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Consensos para bajar la presión tributaria: la Curva de Laffer, Irlanda y Reagan

Por Adrián Ravier: Publicado el 20/7/17 en: https://www.elcato.org/consensos-para-bajar-la-presion-tributaria-la-curva-de-laffer-irlanda-y-reagan

 

Adrián Ravier estima que el gobierno de Mauricio Macri podría simplificar el sistema tributario y reducir la presión tributaria sin necesariamente mermar la recaudación tributaria.

La herencia del gobierno anterior ha sido bastante compleja de desarticular. Ha habido avances en algunos frentes como el monetario y el cambiario, pero han sido claramente insuficientes en el frente fiscal. El gobierno parte de un diagnóstico adecuado. Acepta que la presión tributaria es excesiva para sus pretensiones de recuperar la inversión privada, a la vez que admite el elevado déficit fiscal, que lo mantiene acorralado en su intención de reforma tributaria. El ministro Nicolás Dujovne se ha propuesto para los próximos meses lanzar una reforma tributaria, pero los analistas temen que ésta sólo busque resolver el laberinto fiscal, sin reducir al mismo tiempo la presión tributaria.

Argentina tiene más de 100 impuestos en los tres niveles de gobierno, y las recomendaciones de los especialistas de finanzas públicas sugieren no tener más de 10. Está claro que la simplificación tributaria es necesaria, pero olvidarse de la presión tributaria constituye un error. No debemos buscar reemplazar algunos impuestos con otros nuevos, o elevando las alícuotas de los existentes. Argentina debe eliminar impuestos para alcanzar así el doble objetivo de simplificar el laberinto fiscal y, a la vez, reducir la presión tributaria.

El temor por la recaudación

El gobierno teme que hacerlo pueda implicar una reducción en la recaudación, lo que perjudicaría aun más las metas de acotar el déficit fiscal. Este temor, sin embargo, está infundado. El argumento principal para mostrar el punto no es otro que el conocido modelo de la Curva de Laffer.

La recaudación tributaria surge de multiplicar la “presión tributaria” por una cierta “base imponible”. Si el gobierno estuviera realmente convencido de que la presión tributaria actual inhibe la inversión, entonces debe comprender que desmantelar la mayoría de los impuestos podría impulsar fuertemente la actividad económica y el empleo, lo que incrementaría la base imponible y con ello aumentaría la recaudación. En términos de la Curva de Laffer, parece haber consenso entre los economistas de que la Argentina se encuentra por encima del óptimo.

Otro efecto secundario a la reducción de la carga tributaria es el consecuente impulso en la actividad económica y el empleo, lo que abre soluciones de mercado para muchos de los problemas que hoy el Estado busca resolver por la vía pública. Si reducimos la presión tributaria drásticamente y se crean nuevos puestos de trabajo, entonces el Estado puede reducir el gasto social, porque se reduce el número de necesitados. El efecto es benéfico económica y socialmente.

El consenso sobre la baja en la presión tributaria es tan amplio en economía que hasta ortodoxos y heterodoxos se darían la mano. Los ortodoxos no desconocen que el déficit fiscal es un problema real, pero aplauden desde luego reducir la órbita del Estado para dar lugar al mercado. Los heterodoxos, por su parte, comprenden que reducir la carga tributaria incrementa el ingreso disponible y con ello el gasto en consumo, lo que también da impulso a la demanda agregada en un momento en que la economía real todavía está en una situación delicada.

Irlanda, Reagan y Europa del Este

La evidencia empírica es enorme en esta materia. Quizás el caso más reciente es el de Irlanda, que bajando la presión tributaria logró atraer a numerosas empresas que querían escapar del fisco europeo. El impulso en la actividad económica desarrolló lo que hoy la literatura conoce como “el milagro del Tigre Celta”, básicamente por ser una isla de baja presión tributaria en un océano de Estado Benefactor.

Otro caso digno de mención es el de Ronald Reagan en Estados Unidos, quien bajó la tasa marginal más alta desde el 70 al 28%. En 8 años de gestión, Reagan consiguió reducir la inflación, acelerar el crecimiento económico y mantener prácticamente el mismo nivel de recaudación en relación con el PIB que el que existía cuando llegó al gobierno. Un claro ejemplo del mensaje de la Curva de Laffer.

Si el gobierno además se animara a dejar a un lado el gradualismo, entonces podríamos mirar otros casos emblemáticos en los países del Este de Europa, que emprendieron una transición desde el socialismo hacia las economías de mercado, no dudando en generar un cambio profundo en el frente fiscal para obtener una transformación real de sus economías.

Mauricio Macri está a tiempo de transformar la Argentina, como lo hizo la generación del 37 en tiempos pasados. Pero sin convicción, esta transformación será efímera. La reforma tributaria de Dujovne generará seguramente un impulso positivo en la actividad económica, pero su magnitud dependerá directamente de su convicción para simplificar el laberinto fiscal y también para reducir la presión tributaria.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

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La Argentina no puede darse el lujo de no ser competitiva en materia impositiva

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 22/8/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/08/22/la-argentina-no-puede-darse-el-lujo-de-no-ser-competitiva-en-materia-impositiva/

 

El típico argumento para no bajar los impuestos en forma inmediata es que primero hay que reducir la tasa de evasión impositiva. Es decir, una vez que muchos contribuyentes paguen altos impuestos es posible pensar en bajar la tasa de los mismos

 

En primer lugar, es muy raro que un político vaya a bajar los impuestos si logra que muchos paguen altos impuestos. Tener plata para hacer populismo siempre es una tentación difícil de ignorar. Hay que tener una fuerte convicción republicana para bajar el gasto público.

En segundo lugar, esta historia la vengo escuchando desde hace décadas: primero hay que bajar la tasa de evasión y luego podremos reducir los impuestos. La evidencia empírica muestra que a mayor carga tributaria más trabajo en negro y a los que estamos en blanco nos cocinan a fuego lento con una presión tributaria cada vez más asfixiante.

Cabe destacar que la Argentina es uno de los países con una tasa del Impuesto a las Ganancias para las empresas más alta del mundo. Siendo que necesitamos en forma urgente inversiones para crear puestos de trabajo y entrar en una senda de crecimiento de largo plazo, Argentina no puede darse el lujo de no ser competitiva en materia impositiva. Ya bastante tenemos con cargar en nuestro historial con ser uno de los países en que el estado viola sistemáticamente las reglas de juego, como para encima pretender atraer inversiones con semejante carga tributaria, que encima no permite el ajuste de los balances por inflación.

El gráfico muestra con nitidez que en la Argentina estamos más caros que el promedio de América Latina, el promedio de Europa, Asia, etc.

 Ya bastante tenemos con cargar en nuestro historial con ser uno de los países en que el estado viola sistemáticamente las reglas de juego, como para encima pretender atraer inversiones con semejante carga tributaria

La pregunta es ¿por qué invertir en Argentina si hay países que tienen un Impuesto a las Ganancias a las corporaciones mucho menores como, por ejemplo, Irlanda, que le cobra el 12,5% o Suecia que aplica solo el 22 por ciento?

¿Funciona la curva de Laffer como para bajar los impuestos en Argentina?

La referencia que uno puede tomar es la fuerte baja de impuestos que aplicó Ronald Reagan en 1981, algo que ahora quiere reeditar Donald Trump.

Considerando el desafío que tenemos por delante de atraer inversiones es bueno preguntarse si en los hechos funciona la curva de Laffer. Al respecto una buena referencia es Irlanda que bajó de tal manera la tasa del Impuesto a las Ganancias para las corporaciones que el resto de Europa la acusa de dumping impositivo.

El otro caso emblemático es el de la administración Reagan. Recordemos que Ronald Reagan bajó la tasa marginal más alta que era del 70% al 28%. La pregunta que sigue es: ¿qué ocurrió con la recaudación de los impuestos federales a lo largo de esos 8 años? Si comparamos la recaudación de impuestos federales contra el PBI, Reagan logra obtener casi los mismos ingresos tributarios que cuando asumió.

Como puede verse en el siguiente gráfico, Jimmy Carter deja su último año de mandato en 1980 con una relación recaudación impuestos federales/PBI del 18,1% y Reagan deja su último año de mandato con una relación del 17,5%, solo 0,6 puntos porcentuales menos pero con la economía creciendo y habiendo bajado la inflación que recibió de Carter de dos dígitos anuales a un dígito.

Es más, en 1989 los ingresos federales superaban al promedio de la década del 70 o los igualaban a pesar de haber bajado fuertemente la carga tributaria.

El plan económico de Reagan se basaba en tres pilares: 1) baja de impuestos; 2) reducción del gasto público; y 3) desregular la economía. La baja de impuesto se produjo. La desregulación de la economía fue muy amplia. Se eliminaron controles de precios que venían de la era Carter. Reagan enfrentó la huelga de los controladores aéreos. Los reemplazó por controladores de la fuerza aérea y los despidió. Al igual que Tatcher que se mantuvo firme con la huelga de los mineros, una de las claves de ambos mandatarios fue no achicarse ante la extorsión sindical. También Reagan desreguló el precio del petróleo. Lo que no consiguió fue reducir el gasto público. El incremento en el gasto se produjo por más gastos en defensa (recordemos que en esos años todavía estaba la guerra fría) y el incremento de los intereses de la deuda pública como parte del gasto federal a raíz del mayor déficit fiscal inicial.

El resultado de la política económica de Reagan fue un crecimiento promedio anual del 3,8%; bajó la inflación de dos dígitos altos a una inflación anual del 3 al 4 por ciento anual, la desocupación que estaba en el 7,2% cuando se fue Carter, subió en los dos primeros años y luego fue descendiendo hasta llegar al 5%. Lo que tuvo Reagan fue un aumento del déficit fiscal inicial que llegó al 5,7% del PBI pero terminó reduciéndolo al 2,7% a pesar de no haber bajado el gasto público, lo cual indica que la combinación de reducción de impuestos y desregulación de la economía fue lo suficientemente potente como para incrementar la recaudación.

 En el gobierno de Ronald Reagan terminó reduciéndolo al 2,7% a pesar de no haber bajado el gasto público, lo cual indica que la combinación de reducción de impuestos y desregulación de la economía fue lo suficientemente potente

Volviendo a la Argentina, tanto EE.UU. como Irlanda y la reducción y quita de retenciones a las exportaciones de granos en nuestro país muestran que importantes reducciones tributarias generan un estímulo significativo en la economía ya que le devuelven poder de compra al contribuyente y transforman inversiones que antes no eran viables por la carga tributaria en inversiones viables. Sólo basta ver cómo están creciendo las ventas de tractores, cosechadoras, silos, etc. para advertir cómo la inversión se dispara cuando se reduce la carga impositiva.

Si luego de las elecciones el Gobierno logra un acuerdo con la oposición (PJ no k, massismo, etc.) para encarar una importante reducción impositiva; una reforma del Estado que permita bajar el gasto público (en nuestro caso va a ser indispensable porque el gasto público y déficit fiscal son récords heredados del kirchnerismo) y desregular aún más la economía, no sé si se darán los 20 años de crecimiento que pronosticó Nicolás Dujovne, pero sin duda por varios años la economía entrará en un sendero de crecimiento de largo plazo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Del resultado electoral dependerá si se cambia o no de modelo

Por Adrián Ravier: Publicado el 6/8/17 en: http://www.lagaceta.com.ar/nota/739729/economia/del-resultado-electoral-dependera-si-se-cambia-o-no-modelo.html

 

Hace apenas una semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) elevaba su previsión de crecimiento para Argentina de 2,2% a 2,4 %. Parece poco para un gobierno nacional que hizo campaña de “pobreza 0”, pero no es un dato despreciable si se compara con la caída de 2% de la actividad económica durante 2016. En definitiva, cuando uno compara las proyecciones de 2017 respecto de 2016, la mejora sería superior al 4%.

La tendencia se confirma en los datos de junio pasado respecto de igual mes de 2016. Destaca por supuesto el incremento de Agricultura y Ganadería (7%), producto de ciertas políticas que favorecieron al sector como la quita de retenciones. La construcción (11,3%) crece todavía más rápido impulsado por la obra pública.

En el otro extremo, los servicios públicos Electricidad, Gas y Agua, y Minas y Canteras, son los dos sectores que aun caen respecto de un año atrás. Las tarifas siguen atrasadas, y en tiempos electorales no parece ser un momento propicio para continuar la quita de retenciones.

El crecimiento de las industrias manufactureras, la intermediación financiera y el comercio al por mayor y menor completan el informe, los que se encontraron todos entre el 5,6% y el 5,9%.

La pregunta que se debe estar haciendo hoy el oficialismo es si se sentirá esta mejora en el bolsillo del electorado, antes de las elecciones de octubre. La respuesta es compleja, pero la noticia no deja de ser positiva.

Si se recupera la actividad económica, se recuperará la recaudación tributaria, y esto puede contribuir en reducir el déficit fiscal, el mayor desafío que enfrentará el gobierno en 2018. Si bien el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne confirmó recientemente que el gasto público sobre el PBI bajó de 43% a 41%, y prometió una baja de otros dos puntos antes de fin de año, el nivel de gasto público, y también de déficit fiscal siguen siendo preocupantes. El resultado de las elecciones pueden ser determinantes para acelerar o no el cambio de modelo.

> En el grupo de los “brotes verdes”

 La industria fue uno de los sectores más golpeado de la economía durante la recesión del 2016 y mientras que la caída fue abrupta y acelerada, la recuperación que está en marcha está siendo débil y lenta. Pero, de todos modos, no deja de ser una buena noticia que el sector esté dejando atrás los números rojos y se sume al grupo, cada vez más poblado, de los brotes verdes, indica un reporte de la consultora Invecq. En el primer semestre del año las mediciones de FIEL indican que, en términos agregados, la industria creció un 0,3% interanual. 

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Clave: si Macri no reduce el gasto público, PBI no subirá

Por Armando Ribas. Publicado el 1/8/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/08/01/clave-si-macri-no-reduce-el-gasto-publico-pbi-no-subira/#.WYBp1Xj6qM0.facebook

 

En una reciente exposición el presidente del Banco Central, Federico Sturzeneger, expresó que en el primer trimestre del año el PBI creció un 1,1% y que se prevé que en el segundo suba un 0,99%, niveles que anualizados alcanzarían entre un 4,3 y un 4,0%. ¿De dónde surgen esos datos? Hasta ahora no están disponibles, por tanto los mismos entrañan una predicción sin explicación de cuáles son las políticas que se están siguiendo para lograr ese resultado.

Seguidamente expuso la teoría de que si sube la inflación baja el PBI y que cuando baja la inflación sube el PBI. Me voy a permitir disentir con esa tesis. Lo que determina en última instancia la caída en el PBI es el aumento del gasto público. Y si alguna duda cabe al respecto vale analizar el proceso económico de los principales países de la Unión Europea en los últimos cincuenta años (ver cuadro). Lo mismo ha ocurrido en Estados Unidos donde la tasa de crecimiento económico en los últimos años ha caído a menos del 2% anual incluida la crisis de 2008, en tanto que el gasto público se acerca en la actualidad al 40% del PBI. Y el problema económico argentino en la actualidad es el nivel del gasto público consolidado -Nación y provincias- que de acuerdo a nuestras estimaciones en el 2016 alcanzó a 56% del PBI.

La conclusión del Gobierno al respecto es que dado que espera que la inflación se reduzca en el año, habrá de producirse un incremento en la actividad económica. Como podemos ver igualmente en los países europeos no hay inflación y la economía europea como hemos visto no crece. No obstante el Ministro de Hacienda Nicolás Dujovne prevé un crecimiento del 3% en el año y al respecto dice: “Van nueve meses de crecimiento robusto y fuerte”. No se sabe a qué nueve meses se refiere, pues todavía no hay datos referentes al segundo trimestre del año. Por tanto se estaría refiriendo a los últimos seis meses del 2016 y al primer trimestre del 2017. Pero he aquí que la economía argentina en el 2016 cayó un 2,3% respecto al año anterior y los datos disponibles correspondientes al primer trimestre del año muestran un incremento del 0,3% respecto a igual período del 2016. Por tanto un crecimiento este año de un 3% sólo determina un crecimiento del 0,67% respecto al nivel del PBI en 2015.

Respecto al tipo de cambio Sturzenegger se manifestó diciendo que el peso no estaba revaluado pues era el resultado del mercado libre. Sí, pero no se puede ignorar que el mercado está condicionado por la política monetaria interna. Como ya hemos explicado la tasa de interés interna es negativa en términos reales. Recientemente se aumentó la tasa de interés de las Lebac al 26% anual, que podría ser positiva en términos reales si se reduce la inflación. En la medida que el precio del dólar se retrasa la tasa de interés resultante en dólares alcanza niveles siderales, precisamente en un mundo occidental donde la tasa de interés fluctúa alrededor del 1% anual. Por esa razón es posible que aumenten las reservas del Banco Central debido a la entrada de capitales financieros que compensan el déficit comercial registrado en los primeros cinco meses del año de u$s1.863millones.

Ya debemos saber que la revaluación monetaria determina una caída en los precios de los productos importados y un incremento de los precios internacionales de los productos nacionales. Ello implica un incremento en la demanda internacional y una caída en las exportaciones de bienes nacionales. O sea como bien lo describe Andrew Moravcsik en su artículo del Foreign Affairs “Europe’s Ugly Future. Allí se refiere al euro que impide que ciertos países de la Unión Europea puedan devaluar su moneda y consecuentemente aumenta la demanda de los productos alemanes. Asimismo se refiere a que cuando en 1920 muchos países retornaron al patrón oro culminara la Gran Depresión de la década del treinta.

La sobrevaluación del peso ha sido un problema pertinaz de la política económica argentina, regida por el presupuesto de que el control cambiario es instrumental para controlar la inflación. Y por supuesto que la devaluación tiene un efecto inflacionario. La realidad es que la inflación es deterninada por la política monetaria y fiscal y la devaluación es su consecuencia no su causa. Tal como hemos mostrado en nuestro anterior informe el tipo de cambio de paridad del peso hasta mayo era de $21,97 por dólar. Consecuentemente con respecto al tipo de cambio actual que alcanza $17,39 por dólar, habría una revaluación del peso del 26,34%.

Volviendo a la problemática del gasto público, recordemos las palabras de Milton Friedman al respecto: “Lo que importa no es el déficit sino el nivel del gasto. El total del peso del impuesto es lo que el gobierno gasta, no esos recibos llamados impuestos. Si no se reduce el gasto, por tanto la disminución de los impuestos meramente disimulan más que reducen el peso” Y al respecto George Gilder añadió: “No es principalmente el déficit federal la causa de la inflación. Si el déficit fuera cerrado por impuestos más altos -y la oferta monetaria permaneciese constante- el nivel de precios subiría en la forma ortodoxa de la ley de costos”.

Ya debiéramos saber que la experiencia argentina más reciente respecto a la revaluación del peso fue durante el Gobierno de Menen. El mantenimiento del uno a uno y el desequilibrio causado por el mismo, fue denominado por la izquierda como el nuevo-liberalismo, para descalificarlo ética y económicamente. Y ese proceso de desequilibrio económico se produjo no obstante que el nivel del gasto público a la llegada de los Kirchner al poder no superaba el 23% del PBI.

El desequilibrio económico causado por el nivel del gasto público continúa siendo el impedimento de lograr el proceso de cambio favorable que pretende el Gobierno de Macri. Es decir la restauración de la seguridad jurídica, la apertura de la economía y la integración de la Argentina al mundo no ha logrado superar el desequilibrio económico heredado. Hasta la fecha la política seguida por el Gobierno es reducir el nivel de inflación vía la política monetaria, y como ya hemos explicado la inflación no es la causa del desequilibrio sino su consecuencia. Es más, Macri se manifestó al respecto diciendo que no bajaría el gasto sino que haría crecer el PBI.

El problema es que en la medida que no se baje el gasto público no crecerá el PBI.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

La teoría del derrame no existe

Por Iván Carrino. Publicado el 17/5/17 en:  http://www.ivancarrino.com/la-teoria-del-derrame-no-existe/

 

El domingo por la noche, el Ministro de Hacienda de la Nación,  Nicolás Dujovne, fue invitado al programa de Luis Novaresio, “Debo Decir”. Uno pensaría que, dada la importancia de la figura del ministro, éste fue quien se llevó toda la atención.

Algo de eso hubo. Sin embargo, otro de los invitados, el famoso actor Hugo Arana, terminó apropiándose de las cámaras.

En momentos en que el ministro explicaba en qué consiste el modelo económico del gobierno, Arana interrumpió y se explayó con su pensamiento acerca de lo que se ha dado en llamar “la teoría del derrame”.

A continuación, sus palabras:

La Teoría del Derrame me parece uno de los más graves insultos. Yo en mi casa le digo al nenito de la esquina que está en la calle que venga y que, cuando estoy comiendo, si se me cae alguna miga, la puede comer. Eso del derrame me parece una humillación.

Los dichos de Arana apuntan directamente a la economía de mercado, a la que suele equipararse con esta teoría del derrame que, en realidad, jamás ningún académico serio defendió ni planteó de manera ordenada.

Si duda de esto, puede hacer la prueba de ir a una librería o ingresar en MercadoLibre.com y pedir el libro “Introducción a la Teoría del Derrame”.

Le anticipo: volverá con las manos vacías.

UN ARGUMENTO BIEN EXTENDIDO

Ahora bien, podría decirse que lo que diga un actor no es representativo de lo que piensan los principales referentes de la sociedad o la academia especializada.

Este argumento, sin embargo, no es cierto. Recientemente, el mismísimo Papa Francisco se expresó en la misma línea que Hugo Arana.

En un documento divulgado en 2013, sostuvo:

Algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico.

Por último, el economista y profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, Mario Rappoport, también critica al liberalismo utilizando el hombre de paja del derrame económico:

… plantean que así la economía tendría un crecimiento virtuoso que a la larga podría beneficiar a todos a través de la teoría del derrame. Pero en las economías periféricas (y ahora también en las centrales) el vaso nunca llega a estar lleno para que esto se produzca.

Como queda claro, la analogía que se hace entre la teoría liberal del crecimiento económico y la teoría del derrame no es solo una ocurrencia de un actor no experto en estos temas, sino algo extendido a los más conspicuos círculos de la sociedad.

MALA COMPARACIÓN

El problema con lo anterior es que la analogía es pésima.

Es que cuando se sostiene que la economía de mercado genera crecimiento económico que beneficia a todos, nadie está planteando que ese beneficio llegue en la forma de dar migajas a nadie o derramar ninguna copa. En concreto, en el mercado, la mejora económica individual no llega de la mano de la beneficencia de “los ricos”, sino de las ganancias que genera el intercambio.

Una persona demanda el “bien A” y tiene para ofrecer el “bien B”, mientras que otra que demanda el “bien B” tiene para ofrecer el “bien A”. Una vez que ambos individuos se encuentren, intercambiarán sus bienes y ambos habrán ganado utilidad. En el intercambio voluntario, todos mejoran su situación.

Este proceso, además, genera incentivos para producir. En la medida que cada individuo sabe que lo suyo es suyo, tendrá incentivos para producir bienes y servicios que luego pueda intercambiar en el mercado por otros que le sean de mayor utilidad. La existencia de dinero no cambia esta ecuación. Ofrecemos bienes o servicios, recibimos dinero a cambio, y ese dinero lo volvemos a intercambiar por otros bienes y servicios.

Todos los que participan en la economía de mercado, ofreciendo valor para llevarse valor, ganan en este proceso. No hay ningún derrame ni ganadores accidentales. Y tampoco hay explotadores. El cliente se beneficia con su compra, el empresario con su venta, el trabajador cuando recibe su sueldo, el capitalista cuando recibe los servicios laborales del empleado.

Nadie gana por derrame, sino por el intercambio.

NO HAY PODER CENTRAL

Todo este fantástico proceso de crecimiento y enriquecimiento mutuo no está digitado desde un poder central que todo lo controla, sino que es parte del orden espontáneo del mercado. Como decía Adam Smith, no es la benevolencia del carnicero lo que trae la carne a nuestra mesa, sino su propio interés. Paradójicamente, es el interés egoísta de los individuos lo que nos enriquece y nos empuja a mejorar.

Esto, claro, es inconcebible para los adoradores de la mano visible del estado. Para ellos, la única salida de la pobreza es con planes de subsidios estatales. El propio Rappoport, en el mismo artículo anteriormente citado, sostiene que durante los últimos años de intervencionismo económico en Argentina, “se intentó a través del Estado crear las condiciones para que el vaso pudiera llenarse y la distribución del agua no dependiera del derrame sino de políticas públicas”.

Lo que les cuesta aceptar los teóricos anti-derrame es que la salida de la pobreza pueda darse en ausencia de un plan deliberado del gobierno. Seguido de esto, tampoco podrán aceptar que cada vez que se intenta ir por el camino del redistribucionismo extremo, se llega a la miseria total, como demuestran los casos de Cuba, la Unión Soviética o, más recientemente, la Venezuela de Chávez y Maduro.

La teoría del derrame no existe. El crecimiento económico no descansa en que los ricos se enriquezcan y luego donen parte de lo que tienen. Por el contrario, se basa en permitir que haya libertad para intercambiar, y que en ese proceso voluntario, todos alcancen sus objetivos personales contribuyendo al bienestar social.

La mano visible del gobierno tiene un rol muy limitado que cumplir en ese proceso. Como decía Alberdi: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.”

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Metas fiscales sinceras para el nuevo ministro de Hacienda

Por Adrián Ravier. Publicado el 3/1/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/01/03/metas-fiscales-sinceras-para-el-nuevo-ministro-de-hacienda/

 

Fijar metas sobre el déficit fiscal consolidado tiene sus dificultades, pero al menos no se le estará mintiendo a la gente

La selección del nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, parece acertada. En sus primeras palabras en la nueva función reconoció que el Gobierno está “administrando recursos de terceros, de la sociedad”, palabras que son lógicas pero que escaseaban en las bocas de los pasados ministros del área. Durante décadas la irresponsabilidad fiscal ha sido la norma.

Los titulares de los diarios expresan los tres objetivos que se plantea el nuevo ministro: “Bajar el déficit, subir el gasto de infraestructura y disminuir impuestos distorsivos”. No hace falta ser economista para notar la obvia inconsistencia entre ellos. Haría mucho bien que el Gobierno sustituyera la idea de gasto público en infraestructura por incentivos a la inversión privada, a través de concesiones a empresas multinacionales especializadas en distintas áreas, que de hecho ha sido la norma en el desarrollo de infraestructura de la región en los últimos 25 años.

Pero esta nota tiene otro objetivo, que es cuestionar las metas fiscales que se propone el Gobierno. En pocas palabras, el objetivo de Dujovne es similar al que tenía Alfonso Prat-Gay, en reducir el déficit fiscal primario de nación del 4,8% actual (a confirmarse en los próximos meses) hasta 3,3% para 2017 (aun cuando el presupuesto lo estima en 4,2%), del 1,8% para 2018 y del 0,3% para 2019.

El éxito del blanqueo y la esperada recuperación de la actividad económica ayudan a tener cierto optimismo de corto plazo respecto del cumplimiento de estas metas, pero bien podría ocurrir que las metas se alcanzaran y, sin embargo, el déficit fiscal consolidado, que es el que importa, se mantuviera en los preocupantes niveles actuales.

En primer lugar, el déficit consolidado debería tener en cuenta tanto el que alcanza la nación como el que alcanzan las provincias y los municipios. Afortunadamente, Dujovne ha tenido en cuenta este factor, al menos en el objetivo de comprender a las provincias en algún tipo de ley de responsabilidad fiscal. No puede dejar de mencionarse aquí la defensa que ensaya Domingo Cavallo cuando lo atacan por su gestión en materia fiscal durante el menemismo. Lo cierto es que alcanzó cierto equilibrio fiscal en nación, pero los déficits que acumularon las provincias llevaron al país a la ruina. Por más que el ex ministro lo niegue, era su responsabilidad acordar un equilibrio fiscal en los tres niveles y no sólo a nivel nacional.

En segundo lugar, el déficit consolidado debe considerar los intereses de la deuda. Es sabido que Argentina emprendió este año un programa de transición excesivamente gradual apoyado sobre el endeudamiento público. La medida se justifica quizás en cuestiones políticas y sociales, pero lo cierto es que Argentina cuenta con una deuda que gradualmente elevará los intereses por la deuda pública.

Si Argentina establece metas fiscales enfocadas sólo sobre el déficit primario, no contemplará el déficit que acumula por la vía de los intereses de la deuda. Bien puede ocurrir que las metas se alcancen, reduciendo, por ejemplo, el déficit primario de 4,8% al 3,3%, pero al mismo tiempo se eleve el déficit consolidado por la vía de los intereses de la deuda. La hipótesis resulta bastante probable considerando las necesidades de deuda que tiene el país para este ejercicio.

Argentina puede alcanzar la meta en 2019 de un 0,3% de déficit fiscal primario para nación, pero todo su alcance puede verse neteado si no se contiene el déficit de provincias, y si los intereses de la deuda aumentan en los próximos tres años.

Nuestro país bien podría cerrar 2019 alcanzando las metas fiscales, pero con un déficit consolidado de 4,6 por ciento. Se podrían cumplir las metas fiscales, que las provincias mantuvieran el déficit actual y que los intereses se incrementaran un 0,2% cada año. No parece ser un escenario pesimista.

Fijar metas sobre el déficit fiscal consolidado tiene sus dificultades, pero al menos no se le estará mintiendo a la gente afirmando que el desequilibrio fiscal estará resuelto. Tal como están planteadas las metas fiscales, Argentina sólo cambiará la composición de las partidas, pero el déficit fiscal seguirá siendo parte de nuestra historia con sus obvias consecuencias lógicas: presión tributaria récord, altísima inflación, o explosión de la deuda y altos intereses para la inversión.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Una decisión política que abre interrogantes

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 27/12/16 en: http://www.infobae.com/opinion/2016/12/27/una-decision-politica-que-abre-interrogantes/

 

Si bien las expectativas económicas para el segundo semestre, así como las metas fiscales e inflacionarias prometidas por Alfonso Prat-Gay al inicio de su gestión, no se han cumplido, su salida del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas responde más a cuestiones políticas que económicas. Este no sólo es el mensaje que ha dado a entender el jefe de gabinete, Marcos Peña, sino que Prat-Gay ha seguido una política muy gradualista, acorde con las preferencias del Gobierno. Los mayores desacuerdos que se mencionan son la falta de juego en equipo, con cortocircuitos en la reforma del impuesto a las ganancias como la gota que rebalsó el vaso.

Sin dudas las medidas más importantes de Prat-Gay se encuentran al inicio de su gestión: la salida del cepo cambiario y el arreglo con los holdouts. A estas dos medidas se suma también un inicio de normalización en las relaciones internacionales de Argentina. Sin quitar mérito a estas medidas, es importante contextualizarlas. La dificultad en la salida del cepo y el arreglo con los holdouts era más una cuestión política que técnica. El desafío que el kirchnerismo no pudo superar fue tomar la decisión más que diseñar un complejo plan económico. En el caso de los holdouts, tampoco había mucho margen de opción dado el fallo en firme del juez Thomas Griesa. Así como es justo contextualizar estas medidas, también es justo no minimizar estos logros de Prat-Gay.

La misma audacia y velocidad que se vio en la salida del cepo y el arreglo con los holdouts, sin embargo, no se vio en la corrección del mayor desequilibrio macro de la economía argentina: el déficit fiscal con una carga tributaria récord. Con una economía regulada, asfixiada con impuestos y un Estado insostenible, no debería ser sorpresa que la esperada lluvia de dólares no se haya materializado. Podría decirse que el mismo Prat-Gay desconfiaba de los resultados de su cartera, dado que ha apelado a un discurso del miedo, en lugar de confianza, para atraer recursos vía el blanqueo de capitales. El argumento de Prat-Gay consistía en avisar que quien no blanquease no iba a tener dónde esconderse, no en seducir con un consistente y sólido plan económico. Lamentablemente no se puede repetir demasiado, el problema que sigue sin solución es el déficit fiscal en un contexto donde ya no es factible seguir subiendo impuestos. El 2016 no va a mostrar una gran mejora en esta larga serie de desenfreno en el gasto público.

Sin embargo, dado que la salida de Prat-Gay sería más por cuestiones políticas que económicas, la decisión de removerlo por parte de Mauricio Macri abre algunos interrogantes. Cambiemos asumió el gobierno con una situación económica crítica, no asumió una economía estable que necesitase quizás ajustes menores. Lo que hace falta es cirugía mayor, no una aspirina para un resfrío pasajero. Es necesaria una reforma tributaria integral, una reforma del Estado integral, una reforma regulatoria integral, etcétera. Sin embargo, las decisiones económicas han quedado dispersas en quizás hasta diez personas distintas (ver nota). Imaginemos que las decisiones de salud o educación públicas estuvieran divididas en hasta diez personas, ¿esperaríamos grandes cambios y eficiencia, o esperaríamos lentitud, ruido entre los secretarios y problemas de gestión? ¿Por qué sería distinto en economía, justamente cuando el país necesita grandes cambios?

El débil desempeño de la economía argentina en el segundo semestre no se debe a la falta de juego en equipo de Prat-Gay, sino a la falta de decisiones económicas más audaces. El gradualismo pasó de ser una promesa de reformas lentas a ser un gradualismo tortuga, a ser finalmente un gradualismo en sentido contrario al necesario. El nivel de empleo público, el déficit fiscal comenzaron a aumentar en lugar de caer de manera gradual. No va a ser suficiente para revertir la situación económica de manera consistente y sostenible que Nicolás Dujovne y Luis Caputo jueguen en equipo más que Prat-Gay; es necesario comenzar a enviar señales claras de reformas de fondo. Cambiemos no debe darse el lujo de que el gradualismo implique que se vayan los cuatro años de gobierno sin reformas serias. En los próximos meses veremos si el nuevo equipo económico mantiene el gradualismo de Prat-Gay (más despacio no se puede ir) o si se aceleran las reformas económicas (una postura más shock, por más que le pese al actual Gobierno el uso de esta palabra).

La división de la cartera económica en dos, a su vez, invita a cuestionarse si en realidad hay un ministro de Economía o si lo que tenemos son secretarios (mini-ministros), donde en los hechos el ministro de Economía es la Casa Rosada. Esta es una audaz y peligrosa jugada política, dado que si la economía no repunta como se espera y no se percibe una clara autoridad económica, el costo político caerá en la Casa Rosada y no en los ministros, que pueden funcionar como fusibles políticos. Pasado ya un año de gobierno de Cambiemos, el nuevo cambio en la cartera de Economía pone otro tiempo de espera en el que el nuevo equipo económico debe asumir y comenzar a tomar sus decisiones. Así, mes a mes el gradualismo se va comiendo tiempo preciado para reformar la economía argentina de una buena vez.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Una meta fiscal que no se cumplió, porque no había convicción para concretarla

Por Adrián Ravier. Publicado el 27/12/16 en: http://www.lagaceta.com.ar/nota/713018/economia/meta-fiscal-no-se-cumplio-porque-no-habia-conviccion-para-concretarla.html

 

Con Mauricio Macri nace una nueva forma de hacer política, parecida, quizás, al modo de administrar una empresa. Se fijan metas, se deja trabajar y luego se evalúa la performance. Ha llegado el momento de evaluar a los ministros y Alfonso Prat-Gay tenía una meta fiscal que no cumplió, porque jamás estuvo convencido de ella.

En este primer año se priorizó ordenar la economía, tras la pesada herencia representada en los tres grandes desequilibrios: fiscal, monetario y cambiario. Comenzando por este último, Prat-Gay y Federico Sturzenneger, titular del Banco Central, trabajaron en conjunto para levantar el cepo cambiario, para arreglar con los holdouts y para acceder al crédito externo que le ayude al Gobierno en su estrategia de gradualismo. Sturzenegger, además, logró convencer al mercado de que las metas de inflación son viables, pero Prat-Gay no sólo no logró sus objetivos del segundo semestre, sino que tampoco pudo alcanzar la meta fiscal de 4,8 % de déficit primario que se había planteado. Si el déficit no fue mayor al actual se debe a que el blanqueo ofreció recursos extraordinarios que resultaron en una rueda de auxilio.

El incumplimiento de esta meta fiscal puede recibir variadas lecturas y hasta justificarse por medidas que incluyeron aspectos que estaban fuera del alcance del ministro saliente. Pero las metas de 2017, necesariamente, deben ajustar las tuercas de la cartera de Hacienda y Prat-Gay no está convencido de ello. No sólo descree que sea oportuno ajustar el déficit por las elecciones próximas, sino que su modo de entender la economía desaconseja apuntar al déficit fiscal en un contexto recesivo.

Está fuera de mi alcance comprender si la decisión es política, por la forma individualista de hacer política económica de Prat-Gay y su poco entendimiento con el jefe de Gabinete (Marcos Peña), pero me gustaría creer que Macri comprendió que fomentar la demanda agregada mediante gasto público en 2017 bien puede ser de ayuda para ganar las elecciones y mostrar cierto crecimiento, pero esa tendencia peligrará en 2018 si se pierde otro año en materia de metas fiscales. Me gustaría creer que Macri comprendió que el problema madre que tiene la Argentina es fiscal, y que sólo mediante un ajuste su Gobierno puede terminar con una economía en auge sostenible.

Nicolás Dujovne ha sido la persona elegida para avanzar en el desafío fiscal, y tiene más perfil docente que experiencia en el sector público. El Frente Renovador emitió algún comentario que identifica a Dujovne como un economista ortodoxo que acelerará el ajuste fiscal. Mi lectura, sin embargo, es diferente. Dujovne continúa el gradualismo y el foco se coloca en la comunicación. Vale como ejemplo la siguiente referencia suya: “si el Gobierno lograra mantener el gasto congelado, por los próximos cinco años, y si la economía creciera 3% por año, el gasto en relación con el PBI bajaría de 45% a 39% en 2021. Y si esa estabilidad del gasto permaneciera por diez años, caería hasta 34% del PBI en 2026.”

Con Dujovne no habrá ajustes o recortes de gasto. Las críticas de Dujovne a Prat-Gay o a Sturzenegger no son de fondo sino de forma. Mi lectura de sus notas es que cuestiona la estrategia de comunicación, más que las propias metas fijadas. Da la sensación de que mantendrá el foco en las mismas metas de déficit primario de 3,3% para 2017 (aún cuando el Presupuesto lo estima en 4,2 %); del 1,8 % para 2018 y del 0,3 % para 2019, pero con alguien que está convenido de su importancia.

Además pondrá foco en dos temas centrales: la fuerte presión tributaria, que a Dujovne le parece injusta e inviable, y la enorme proporción de empleo informal, que daría lugar a cierta flexibilización. El mercado ha reaccionado con tranquilidad ante este cambio. El dólar y el Merval prácticamente operaron sin cambios. Pero es más un cambio de nombres que de fondo y sustancial en la política fiscal. Sería deseable que las metas fiscales se construyan sobre el déficit consolidado y no sobre el primario, especialmente en una serie de años donde la Argentina acumulará nueva deuda con su consecuente pago de intereses.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.