Huawei y los destrozos de Trump

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 23/5/19 en: https://www.ambito.com/huawei-y-los-destrozos-trump-n5033166?fbclid=IwAR2rsnlcwUZfVXxLORczS9mo6-RaMMt996eGttaEbisjE8441AHKGowxiR0

 

Huawei y los destrozos de Trump

Patético. Era la Grecia antigua y ya Aristóteles sabía que la violencia era, siempre y necesariamente, destructiva; de hecho, la definía como aquello que intenta -desviar- destruir el desarrollo del cosmos. Y así lo replicaron científicos de la talla de Tomás de Aquino, pero en pleno siglo XXI todavía hay quienes no pueden superar la primitiva idea de que la violencia puede ayudar en la defensa o, peor, en el establecimiento de un “orden social”.
Y así va el mundo. Trump me recuerda a la Segunda Guerra Mundial (SGM). Según los Aliados, se hacía para liberar al mundo de tiranías y guerras -ya lo habían dicho en la Primera- y por supuesto, semejante incongruencia -guerrear para evitar la guerra- produjo el resultado opuesto: cercenaron las libertades de sus ciudadanos, empezando por aumentarles los impuestos y hasta llevarlos a la guerra para morir.Charlton Heston recordaba amargamente su vuelta de la SGM: “Nos habían dicho que era para terminar con las tiranías y vimos crecer otra peor”. Después de 60 millones de muertos y la destrucción masiva de propiedad privada, se consolidó la peor tiranía de la historia, la URSS, que finalmente cayó -el Muro de Berlín- como era lógico: en paz.

No siendo protagonista de la SGM, Trump encara su propia “guerra” -bien idiota- contra China. Utilizando el monopolio estatal de la violencia, impone barreras a los productos chinos provocando una destrucción inútil que sufren sus propios ciudadanos, que ahora pagarán más caros sus insumos mientras la balanza comercial no mejora, empeora.

Por la tensión entre EE.UU. y China, escenificadas a través de Google y Huawei, si los peores presagios se cumplen, la electrónica se encarecerá entre un 10% y un 15% para todos los occidentales. Porque impactará en los costos de producción de todas las empresas: las tarjetas de sonido y gráficas, circuitos impresos, pantallas, baterías, antenas, módems y demás componentes están llamados a elevar sus facturas que llegan desde China.

Por otro lado, según JP Morgan, deslocalizar la producción de sus iPhones de las plantas de Foxconn en Shenzhen, para llevarlas a EE.UU. significaría que Apple debería incrementar un 14% sus precios dado el encarecimiento por la mano de obra estadounidense. De modo que “podría resultar más barato para Apple seguir construyéndolos en China y pagar las tarifas”, según Wire. Por cierto, las acciones de Apple cayeron al conocerse la noticia.

Por otro lado, Huawei trabaja en su propio sistema operativo alternativo al Android de Google y al de Apple. Los fabricantes chinos acaparan un 43% del mercado mundial de móviles -mil millones de usuarios- con lo que no es descabellado pensar que puedan consolidar un tercer sistema operativo común. Y, sin dudas, se dispararán acciones judiciales de todo tipo: los abogados de Huawei, la organización de consumidores Facua, y los asesores legales Legalitas ya han insinuado hacerlo.

Y todo porque Trump teme la tecnología 5G que desarrollan los chinos, que podría servir para “espiar”. Y le teme porque la información es, precisamente, como he dicho muchas veces, la mejor defensa contra la violencia: de qué sirve el mejor ejército del mundo contra un insecto que puede conocer y anticipar sus movimientos. Por eso Washington censura a Wikileaks, entre otros medios de prensa. En fin, como broche, lo que va a lograr Trump, además, es un retraso en el desarrollo de las redes -y tecnología- 5G.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

“Ni dios, ni patrón, ni marido”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/4/19 en: https://www.actuall.com/criterio/democracia/ni-dios-ni-patron-ni-marido/

 

La escritora Claudia Piñeiro recordó en El País las consignas que habían sido coreadas en las manifestaciones del 8-M. Entre ellas, esta notable reivindicación triple: “Ni dios, ni patrón, ni marido”.

Tal era el lema del periódico anarquista argentino La Voz de la Mujer, que bajo la dirección de Virginia Bolten editó unos pocos números a finales del siglo XIX. Hace poco se estrenó una película sobre la vida de Bolten, cuyo título es la mencionada reivindicación. El film no cosechó buenas críticas, pero la recuperación del lema tiene interés. En efecto, al calor de la descarada usurpación del feminismo, perpetrada por una izquierda desnortada tras la caída del Muro de Berlín y la crisis del Estado de bienestar, el triple lema resume las amenazas que el socialismo de todos los partidos representa para una sociedad de mujeres y hombres libres.

La aversión a Dios y la religión, en la que confluyó buena parte de la Ilustración —incluidos numerosos liberales, para desgracia del liberalismo— brotó de la identificación entre religión y superstición. Se supuso que no había armonización posible entre fe y razón, y que todo lo que sonara a Iglesia equivalía a oscuridad y atraso.

Análogamente rechazable era el patrón, es decir, el capitalismo, considerado explotador y empobrecedor. La figura del empresario concentró no solamente males económicos sino también políticos, porque manipulaba al Estado, convertido según Marx en mero títere de la burguesía. Para colmo, el patrón era moralmente reprochable, al ser cruel, injusto, egoísta, codicioso y abusador.

Que la izquierda siga recelando de la Iglesia, el mercado y el matrimonio cristiano es, al revés de lo que parece, la prueba de su atraso avasallador y su odio a las mujeres y los hombres independientes

El trío siniestro se completaba con el marido, que reflejaba lo peor de la religión y del capitalismo. En efecto, sometía y degradaba a la mujer mediante el matrimonio, institución esclavizadora y opresora, y también la cercenaba económicamente, ahogándola y arrinconándola en un hogar familiar que se convirtió para los intelectuales y artistas en el paradigma del infierno contemporáneo.

Reveladoramente, la triple reivindicación progresista no solamente estaba equivocada, sino que se sigue manteniendo en nuestro tiempo, cuando no hay ninguna excusa solvente para no reconocer que efectivamente es un triple bulo, porque esos objetivos han sido alcanzados, y cuanto más firmemente lo fueron, más brutal fue el castigo para las mujeres y los hombres. Lo prueba la sangrienta historia del comunismo, que tuvo explícitamente las tres metas: acabar con la religión, con el capitalismo y con la familia. En efecto, que la izquierda siga recelando de la Iglesia, el mercado y el matrimonio cristiano es, al revés de lo que parece, la prueba de su atraso avasallador y su odio a las mujeres y los hombres independientes. Especialmente a las mujeres, que no fueron sometidas y maltratadas por la religión, el capitalismo y el matrimonio, sino al revés: dichas instituciones protegieron a las mujeres, como se observó claramente cuando esos tres supuestos males fueron extirpados por el pretendido progreso antiliberal.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

 

Las inviables propuestas de la Izquierda Radical

Por Iván Carrino. Publicado el 17/1/18 en: https://www.ivancarrino.com/las-inviables-propuestas-de-la-izquierda-radical/

 

Si bien copan los programas de televisión, los dirigentes de izquierda no tienen una sola idea que se acerque a la sensatez.

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores es una coalición de partidos políticos argentinos que se unió para dar la batalla electoral en el año 2011.

Dicha alianza está conformada por el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), e Izquierda Socialista.

En las últimas elecciones presidenciales, celebradas en 2015, el FIT obtuvo 3,2% de los votos. En 2011, la elección previa, había obtenido 2,3% y si sumamos las representaciones de izquierda que en 2007 fueron por separado (Fernando Solanas, Vilma Ripoll y Néstor Pitrola), vemos que obtuvieron un 2,9%.

O sea, incluso con un importante crecimiento de 0,9 puntos porcentuales en 2015 respecto de 2011, podemos notar que el Frente de Izquierda sin dudas no es una opción que conmueva al electorado nacional.

No obstante, son permanentemente invitados a programas de televisión a analizar la economía y la “realidad social”. Parecería que, si bien al público consumidor le interesa lo que dicen, de ninguna manera estarían dispuestos a votarlos.

O, para arrojar una segunda hipótesis, parece que a los productores de TV les interesa que vaya gente crítica del gobierno, más allá si las propuestas propias son buenas, regulares, o malas.

Ideas descabelladas

Recientemente fui invitado a Crónica TV, donde además de una economista del CEPA (Centro de Economía Política Argentina), estaba también invitado un economista miembro del FIT.

En el debate (que puede verse editado aquí), el representante del FIT delineó algunas de las propuestas que su partido tiene para resolver los problemas más acuciantes de la economía nacional.

Los enumero abajo:

—> Para resolver el tema de la deuda, se propone romper con el FMI. Es decir, no se paga más la deuda por ser ilegítima. En concreto, Argentina entra nuevamente en default.

—> Para resolver la falta de crédito para las empresas (alta tasa de interés), se propone nacionalizar la banca.Es decir, expropiar todo el sistema bancario y terminar con la independencia del Banco Central.

—> Para frenar los tarifazos, se propone también nacionalizar los servicios públicos. O sea, expropiar todo el sistema energético y de transporte del país.

—> Por último, respecto de las jubilaciones, se propone mejorarlas aumentando los aportes patronales. Es decir, exigir a los empleadores un mayor pago coactivo para financiar el gasto previsional.

Como se observa a primera vista, las propuestas son radicales pero a la vez tienen un tinte mágico. Como si dando una fuerte sacudida a las cosas, éstas finalmente terminaran enderezándose.

Lo cierto, sin embargo, es que esto no es así. La implementación concreta de este programa llevaría a la economía argentina a un espiral de desastre, donde ninguno de los objetivos planteados se cumpliría.

Inviable

Analicemos cada una de las medidas a tomar.

Argentina hoy tiene un Riesgo País de cerca de 700 puntos básicos, casi 500 más que Chile y más de 300 más que Brasil. Este nivel se explica, principalmente, por la abultada deuda y las posibilidades de que se complique el pago a futuro de esa deuda.

Si el gobierno decidiera romper con el FMI, entonces materializaría todos esos riesgos. Lo que hoy se percibe como una remota posibilidad de complicaciones en el pago de la deuda, se transformaría en la realidad de que Argentina deliberadamente opta por no pagar.

Es decir que el Riesgo País duplicaría o triplicaría su valor. Es más, podríamos remontarnos al 22 de diciembre del año 2002, cuando Adolfo Rodríguez Saá declaró la suspensión de pagos de la deuda. En su momento, el Riesgo País superaba los 4.000 puntos. Seis meses después superó los 6.000.

Esta medida fue funesta para la economía. Es que implicaba que si todavía había alguien que estuviera dispuesto a prestar dinero, automáticamente replanteaba su faena. Y sin crédito para refinanciar sus deudas, las empresas van a la quiebra. Efectivamente, entre 2001 y 2002 el país atravesó la peor crisis económica de su historia.

Ahora la falta de crédito el FIT la podría resolver estatizando la banca e inundando de préstamos la economía. Pero si no hay ahorro que lo respalde, eso solo puede realizarse mediante la emisión monetaria. O sea que nacionalizar la banca para dar préstamos baratos llevaría tarde o temprano a una hiperinflación.

Por último, los jubilados, a quienes más dicen querer ayudar, son quienes peor la pasarían.

Esto es así porque recibirían un triple golpe. El primero, que el default y el consecuente estrangulamiento crediticio llevaría a la quiebra a las empresas. A eso habría que sumarle los mayores impuestos (Aportes Patronales) que el FIT les cobrará a los empresarios sobrevivientes. En tercer lugar, los salarios reales se desplomarían tanto producto de la crisis económica como de la inflación posterior.

Así, no solo no habría aportes patronales que cobrar para financiar mejores jubilaciones, sino que los salarios presentes (con los que se pagan las jubilaciones presentes en un sistema de reparto) se verían reducidos de manera violenta.

O sea, sin lugar para recaudar y con salarios reales a la baja, las jubilaciones solo podrán caer.

Influencia dañina

Uno podría pensar que tras estos efectos de corto plazo sobre la economía del país, las cosas comenzarían a funcionar mejor… Pero eso también es falso. Allí donde el comunismo planteado por el FIT se implementó 100%, como en la Unión Soviética, el sistema duró varios años, pero a costa de la pobreza y servidumbre de su población.

Fue tan nefasto el sistema que los propios ciudadanos de los países gobernados por la izquierda decidieron tirar abajo el Muro de Berlín en 1989.

A la luz de los hechos, uno podría preguntarse si todavía es necesario discutir ideas tan inviables y refutadas teórica y empíricamente.

La respuesta es afirmativa, no solo por la elevada presencia mediática de quienes las defienden, sino por la influencia que tienen sobre partidos que parecen más “de centro”, pero que comparten ciertos principios básicos con la izquierda más radical.

Antes de cerrar, te invito a ver en este link, este Webinar sobre los impedimentos teóricos y prácticos de la teoría socialista, que culminaron en la inevitable caída del Muro hace ya 29 años.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Trump y el gasto social

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 8/9/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/trump-y-el-gasto-social-2/

 

Leí hace un tiempo en El País este titular: “Trump dispara el gasto militar y apuesta por el muro a costa de los programas sociales”. La propaganda y los prejuicios contra Trump son mayores que bajo ningún otro presidente americano, salvo Reagan, también caracterizado en su día como el gran enemigo de la paz mundial, cuando resultó que fue el gran enemigo del mayor enemigo de la paz y la libertad en el mundo: el comunismo.

Un prejuicio notable, que recoge El País, es el de considerarlo un desalmado hostil a los inmigrantes. Estuve recientemente en Melilla, y tuve la oportunidad de recorrer su valla. Pensé entonces que los que se ponen estupendos contra Trump y su muro podrían darse una vuelta por Melilla, y repetir desde la valla sus discursos tan progresistas. Resulta, en efecto, hipócrita despellejar a Trump y acto seguido asegurar que España es diferente, y que aquí sí debemos regular la inmigración. En fin.

En 1989, cuando cayó el Muro de Berlín, el gasto militar representaba el 26,5 % del gasto total. Después bajó considerablemente. Y Trump propone subirlo un poco, pero incluso con esa subida alcanzará el 15,6 % el año próximo, es decir, habrá caído prácticamente once puntos porcentuales en tres décadas.

Y, ¿qué decir del gasto social, supuestamente escuálido, y que el pérfido Trump quiere desmantelar? Pues que dos de cada tres dólares del gasto federal son gasto social. Lo que el presidente americano quiere hacer, como subrayó el Wall Street Journal, no es reducir el gasto social sino bajar impuestos y eliminar parte de las trabas burocráticas que padecen los empresarios y los trabajadores norteamericanos —no son tantas como aquí, pero son muchas y contrastan con la imagen de país liberal que habitualmente se propaga.

El gasto social en Estados Unidos —Medicare, Medicaid y la Seguridad Social— representaba en 1989 el 47,7 % del gasto total, y el año próximo, con los supuestos recortes salvaje de Donald Trump, llegará al…69,2 %.

En otras palabras, es todo un camelo: Trump subirá el déficit, con lo que planteará una vez más, igual que Reagan y otros, un problema si la economía no crece lo suficiente. Pero ese déficit, y el gasto público, no se explican por la defensa, ni por el muro, sino por el gasto social.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

La mentalidad capitalista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 26/3/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/la-mentalidad-capitalista/

 

Parafraseo el título de Ludwig von Mises para subrayar que, al revés de lo que nos cuentan, el liberalismo no solo no venció en el campo de los hechos, sino que tampoco convenció en el campo de las ideas. Las alegrías liberales asociadas con la caída del Muro de Berlín han resultado efímeras.

Sobre la base de la Encuesta Mundial de Valores, el economista e historiador argentino Carlos Newland ha construido un Índice de la Mentalidad Pro Libre Mercado para un grupo de países, y lo ha calculado para un periodo de más de dos décadas —“Is Support for Capitalism Declining around the World? A Free-Market Mentality Index, 1990-2012”, The Independent Review, primavera 2018.

Se observa que, efectivamente, las simpatías por el capitalismo crecieron en el mundo en los años ochenta y noventa, pero perdieron fuerza a partir del año 2000. En el 2012, el último de la serie, la mentalidad capitalista era más fuerte en Taiwán, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda y Australia. No parece, por tanto, que el capitalismo deba arraigar en una determinada cultura, porque los procapitalistas corresponden a una anglo-esfera pero también a una sino-esfera, que también incluye a la propia China, aunque con cifras menores.

En los países ex comunistas no hay mucho aprecio por el mercado libre, seguramente por la mala transición que se llevó a cabo en muchos de ellos. En América Latina el aprecio es bajo en Chile, Argentina y Uruguay, y curiosamente obtiene el mayor aprecio en Brasil: el populismo no ha prevalecido allí en el ámbito de los valores.

Europa tiene los mayores registros pro-mercado en Alemania, Suecia, Suiza, Noruega y Finlandia. España está a medio camino, pero estable, sin caídas. El más bajo es Turquía. En África secundan el mercado más en Ruanda y Zimbabue, pero mucho menos en Sudáfrica. Los países musulmanes son en general contrarios al capitalismo, en especial Argelia, Qatar, Libia, Irak, Egipto, Palestina y Jordania. Una excepción procapitalista es Yemen. En Asia están Singapur, India y Malasia en puestos intermedios.

El apoyo al capitalismo claramente baja entre 1990 y 2012, en una tendencia “gradual y continua, con lo que no puede ser atribuida la Gran Recesión de 2007-9”.

Los países con ideología más procapitalista suelen ser aquellos con economías más libres y competitivas, y habitualmente ricos, pero no necesariamente: Georgia y Ruanda, por ejemplo.  Hay países poco capitalistas y con poca libertad de mercado, como Argentina, y países anticapitalistas con bastante libertad económica, como Chile.

Aunque el panorama no es homogéneo, el profesor Newland observa que “en general una fuerte mentalidad capitalista coexiste con (y probablemente genera) un marco institucional favorable, como ilustran los países más ricos del mundo: EE. UU., Alemania y Japón”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Trump y el gasto social

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/5/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/trump-y-el-gasto-social/

 

Leí hace un tiempo en El País este titular: “Trump dispara el gasto militar y apuesta por el muro a costa de los programas sociales”. Convengamos que aquí hay destreza retórica para subrayar la perversión del personaje. Es evidentemente un matón, un hombre agresivo y belicista; además, es un xenófobo, porque pretende construir un muro, nada menos, con objeto de impedir la inmigración ilegal; y, por fin, quiere reducir el gasto “social”, es decir, el gasto que el Estado realiza con dinero que extrae a la fuerza de la sociedad. Vamos, que es lo peor de lo peor.

La propaganda y los prejuicios contra Trump son mayores que bajo ningún otro presidente americano de los últimos tiempos, salvo Reagan, también caracterizado en su día como el gran enemigo de la paz mundial, cuando resultó que fue el gran enemigo del mayor enemigo de la paz y la libertad en el mundo: el comunismo.

Un prejuicio notable, que recoge El País, es el de considerarlo un desalmado enemigo de los inmigrantes. Estuve recientemente en Melilla, y tuve la oportunidad de recorrer su conocida valla. Pensé entonces que todos los que en España se ponen estupendos contra Trump y su muro podrían darse una vuelta por Melilla, y repetir desde la valla sus discursos tan progresistas. Resulta, en efecto, sumamente hipócrita despellejar a Trump y acto seguido asegurar que España es diferente, y que aquí sí debemos regular la inmigración. En fin.

En cuanto al gasto, la manipulación también es destacable. Empecemos por el gasto militar. En 1989, cuando cayó el Muro de Berlín —no es casual la hostilidad de la izquierda hacia Thatcher, Reagan y Juan Pablo II—, ese capítulo representaba el 26,5 % del gasto total. Después bajó considerablemente. Es cierto que Trump propone subirlo, pero incluso con esa subida alcanzará el 15,6 % el año próximo, es decir, habrá caído prácticamente once puntos porcentuales en tres décadas.

Y ¿qué decir del famoso y benévolo gasto social, tan escuálido en Estados Unidos, y que el pérfido Trump quiere desmantelar? Pues que dos de cada tres dólares del gasto federal son gasto social. Lo que el presidente americano quiere hacer, como subrayó el Wall Street Journal, no es reducir el gasto social sino bajar impuestos y eliminar parte de las trabas burocráticas que padecen los empresarios y los trabajadores norteamericanos —no son tantas como aquí, pero desde luego son muchas y contrastan con la imagen de país liberal que habitualmente se propaga.

El gasto social en Estados Unidos —Medicare, Medicaid y la Seguridad Social— representaba en 1989 el 47,7 % del gasto total, y el año próximo, con los supuestos recortes salvaje de Donald Trump, llegará al…69,2 %.

En otras palabras, es todo un camelo: Trump subirá el déficit, con lo que planteará una vez más, igual que Reagan y otros, un problema si la economía no crece lo suficiente. Pero ese déficit, y el gasto público, no se explican por la defensa, ni por el muro, sino por el gasto social.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

EL ABORTO Y LA LIBERTAD RELIGIOSA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 29/4/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/04/el-aborto-y-la-libertad-religiosa.html

 

Una cosa es debatir el tema del aborto con un libertario que sostenga que la madre tiene la libertad de abortar conforme al art. 19, esto es, como una acción privada que no violaría derechos de terceros, y allí el debate es entonces si el embrión es persona o no.

Pero otra cosa es debatir sobre una ley de derecho al aborto como servicio gratuito y obligatorio que todas las instituciones de salud, públicas o privadas, estarían obligadas a proveer, sin aceptar siquiera la objeción de conciencia de un profesional que se negara a practicarlo.

Esto último es claramente totalitario y arrastra una mentalidad estatista que se ha extendido en todo el mundo, a saber, que el estado tiene el derecho de imponer sus planes en materia de educación y salud, sin tener en cuenta la libertad de asociación, la libertad de pensamiento y la libertad religiosa que todos los seres humanos tienen por ser tales.

Esto implica también el olvido sistemático de la noción de derechos individuales, y especialmente el derecho a la libertad religiosa.

Traemos este tema a colación NO porque la oposición al aborto sea una cuestión exclusivamente religiosa, sino porque las comunidades religiosas tienen el derecho a tener instituciones propias según sus propia visión del mundo, y ese es un límite básico a la omnipotencia gubernamental, so pena de convertirse, el gobierno que viole ese derecho, en violatorio ipso facto de derechos humanos tan proclamados como violados.

Se ha olvidado en todo el mundo, incluso en los creyentes, qué significa el derecho a la libertad religiosa. Casi todos lo aceptan bajo el supuesto de que las religiones son creencias irrelevantes desde el punto de vista racional y social. Por ende, haz lo que quieras, total no importa nada de eso.

Wrong.

La libertad religiosa no se basa en que el contenido de las religiones sea irrelevante, irracional o arbitrario, sino en el derecho a la libertad de conciencia, esto es, a seguir las propias convicciones sean acertadas o erradas, en tanto no violen otros derechos de terceros.

Por ende los que así sostenemos la libertad religiosa lo hacemos con la convicción de que alguien, sobre la base de su religión o su agnosticismo, puede hacer algo malo o erróneo, o bueno y verdadero, siempre que ello entre en el artículo 19 de la Constitución.

Por ende todos los que tratan de imponer obligatoriamente su propia visión del mundo desde el gobierno, no tienen idea de lo que la libertad religiosa significa. Ellos piensan: en lo importante, gobierno; en lo irrelevante, libertad.

Los liberales clásicos pensamos, en cambio: en todo, importante o irrelevante, libertad, excepto que se viole el derecho a la vida, propiedad o demás derechos individuales. Y si hay un gobierno, no es para imponer por la fuerza lo que debería ser propuesto libremente a través de la libertad de expresión, religión, asociación, etc.

Por supuesto que si hay un gobierno, tiene que hacer opciones morales en su organización constitucional, y sus legislaciones pueden estar basadas en un ethos cultural no estatal, pero no por ello sus funcionarios tendrán el derecho de violar directamente las concepciones del mundo derivadas de la libertad religiosa.

Por ende los proyectos de aborto que lo sostienen como un servicio obligatorio para instituciones incluso privadas, son intrínsecamente totalitarios y signos lamentables de un autoritarismo cultural que se ha extendido en todo el mundo, bajo el totalitarismo cultural de lo políticamente correcto, y un pensamiento único que, como vemos, NO se ha superado aunque Hitler haya sido vencido o el Muro de Berlín haya caído. No, Occidente ya no es el mundo libre que alguna vez fue. Como dijimos el Domingo pasado, se ha convertido en el dominio totalitario de un pensamiento único frente al cual toda disidencia, como por ejemplo esta, queda sospechosa de nuevos delitos tales como discriminación, ofensa, discurso de odio, etc., nuevos delitos inventados para acabar lentamente –sin la ingenua crueldad de totalitarismos anteriores- con las verdaderas libertades individuales que fueron fruto del ethos judeocristiano.

 

La libertad ya no existe. Ahora, sólo resiste…

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.