sorman ha bautizado como “la revancha del hombre blanco”.

En los pequeños países del Báltico hay temor ante la posibilidad de que la protección norteamericana pueda no ser automática. A lo que se suma la preocupación de los ambientalistas por el anunciado repudio a los acuerdos de París. La lista de posibles cambios de rumbo es extensa. Algunos creen que necesariamente serán sísmicos. Me inclino a pensar que el pragmatismo de Trump puede bien moderarlos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El “papa negro”, el jesuita venezolano Sosa Abascal, parece conocer bastante mas que el “papa blanco”

Por Martín Krause. Publicada el 20/10/16 en: http://bazar.ufm.edu/el-papa-negro-el-jesuita-venezolano-sosa-abascal-parece-conocer-bastante-mas-que-el-papa-blanco/

 

El diario La Nación publica un artículo titulado “El ‘papa negro’ no ve salida a la crisis”, en el cual las declaraciones de Arturo Sosa Abascal, superior general de los Jesuitas, muestran que parece conocer bastante más de economía que nuestro ‘papa blanco’, Francisco. Éste ha planteado los temas desde una perspectiva simplista y repetida: la culpa es de los capitales financieros y su afán de lucro. Sosa Abascal, en cambio (claro, vive en Venezuela, donde las cosas están muy claras y a la vista), presenta algunos comentarios teóricamente mucho más sólidos: http://www.lanacion.com.ar/1948269-el-papa-negro-no-ve-salida-a-la-crisis

Primero van sus comentarios, luego algunos párrafos del libro El Foro y el Bazar sobre la teoría:

“La situación en Venezuela es muy difícil de explicar al que no vive allá y como profesor universitario y analista político siempre tuve que reiterar como una letanía que no se entiende qué pasa en Venezuela si no se recuerda que el país vive de la renta petrolera, que administra con exclusividad el Estado”, explicó.

“Entonces sucede algo que pone cuesta arriba la formación de una sociedad democrática. Normalmente, el Estado tiene que estar subordinado a los ciudadanos porque son ellos quienes mantienen el Estado, pero [en el caso de Venezuela], debido a la renta petrolera, es el Estado quien mantiene la sociedad y esto hace muy difícil la creación de un Estado democrático”, indicó.

Ahora la renta petrolera no alcanza y la sociedad venezolana está mal mantenida por un “Estado gigante”, algo que provoca “mucho sufrimiento”, también dijo. “El modelo político de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro, basado en un proyecto rentista, ya no se sostiene”, afirmó. “Pero algo parecido hay que decir de la oposición venezolana, que tampoco tiene un proyecto rentista diferente, que es lo que se necesitaría para salir a largo plazo de esta situación en la que está el país”, agregó.”

Aquí, algo del libro sobre el mismo tema:

Una reconocida causa de “fracaso del Gobierno” es la que resultaría de lo que se ha dado en llamar “la maldición de los recursos naturales”, aludiendo así al caso de países que descubren un importante recurso natural, pero aquello que representaría en otro caso una gran oportunidad termina hundiendo al país en la pobreza e incluso la guerra civil.

El sentido común diría que un país que descubre recursos puede aprovecharlos para crecer, y en verdad así ha sido el caso en países como Estados Unidos, Australia, Canadá, Chile o Botsuana. Pero en algunas investigaciones empezaron a descubrirse casos donde el crecimiento de países ricos en recursos era menor que aquellos que no los tenían. ¿Cuáles serían las causas de esta maldición?

Una de las primeras explicaciones vinculaba ese fenómeno con la llamada “enfermedad holandesa”: la pérdida de competitividad de una economía derivada de la revaluación de su moneda, a su vez causada por el importante volumen de exportaciones de un determinado recurso natural, que llevaba al tipo de cambio del mercado a un nivel muy bajo, para que el resto de las actividades de producción de bienes transables pudiera competir con las importaciones. El desarrollo de este concepto se atribuye al trabajo de Corden y Neary (1982).

Hasta aquí se trata de explicaciones “económicas” sobre la maldición; luego comenzaron a presentarse otras relacionadas con cuestiones institucionales y en particular “fallas del Gobierno”. Atkinson y Hamilton (2003) analizaron un conjunto de noventa y un países durante dieciséis años y encontraron que los más afectados por la maldición mostraban elevado gasto público y problemas fiscales, habiendo dilapidado las rentas del recurso. Torvik (2002) y Mehlum et al (2006) se centran más enfáticamente en las fallas del Gobierno y señalan que la existencia de la renta de ese recurso desata la competencia por obtenerlas promoviendo esa actividad, en detrimento de la actividad productiva. La búsqueda de rentas se vuelve mucho más rentable. Robinson et al (2006) señalan que al boom generado por el recurso lleva al gobernante a actuar en forma oportunista, tratando de maximizar la posibilidad de su reelección empleando más gente en el sector público. Esto traslada fuerza de trabajo del sector más productivo al menos productivo. A esto habría que sumarle más corrupción, compra de votos y clientelismo.

La falla “institucional” lleva a Karl (2007) a señalar que un marco institucional conducente al progreso y al mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos es normalmente el resultado de una serie de intercambios de recursos (impuestos) por instituciones. Las limitaciones al poder monopólico otorgado al Gobierno son aceptadas por este, porque los recursos provienen de contribuyentes que exigen rendición de cuentas sobre su dinero, o al menos sienten la presión impositiva en contraposición con los servicios que del Gobierno reciben. Pero si el Gobierno se financia ahora con fondos que obtiene del recurso, no tiene por qué rendir mayores cuentas a nadie. Como el cobro de impuestos ha generado siempre algún tipo de resistencia o incluso revueltas en la medida que se exagera sobre la forma de utilizarlos, y el endeudamiento depende de la capacidad de demostrar un flujo regular de ingresos, los Gobiernos tuvieron que limitar sus poderes para poder recaudar esos impuestos (el principio de que no habrá impuestos sin representación). Cuando se financian con los fondos de la renta de un cierto recurso esas presiones no se producen. En muchos estados petroleros, por ejemplo, la negociación siempre ha sido entre el Gobierno y las empresas petroleras, ya que estas han sido los “contribuyentes”, no entre aquel y los ciudadanos. Esto les da también a estos Gobiernos mucha autonomía respecto al gasto, decidiendo cómo se reparte esta renta. Ross (2001) denomina a este fenómeno “efecto rentístico” y le agrega dos más: el “efecto gasto”, que lleva a un mayor uso de fondos provenientes del recurso en “clientelismo”, y un “efecto sobre la formación de grupos”, ya que el Gobierno utilizará esos fondos para prevenir la formación de grupos sociales independientes del Estado. En conjunto, los tres efectos influyen en el tipo de régimen político y donde predominan generan Gobiernos autoritarios, mientras que aquellos que se financian con impuestos, sobre todo directos, es más probable que sean más democráticos y tengan un mayor control del poder.

En el caso de financiamiento de un Gobierno a base de impuestos, el ciudadano promedio podría estar más alerta respecto al uso de esos fondos, ya que tienen un costo directo sobre su ingreso y patrimonio. En el segundo caso, cuando se financia de la renta del recurso, el ciudadano obtiene el beneficio de una menor presión impositiva directa. Esto también podría generar algún incentivo para imponer algún control, ya que, si el gobernante despilfarra el recurso de la renta, tarde o temprano llegarán los impuestos. No obstante, parecería que este segundo incentivo es más débil que el primero. Es decir: si me cobran impuestos, siento el peso de esa carga directamente, y puede ser que tenga más motivación para controlar el gasto; si no me los cobran y el Gobierno se financia de la renta del recurso, también podría tener un incentivo, ya que podría perder esta baja carga fiscal si el Gobierno despilfarra: pero el primero es un costo directo y actual; el otro una posibilidad futura. El primero es mucho más fuerte que el segundo.

También puede ser que los votantes no piensen en las generaciones siguientes o, conociendo cómo actúan los políticos, quieran obtener la renta ahora y no dejarla en sus manos. Es decir: si ha de haber algún cálculo intergeneracional, los votantes bien pueden pensar que mejor quede en sus manos, y no en las del Gobierno. Así parece que ocurre en Noruega, un país que es un ejemplo de calidad institucional en muchos sentidos, e incluso en el manejo de los recursos naturales. Los descubrimientos de petróleo en el Mar del Norte generaron un efecto como los que aquí han sido comentados, pero el Gobierno de ese país decidió crear un fondo con la renta petrolera, que sería invertido en activos fuera del país, para ser usado por las siguientes generaciones o en situaciones de crisis. El caso es tomado como un ejemplo de que la buena calidad institucional permite un manejo adecuado de un recurso natural y no genera la tan mentada “maldición”. De esta forma, los noruegos no solamente dejan fuera de un determinado Gobierno el atractivo de gastar esa renta, sino que incluso la invierten en el exterior para reducir el impacto del ingreso de divisas; esto es, la “enfermedad holandesa”. No obstante, parece que los noruegos también están insatisfechos con esto; muchos quisieran tener ese dinero en sus manos y ahora (Listhaug 2005), generándose así insatisfacción y un deterioro de la confianza en el sistema político. Lo cierto es que el problema, en un país de alta calidad institucional, muestra las limitaciones que tienen los Gobiernos para saber cuáles son las preferencias de los ciudadanos y luego actuar de acuerdo con ellas.

El financiamiento mediante las rentas obtenidas de un recurso también significaría un menor incentivo a los votantes para estar informados e incrementaría los problemas de apatía o ignorancia mencionados en el capítulo anterior. Si los votantes no tienen un buen incentivo para informarse y decidir racionalmente, los políticos afrontan incentivos diferentes y les conviene pensar racionalmente cuando las políticas que apoyan o implementan pueden cambiar sus perspectivas electorales. El costo del error puede ser muy alto.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La derrota de Evo

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 6/3/16 en: http://elpais.com/elpais/2016/03/03/opinion/1457026147_040257.html

 

La popularidad del presidente boliviano va apagándose y la opinión pública dejará de aplaudir a un régimen que es un monumento al populismo más desenfrenado

 

La derrota de Evo Morales en el referéndum con el que pretendía reformar la Constitución para hacerse reelegir por cuarta vez en el año 2019 es una buena cosa para Bolivia y la cultura de la libertad. Se inscribe dentro de una cadena democratizadora que va golpeando al populismo demagógico en América Latina de la que son jalones importantes la elección de Mauricio Macri en Argentina contra el candidato de la señora Fernández de Kirchner, el anuncio de Rafael Correa de que no será candidato en las próximas elecciones en Ecuador, la aplastante derrota —por cerca del 70% de los votos— del régimen de Nicolás Maduro en las elecciones para la Asamblea Nacional en Venezuela y el desprestigio creciente de la presidenta Dilma Rousseff y su mentor, el expresidente Lula, en Brasil, por el fracaso económico y los escándalos de corrupción de Petrobras que presagian también un fracaso catastrófico del Partido de los Trabajadores en las próximas elecciones.

A diferencia de los Gobiernos populistas de Venezuela, Argentina, Ecuador y Brasil, cuyas políticas demagógicas han desplomado sus economías, se decía de Evo Morales que su política económica ha sido exitosa. Pero las estadísticas no cuentan toda la verdad, es decir, el período enormemente favorable que vivió Bolivia en buena parte de estos 10 años de Gobierno con el auge del precio de las materias primas; desde la caída de estas, el país decrece y está sacudido por los escándalos y la corrupción. Esto explica en parte el descenso en picada de la popularidad de Evo Morales. Es interesante advertir que en el referéndum casi todas las principales ciudades bolivianas votaron contra él, y que, si no hubiera sido por las regiones rurales, las menos cultas del país y también las más alejadas, donde es más fácil para el Gobierno falsear el resultado de las urnas, la derrota de Evo habría sido mucho mayor.

¿Hasta cuándo continuará el singular mandatario echando la culpa al “imperialismo norteamericano” y a los “liberales” de todo lo que le sale mal? El último escándalo que ha protagonizado tiene que ver con China, no con Estados Unidos. Una examante suya, Gabriela Zapata, ahora presa, con la que tuvo un hijo en 2007, fue luego ejecutiva de una empresa china que ha venido recibiendo jugosos y arbitrarios contratos gubernamentales para construir carreteras y otras obras públicas por más de 500 millones de dólares. El favoritismo flagrante de estos contratos ilegales, denunciados por un gallardo periodista, Carlos Valverde, ha sacudido al país y los desmentidos y explicaciones del presidente sólo han servido para comprometerlo más con el enjuague. Y para que la opinión pública boliviana recuerde que este es sólo el último ejemplo de una corrupción que a lo largo de este decenio ha venido manifestándose en múltiples ocasiones aunque la popularidad de Evo sirviera para acallarla. Da la impresión de que aquella popularidad, que va apagándose, ya no bastará para que la opinión pública boliviana siga engañada, aplaudiendo a un mandatario y a un régimen que son un monumento al populismo más desenfrenado.

Ojalá que, al igual que los bolivianos, la opinión pública internacional deje de mostrar esa simpatía en última instancia discriminatoria y racista que, sobre todo en Europa, ha rodeado al supuesto “primer indígena que llegó a ser presidente de Bolivia”, una de las muchas mentiras que propala su biografía oficial, en todas sus giras internacionales. ¿Por qué discriminatoria y racista? Porque los franceses, italianos, españoles o alemanes que han jaleado al divertido gobernante que se lucía en las reuniones oficiales sin corbata y con una descolorida chompita de alpaca jamás habrían celebrado a un gobernante de su propio país que dijera las estupideces que decía por doquier Evo Morales (como que en Europa había tantos homosexuales por el consumo exagerado de la carne de pollo), pero, al parecer, para Bolivia, ese ignaro personaje estaba bien. Los aplausos a Evo Morales en Europa me recordaban a Günter Grass cuando recomendaba a los latinoamericanos “seguir el ejemplo de Cuba”, pero para Alemania y la culta Europa él no proponía el comunismo sino la socialdemocracia. Tener pesos y medidas distintas para el primer y el tercer mundo es, pura y simplemente, discriminatorio y racista.

Quienes creen que un personaje como Evo Morales está bien para Bolivia (aunque nunca lo estaría para Francia o España) tienen una pobre e injusta idea de aquel país del Altiplano. Un país al que yo quiero mucho, pues allí, en Cochabamba, pasé nueve años de mi infancia, una época que recuerdo como un paraíso. Bolivia no es un país pobre, sino, como muchas repúblicas latinoamericanas, empobrecido por los malos Gobiernos y las políticas equivocadas de sus gobernantes —muchos de ellos tan poco informados y tan demagogos como Evo Morales—, que han desaprovechado los ricos recursos de su gente y su suelo —sobre todo, cerros y montañas— y permitido que una pequeña oligarquía prosperara en tanto que la base de la pirámide, las grandes masas quechua y aymara, y la población mestiza, que es el grueso de sus clases medias, vivieran en la pobreza. Evo Morales y quienes lo rodean no han hecho avanzar un ápice el progreso de Bolivia con sus acuerdos comerciales con Brasil para la explotación del gas y sus empréstitos gigantes provenientes de China para la financiación de obras públicas faraónicas y, muchas de ellas, sin sustentación técnica ni financiera, que comprometen seriamente el futuro de ese país, a la vez que su política de nacionalizaciones, victimización de la empresa privada y exaltación de la lucha de clases (y, a menudo, de razas) incentivaba una violencia social de peligrosas consecuencias.

Bolivia cuenta con políticos respetables, realistas y valientes —conozco a algunos de ellos— que, pese a las condiciones dificilísimas en que tenían que actuar, arriesgándose a campañas innobles de desprestigio por parte de la prensa y los aparatos de represión del Gobierno, o a la cárcel y al exilio, han venido defendiendo la democracia, la libertad ultrajada, denunciando los atropellos y la política demagógica, la corrupción y las medidas erróneas e insensatas de Evo Morales y su corte de ideólogos, encabezados por el vicepresidente, el marxista Álvaro García Linera. Son ellos, y decenas de miles de bolivianos como ellos, la verdadera cara de Bolivia. Ellos no quieren que su país sea pintoresco y folclórico, una anomalía divertida, sino un país moderno, libre, próspero, una genuina democracia, como lo son ahora Uruguay, Chile, Colombia, Perú y tantos otros países latinoamericanos que han sabido sacudirse, o están a punto de hacerlo, mediante los votos de quienes, como los esposos Kirchner, el comandante Chávez y su heredero Nicolás Maduro, el inefable Rafael Correa, Lula y Dilma Rousseff los estaban o están todavía llevándolos al abismo.

La derrota de Evo Morales en el referéndum del domingo pasado abre una gran esperanza para Bolivia y ahora solo depende que la oposición mantenga la unidad (precaria, por desgracia) que esta consulta gestó, y no vuelva a dividirse, pues ese sería un regalo de los dioses para la declinante estrella de Evo Morales. Si se mantiene unida y tan activa como lo ha estado estas últimas semanas, Bolivia será el próximo país latinoamericano en librarse del populismo y recobrar la libertad.

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

Según el sapo la pedrada

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 31/12/15 en:  http://www.lanacion.com.ar/1858652-segun-el-sapo-la-pedrada

 

Mauricio Macri es un hombre de palabra. Por eso, en la reciente reunión del Mercosur celebrada en Asunción, como lo había anticipado durante la campaña, expresó -enfática, pero sobriamente- su legítima preocupación por la lamentable situación de los presos políticos a los que el presidente venezolano Nicolás Maduro mantiene en la cárcel por el presunto “delito de opinión”. Por pensar distinto. Rompió así el largo silencio cómplice que mantenían los principales organismos sub-regionales acerca de las reiteradas y constantes violaciones en materia de derechos humanos y libertades civiles y políticas de las que es responsable el oficialismo venezolano. Lo de Macri es algo que cabe aplaudir sin retaceos de ningún tipo, por supuesto.

Nicolás Maduro no arriesgó un papelón y se quedó prudentemente en su casa donde, por el desastre en que ha sumido a la economía de su país, tiene realmente mucho que hacer, aunque lo cierto sea que no muestra idoneidad alguna para enfrentar la situación de emergencia en la que, él mismo, ha empantanado a Venezuela.

Lo reemplazó en Asunción su patológica canciller, Delcy Rodríguez. Hija del fundador de la Liga Socialista, marxista, de Venezuela, Jorge Antonio Rodríguez. Es profesionalmente una abogada especializada en derecho laboral, con algún curso de postgrado en eso completado en Francia. Combativa siempre. Cuando Hugo Chávez vivía, fue su Coordinadora General y su Ministra de Despacho. Colaboradora cercana, entonces, del fallecido y fracasado caribeño. Insolente, como pocas. Y es obviamente una mujer muy agresiva, por naturaleza. Desde diciembre de 2014 ella es canciller de su país, la primera en la historia.

En Asunción, Delcy Rodríguez reaccionó con la inusitada violencia verbal que la caracteriza. Y no vaciló un solo instante en mentir con descaro en sus falsas acusaciones contra el presidente argentino; groseramente y sin que se le moviera un pelo de su cara. Profesionalmente, entonces.

Macri no reaccionó y prefirió dejarla en evidencia. Sus colegas advirtieron naturalmente el fraude verbal de la canciller. Macri hizo gala del proverbio mexicano que sirve de título a esta nota: “Según el sapo la pedrada”. No valía realmente la pena corregir al personaje.

Pero hay un tema que, sin embargo, requiere una reflexión. La torpe acusación de la venezolana de que, con su posición en defensa de los derechos humanos y las libertades en Venezuela, nuestro presidente estaba cometiendo una presunta “injerencia” en los asuntos internos de Venezuela. No es así. Para nada. Por razones fundamentales que hay que destacar, porque no pueden ignorarse.

Ellas tienen que ver, primero, nada menos que con la Declaración Universal de los Derechos Humanos que aparentemente tiene sin cuidado al gobierno venezolano. Ella dice, expresamente, que toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esa Declaración se hagan plenamente efectivos. A lo que agrega que ello debe garantizarse mediante medidas progresivas de carácter internacional entre los pueblos de sus Estados Miembros.

A lo que se suma que el Pacto de San José de Costa Rica, del que Venezuela está huyendo, recuerda en paralelo que los derechos y libertades esenciales de las personas, hombres y mujeres por igual, no nacen de su nacionalidad, sino que son atributos de la persona humana, razón por la cual justifican una protección internacional, de naturaleza convencional coadyuvante o complementaria a la nacional.

Así de claro, Doña Delcy, pese a que usted lo silencia arteramente y con la mala fe que es su característica. La defensa de los derechos humanos y las libertades esenciales civiles y políticas no es un tema exclusivamente nacional, según los documentos antes aludidos, lo que queda meridianamente claro. No hay injerencias cuando se las defiende con expresiones de preocupación. Nunca.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El valor de las estadísticas

Por Gabriel Boragina. Publicado el 15/11/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/11/el-valor-de-las-estadisticas.html

 

No son pocos los que, desde diferentes espacios (periodísticos, universitarios, etc.), buscan apoyar sus argumentos en series estadísticas que, normalmente, impactan al lego en las cuestiones de que se tratan. A veces, los números impresionan a los menos informados (y formados) por la aparente seriedad que las matemáticas mueven en la mayoría de las personas, ya que los números dan la impresión de estricta exactitud y precisión, y todo aquel argumento -o aun mera declamación o exclamación- que es seguido o antecedido por alguna cifra despierta en quien la escucha o lee un atisbo de convicción.

“En general, en los medios de comunicación lo más frecuente es la exhibición de una carga inusitada de series estadísticas al efecto de defender una u otra política. Es extenuante y exasperante sin que se ponga de manifiesto prácticamente ningún razonamiento de fondo ni fundamento alguno, excepto en algunos círculos de izquierda con lo que provocan un corrimiento significativo en el eje del debate y as í logran que, en gran medida, se adopten las políticas a las que adhieren.” [1]

La recopilación de datos -en una dirección o en otra- carece por si misma de sentido si no se expone cómo se ha construido la serie estadística, cuáles criterios sirvieron de orientación para su selección, y si no se indican los objetivos de la misma, ni se explican las variables ponderadas, las excluidas y las razones pertinentes para adoptar uno u otro criterio para dirigirse en esa alineación. Pero -por otra parte- es de importancia también tener en cuenta los diferentes períodos contenidos, los cuales deberían ser sometidos a la misma prueba de idoneidad. Pero aun cuando se cumplieran con todas las minuciosas exigencias de rigor para la edificación de la estadística, siempre -y en virtud de la falibilidad humana- hay que tener presente que no hay persona ni grupos de ellas que puedan abarcar todos los múltiples factores humanos, por lo cual la estadística –cualquiera que ella fuere, y aun en el caso de las consideradas las mejores- siempre tendrá una cuota de error, que será mayor o menor dependiendo, nuevamente, de hechos que de ninguna manera son captables ni medibles.

“Dejando de lado las fraudulentas o las que pretenden demostrar puntos en base a ratios mal concebidos (por ejemplo, la relación déficit-producto como si el crecimiento del producto justificara un desequilibrio presupuestario mayor) o comparaciones improcedentes (como el denominado deterioro de los términos de intercambio sin tomar en cuenta que en la serie se compara el valor del trigo con el de los tractores sin contemplar que estos últimos cambian de modelo por lo que permiten rendimientos de trigo mayores, además de que esas comparaciones no prueban nada ya que, por ejemplo, la relación de intercambio de los automotores con la cebada fue desfavorable para el primer rubro desde su invento y, sin embargo, los balances de las empresas automotrices revelaron notables mejoras). La sola mención de estadísticas no logra objetivo alguno como no sea una efímera impresión que en realidad no conduce a nada relevante.”[2]

En suma, la estadística no prueba nada, ni nada en rigor puede demostrarse con ella, excepto en forma parcial y temporaria. En el siguiente periodo comprendido, la serie estadística -que pudo haber sido “verdadera” en el periodo anterior-, pudo haber perdido -en el siguiente- cualquier clase de “valor”, o todo su “valor”. Como bien declara Ludwig von Mises, la que se da en llamar economía estadística no es en realidad ninguna otra cosa que simple historia económica. Sus datos podrán revistar, quizás, algún interés como dato histórico, aun cuando se trate de ayer mismo siquiera, pero no mucho más que eso. Ni por lo menos podrá preconizarse como tendencia, ya que las denominadas tendencias dependen, a su vez, de un sinnúmero de elementos menores que no siempre variarán en el mismo sentido cuando reflexionamos sobre la conducta humana, ya que esta acción está influida por innúmeras motivaciones subjetivas que, asimismo, sólo pueden ser conocidas por el sujeto actuante, y -a veces- ni aun pueden ser anticipadas por este.

“Desde el locuaz y prepotente Nicolás Maduro en adelante, todos los gobernantes se empeñan en cubrir sus agujeros negros con una regadera de estadísticas. No son pocos los que entran por la variante respondiendo con otras estadísticas, pero, en última instancia, para demostrar las ventajas o desventajas de un sistema se hace necesario argumentar y desarrollar silogismos consistentes. Básicamente, eliminar la barrera mental de que es posible que el aparato estatal planifique lo que no se conoce de antemano, como la innovación que es la esencia del progreso y todos los millones de arreglos contractuales que sólo se ponen en evidencia en el momento de actuar (“preferencia revelada” decimos los economistas), por lo que los datos no están disponibles ex ante. “[3]

Indudablemente, hay estadísticas que fundadas debidamente son reveladoras en cuanto a efectos causales de diferentes teorías aplicadas. La estadística puede corroborar los efectos de tal o cual teoría. Lo que es imposible es pretender montar teorías en base a series estadísticas. Esto implica tanto como pretender poner el carruaje delante del caballo y pretender que aquel tire de este. La estadística no revela las relaciones causales sino que es el revés: son estas las que explican aquella. Esto implica que la estadística es valiosa siempre y cuando cumpla con todas las condiciones dadas antes, o con la mayor parte de ellas, y que sea sincera en cuanto a lo que involucra y omite. A mayor cantidad de variables incluidas, mayor será la exactitud de lo que se pretende medir, sin perder de vista la volatilidad de la acción humana, por lo que una serie estadística no tendrá el mismo valor en ciencias naturales que en las sociales, dado que su valor predictivo será mayor en las primeras que en las segundas.  El peso relativo de cada variable también es otro componente a evaluar. No sólo cuenta la cantidad de variables que pretende comprender la estadística, sino que el peso relativo de cada una es tan o quizás más importante que la cantidad de aquellas.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) La batalla de las estadísticas – ESEADE- 15-August-2014, https://eseade.wordpress.com/

[2] Alberto Benegas Lynch (h) La batalla de….op. cit.

[3] Alberto Benegas Lynch (h) La batalla de….op. cit.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Europarlamento reclama liberación de presos políticos en Venezuela:

Por Belén Marty: Publicado el 18/12/14 en: http://es.panampost.com/panam-staff/2014/12/18/europarlamento-reclama-liberacion-de-presos-politicos-en-venezuela/

 

Luego de incluir en el orden del día un debate sobre casos de violaciones de derechos humanos, la democracia y el estado de derecho, el Parlamento Europeo emitió un comunicado en el que insta al Gobierno de Nicolás Maduro a liberar inmediatamente a Leopoldo López, y demás presos políticos.

En la resolución, el Europarlamento exige al Estado venezolano respetar los tres pronunciamientos que ha emitido la Organización de Naciones Unidas a través de instancias como el Grupo de Trabajo sobre detenciones arbitrarias, el Comité contra la Tortura y el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, los cuales han determinado que la detención del líder opositor y otros presos políticos, se dio arbitrariamente.

El Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, recibió a Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, quien planteó la crítica situación de los derechos humanos, la persecución y el encarcelamiento de venezolanos por expresar ideas disidentes al Gobierno de Maduro.

El documento pide la liberación inmediata de los exalcaldes Daniel Ceballos y Enzo Scarano, así como de Salvatore Luchesse y los jóvenes estudiantes detenidos desde el mes de febrero, entre ellos Rosmit Mantilla, Alexander Tirado y Raúl Baduel. También exhorta el cese del acorralamiento contra la ex diputada María Corina Machado y otros dirigentes de la oposición venezolana.

El Parlamento Europeo, que agrupa a partidos de la izquierda y derecha democrática de toda Europa, pide al Gobierno venezolano que cumpla con su propia Constitución y sus obligaciones internacionales, las cuales exigen la independencia de los poderes, el respeto a los derechos humanos, a la libertad de expresión y al pluralismo político.

Entre otros puntos reflejados en la resolución, se recomienda al Gobierno venezolano que entable un diálogo “fuerte y abierto” con la Unión Europea, y se pide a los entes judiciales del país suramericano poner fin a la impunidad.

Los parlamentarios europeos acordaron enviar una comisión a Venezuela para hacerle seguimiento a la situación que vive el país.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Venezuela enfrenta su crisis sin cambiar de receta.

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 10/9/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1725609-venezuela-enfrenta-su-crisis-sin-cambiar-de-receta

 

Nicolás Maduro acaba de reestructurar su gabinete, reduciendo el número de ministerios de 30 a 27. Para ello ha incorporado a cinco caras nuevas y reciclado a varios ministros con distintos enroques.

El cambio más significativo en la reorganización de su equipo de gobierno es el de Rafael Ramírez, quien se desempeñaba como presidente de Pdvsa desde el 2004, y Ministro de Energía desde el 2002. En adelante Ramírez -degradado en términos de influencia- se desempeñará en la Cancillería venezolana, reemplazando a Elías Jaua, quien pasó al Ministerio a cargo de las Comunas y de la coordinación de los Movimientos Sociales, que son en rigor un apéndice del gobierno. El “duro” Jaua había sido designado por Hugo Chávez en enero de 2013, cuando ya se encontraba enfermo.

El desplazamiento de Ramírez ha sido interpretado por los mercados como confirmando que Nicolás Maduro no está dispuesto a los cambios inmediatos de rumbo en su política económica que las circunstancias exigen. Ramírez, cabe recordar, había hecho conocer los lineamientos generales de un presunto “plan de ajuste”, que incluía la unificación cambiaria y el aumento del precio de la gasolina, así como el recorte de otros subsidios, propuestas que probablemente quedarán en nada. Por ahora, al menos.

Como consecuencia de la recomposición ministerial, los bonos de la República de Venezuela cayeron -en una sola jornada- un 0,4%, porcentaje que se acumula a la caída de 7,7% producida desde el 18 de agosto pasado. Toda una señal de desconfianza.

Quizás porque la sensación prevaleciente en el exterior es que Maduro no está dispuesto a enfrentar las causas de la inestabilidad. Lo que naturalmente ha desalentado a los inversores en papeles de Venezuela . Por esto el llamado “riesgo venezolano” es cada vez más alto. Y la tasa de interés de Venezuela está casi 12 puntos porcentuales por encima de la de losEstados Unidos . La tasa de interés para el gobierno venezolano es superior a la de Ucrania , país en pésimo estado económico que, además, enfrenta el riesgo de ser invadido por la Federación Rusa. En concreto, la tasa de interés que Venezuela debe pagar para poder financiarse en el exterior cuadruplica a la tasa promedio que pagan los demás países de América latina. Como señal: intranquilizadora.

El pueblo de Venezuela no vive solamente en la mayor escasez de prácticamente todos los artículos de primera necesidad. Vive también en un desesperante proceso inflacionario, ya galopante, con una tasa que está por encima del 60% anual. Por esto el malestar social es cada vez más extendido y evidente.

Por su parte, el aparato productivo venezolano luce destartalado. Lo que no sorprende puesto que el país caribeño tiene el peor índice de competitividad de la región. Sólo Haití está, en esto, peor que Venezuela. La industria venezolana está perdiendo aceleradamente nivel de actividad. En los primeros ocho meses del año en curso, la producción de automóviles cayó un 85%, respecto del año pasado.

En el remozado gabinete ministerial de Nicolás Maduro un general de brigada encabeza el área económica. Un Mayor General de la aviación es el Ministro de Transporte que deberá negociar con las empresas aéreas que han dejado de volar a Venezuela el pago de la deuda acumulada en dólares. Un teniente coronel ocupa el Ministerio de la Alimentación. Las fuerzas armadas mantienen así el manejo de todo lo referido a la importación y distribución de alimentos, hoy en situación de desastre. Un teniente del ejército continúa como Ministro de Industria y otro teniente del ejército es ahora Ministro de Energía Eléctrica. La presencia militar en los puestos claves del gobierno es cada vez más extendida. Particularmente en las áreas productivas y financiera. Lo que supone una profundización de los controles y la continuidad del fracasado intervencionismo, así como de la política intimidatoria del gobierno venezolano.

Lo cierto es que, luego de 16 meses y medio de gobierno que han llevado a Venezuela directamente al caos, Nicolás Maduro, lejos de anunciar los esperados planes para reorganizar la economía, contener la inflación y resolver los acuciantes problemas de la escasez, se ha limitado a dar un nuevo perfil a su gabinete de gobierno. Lo que naturalmente no tranquiliza. Ni satisface las expectativas desde que puede sintetizarse en aquello de “más de lo mismo”. El “sacudón” en el plano económico que había sido prometido no ocurrió. En cambio, el mandatario se refugió en la opaca retórica tradicional, expresando el deseo de que las cosas mejoren. No alcanza.

Volviendo a la reestructuración del gabinete, cabe señalar que el enroque de Elías Jaua luce también estratégico. Porque se le confía ahora el manejo de todos los recursos y de las organizaciones sociales que responden al gobierno, de modo que pueda enfrentar en el Estado de Miranda al gobernador Henrique Capriles Radonski , el líder principal de la oposición. Complicándole la vida.

En su empeño por someter a la gente manteniéndola empobrecida, Nicolás Maduro, al decidir “mantener el rumbo” puede haber entrado en un callejón sin salida. El ala radical de su gobierno, donde milita Elías Jaua ha salido -en cambio- fortalecida y ganado influencia. Pero el profundo desconcierto económico y social se mantiene.

Curiosamente mientras todo esto sucede, los paleontólogos acaban de encontrar en Venezuela el fósil de un dinosaurio de más de 200 millones de años de antigüedad. Se trata del “Laquintasaura Venezuelae”, un reptil de proporciones, que caminaba sobre sus patas traseras. El hallazgo tiene simbolismo. Las políticas colectivistas de Hugo Chávez y Nicolás Maduro que pertenecen a la paleontología, han fracasado en todo el mundo. Es más, han dejado de utilizarse salvo unos pocos casos patológicos, como los de Corea del Norte , Laos y Cuba , cuyas sociedades están sumergidas en el atraso cuando se las compara con las del resto del mundo.

No obstante, Nicolás Maduro “va por todo”. Insiste en un equivocado camino estatista e intervencionista. El mismo que ha llevado a su país al retraso y a su pueblo a vivir sobresaltado y dedicado primordialmente a procurarse -cada día- los productos de primera necesidad que han desaparecido de los mercados.

Quienes suponían que, ante la profundización de la adversidad colectiva, iban a conocer un paquete de medidas para salir de la crisis, se equivocaron. Maduro prefirió tratar de despejar las dudas políticas. Especialmente en el interior de su propio partido y entre sus seguidores, donde algunos dudan de la capacidad de gestión de Maduro y otros lo acusan de haberse apartado del camino de Chávez, lo que no parece haber sido así.

La inflación está deteriorando aceleradamente la calidad de vida de los venezolanos. La pobreza extrema -luego de 15 años de chavismo- es enorme. Un 10% de la población no puede siquiera comprar la canasta alimenticia. Con rincones de horror, como Amazonas, Apure, Monagas, Portuguesa y Sucre, donde el 50% de la población está en la pobreza extrema. O en Anzoategui, Carabobo, Aragua, Falcón, Mérida o Monagas, donde la pobreza extrema se duplicó el último año.

Como en Cuba, al final siempre paga el pueblo, con calidad de vida.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Los empresarios argentinos hacen magia para sobrevivir a los precios máximos.

Por Belén Marty: Publicado el 26/8/14 en: http://esblog.panampost.com/belen-marty/2014/08/26/los-empresarios-argentinos-hacen-magia-para-sobrevivir-a-los-precios-maximos/

 

En los países de Cristina Kirchner y Nicolás Maduro los problemas se solucionan de manera muy fácil. Al sol se lo tapa con las manos y al aumento de precios se lo combate con las políticas de precios máximos y leyes de abastecimiento.+

Argentina y, en mayor medida, Venezuelacombaten al fuego con gasolina y miran para otro lado. Mientras tanto, los empresarios que fueron forzados a acordar con el Gobierno, en las sombras, —ya sea por presión o por ventajas— improvisan trucos de magia para hacerle frente a las políticas de precios máximos que instruyen desde la cúpula gubernamental.

Los kirchneristas presentaron hace unas semanas un proyecto de ley de estilo soviético al Congreso que permitiría al Gobierno controlar qué producir, cuánta cantidad y a qué precios ofertar.

Estos precios son impuestos o acordados desde el Gobierno por debajo del precio de mercado. El Gobierno jamás va a poner, como explica muy bien el profesor Jesús Huerta de Soto, un precio máximo sobre un precio más alto que el precio del mercado, pues no tendría sentido.

En Venezuela a los precios máximos se los conoce como “precios justos“, mientras que en Argentina se los reconoce como “precios cuidados“.

Los trucos de magia empresarial

Cada vez viene menos cantidad de producto.

Los empresarios Copperfield son aquellos que deciden hacerle frente a las políticas de precios máximos disminuyendo la cantidad de un producto.

De esta manera el “truco” se logra achicando los envases, reduciendo la cantidad de unidades, disminuyendo el tamaño de lo que se venda, y bajando la calidad del envoltorio.

Los casos de las galletitas Melba u Oreo en Argentina son un claro ejemplo, que hoy en día son relativamente casi la mitad de lo que eran años atrás. Los paquetes de papas fritas o de nachos vienen casi con el paquete medio vacío y algunos aceites han reducido el tamaño de sus envases.

Otras empresas deciden directamente eludir los precios máximos disminuyendo la calidad de sus productos. Por ejemplo, las aguas saborizadas tienen cada vez más gusto a agua y menos a los sabores que proclaman.

Algunas marcas sacrifican algunos productos —es decir, producen a pérdidas o al costo— compensando con la suba de otros bienes. Sacrifican por ejemplo el precio de la lavandina, pero aumentan el producto de lavandina en gel o desinfectante en aerosol.

Por esto, muchas marcas han optado por agregarle a los envases propiedades que quizás antes también tenían, pero no publicitaban, con el objetivo de poder aumentar su precio, o hacerlo un producto premium. Como ejemplo, podemos citar el lanzamiento de los huevos con Omega 3.

Consecuencia de los precios cuidados, justos o máximos

Estos son fenómenos que suceden como síntomas previos a la escasez de un determinado producto. Son señales que hacen de alarmas en el sistema productivo. Avisan diciendo “ojo que esto no está funcionando”. Siempre que haya imposiciones cohercitivas sobre el precio de un bien, habrá faltante de ese producto.

Entonces, estamos en condiciones de afirmar que la consecuencia de asignar un precio arbitrariamente será la escasez y una merma en la calidad de los productos que termina afectando al consumidor.

Ahora el más veloz se lleva el producto, ¿pero después?

Por ahora el Gobierno argentino ha tomado como estrategia de asignación de los “productos cuidados” a las primeras personas en llegar a las góndolas de los supermercados.

Es decir, el que llega primero, se lleva el producto.

Sin embargo, si se persiste con esta metodología en el tiempo, la economía deberá asignar los productos a través cartillas de racionamiento (o a través de huellas dactilares, como ahora será en Venezuela), o mediante prebendas y favores.

No hay que ser vidente para saber lo que sucede cada vez que el Gobierno asigna arbitrariamente el precio de un bien. Es un hecho absurdo, injusto y demagógico, y es increíble que en pleno siglo XXI todavía haya individuos que crean en la ilusión del control de precios.

 

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Vaca Muerta y la enfermedad holandesa

Por Adrián Ravier: Publicado el 22/7/14 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/07/22/vaca-muerta-y-la-enfermedad-holandesa/

 

Tras una corta experiencia como profesor visitante en una universidad de Caracas, tuve la oportunidad de reflexionar acerca del problema que puede representar Vaca Muerta para Argentina en el mediano plazo. Y es que Venezuela ofrece sus lecciones. Con una cantidad de petróleo que a este ritmo de explotación podría durar 200 años, el gobierno de Venezuela no entiende de escasez, extiende el populismo a su máxima expresión y deja a su pueblo sin productos básicos como papel higiénico, con una completa dependencia de la importación, arruinando completamente a su propia industria.

Los montes que rodean Caracas hoy ofrecen una nueva geografía que hace algunos años era desconocida. Se trata de millones de personas que han construido villas en las inmediaciones de la capital hambrientos del populismo que Maduro les extiende periódicamente. Ya no hay fábricas que empleen a estas personas, como sí lo hubo en la década del 70, cuando la economía venezolana estaba entre las 20 más ricas del mundo. El pueblo advirtió que bajo este modelo se lo condena a la miseria, lo que ya engrosa las encuestas que miden un 60 % de rechazo a la gestión de Maduro, que estaría considerando no completar su mandato hasta 2019 (Sondeo de Datanálisis, publicado en El Universal).

Argentina podría seguir un camino similar si no se toman medidas urgentes en relación con la formación petrolífera Vaca Muerta, situada en las provincias de Neuquén, Río Negro y Mendoza, y que presenta una estimación de reservas de 22.500 millones de barriles equivalentes de petróleo. Tras la nacionalización estos recursos han quedado en manos del gobierno de turno, aunque está claro que para disfrutarlos primero habrá que generar millonarias inversiones en su explotación. Que Argentina se convierta en un país petrolero no es la bendición que muchos pregonan si atendemos a la experiencia internacional.

Los países árabes, por ejemplo, carecen de una industria propia y tienen enorme dependencia de las divisas que genera el petróleo para la importación, lo que ha motivado emprendimientos de obras faraónicas para que en el futuro la industria del turismo juegue un rol importante en estas naciones.

En Europa, podrá recordarse la experiencia de Holanda en la década de 1960, que le valió el nombre de “enfermedad holandesa”, tras el descubrimiento de grandes yacimientos de gas natural en Slochteren, cerca del Mar del Norte. Como resultado del enorme ingreso de divisas que generó la explotación de este yacimiento, el florín, la moneda holandesa, se apreció perjudicando la competitividad de las exportaciones no petroleras del país.

En América Latina, no quedan dudas que la “enfermedad holandesa” infectó la economía venezolana, cuya industria fue desapareciendo gradualmente durante las últimas cuatro décadas.

Un país que enfrentó notablemente esta “enfermedad holandesa” es Noruega, que paradójicamente es citado como ejemplo de socialismo del siglo XXI. Lejos de la tentación populista y del asistencialismo, Noruega logró independizar los recursos petrolíferos de la garras del Estado y de su industria. Las reglas de administración son claras: todo la renta petrolera se nuclea allí. El 96% de las ganancias e intereses se reinvierte fuera del país (para que no puedan ser utilizados políticamente) y el 4% se puede girar al Tesoro para financiar gasto público. A nivel global, los 810.000 millones en activos financieros se distribuyen: 60% en acciones de empresas, 35 a 40% en bonos y hasta un 5% en inmuebles.

No está de más decir que Noruega está entre las 30 economías más libres del mundo (según el Índice de Libertad Económica que elabora la Heritage Foundation y el Wall Street Journal desde 1995), y que ofrece uno de los 10 entornos más propicios para la generación de negocios (según el Índice Doing Business del Banco Mundial), gozando de mercados libres y competitivos, gracias a escasísimas regulaciones sobre la economía local y también en relación con las empresas multinacionales.

El Congreso de la Nación Argentina necesita iniciar un debate formal en forma inmediata para decidir de qué forma se van a utilizar estos yacimientos petrolíferos: ¿Privatización del subsuelo? ¿Gestión externa de las inversiones y de la renta obtenida? ¿Administración de la YPF nacionalizada sobre estos yacimientos? Afortunadamente, hay tiempo aun para debatir las oportunidades y riesgos de Vaca Muerta, sin la tentación inmediata de utilizar estos recursos en beneficio “político” propio.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Las coincidencias del Kremlin con los populismos latinoamericanos.

Por Ricardo Lopez Göttig: Publicado el 14/7/14 en: http://opinion.infobae.com/ricardo-lopez-gottig/2014/07/14/las-coincidencias-del-kremlin-con-los-populismos-latinoamericanos/

 

En busca del protagonismo mundial que su país perdió tras el desplome de la Unión Soviética, el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, visitó la Argentina pocos meses después de que anexó por la fuerza a la península de Crimea y de seguir en conflicto con Ucrania. Lejos está de la prominencia que tuvo el zar Alejandro I, que se instaló en París para elegir al sucesor del emperador Napoleón en el trono de Francia; también está distante del pasado soviético reciente, que desde Stalin en adelante puso en vilo a la humanidad por su carrera atómica con Occidente.

El régimen de Putin, un ex agente de la desaparecida KGB, se sostiene por un férreo nacionalismo que sirve para legitimar un sistema político con fuertes connotaciones autoritarias y de fachada democrática, ya que se celebran elecciones en las que las fuerzas opositoras liberales apenas pueden hacerse oír. El actual mandamás del Kremlin es el beneficiario de la transición de hierro de Rusia, en el que la antigua nomenklatura se reconvirtió para seguir manipulando la economía y la política. Es la figura central de la política rusa desde que llegó a ser primer ministro en 1998, cuando Boris Yeltsin era presidente. Ocupó la primera magistratura desde el 2000 al 2008, hizo un enroque con Dmitri Medvedev como primer ministro del 2008 al 2012, y volvió a ser presidente de la Federación de Rusia desde entonces.

La presidente Cristina Fernández de Kirchner da una señal tan clara como equivocada hacia el mundo democrático, al invitar a la cena con Vladimir Putin a Nicolás Maduro y Evo Morales. Y es que Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua fueron países que votaron en contra de la resolución que rechazaba la anexión de Crimea y la desintegración territorial de Ucrania, aprobada por los representantes de cien naciones en la Asamblea General de las Naciones Unidas en marzo de este año. Si bien la República Argentina se abstuvo, las expresiones públicas de la presidente Fernández de Kirchner fueron de simpatía hacia la posición de Putin.

Tras la fuerte presión que Putin ejerció sobre el entonces presidente ucraniano, Viktor Yanukóvich, para que no firmara el acuerdo de asociación con la Unión Europea, tratando a Ucrania como si fuese un país vasallo, despertó la ira de sus vecinos. A partir de la anexión de la península de Crimea y el apoyo a los rusoparlantes que viven en Ucrania, Putin ha salido en busca de nuevos socios en el mundo para afianzar su posición, virando hacia los regímenes autoritarios del Asia Central y la República Popular China. Con esos países tiene vínculos militares a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO), la Organización para la Cooperación de Shangai (SCO) y comerciales con la Unión Aduanera con Bielorrusia y Kazajistán. Los medios de comunicación en Rusia se han hecho eco de un discurso xenófobo y fuertemente hostil hacia Europa y los Estados Unidos, fomentando la sensación de aislamiento en la opinión pública.

La cultura y la ciencia rusas, tan ricas y geniales, no han dotado al gigante eslavo de gobernantes demócratas respetuosos del derecho. Los rusos de hoy, desprovistos de la ideología imperial zarista que heredaron de Bizancio y del marxismo en versión leninista, apoyan hoy mayoritariamente a Putin como el hombre fuerte que los volvió a instalar como una nación con presencia en el escenario mundial. Pero para ello necesita socios, aun cuando sean lejanos como los de América latina y sólo los una el rechazo hacia la esencia limitante del poder del constitucionalismo liberal. Aquí es donde entran en sintonía la autocracia de Putin y los populismos latinoamericanos, buscando crear lazos comerciales para prolongar el sustento material de sus regímenes, a la vez que ponen frenos al desarrollo de la sociedad civil, a la prensa independiente y al surgimiento de economías de mercado competitivas que no estén manipuladas por los amigos y cómplices del poder.

 

Ricardo López Göttig es Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Es Profesor titular de Teoría Social en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.