“La gestión de Macri es muy floja, tímida”

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado en “El País” de Montevideo, Uruguay.

 

Estuvo en Montevideo para dar una charla invitado por la Cámara de Comercio. Cree que el gobierno argentino no ataca los problemas de fondo que dejó el kirchnerismo y corre el riesgo de dilapidar su capital político.

—¿Cómo evalúa la gestión del presidente Mauricio Macri?

Tiene lo que considero un activo (no debería ser así porque debería ser normal) y es que no hay corrupción. Hemos estado acostumbrados a corrupciones horribles. Por eso lo aplaudimos. Respecto a la gestión, es muy tímida y muy floja. La gente tiene problemas graves para llegar a fin de mes y hay problemas sociales. Esto es consecuencia de que le arrebatan recursos. ¿Quién arrebata recursos? En gran medida, es el aparato estatal. Cuando se dice que el Estado tiene que hacer esto o lo otro…, ningún gobernante pone de su peculio. Es el vecino el que está pagando. Todos nosotros, más cerca o más lejos, venimos de la miseria, venimos de las cuevas, venimos del mono y el esfuerzo para mejorar es respetar la choza que se hizo el otro, es respetar el derecho de propiedad, es respeto recíproco por los proyectos de vida del otro, aunque no nos gusten y no los compartamos. Yo creo que el test máximo de la tolerancia se da cuando no compartimos el estilo de vida de otro, pero lo respetamos siempre y cuando no lesione derechos de otros. El viernes 21 de abril sacamos una carta en el matutino La Nación de Buenos Aires cinco colegas, diciendo una vez más que no se trata de hacer más eficiente el gasto público porque si algo es malo y es eficiente es mucho peor. No se trata de podar el gasto porque, igual que en la jardinería, crece más fuerte. De lo que se trata es de eliminar de cuajo ministerios, secretarías, reparticiones, subsecretarías que no sirven para proteger los derechos de la gente sino para conculcarlos.

—Voceros del gobierno dicen que se esperará a las elecciones legislativas de octubre para comenzar a abatir el déficit fiscal. ¿Qué le parece?

Ahora la nueva receta parece ser esperar a las elecciones. A mí me parece que quizás los liberales no mandamos bien el mensaje de la conexión que hay entre las malas políticas económicas, el derroche, un Leviatán muy adiposo y el salario de la gente.

Me parece que es muy importante abrir las economías, establecer sistemas competitivos y eliminar esos ladrones de guante blanco que son los empresarios que tejen alianzas con el poder. Es el gobierno de los últimos 70 años en la Argentina. Argentina desde la constitución liberal de 1853 hasta el golpe fascista de 1930 era la vanguardia del mundo libre, en los primeros puestos de salarios e ingresos del peón rural y del obrero de la incipiente industria. Toda la debacle comenzó con el golpe nazi-fascista del año 30 y se acentuó muchísimo con el peronismo. No se trata de malos y buenos, se trata de ideas, valores y principios para salir de este marasmo. El tema es el gasto público.

—¿Pero cómo puede conciliar Macri la necesidad de consolidar su poder y tener un buen resultado en octubre con la de reducir el déficit fiscal?

El político si tiene sentido práctico va a tratar de apuntar a lo que la opinión pública puede digerir y no ir más allá porque empieza a perder votos. El político que se sube a la tribuna y dice “yo voy a hacer lo que me da la gana y no me importa lo de la opinión pública” está perdido como político. El profesor que entra a una clase y dice “yo voy a averiguar lo que quieren los alumnos para decirlo”, está perdido como profesor. Ahora, (Douglas) MacArthur, en un terreno distinto, en el militar, decía “si uno es comandante, tiene que comandar, y si no mejor que se vaya a su casa”. La tarea no es explicar porqué las cosas no anduvieron. El asunto es hacer. El premio Nobel de Economía Milton Friedman decía que si un gobierno quiere rectificar algunos rumbos, lo tiene que hacer entre los primeros seis y diez meses de su gestión, cuando está en la luna de miel. Si se permite sufrir un desgaste y que la oposición se reagrupe, es cada vez más difícil.

—¿Macri ya perdió la oportunidad?

Yo quiero creer que no perdió la oportunidad a raíz de este oxígeno que fue la marcha del 1° de abril. Pero he dicho que no se la debe tomar como que haya sido un apoyo a Macri, sino que debe ser tomada como una defensa de la República y del sistema democrático debido a los comentarios que se han hecho diciendo que el presidente se tiene que ir en helicóptero, como Fernando de la Rúa.

Comparto que hay que tener cuidado y equilibrio, pero en lugar de tener un gasto público a 100, no digo bajarlo a 30, pero al menos a 99, para por lo menos marcar un rumbo para decir “estamos en esa dirección, no nos pueden decir que no trabajamos sobre el gasto público porque hemos hecho tales y tales cosas”.

—Hay quienes dicen que el macrismo es “kirchnerismo con buenos modales”.

Yo comparto eso. No están en cadena nacional, a los gritos e insultando. Eso no lo tiene este gobierno. Pero cuando se pierden las oportunidades, es una pena enorme. El déficit fiscal es ahora de ocho puntos del producto, más alto que en la época de (Néstor) Kirchner. Cuando Thomas Jefferson era embajador en París y le llevaron la constitución nueva de Estados Unidos dijo que si tuviera que cambiarle algo diría que debería prohibir la deuda pública. Usando términos futboleros, se está pateando la pelota para adelante. Se está comprometiendo el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera habrán elegido a los gobernantes que contrajeron la deuda. La presión fiscal en Argentina es una de las más altas del mundo. La gente tiene que trabajar entre seis y siete meses al año para mantener el aparato estatal. Eso es lo que hay que modificar y cuando antes mejor.

—¿Pero el gobierno no ha tenido algún éxito en mejorar el clima para la inversión, en dar más estabilidad?

Yo no veo ninguna regla estable. Todos los paros que ha habido muestran una cosa muy zigzagueante. Está bien abrirse al mundo, pero uno se tiene que preguntar ¿para qué abrirse al mundo, para mostrar la misma cosa populista, para mostrar kirchnerismo con buenos modales o para mostrar otra cosa? Para mostrar otra cosa hay que arremangarse y mostrar otro rigor. Dejémonos de frases vacías, como “juntos podemos”. Mejor como decía (José) Ortega y Gasset, decir “argentinos, a las cosas”. Trabajemos para rectificar los temas lo antes posible. Yo creo que Macri está muy consciente de eso.

—¿No cree que hay en la región un retroceso del populismo que puede llevar a políticas más de libre mercado?

Es cierto que hay signos interesantes. Por ejemplo, en el Perú. Hay otros signos que no son tan atractivos como lo que está pasando con el tema de la seguridad social en Chile. Hay que explicar que el sistema de reparto de la seguridad social es una estafa. Es un sistema que actuarialmente no resiste. El sistema de capitalización donde cada uno pone de sus recursos y hay competencia y mercados abiertos me parece lo normal y lo atractivo. Ahora se está por revertir en Chile.

—La aplicación del liberalismo económico quedó asociada en Argentina con la dictadura.

Fíjese que creo que no, porque los mismos representantes y ministros de ese régimen horrible que usted señala, nunca se han declarado liberales. Han salido siempre a decir “yo no tengo nada que ver con el liberalismo”. Por ejemplo, José Martínez de Hoz, aumentó brutalmente el gasto público. Lo demás son anécdotas. ¿Cómo fue el aparato estatal? ¿Fue más grande o no? La deuda aumentó, el gasto aumentó, hablaba de privatizaciones periféricas. Nadie sabe qué quiso decir.

—El menemismo privatizó, pero quedó asociado con la corrupción.

Exactamente, no tuvo nada de liberal. Se pasó de monopolios estatales a monopolios privados. Los ferrocarriles tenían un déficit de US$ 365 millones, se privatizaron y acto seguido el gobierno subsidió el monopolio.

—¿ Cómo ve a Uruguay que está tan marcado por el batllismo?

Uruguay era la Suiza de América Latina hasta que empezó a imitar un poco a los argentinos. Pero yo creo que mantuvo y mantiene, a pesar de todas las críticas que se puedan hacer, un respeto por las instituciones, esto de la cordialidad y los modales, la educación. Es una cosa que, no sé qué pasará en el futuro, todavía caracteriza al Uruguay. Observamos la relación del fuerte con el débil, del que está manejando el auto con el peatón. Frenan diez metros antes y si alguien agradece es porque es argentino y está sorprendido. Los uruguayos lo toman como una cosa natural y de respeto. Por supuesto que se ha engrosado el gasto público, un tercio son funcionarios públicos, un tercio son jubilados y solamente un tercio trabaja. Además entre los 30 y los 40 años muchos uruguayos están yéndose a otra parte. Ramón Díaz (quien presidió el Banco Central del Uruguay), a quien admiraba mucho, tenía un libro muy atractivo que era la “Historia Económica del Uruguay” que muestra que Uruguay estaba también rumbeado hacia destinos muy atractivos. Hay que imaginarse como serían Argentina y Uruguay si tuvieran marcos institucionales previsibles, si hubiera un respeto irrestricto e independencia de poderes cuáles serían las cosas que produciríamos. ¿Por qué las producciones de automotores son tan extraordinarias en Japón? No tienen recursos naturales, es un cascote, solamente el 20% es habitable. Es un tema de las cejas para arriba. Nos sorprenderíamos, si tuviéramos un país civilizado, de las cosas que podríamos hacer. No es un tema de recursos naturales ni de clima . África es el continente con más recursos naturales y se muere la gente como moscas. Hay que entender la importancia de las inversiones para aumentar salarios e ingresos en términos reales. Las inversiones dependen de los marcos institucionales. Hay una inclinación a sustituir la democracia por la cleptocracia, el gobierno de ladrones que expropian propiedades, que expropian libertades, que expropian sueños de vida. Hay límites que no se pueden sobrepasar. Eso es una cosa que tenemos que trabajar y usar las neuronas, para poner más límites al poder porque este asunto va mal.

ELIMINAR EL ESTADO VATICANO

Supongo que no le gustan para nada las ideas socioeconómicas de su compatriota el papa Francisco.

—Para nada. Yo soy católico. Él se ordenó en 1959 en Córdoba bajo la influencia muy marcada de monseñor Enrique Angelelli que oficiaba misa bajo la insignia de los montoneros (NdeR: murió en 1976 aparentemente asesinado por la dictadura argentina). Si uno lee el segundo capítulo de la exhortación “Evangelii Gaudium” uno ve que no tiene nada que ver con los principios de la propiedad ni de la igualdad. Se dice que quiere una sociedad igualitaria, pero ¿qué diablos quiere decir eso? La igualdad ante la ley la comparto totalmente. Pero la guillotina horizontal… En un mercado libre el que mejora es el que mejor ha servido a sus semejantes y el que yerra tiene quebrantos.

Yo creo que hay que eliminar el Estado Vaticano. Tiene que haber una figura del derecho internacional para darle independencia a la cabeza de la Iglesia. La religión nuestra dice que nuestro reino no es de nuestro mundo. Dejo de lado las buenas intenciones (de Francisco). Pueden ser las mejores, pero el camino del infierno está empedrado de ellas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

“Derechos sociales” vs individuales

Por Gabriel Boragina. Publicado el 12/3/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/03/derechos-sociales-vs-individuales.html

 

Es casi un lugar común, algo implícitamente aceptado por aproximadamente todos, que existe un divorcio y un antagonismo irreconciliable entre los llamados “derechos sociales” y los individuales. Pero, como tantas veces dijéramos, esa distinción es artificiosa porque no se compadece con la realidad de los hechos, ya que parte de una defectuosa concepción del vocablo “derecho” y -por otro lado- no hace una lectura correcta de la realidad social, llegando a una utilización artificiosa de los términos. El problema de fondo, radica en que resulta imposible identificar ningún “derecho social” que no se trate de adjudicar arbitrariamente a algún grupo de personas, con lo cual, lo que se quiere significar bajo esta denominación resulta -en lo cotidiano- la asignación de seudoderechos, que una autoridad deberá conceder a específicos círculos en detrimento, por supuesto, de otras personas.

“¿Se compagina la libertad con los «derechos sociales»? De ningún modo. Una persona tiene verdadero merecimiento (derecho) a tener comida, vestido, casa, muebles, carro, empleo, atención médica, (no «salud»), educación, diversiones, etc., sólo si se los gana en intercambios libres. Por otra parte, esta es la única forma de madurar, y de ganar autoestima personal: en base a los propios méritos y capacidades, que se descubren en la medida en que uno sale al mercado a ofrecer algo que pueda ser de valor al prójimo, y este puede brindarle un reconocimiento libre mediante el pago de un precio voluntario. Lo que el Estado debe es no impedir que una persona pueda ganar aquello que desea, si lo merece.”[1]

Un “derecho social” es una imposibilidad fáctica, porque apenas se lo quiere distinguir de un derecho individual lleva a un callejón sin salida en el cual encontramos a personas individuales que tratan de obtener pseudoderechos por sobre otras personas, por la sencilla razón que les atribuyen a estas ultimas la pertenencia a un conjunto diferente al suyo (esa asociación puede ser un partido político, un sindicato obrero o patronal, o una entidad de algún otro tipo). De la falacia de los “derechos sociales” deriva otra no menos imposible: la de los “movimientos sociales”, que consisten -en última instancia- en bandas de personas que se aglutinan para lograr del mando político prebendas, dadivas, privilegios y ventajas por sobre otras personas, a las que arbitrariamente imputan la pertenencia a comunidades opuestas o antagónicas.

“Se advierte en los discursos oficiales, la continua referencia a los derechos sociales, o derechos de segunda generación, para justificar la pretensión del régimen de velar por los derechos humanos. Los mal llamados derechos sociales, se vinculan con la satisfacción de ciertos requerimientos propios de la vida humana, tales como salud, vivienda, educación, etc. Pretender que la satisfacción de dichos derechos sociales se logra a través del monopolio gubernamental, supone un contrasentido y un gran peligro por tres motivos fundamentales:

1) Porque, al igual que todo monopolio, elimina la competencia, es decir el principal incentivo para hacer un buen trabajo. Es contradictorio pretender una mayor y mejor educación o salud, poniendo dicha actividad exclusivamente en manos de los burócratas del régimen.

2) Cuando el Estado monopoliza una actividad y pretende prestar un servicio en forma directa, sólo puede intentar lograrlo por medios compulsivos. Serán los impuestos u otros medios de extraer dinero a los ciudadanos, los que se utilicen para satisfacer necesidades ajenas. Dicha redistribución obligatoria sólo puede hacerse posible sacrificando derechos de primera generación: la propiedad, la libertad personal, la libertad de ejercer industria o comercio, el derecho de asociarse con fines útiles, etc.

3) Finalmente, la constante invocación de derechos sociales para justificar el establecimiento de monopolios estatales, es una de las formas que las dictaduras encuentran para extender su control sobre la comunidad y justificar sus atropellos.”[2]

Pero, aunque el estado no monopolice la prestación de los falsos “derechos sociales” puede instituir su existencia a través de diferentes sistemas legales que obliguen a terceros ajenos e inocentes a efectuar o conceder tales imaginarios “derechos sociales”, los que necesariamente -como hemos visto- serán siempre altamente discriminatorios. Es cierto que la opción por la monopolización estatal suele ser la preferida por los gobiernos de poco más o menos todo el mundo, pero hay otras muchas vías económicas (algunas de ellas muy sutiles) de las cuales los mandos políticos se valen para hacer cumplir ese mal denominado “rol social”. Los actuales países socialdemócratas emplean generalmente instrumentos fiscales para redistribuir ingresos con pretendidos “fines sociales”, que en casos de regímenes populistas llegan al paroxismo. En los hechos, esos pretensos “fines sociales” se dirigen a la autodenominada “militancia” o camarillas afines al partido populista de turno en el poder. Dichas experiencias se han producido con consecuencias muy luctuosas en Argentina con los Kirchner, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia y con muy particular gravedad en el régimen comunista castrochavista venezolano. En grado menor, en Brasil y Chile. Pero la inexistente “filosofía” que inspira todas estas transferencias de ingresos desde los que producen hacia los que sólo consumen sin producir absolutamente nada, se verifica -en mayor o menor grado- en cerca de todas partes el mundo, dado que se considera lo “políticamente correcto”.

Hay que poner de relieve que también es ilusorio que todas las sinecuras y prerrogativas otorgadas por el imperio estatal a determinados grupos en nombre de esos pretendidos “derechos sociales” alcancen en forma individual a todos los miembros de cada uno de ellos. Los beneficios y el botín se reparten de manera desigual, siendo que la mayor proporción va a parar directo a las alforjas de los gobernantes o del área específica del régimen de donde procede la provisión de recursos en cuestión. En segundo lugar, hacia los lideres o capitostes del conglomerado en cuestión. Finalmente, en tercer y último lugar, los seguidores sólo suelen recibir las migajas, aunque a veces estas sean significativas cuantitativamente.

[1] Alberto Mansueti – Jose Luis Tapia Rocha. LA SALIDA. o la solución a los problemas económicos y políticos del Perú, Venezuela y América Latina– Edición ILE. Perú. Pág. 371

[2] Eneas Andrés Biglione “El embargo norteamericano al régimen castrista: Una perspectiva de Law & Economics”. Corporate Training. George Mason University. Diciembre 2009. Pág. 15-16

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Sobre la “imposición” a eliminar las transacciones en efectivo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 27/1/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/01/27/sobre-la-imposicion-a-eliminar-las-transacciones-en-efectivo/

 

Los últimos meses parecen mostrar un incremento en las noticias e interés en llevar las economías a no tener que usar dinero en efectivo. Es decir, a realizar todas las transacciones de manera electrónica/bancaria. O al menos así parece ser en Argentina. Hoy salió esta nota en el diario La Nación. Quien hoy es presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Federico Sturzenegger, se expresó también a favor de eliminar el circulante (efectivo) en este mismo diario hace dos o tres meses si no recuerdo mal.

No hay dudas de que las transacciones electrónicas pueden ofrecer beneficios sobre las transacciones en efectivo para las partes. Yo mismo realizo la mayoría de mis transacciones de manera electrónica. Pero creo que las discusiones están obviando algunos puntos centrales de cuál es la esfera de acción, o cuál debería ser la esfera de acción, de un banco central.En primer lugar, que los bancos centrales y las agencias recaudadoras de impuestos quieran “imponer” o “favorecer” transacciones electrónicas como medio con el fin de minimizar la informalidad y facilitar la recaudación impositiva no me parece un argumento válido. En este caso el gobierno está imponiendo el costo de ‘policía y control’ al ciudadano cuando debería ser rol del gobierno combatir la informalidad. Si el gobierno de turno no puede combatir la informalidad, en lugar de imponer restricciones al ciudadano dichos funcionarios deberían dar un paso al costado y ceder el puesto (que, recordemos, es función pública) a alguien mejor capacitado.

Esta línea argumentativa se basa, a su vez, en que “si no se está haciendo nada ilegal entonces no hay motivos para no bancarizarse.” De nuevo, esta argumentación me parece inadecuada. ¿Acaso todo ciudadano no es considerado inocente hasta que se demuestre lo contrario? Realizar transacciones en efectivo no es prueba de delito o evasión ni mucho menos. Yo soy libre de hacer mis transacciones en efectivo o de manera electrónica según mis propias preferencias, no según las preferencias del gobierno de turno. Es posible, por ejemplo, que a una persona le resulte más sencillo llevar una estimación de su gasto viendo el efectivo desaparecer de su billetera que con transacciones bancarias o tarjetas de crédito. En otras palabras, esta argumentación invierta la carga de la prueba en contra del ciudadano.

En segundo lugar, es oportuno recordar que los bancos centrales no son sólo monopolios, sino que son monopolios estatales. El rol del banco central es facilitarle la vida al soberano, es decir al ciudadano, según él desee llevar adelante su vida. No es rol del banco central imponerle al ciudadano cómo vivir su vida. Es el banco central quien debe estar al servicio de las preferencias de los ciudadanos, y no los ciudadanos quienes deben estar al servicio del banco central. A veces pareciera que cuando de temas monetarios se trata, al economista medio le sale un estatista de adentro (generalmente acompañado por un pobre conocimiento de historia monetaria). Quizás en Argentina o en cualquier otro país están dadas las condiciones para eliminar por completo el efectivo, pero por usos y costumbres sus ciudadanos prefieren seguirse manejando en efectivo para transacciones diarias. ¿Por qué ha de imponer el banco central un comportamiento distinto al soberano? Lo que el comportamiento de esta sociedad sugiere es que la preferencia por el efectivo es superior a los beneficios monetarios de estar bancarizado.

En tercer lugar, ¿si estar 100% bancarizado es tan beneficioso, por qué entonces sigue habiendo transacciones en efectivo? La respuesta no es por que todas las transacciones en efectivo buscan evadir impuestos, la respuesta es que estar bancarizados tiene costos de oportunidad: Costo bancario, en Argentina impuestos a las transacciones bancarias (pagar impuestos electrónicamente a su vez esta sujeto al impuesto a las transacciones bancarias! Sí, se paga impuestos por pagar impuestos), fees por transacciones, etc. En Argentina estar bancarizado es muy costoso. Con una presión impositiva asfixiante, con incertidumbre sobre los derechos de propiedad de los depósitos, tener un bajo nivel de bancarización es un acto de supervivencia económica.

Por supuesto, pueden existir beneficios monetarios en una economía altamente bancarizada. Pero utilizar los beneficios económicos como argumento para imponer, es decir violar derechos/libertades, a terceros es un peligroso camino a seguir. ¿Acaso nuestras libertades han de estar sujetas al cálculo económico de costo/beneficio?

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.