EL TERRIBLE CASO DEL JUEZ KAVANAUGH.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/10/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/10/el-terrible-caso-del-juez-kavanaugh.html

 

Los tiempos han cambiado.

Ha pasado la época de Al Gore y el mejor discurso de su vida, cuando perdió las elecciones con G. Bush por una resolución de la Corte Suprema. Avanzó solo y solemne hacia el micrófono y, lacónico, reafirmó el Estado de Derecho: “No estoy de acuerdo, pero este es nuestro sistema”.

Ha pasado la época caballeresca donde la izquierda y la derecha, en los EEUU, eran J. Rawls y R. Nozick. Era el debate de la redistribución de ingresos. Ninguno de los dos ponía en tela de juicio a las bases fundamentales de los EEUU: los derechos individuales, la presunción de inocencia, el debido proceso, el tratarse con respeto dentro de las “comprenhensive doctrines” (Rawls) que pudiera haber.

Ha pasado la época donde la diferencia pasaba por Nixon o por los hermanos Kennedy.

Ha pasado la época donde no ser conservador era apoyar a un santo y liberal clásico como Martin Luther King, que no hablaba de los afroamericanos como un colectivo explotado sino como sujetos de derechos reclamando el pagaré originario de la Declaración de Independencia.

No, todo ha cambiado y no podemos sintetizar ahora el cómo y el por qué, pero todo ha cambiado.

Tal vez, como sugerí alguna vez, en la historia de la humanidad, que es la historia de Caín (https://eseade.wordpress.com/2017/10/27/la-historia-humana-es-casi-la-historia-de-cain/) el liberalismo clásico fue sólo un breve momento en esa historia hobbesiana que es la humanidad, y la libertad nunca va a ser un triunfo, sino una resistencia permanente ante la pulsión de agresión, ante la bestialidad de las mayorías, ante la prepotencia de los dictadores, ante el odio y la mentira, ante el totalitarismo que, vestido de seda democrática, totalitarismo se queda.

Trump –del cual ya he dado mi parecer- (http://institutoacton.org/2016/11/23/sobre-el-triunfo-de-trump-gabriel-zanotti/) nomina a un intachable juez católico y antiabortista para la Suprema Corte y, oh casualidad, una señora se acuerda entonces de un American Pie adolescente, del cual no recuerda ningún detalle, del cual no quedan testigos, que no es confirmado por la séptima investigación del FBI al acusado, y mancha el buen nombre del oh casualidad conservador juez bajo la acusación de intento de violación.

La utilización política de una denuncia falsa es una de las peores faltas morales y legales que se puedan concebir. Los diversos clanes samurai japoneses se enfrentaban en el campo de batalla con mucha violencia, pero con honor. Un shogun no decía del otro que había sido cobarde en batalla. Ni se le pasaba por la cabeza. Hoy, sí. Hoy, que creíamos haber evolucionado hacia un sistema donde el desacuerdo forma parte del sistema, y se dirime y sublima mediante el free speech y el sistema electoral, hoy, donde creíamos que las diversidades convivían en paz bajo la libertad religiosa y el derecho a la intimidad, hoy, donde suponíamos que habíamos superado la arbitrariedad mediante la presunción de inocencia y el Estado de Derecho, hoy, todo eso concluyó. Como ya dije, se ha quebrado el pacto político en los EEUU (http://gzanotti.blogspot.com/search?updated-max=2018-08-19T03:43:00-07:00&max-results=5&start=5&by-date=false ). Sí, finalmente se votó, se investigó, y al juez Kavanaugh no lo cazaron y quemaron como una bruja, pero sólo porque no es tan fácil tirar abajo más de 200 años de sistema constitucional, como sí lo es en la barbarie latinoamericana. Porque si fuera por la izquierda radical norteamericana, sí. Ellos ya han llamado a agredir físicamente a los partidarios de Trump, y no por un desquiciado cualquiera, sino por la diputada federal demócrata Maxime Walters. Ellos, entonces, no dudaron un instante en inventar una cruel denuncia falsa, con lo peor de lo peor que se pueda decir de alguien. Para ellos no vale la presunción de inocencia. Kavanaugh ya estaba condenado, por ser blanco y varón. A Ford había que creerle, necesariamente, por ser mujer. Introducen la dialéctica de la explotación y de los colectivos explotados y explotadores: varón blanco heterosexual, católico, hetero-patriarcal, contra una mujer, que por ser tal no puede tener pecado original. Además, se burlaron de una de sus hijas públicamente. Además, pintarrajearon su casa. Lograron que se lo expulse de una de sus cátedras. Lograron que ciertas iglesias lo declararan persona no grata. Mancharon su reputación para siempre. No le pegaron un tipo porque no pudieron. Gritaron y amenazaron como desaforados a senadores que lo apoyaban, y ayer invadieron a los gritos las galerías del Senado al mejor estilo kirchnerista. Y la historia, desde luego, no ha concluido. Puede ser que Kavanaugh desde ahora cumpla su función, pero su vida, su esposa y sus hijas van a entrar en un infierno inimaginable. ¿Por qué? Por ser conservador, católico y anti-abortista. He allí el verdadero delito que la izquierda radical norteamericana, nazi y estalinista, no puede soportar.

Con lo cual han desacreditado –y no les importa en absoluto- el verdadero progreso que se había logrado con las mujeres víctimas de agresión sexual. Contrariamente a otras épocas, sus denuncias comenzaron a ser creídas, y los varones que antes gozaban de inmunidad jurídica de facto ahora comenzaron a pagar por sus delitos. Sí, pero ahora, se han desacreditado. Ahora han comenzado a perder su credibilidad. Ahora van a surgir las reacciones de los verdaderos agresores que aún quedan por todo el mundo. Me too, sí, yo también miento, a partir de ahora. Un horror.

Y no me contradigo. Me parece bien que se crea, en principio, a una mujer que aparece golpeada en una comisaría. Eso no contradice la presunción de inocencia. El asunto es que el delito debe ser probado. Nadie puede ser condenado sin juicio justo, sin debido proceso. Quien escribe estas líneas no tiene dobles estándares. Siempre me opuse a la solución final confesada por Videla al final de su vida, siempre me opuse al horror del Patriot Act sancionada en el gobierno de G. Bush, jamás avalé métodos de agresión e intimidación pública contra funcionarios kirchneristas por parte de antiperonistas exaltados; en el 2008 me opuse a que los productores agropecuarios cortaran rutas, y hasta me parece una barbaridad la arbitrariedad de la prisión preventiva. Una cosa es la condena social, otra cosa es la condena jurídica. Sí, estoy convencido de que Cristina Kirchner es una corrupta, pero hay que probarlo. Hasta entonces, bien libre está, porque el mismo debido proceso que garantiza su libertad, garantiza la de todos. Los motivos por los cuales creemos que alguien miente no son motivos jurídicos. Pero socialmente tienen su validez. Así que creo que Cristine Ford ha cometido perjurio, pero hay que probarlo también.

Sí, todo ha cambiado. ¿O nada? Circula a veces la creencia de que el liberalismo económico es el combatido, pero el liberalismo político no. Pero parece que es al revés. Hoy lo que está en juego es el Estado de Derecho, el free speech, la defensa en juicio, las garantías individuales. Cosas que casi nadie nunca creyó, pero vivíamos en la ilusión de que los EEUU, sí.

Creo que los norteamericanos no tienen conciencia de la nueva guerra que se juega. La izquierda radical los está atacando desde dentro. No, ya no es Hitler, ya son los soviéticos, ya no es la flota japonesa del pacífico. No, ya no es como dijo el Almirante Yamamoto: “hemos despertado a un gigante dormido”. No, ahora el gigante, esto es, la Declaración de Independencia, el Estado de Derecho, la Primera Enmienda, no ha sido despertado. Ojalá que sí, y algunos lo dicen, pero lamentablemente creo que está siendo atacado y carcomido desde dentro, y lamentablemente no creo que la mayoría de los norteamericanos se den cuenta de que lo que está en juego es la identidad de su propia nación, la única que nace bajo un pacto constitucional liberal. La izquierda radical se llama a sí misma resistencia contra Trump, pero es en realidad al revés: la verdadera resistencia radica en los liberales clásicos, en los libertarios y en los conservadores que aún creen en todo ello que era (era) elemental, y que tienen que optar, como mal menor, a un líder maleducado y prepotente, pero que entiende al menos lo que EEUU es o fue.

No soy nada optimista. Tal vez haya un renacimiento, pero lo dudo. Los gritos, los ataques, los discursos de los nuevos auto-considerados colectivos explotados, no dejan mucho margen para la esperanza. Kavanaugh ha sido votado, sí, 50 vs 48. Pero es sólo un triunfo legal del resto de una civilización titilante contra una nueva barbarie que no anda con pequeñeces.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Saqueos: Más allá de la pobreza.

Por Gabriela Pousa: Publicado el 8/12/13 en:  http://www.perspectivaspoliticas.info/saqueos-mas-alla-de-la-pobreza/

Argentina parece condenada a caer en el lugar común de las frases hechas y la crónica viciada. Así, una nota escrita a comienzos de siglo parece estar describiendo la actualidad. Y es que esta coyuntura no es sino el corolario de una sumatoria de verdades que, en lugar de modificarlas porque no gustan, se prefirió ocultar.

La ola de saqueos, el acuartelamiento de la policía en algunas provincias, el desdén de la dirigencia, la conducta narcisista y resentida de gran parte de la sociedad, junto a los actos de vandalismo y violencia, responden a una realidad inexpugnable: la decadencia en la que estamos sumergidos desde hace más de una década.

Los gobiernos populistas han causado un daño excesivo, y el kirchnerismo cuando llegó se ocupó de poner ácido a las heridas que había. Destruyó el lenguaje – con sutileza y sin ella – para instalar vocablos que hacia tiempo no tenían cabida en Argentina.

De repente, empezamos a escuchar términos como “facho”, “nazi” o “genocida” con total naturalidad e incluso se reinstaló la idea de izquierdas y derechas obligando a ponerse una etiqueta. En consecuencia, la ciudadanía quedó partida. Fue el primer paso.

Simultáneamente la política volvió a los cuarteles so pretexto de una defensa de derechos que, en rigor, terminó siendo lo que fue desde el comienzo: una ruin estrategia para construir poder. Muchos necesitaron 10 años para darse cuenta.

Deshechas las Fuerzas Armadas, la política siguió viaje hacia las escuelas: las clases de historia se vaciaron de contenido. Aparecieron miembros de organizaciones sociales y militantes de La Cámpora adoctrinando en las aulas. Aquel video de un acto escolar que desdeñaba a las clases medias-altas fue un ejemplo concreto. Antes o después el costo iba a aparecer.

El revisionismo capcioso del kirchnerismo, a su vez, dejó sin raíces al pueblo. Los próceres dejaron de ser lo que siempre fueron. Se expusieron innecesariamente sus miserias, y a su pedestales se subieron figuras que, en lugar de heroísmo, ostentan soberbia y cinismo.

Las fechas patrias se transformaron en fines de semana largos o “feriados puente” con recitales banales y fiestas populares. La cultura del ocio reemplazó a la cultura del trabajo y a la tradición. Todo es show. La escenografía sólo deja a la vista trapos colorados y panfletos partidarios desplazando el celeste y blanco de la bandera de Belgrano.

Jean Jacques Rousseau tenía razón: esas prácticas confunden. “En un estado de permanente ocio, los hombres desarrollan costumbres similares a las de los actores. La gravedad de la pérdida de independencia está enmascarada porque la gente cree que también está actuando: experimentan placer al perderse a sí mismos“, sostenía. De pronto parece que el autor de “Emilio” está describiendo nuestro teatro.

La misma Presidente adoptó un histrionismo desmedido. Impuso un discurso meramente auto referencial, de modo que los anuncios y actos de gobierno se limitan a la anécdota personal. Finalmente, los datos adulterados terminaron de sellar un relato oficial signado de falencias y arbitrariedad.

El maquillaje se corrió pronto. El mar de palabras del jefe de Gabinete venía acompañado por un oasis de ideas. Así quedamos. Su “redención” se esfumó. Fue apenas un muñeco hecho con la última nieve del invierno.

Todo tiene que ver con todo en este caso. El hoy es la suma de ayeres bastardeados. Por eso, los resultados de las pruebas PISA también explican lo que está pasando.

El actual clima social dista de parecerse al del 2001 aún cuando comparta alguna metodología. Pero no es cierto que la economía sea la causa de lo que nos pasa. Si así fuera, un verdadero cambio de ministro, un programa económico coherente, lógico, y gente con pericia en la materia, podría modificar el actual estado de cosas. Y eso no es real.

En este contexto, por más que surgiera un Hayek o un Mises, el intento por modificar el escenario terminaría en fracaso. Hay países muchísimo más pobres que la Argentina donde sus habitantes se respetan entre sí. y priorizan la solidaridad y la vida en comunidad, por sobre sus necesidades. Existe la dignidad de la pobreza, como existe también la indecencia de cierta riqueza.

Esto de saquearse unos a otros no es hambre. Es carencia. Carencia de referentes, de ejemplos. El primer saqueo lo sufrió la pirámide social cuando el gobierno destruyó jerarquías y autoridad. Hoy los padres no saben cómo tratar a sus hijos, y los maestros en lugar de sentir responsabilidad y afecto, sienten miedo.

Las falsas banderas de la igualdad corrompieron la base de la sociedad. En democracia lo esencial es el respeto por las diferencias, no la igualdad que termina equiparando al hombre decente con el delincuente.

Hace diez años que la ignorancia es política de Estado. Hace diez años que el modelo es la impunidad. Si los funcionarios pueden llevarse el país puesto, robarse un plasma o un electrodoméstico pareciera una nimiedad.

La antinomia ‘civilización o barbarie’ se definió siempre por la educación no por la policía en las calles ni por la inflación. Desde luego que el proceso inflacionario hace mella, y que la pobreza crece más allá de la estadística. Eso obra como caldo de cultivo para el malestar general y el hartazgo colectivo, pero no es determinante de la anomia que caracteriza a nuestros días.

La responsabilidad política es absoluta. Se ha pecado por acción y por omisión. José Manuel De La Sota fue lento frente a la rapidez del gobierno nacional que no mide consecuencias a la hora de “disfrutar” el daño a sus adversarios. Sin embargo, esta vez, la administración central se abusó, comió de más. Ahora tiene que resolver la indigestión.

A esta altura, nadie pone en duda que hay tensión social, pero también se sabe que hubo ‘algo más’ detrás de los desbordes en Córdoba. Ese ‘algo más’ puede analizarse desde diferentes ópticas aunque todas convergen en una palabra: perversidad.

Pretender solucionar los problemas acudiendo a la ‘participación ciudadana’ es una chicana. Bajo el eufemismo de la participación lo que hacen es evadir su responsabilidad. De cuidarnos debe ocuparse el Estado en lugar de andar indagando qué hace cada uno con su plata o si viaja… No sea cosa que ahora vengan a hablar de la “democratización de la seguridad”

Restan pocos días para terminar el año, esta vez el corto plazo se le impone a la jefe de Estado. Cristina debe definir qué hacer y las alternativas no son muchas. A saber: O se pone seriamente a gobernar, o se va.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.