La estafa de la jubilación estatal de reparto

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/10/17 en:

 

Sería hipócrita no reconocer que el sistema de reparto es inviable. Esto lo saben hasta los políticos menos preparados, pero es políticamente correcto decir que hay que estudiar la forma de arreglar el problema

En Argentina y en el mundo, los sistemas estatales de jubilación de reparto están quebrados. Las razones son varias, pero fundamentalmente porque gracias a los avances de la medicina la gente vive más años, esto quiere decir que aumentó el stock de jubilados y la relación entre los que aportan al sistema previsional y los que están jubilados no alcanza para pagar jubilaciones del 82% móvil como demagógicamente dicen muchos políticos.

Cuánto vaya a cobrar un jubilado depende de varios factores: 1) la cantidad de personas en actividad que aportan al sistema previsional, 2) el salario real de esas personas y 3) el porcentaje de impuestos que sobre sus salarios pagan las empresas y los aportantes.

Para que el sistema pueda funcionar razonablemente bien, en principio debe haber 4 aportantes en actividad por cada jubilado. En Argentina tenemos 6,8 millones de jubilados y pensionados y 9,4 millones de empleados en relación de dependencia, entre empleados públicos y privados. Es decir, que tenemos una relación de 1,4 aportantes por cada jubilado. Suponiendo que sumamos también a los autónomos, monotributistas, monotributistas sociales y asalariados de casas particulares, tenemos 12,2 millones de aportantes lo que da 1,8 aportantes por cada jubilado. Es un cálculo medio trucho porque los aportes de los monotribustas y monotributistas sociales son monedas. Si aún nos esforzamos más e imaginamos que los 5 millones de personas que trabajan en negro pasan a trabajar en blanco, vamos a tener 17,2 millones de aportantes y 6,8 millones de jubilados, la relación será 2,5 aportantes por cada jubilado. Ni haciendo las cuentas más estrafalarias llegamos a la relación de 4 aportantes por cada jubilado.

¿Puede solucionarse el problema incrementando los aportes y contribuciones al sistema? Mi visión es que si se aumentaran los aportes y contribuciones crecería el trabajo en negro y la tasa de desocupación. Si con estos costos salariales las empresas no quieren tomar más gente, subirlo implicaría espantar más el trabajo en blanco. Hoy las erogaciones en jubilaciones y pensiones representan, aproximadamente, el 33% del gasto corriente de estado nacional. ¿Cuánto más puede aumentar ese porcentaje del gasto total? Y suponiendo que así fuera, el nivel de gasto público seguiría siendo asfixiante para el sector privado.

Sería hipócrita no reconocer que el sistema de reparto es inviable. Esto lo saben hasta los políticos menos preparados, pero es políticamente correcto decir que hay que estudiar la forma de arreglar el problema. Es como si quisieran hacer una multiplicación de los panes.

Antes de continuar es importante destacar un punto que la mayoría de los actuales jubilados no lo entienden. Suelen decir los jubilados: yo aporte toda mi vida al sistema previsional. Esa plata es mía y me corresponde.

El gran error, que ni los políticos se animan a aclarar, es que en un sistema de reparto no hay aportes que se contabilizan a una determinada persona. El sistema de reparto no es un sistema de ahorro. Cuando un jubilado dice que aportó toda su vida al sistema previsional no sabe que en rigor estuvo pagando un impuesto durante muchos años para sostener a los que estaban jubilados en ese momento y que ahora él no vive de lo que ahorró durante años porque no hubo ahorro, vive de los impuestos a la nómina salarial de los que están en actividad. El sistema de reparto es tan simple como eso. Unos pagan impuestos para mantener a los que están retirados y así generación tras generación.

En definitiva, la jubilación de reparto nace y se mantiene porque vienen los políticos y le dicen a la gente: Uds. son imprevisores, incapaces y no están capacitados para prever su vejez, de manera que nosotros, seres iluminados superiores al resto de la sociedad, nos vamos a hacer cargo de su jubilación para que cuando llegue el momento de retiro tenga un ingreso digno del cual vivir.

El resultado está a la vista, jubilados con ingresos miserables y más de un político con muy buenas condiciones de vida.

¿Cómo se jubilaba la gente antes que apareciera el político “iluminado? Comprando propiedades y cuando se retiraban vivían de los alquileres que le daban esas propiedades. La gente podría comprar cocheras, departamentos o locales comerciales para alquilar y vivir de esos ingresos cuando se retirara. Y esas propiedades podría comprarlas aquí o en el exterior si considera más seguro otro país para hundir sus ahorros y cobrar al momento de su retiro.

Es posible que el sistema de las AFJP no sea el óptimo, de todas maneras cabe resaltar que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad que está compuesto por los ahorros que teníamos en las AFJP y el estado nos confiscó, suman actualmente unos U$S 60.000 millones. En Chile, donde mataron el sistema de reparto y quedaron funcionando las AFP, manejan un stock de ahorro de largo plazo de U$S 186.000 millones. En Chile tienen un stock de ahorro de largo plazo 3 veces mayor al que tiene el FGS aquí. Esta monumental diferencia explica por qué a los jóvenes argentinos les cuesta poder acceder a una vivienda y en Chile solo tienen que ocuparse de encontrar el departamento que más les agrade. El crédito abunda porque han logrado acumular una enorme masa de ahorro de largo plazo que permite financiar hipotecas y todo tipo de préstamos, sobre todo para que las empresas puedan invertir.

Con este sistema de reparto tenemos la certeza que es imposible que matemáticamente los jubilados puedan cobrar el 82% móvil. Lo máximo que puede lograrse es que si se captan inversiones y mejora la productividad de la economía y disminuye la desocupación, mejoren los ingresos del sistema previsional y los jubilados actuales puedan tener un mayor ingreso, de todas maneras todo ese proceso lleva tiempo.

Lo máximo que se puede lograr es mejorar algo el ingreso de los jubilados actuales flexibilizando el mercado laboral para atraer inversiones y reducir el trabajo en negro, e ir pensando la manera de no someter a las futuras generaciones a este descarada humillación que es el sistema de reparto.

Dicho de otra manera, ¿Ud. le confiaría sus ahorros para cuando se jubile a Boudou, De Vido, Jaime, Moreno o CF? ¿No? Bueno, el sistema de reparto tiene ese riesgo.

Seguir dejando en manos de los políticos nuestra jubilación, es mínimamente demencial.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Candidatos: un conglomerado de progres y populistas

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/6/17 en: http://economiaparatodos.net/candidatos-un-conglomerado-de-progres-y-populistas/

 

Es una Argentina que parece haberse quedado sin opciones políticas para salir de esta larga decadencia

Es obvio que el Poder Ejecutivo no tiene facultades para dictarle la prisión preventiva a Cristina Fernández ni a ninguno de todos los sospechados de corrupción que se presentarán como candidatos a diputados y senadores, pero podría haber tomado una posición más firme a la hora de remover a Gils Carbó mediante un DNU por el cual estaba facultado para hacerlo y lograr que los fiscales investiguen en serio.

Algunos dicen que a Cambiemos le convenía que Cristina Fernández no fuera presa para polarizar la elección y derrotarla en la urnas para que quede totalmente fuera de combate. Si iba presa, al menos por prisión preventiva dados el monto y la causa por la cual está procesada, iba a victimizarse y generar más compasión en la gente. En cambio, si enfrenta las elecciones y es derrotada en las urnas, queda sepultada políticamente y encima tendrá que enfrentar los juicios por corrupción que le esperan.

La estrategia parece tentadora, pero el problema es que usar las urnas como sustituto de la justicia no es, me parece, la forma de encarar los problemas de este tipo. Ignorar el orden jurídico por conveniencia política puede terminar en sistema totalitario o en un país en que la justicia no impera y todo se resuelve con el voto, sin importar si la mayoría circunstancial respeta los derechos de una minoría.

La realidad es que el Congreso parece haberse convertido en una guarida donde los corruptos van a buscar la protección que le ofrecen los fueros que disfrutan los legisladores, que en rigor fueron creados para no ser perseguidos por sus ideas, no para ser un escudo que los ampare de la justicia a la hora de pagar sus fechorías en el gobierno.

Si uno mira las listas de candidatos a diputados y senadores, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en la provincia de Buenos Aires, se va a encontrar con una legión de progresistas y populistas. Es más, todos los primeros candidatos a diputado de la provincia de Buenos Aires, incluyendo a Cambiemos, llevan a un k o ex k en sus listas. Graciela Ocaña estuvo 5 años con el gobierno de los Kirchner. Es más, fue ministra de Salud cuando la crisis de la 125 que casi lleva el país a un enfrentamiento civil. Ya en ese momento se conocían las fechorías del matrimonio (las valijas de Antonini Wilson) y el proyecto chavista del kircherismo. Uno puede equivocarse en el candidato que acompaña, pero 5 años sin darse cuenta del proyecto autoritario no es creíble.

En CABA el progresismo domina la escena política. Carrió por Cambiemos, Lousteau, luego el peronismo con Moreno y toda esa corriente tradicional k y partidos de izquierda.

Si se observa el panorama electoral, no hay propuestas de partidos que hablen de reducir el gasto público, hacer una reforma tributaria que atraiga inversiones, reforma laboral y temas por el estilo. Están todos concentrados en redistribuir ingresos, es decir, en seguir metiéndole la mano en el bolsillo a la gente que trabaja en blanco para continuar financiando el clientelismo político.

En Cambiemos no se observa una convicción de cambio. El solo ejemplo de los subsidios por invalidez muestra la escasa convicción de cambio. Un escándalo de corrupción k que hizo aumentar en 1240% la cantidad de beneficiarios de pensiones por invalidez y Cambiemos estaba correctamente terminando con ese negocio de la invalidez que había armado el kircherismo. Pero hubo cinco gritos de los corruptos que no querían perder su negocio y arrugaron rápidamente. Ni siquiera supieron comunicar qué hacían y por qué lo hacían.

En definitiva, uno mira el horizonte electoral y no ve estadistas que piensen la Argentina 50 años hacia adelante. Solo miran cómo ganar la próxima elección ofreciendo más populismo.

Aquí no se ve una propuesta para recuperar un sistema monetario que no tenemos, un mercado de capitales para que haya crédito de largo plazo para que la gente pueda comprar propiedades, cómo limitar el poder de la AFIP o cómo eliminar regulaciones que obstruyen la producción. Solo hablan de redistribuir riqueza en vez de generarla.

Es una Argentina que parece haberse quedado sin opciones políticas para salir de esta larga decadencia. Esperemos que el tiempo haga cambiar la mentalidad estatista y redistribucionista que hoy impera en las mentes políticas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Superado el default, viene la decisión clave

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 24/4/16 en: http://economiaparatodos.net/superado-el-default-viene-la-decision-clave/

 

Superado el default, Macri tiene que tomar la decisión clave que lo pondrá como un político mediocre más o un gran estadista

Superado el default de 2001, el gobierno está esperanzado que a partir de ahora se produzca un fuerte flujo de inversiones hacia la Argentina que actúe como motor de crecimiento económico, sustituyendo al artificial incremento del consumo que utilizó el kirchnerismo durante 12 años.

No es función del economista adivinar el futuro. No está en nuestras habilidades conocer el futuro, solo podemos analizar las condiciones que imperan en la economía para definir si la política económica es consistente o no y, en este caso, si puede atraer inversiones o no.

Seguramente con la salida del default y sin tener a personajes como Moreno o Kicillof haciendo destrozos en las empresas con sus absurdas medidas, es probable que se pueda ver algo de inversiones. Porque es importante resaltar que si bien no coincido con varias de las ideas económicas del PRO, no puedo dejar de reconocer que sus funcionarios tienen el suficiente tino y conducta como para no hacer las barbaridades que hacían los k. Todo un avance respecto al negro período kirchnerista en la calidad de los funcionarios públicos.

El debate hacia el futuro es si con solo levantar el cepo vendrá un flujo de inversiones lo suficientemente importante como para poner de pie la economía.

Hay algunos interrogantes que surgen como para dudar si con solo salir del cepo habrá un tsunami de inversiones. En primer lugar, no me queda muy en claro que con la actual política impositiva pueda haber grandes flujos de inversiones. Los balances de las empresas siguen sin poder ajustarse por inflación y pagan una enormidad de impuestos a las ganancias. Incluso se pagan impuestos sobre utilidades inexistentes al no reconocerse el ajuste por inflación. La carga impositiva, más la legislación laboral que ahora quieren complicar y el retraso cambiario son algunos de los elementos que hacen dudar sobre el supuesto tsunami de inversiones. La economía argentina sigue sin ser competitiva por la carga tributaria, el ineficiente gasto público y las regulaciones económicas como la laboral.

El segundo punto es si la idea es atraer inversiones para salir a competir en el mundo exportando o solo para abastecer el mercado interno. En este sentido el discurso del gobierno ha sido confuso. Por momentos Macri ha afirmado acertadamente que la economía argentina tiene muchas oportunidades para crecer exportando sus productos y por momentos tiene un discurso desarrollista y proteccionista afirmando que no entren productos para competir con los productores locales. Con este concepto proteccionista se está diciendo que no van a hacerse reformas estructurales que hagan competitiva a la economía argentina y, por lo tanto, la producción estaría, fundamentalmente, destinada al mercado interno.

Ahora bien, si la idea es invertir para solo abastecer el mercado interno y solo exportar las sobras (los saldos y retazos como los llamó Domingo Cavallo en los 80) no veo un flujo de inversiones muy grande para abastecer un mercado de solo 41,5 millones habitantes de los cuales cerca del 30% son pobres y otra parte indigente. ¿Qué tipo de inversiones se necesitan para abastecer un mercado con escaso poder de compra y una enormidad de pobres?

Argentina sigue siendo cara en dólares porque el tipo de cambio real está retrasado. Basta conversar con cualquier argentino que viaje al exterior o extranjeros para advertir que encuentra cara en dólares a la economía argentina. Eso es producto de que los precios en pesos aumentaron más que el tipo de cambio nominal, volviendo al viejo truco de anclar el tipo de cambio nominal para frenar la inflación.

Cabe preguntarse también si con esta fenomenal tasa de interés del 38% que rinden las LEBACs que emite el BCRA, contra un dólar que no  solo no sube sino que baja lo cual determina un rendimiento del 38% anual en dólares como mínimo, alguien puede intentar invertir en una economía que ha entrado en un proceso recesivo o, para ser optimistas, se mantiene estancada. En gran parte por la herencia recibida y en parte por errores en el diseño de la política económica del actual gobierno, la actividad económica no reacciona y el gobierno espera que, habiendo arreglado con los holdouts, empiecen a llegar esas inversiones que moverán la economía.

Francamente no veo que con este tipo de cambio real artificialmente tan bajo y sin profundas reformas estructurales que mejoren la productividad de la economía, la inversión esperada sea realmente la salvación de la economía argentina.

En mi opinión Macri está muy bien orientado en apostar a la inversión como el motor del crecimiento. Es el proceso lógico para tener un crecimiento sostenido. Primero las inversiones que generen puestos de trabajo y mejoren la productividad. Entre la mayor productividad y demanda de mano de obra hay crecimiento del consumo y mejora en el nivel de vida de la población. Es decir, primero vienen las inversiones y luego la mejora del salario real. Ese es el orden lógico de todo proceso económico sostenible en el tiempo.

Ahora bien, como va a llevar tiempo recuperar el salario real destrozado por el kirchnerismo, apostar a inversiones solo para el consumo interno no parece la opción correcta. El camino debería ser apostar a inversiones que busquen exportar. Obviamente que Brasil está en serios problemas políticos y económicos, pero sí se puede entrar en un tratado de libre comercio del MERCOSUR con la UE y que Argentina apueste a entrar al Acuerdo de Asociación Transpacífico con lo cual tendrá abiertas las puertas a importantes mercados. Eso solo alentaría inversiones de empresas que buscarían posicionarse hacia el futuro. Obvio que para lograr la competitividad necesaria habrá que hacer reformas estructurales, que también, seguramente, llevará un tiempo implementarlas. Pero apuntando al mundo como una oportunidad para crecer en vez de seguir viéndolo como una amenaza agregaría más optimismo al ya existente luego de la salida de la asociación ilícita que fue el gobierno de los k y haber regularizado la deuda externa saliendo del default.

Ahora viene el desafío más grande para Macri que no consiste en implementar todas las medidas de un día para otro. El desafío mayor consiste en establecer la estrategia de crecimiento de largo plazo. Si la apuesta es seguir jugando el picado del barrio, entonces continuaremos sumergidos en la pobreza.

Si la apuesta consiste en incorporarnos al mundo exportando e importando, entonces habrá que decirlo y comenzar con las reformas estructurales que permitan ganar en serio en competitividad.

Si Macri opta por la primera alternativa, será un político más de los mediocres que pasaron por el país durante los últimos 80 años. Si apuesta por la segunda alternativa, aunque bajo su gobierno no se concreten todos los objetivos, podrá ponerse el traje de estadista.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Economía: los interrogantes de la estrategia elegida

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 21/3/16 en: http://economiaparatodos.net/economia-los-interrogantes-de-la-estrategia-elegida/

 

Esa confianza inicial que tiene el gobierno es un capital político que yo lo invertiría para pagar el costo político de aplicar medidas “políticamente incorrectas”

No son pocas las veces que al ser entrevistado por algún periodista sobre el tema fiscal, afirmo que hay que bajar el gasto público. La respuesta inmediata es: ¿no hay otra forma de ordenar las cuentas públicas sin un ajuste salvaje? Utilizar la expresión ajuste salvaje ya refleja que se están usando frases hechas sin saber muy bien cuál es el problema. Pero avancemos un poco más en el diálogo con el periodismo.

Cuándo me preguntan si es necesario el ajuste salvaje, inmediatamente repregunto si quieren mantener esta carga impositiva. La respuesta automática del periodista es que no. Que la gente no puede seguir pagando estos impuestos. Obsérvese la primera contradicción. No quieren el “ajuste salvaje” pero tampoco quieren que la gente siga pagando estos impuestos disparatados. Ni se plantean cómo se financia el gasto público.

Cómo no saben cómo se financia el gasto, la nota pasa a ser un acto de docencia y entonces le pregunto al periodista: ok, si no financiamos el gasto con impuestos, ¿lo financiamos con emisión monetaria e inflación? Automáticamente saltan y dicen que bajo ningún punto de vista está proponiendo aumentar tasa de inflación.

¿Entonces nos endeudamos para financiar el gasto público? Le pregunto al periodista que se niega al ajuste salvaje del gasto y la respuesta es: nooo, no podemos endeudarnos.

En definitiva, no se entiende qué quieren de la vida. Por un lado no quieren bajar el gasto público porque tendría un costo social de gente desocupada, que en rigor ya es desocupada porque no produce nada útil para la sociedad, pero, al mismo tiempo quieren bajar los impuestos, la inflación y el endeudamiento.

Describo esta situación para mostrar que no solo entre los políticos hay populismo y discurso vacío. También encuentro bastante demagogia y verso por parte de periodistas que en vez de tratar de transmitirle la realidad de las cosas a la gente, juegan al populismo mediático.

Pero justamente siguiendo con el tema fiscal, no me queda muy en claro cómo va a resolverlo el gobierno. Por ahora parece apostar a la obra pública financiada con deuda externa para reactivar la economía al estilo keynesiano. Ahora bien, supongamos que durante un tiempo reactivan la economía, recaudan más impuestos, no bajan el gasto público pero la mayor recaudación les permite cerrar algo la brecha fiscal. El  día que se acabe el crédito externo para financiar la obra pública, se acaba la recaudación y la brecha fiscal vuelve a crecer. Es cierto que puede tirar un tiempo más tomando deuda externa para hacer obras públicas, pero también es cierto que es solo patear la pelota para adelante sin solucionar el problema de fondo. Al contrario, los intereses a pagar por la deuda aumentarán el gasto público dejando un problema mayor hacia el futuro.

Tampoco convence el argumento de Macri que con la confianza se resuelven los problemas porque se atraen las inversiones que harán crecer la economía en el largo plazo.

Es cierto que no hay posibilidad alguna de generar un flujo de inversiones hacia el país si no hay confianza, pero recordemos que la confianza es una condición necesaria pero no suficiente para atraer inversiones.

Sin duda que el ambiente de negocios ha cambiado notablemente desde que Macri ganó las elecciones. Hay otro clima de convivencia. Trato respetuoso por parte de los funcionarios públicos. Certeza de que los funcionarios del gobierno no cometerán las locuras que cometían personajes como Kicillof, Moreno o Aníbal. En definitiva, mayor racionalidad en los actos de gobierno.

Sin embargo, ese impulso inicial de mayor confianza, que incluso parece estar reflejándose en las encuestas que muestran muy alta la imagen del gobierno y creciendo, no es sustituto de las reformas estructurales. Y tampoco van a llegar las inversiones solo por la confianza inicial que está generando el gobierno.

Esa confianza inicial que tiene el gobierno es un capital político que yo lo invertiría para pagar el costo político de aplicar medidas “políticamente incorrectas” pero que son las que se necesitan para ir hacia el crecimiento.

Francamente no creo que vayan a llegar las inversiones con esta carga tributaria, con esta inflación y con esta incertidumbre cambiaria. El mejor clima de negocios y el ambiente político más amigable induce a analizar con mayor interés posibles inversiones en Argentina, pero que esos análisis se transformen en acciones concretas es otra historia.

Y aquí viene la gran pregunta: ¿es posible atraer inversiones sin profundas reformas en el sector público? Hubo casos de países que lograron crecer eliminando regulaciones y aplicando reducciones de impuestos sin tocar gran cosa el gasto público, pero en esos casos no se estaba en niveles de gasto público y presión tributaria récords como las que dejó el kirchnerismo. Mi duda es si con este nivel de gasto público y presión tributaria heredada del kirchnerismo es posible hacer crecer la economía.

Puesto en otras palabras: ¿pueden atraer inversiones de largo plazo en el sector real de la economía sin bajar la presión impositiva y la actual tasa de inflación? Y si no se pueden atraer inversiones con esta inflación y carga tributaria, ¿es posible bajarlas sin reducir el gasto público para atraer inversiones?

Creo que el camino elegido por Macri deja muchos interrogantes por delante que podrían deglutirse la confianza que actualmente genera el nuevo gobierno pero sin los beneficios de la inversión.

Nadie duda que un recorte de gasto público importante produciría conflictividad política y social. La pregunta es si el camino elegido por el gobierno no dilapida la confianza que hoy tiene pero llegando al final del camino sin confianza y sin reformas estructurales.

Tal vez me equivoque, pero tenemos dos problemas: 1) desconocemos el plan económico de corto y largo plazo y 2) observo un problema de comunicarle a la gente los problemas heredados y el camino a seguir que abriría la esperanza de un país mejor.

Obviamente, mi punto de vista es para el debate.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Plan global versus medidas aisladas

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 10/3/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1878076-plan-global-versus-medidas-aisladas

 

Pasados 3 meses desde que Mauricio Macri asumió la presidencia, es indudable que el clima tanto político como económico ha cambiado. Se terminaron los discursos desde el atril y por cadena retándonos y se pasó al diálogo.

Por otro lado, los profesionales nombrados en el área de Economía no van a actuar como Kicillof, Moreno y compañía, lo cual disminuye el grado de incertidumbre de los agentes económicos.

El discurso del presidente Macri el 1° de marzo ante el Congreso, de unos 60 minutos, hizo una necesaria descripción de la herencia recibida de los 12 años del populismo k. Seguramente no fue todo lo extensa que debería haber sido y, posiblemente con razón, porque describir la destrucción económica del kirchnerismo hubiese insumido demasiadas horas. Sigo creyendo que la gente todavía no tiene conciencia o desconoce la profundidad del destrozo económico institucional de estos 12 años. En 30 minutos Macri describió, a grandes rasgos, la herencia recibida. La segunda media hora la dedicó más a formular algunas propuestas de reforma electoral, de la justicia y educación.

Entre las declaraciones de estos 3 meses y el discurso del 1° de marzo uno puede concluir que el nuevo gobierno no parece tener en mente presentar un plan económico global, anunciado de una sola vez de manera de orientar el rumbo económico. No estoy diciendo que todo tiene que ser anunciado y aplicado en 24 horas, me refiero al rumbo económico que va a aplicar el gobierno. Qué se va a hacer en materia fiscal, tanto por el lado del gasto como de la carga tributaria y el mismo endiablado sistema impositivo hoy vigente, la integración económica al mundo, cómo se va a reducir la inflación, etcétera.

Que el ministro de Hacienda diga que el gasto va a disminuir 1,8 puntos del PBI no dice demasiado. Primero, porque dudo que alguien sepa cuál es nuestro real PBI, segundo porque no se explica en qué rubros se va a reducir el gasto y tercero porque, tomando el PBI que uno imagina que están tomando, luce bastante poco para el nivel de descontrol fiscal que se heredó del kirchnerismo, lo cual conduce a pensar que no es tan claro que la inflación pueda ser dominada durante el año en curso.

La estrategia del gobierno parece apuntar a ir anunciando medidas aisladas. Atacando problemas puntuales de la economía. Por ejemplo, anuncia un aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias para los que trabajan en relación de dependencia, pero desconocemos si se piensa permitir el ajuste por inflación de los balances de las empresas dado que siguen pagando impuestos sobre utilidades inexistentes y si los autónomos van a seguir siendo explotados impositivamente como hasta ahora. No son temas menores porque con esta carga tributaria y con este sistema impositivo no es fácil imaginar ese flujo de inversiones en el sector real de la economía que tanto le hace falta a la Argentina y al que apuesta el gobierno de Macri.

No creo que el camino para salir del desastre heredado consista en medidas puntuales. Es más, considero que pueden llevar a contradicciones. Por ejemplo, se aumentan las tarifas de energía y el gasto público bajará unos $ 100.000 millones en subsidios, pero, al mismo tiempo, la ausencia de un plan fiscal consistente se traduce en un aumento del stock de LEBACs que tomando una tasa promedio del 30% anual se traduce en un gasto público de $ 120.000 millones. En todo caso el costo político de corregir la distorsión tarifaria que dejó Cristina Kirchner se diluye en un aumento del gasto cuasi fiscal. Por eso insisto que tratar de dominar la inflación con endeudamiento del BCRA vía LEBACs aumenta el gasto público y genera un problema adicional a futuro además de los heredados y eso se debe a la ausencia de un plan en el flanco fiscal que corrija estructuralmente el déficit.

La ventaja de anunciar un plan económico en su conjunto y de una sola vez consiste en evitar este tipo de contradicciones dentro de la política económica y, al mismo tiempo, despeja el horizonte de los agentes económicos. Además, si es bien comunicado y tiene consistencia, el cambio de expectativas puede acelerar la recuperación económica disminuyendo el costo social de pagar la cuenta que dejó el kircherismo. Dicho de otra manera, es más duro para la gente soportar una política gradualista como la que parece proponer el gobierno que una política de shock que muestre un camino concreto, adoptando medidas más rápidamente, en forma coordinada, con mayor profundidad y en forma global.

Insisto, creo que la receta gradualista y sin un plan concreto tiene un costo social mucho mayor a un plan económico de shock, entendiendo por plan de shock anunciar en una sola vez todas las medidas que se irán tomando.

Las variables económicas no funcionan en compartimentos estancos. Están todas relacionadas y, si uno toca una variable, inevitablemente impacta en el resto. Un buen plan económico tiene que contemplar justamente esa interrelación, algo que no se logra anunciando medidas aisladas.

Por supuesto que se podrá argumentar las restricciones políticas que puede tener Macri, restricciones que uno no puede ignorar. No obstante a veces las restricciones políticas son más temores a adoptar ciertas medidas económicas que restricciones reales.

Como dicen Willam Hutt en su libro El Economista y la Política: “Muchas veces los economistas terminan asesorando a los políticos en base a la supuestas restricciones políticas, para que los políticos terminen actuando como si no los hubiese asesorado un economista”. Cuando los economistas terminan aceptando un alto grado de “restricciones políticas” el plan económico que arman es una serie de parches con medidas inconsistentes.

Por otro lado, suponer que la política prevalece por sobre la economía implica no recordar que los gobiernos que han fracasado en Argentina, fracasaron por comprar el argumento de lo políticamente incorrecto y naufragaron por la economía.

En síntesis, no está en debate la incomparable mejora que hay en los funcionarios públicos y el mismo presidente comparando con lo que tuvimos en los 12 años. Lo que está en debate es si las medidas que se están adoptando responden a un plan global y si tienen la suficiente intensidad y profundidad como para dominar el enorme destrozo económico heredado.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El nuevo buzón de la policía de los precios

Por José Benegas. Pubicado el 15/2/16 en: http://josebenegas.com/2016/02/15/el-nuevo-buzon-de-la-policia-de-los-precios/

 

El lanzamiento de un sistema “cool” de control de precios llamado SEPA (cuya función es que no se sepa nada), desnuda el lado más vulnerable del gobierno de Macri. Justamente aquél en el que se juega la vida de la gente. Hay una seria confusión entre cosas poco o mal definidas como “ajuste” y otras de las que es asombroso que no se haya aprendido en la Argentina, como precios e inflación.

Hay 4000 años registrados de experiencias de controles, búsquedas de fantasmas, persecuciones y castigos por algo llamado “precio” que fundamentalmente la economía matemática confunde con meros números. Pero detrás del precio está la libertad misma. Si esto a alguien le parece exagerado, no está entendiendo de qué estamos hablando, por eso es imposible que pueda hacer un juicio sobre por qué Macri está siendo llevado directo a una crisis, por un equipo económico que no le sirve ni a él, ni a la gente.

El socialismo ha fracasado y fracasará siempre porque no entiende los procesos del mercado. El control político hace imposible el cálculo económico como mostraron Mises y Max Weber hace muchos años, justamente porque carece de precios. El lugar que ellos ocupan en la economía fue reemplazado por la decisión política de “buenas” intenciones que terminan siempre en violencia física. Llegaron a imitar precios de las economías de mercado, lo cuál es una supina ignorancia, porque los precios son distintos en distintas circunstancias, no son un número mágico a descubrir, sino el resultado de la experiencia sin magia. Pero de la experiencia específica y concreta de los que actúan, no de los estudiosos de ninguna ciencia conocida.

Kicillof, dada su formación marxista, pensaba que con el nivel actual del desarrollo informático aquella experiencia soviética hubiera terminado de otra manera. El pensaba que al socialismo lo que le faltaba era tecnología. Tecnología que fue luego inventada por el capitalismo, parece que el socialismo siempre depende de su paradigma opuesto.

Totalmente equivocado Kicillof, no menos que los actuales responsables de la conducción económica que han dicho que ahora existen las herramientas para controlarlo todo online, en tiempo real. Para ellos Moreno era muy analógico tal vez. Un error de proporciones dramáticas y triste.

Precio implica que el que hace o da, lo hace voluntariamente. Es un tema moral por supuesto, pero a nadie le interesa el problema moral, ni siquiera al actual papa, menos le podemos pedir a los economistas. El problema es que esto mucho más que moral, es todo el secreto por qué el capitalismo triunfa, el socialismo fracasa, tenga o no computadoras. Que el precio suponga voluntad, lo convierte en la mayor, única herramienta de cálculo del comportamiento económico de millones de personas. Ese número no tiene vida propia, sino que nos dice con mucha precisión si otros van a vender o comprar, nos van a contratar o no. Permite, fuera de todo verso, saber lo que la gente quiere y qué está dispuesta a sacrificar para tenerlo. Dato que para los socialistas ni importa, todo vale por si mismo y qué haya que dejar de lado les parece que ni existe como problema.

Dicho lo anterior, las palabras pueden usarse de los modos más arbitrarios, pero precio libre es una redundancia y precio sin libertad o “precio controlado” un oxímoron. Espero haber sido hasta acá lo suficientemente claro para que nadie piense que estoy haciendo un problema semántico, de esto depende todo, incluso el futuro de este gobierno y del país, siempre tentado a abrazarse a los delincuentes cuando vienen las tormentas.

Al que le interese esta explicación la hice más detalladamente en mi libro “Hágase tu voluntad. Bajar del cielo para conseguir un cargador de iPhone”.
Comprender esto es comprender al capitalismo: el sistema de precios nos permite conocer una larga, interminable y hasta inimaginable red de voluntades, sobre las cuales es posible hacer cuentas, asumir riesgos, invertir ahorros, comprar, vender, trabajar. Justo por ser voluntades, es lo que más importa. No es que sabemos “qué es bueno para la sociedad” o consignas de ese nivel de soberbia. De lo que nos enteramos es qué es lo que la gente que necesitamos hará, porque, acá viene el gran dato, se muestra dispuesta por si misma a hacerlo. El problema del control es que cuando más fracasa, es cuando tiene éxito. Consigue que ahora alguien obedezca por amenazas o presiones a cambio de que tal cosa no vuelva a ocurrir.

Un funcionario le llama a un número obligatorio de intercambio de una moneda por un bien o servicio “precio”. Unos lo hacen en una libreta, otros en una aplicación de última generación, pero el error es igual. Claro que por el uso de la fuerza puedo obligar a Carlitos a suministrar el arroz al supermercado a 5 hoy. Muy difícil que lo pueda repetir mañana, ni siquiera con un grado mayor de violencia, porque Carlitos no se comportará igual que si lo dejaran hacer lo que quiere. Y solo estamos frente a la dificultad del primer y más a la mano eslabón de la cadena. Faltan las innumerables personas que intervienen en el proceso de producción del arroz, desde las máquinas para cosecharlo,  los sombreros y los guantes de Carlitos y todo aquello con lo que contaron todos los tipos que siguen en cada una de esas ramas que se abren a cada paso del proceso productivo, que es imposible de abarcar incluso con la imaginación. Para entender de qué hablo, nada mejor que el memorable ensayo de Leonard Read “Yo, el lápiz”, del que abajo les dejo una adaptación a video. Esa es la complejidad que ningún planificador podrá imitar jamás.

Incluso la versión blanda de todo esto es contraproducente, no digo inútil. La mera presión ejercida por declaraciones de funcionarios, la vigilancia, la propuesta al público para que considere enemigos a los que producen, distribuyen, venden. Eso solo podrá producir satisfacciones al ego burocrático o al inflamado odio de los consumidores, pero pasa por encima del sistema de voluntariedad, hace a la gente que actúa en el mercado moverse por otra cosa que por sus propias ganas, de manera que no podemos ya dar por sentado que su comportamiento se mantenga o sea previsible. No, no hay otro camino al respeto para el crecimiento, lamento informarles. Aunque esto se haga con fines propagandísticos, el daño ocurre igual. Recordemos que hasta Nestor Kirchner de alguna manera entendía que no debía alterar los precios. El optó por falsificar las estadísticas en un principio, pero así inició el camino que llevó a Moreno, porque es inexorable que la mentira termine en cazas de brujas.

Por supuesto, la perversión mayor del caso es que la inflación es producida por el aumento de la masa monetaria para que le gobierno haga frente al gasto público. Mientras te sugiere vigilar al supermercado, nadie tiene una cámara en el proceso inflacionario que ocurre en el Banco Central. Como hay más moneda, las personas que actúan de acuerdo a lo que quieren, ya no puede obtener lo mismo por lo que venden o brindan y comienzan a ajustar sus decisiones al nuevo valor de la moneda. Después vienen los cazadores de brujas a caer sobre ellos. Entonces la cuestión se pone cada vez peor, porque a la economía desorganizada por la inflación, se le ponen más obstáculos para volver a organizarse, repito, en base a voluntades. La ambición es reemplazada por el miedo y el miedo es uno de los componentes que más encarecen una economía.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.