América Latina elige, ¿qué elige?

Por Constanza Mazzina y Santiago Leiras. Publicado el 4/04/21 en: https://www.cronista.com/cronista-global/america-latina-elige-que-elige/

Ante un escenario complejo por el efecto de la pandemia, las tensiones ideológicas podrían mantenerse.

El 2021 se presenta como un nuevo año en el ciclo electoral latinoamericano inaugurado hace algunas décadas con la tercera ola de democratización en la región. En el transcurso del presente año habrá elecciones presidenciales en Ecuador, Chile, Perú, Haití, Honduras y Nicaragua; legislativas en El Salvador, México, Argentina, Haití y Chile; constituyentes en Haití y Chile; municipales en Bolivia, Chile, El Salvador y Paraguay; y estaduales en Bolivia y Chile.

Un mix completo en un año complejo: además de la crisis sanitaria, la región tiene otras «pandemias» que no logra resolver. Así, a las consecuencias del Covid19 y las diferentes respuestas que dieron los gobiernos latinoamericanos con más o menos eficacia, debemos resaltar el sistemático deterioro del Estado de Derecho, la crónica crisis de la democracia y la crisis de representación política.

Crisis que se arrastran y no se resuelven, y que agregan un elemento más de disconformidad en las ya descontentas ciudadanías latinoamericanas. Tomemos por caso la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil: según los datos de Latinobarómetro del año 2018, un 65% de los ciudadanos señalaban que la democracia tenía problemas y para un 17% no había democracia. Así, la crítica a la democracia tuvo consecuencias electorales directamente consistentes con ella.

La reciente elección legislativa en El Salvador y el apoyo dado por la ciudadanía al presidente Bukele muestra que, lejos de castigarlo con su voto, lo han respaldado. En el mismo informe de Latinobarómetro de 2018, un 24% de los salvadoreños señalaban que no había democracia y para el 59% era una democracia con problemas. La tercera oleada democrática llegó al país centroamericano a mediados de los años noventa, luego de la firma de los acuerdos de paz de Chapultepec que pusieron fin a décadas de enfrentamiento armado en el territorio.

El regreso a la democracia configuró un sistema de partidos bipartidista de la mano de ARENA y del FMLN. La alternancia entre ambos en un contexto de creciente inseguridad y nuevos fenómenos como las maras, fue erosionando la democracia. Antes de la llegada de Bukele, solo el 11% de los salvadoreños estaban satisfechos con la democracia. Si en el 2018 la aprobación del gobierno en Brasil era de solo el 6%, en El Salvador rozaba el 22%, con una media regional en un escaso 32%.

Para cerrar este panorama, la confianza en el Parlamento era de un escaso 10%, la confianza en el gobierno del 10% (entonces era presidente Salvador Sánchez Ceren, del FMLN, igual que su antecesor, Mauricio Funes) y en los partidos políticos del 6%. El colapso del sistema consociativo de la democracia entre Arena y FMLN se encontraba en su fase terminal.

Así, Nayib Bukele logró presentarse como la figura emergente en un fuerte clima anti-político con un sesgo anti-establishment representado por los dos partidos históricos, un esquema de corrupción institucionalizada, y una significativa demanda de restauración del orden público: el resultado electoral de aquella elección presidencial y las recientes legislativas marcaron el fin de una época.

¿Se parece Bukele al fenómeno Trump/Bolsonaro, al modelo de Chávez o al de Álvaro Uribe? Probablemente a todos, posiblemente a ninguno de ellos. Lo cierto es que, de acuerdo al último informe de Democracy Index, El Salvador se transforma en un régimen híbrido, dejando atrás su condición de «democracia defectuosa».

El Salvador, Ecuador y Bolivia inauguraron un largo ciclo electoral pero ¿qué se elige? ¿elige la región girar a la izquierda? Quienes sostienen esta tesitura encuentran sus razones en el cambio acontecido en México (2018), Argentina y Bolivia (2019), en un clima de optimismo en relación al triunfo del candidato/delfín de Rafael Correa (el segundo, el anterior fue el propio Lenín Moreno) Andrés Arauz en Ecuador y el retorno de Lula Da Silva a la arena política, ya sin restricciones legales para una eventual candidatura presidencial, en un contexto de crisis del gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil.

Haciendo un rápido recorrido ideológico por una buena parte de la región nos encontramos con 2 países de extrema izquierda (Nicaragua y Venezuela), 2 de izquierda (Bolivia y México) 1 de centro izquierda (Argentina), 2 de centro (Ecuador y Perú) 1 de centro derecha (Uruguay), 3 de derecha (Colombia, Chile y Paraguay) y 1 de extrema derecha (Brasil).

Estamos frente a un complejo escenario ideológico y lo que los latinoamericanos elijan en 2021 no parecería alterar sustantivamente este panorama.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Síguela en @CMazzina

Crisis en América Latina: la razón por la que los militares volvieron a escena

Por Constanza Mazzina. Publicado el 9/3/20 en:  https://www.cronista.com/columnistas/Crisis-en-America-Latina-la-razon-por-la-que-los-militares-volvieron-a-escena-20200309-0032.html?fbclid=IwAR3Tdlq3qGc7_8UzDCdPnellxWQo9jIYmGPdv1uGmNkESb5vNzdR8LX5RkQ

 

Cuando el 9 de febrero el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, llegó a la Asamblea Legislativa con un grupo de militares, las alarmas volvieron a encenderse. El 2019 fue un año convulsionado para América Latina. Las protestas callejeras mostraron los límites de las instituciones democráticas –fundamentalmente de los partidos políticos- para canalizar las demandas ciudadanas. Sin embargo, a diferencia del pasado, en muchos casos los militares actuaron como un dique protegiendo a los gobernantes, así ocurrió con Vizcarra en Perú, con Lenin Moreno en Ecuador y también con Sebastián Piñera en Chile. Las fuerzas armadas son el aliado indispensable que mantiene en pie la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela.

En el caso boliviano, estuvieron en el centro de la escena cuando el jefe del Ejército, Williams Kaliman, dijo “Después de analizarla situación conflictiva interna,sugerimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial, permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia”, declaración que terminó con la renuncia anticipada de Evo Morales y las acusaciones de golpe de Estado.

También en días recientes, Evo Morales en una entrevista al diario brasileño Folha de Sao Paulo,sentenció: “Si no me puedo candidatear,sepan que en Bolivia tengo contacto con militares patriotas”

Como ha observado Rut Diamint, “en forma distinta, varios presidentes han recurrido a las Fuerzas Armadas. Ahora no son los militares quienes presionan para adueñarse de la política,sino las autoridades elegidas quienes los utilizan para sus propios proyectos”.

Desde el inicio de la tercera ola, América Latina había archivado el teléfono de los cuarteles. Trágicas experiencias y un siglo XX marcado por la injerencia, interferencia e intervención de los militares en la política, fundamentalmente en la segunda mitad del siglo pero antes también, dieron paso al optimismo democrático cuyo reflejo ha sido una longevidad democrática sin precedentes en la región. Sin embargo, en un contexto de deterioro democrático,recesión democrática, la cuestión militar vuelve a escena

Latinobarómetro ha mostrado en estos años que los militares gozan hoy de mayores niveles de confianza y aprobación que los partidos políticos. Así, la confianza en las fuerzas armadas alcanzó en 2018 al 44% mientras los partidos políticos se hundían en el 13%. Los países que más confían en sus fuerzas armadas son Uruguay, Ecuador y Brasil. En Venezuela y Nicaragua se observa la menor confianza.

La confianza en el Parlamento logra unos escasos 22 puntos porcentuales en promedio en la región. Como indica el informe “el desencanto con la política ha llevado a la fragmentación de los partidos, a la crisis de representación y a la elección de líderes populistas. Estos datos dan cuenta de la crisis en que se encuentran los sistemas políticos de la región donde nadie es campeón”.

Por otro lado, el informe de IDEA 2019 insiste en la crisis de representación de los partidos y añade la fragmentación de los partidos políticos y su profundo debilitamiento, al tiempo que llama la atención sobre la percepción de que los políticos están muy alejados de los ciudadanos contribuye a esta pérdida de prestigio.

Debemos ser conscientes y estudiar en profundidad esta doble vía: el desprestigio de los partidos políticos y la reaparición en escena de los militares. Como subrayó Diamint, “las Fuerzas Armadas disfrutan de ese retorno, que ya no las tiene como brazo represor de la oposición. Por el contrario, toman el poder de la mano del presidente, legitimado por el voto popular”.

Sin lugar a dudas, este año representa un desafío para las instituciones democráticas que deberán velar por conservar la senda iniciada hace algunas décadas, y los partidos, piezas clave de esa institucionalidad, deberán revisar sus prácticas para no dejar a los ciudadanos nuevamente en manos de opciones antidemocráticas.

 

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE.