LA ESPANTOSA COHERENCIA DE LA CANCEL CULTURE

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/8/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/08/la-espantosa-coherencia-de-la-cancel.html

Tiremos abajo la estatua del tipo ese, porque tuvo una esclava afroamerican. Tiremos abajo la estatua de Juan de los Palotes, porque fue parte de la evangelización del Reino de Felipe II. Tiremos abajo la Constitución de EEUU, escrita por varones blancos misóginos y racistas. Y sigamos. Díganle a Macron que borre del mapa el monumento a Napoleón (conozco algunos católicos tradis que estarían muy contentos). Vamos, tiremos abajo todo. Que no quede nadie excepto por supuesto un enorme monumento a Kamala Harris y a Barack Obama.

Lamento decirles que son coherentes. Porque son ideólogos.

La ideología no soporta términos medios ni conoce el término evolución. La ideología está convencida de que existe el sistema social perfecto. No concibe a la historia humana como una evolución siempre en movimiento, sin alcanzar nunca, sencillamente nunca, ese anhelado fin de la historia. No admite al mercado como proceso, siempre imperfecto. Si la historia humana no es el modelo de la competencia perfecta, el sistema social perfecto, estable, único, eterno e inmutable, es porque hay gente que pretende retrasar con sus oscuros intereses a la sociedad perfecta. Son los disidentes, los contra-revolucionarios. Deben ser eliminados. Como dijeron los más coherentes teólogos de la liberación, esos que hoy se pasean por el Vaticano, nunca mejor dicho, como Pedro por su casa: nosotros amamos al todos, a los ricos también, porque la revolución los liberará de su condición de explotadores. Oh, qué hermoso. Qué caridad. Esos sí que son cristianos. No como los del Instituto Acton.

Así que claro que la Independence Declaration fue imperfecta. Claro que dijo “men” y no “human beings”. Pero ese “men” significaba una evolución hacia. Oh no, eso no. ¡Imperfección, imperfección! ¡Vade retro Satanás! Por supuesto, fue Martin Luther King el que dijo que era esa declaración lo que le permitía hacer su reclamo, pero mejor no decirlo no?

Claro, hay circunstancias y circunstancias. Pero distinguirlas es una cuestión de prudencia política y eso, claro, no es el camino del ideólogo. Sí, ok con que los símbolos nazis fueran retirados de Alemania en 1945. Pero para los de ONLY Black Lifes Matter, Hitler y Jefferson eran lo mismo. Es así de simple gente. ¿No lo ven? Es que son whites supremacists. ¿Eres afroamerican y NO piensas así? Entonces eres blanco. Joe Biden dixit. Pero seguro ya se olvidó.

Dios bendiga a los cancel culture boys, o girls, o martians, o como se perciban. Porque ellos nos librarán de nuestra imperfección. O sea, de nuestra humanidad, pero eso qué importa. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Otra mirada sobre las Naciones Unidas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 18/5/20 en: https://es.panampost.com/editor/2020/05/18/otra-mirada-sobre-las-naciones-unidas/

 

Naciones Unidas

La razón para que el mundo esté fraccionado en naciones es evitar los riesgos de la concentración de poder. (Foto: Naciones Unidas)
Es indispensable revisar los intentos de gobierno universal en lugar de basarse en el derecho internacional civilizado que ha regido las relaciones entre naciones

Una de las mayores ambiciones del espíritu totalitario ha sido el establecimiento de un gobierno universal. Entre otros, Napoleón, Hitler y Stalin lo intentaron, afortunadamente, sin éxito. Precisamente, desde la perspectiva liberal la única razón fundamental para que el globo terráqueo esté fraccionado en naciones es el evitar los fenomenales riesgos de la concentración de poder en un gobierno universal, lo cual de más está decir no justifica culturas alambradas que pretenden los trasnochados y siempre perjudiciales nacionalismos.

Como es sabido, el referido fraccionamiento ha sido consecuencia de accidentes geológicos y trifulcas bélicas ya que la raza es un invento inexistente puesto que todos los humanos provenimos de África y compartimos cuatro grupos sanguíneos. Las diferencias exteriores se deben al haberse instalado en distintas geografías lo cual modifica y conforma diferentes colores en la piel y otros rasgos físicos. Es por ello que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios como única manera de diferenciarlos, y por ello finalmente adoptaron el polilogismo marxista al concluir que “el tema es mental de lógicas distintas” sin nunca explicar en que consisten los silogismos de unos y de otros.

Tampoco las subdivisiones tratan de lenguas diferentes puesto que hay diversas naciones que recurren al mismo lenguaje y otras donde en su mismo territorio se hablan distintos idiomas. Tampoco de culturas se trata ya que en una sociedad libre por definición tiene lugar un proceso de constante donación y recibos en un entramado evolutivo donde se adoptan y se rechazan comidas, arquitecturas, músicas, lecturas y vestimentas según los gustos de cada cual. Por último, no ocurren por las religiones o no religiones allí donde se recurre al principio elemental de la civilización en cuanto a la separación tajante de ese plano con el poder político.

Hay una muy extendida bibliografía sobre las Naciones Unidas pero para tomar el menor espacio posible en esta nota periodística me baso en dos obras principales. La primera de V. Orval Watts, doctor en economía por la Universidad de Harvard y primero asesor económico de lo que en esa época era la cámara empresarial más grande del mundo: la Cámara de Comercio de Los Angeles y luego economista de la Foundation for Economic Education (FEE). Se titula The United Nations: Planned Tyranny. El segundo libro es de G. Edwin Griffin, el periodista radial de mayor audiencia en su época en CBS Network, obra titulada The Fearful Master. A Second Look at the United Nations.

Las Naciones Unidas apuntan a lograr conductas universales en el contexto de los acontecimientos políticos, tal como han señalado sus fundadores. Se estableció en San Francisco, California, en junio de 1945 por 17 personas: Alger Hiss, Harry Dexter White, Virginius Frank Coe, Dean Acheson, Noel Field, Lawrence Duggan, Henry Julian Wadliigh, John Carter Vincent, David Weintramb, Nathan Gregory Silvermaster, Harold Glasser, VICTOR Perlo, Irving Kaplan, Solomon Adler, Abraham George Silverman, William Ullaman y William H. Taylor. En la publicación del Departamento de Estado de Estados Unidos titulada “Post-War Foreign Policy Preparation, 1939-1945” (de 1950) se consigna que todos los mencionados excepto Dean Acheson “fueron agentes secretos de los soviéticos”.

Es pertinente destacar las características de algunas de esas figuras. Alger Hiss -quien fuera Secretario General en la antedicha conferencia en San Francisco- estuvo preso por esas actividades de espionaje tal como se consigna en el informe del FBI de 1953 titulado “Interloking Subersion in Government Departments” que recoge las declaraciones de Edwin Mechmen oficial encargado de cubrir las actividades de espías rusos en el FBI (también corroborado en detalle en el libro de John T. Flynn -historiador, egresado de Georgetown en leyes- titulado El mito de Roosevelt). También Hiss fue asesor de F. D. Roosevelt en Yalta donde en gran medida, debido a su descollante influencia, se le entregó a la URSS las tres cuartas partes de Europa.

En segundo lugar y dado el papel preponderante que desempeño en la referida conferencia, aludimos a Harry Dexter White a quien Edgar Hoover denunció en repetidas ocasiones por lo dicho sin que se hiciera nada al respecto y, más aun, se lo designó junto a John Maynard Keynes (el mayor apóstol de la inflación de todos los tiempos) como fundador del Fondo Montetario Internacional (una institución nefasta que mantiene regímenes de intervensionismo estatal fracasados con dólares coactivamente extraídos de contribuyentes, sobre la que me he pronunciado en otras columnas y textos).

El cargo más relevante en las Naciones Unidas por el que pasan todos los asuntos políticos y militares importantes es el de Asistente al Secretario General y del Consejo de Seguridad. Por esta razón es de interés pasar revista a quienes ocuparon primeramente los referidos cargos, todos soviéticos menos el mencionado en cuarto lugar de nacionalidad yugoeslava: Arkaby Sobelev (1945-1949), Konsantin Zinchener (1949-1953), Ilga Tchernychev (1953-1954), Draysolav Protich (1954-1958), Amatoly F. Dobryoslav (1958-1960), Georgi Perovich Aberdev (1960-1963), Eugeny D. Donitrievich Kiselev y Venidir Parloviechuslov (1963-1966). También resultan muy intranquilizadores los datos de algunos de los propios Secretarios Generales, comenzando con el comunista noruego Trygvie Lie.

Son también muy preocupantes las características extremadamente autoritarias de muchos de los organismos satélites de las Naciones Unidas, como CEPAL, FAO, UNESCO, incluso UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS) que comanda Tedros Adhonom Ghegreyesu, líder del marxista Frente Democrático Revolucionario de Etiopía y colocado en ese cargo por el actual gobierno de China.

Todo esto no significa que no hayan colaborado en distintas posiciones personas de bien que han intentado trasmitir cordura a esa organización y que han propuesto acciones constructivas, pero hay acontecimientos internacionales sobresalientes donde participó activamente las Naciones Unidas con resultados deplorables. Por ejemplo, en su momento la bochornosa expulsión de Taiwán para dar cabida a China comunista, los designios inconfesables respecto al ex Congo Belga en defensa del criminal convicto Patricio Lumumba y la permanente persecución a las tropas leales a Moise Tshombe, la complicidad en la masacre de Hungría, la inoperancia culposa en el ataque soviético a Checoslovaquia, la invitación a Yasser Arafat para incorporarse quien sostuvo la necesidad de liquidar el estado de Israel, el rol cómplice en la denominada Crisis del Caribe, la inclinación totalitaria en la revuelta en Laos, las gestiones guiadas por el espíritu totalitario en Irán, en Afganistán, en Siria y antes el decidido apoyo al dictador de Uganda Idi Amin Dada -“el caníbal con refrigerador”, como lo denomina Paul Johnson en A History of the Modern World debido a la forma en que engullía a sus prisioneros– a quien el primero de octubre de 1975 la Asamblea General le brindó una ovación de pie por parte de todos los multitudinarios delegados presentes cuando llegó y otra después de su incendiario discurso lleno de amenazas al mundo libre, y las sumamente pastosas actitudes de la Comisión de Derechos Humanos donde ahora el régimen de la tiranía cubana es candidata a ocupar un sitial de peso.

Muchas veces cuando se sugiere revisar conceptos y procedimientos largamente aceptados sin cuestionamientos la idea parece descabellada para mentes sujetas al statu quo del espíritu conservador pero es menester deshacerse de telarañas que a veces invaden y atenerse a la realidad pesando con tranquilidad argumentos y contra-argumentos al efecto de adoptar las mejores decisiones si es que el norte es finalmente el cuidado de las autonomías individuales para lo cual se requieren naciones independientes y genuinamente libres de ataduras con rasgos autoritarios en el contexto de gobiernos con poderes estrictamente limitados a la protección de derechos y ciudadanos muy celosos de esos derechos inalienables, anteriores y superiores a la constitución de los aparatos estatales.

En este sentido, estimo que es del caso citar un pensamiento para tener muy en cuenta de Aldous Huxley en su obra titulada Medios y fines: “En mayor o menor medida, entonces, todas las comunidades civilizadas del mundo moderno están formadas por una pequeña clase de gobernantes corruptos por demasiado poder, y por una extendida clase de gobernados corruptos por demasiada obediencia pasiva e irresponsable.”

En resumen, es indispensable revisar estos intentos de gobierno universal en lugar de basarse en el derecho internacional civilizado que ha regido las relaciones pacíficas entre naciones y entre personas y empresas ubicadas en diferentes países cuando ha habido conflictos, incluyendo la designación de árbitros. Como hemos dicho al abrir esta nota, una cosa es la delimitación para protegernos de las garras de un Leviatán universal y el consecuente federalismo interior para reforzar la descentralización y otra bien distinta es aceptar de contrabando peligrosos pasos en dirección a un mayor aplastamiento de las libertades individuales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La sociedad de la información (o informática)

Por Gabriel Boragina: Publicado el 24/12/16 en: http://www.accionhumana.com/#!/2016/12/la-sociedad-de-la-informacion-o.html

 

Es bastante frecuente encontrar, hoy en día, comentarios que giran en torno a una tesis que dice que dado que vivimos una “revolución tecnológica” y sobre todo informática, las masas están “más” informadas, y este proceso está despolitizando a la sociedad, haciéndola más independiente y menos influenciable a las decisiones de los políticos tradicionales.

Así se habla del “poder del ciberespacio” y se dan ejemplos como los de los triunfos electorales de ciertos candidatos políticos que, según las encuestas tradicionales, no tenían posibilidad de chance, atribuyéndose estos éxitos precisamente a ese supuesto “poder ciberespacial”.

Nos parece que esos conceptos son sumamente ligeros, exagerados y sobredimensionados. Veamos nuestras razones para afirmar esto:

La llamada “revolución tecnológica” primero y después “revolución informática” no es otra cosa que la actualización y multiplicación (casi al infinito, es verdad) de la cantidad de información disponible para las personas. Pero, como en tantos otros casos, esa sobreinformación, ahora utilizable y no antes, poco o nada nos dice de la calidad de la misma. Ni mucho menos acerca de criterios de verdad/falsedad en relación a esa calidad. Posiblemente, la oferta informativa supere la demanda. Esto determina la devaluación de esa información.

Es cierto que la sociedad dispone de mayor información que nunca antes, pero no lo es que esa masa de información asegure una mejor calidad de la misma. Más bien se registran casos inversos.

Históricamente, los déspotas del mundo han aprovechado sistemáticamente a favor de sus planes de dominación todos los avances e innovaciones tecnológicas que han ido apareciendo a lo largo de los tiempos.

Desde Atila, pasando por Julio Cesar, Nerón, Napoleón, Hitler, Mussolini, Lenin, Stalin, Perón, Castro, en adelante, todos ellos -y muchos más- pusieron a su entero servicio cada nuevo descubrimiento tecnológico que les permitiera llegar a cada vez más cantidad de gente. Y en muchos casos con bastante éxito.

Desde mi punto de vista, el mundo está lejos aún de una despolitización total de la sociedad, y los medios tecnológicos no son la causa de lo que se señala como contrario. Los medios informáticos no son más que instrumentos transmisores. No son actores de ningún cambio de fondo. Porque la información no forma, sino que como su mismo nombre lo indica, sólo informa. Y -como en tantos otros casos- la cantidad va en desmedro de la calidad, en un proceso similar al que se verifica en el campo de la economía con la inflación, en el que la emisión de cada nueva unidad monetaria degrada su propio valor en relación al conjunto. Se obvia, con mucha ligereza, la calidad del conocimiento que, nuevamente insistamos, nada nos dice sobre la calidad del mismo.

Creo que la historia -de algún modo- confirma mi tesis: Tiranos han aparecido en sociedades tenidas por muy “cultas” como antiguamente en Roma, y modernamente en Francia, Alemania, Italia, España, y en otros lugares del planeta en distintas épocas. Y ninguno de los déspotas allí surgidos menospreció ni dejó sin echar mano a los adelantos y progresos tecnológicos de cada una de sus épocas. En realidad, estas sociedades estaban más informadas que culturalizadas, pero esa información era de muy mala calidad, al punto tal que sirvió a los planes de los tiranos que recurrieron a ella.

Otro aspecto que se soslaya alegremente en esos pronósticos futuristas que anuncian el fin de las ideologías (al estilo de modernos “Francis Fukuyamas”) es la limitada capacidad humana para asimilar la enorme masa de información ahora disponible. No somos omniscientes, ni la informática nos transformó en tales. Si bien la tecnología ha multiplicado los medios de acceso a información de cualquier tipo, no obstante ello, la capacidad humana para incorporar -intelectualmente hablando- semejante masa de material informático sigue siendo la misma, dado que aun la ciencia no ha hallado métodos similares para que el cerebro humano pueda recibir, absorber, procesar y concentrar absolutamente toda la información que recibe, y que nunca es “toda” por dicho motivo. Solo somos capaces de asimilar, por muy inteligentes que nos consideremos los seres humanos, una pequeña parte -en términos relativos- de todo el cúmulo de material informativo disponible. Hay notables limitaciones de orden físico, biológico y temporales implicadas en este proceso.

Siempre, históricamente hablando, el poder estuvo en manos de aquellos que tienen y usan la mejor información. Esta no es una característica exclusivamente del presente. En todos los tiempos pasados fue perpetuamente así.

Se confunden los medios o modos de ejercer el poder con los sujetos que ejercen ese poder. También, se cree que los sujetos detentadores del poder cambiaron -en función o por causa- de los medios, cuando no ha sido de esa manera. Los sujetos (como categoría) no cambiaron, cambiaron los medios. De manera tal que, no resulta relevante si el político antiguo era un guerrero devenido en rey, o en el sigo XIX lo fueron los ricos (riqueza -aclaremos- obtenida por la fuerza). Guerra o dinero, sólo eran medios usados por los políticos para llegar y conservar el poder. Y la información, no era por cierto inexistente, ni mucho menos irrelevante en los antiguos tiempos, sino que se transfería igualmente, pero de modo más lento y en menor cantidad que hoy en día.

El poder en sí mismo no cambia, la sociedad política y la sociedad civil perviven en todas las épocas, cambian los nombres de los que componen una y otra, y -en cuanto a la política- los modos de acceder y conservar ese poder. Entre esos modos, están las distintas “revoluciones tecnológicas” y la que ahora está en boga llamar cibernética o informática.

Otro aspecto dejado de lado por los optimistas de la “revolución informática” es el siguiente: La información por sí sola no da poder. Este depende -en parte- del uso que se dé a esa información. La información sin acción es igual a nada. El individuo o la sociedad más informada del mundo es nadie o nada si nada hace con todo ese material informativo. Por lo demás, el mero uso de la información tampoco otorga poder. El mal uso no confiere poder, sino que lo quita. Hay muchos cabos sueltos en las tesis de los optimistas liberales de la información ciberespacial.

Otro aspecto ignorado, la mayoría de las veces, es que la información siempre se refiere al pasado o presente, pero no al futuro. El dato de ahora puede ser completamente diferente al de más tarde.

Otro factor omitido por los optimistas liberales de la información ciberespacial es el que la interpretación de la información está teñida de subjetividad, y -no sólo eso, sino que- afectada por las intersubjetividades humanas, lo que le resta utilidad, dado que esas intersubjetividades son constantemente mutables, variables.

Otro error en la tesis de los optimistas de la libre información ciberespacial es el que este nuevo “fenómeno” (como les gustan llamarlo) ahora implicaría competencia en el ciberespacio, una nueva área no sujeta a monopolios puesto que el territorio ahí es inexistente. Esta idea es completamente defectuosa por varias razones, entre ellas una técnica y otra económica. Expongámoslas brevemente:

  1. Desde el enfoque técnico, el ciberespacio -en rigor- no existe. Internet no deja de ser una red infinita de computadores interconectados entre sí a través de servidores (que -a su vez- son grandes computadores). Y la información -que metafóricamente se dice alojada en “la nube”- no está depositada en ninguna “nube”, sino en poderosos servidores que están ubicados en diferentes puntos del planeta Tierra (no en Marte ni en la galaxia como imaginan algunos). De modo tal que, estos servidores físicos ubicados en tierra firme son perfectamente monopolizables por uno o más gobiernos.
  2. Desde el punto de vista económico, los monopolios pueden darse dentro de un territorio o fuera de él. Ejemplos de esto más que sobran:
  1. En tiempos de la colonia la metrópoli tenía el monopolio del comercio con las Indias Orientales, e igualmente fue durante varios siglos. Es decir, fuera de su territorio. Y no fue la cibernética la que terminó con dicho monopolio.
  2. La propiedad de las ondas electromagnéticas, televisivas, radiales, y de los proveedores de internet (aun cuando en algunos casos suelen ser privados) están fuertemente regulados por las legislaciones estatales.
  3. En muchos supuestos, la propiedad de las ondas electromagnéticas, frecuencias de radio, televisión por aire y cable, y de telecomunicaciones, está directamente en manos de los estados-nación o -en algunas circunstancias- de privados, pero controlados legislativamente por los gobiernos. O peor aún, concediendo los gobiernos monopolios en estas áreas a empresas privadas. Nada parecido a libre competencia.

La idea de “monopolio” como asociada a un territorio es caduca. Los déspotas siempre han intentado y logrado captar y cooptar los medios de comunicación, información y –ahora- informáticos también. La competencia sigue -en tal caso- siendo limitada y regulada, aun con sus escasas excepciones.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.