De Wall Street inflacionada y el cepo inflacionario

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 20/9/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/09/20/de-wall-street-inflacionada-y-el-cepo-inflacionario/

Wall Street termina su tercera semana consecutiva en ‘rojo’ con sus índices alejándose de sus niveles de máximos históricos. La reunión de la Fed marcó la semana y la falta de nuevas medidas dejó dudas. La negociación de un segundo paquete fiscal en el Congreso, de entre US$ 1,5 y 2,2 B, no han sido suficientes fuegos artificiales para animar la bolsa. El Dow Jones cayó 0,03%, el S&P 500 bajó 0,59% mientras que el Nasdaq 100 dejó 1,36%. En lo que va de 2020, el Nasdaq gana 25,2%; el S&P 500 el 2,78%, y el Dow Jones pierde 3,09%.

                     En la sesión del viernes destacó Aptiv, fabricante y distribuidor estadounidense de componentes para vehículos, cuyas acciones repuntaron en torno al 7% hasta los US$ 88,9 y así Morgan Stanley ha mejorado su precio objetivo hasta los US$ 150, cuando antes estimaba 63.

                      Entre las compañías que más subieron esta semana está el auténtico “milagro” Tesla (NASDAQ:TSLA) que sube 20%, General Electric (16,2%), Zoom (13%), WestRock (12%) y Diamondback Energy (13%). Los futuros del Brent suben 8% respecto de la semana pasada cayendo, en lo que va de año, un 35%. Por su parte, los futuros del WTI en los últimos siete días se revalorizaron casi 10%, lo que deja la caída anual en el 33%. El euro está en la zona de los US$ 1,185 apreciándose un 5% en lo que va de año. El oro acumula una rentabilidad del 25% en 2020.

                     Entre las muchas señales que indican que Wall Street, como hace tiempo vengo diciendo, está muy inflacionada por el dinero helicóptero ahora se suma, como muestra el siguiente gráfico, el reciente aumento de la base corta a nivel de acciones individuales, por primera vez desde marzo, que apunta a la reducción del riesgo por parte de los inversores institucionales de renta variable. Y hay margen para nuevos aumentos en la base corta dado lo bajo que todavía está para las acciones estadounidenses.

Gráfico: Cantidad en préstamo sobre acciones individuales (Excluidos los ETF)

TheMarketEar

               En particular, es interesante el análisis técnico sobre que las acciones tecnológicas podrían tener mucho más margen de caída de Michael Kramer aunque, insisto una vez más, le tengo muy poca confianza a las matemáticas aplicadas a la economía desde que difícilmente el comportamiento humano y, por tanto, del mercado pueda ser anticipado por cálculos “racionales” previos, valga la redundancia.

                Por cierto, las tasas de interés a cero han regresado para quedarse durante un tiempo, reafirmó la Fed el miércoles, al menos hasta 2023. Lo que no clarificó fue el futuro del programa de compras de deuda vigente, el conocido como quantitative easing (QE), pese a que el mercado esperaba que pudiera adelantar si las adquisiciones se volcarían más en los bonos a largo plazo.

               Así el rendimiento del bono a 10 años tiende a subir -a medida que el precio baja- quedando en alrededor del 0,697%. Aun así, en general, la deuda estadounidense a largo plazo, aquella que vence en al menos una década, aún acumula unas ganancias del 15% en el año frente al 2,8% que se anotan los bonos entre 1 y 3 años.

                Y, desde Citi, creen que cualquier novedad en el QE no llegaría hasta final de año. Sus analistas esperan poco en el FOMC [el comité encargado de la política monetaria] de noviembre. En diciembre, la Fed puede desacelerar las compras de MBS [valores respaldados por hipotecas], aumentar las compras del Tesoro o extender su duración promedio. Con lo cual el rendimiento podría bajar a medida que el precio suba.

El cepo inflacionario                

                En fin, yendo a la Argentina populista, lo cierto es que estamos en un círculo vicioso existencial que no tiene solución, al menos en el mediano plazo. Para ser político hay que ser corto de cerebro, es condición sine qua non. Lo digo seriamente, cuando los escucho me asombra lo primate que son. Es un círculo vicioso, porque necesitan atraer a la mayoría y, para ello, tienen que repetir slogans que la mayoría acepte de manera primaria, en la medida en que digan algo más inteligente, o más elaborado, la masa los entiende menos y pierden seguidores y, si dicen algo extremadamente inteligente, sencillamente desaparecen.

                Ahora, el miedo deliberadamente difundido desde el gobierno y amplificado por casi todos los medios que trasmiten como un partido de fútbol los muertos por “covid” -aunque solo son el 10% de los muertos totales en Argentina y esto creyéndonos que las cifras no están infladas- hacen que la masa sea aún más irracional, con lo cual los políticos se ven “forzados” a una bola de nieve cada vez más populista (léase, mas Estado en lugar de menos regulaciones y más privatizaciones).

                Y esta bola de nieve populista se ve reflejada en el Presupuesto Nacional para el ejercicio 2021. Donde, como señalan desde Invecq, la primera condición es la “inclusión social” que, por cierto, es la excusa para aumentar los impuestos y la inflación que siempre terminan siendo derivados a los pobres (ya que las empresas aumentan precios, etc) necesarias para hacer demagogia, “asistencialismo social” que es devolverles a los pobres menos de los que se les quitó.

                El gobierno augura que el PBI crecerá 5,5% en 2021, una inflación del 29%, un dólar oficial de 102,4 en diciembre y un déficit presupuestario primario del 4,5% del PBI y total del 6%. Como se ve en este gráfico, aun con las proyecciones oficiales -muy poco creíbles- el nivel de actividad hacia finales del 2023 sería inferior a la del 2017.  

                   Ante tanto populismo rampante, no es creíble que la suba del IPC pueda terminar el año 2021 por debajo del 30% y, sobre todo ahora que se endurece el cepo que, irónicamente, presionará hacia arriba al IPC. Para empezar, se agravan condiciones de financiamiento para empresas, dice Moody’s, con el nuevo cepo, es decir, caerá el PBI esto es la demanda de pesos.

                  La razón porque los dólares no alcanzan es muy obvia, sucede que el BCRA los vende baratos subsidiados y, entonces, aumentan artificialmente la demanda al tiempo que a ese precio nadie quiere venderle al BCRA y -en esto se llevará una sorpresa el gobierno- la oferta seguirá cayendo por mucho que obligue porque siempre algunos encuentran la manera de zafar.

                   Por qué el gobierno insiste en mantenerlo barato, desde el punto de vista ideológico porque le teme al IPC y cree que eso es inflación -cuando es al revés: el peso se deprecia con la inflación, la exagerada oferta- pero el motivo funcional es una cuestión de poder. Los dólares son la moneda real no el peso, y el gobierno quiere mantenerlo controlado por una cuestión de poder.

                   Este gráfico, que lo tomé de Nicolás Cachanosky, es muy didáctico:

                  Allí se ve cómo, ante el precio subsidiado del BCRA, los dólares son potencialmente muy demandados y muy poco ofrecidos, perdiendo reservas. Pero, como no toda esa demanda potencial se puede realizar dado el cepo, la demanda insatisfecha -que crece a medida que se endurece el cepo- se vuelca al blue provocando una suba de su precio a ese nivel de demanda, así aumenta la brecha entre el oficial y los paralelos, se pierden más reservas y se encarece los precios relacionados perjudicando a los más pobres.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Alguien se atreve contra Buffet y Soros?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 13/8/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/08/13/alguien-se-atreve-contra-buffet-y-soros/?fbclid=IwAR3zfTjVSZBIwOZ3OuDpZ9XFGgkm_3T8GL9RN2JWxzOAL0NoOaNuwrCqmaE

Hace meses que vengo diciendo que Wall Street está sobrevalorada sin embargo, sorprendentemente, siguió subiendo sobre todo gracias a las Big Tech. Y aunque ahora los datos económicos y la campaña presidencial en EE.UU. están ofreciendo optimismo, insisto en que tiene que venir una meseta, sino una caída, así que en esto coincido con estos gurús.

                   El ‘indicador Buffett’ que predijo otros crash enciende la señal de venta como cuenta Laura Sánchez en Reuters. Warren Buffett escribió una vez que los inversores habrían visto el colapso de las puntocom venir a una milla de distancia si hubieran prestado atención a lo que describió en un artículo de Fortune en 2001 como “quizás la mejor medida individual de dónde se encuentran las valoraciones en un momento dado”, como publica MarketWatch.

                    Entre los inversores profesionales lo llaman el ‘indicador Buffett’, y se calcula dividiendo por el PBI al índice Wilshire 5000, que agrupa a todas las empresas cotizadas americanas de manera ponderada y su capitalización.

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              Se considera que el mercado está infravalorado cuando el ratio se mueve por debajo de 70%-75%, neutral entre la zona anterior y 90% aproximadamente y por encima de 90%, estaría sobrevalorado, aunque algunos prefieren 100% y por encima de digamos 115%-120% el mercado estaría extremadamente sobrevalorado y, por lo tanto, muy peligroso.

               Como se ve en el gráfico anterior, el indicador acaba de romper un máximo de 30 meses. En EE.UU., donde las acciones se mantienen fuertes, el indicador está en una zona récord, por encima de 100%, lo cual nos indica que el mercado está claramente sobrevalorado, y si sigue aumentando el indicador y se mete en la zona de peligro, alarma roja. Acertó en los años 2000, 2008 y 2018.

                Sea como fuere, si miramos los números, Wall Street sigue generando ganancias. Por su parte, y después de haberse enfrentado a críticas por su falta de actividad durante el colapso por las cuarentenas, Buffett últimamente ha estado mucho más activo. A pesar de aumentar las recompras y construir su posición en Bank of America (NYSE:BAC), su compañía, Berkshire Hathaway (NYSE:BRKa), tiene US$ 146.600 M en efectivo.

                Por su parte George Soros descarta formar parte de “una burbuja bursátil alimentada por la Fed” al inyectar tanto dinero. Y tiene razón, el balance de la Fed es astronómico. En su 90 cumpleaños, concedió una entrevista a La Repubblica en la que repasa la situación actual de la economía y cómo afronta el futuro a corto plazo. Un tiempo en el que el magnate no augura buenos resultados, puesto que se ha creado una “burbuja bursátil” que solo sustentan la Fed con sus estímulos y el hallazgo de una vacuna antes de las elecciones de EE.UU.

                 El magnate de la inversión reconoce que “ya no participa” en el mercado así como espera que el presidente de EE.UU. sea algo “transitorio”. Soros se suma así a los analistas que vienen advirtiendo de que el mercado está sobrevalorado, dadas las circunstancias. Mientras el PBI de EE.UU. se contrajo un 32,9% interanual en el segundo trimestre del año, el S&P 500 lleva una subida de más del 4% en lo que va de año y de casi un 19% con respecto a hace doce meses. El selectivo está a punto de tocar sus máximos históricos, mientras que el índice Nasdaq ya los batió varias veces en las últimas semanas.

                     Ya en los últimos meses, esta tendencia se ha hecho notar entre las inversiones estadounidenses que se han orientado hacia valores tecnológicos como Apple, Amazon o Microsoft, así como el auge del mercado chino en medio de las cuarentenas. Sin embargo, el nivel de incertidumbre sobre la economía se vislumbra en el valor del oro, que alcanzaba máximos históricos la semana pasada superando los US$ 2.000/onza aunque ahora bajaba en una previsible y temporal “agachada” dada la fuerte subida.

                   Soros augura que EE.UU. está mejor posicionado que Europa para salir del temporal económico que se avecina, y que puede empeorar aún mucho más en función de los rebrotes de cuarentenas. Y ha vuelto a criticar a Donald Trump, afirmando que es “un individuo muy peligroso” que está “socavando la democracia desde dentro” y hará “prácticamente cualquier cosa para mantenerse en el poder”, pero se muestra esperanzado en que su presidencia sea “un fenómeno transitorio que, con un poco de suerte, terminará en noviembre”

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Invertir en Argentina, en dólares o… en pesos uruguayos?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/1/20 en: https://www.ambito.com/economia/invertir-argentina-en-dolares-o-pesos-uruguayos-n5075771

 

El 23% de las empresas recortaría sus inversiones en 2020 y solo un 25% las incrementaría, cuando en 2017 el 81% proyectaba un aumento, según EY. Los empresarios esperan aire fresco del nuevo gobierno, pero de momento los números no dan. El 55% cree que sus ventas crecerán en 2020 -debido a la inflación, en términos de volumen no son tan optimistas- el 11% que se mantendrán constantes y el resto que caerán.

Y asustan las amenazas, como que aplicarán la “ley de góndolas” si las ganancias “son excesivas”. Para atraer inversiones, por el contrario, debe desregularse para que el inversor pueda actuar y sentirse cómodo: y en eso está Uruguay, llamado a las inversiones que Argentina despide. Y debe bajarse lo que el Estado les quita para aumentar la rentabilidad, al no poder subir precios dada la competencia y el bajón en el consumo.

De tres modos el Estado absorbe recursos: los impuestos, las artificiales tasas de interés y la inflación. Los impuestos vienen aumentando, lo que debería compensarse en parte con la baja de las tasas -menor costo financiero- ya que el BCRA logró que la de la Leliq cayera al 52%. Pero no está claro que bajará la inflación.

Solo en diciembre el BCRA emitió $223.760 M, 12% de la base monetaria (BM). Las colocaciones de Leliq no aspiran circulante desde las elecciones, dado su desarme, pero sí los pases pasivos a un día. O sea, de momento la emisión sigue con inercia.

De todos modos, recordemos que la inflación no es el “exceso de circulante” -de hecho, la base monetaria en 2019 aumentó 35% contra el 55% del IPC, así el circulante cayó en términos reales- sino exceso de emisión en tiempo real. Precisamente, la inflación se da para equilibrar al mercado de modo que -en tiempo real- no quede circulante en exceso.

En definitiva, se sigue volcando dinero, fogoneando la inflación si la demanda por las menores tasas no aumenta. Parte de ese exceso se ha volcado a la bolsa que, durante 2019, trepó 46,5% hasta las Paso -11 de agosto-, luego cayó abruptamente 97% hasta el 2 de septiembre y desde entonces sube 85% (en todo 2019 gana 38%). En buena parte para acceder al dólar mediante el “contado con liqui” y el dólar MEP.

De hecho, la bolsa sube poco contra el IPC, los plazos fijos que rindieron algo menos que el IPC, el dólar oficial que escala 63%, y mucho menos contra el blue que remonta 95%. Excepcionalmente los títulos públicos tuvieron una gran perfomance al quedar clara –“ley de emergencia” mediante- la voluntad de pago (y el MSCI mantuvo la categoría “emergente”). El Par en dólares con legislación argentina, avanzó 64% hasta fines de 2019.

Ahora, los bonos pagaderos en pesos suben dado que Hacienda está ‘rolleando’ los vencimientos mediante la colocación de las letras. Y muchos creen que esto afloja las presiones inflacionarias y el tipo de cambio porque no genera expansión de la BM, pero como la inflación es exceso -por sobre la demanda- de emisión en tiempo real, esto es inflacionario porque absorbe demanda.

Otra parte de la sobreoferta de pesos se va al blue -cuya demanda está empujada por el cepo- que sin dudas irá al IPC e, indirectamente, a la inflación -y otra vez al blue- ya que contrae la demanda de dinero e, irónicamente, en un círculo vicioso obligará al BCRA a emitir más dado el aumento del IPC.

Y la fuga de capitales tienta cada vez más a pesar de la tensión con Irán. En el mundo hay unos US$ 80 B bajo gestión. Mientras las tasas de interés globales dejan de caer y hasta podrían subir, en 2019 el petróleo avanzó un 33% y luego 5% por lo de Irán, pero luego retrocedió. El oro subió 13,5% el año pasado, el trigo 11,4%, el maíz 5% y la soja 7,2%. Wall Street está cerca de sus máximos históricos: 35% sube el Nasdaq. También el Stoxx 600 -incluye a las principales cotizadas de 17 países europeos- y el MSCI ACWI -incluye a las mayores cotizadas globales- han subido significativamente.

Mostrado la frialdad del dinero, a pesar del caso Irán el mercado se ha mostrado bastante indiferente. Los inversores estadounidenses se enriquecieron en US$ 6 B durante 2019, ¿deberían tomar ganancias?  El mercado está posicionado para crecer en 2020, aseguran los analistas y, según Bloomberg, dicen que la probabilidad de una recesión, en los próximos 12 meses, es de solo 30%.

Obviamente subieron un 4% las acciones en el área de defensa. Además, el acelerón tecnológico es innegable. El avión necesitó 68 años para alcanzar 50 M de usuarios, el automóvil 62, la televisión 22. Pero los móviles solo 12, Internet 7, Facebook 3. Destaca el comercio online, con Amazon y Alibaba. Según BoFAML, “la esperanza de vida aumenta rápidamente” y la clave está en “la medicina de precisión”, así las compañías del sector de la salud y la biotecnología tienen gran potencial.

Por cierto, Warren Buffett invierte en energía eólica US$ 30.000 M, pero “No lo haríamos sin el crédito estatal de producción”, confesó al FT. O sea, estos empresarios que son “la cara visible del capitalismo”, en rigor, son contrarios al mercado porque viven de privilegios a costa del impuesto que pagan los pobres. Fortunas exageradas como las de Buffet, Gates y Bezos -gracias a la estatista ley de copyright que crea monopolios- no son un producto natural del mercado.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Mauricio Macri, el hacedor de pobreza en Argentina

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 1/4/19 en: https://www.ambito.com/mauricio-macri-el-hacedor-pobreza-argentina-n5023876?fbclid=IwAR3KH7tAs2r38k42SulGeCPZeKZ3RfpqaMs3aWiwvFmcamZwn2pLLjqq04o

 

Mauricio Macri, el hacedor de pobreza en Argentina

Del Congreso Internacional de la Lengua Española, en particular de la charla sobre inteligencia artificial de José María Álvarez-Pallete, surge que los cambios culturales serán radicales en las próximas décadas y, quizás, ya nadie se interese por los presidentes de gobiernos. Pero si acaso recordarán a Macri, no extrañaría que fuera por lograr un nivel de pobreza con casi el 50% de los niños en esa situación.

Veamos el mercado financiero. El nuevo S&P Merval, que sólo considera empresas locales, pasa a ser un índice claro de lo que sucede en Argentina. Mientras que en el primer trimestre del año el S&P500 ganó 13% y el Nasdaq 16,5%, como anticipé el año pasado -y lo sostuve contra la opinión de muchos operadores cuando la Bolsa en enero subía 20% en dólares-, el S&P Merval ya está debajo de los valores de 2018 en términos reales: en 2019 sube 10,5% contra 14% el dólar y 12% la inflación.

Y va para peor; de hecho, marzo fue el peor mes y el S&P Merval cayó 2,93% cuando el dólar ganó casi 12%. Los bonos en dólares bajaron 3% en promedio, y en el tramo pesos cayeron casi 3% en promedio para los ajustables por CER, y leves alzas para el resto. Los ADR en Wall Street terminaron con mayoría de bajas. Por su parte, la tasa de interés de los plazos fijos apenas superó el 3%, perdiendo contra la inflación -3,5%- y el dólar. Hasta el carry trade resultó negativo; por caso, los retornos en pesos alcanzaron 3,3% para las Lecap.

Así, la mejor inversión es comprar dólares y tenerlos sin producir. O sea que Argentina se desinvertirá porque la rentabilidad de la economía del peso -dados los impuestos, la inflación y las altas tasas- es negativa. En otras palabras, el PBI caerá -contra todos los pronósticos que dicen que en 2020 crecerá- con el modelo que Macri viene implementando desde hace 14 años -ya en la CABA- de aumento del peso estatal sobre los ciudadanos -el mercado- que producen.

Los políticos llegan al absurdo de malversar la ciencia de la lógica. Por caso, el dolor -físico o psicológico- es una advertencia -del cuerpo o la mente- de que estamos errando y debemos corregirnos. Al acercamos al fuego, sentiremos una molestia, una advertencia del cuerpo para no acercarnos más so pena de dañarnos. La función del dolor es precisamente advertir un daño potencial mayor.

Yendo entonces a la política, cuando nos proponen un “ajuste doloroso” -que, supuestamente, nos llevaría al bien – debemos rechazarlo y denunciar la violación de las leyes de la lógica. “Tienen que aguantar, yo estoy convencido de lo que hago”, dijo Macri. Deberían explicarle que, precisamente, en un mercado libre lo que importa es, para cada persona, su propia opinión y no la de un líder mesiánico.

¿Por qué crece la pobreza? Porque crece el modo coactivo en que el Estado retira recursos del mercado. Impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas. Y toda coacción perjudica más a los más vulnerables. La inflación -el exceso de emisión para solventar gastos estatales- resulta peor para los más modestos, por caso, los precios de los alimentos y servicios básicos subieron en febrero 5,1%, frente al 3,8% general.

Mientras que las tasas de interés hacen inaccesible el crédito a los más humildes, según LCG, la pobreza cero se conseguiría con una transferencia extra, de recursos en manos del Estado, por $244.000 M anuales a los 2,1 M de hogares pobres, o sea, aumentar el gasto social en 1,7% del PBI cuando el FMI autoriza sólo 0,3%.

Ahora, estos recursos son coactivamente retirados del mercado, particularmente de los más pobres -los empresarios, pagan los impuestos subiendo precios, bajando salarios, etc.- luego filtrados por una burocracia que se queda con buena parte, devolviéndose en asistencialismo bastante menos.

Cuenta Matías Di Santi que, según OJF, la población pobre pasó del 8% en 1980 al 16% en 1985. En 1989 eran 39,8% y, en 1990, 41,3%. De acuerdo con los primeros datos del Indec, para el Gran Buenos Aires (GBA), a fines de 1989 la pobreza llegaba al 47,3%, y para mayo de 1995 baja al 22,2%. En octubre de 1999, sube al 26,7% y dos años más tarde alcanza el 35,4%, para llegar en mayo de 2002 al 49,7% y un año más adelante toca el récord de 51,7% en el GBA, según el Indec que en ese 2003 comenzó a medir en 31 centros urbanos encontrando una tasa del 47,8%.

Antes de su intervención, el Indec mide 26,9% para el segundo semestre de 2006. Según Cedlas, bajó de 37% a fines de 2007 a 30% a principios de 2015. Luego, a mediados de 2016, la pobreza subió al 31,4%. Con el Indec normalizado, en el segundo trimestre de 2016 alcanzaba al 32,2%. En 2018, llegó a 32%, 6 pp más respecto del segundo semestre de 2017 (25,7%) y la cantidad de niños pobres -de 0 a 14 años- aumentó de 39,7% en 2017 a 46,5% en 2018.

Macri ha dicho que seguirá el mismo modelo -de aumento de la exacción coactiva al mercado- pero más rápido, es decir, crear pobreza a un ritmo más rápido que los 6 pp anuales. Así, dos años antes de que acabe su hipotético segundo mandato romperá el récord de 50%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El desánimo global pesa más en Argentina

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/2/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/el-desanimo-global-pesa-mas-49612.htm

 

A pesar de que los organismos internacionales siguen tirando expectativas optimistas con respecto a la economía global, los mercados parecen desanimados y desconfiados.

 

 

Wall Street intenta tranquilizarse tras vivir una semana de vértigo que iba camino de ser la peor desde octubre de 2008, en plena crisis financiera. El índice Dow Jones logró cerrar el viernes pasado con un repunte del 1,4% aunque con mucha volatilidad. Aun así, se produjo una caída acumulada del 5,2% desde el lunes, la peor desde enero de 2016. El impulso final volvió a colocar al índice por encima de los 24.000 puntos y lo sacó de la zona de corrección. Pero ha visto evaporarse 2.200 puntos -casi 10%- desde el máximo histórico del 26 de enero.

Los mercados estadounidenses vivieron una auténtica montaña rusa que hacía subir y bajar las acciones durante toda la sesión. El lunes perdió, de un plumazo, 1.175 enteros, el mayor desplome en puntos de la historia. En porcentaje fue del 4,6%, la mayor caída desde 2011. El martes rebotó el 2,33%. El miércoles, cerró equilibrada. El jueves perdió otro 4,15%, el segundo mayor descenso histórico, en puntos. Durante toda la semana, las Bolsas europeas y asiáticas bailaron al ritmo que marcaba Wall Street y todas las grandes plazas cerraron el viernes con pérdidas.

Entretanto, los bonos del Tesoro, donde la tasa de interés de las letras a 10 años supera el 2,8%, su nivel más alto en cuatro años, se convierten en el puerto seguro para los inversores cuando sube el precio del dinero. Este trasvase del mercado de acciones al de renta fija se ve alimentado por una escalada del índice de volatilidad Cboe, que se movió entre los 30 y los 40 puntos, frente a menos de 10 a comienzos de año.

Los tres índices de referencia de Wall Street -Dow Jones, Nasdaq y S&P- entraron en zona en negativa para el año, al bajar a niveles de mediados de noviembre del pasado año. El desplome provocó que se evaporara el equivalente a 2,6 billones de valor bursátil en el S&P 500. En perspectiva, el desplome suma 3,5 billones en valoración desde las elecciones presidenciales.

La volatilidad se comió el 40% de lo ganado en la era Trump. Google, la segunda compañía cotizada, es el mayor perdedor en términos absolutos con más de 114.000 millones desde el máximo. Le sigue Apple, la mayor del parqué, con 83.000 millones. Las dos están en zona de corrección. Microsoft les sigue con 69.000 millones, Berkshire Hathaway con 63.000 millones y Exxon Mobil con 54.000 millones.

La remontada -por no decir burbuja- de los últimos nueve años en Wall Street estuvo, de hecho, subvencionada por una política monetaria extremadamente laxa por parte de la Fed. Y esta política se aleja cada vez más, ya que el dato de empleo de enero estaría mostrando que el crecimiento es sólido y que los salarios suben, lo que se interpreta como un incentivo para subir las tasas -según ya anticipan todos los analistas- con más agresividad para “contener la inflación”.

Por cierto, tras los sobresaltos de los últimos días, los inversores “clásicos”, los que creen en las perennes reglas del mercado bursátil, se preguntan en qué momento deberían comprar. “Las correcciones en los mercados suelen ser del 10%”, dice Levitt de Oppenheimer. “Estamos cerca de ese punto y después, las acciones suelen subir durante los siguientes meses”, concluye.

En cualquier caso, resulta evidente que “el optimismo que llevó a las acciones de EE.UU. a nuevos máximos se está agotando, al menos temporalmente”, explica Craig Burelle, analista de Loomis Sayles. Así, los inversores buscan activos de cobertura, prefiriendo los bonos del Tesoro a 10 años y para ello han desarmado posiciones, sobre todo en instrumentos de riesgo como el caso de las acciones y activos de emergentes al punto que los bonos de mercados emergentes soportaron la mayor salida de capitales en la historia.

Y, por cierto, en esta bajada global, los bonos argentinos vienen sufriendo una caída adicional como consecuencia de la mayor depresión local: en lo que va del año pierden 10% en la parte larga de la curva y 5,5% en los vencimientos a 2026. En tanto que los bonos brasileños, en la parte larga cayeron 7%, los mexicanos 4,85%, los de Perú 5,7% y los colombianos, puntualmente el bono a 2045, sufrieron una merma de 6,05% en lo que va del 2018.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.