Para algunos países, el dinero que ingresa por remesas es el principal ingreso de divisas y alto % del PIB (IX)

Por Martín Krause. Publicada el 19/6/17 en: http://bazar.ufm.edu/paises-dinero-ingresa-remesas-principal-ingreso-divisas-alto-del-pib-ix/

 

Paper sobre la cuestión migratoria:

  1. Los emigrantes ayudan al resto de la población pobre

Esta no es, en realidad, un tema de debate, simplemente la consideración de un hecho que debe ser tenido en cuenta. La llegada de los emigrantes, tanto refugiados como laborales, acerca a quienes provienen de sociedades con baja productividad debido a la escasez de capital invertido a otras donde su productividad es mucho mayor. Esto les genera ingresos muy superiores a los de los lugares de donde han partido, siendo éste uno de los principales incentivos para emigrar. Y esos mayores ingresos se han convertido en el programa de ayuda más importante y con mayor sustento moral que pueda imaginarse: las remesas.

El Banco Mundial estima que las remesas en 2015 alcanzaron la suma de 588.199 millones de dólares , unas cuatro veces más que toda la ayuda internacional. Para algunos países se ha convertido en su principal ingreso. Por ejemplo, las remesas son un 41,7% del PIB de Tayikistán, un 30,3% del de Kirguistán o un 29,9% del de Nepal. En cuanto a América Latina se refiere, significan el 22,4% del PIB de Haití, el 17,8% del de Honduras, 16,8% en el caso de El Salvador, 15,7% para Jamaica, 10,2% para Guyana, 9,9% en Guatemala o 9,7% para Nicaragua.

Estos fondos que quienes han emigrado y prosperado ahora remiten al resto de la familia que quedó en el país de origen, se han convertido en un enorme programa social, de tal magnitud que en varios países de, por ejemplo, Centroamérica, el ingreso de remesas se ha convertido en el ítem más grande de su balanza de pagos. Es decir, ingresan más dólares por remesas que los que ingresan por la venta de cualquier otro producto que exporten.

Las remesas son el símbolo de las personas y las familias ayudándose a sí mismas, en base a su propio esfuerzo y a su prosperidad. Pocos resultados de la migración son tan loables y efectivos como éste.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA. 

Acerca del “deterioro de los términos de intercambio”

Por Gabriel Boragina: Publicado el 17/7/16 en http://www.accionhumana.com/2016/07/acerca-del-deterioro-de-los-terminos-de.html

 

“Otro canal a través del que se filtra el complejo de culpa es por medio del llamado deterioro en los términos de intercambio. Con esto se quiere decir que los países pobres reciben cada vez menos a cambio de entregar cada vez más de lo que ellos producen. Es decir, habría un deterioro en la relación de cambio de productos manufacturados frente a los no-manufacturados en detrimento de estos últimos, con lo que tendría lugar una explotación sistemática.

Hay varias observaciones que hacer a este esquema. En primer lugar, término de intercambio quiere decir precio relativo, lo cual, en sí mismo, no significa nada respecto de mejoras o empeoramientos. Por ejemplo, en la época en que aparecieron los primeros automotores, éstos tenían cierta relación de cambio (términos de intercambio) con la cebada, hoy esa relación comparada con aquella época le es desfavorable al automotor ya que se ha convertido en un bien de uso popular y, sin embargo, los resultados operativos y los patrimonios de la industria automotriz son más favorables que en el período anterior.”[1]

Los primeros automóviles eran muchísimo más caros, no sólo en relación a la cebada sino también en la de muchos otros bienes de producción y de consumo. En consecuencia, si siguiéramos la absurda teoría del deterioro de los términos del intercambio (en adelante DTI) tendríamos que llegar a la también no menos irrazonable conclusión de que los bienes industriales estaban en una posición económica y patrimonial inicial muchísimo más ventajosa que la de los bienes no-industriales, precisamente la situación inversa que pretenden querer demostrar los defensores de esta desatinada tesis. En el ejemplo dado por el autor que ahora citamos, los coches eran mucho más caros que la cebada, pero como no hace falta demostrar más que por medio del sentido común y la simple observación de nuestro entorno, que con el tiempo, el progreso tecnológico y –fundamentalmente- la producción en serie, los automotores se han multiplicado y difundido de tal modo que se operó un fenómeno de masificación que, a su turno, determinó la paulatina baja del precio de adquisición de cada unidad automotriz, lo que a la luz de la teoría del DTI debería haber implicado una situación muy desfavorable para aquella industria, sin embargo –y como es evidente a todas luces- la realidad es que ha ocurrido todo lo contrario, empeoraron los términos de intercambio para el automotor, pero la situación patrimonial de las industrias automotrices mejoró cuantiosísimo.

“En las series estadísticas del “deterioro de los términos de intercambio” muchas veces se suelen comparar cosas distintas. Por ejemplo, en una columna se pone “trigo” y en otra “tractores” pero los tractores van cambiando de características según sean los cambiantes modelos, mientras que el trigo es el mismo y producido en mejores condiciones, en buena parte debido a los mejores tractores. Por último, si observamos la alta proporción de bienes no-manufacturados que comercian entre sí los países “desarrollados”, deberíamos concluir que los países más ricos se estarían explotando entre sí.”[2]

No se pueden comparar términos de intercambio entre bienes de características heterogéneas, el cotejo -para que adquiera alguna validez- debería hacerse entre productos homogéneos. Pero los partidarios de la “teoría de la dependencia” y del DTI no proceden de dicha manera lógica, sino que van por la vía ilógica. El ejemplo es altamente categórico en cuanto nos ilustra de qué manera ciertos tipo de bienes industriales (en el caso tractores) no solamente van cambiando a diferencia de productos como el trigo, sino que, a la par que los términos de intercambio se van deteriorando respecto de los tractores en la medida que sus costos se abaratan en función de mejoras tecnológicas y las señaladas también en el párrafo anterior de acuerdo a su mayor demanda, pese a todas dichas aparentes desventajas respecto del DTI, contribuyen a que productos de características muy diferentes (como la cebada del ejemplo anterior o el trigo del actual) respecto de los bienes que incorporan innovaciones tecnológicas, sean elaborados en mayor cantidad y en mejores condiciones que nunca antes, con lo que nuevamente se desmorona la tesis del DTI.

“Generalmente se sostiene que el deterioro de los términos de intercambio es especialmente alarmante en los casos de las ex-colonias ya que han sido, en todos los órdenes, las víctimas principales de la explotación. Pero esto último tampoco es cierto. No puede afirmarse que siempre las colonias se han retrasado por estar en esa condición. Pensemos en los casos de miseria de lugares tales como Nepal, Etiopía, Liberia, Tíbet y Afganistán que nunca fueron colonias frente a los casos, por ejemplo, de Hong-Kong y los Estados Unidos como colonias británicas. Por esto es que la entrega coactiva de recursos, principalmente por parte de los Estados Unidos, frecuentemente se han destinado a ex-colonias “para compensar” y de ese modo “ganar amigos” en las zonas más sensibles.”[3]

No son los “términos de intercambio”, sino la filosofía y política económica imperantes las que determinan la riqueza o pobreza de las naciones tal como bien instruyen los casos que se nos ofrecen anteriormente. Para comenzar, ha quedado bien refutada en los párrafos precedentes la tesis o teoría del deterioro de los términos del intercambio (DTI). No hay tal. Y, por lo tanto, difícilmente pueda achacarse a dicha falacia la diferente suerte económica de un lugar respecto de otros. Como se comenzó diciendo, las paridades, precios o términos de intercambio –que, al fin de cuentas, vienen a ser todos, la misma cosa- varían en función de los diferentes intercambios, estados y procesos que se desarrollan en el mercado. Si el mercado es totalmente libre, todas las partes implicadas en la transacción van a salir beneficiadas. En contraposición, si el mercado está adulterado por el gobierno, los resultados serán más negativos. Por lo demás, y como bien lo recuerda el autor citado, la alta tasa de productos no-manufacturados que comercian “entre sí los países “desarrollados”, nos llevaría a que “deberíamos concluir que los países más ricos se estarían explotando entre sí”.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) Las oligarquías reinantes. Discurso sobre el doble discurso. Editorial Atlántida. Pág. 191 a 193.

[2] Alberto Benegas Lynch (h) Las oligarquías…ob. cit. Pág. 191 a 193.

[3] Alberto Benegas Lynch (h) Las oligarquías…ob. cit. Pág. 191 a 193.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Argentina, Canadá y Australia. Cris y creerse su propia mentira

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 12/7/13 en: http://gustavolazzari.blogspot.com.ar/

En términos de política económica mucho más grave que mentir es creerse su propia mentira.

La Presidenta Cristina Fernández por varias vías (Discurso en Santa Cruz, su cuenta de Twitter, su blog personal, y el sitio de la Casa Rosada) ha insistido en comparar la performance de la Argentina con Australia y Canadá.

Utiliza una selección caprichosa e inconsistente de indicadores para señalar que la situación Argentina es mucho mejor que la de esos países mencionados.

Antes de discutir conceptualmente los indicadores seleccionados por la Presidenta conviene señalar que Australia y Canadá muestran indicadores bochornosamente mejores en los aspectos que hacen  a la vida de la gente.

Tanto es así, que en los últimos diez años solo 400 canadienses y 240 australianos pidieron radicación en la Argentina en tanto que 19500 argentinos viven y trabajan en Canadá y otros 15000 hacen lo propio en Australia.

Conforme a datos del Banco Mundial en los últimos cuatro años 200.000 argentinos decidieron emigrar en tanto que Canadá y Australia recibieron 1.000.000 de inmigrantes cada uno.

La comparación de la presidenta es petulante y sumamente engañosa.  El hecho de tomar indicadores macroeconómicos para demostrar que estamos mejor que los dos países señalados ignora el objetivo principal de la un sistema económico que es que sus habitantes puedan perseguir el sueño de vivir mejor.

Mas que un resultado macro ocasional y engañosamente interpretado como hizo la Presidenta el nivel  de vida de la gente tiene otras mediciones más precisas tales como:

·         El Indice de Desarrollo Humano elaborado anualmente por la ONU muestra que Australia ocupa el 2do lugar, Canadá el 11 y Argentina el 45.

·         Dicho Indice refleja que Canadá y Australia brinda a sus niños 30% más de tiempo escolar.  La escolaridad promedio es de 12 años contra 9 de la Argentina.

·         En términos de Competividad Global (elaborado por el World Economic Forum) Canadá ocupa el puesto 11, Australia el 20 y nuestro país el 94.   ( http://www.weforum.org/

·         El Indice de Corrupción elaborado por Transparency International  Argentina ocupa el puesto 102, Australia el 7 y Canadá el 9.  (sobre 144 países) (http://www.transparency.org/cpi2012/results )

·         El Indice Haciendo Negocios que elabora el Banco Mundial muestra que nuestro país ofrece un entorno poco amigable para hacer negocios, producir riqueza y mejorar, consecuentemente, el standart de vida. Detrás de Etiopía, Nepal, Pakistán y las famosas Seychelles, Argentina ocupa el puesto 114, muy lejos del puesto 13 de Canadá y el 115 de Australia.  (http://espanol.doingbusiness.org/reports/global-reports/doing-business-2012 )

 

No obstante estos datos demoledores de la pretensión de la Presidenta de intentar demostrar que estamos mejor que Australia y Canadá, es importante destacar los argumentos que utilizados.
La situación fiscal

Según la presidenta “es un mito que la situación fiscal sea endeble” . Para demostarlo muestra que el déficit fiscal es menor en la Argentina al igual que la deuda pública en relación al PIB. Además muestra que la deuda pública argentina es menos riesgosa pues la mayor parte es deuda “intra sector público”.

Este argumento es falso por los siguientes motivos.

·         La situación fiscal endeble depende tanto del tamaño del déficit como de la capacidad de financiamiento y la historia fiscal formadora de expectativas.

·         Argentina no tiene acceso al financiamiento voluntario ni local ni externo.  De hecho la principal fuente de financiamiento del déficit fiscal es la emisión monetaria (record).  Por tanto un déficit del 3% en un país sin historia de default, sin confiscaciones, sin emisión monetaria desorbitada, con acceso al financiamiento es mucho más sostenible que un déficit menor en país con prontuario fiscal tenebroso.

·         En términos de borrachera. Una gota de vino en un alcohólico es mucho mas riesgoso que un cuerdo paseando por una vinería.

Las relaciones sobre la deuda son tan dudosas como los discursos del desendeudamiento.  Es cierto que en términos de PIB la deuda pública argentina se redujo.
 No obstante ¿podemos decir que estamos seguros que la cifra de deuda que informa el Ministerio de Economía es suficientemente creíble?  Como se computa la deuda que se está generando con los jubilados por haberes mal liquidados?, Cómo se computa la deuda con los Hold Outs?

Era esperable que tras el mayor default de la historia la deuda se reduzca en proporción a un PIB irremediablemente creciente debido al bajo punto de partida en 2002.

El argumento de “estamos fuertes porque la deuda es intrasector público” es extraño.  Supone que el riesgo de no pago es menor. Lo cual también es falso. Si eventualmente la Tesorería no pagara los bonos que tiene en cartera el Ansess, el default se trasladaría a los jubilados que actuando judicialmente transformarían la “deuda intra sector público” en una deuda “extra sector público” licuando el dibujo contable de la presidenta.

 

Tenemos más reservas que Australia y Canadá.

La presidenta convierte a 37 en un número mayor que 50 y que 69.  Lo hace a través de relacionar las reservas de los bancos centrales contra otros indicadores como PIB , importaciones y Deuda Externa.

Es cierto, pero eso no indica ni que Australia y Canadá estén en posición de reservas endebles ni que la Argentina esté en posición sólida.

Antes que nada la presidenta debió aclarar cuál es el número real de Reservas.  Pues si descontamos el stock de 95.000 millones de pesos en Lebac, las reservas de 37000 millones pasan a 20.000 millones.

No obstante el argumento también es falso.

·         El concepto de Reservas de los Bancos Centrales cobra relevancia cuando hay control de cambios pues es necesario saber si se podrán pagar las importaciones o si habrá suficientes dólares en caso de una corrida cambiaria.

·         También es relevante cuando los gobiernos no tienen fuentes de financiamiento puesto que la seguridad de pagar la deuda la da el uso de reservas.

·         Y también es necesario contar con un buen nivel de reservas cuando la moneda local no tiene relevancia ni siquiera para los propios habitantes.

 

·         Nada de ello sucede ni en Canadá ni en Australia.

·         Un importador canadiense o australiano puede pagar sus compras en el exterior comprando dólares libremente en los mercados y girándolos sin la firma de ningún secretario de comercio.

·         A su vez, las monedas locales son sólidas y generan incentivos al ahorro doméstico. No hay dolarización de carteras  pues en toda la historia, ni el gobierno de Canadá ni el gobierno australiano utilizó la emisión de dinero para esquilmar los ahorros de sus ciudadanos.

En los últimos cincuenta años en Australia sólo ocho veces la tasa de inflación superó el 10%. fue en la crisis petrolera  de 1973 y la segunda crisis del petróleo en 1979.  Desde 1990 la inflación no supera el 5%. En 2012, la tasa anual de inflación fue de 1,76%.

En Canadá sucedió algo similar. Solo en cinco años de los últimos 50 la tasa de inflación superó el 10%. desde 1991 que año tras año la inflación es menor al 5%. En 2012, fue de 1,52%.

(Fuente: Tasas de Inflacion http://datos.bancomundial.org/indicador/FP.CPI.TOTL.ZG/countries?display=default )

¿Qué  incentivo tiene un canadiense o un australiano para  huir del dinero local? Qué sentido tiene que el Banco central de dichos países tengan dólares?

La Presidenta Cristina comparó peras con manzanas.  La historia inflacionaria argentina explica a través de cinco décadas de confiscaciones monetarias que la decisión más racional de un argentino es dolarizar sus ahorros.  Por ello, se requiere al BCRA que tenga un nivel de reservas mucho más elevado que otros países que no han devaluado sus monedas.

Cabe recordar que un canadiense o un australiano que haya vivido los últimos 50 años habrá visto en sus manos siempre el mismo signo monetario.  Un argentino contabilizó pesos moneda nacional, pesos ley 18188, pesos argentinos, australes y ahora los moribundos pesos, con diferentes figuras para el mismo importe.

Argentina tiene mucho más para aprender de Australia y Canadá que para cancherear con datos de dudosa fiabilidad y caprichosa interpretación.

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.