La guerra es un hecho tribal y primitivo:

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 31/10/13 en: http://www.laprensa.com.ni/2013/10/31/voces/168164-guerra-hecho-tribal-primitivo

“No veo ningún obstáculo para ser candidato en las próximas elecciones presidenciales”, dijo (el dictador sirio) Al Asad para quien, obviamente, el homicidio no es algo sacrílego y que clama contra la humanidad, seguramente argumentará —como los homicidas “legales”— que ejerce el derecho a la defensa propia, ya que la represión que desató asesinó a 115 mil personas. La familia Al Asad gobierna Siria desde los años setenta.

 

Pero la solución contra este tirano no es la violencia: ninguna guerra, a lo largo de toda la historia humana ha obtenido resultados positivos por mucha propaganda que haga el oficialismo. Ni siquiera la emblemática y hollywoodense Segunda Guerra Mundial (SGM) consiguió su objetivo de “terminar con la tiranía”, sino que, a un costo elevadísimo en vidas humanas, destrucción del mercado y cercenamiento de libertades, sustituyó a un tirano, Hitler, por otro, Stalin, quien desparramó el marxismo y la guerra fría por todo el planeta.

 

Amnistía Internacional denuncia crímenes de guerra en los ataques con drones. Por caso, el de Manama Bibi que estaba recogiendo verdura en Pakistán cuando un proyectil la pulverizó delante de varios nietos. “Nos preocupa que estos ataques hayan resultado en muertes ilícitas”, afirma el análisis, como si hubiera homicidios lícitos cuando, para la ley moral natural, no los hay. Entre 2004 y el pasado septiembre, Washington realizó unos 370 ataques de ese tipo en Pakistán, y se calculan hasta 600 civiles muertos. Y todo este delirio de muerte no consigue, finalmente, los objetivos deseados, como no lo hizo la SGM. Precisamente, la “primavera árabe” ayudada por los bombardeos de la OTAN es un gran fiasco. Todo empezó en Túnez que hoy, con el dictador Ben Alí derrocado, es una “prisión a cielo abierto”, con detenciones masivas de críticos al gobierno islamista del partido Ennahda, además de asesinatos y una recesión económica sin precedentes.

 

Mientras que la Libia “liberada” por los bombardeos de la OTAN está casi tan mal, y va para peor, que con Gadafi, Egipto retrocede a las peores épocas de Mubarak. La reciente propuesta de una ley restrictiva del derecho a manifestarse ha hecho aflorar las tensiones en una alianza gobernante heterogénea que va desde “liberales” hasta estamentos vinculados a Mubarak. Desde el 3 de julio la represión asesinó unas mil personas y otras 200 han muerto en ataques terroristas. Entretanto, los militares quieren ampliar sus prerrogativas constitucionales.

 

En fin, resulta increíble que a esta altura del desarrollo de la ciencia, la tecnología y el conocimiento humano todavía haya quienes promuevan ideas primitivas y tribales como la incoherencia de creer que “la violencia se puede detener con violencia” (¿?). De pequeño, creía lo mismo, era esperable viniendo de una familia de generaciones de militares. Pero luego, toda la evidencia empírica y científica me mostró que los métodos pacíficos son los únicos eficientes para detenerla. Como el imperio soviético, creado por la SGM y derrotado por la paz.

 

Al grito de “asesinos” fueron recibidas las autoridades en el funeral por las víctimas de Lampedusa, es que son quienes sostienen la ley Bossi-Fini, que criminaliza a los inmigrantes —que escapan de la primavera árabe— y a quienes los ayudan, demostrando con los hechos que, lejos de querer ayudarlos, según justificaban los ataques de la OTAN, los desprecian.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La primera vera que nunca fue:

Por  Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 3/7/13 en http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=39137&tit=la_primera_vera_que_nunca_fue#.UdVx448puDU.facebook

De haber habido primavera árabe hoy debería ser verano y, sin embargo, parece que fuera invierno o, al menos, otoño. En cualquier caso, estamos donde empezamos: en Egipto gobiernan los militares que sostenían a Mubarak y los “cambios” que las fuerzas armadas occidentales ayudaron a instalar en el norte de África son solo “buenas intenciones”.

No faltan razones para que los egipcios se hayan lanzado a protestar. Tras un año de presidencia, Mohamed Morsi empeoró las cosas desde las revueltas de 2011 que acabaron con los 30 años de Hosni Mubarak. El desempleo supera el 13% y es causado por las leyes laborales coactivamente impuestas, desde el gobierno, que impiden el desarrollo natural del mercado, la carestía de la gasolina y los habituales apagones de electricidad debido a un mercado energético encorsetado por regulaciones estatales que no le permiten desarrollarse, la escasez de productos, el abuso de poder y la promoción de sus aliados islamistas, los Hermanos Musulmanes.

Egipto tiene una larga historia de autoritarismo. En julio de 1952, militares liderados por Muhammad Naguib y Gamal Abdel Nasser derrocaron a Faruk I, último rey egipcio. Dos años más tarde el entonces Consejo del Mando de la Revolución acusó a Naguib de autócrata y de fortalecer la cofradía de los Hermanos Musulmanes, siendo obligado a dimitir, quedando Nasser que instauró una dictadura militar que perduró hasta la caída de Mubarak, que acalló a esta cofradía islámica.

Sucede que el desarrollo de todo el cosmos se realiza exclusivamente por maduración. Paso a paso crece la vida y la naturaleza, no por saltos radicales o revolucionarios. Un niño no pasa a adulto de golpe, sino creciendo de a centímetro. Las revoluciones, que siempre son violentas porque intentan forzar un cambio radical que espontáneamente, naturalmente no se dará, no solo que nunca logran ningún cometido sino que suelen empeorar la situación, porque este forcejeo interrumpe el crecimiento natural del cosmos.  

Desde la intervención armada de los gobiernos Occidentales en Libia, las cosas no mejoraron mucho. Más de 200 kilómetros de dunas, con las blanquísimas rocas calizas típicas del “Desierto Blanco” del Sáhara, separan a Egipto de la frontera Libia. Paraíso de contrabandistas, particularmente de armas, beneficiados por la desaparición de Gadafi. Pareciera que el destino final de parte de este contrabando es la franja de Gaza y Siria. Sin embargo, algo queda en Egipto provocando que los disturbios sean más violentos, mientras circulan rumores sobre la creación de milicias armadas.

Pero Occidente parece no aprender de sus errores, como cuando financiaban a la guerrilla de la que luego surgió el “peor enemigo”, el terrorista Bin Laden. Ahora parecen cada vez más dispuestos a ayudar a los violentos rebeldes sirios contra el tiránico Asad. Deberían considerar que, entre otras víctimas inocentes, un sacerdote católico ha sido decapitado en Siria, según la agencia de noticias vaticana. François Murad, de 49 años, fue desalojado del convento de Gassabieh cuando intentaba defender a unas monjas. Los autores del asesinato son rebeldes del Frente Al Nusra, un grupo islamista considerado por las Inteligencias occidentales como brazo de Al Qaeda. Según algunos se ha acentuado la persecución de los cristianos, el 10% de la población, casi dos millones de sirios que profesa alguna de las 11 confesiones reconocidas.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.