Que “todo cambie” para que siga la corrupción

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 20/3/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/que-todo-cambie-para-que-49658.htm

 

Así las cosas, los italianos llegarán a cientos de Repúblicas. La actual, la Segunda, nació después de Mani Pulite, el macroproceso que destapó una extensa red de corrupción.

 

Ahora, después de las recientes elecciones, Italia es el único país europeo donde los partidos anti “establishment” suman más del 50% de los votos, contra la casta política ineficaz y corrupta. Surgieron dos formaciones opuestas pero populistas, el Movimiento 5 Estrellas (M5S), con el 32,6% de los votos, un artefacto antisistema fundado hace 10 años para acabar con los privilegios de la ‘casta’; y la Liga, con el 17,4%, una formación xenófoba. Ambos intentan presidir el Gobierno de la tercera economía de la zona euro.

El primer ministro, Matteo Renzi, del Partido Democrático (18,7%) de centro izquierda, y Silvio Berlusconi, de Forza Italia (14%), de centro derecha, fueron humillados. Pero nadie tiene una mayoría clara como para formar Gobierno. “Ha nacido la Tercera República”, proclamó Luigi Di Maio, el candidato del M5S (31 años) y que comenzó su carrera en el neo fascismo.

Pero la corrupción no ocurre solo en Italia, sino en los Gobiernos del mundo, todos. Solo por nombrar casos recientes, señalemos que el Grupo contra la Corrupción del Consejo de Europa le pidió a Portugal -el país con mejor calidad de vida de Europa según InterNations- que mejore la prevención de la corrupción en diputados, jueces y fiscales ya que la situación es “globalmente insatisfactoria”.

Otra noticia da cuenta de que Netanyahu, después de 13 años en el poder israelí, está cercado por escándalos de corrupción y la policía ha recomendado imputarlo por soborno y fraude, aunque su capacidad de resistencia es grande. Del otro lado del Medio Oriente, el príncipe Mohamed Bin Salmán (MBS) de Arabia Saudí ha iniciado su primer viaje desde que fue designado heredero. La gira, con paradas en Londres y Washington, busca atraer al reino las millonarias inversiones requeridas para las reformas dado el desplome del precio del petróleo.

MBS intenta, entre otras cosas, privatizar el 5% de Aramco, la empresa estatal de petróleo, por la que espera obtener dos billones de dólares. Pero hete aquí que, más allá de la corrupción detrás de la gigantesca compra de armas occidentales, los analistas son escépticos ya que Aramco tiene problemas de transparencia en su gestión y tendría que revelar datos que nadie quiere esclarecer.

Es que la corrupción es esencial al Estado moderno, al punto que muchas economías no podrían funcionar sin ella: por caso, hay países en donde el trabajo informal -“en negro”- es tal que el nivel de desocupación sería insoportable si no existiera. El problema es que el Estado moderno se define como el monopolio de la violencia dentro de un territorio, y la violencia, ya lo decían los griegos como Aristóteles, es la corrupción de la naturaleza incluida la humana y la social.

Al contrario del mercado natural, donde una persona si quiere paga por una mercadería el precio que el vendedor le pide, el Estado impone, por ejemplo, el cobro de impuestos incluso a aquellos disconformes, y esta disconformidad es caldo de cultivo para corromper al funcionario que tiene la capacidad de decidir la coacción de las normas. O sea, que los italianos podrán cambiar miles de repúblicas porque no es cambiándolas que terminaran con la corrupción, sino terminando con la coacción de los Gobiernos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Panorama devastador en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 23/7/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1712149-panorama-devastador-en-medio-oriente

 

Israel ocupó la llamada Franja de Gaza durante la Guerra de los Seis Días. En 1967. No obstante, se retiró de ella en 2005. Pero desde entonces ha debido mantener siempre a sus tropas en estado de alerta en su derredor.

Ahora, en rigor, el alerta comprende a todo su territorio. Porque los nuevos misiles que disparan las milicias de Hamas desde el interior de Gaza tienen hoy capacidad de golpear en cualquiera de sus rincones. Israel controla, además, las fronteras y el espacio aéreo y marítimo de Gaza. Esta es la situación, nueve años después de que Israel decidiera unilateralmente abandonar el territorio de Gaza.

En cada oportunidad, las acciones fueron relativamente breves. Pero siempre han sido devastadoras

Ocurre que en Gaza gobierna Hamas, el movimiento extremista y terrorista palestino que -con el apoyo de Irán y de la Hermandad Musulmana egipcia- no acepta la presencia del Estado de Israel en Medio Oriente. Y que, intransigente, no concibe que -a través de negociaciones de paz- se pueda edificar una solución, como la de los dos Estados, que permita una coexistencia pacífica entre judíos y palestinos.

Mientras tanto, en la pequeña franja de tierra viven -hacinados y en condiciones lamentables- nada menos que un millón ochocientos mil palestinos. Por el momento, sin futuro. Y casi en la miseria. Además, sumergidos en el resentimiento. Y no sin razones. Gaza es casi una gran prisión, con una población que vive mal, al aire libre.

Desde 2005, Israel y Hamas se han enfrentado abiertamente en Gaza, en tres oportunidades. En la guerra de 2008-2009, en 2012 y ahora.

En cada oportunidad, las acciones fueron relativamente breves. Pero siempre han sido devastadoras, dejando un saldo de destrucción y muchos muertos y heridos palestinos, a los que se suele llamar eufemísticamente: “bajas colaterales”. Israel también ha tenido -y sigue teniendo- sus bajas. Pero muchas menos, atento a su enorme superioridad militar.

Las acciones bélicas en Gaza han sido siempre reacción -y consecuencia directa- de la ola de misiles que, de pronto, comienza a volar indiscriminadamente desde Gaza hacia Israel. Lo que es claramente inaceptable para cualquier gobierno israelí. Porque existe el derecho inmanente a la propia defensa. No obstante, esa reacción está sometida a la obligación de que ella sea proporcional al peligro al que responde, criterio nunca fácil de precisar.

Hasta ahora, cada uno de los enfrentamientos abiertos librados entre Israel y Hamas terminó en un cese el fuego alcanzado como consecuencia de la presión internacional, aunque sin que el riesgo de los misiles se eliminara. Nunca. El cese el fuego, propuesto nuevamente por Egipto acaba de ser rechazado expresamente por Hamas.

A la luz de lo sucedido en los últimos días, parece evidente que la paz y seguridad de la región están en peligro. Exponencialmente. Por el mayor alcance de los misiles de que ahora dispone Hamas y por la existencia comprobada de un enorme inventario -realmente de pesadilla- que ha permitido que, en tan sólo cinco días de conflicto, las milicias de Hamas hayan disparado nada menos que 1500 misiles contra Israel. Gracias a la eficacia defensiva del milagroso Domo de Hierro, muchos de los misiles disparados desde Gaza pudieron ser interceptados en el aire, antes de dar en sus blancos.

Esta vez la reacción militar de Israel tiene algunas características diferentes. Veámoslas.

Primero, Israel tiene una agenda militar con objetivos concretos. Precisos y públicos. Desplegada contra una serie de blancos emplazados en un territorio bien delimitado. Se trata de destruir lo sustancial de la extensa red de túneles que cruza la frontera de Gaza con Egipto por la que circulan los misiles y todo el aparato de guerra de Hamas. Los principales y más activos proveedores del arsenal en poder de Hamas son, claro está, Irán y su aliada, Siria.

En el primer día de las operaciones militares israelíes en Gaza, se descubrieron e inutilizaron diez túneles y se alcanzaron 240 blancos, en su mayoría rampas de lanzamiento de misiles. Desde entonces, el número de túneles descubiertos -y desarticulados- se ha más que duplicado.

Segundo, a diferencia de 2012, esta vez Egipto no está gobernado por la Hermandad Musulmana, como en tiempos de Mohamed Morsi, hoy en prisión. Sino por los militares. Ya no hay entonces “manga ancha” de ningún tipo para el tráfico de armamentos hacia Gaza, al menos en principio.

Tercero, los objetivos tácticos que Israel persiguió de inicio no estaban en zonas urbanas, sino en territorio eminentemente rural. Menos poblado, entonces. Con la posibilidad de disminuir sustancialmente el número de víctimas de las acciones militares y evitar combates callejeros.

Pero el domingo pasado esto cambió ante la decisión israelí de atacar asimismo objetivos ubicados en el barrio de Shejaiya, en las afueras de Gaza City. Y el número de víctimas fatales creció velozmente. Más de 500 palestinos y decenas de israelíes. El 75% de ellos son civiles inocentes.

Pese a esto último, alcanzado que sea el objetivo específico perseguido, Israel podría retirarse de Gaza, sin mayores dificultades. Aunque sin que esto signifique que no haya ocurrido -una vez más- un desastre humanitario. Prueba de ello es que ya hay más de 50.000 desplazados internos, en la propia Franja Gaza. Esto es gente que, huyendo precariamente de la muerte, dejó atrás sus hogares y pertenencias. Y, con frecuencia, también a parte de su familia. Lo que es siempre trágico.

Ya hay más de 50.000 desplazados internos, en la propia Franja Gaza. Esto es gente que, huyendo precariamente de la muerte, dejó atrás sus hogares y pertenencias

Cuarto, el premier Netanyahu, a diferencia de Hamas que la rechazó, aceptó la propuesta egipcia de cese el fuego y concedió, además, las pausas humanitarias (de seis horas y dos horas) que le pidieran las Naciones Unidas. Mostró así una disposición distinta a la intransigencia propia de Hamas.

Quinto, Irán está hoy sobreextendido, con tropas propias y milicias de Hezbollah combatiendo en Siria e Irak contra el fundamentalismo violento sunni.

Pese a las diferencias apuntadas, este es un nuevo módulo de violencia dentro de un ciclo que, cuando se enciende, se transforma en una lamentable espiral de horror. Esa espiral contiene siempre la expresión de irracionalidad que parece mover a Hamas, exteriorizada por su rechazo al ofrecimiento egipcio de mediar para un cese el fuego inmediato.

Nuestra Cancillería acaba de hacer conocer su posición particular sobre este difícil tema. Lo hizo el domingo, mediante un mensaje duro respecto de Tel Aviv.

Ella puede sintetizarse como sigue: (i) el uso de la fuerza por parte de Israel ha sido desproporcionado y excesivo; (ii) la ofensiva terrestre de Israel ha “escalado” la crisis y sólo generará más inestabilidad en la región, más víctimas y más sufrimiento. Esto supone sostener que sólo debió actuarse desde el aire, como única reacción posible en ejercicio del derecho inmanente de defensa. Lo que es controvertible, por lo menos. Porque no asegura la destrucción de las rampas de lanzamiento de los misiles. Ni permite la destrucción de los túneles por los que ingresan ilegalmente a Gaza; (iii) el continuo e indiscriminado lanzamiento de misiles desde Gaza hacia Israel es también condenable; (iv) nuestro país apoya todas las gestiones que procuran un cese del fuego inmediato y duradero; (v) es necesario reanudar el proceso de paz en Medio Oriente, sobre la base de la solución de los dos Estados; (vi) es vital permitir el flujo de la ayuda humanitaria; (vii) debe garantizarse un flujo -sostenido y regular- de bienes y personas a través de los pasos fronterizos de Gaza. Nada se dice, sin embargo, sobre el uso -y abuso- de la frontera para ingresar ilegalmente a Gaza la montaña de misiles que conforma el inventario de los milicianos de “Hamas”. Ni respecto de quienes siguen siendo los proveedores de misiles para “Hamas”; y (viii) los responsables de tanta muerte, destrucción y futuro truncado, no pueden quedar impunes. Sin justicia, sostiene nuestra Cancillería, no habrá paz duradera. Se sobreentiende que esto último se refiere a todos.

La angustia crece y, más allá de las declaraciones, no se advierte la existencia de una vía diplomática expeditiva que pueda poner fin a las hostilidades

Ante lo que sucede, la angustia crece y, más allá de las declaraciones, no se advierte la existencia de una vía diplomática expeditiva que pueda poner fin a las hostilidades, asegurando que sus causas no se repitan. Encontrarla rápido es el gran desafío.

Hasta ahora, los actores centrales en la búsqueda del cese el fuego son: las Naciones Unidas, los Estados Unidos y Egipto.

El otro movimiento palestino, Fatah, que ha condenado la violencia de Hamas, ha quedado a un costado, evidenciando irrelevancia.

Las demás “potencias” no están activas en el esfuerzo por lograr un cese el fuego. En algunos casos (como el de Rusia) sumergidas en sus propios conflictos, en otros (como el de China) por falta de protagonismo real.

Los esfuerzos en pro del cese el fuego deben ser apoyados, por todos. No es tiempo de mostrar indiferencia, sino de ayudar -cada uno de acuerdo a sus posibilidades- a interrumpir las hostilidades. Lo que es bien distinto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El proceso de paz en Medio Oriente se detiene

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/4/14 en http://www.lanacion.com.ar/1685911-la-proceso-de-paz-en-medio-oriente-se-detiene

 

Los dos principales partidos políticos palestinos, Al Fatah y Hamas, anunciaron hace pocos días su reconciliación. Esto ocurre después de siete años de profundos desencuentros y, más aún, de enfrentamientos violentos entre ambos bandos. Para Palestina es una buena noticia.

El acuerdo alcanzado supone que, en un plazo de cinco semanas, se estructurará un gobierno de unidad para toda Palestina. El mismo estará conformado por tecnócratas y será presidido por el líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Mahmoud Abbas, quien ha estado a cargo -hasta ahora- de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). A los 79 años, esta podría, de pronto, ser su última responsabilidad política de alguna importancia.

El principal mandato de la próxima administración, una vez que el Parlamento palestino apruebe lo convenido, será el de convocar a elecciones parlamentarias conjuntas. Tanto para Cisjordania como para Gaza. Lo que no ocurre desde el 2006. Las encuestas sugieren que Al Fatah cuenta con el 40% de intención de voto, mientras Hamás tan sólo con el 30%. Para la moderación, ésta es una expectativa positiva.

Las referidas elecciones palestinas deberán tener lugar en el plazo de seis meses. De esta manera, el cisma político que hoy imposibilitaba la acción conjunta de los palestinos comienza -aparentemente- a superarse. No obstante, los Estados Unidos se apresuraron a advertir, con razón, que no reconocerán al nuevo gobierno mientras éste no haya reconocido formalmente al Estado de Israel, renunciado a la violencia y suscripto los acuerdos que ya han sido firmados por la ANP. Nada de esto ha sido nunca aceptado por Hamas en el pasado.

La Franja de Gaza, recordemos, ha estado bajo control total del movimiento islámico Hamas (que tiene vinculaciones muy estrechas con la Hermandad Musulmana y con Irán) desde la expulsión violenta de Gaza de los líderes de la secular Al Fatah, ocurrida en 2007.

Hamas desde entonces no había reconocido siquiera la legitimidad de la administración de Abbas, instalada en la ciudad de Ramala, en Cisjordania. Hamas, por lo demás, sigue siendo considerado como una organización terrorista, tanto por los Estados Unidos como por la Unión Europea.

El acuerdo alcanzado entre los dos más importantes movimientos palestinos se inscribe en el marco de las conversaciones que se iniciaron en El Cairo y Doha, en 2012. Cabe recordar, sin embargo, que otros tres acuerdos similares suscriptos entre las mismas partes nunca se pudieron implementar. Por esto, habrá que esperar a ver cómo avanza efectivamente este nuevo intento de unificación de los palestinos.

Apenas dos horas después de conocido el acuerdo intrapalestino, Israel, como era de suponer, declaró suspendidas las negociaciones de paz con los palestinos que, es cierto, estaban desmoronándose -en rigor casi al borde del colapso- antes de que expirara el plazo de las negociaciones, el 29 de abril.

Para Netanyahu, lo sucedido evitó las dificultades que suponía que, en su heterogéneo gobierno de coalición, haya un partido (el Bayit Hayehudi) que no acepta más liberaciones de prisioneros palestinos y otro (el Yesh Atid) que amenaza con dejar el gobierno, si el plazo para las negociaciones de paz no se extiende más allá del 29 de abril.

A lo que cabe agregar que el ala derecha del propio partido de Netanyahu, el Likud, tampoco está demasiado cómodo con el proceso de paz. Esto pese a que el premier Netanyahu no acepta compartir con los palestinos jurisdicción sobre el este de la ciudad de Jerusalem, procura controlar militarmente el valle del Jordán en su integridad y ha permitido la construcción de asentamientos en Cisjordania a un ritmo que ha sido el más acelerado de los últimos años. Hoy hay en ellos unos 575.000 ciudadanos judíos. Y a que, además, Netanyahu aspira a que el reconocimiento palestino de Israel sea, en más, en su carácter de Estado judío, lo que tiene impacto en la compleja cuestión de los refugiados palestinos. Todos y cada uno de esos temas son, por cierto, particularmente sensibles para su contraparte.

Pese a que las señales no son claras, no es imposible que las negociaciones de paz se consideren ahora suspendidas, por oposición a cortadas. Pero para ello debería haber, al menos, declaraciones de las partes que, de alguna manera, respalden esa interpretación. Lo que aún no ha sucedido.

Se trata de preservar un espacio para defender un status quo mínimo, que sirva al menos de freno a una nueva escalada de violencia, incluyendo una posible intifada, lo que -en definitiva- dependerá de la conducta de las partes. Así como de no sepultar las posibilidades de volver a negociar, tan pronto como ello luzca factible. Esto es algo así como una decisión de seguir en contacto, pese a las enormes dificultades que, todavía hoy, no permiten soñar con alcanzar soluciones definitivas.

Lo cierto es que, para las negociaciones de paz en Medio Oriente, no hay Plan B distinto del que marcará, paso a paso, la realidad. Esa es, en rigor, la contingencia que todos enfrentarán simultáneamente.

De alguna manera, la situación que se avecina puede, quizás, hasta resultar de pronto algo parecida a lo que sucede en Chipre, donde los adversarios no se han reconocido entre sí completamente, pero han sido capaces de alcanzar -una y otra vez- acuerdos mínimos que han permitido convivir razonablemente y frenar cualquier regreso a la violencia.

Para el nuevo gobierno palestino habrá desafíos inmediatos bien concretos, que serán observados de cerca por todos. Como, por ejemplo, ¿quién controlará el paso de Rafah, que comunica a Gaza con Egipto? ¿Cómo lo hará? ¿Con qué grado de transparencia?

Hoy los “duros” sentados a ambos lados de la mesa de negociaciones no parecen estar dispuestos a flexibilizar sus posiciones. Muestran una actitud de cierta intransigencia, que tiene bastante que ver con el clima de fragilidad que se ha apoderado de la región toda. Donde Siria está sumida en una dura guerra civil que concentra la atención casi exclusiva de la Liga Árabe; el Líbano, cada vez más en estado de fragilidad; Egipto, de regreso a los militares, como si la “primavera árabe” no hubiera existido; Irán, negociando todavía con la comunidad Internacional como controlar su peligroso programa nuclear y poder levantar las sanciones económicas que han dañado severamente a su economía, y hasta Rusia en el inestable limbo que ella mismo ha provocado en torno a Ucrania.

Demasiados interrogantes acerca de cómo se podría avanzar con serenidad en un proceso de paz que debe nacer con un mínimo de fortaleza y no quedar sujeto, de inicio, a un entorno plagado de imprevisibilidad.

De cara a la realidad, los palestinos deberían actuar sin crear hechos consumados que puedan complicar una negociación que no ha podido avanzar desde 1993, como sería su posible accesión a la Corte Penal Internacional, con todo lo que ello podría significar. El anuncio de que pedirán el ingreso a 60 nuevos organismos internacionales debe ser seguido con atención, por sus posibles consecuencias. Israel, por su parte, debería ser firme y contemporizadora a la vez, lo que está lejos de ser simple. Pero la reciente decisión de suspender la construcción de nuevos asentamientos va, creemos, en la dirección correcta. Los Estados Unidos, por su parte, no deberían desentenderse de su complejo rol de facilitador activo de las negociaciones de paz. En esto, el activo Secretario de Estado, John Kerry, ha hecho esfuerzos denodados, que lamentablemente no han tenido éxito. Pero que deben obviamente reconocerse.

Se trata, en definitiva, de no apresurarse a romper puentes, pese a que la realidad sugiera que hoy están intransitables. Dicho de otra manera, el proceso de paz está nuevamente en terapia intensiva, pero la idea es ciertamente la de no desconectar los cables que aún lo mantienen con posibilidades de vida.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Frágil alto el fuego en Gaza

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/11/12 en http://www.lanacion.com.ar/1529181-fragil-alto-el-fuego-en-gaza

La situación en Medio Oriente no es ya la del 2008, cuando la invasión israelí a Gaza dejó 1.400 palestinos muertos y debilitó su imagen externa. Hay cambios geopolíticos de envergadura.

Egipto -gobernado por la Hermandad Musulmana, cercana ideológicamente a Hamás, aunque con la enorme diferencia que la primera ha renunciado a la violencia y la segunda no- es distinto. No obstante, continúa siendo un actor central e insustituible para la paz en la región y para mantener en pie los acuerdos de paz de 1979. Por el paso fronterizo de Rafah (o por túneles cercanos), los misiles en los últimos tiempos han seguido llegando, en gran número, a manos de los grupos radicales de Gaza para ser lanzados -indiscriminadamente- contra blancos civiles en territorio israelí. Son ahora más peligrosos, desde que incluyen a los Fajr-5 de fabricación iraní, con un alcance de 80 kilómetros. Por esto, Tel Aviv y Jerusalén han sido, de pronto, blanco de esos macabros disparos. Hablamos de cientos de misiles que últimamente se han lanzado diariamente. Y de la totalidad de la población civil israelí ahora expuesta a sus impactos. Más allá de las defensas israelíes, que están logrando destruir un tercio de esos misiles en vuelo.

Además, Turquía (con un gobierno que ha girado notoriamente hacia el islamismo) ya no está cerca de Israel. A lo que cabe agregar que Siria está en llamas, ante la impotencia del sistema de las Naciones Unidas, paralizado por el veto de Rusia y China. La situación siria parecería estar concentrando la atención de Hezbollah, que apoya con milicianos al régimen de los Assad. El Líbano, por su parte, sigue en la precariedad, con peligro de ser contagiado por Siria en la lucha facciosa que consume a este último país. Irán -pese a que su relación con Hamás podría haberse enfriado algo- continúa proveyendo misiles y entrenamiento a esa organización. Y Qatar, con sus enormes recursos financieros, está endosando y sosteniendo al gobierno local de Hamás encabezado por Ismail Haniyeh, lo que naturalmente no ayuda a los esfuerzos por unificar a Palestina.

El vecindario de Israel es ahora, queda visto, algo más complejo. No obstante, la influencia norteamericana en Medio Oriente sigue siendo clave, aunque su peso relativo pueda haber disminuido. No sólo en el mundo árabe. También en Israel, como consecuencia de los desencuentros entre Benjamin Netanyahu y Barack Obama, previos a la reelección de Obama, que aparentemente no han hecho mella en el amplio apoyo político con que Netanyahu cuenta en su país. Los acuerdos recientes de cese del fuego demuestran que esa influencia sigue siendo esencial.

Lo cierto es que el nuevo presidente egipcio, Mohamed Morsi, ha estado -desde el primer momento- en el centro mismo de la nueva crisis, procurando desactivarla. Para ello, en señal de compromiso, envió a su primer ministro Heshan Kandil a Gaza, muy pocas horas después de las represalias aéreas israelíes. Y ha estado coordinando su esfuerzo pacificador con el de los Estados Unidos, las Naciones Unidas, la Unión Europea, la Liga Árabe (que incluye a Fatah), Turquía y Qatar.

El cese del fuego alcanzado ha evitado una segunda invasión israelí a la Franja de Gaza, con todas sus muy serias implicancias.

Ese es apenas un primer paso en dirección a edificar un horizonte de estabilidad más prolongado, sin que se sigan disparando misiles -a mansalva- desde el interior de Gaza, lo que sucede con población civil palestina en torno a las rampas, a la manera de escudos humanos. A ello debe sumarse un esfuerzo verificable por cortar el suministro de los misiles iraníes que, al ser lanzados, obran a la manera de peligrosa mecha que se enciende más o menos fácilmente.

Otro paso importante es el de lograr acuerdos estabilizadores con Fatah. Porque no es fácil imaginar acuerdos duraderos de paz sin Fatah, ahora relativamente relegada a un segundo plano por las explosiones de violencia en Gaza. Fatah es importante, porque no es concebible que -de pronto- Hamás esté dispuesta a reconocer el derecho del Estado de Israel a existir como tal. Un cambio de posición en esto de Hamás impulsaría ciertamente las conversaciones de paz. Pero, reitero, no parece nada sencillo poder obtenerlo.

 
Foto: EFE 

Medio Oriente luce entonces menos predecible y más frágil que a fines del 2008. La influencia de los Estados Unidos ha quedado algo debilitada, lo que ha generado vacíos que otros están llenando. Pero el país del norte sigue teniendo un rol central en Medio Oriente . Esto ha quedado evidente con la intervención personal de Barack Obama (luego de dos años de alejamiento de esta cuestión) en la solución de la crisis, en diálogo directo con el presidente Morsi.

Por todo esto en Israel ha crecido la sensación de que su futuro esencialmente depende siempre de ella misma. Ocurre que, aunque en el escenario haya nuevos o renovados actores, la violencia y sus terribles consecuencias siguen estando presentes.

Como siempre es necesario que todos los actores de la comunidad internacional, cada uno en su esfera, comprometan sus esfuerzos para construir -y asegurar- la paz que ha eludido por tanto tiempo a Medio Oriente. En lo inmediato, sin duda. Más allá, también.

El diálogo entre Obama y Morsi puede haber conformado una nueva alianza geopolítica difícil de imaginar, que quizás resulte decisiva para la estabilidad regional. En la que tanto las urgencias de Israel, como las de una Palestina unificada, se pongan sobre la mesa. Aunque lo cierto sea que sólo habrá paz duradera si -saliendo del estancamiento- se logra poner en marcha un nuevo esfuerzo de paz, estructurado sobre la idea de los dos Estados, y coronarlo con éxito. Nada fácil, pero no un imposible.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

Israel: temprano quiebre de la coalición de unidad nacional

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 25/7/12 en http://www.lanacion.com.ar/1492983-israel-temprano-quiebre-de-la-coalicion-de-unidad-nacional

La amplia coalición de gobiernoencabezada por el primer ministro Benjamín Netanyahu, que incluía en su seno al partido Kadima, de centro, se acaba de romper. Ya es historia, entonces. El gobierno de unidad nacional duró poco. Apenas unas diez semanas.

Insatisfecho con el pobre resultado de las conversaciones vinculadas con el servicio militar -o público- que deberían cumplir los ciudadanos de los grupos ultraortodoxos, Kadima decidió abandonar el gobierno. Así lo ratificaron 25 de los 28 legisladores pertenecientes a ese partido. La disolución previa del grupo de trabajo especial que se ocupaba del tema -con participación multipartidaria- de alguna manera preanunció lo sucedido. Lo que no priva a Benjamín Netanyahu de contar con una sólida mayoría parlamentaria, salvo que, de pronto, el éxodo incluya a algún otro partido.

No obstante, Netanyahu no contará con la “supermayoría” de 94 parlamentarios sobre los 120 miembros de la legislatura, con la que contaba. La ruptura obliga a Netanyahu a pensar en convocar a elecciones, que para muchos tendrán lugar a comienzos del año próximo, para las que Netanyahu aparece como el gran favorito. Como consecuencia de lo sucedido, la influencia política de los partidos de la derecha religiosa presumiblemente volverá a ser fuerte.

Cuando la guerra civil siria parece haber acorralado al régimen de los Assad, aunque con un final aún incierto, y cuando la cuestión iraní está muy lejos de haberse resuelto, el debilitamiento del gobierno israelí no es lo ideal. Pero así son las cosas.

 La razón de la separación, explicada por el propio líder de Kadima, Shaul Mofaz, tuvo ciertamente que ver con la imposibilidad de alcanzar acuerdos satisfactorios sobre la delicada cuestión del servicio militar de los ultraortodoxos israelíes, que para Mofaz tiene que ver con el principio de igualdad. Acuerdo político que luce urgente, atento a que la Suprema Corte de Israel declaró inconstitucionales las excepciones que actualmente favorecen a los ultraortodoxos o haredim, que expiran el 1° de agosto.

El 17% de los ultraortodoxos hoy presta servicios en las fuerzas armadas israelíes o trabaja en servicios al público. Unos 60.000 estudiantes de ese mismo grupo estaban exentos por la norma recientemente declarada inconstitucional por la Suprema Corte, lo que es mucho más que las 400 excepciones fueran originalmente concedidas para contribuir al futuro de los estudios sobre la Torah.

Kadima pretendía lograr cambios rápidos. Netanyahu es, en cambio, partidario del gradualismo en este tema tan particular. Por ello la coalición no logró un consenso sobre esta cuestión. Una oportunidad realmente histórica para definir un tema no resuelto desde hace 64 años parece haber sido desaprovechada.

Kadima propuso que el 80% de los ciudadanos ultraortodoxos prestara su servicio militar en el plazo de los próximos cuatro años. Para Netanyahu eso era demasiado precipitado. Este desacuerdo terminó provocando la ruptura de la coalición.

Otra cuestión parece también haber irritado a la dirigencia de Kadima: la propuesta del partido de Abigdor Lieberman (Israel Beiteinu) de que los árabes que son ciudadanos de Israel, presten -ellos también- más servicios comunitarios.

Para el debilitado Kadima -un partido que nació en 2005, despegado del riñón del Likud de Netanyahu- la incertidumbre acerca de su propio futuro ha vuelto a flotar. Esta será en el corto plazo, seguramente, su preocupación central.

No es imposible que Ehud Olmert -que acaba de haber sido absuelto de los cargos de corrupción formulados en su contra- vuelva a tener un rol protagónico en ese partido. Para Tzipi Livni, por su parte, quizá aparezca una nueva oportunidad para retornar al centro del escenario partidario, del que había sido desplazada por Mofaz. No obstante, hay quienes creen que, si los líderes de Kadima no conducen bien esta transición, el partido puede hasta enfrentar una implosión o, al menos, una etapa de fuerte desgaste o, quizás, desintegración.

Para Netanyahu, al menos por el momento, no aparecen amenazas serias respecto de sus ambiciones de continuar como primer ministro. Sigue siendo no sólo la figura central del espectro político israelí, sino la más popular de todas. Mientras la incertidumbre continúe flotando en las fronteras de Israel, esto difícilmente se alterará.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.