Migraciones y calidad institucional: ¿cuál es la magnitud del problema? ¿Hacia dónde van los migrantes? (II)

Por Martín Krause. Publicada el 10/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/la-polemica-las-migraciones-impacto-la-calidad-institucional-los-inmigrantes-traen-cultura-ii/

 

Flujos migratorios

Según Naciones Unidas, a mediados de 2015 había un total de 243.700.236 migrantes en el mundo (el 8% son refugiados, unos 19,5 millones). Los países con mayor número de inmigrantes son Estados Unidos (46,6 millones), Alemania (12 millones), la Federación Rusa (11,6 millones), Arabia Saudita (10,2 millones), Reino Unido (8,5 millones), Emiratos Árabes Unidos (8,1), Canadá (7,8 millones), Francia (7,8), Australia (6,7), España (5,8). En América Latina, son Argentina (2 millones), Venezuela (1,4), México (1,2), Brasil (0,7).

El porcentaje total de la población es un 3,3% sobre el total, lo cual indica que no estamos en presencia de una estampida de migraciones, aunque es necesario notar que esto no nos indica lo que podría suceder si no existieran las actuales barreras que limitan esos movimientos. También es cierto que ese porcentaje de población migrante impacta en proporciones muy diversas en distintas jurisdicciones. Los países con poblaciones reducidas, en particular islas o ciudades-estados, presentan altos porcentajes de inmigrantes . Salvando esta circunstancia, los casos más destacados son los de Emiratos Árabes Unidos (88,4%), Qatar (75,5%), Kuwait (73,6%), Singapur (45,4%), Luxemburgo (44%), Hong Kong (38,9%), Arabia Saudita (32,3%), Suiza (29,4%), Australia (28,2%), Israel (24,9%), Nueva Zelanda (23%), Canadá (21,8%), Austria (17,5%), Suecia (16,8%). Entre países de mayor población encontramos a Alemania (14,9%), Estados Unidos (14,5%), Reino Unido (13,2%), España (12,7%), Francia (12,1%).

En América Latina, salvando los altos porcentajes de las pequeñas islas caribeñas (Bonaire 52,3%; Anguilla 37,4%, Aruba 34,8%, por ejemplo), los porcentajes más elevados son los de Costa Rica (8,8%), Argentina (4,8%), Panamá (4,7%), Venezuela (4,5%). Y finalmente, México (0,9%), Brasil y Colombia (0,3%) para completar a los países de mayor población. Como se ve, niveles mucho más bajos de los alcanzados por Europa o América del Norte.

Datos también que señalan la preferencia por esos países que se destacan por su calidad institucional y también por aquellos de Medio Oriente que muestran, por un lado, una natural escasez de mano de obra y, por otro, relativamente altas posiciones en términos de calidad de las instituciones de mercado. El elevado número de inmigrantes en la Federación Rusa tiene que ver con el desmembramiento de la Unión Soviética. Durante las décadas de poder soviético, pobladores de origen ruso se expandieron a todos los países periféricos dentro de esa unión; y una vez independizados esos países, la ‘diáspora’ rusa comenzó un lento pero continuo retorno hacia Rusia.

Entre los países con menor porcentaje de inmigrantes se encuentran algunos con baja calidad institucional. El caso de China es en cierta forma inevitable, dado el volumen de su población nativa y su relativa baja calidad institucional (el porcentaje de inmigrantes es de 0,1%). Otros países con el mismo bajo porcentaje de inmigrantes son Myanmar, Madagascar, Indonesia, Cuba y Vietnam.

El porcentaje promedio de inmigrantes en los diez países de mayor calidad institucional es de 17,85%, mientras que ese mismo porcentaje entre los diez de peor calidad institucional es de 3,66% .

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Bastante obvio: migrantes y refugiados van de países con mala a otros buena calidad institucional

Por Martín Krause. Publicada el 14/7/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/07/14/bastante-obvio-migrantes-y-refugiados-van-de-paises-con-mala-a-otros-buena-calidad-institucional/

 

Como parte del Índice de Calidad Institucional 2016, que prepare con la Fundación Libertad y Progreso, presentamos un informe sobre un tema de suma actualidad mundial: las migraciones. Una breve consideración primero y luego una evaluación de los temas que se debaten:

Refugiados

El porcentaje total de la población es un 3,3% sobre el total, lo cual indica que no estamos en presencia de una estampida de migraciones, aunque es necesario notar que esto no nos indica lo que podría suceder si no existieran las actuales barreras que limitan esos movimientos. También es cierto que ese porcentaje de población migrante impacta en proporciones muy diversas en distintas jurisdicciones. Los países con poblaciones reducidas, en particular islas o ciudades-estados, presentan altos porcentajes de migrantes . Salvando esta circunstancia, los casos más destacados son los de Emiratos Árabes Unidos (88,4%), Qatar (75,5%), Kuwait (73,6%), Singapur (45,4%), Luxemburgo (44%), Hong Kong (38,9%), Arabia Saudita (32,3%), Suiza (29,4%), Australia (28,2%), Israel (24,9%), Nueva Zelanda (23%), Canadá (21,8%), Austria (17,5%), Suecia (16,8%). Entre países de mayor población encontramos a Alemania (14,9%), Estados Unidos (14,5%), Reino Unido (13,2%), España (12,7%), Francia (12,1%).

En América Latina, salvando los altos porcentajes de las pequeñas islas caribeñas (Bonaire 52,3%; Anguilla 37,4%, Aruba 34,8%, por ejemplo), los porcentajes más elevados son los de Costa Rica (8,8%), Argentina (4,8%), Panamá (4,7%), Venezuela (4,5%). Y finalmente, México (0,9%), Brasil y Colombia (0,3%) para completar a los países de mayor población. Como se ve, niveles mucho más bajos de los alcanzados por Europa o América del Norte.

Datos también que señalan la preferencia por esos países que se destacan por su calidad institucional y también por aquellos de Medio Oriente que muestran, por un lado, una natural escasez de mano de obra y, por otro, relativamente altas posiciones en términos de calidad de las instituciones de mercado. El elevado número de migrantes en la Federación Rusa tiene que ver con el desmembramiento de la Unión Soviética. Durante las décadas de poder soviético, pobladores de origen ruso se expandieron a todos los países periféricos dentro de esa unión; y una vez independizados esos países, la ‘diáspora’ rusa comenzó un lento pero continuo retorno hacia Rusia.

Entre los países con menor porcentaje de migrantes se encuentran algunos con baja calidad institucional. El caso de China es en cierta forma inevitable, dado el volumen de su población nativa y su relativa baja calidad institucional (el porcentaje de migrantes es de 0,1%). Otros países con el mismo bajo porcentaje de migrantes son Myanmar, Madagascar, Indonesia, Cuba y Vietnam.

El porcentaje promedio de migrantes en los diez países de mayor calidad institucional es de 17,85%, mientras que ese mismo porcentaje entre los diez de peor calidad institucional es de 3,66%.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

«En defensa de los vendedores ambulantes»

Por Belén Marty: Publicado el 24/1/16 en: http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=35058

 

Todo vuelve. Volvieron a instalarse en la calle del barrio porteño de Flores los manteros y vendedores ambulantes que habían sido clausurados y levantados la semana pasada por la Agencia Gubernamental de Control (AGC) de Buenos Aires. La polémica medida de erradicar a los comerciantes improvisados genera simpatía y críticas por igual. En estas líneas me propongo defenderlos.

Alegarán los más férreos críticos que acostumbrados a vivir en la ilegalidad, los vendedores callejeros y ambulantes, saben perfectamente las condiciones a las cuales se someten al vender productos sin pagar impuestos (en general no pagan ni tributos nacionales, provinciales o municipales). También dirán que ellos, a diferencia de los comercios formales, no han pasado horas del verano inscribiéndose como monotributistas en la AFIP, o en el Dirección Nacional de Rental (DGR). Tampoco suelen situarse en los lugares autorizados.

Todo ello es verdad. Los manteros no pagan los impuestos a los que sí están sometidos el resto de los comerciantes. Además, ocupan un espacio publico, interfieren en el libre tránsito de la gente que camina y algunos también dirán que hasta le quitan clientela a los locales formales. En este sentido, los críticos argumentarán que la vía pública no es un bien publico (en el sentido económico de su definición) y que, gracias a ellos, es imposible caminar a las 10 de la mañana por las calles de los barrios de Once, Flores o Micocentro.

Sin embargo, ese no es el quid de la cuestión. En primer lugar, los vendedores ambulantes existen gracias a la imposibilidad de poder montar y formalizar sus propios negocios por la existente, pesada y astronómica carga impositiva que recae sobre todos los comerciantes. Además, el Estado persiste en obligar a cumplir una tarea jurídica propia de los que aman los laberintos burocráticos.

El problema no son los vendedores callejeros sino el marco legal, jurídico, tributario y burocrático que los vio nacer. El problema no es la competencia desleal del ambulante al comerciante que tiene un negocio físico sino justamente la cifra elefantiásica que tiene que pagar el comerciante formal para mantener su negocio en pie.

Trazando un paralelismo podríamos decir que la situación se parece al caso del servicio de transporte Uber y los sindicatos de taxis que reprimen esta nueva modalidad. ¿Por qué? Pues porque en vez de pregonar por una baja de impuestos y regulaciones para realizar su trabajo en paz piden que se le aplique la misma y agresiva cantidad de impuestos a los otros. En este caso de los vendedores callejeros, los comerciantes piden que los ambulantes paguen la misma cantidad de impuestos en vez de pedir por el fin de los mismos.

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) aseguró que «la venta ilegal está destruyendo el comercio formal, por eso hay tantos locales vacíos». Sin embargo, no es la venta ilegal lo que está dejando a los locales vacíos sino las altas tazas de alquiler, la inflación, y todo lo antes mencionado.

Además, contrariamente a lo que creen los comerciantes formales, los vendedores callejeros complementan a la actividad. La venta en la calle atrae posibles clientes que pasarán caminando por los locales a la calle. Más aún, si bien los manteros no pagan tributos y eso hace que sus mercaderías sean más baratas no tienen los beneficios de que la persona compre en un local: aire acondicionado, pago en cuotas, mercadería de mejor calidad, posibilidad de comprar por mayorista, etcétera.

Pero la mayor defensa está en reivindicar el espíritu emprendedor de estos vendedores ambulantes, especialmente en aquellos sectores menos favorecidos y que no tienen los recursos para arrancar con un comercio formal.

Estas personas son empresarios en potencia. Son una vanguardia contra tanto empuje por parte del Estado a que no sean parte. Son la resistencia a caer en un subsidio. Son personas dispuestas a salir adelante frente a un modelo que los excluye.

Como dice el académico peruano Enrique Ghersi: (los vendedores ambulantes) «no tienen que ser ricos para ser empresarios, solamente les basta ser trabajadores; no tienen que ser listos para ganar dinero, solamente les basta ser ordenados; no tienen que ser sabios para descubrir una oportunidad, solamente les basta ser audaces».

Las calles son la universidad de los emprendedores. Allí no tienen privilegios de nadie y de nada. Están a merced del mercado.

La dificultad de crear un negocios formal en Argentina

El índice Haciendo Negocios que mide las regulaciones, el capital mínimo, el tiempo y el costo de arrancar un negocio dice que en Argentina esta es una tarea (casi) imposible. El índice, publicado en junio de 2015, mostró que Argentina se encuentra en el puesto 157 de 189 economías mundiales en relación a la dificultad para empezar un nuevo negocio.

Crear un emprendimiento (cualquiera sea) y registrarlo formalmente es mas difícil que hacerlo en Alergia, China, Gabón, Ghana, Iraq, Kenia, Omán, y Yemen, entre otros. Nuestro país es solo superado por países como Zimbabue, Venezuela, Uganda, Sudan del Sur, Myanmar, y Haití. Ninguno de ellos caracterizados por el progreso económico.

Argentina es, sin dudas, uno de los países que más procedimientos y pasos requiere para empezar un negocio. Cualquiera que haya intentado arrancar algo lo sabe. Para abrir algo nuevo una persona debe hacer 14 trámites distintos (muchos de ellos acarrean gastos monetarios).

Muy en el opuesto se encuentran Nueva Zelanda, Suecia, Singapur, Macedonia, que requieren de entre uno y dos trámites.

Levantar a los manteros no va a solucionar el problema de los comerciantes formales. Los manteros, los que llevan carretillas con comida, o cualquier otro vendedor ambulante volverán apenas pase el temblor policial. La solución de fondo es simplificarle la vida a estos comerciantes ambulantes a que puedan abrir sus propios negocios sin morir en el intento.

Menos trámites y bajar los impuestos es la clave para que ellos puedan reinsertarse, de una vez por todas, en el mercado formal.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Argentina entre los 10 países con menor libertad económica del mundo.

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 14/10/14 en: http://economiaparatodos.net/argentina-entre-los-10-paises-con-mejor-libertad-economica-del-mundo/

 

El 7 de Octubre el Fraser Institute dio a conocer su reporte anual 2014 sobre libertad económica que cubre un total de 152 países. El Economic Freedom of the World, junto al Index of Economic Freedom elaborado por el Heritage Foundation y Wall Street Journal deben ser los dos indicadores más conocidos de libertad económica que hay disponibles. Que Argentina posea una baja calificación relativa en este indicador no es novedad. En los dos últimos reportes Argentina se ubicaba como la decimoquinta economía menos libre entre los países observados. Lo que es novedad en el último reporte es que Argentina cae al puesto 149 de 152 países. Es decir, Argentina se ubica como la cuarta economía menos libre del mundo. Debido a que los datos que el Fraser institute utiliza para elaborar el índice llevan tiempo en publicarse, cada reporte posee resultados de hace dos años. Es decir, el reporte del año 2014 posee calificaciones para el año 2012 (este “delay” es normal en este tipo de indicadores.) Lo que este indicador muestra, entonces, es un serio deterioro en las instituciones económicas luego del 2011: En un solo año Argentina retrocedió 11 lugares. Mientras Argentina cae a los últimos puestos y no se ven signos de liberar la economía del 2012 en adelante, organizaciones como Carta Abierta afirman que al país le falta regulación económica. Estas aseveraciones ponen de manifiesto la desconexión con la realidad Argentina en un contexto mundial por parte grupos afines al Kirchnerismo. Ciertamente, como todo índice, el mismo no es perfecto. No obstante, ofrece una guía sobre el la inclinación relativa de distintos países hacia instituciones de libre mercado cuyos resultados se condicen con lo que se espera sean economías más y menos libres. Preguntarse si la posición 149 en el ranking es precisa es quedarse con el árbol y perderse el bosque. Lo importante es la ubicación “general” de Argentina en el ranking y la tendencia en el mismo. Desde el año 2001, cuando se ubicaba en el puesto 54, Argentina cae de manera sostenida en el ranking.

Las 10 economías menos libres en el reporte 2014 son (1) Myanmar, (2) República Democrática del Congo, (3) Burundi, (4) Chad, (5) Irán, (6) Algeria, (7) Argentina, (8) Zimbabue, (9) República del Congo, y (10) Venezuela. Como se puede apreciar, los países que acompañan a Argentina se encuentran lejos de ser la Alemania o Suiza al que Cristina Kirchner hizo referencia como modelos de país. De hecho, de los países observados, la Venezuela que es fruto de admiración Kirchnerista se ubica en el último puesto. Según el reporte (p. 29), la caída de Argentina en el 2012 se debe principalmente a un deterioro del sistema legal y la protección de los derechos de propiedad (cepo al dólar, etc.), en la restricciones al comercio internacional (debido a la DJAI, etc.), y a la aparición del mercado informal del dólar. Es cierto, sin embargo, que el nivel de vida de Argentina es superior al de países como Chad o Myanmar, pero ese no es el punto de los índices institucionales. Estos indicadores no buscan medir la calidad de vida, sino que informan sobre el marco institucional dado que esto define el nivel de desarrollo económico de largo plazo. La instituciones de un país informan sobre la trayectoria de largo plazo y no sobre la situación económica actual.

Por ello este tipo de indicadores son relevantes y los economistas insisten tanto en la importancia de las instituciones. La comparación entre Corea del Norte y Corea del Sur ofrece un caso único. Son dos países con la misma cultura, mismo lenguaje, y misma historia hasta su separación en 1945. Casi 60 años de dos coreas con distinto marco institucional muestran las inocultables diferencias económicas. No obstante, Corea del Norte no puede alcanzar el nivel de vida de Corea del Sur de la noche a la mañana cambiando su política económica, necesita cambiar su marco institucional y esperar que el crecimiento que no ha tenido en 60 años se materialice. Este efecto de largo plazo que las abstractas instituciones tienen sobre los países pueden hacernos perder la conexión causal dado que los cambios institucionales del presente pueden tener efectos varios años por delante. Imaginemos que congelamos el grado de libertad económica de todos los países por cincuenta años. ¿Dónde creemos que se encontrará el nivel de vida relativo de Argentina cinco décadas más tarde? ¿Más cerca de Venezuela y Zimbabue o de Alemania y Suiza?

En esta nota comento sobre diversos resultados económicos y sociales de países con economías libres y economías reprimidas. En esta ocasión sólo quiero reproducir tres resultados centrales y ofrecer luego un comentario final. En primer lugar, los siguientes gráficos (pp. 21-22) muestran que al tomar la totalidad de la muestra (152 países) en lugar de elegir un par (por ejemplo Argentina y Chile) (1) los países más libres poseen un mayor ingreso per cápita (ajustado por costo de vida) que los países menos libres, (2) que las economías más libres crecen más rápido que las economías menos libres [un plazo de 10 años] y (3) que la distribución del ingreso no depende de la libertad económica. Es decir, las economías no sólo son más ricas y crecen más rápido en promedio, sino que el argumento de que el libre mercado genera crecimiento con exclusión no se sostiene si miramos la totalidad de la muestra en lugar de seleccionar unos pocos países. Si el libre mercado generase crecimiento con exclusión, entonces la participación sobre el ingreso del 10% más pobre no podría mostrar valores similares para los distintos grupos de países según su libertad económica. No obstante estos resultados, diversos movimientos que se oponen a las economías libres sostienen que el modelo a adoptar es uno como socialismo de Noruega, el Suecia, o el Finlandia. Sin embargo, Noruega, Suecia, y Finlandia se ubican en los puestos 30, 32, y 10 de países con mayor libertad económica respectivamente. Los tres países “socialistas” se encuentran en el cuartil de las economías más libres del mundo. Los países calificados de “socialistas” por los críticos del libre mercado resultan tener economías bastante libres en el contexto mundial.

 

Si usted va a ser pobre y sabe que va a pertenecer al 10% de la población más pobre, no importa si vive en una economía libre o en una economía reprimida, su grupo va a recibir alrededor del 2.5% del ingreso total del país. Pero si vive en una economía libre su ingreso anual va a ser de $11,610 contra $1,358 en una economía reprimida. Si usted sabe, entonces, va a ser pobre, ¿en qué país prefiere vivir? Si su respuesta es en una economía libre, entonces debe saber que desde la crisis del 2001 que Argentina persiste en ir en sentido contrario hasta haber alcanzado el fondo del ranking en el 2012.

Por último, en Argentina términos como “libre mercado” son tratadas casi como una mala palabra, especialmente desde la crisis del 2001. Peor aún es el caso de los términos “capitalismo” y “neoliberal.” Parte de esta situación se debe al asociar erróneamente la década del 90 con un modelo de libre mercado neoliberal. Los resultados están a la vista. Argentina ha logrado ubicarse entre los últimos puestos de uno de los indicadores más utilizados y respetados internacionalmente en trabajos de investigación. Mientras Argentina y la clase dirigente no entiendan que no se puede ser Alemania o Suiza adoptando las instituciones bolivarianas del Socialismo del Siglo XXI el país podrá oscilar entre mejores y peores gobiernos, pero no podrá cambiar su trayectoria de largo plazo. Argentina no necesita un cambio de “modelo” o de gobierno, Argentina necesita una seria reforma institucional. Para que la clase política dirigente ofrezca un cambio de esta magnitud, la opinión pública se lo debe exigir.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

Se necesita más «igualdad» en el mundo

Por Gabriel Boragina. Publicado el 12/7/14 en: http://www.accionhumana.com/2014/07/se-necesita-mas-igualdad-en-el-mundo.html

 

Este es el reclamo que se escucha por doquier. No sólo las personas comunes lo utilizan en sus conversaciones cotidianas, ya sean familiares, laborales, estudiantiles o sociales, sino que forma parte del repertorio habitual del discurso de todos los políticos del mundo. El reclamo de mayor igualdad campea en todos los ámbitos. Y cuando hacemos ver que la igualdad es imposible, se nos replica que la igualdad que se exige es la «de oportunidades», y que esta -en cambio- si sería realizable.

Sin embargo, los estudios más serios de los que se dispone no coinciden con esa última apreciación. Uno de dichos análisis es el que efectúa el conocido «Índice de Calidad Institucional», que ordena los países examinados de mayor a menor de acuerdo a la mejor o peor institucionalidad que exhiben. Y las conclusiones respecto de los de peor institucionalidad son las que siguen:

«Precisamente, una de las conclusiones a las que puede llegarse con tan sólo observar qué países se encuentran en las últimas posiciones (Myanmar, Somalia, Corea del Norte y en América Latina Haití, Venezuela y Cuba) es que se trata de países con gobiernos que se han puesto como objetivo dicha igualdad o que no parecen contar con un marco institucional en absoluto y los individuos están sometidos a los abusos de grupos organizados para utilizar al poder en beneficio de “sus” propias oportunidades. Las leyes de la economía nos explican la relación causal entre ciertas instituciones, el crecimiento económico, la mejora del nivel de vida y la posibilidad de aprovechar un mayor número de oportunidades. Estas instituciones son aquellas que protegen en forma efectiva derechos individuales básicos como el derecho a la vida, la libertad de opinión, la libertad de movimiento, el derecho de propiedad, la libertad contractual. Aquellos países que han logrado desarrollar un conjunto de instituciones sólidas brindan a sus habitantes más y mejores oportunidades para buscar alcanzar los fines y objetivos que quieran perseguir. Esto es lo que significa contar con un mayor “desarrollo humano”.»[1]

Si efectivamente pudieran igualarse las oportunidades de todo el mundo, los niveles de pobreza y subdesarrollo se expandirían en forma exponencial y alarmante, al tiempo que los gobiernos se volverían más y más despóticos y tiránicos de lo que ya lo son en la actualidad (cuestión esta última que cada vez pasa más y más inadvertida). El progreso desaparecería literalmente de la faz de la tierra y volveríamos a las épocas primitivas, donde existía una mera economía de subsistencia. Rápidamente el caos social se apoderaría de cada vez más países. Estarían prohibidas por ley cualesquiera manifestación de talento, inventiva y mucho menos permitidas ninguna expresión de genialidad por parte de nadie, ya que eso quebraría por completo las «iguales oportunidades» de todos los demás, pese a que estas no se revelen (porque, en realidad, la mayoría de las personas carecen de aptitudes notables en absolutamente todos los campos del saber humano). Nadie podría inventar ni descubrir absolutamente nada, hasta que el vecino tuviera la misma oportunidad de hacerlo, y pese a que no posea los conocimientos ni las habilidades para ello.

Pero ¿en que consistiría concretamente ese mayor «desarrollo humano» del que nos habla el Dr. Krause?:

«No es solamente una vida más larga y saludable, adquirir conocimientos y contar con los recursos necesarios. Algunos países pueden haber alcanzado una buena esperanza de vida al nacer o un determinado acceso a conocimientos, pero una vida dirigida por otros, restringida por controles y mandatos y una educación sesgada son más bien “restricciones” que logros de una vida completa. El individuo tiene que tener más opciones para vivir su vida como crea que merece ser vivida, para obtener el conocimiento que estime importante y, seguramente, esta capacidad de decidir le permitirá finalmente contar con los recursos necesarios.»[2]

Si queremos ser «iguales», necesariamente deberemos ser dirigidos por otros. Perdemos indefectiblemente por completo nuestra independencia y nuestra libertad. Porque alguien deberá cuidar que nadie «se salga de la raya» ni que pase el límite de la igualdad impuesta. Y toda igualdad, recordemos (también la «de oportunidades», desde luego), ha de ser obligada por una autoridad. No existe la «igualdad voluntaria», la que es fácticamente imposible, porque naturalmente todos somos diferentes. Este poder que debería existir para evitar mayores desigualdades será justamente aquel que terminará restringiendo mayores oportunidades. Es decir, a mayor igualdad menor oportunidad (I > O). Mas igualdad significa siempre menor libertad y menores oportunidades, porque estas últimas nacen (y sólo pueden surgir) de la plena libertad.

«La existencia de mayores oportunidades en los países de alta calidad institucional se confirma también con el flujo de migraciones. Suele decirse que a nivel global los individuos votan con los pies, es decir se dirigen a dónde creen que tendrán más oportunidades. Esto es evidente también en el continente americano, los países del norte son los que atraen un mayor flujo de inmigrantes y los que se encuentran en los últimos puestos del ICI son los que más los expulsan, cuando los dejan salir.»[3]

Curiosamente, aquellos países del norte (despectivamente llamados «ricos») hacia donde la gente se dirige, son los que el discurso progre-populista los acusa de tener mayores «desigualdades». Por eso, les resulta a ellos paradójico que las personas migren masivamente hacia aquellas naciones. Pero nada de extraño tiene si se analiza y se comprende la naturaleza humana, que casi instintivamente, no busca igualarse a nadie, sino superarse y mejorar de estado. En cambio, huyen de los países más igualitaristas que son los del sur.

Entonces, es importante atenerse a estos datos empíricos, que confirman los hechos de que el progreso y la riqueza de los pueblos vienen solamente de la mano de la desigualdad, que aumenta las oportunidades de todos, a condición de que todos seamos libres y nunca en el caso contrario.

 

[1] Martín Krause. Índice de Calidad Institucional 2012, pág. 6 y 7

[2] Krause M. «Índice….· op. Cit. Pág. 6-7

[3] Krause M. «Índice….» op. Cit. Pág. 6-7

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Persecuciones religiosas

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 7/5/14 en http://www.lanacion.com.ar/1687921-persecuciones-religiosas

 

Una ola de violencia extrema parece haber de pronto estallado en muy distintos rincones del mundo. Con componentes diversos, que provocan conflictos -y hasta guerras civiles- caracterizados por conductas aberrantes e inhumanas de todo tipo.

En algunos casos ellas parecen tener razones de corte fundamentalmente nacionalista como sucede, por ejemplo, en el conflicto interno que afecta a Ucrania. En otros, se advierten en cambio particularidades de contenido religioso. Como ocurre, por ejemplo, en Siria o en Nigeria. O en Pakistán. Lo cierto es que asistimos a un aumento -tan preocupante como notorio- de las persecuciones religiosas. El mundo no sale de la natural sensación de rechazo que ellas generan, permaneciendo indiferente cuando de reaccionar con eficiencia frente a ellas se trata.

Los cristianos somos -con mucha frecuencia- objeto de ellas. Se estima que nada menos que un 80% de las persecuciones religiosas actuales apunta o se dirige contra los cristianos, en sus distintas denominaciones.

Esas persecuciones ocurren en algunas naciones musulmanas, por cierto. Pero también existen en China, Cuba y en los más diversos rincones de África. Desde Egipto a Nigeria. Y en los países del centro de África. Por año, como consecuencia de las persecuciones religiosas, mueren aproximadamente unos 10.000 cristianos. Los mártires, queda visto, no son cosa del pasado.

No obstante, también es cierto que los cristianos no son los únicos y exclusivos blancos del terror persecutorio. Los musulmanes son asimismo objeto de ataques. Como ocurre en Myanmar o en algunos lugares de la India, a modo de ejemplo.

Una serie de repulsivas fotografías recientes que registran lo que sucede a los cristianos en laciudad siria de Raqqa, emplazada en el noreste del país, ha dado una rápida vuelta al mundo. Y hecho llorar al propio Papa. Conmoviendo, naturalmente, a la opinión pública.

Porque allí se muestra, descarnadamente, cómo se asesina -ante los ojos de todos y con una dosis de brutalidad sin par- a seres humanos, por el simple hecho de ser cristianos. Para exhibir enseguida -con saña- sus cuerpos crucificados, a la manera de símbolo o mensaje -tan horrible, como desafiante- de lo que es un odio irracional, profundo y salvaje en su exteriorización.

Los verdugos son en el mencionado caso sirio militantes del fundamentalismo islámico que pertenecen a la insurgencia que se ha rebelado contra el régimen autoritario de los Assad (respaldado por Irán). Ellos controlan Raqqa y muchas otras localidades sirias, donde han sometido a sus habitantes, que viven ahora presos del miedo.

Lo cierto es que las crucifixiones de cristianos se han sucedido en Siria desde el mes de marzo pasado. Desgraciadamente. Ellas han ocurrido en otras ciudades sirias, como es el caso de Maalula. Sus responsables pertenecen -casi siempre- al llamado «Estado Islámico de Irak y el Levante», organización terrorista que, promoviendo una versión del fundamentalismo islámico, demoniza sin cesar a los cristianos y los obliga a pagar un impuesto especial por pertenecer a su fe, prohibiéndoles, además, exhibir en público los símbolos del cristianismo. Muy particularmente, la cruz.

Atentados bastante parecidos, por su inmensa crueldad, ocurren también en otras latitudes y en otros continentes. Entre ellas, reiteradamente, en el norte de Nigeria. Hablamos de un país que acaba de reclamar para sí la distinción de ser la economía más importante de África, pero que no consigue poner coto a las tropelías de un sangriento movimiento fundamentalista islámico que responde al nombre de: «Boko Haram» (que, en idioma hausa, significa «la educación occidental es pecado»). Esa organización está dedicada a incendiar impunemente los templos, escuelas y residencias de los cristianos. En su accionar viola y asesina. Hasta ha secuestrado cobardemente a centenares de niñas cristianas para llevarlas aparentemente a Chad y Camerún y entregarlas allí como «esposas» a sus militantes. Por el precio de nueve euros cada una. Sin que, hasta ahora, se haya podido impedir la ola de terror religioso desatada por «Boko Haram», que ahora asola también a Abuja, la capital del país.

El papa Francisco ha hecho, con toda razón, reiterados llamados públicos denunciando las persecuciones religiosas y pidiendo que ellas sean reemplazadas por actitudes de tolerancia y de respeto recíproco.

Hasta ahora, esas sabias advertencias no parecen haber calado en los oídos de aquellos que son responsables del mantenimiento del orden en los países en los que las persecuciones religiosas ocurren. Los llamados papales a la concordia tienen su fundamento en hechos de crudo salvajismo y nos recuerdan que la libertad religiosa es un componente esencial de la dignidad de la persona humana.

El cristianismo tiene en su larga historia, es cierto, sus propias manifestaciones de intolerancia. Como las que tuvieron que ver con la inquisición y con algunas conductas evidenciadas durante las cruzadas, todas muy alejadas del espíritu de paz y generosidad predicado, con su ejemplo, por San Francisco de Asís.

No obstante, a partir del Concilio Vaticano Segundo, la defensa de la libertad religiosa está indisolublemente unida a la de respetar las creencias religiosas de los demás. Aún desde el punto de vista del secularismo, la libertad religiosa es, cada vez más, vista como un instrumento a través del cual todos los puntos de vista religiosos pueden contribuir a enriquecer el bienestar de una sociedad, en su conjunto.

Es hora de preocuparse muy seriamente por la creciente realidad de las persecuciones religiosas y por sus enormes atrocidades. Esto es, no sólo por sus motivaciones, sino además por las conductas aberrantes que de ellas se derivan.

También es tiempo de plantear insistentemente a los gobernantes de las naciones en las que ellas ocurren la necesidad prioritaria de que sean enfrentadas -con decisión y recursos- para que cesen, siendo reemplazadas por la prédica sincera del respeto y la tolerancia, virtudes sin las cuales la paz del mundo estará siempre amenazada.

Los esfuerzos serán necesariamente largos, pero deben emprenderse sin demora. En un escenario donde ni siquiera hemos sido capaces de desterrar el antisemitismo, poner coto a las persecuciones religiosas es una cuestión urgente.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.