Consumo: serán medidas contra el mercado

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 15/4/19 en:  https://www.ambito.com/consumo-seran-medidas-contra-el-mercado-n5026353

 

Consumo: serán medidas contra el mercado

En su soberbia los políticos creen que pueden potenciar, manejar el mercado, el sector privado, las personas. Pero al no tener el Estado la exigencia y el aliciente de la competencia -ya que con su monopolio de la violencia impone leyes y regulaciones a conveniencia- es ineficiente. Así, en tanto absorba recursos del sector privado y competitivo -eficiente- la economía caerá.

El Gobierno, y muchos gurús de la City, aseguran que el peso del Estado en la economía bajó con Macri porque lo estiman erróneamente: el Presupuesto sobre el PBI. Pero el peso del Estado no es ese, sino lo que retira del sector privado por vía de impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas -ítems que subieron mucho- y las regulaciones que impiden su libre expansión.

Por ejemplo, el consumo de combustibles, si en febrero subió 0,78% ia, probablemente debido al campo, venía registrando cinco meses consecutivos de caída del 5% promedio. En cualquier caso, disminuyó 5,5% respecto de enero. El Indicador sintético de servicios públicos (ISSP) mejoró 1% en enero respecto de diciembre, pero bajó 4% ia -menor demanda de gas, electricidad y agua- y van 9 meses seguidos de bajón, mientras que el transporte de pasajeros cayó 0,7% registrando caídas desde agosto.

Así, el Gobierno anunciará este miércoles medidas para “reactivar el consumo” que serán contrarias al mercado desde que, dado el marco del “modelo” macrista, implican directa o indirectamente un aumento del peso del Estado: lanzamiento de nuevos créditos de Anses y el “reforzamiento” de los “Precios Cuidados”.

Confunden inflación con suba de precios. La variación de precios es un indicador básico de la economía que transmite información para que el mercado funcione: cuando las personas demandan celulares, sube el precio para que los fabricantes se vean tentados a fabricar más.

La inflación es la depreciación de la moneda -que cumple con la curva de OD como cualquier producto- por un exceso de oferta sobre la demanda, en tiempo real. Obviamente, nada tiene que ver con la “reputación o credibilidad” del BCRA, en tanto que la “dolarización” -que ya fracasó, por razones políticas, y que en Ecuador no ha catapultado a la economía- es sólo un parche que no va al fondo de la cuestión.

Según un dirigente de la UIA, los tres drivers de “la inflación” de los costos empresariales son: los salarios, el tipo de cambio y el aumento de las tarifas. Además de la tasa de interés tan alta, que trasladan a los precios. De aquí surge que el dólar no provoca inflación -en todo caso, pass through- y las tasas sí, porque son generalizadas para toda la economía.

La tasa de plazos fijos de los depósitos mayoristas, en el último mes, aumentó 11 pp, de 37% a 48%. Entretanto, la que cobran los bancos por adelantos en c.c. -la financiación más usada por las empresas- pasó del 53,7% al 68,5%, a lo que hay que sumar gastos administrativos, ingresos brutos y otros costos internos llegando el CFT a más de 95%. Así es cómo el crédito a privados apenas alcanza al 14% del PBI.

Si se dolarizan portafolios, vendiendo bonos y acciones -que están en mínimos de la gestión Macri, y van para peor- haciendo subir el riesgo país -los CDS ya marcan una posibilidad de default de 50% en cinco años- se debe a que la economía del peso tiene rentabilidad negativa.

El pass through puede provocar la suba de precios directa o indirectamente relacionados con el exterior, pero es falso que la suba del dólar de más de 100% en 2018 haya dejado arrastre inflacionario para 2019. Ahora, el Gobierno intenta mantener el dólar “calmo” empeorando la situación al impedir que los precios en el mercado se acomoden naturalmente.

Según el Stand By Agreement (SBA) con el FMI, que delimita la zona de no intervención (ZNI), la autoridad monetaria vende cuando la supera y compra en la inversa. En el BCRA creían que el dólar iba a estar en la parte baja de la ZNI, como fue durante el verano permitiéndoles una buena emisión para comprar dólares cuando la demanda de pesos caía brutalmente.

El BCRA pretende controlar al dólar con las subastas que arrancan hoy -u$s 60 M diarios- y la oferta del agro. Escribió el presidente de la CRA que habrá una cosecha récord, “a pesar de la sequía del año anterior, las altas tasas de interés y la presión impositiva”. Pero aclara que es el exportador el que liquida divisas y no el productor que hoy está muy ahogado y vende rápido. En cambio, “el exportador tiene 9 años y medio para liquidar, un spread incomprensible” se queja la CRA aireando una desavenencia entre quienes deberían ser socios dejando explícita una crisis.

Finalmente, a cambio de tanto peso, el Estado debería mejorar la infraestructura, se queja la CRA, cosa que al contrario del discurso oficialista no ocurrió: “Donde antes salían 3 camiones hoy salen 20… (ese es) el esfuerzo del productor, pero se encuentra con los mismos caminos y en peor estado”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Chile se apresta a discutir su sistema previsional, y esto no solamente impactará allí sino en toda América Latina

Por Martín Krause. Publicada el 25/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/chile-se-apresta-discutir-sistema-previsional-no-impactara-alli-sino-toda-america-latina/

 

La discusión sobre el sistema jubilatorio en Chile no es importante solamente en ese país, aunque ciertamente es a quien más impacta, sino también en el resto de la región, ya que su modelo fue copiado por muchos otros países. Esto publica el Instituto Libertad y Desarrollo en un informe titulado “Pan para hoy…”: http://www.lyd.org/lyd/TemasPublicos/TP1299ANUNCIOPENSIONES.pdf

“El debate previsional en Chile se ha mantenido fuerte en la discusión pública durante el último año, producto de la preocupación existente por mejorar las pensiones. Dicha discusión ha revelado un amplio desconocimiento del funcionamiento de nuestro sistema previsional, y también el hecho que la receta más eficiente y justa para mejorar los ingresos al momento de jubilarse es aumentar el ahorro durante la vida activa. Esto, además de exigir un incremento en el esfuerzo individual, requiere necesariamente de mejoras en el mercado laboral que permitan fomentar la participación en empleos formales, de tal modo de aumentar la densidad de cotización (sobre todo para las mujeres).

Luego de un trabajo de siete meses con actores de distintos ámbitos políticos que culminó sin acuerdo, el Ejecutivo dio a conocer los principales componentes del proyecto de ley que enviaría este año en materia previsional. Lamentablemente, la propuesta erosiona los pilares del sistema vigente -basados en la retribución al esfuerzo, la confianza en el sector privado (y un Estado subsidiario) y la sustentabilidad fiscal- y podría tener consecuencias que terminen jugando en contra de los factores determinantes de una mejora en el nivel de las pensiones futuras.

El anuncio, al menos en los términos planteados hasta ahora, introduce costos innecesarios al sistema, creando una nueva burocracia estatal que administraría monopólicamente el mayor ahorro. Además, desincentiva el ahorro individual, fomenta la informalidad en el mercado laboral y genera un efecto negativo en el empleo. Lo anterior, sumado a que se optó por no aumentar la edad legal de jubilación de las mujeres, nos lleva a concluir que se desaprovechó la oportunidad de buscar perfeccionar adecuadamente, desde el punto de vista técnico, nuestro sistema previsional de tal modo de mejorar las pensiones de vejez.

EL 5% ADICIONAL Y SUS CONSECUENCIAS

La esencia del anuncio de la semana pasada dice relación con un aumento de 50% en la tasa de cotización previsional (5 puntos porcentuales), su destino y administración: el incremento señalado sería con cargo al empleador y se implementaría de manera gradual en 6 años. De los 5 puntos adicionales, en régimen, 3 puntos irían a una “cuenta personal” de los trabajadores (“heredables, de plena propiedad”, de acuerdo a lo señalado por la Presidenta) y 2 puntos a lo que se denominó “Seguro de Ahorro Colectivo”, para mejorar tanto las pensiones en curso (componente intergeneracional o de reparto) como las de aquellos que “logren menor ahorro y pensiones más bajas” (componente intrageneracional). Respecto a la administración de estos recursos, todo el mayor ahorro sería gestionado por una entidad estatal. Por último, la Presidenta señaló que esta propuesta “permitirá subir en promedio en 20% los montos de las actuales pensiones de vejez entregadas por las AFP”.

La solución planteada por el Ejecutivo aparentemente reconocería un principio básico de nuestro sistema previsional: para mejorar las pensiones se requiere de un mayor ahorro. Sin embargo, presenta de una serie de problemas que probablemente se traducirán en que la mejora en pensiones será inferior a la que se podría haber obtenido si el mayor ahorro se hubiese destinado completamente a las cuentas individuales. Primero, todo apunta a que la entidad pública anunciada responde más a presiones de carácter político que a razones técnicas. De hecho, nada asegura que una entidad estatal como ésta permitirá maximizar la rentabilidad de los ahorros y minimizar los costos de administración, únicas condiciones que permiten que un mayor ahorro se traduzca en un aumento en las pensiones. Tampoco se da certeza que su carácter “autónomo” permita eliminar los importantes riesgos de captura política de dicha institución. Su creación tampoco reconoce que el mayor ahorro es de propiedad de los trabajadores, y por ende debiesen ser ellos quienes elijan quién administre su ahorro previsional, y no el Estado quien les obligue a invertir sus recursos en la nueva institución pública. Es decir, se le otorga al Estado un monopolio sobre la administración de los recursos, obligatorio y sin ninguna competencia. Y lo que es peor, se utilizan recursos públicos que podrían haberse destinado a mejorar las pensiones de quienes más lo necesitan a través del Pilar Solidario.

Por su parte, el componente denominado “Seguro de Ahorro Colectivo” (40% del mayor ahorro, 2 de los 5 puntos de cotización adicional) corresponde netamente a un impuesto al trabajo formal para financiar pensiones de terceros. Esto podría efectos negativos en el mercado laboral, tales como incentivar la informalidad, dado que se rompe la relación entre la cotización de los trabajadores y el beneficio recibido (si la mayor cotización financia las pensiones de “otros”, disminuyen los incentivos a cotizar y a trabajar formalmente).

Respecto del 60% restante (los 3 puntos que se destinarían a una “cuenta personal”), preocupa el que en vez de permitirles decidir qué hacer con sus recursos, los trabajadores sean obligados a destinar su mayor ahorro a una entidad estatal, que no les asegura bajos costos de administración y mayor rentabilidad.

Adicionalmente, el anuncio comprometió un aumento de 20% en las pensiones de vejez autofinanciadas que hoy entregan las AFP, lo cual equivaldría a US$ 402,8 millones anuales. Si consideramos que de acuerdo a las cotizaciones vigentes cada punto de cotización equivale a cerca de US$ 700 millones anuales, esto implica que para financiar el compromiso señalado con un aumento de la cotización (tal como lo propone el anuncio), se requiere de al menos 0,6 puntos porcentuales adicionales (suponiendo que no disminuye el número de cotizantes ni el monto cotizado, lo cual es un supuesto conservador considerando los desincentivos a la cotización e incentivos a la informalidad antes mencionados).”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

UN RELATO EN TORNO AL IGUALITARISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

La otra noche un matrimonio amigo nos invitó a mi mujer y a mí a comer a un restaurante. Muy agradable resultó el convite y los temas fueron muchos y muy jugosos, pero hubo un asunto que pasó desapercibido y quedó oculto debido a que inmediatamente se superpusieron otros temas que coparon los intercambios de ideas.

 

Ese asunto a que me refiero trata de un relato que fue contado brevemente a raíz de otro comentario de los anfitriones de la jornada. El cuento se refería a que en un pueblito africano se estableció un concurso deportivo en el que participaban varios niños, el cual consistía en correr una carrera con el anuncio de que quien llegara primero obtendría un premio. Los niños a poco de deliberar y cuchillar graciosamente se agarraron todos de la mano y corrieron a la par todos juntos hacia la línea de llegada (por mi parte agrego que a los efectos podrían haber ido caminando con el mismo resultado final).

 

Ese fue el relato y quedó en el aire la interpretación o las interpretaciones y moralejas puesto que, como digo, se pasó a otro tema pisando lo anterior, como a veces suele ocurrir en reuniones sociales por más armónicas y amigables que resulten.

 

Cuando llegamos a mi casa esa noche me disponía a leer mis correos electrónicos cuando henos aquí que súbitamente me vino a la memoria el cuento de los niños en África. Abandoné entonces el cometido de revisar mi correspondencia y me puse a anotar mis ocurrencias sobre el cuento al efecto de escribir una columna sobre el tema que me pareció con aristas de interés aunque no lo advirtiera durante la comida de marras, operación que estoy haciendo en este momento puesto que no hay nada mejor para aclarar ideas que escribirlas.

 

Independientemente de cual fue el sentido del relato por parte de quien lo expuso tan telegráficamente, quiero explayarme sobre los sentidos y las facetas que le encuentro a este inocente comportamiento, aunque no tan inocente la interpretación más corriente si se la coloca en el contexto de nuestro mundo, sin descartar otra en un plano bien distinto.

 

Las inclinaciones que hoy dominan nuestro mundo se traducen en constantes críticas a un capitalismo inexistente debido precisamente a las referidas críticas y embates que han convertido a los gobiernos en aparatos infernales que intervienen en los más mínimos detalles de las vidas y haciendas ajenas, lo cual se refleja en gastos públicos siderales, en deudas estatales mayúsculas, en impuestos insoportables y regulaciones asfixiantes.

 

Dada esta situación que abarca los más diversos ámbitos, no es de sorprender que la moraleja del cuento apunte a una embestida contra la competencia. La idea obtusa estriba en que la competencia provoca la lucha de todos contra todos en lugar de la cooperación amable y despojada de todo vestigio de rivalidad.

 

No parece comprenderse que la competencia en el mercado, empuja la emulación recíproca por satisfacer las preferencias y deseos del prójimo y constituye el estímulo y los incentivos para mejorar bienes y servicios en el contexto de un proceso de cooperación voluntaria y pacífica.

 

Al contrario, la guillotina horizontal  y el consiguiente igualitarismo arranca esos incentivos para bien y los convierte en conflictos insalvables entre los que se sienten desposeídos y los que disponen con prepotencia del fruto del trabajo ajeno.

 

Los mejores en la competencia en el rubro de que se trate no adquieren posiciones irrevocables. Antes al contrario, tienen que esforzarse permanentemente si no quieren  ser sustituidos por otros que prestan mejores servicios. El que acierta en las preferencias de los demás obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. El cuadro de resultados es el termómetro que indica la calidad de lo ofrecido a juicio de los consumidores.

 

Desde luego que esto no sucede cuando operan ladrones de guante blanco mal llamados empresarios quienes obtienen sus riquezas como consecuencia del latrocinio, es decir, fruto de sus alianzas con el poder de turno de los que obtienen prebendas, dádivas, privilegios y mercados cautivos de diversa naturaleza.

 

Obsérvese los esfuerzos de quienes operan en competencia abierta, en contraste con la desidia de quienes tienen  sus espaldas cubiertas de que compitan otros en  sus reglones, provengan éstos del exterior o del mismo país en el  que se desenvuelven.

 

En los deportes ocurre el mismo fenómeno. Imaginemos que sentido tendrían los eventos deportivos si cada cual estaría bloqueado de mostrar sus habilidades y talentos. Más aun, si se impusiera el sistema que emplearon los niños del cuento habría que eliminar los deportes porque carecerían de sentido (un certamen de cien metros llanos con el procedimiento de no permitir que se obtenga el primer lugar es tan ridículo como vender una máquina de lavar que no  lave).

 

La competencia abre caminos para mejorar la marca cada vez más, siempre a criterio  de la gente. Esto no quiere decir que nos deba gustar lo que las mayorías deciden. Por ejemplo, personalmente no me gustan algunos de los cantantes de moda y todo lo que los rodea, pero eso de ningún modo me autoriza a recurrir a la fuerza para cambiar hábitos y preferencias que no lesionan derechos de terceros. En todo caso, puede haber un tema axiológico para lo cual  eventualmente puede recurrirse a la persuasión.

 

La competencia en modo alguno autoriza a recurrir a procedimientos fraudulentos, la trampa y la lesión a los derechos de otros que indudablemente deben ser debidamente castigados. Eso si, se debe estar prevenido de falsas acusaciones de fraude basadas en la pura envidia respecto a los que se destacan en el proceso de mercado. Este es el caso del monopolio cuando surge como consecuencia del apoyo del prójimo. Como he  dicho antes, si hubiera habido una ley antimonopólica en la época de las cavernas y el garrote, no hubiera podido utilizarse el arco y la flecha porque el primero que lo manejó era monopolista y así con todos los inventos sean electrónicos, medicinales etc. Lo grave y peligroso es el monopolista que surge como consecuencia del apoyo gubernamental, sea privado o estatal puesto que siempre significa la explotación de sus congéneres a través de precios más elevados, calidad inferior o las dos cosas al mismo tiempo.

 

Este análisis me recuerda a la sandez de sostener que “nadie tiene derecho a lo superfluo mientra haya quienes carezcan de lo necesario”. ¿Es serio mantener esto, es decir que nadie puede ir a la universidad mientras alguien no tiene vitaminas suficientes para ingerir o que nadie puede tocar el piano mientras haya quienes no pueden ir a la escuela primaria?

 

Otra vez el espectro de la guillotina horizontal y la muy contraproducente e inconducente política de la “redistribución de ingresos”, a saber, volver al distribuir con el uso de la violencia lo que pacífica y voluntariamente distribuyó la gente con sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines. Y aquello con el agravante del derroche de los siempre escasos recursos con lo que los salarios e ingresos en términos reales inexorablemente disminuyen puesto que las tasas de capitalización se contraen.

 

Finalmente, la otra interpretación del cuento es que los niños se burlaron de los organizadores del evento puesto que si todos ganaban habría que darles un premio a cada uno sin que nadie perdiera (salvo los organizadores que debieron multiplicar los premios…a menos que se decidiera dividir el mismo premio anunciado entre todos los participantes-ganadores).

 

Pero esta interpretación tiene sus bemoles ya que, nuevamente, si ese procedimiento se generaliza, por un lado, desaparece el deporte, por lo menos ese tipo de carreras, pero por otro, la técnica de referencia no  puede aplicarse al mundo de los negocios ya que si todos ofrecen lo mismo queda amputada la posibilidad de mejora y de guía para el progreso.

 

No es infrecuente que se tilde a la competencia y a los mercados libres como “darwinismo social”. Gran error. Darwin se refería al proceso evolutivo en el campo biológico y tomó su idea de Mandeville quien aplicó la evolución al proceso cultural. En el primer campo hay selección de especies y los más aptos eliminan a los menos aptos, mientras que en el segundo territorio la selección es en cuanto a las normas y, sobre todo, los más fuertes trasmiten  su fortaleza a los más débiles como una consecuencia no buscada vía las tasas de capitalización que, como queda dicho, constituyen el único factor para elevar salarios.

 

No me quiero poner técnico en una columna periodística, pero en no pocas de las facultades de economía todavía se enseña “el modelo de competencia perfecta” que presupone conocimiento perfecto de los factores relevantes, lo cual, en la práctica, significa que no hay posibilidad de arbitraje y por ende tampoco de empresarios ni de competencia. Es una contradicción en los términos que induce a los alumnos a tener una versión completamente desfigurada de la competencia.

 

No se trata de imponer gustos y preferencia a los demás sino de competir por el aprecio de los consumidores. La falacia de que la publicidad determina la demanda no tiene en cuenta que influye pero no determina, de lo contrario, con suficiente publicidad podría convencerse a la gente que es mejor el monopatín que el automóvil y a precio mayor o que se suspenda la luz eléctrica y se retorne a la luz de las velas y también a precios más elevados. Igual que el  abogado intenta persuadir al juez de la razón de su cliente,  o el que intenta persuadir a su novia que contraiga nupcias, la publicidad intenta persuadir a consumidores de la calidad de su producto o de su servicio. En Estados Unidos, de cada diez productos que se lanzan con gran despliegue publicitario, siete fracasan en su intento.

 

Sin perjuicio del valor de la competencia como factor externo por las antedichas razones de peso, es muy fértil interiormente competir con uno mismo en el sentido de ser mejor persona hoy respecto de ayer y mañana mejorar la marca de hoy.

 

Ludwig von Mises en su obra La acción humana. Tratado de economía explica que la competencia (que aquí hemos denominado “exterior”) es el proceso de cooperación por excelencia, mientras que en sistemas autoritarios -y en la medida que lo sean- hay otro tipo de competencia de naturaleza bien distinta: se traduce en buscar y priorizar el favor del mandamás del momento.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Buchanan sobre los aportes del Public Choice y en particular sobre la búsqueda de rentas y el lobby.

Por Martín Krause. Publicado el 6/10/14 en:  http://bazar.ufm.edu/buchanan-sobre-los-aportes-del-public-choice-y-en-particular-sobre-la-busqueda-de-rentas-y-el-lobby/

 

James Buchanan escribió un artículo en 2003 resumiendo las principales contribuciones de la Escuela de la Elección Pública o el análisis económico de la política (Revista Asturiana de Economía – RAE nº 33 2005: Elección pública: génesis y Desarrollo de un programa De investigación). Además de analizar su evolución histórica presenta ciertos “subprogramas”, uno de los cuales es la “búsqueda de rentas”, que vale la pena considerar:

“Uno de los subprogramas que surgió dentro de la elección pública merece un análisis específico, aunque sea necesariamente breve en esta ocasión. Me refiero a la búsqueda de rentas, un subprograma iniciado con un artículo fundamental de Tullock en 1967, y bautizado con este título por Anne Krueger en 1974. Básicamente, la idea central surge del modo natural de pensar del economista, cuya explicación de la interacción depende fundamentalmente de las respuestas previsibles de las personas a incentivos medibles. Si surge una oportunidad que promete generar un valor, las personas invertirán tiempo y recursos para conseguir dicho valor para sí mismos. En sí mismo, el mercado es un sistema de beneficios y pérdidas; los recursos tienden a moverse hacia su uso más valorado, debido a que se puede predecir que las personas responderán positivamente a las oportunidades que prometen beneficios y negativamente a las que amenazan con pérdidas.

La extensión de este postulado motivacional a la parte del valor asignado a través de la política o de la acción colectiva parece algo elemental ahora, pero no se había puesto la atención en sus profundas consecuencias hasta que Tullock planteó explícitamente la conexión: si hay algún valor que se pueda ganar a través de la acción política, las personas invertirán recursos en los esfuerzos destinados a hacerse con dicho valor. Y si este valor toma la forma de una transferencia desde un grupo hacia otros, la inversión es un despilfarro en términos del valor total.

El temprano análisis de Tullock de la búsqueda de rentas se concentró en el monopolio, los aranceles, y el hurto, pero en la práctica se puede alargar la lista indefinidamente. Si al gobierno se le dan poderes para conceder derechos de monopolio o protección arancelaria a un grupo, a expensas del público en general o de perdedores concretos, entonces de ello se sigue que, por así decirlo, los potenciales beneficiarios competirán por el premio. Y, dado que por los supuestos de partida solamente se puede beneficiar un grupo, se despilfarrarán los recursos invertidos por los demás grupos. Dichos recursos se podrían haber utilizado para producir bienes y servicios valiosos.

Una vez que esta idea básica se incorpora en el modo de pensar del observador, gran parte de la política moderna sólo se puede entender interpretándola en el sentido de una actividad basada en la búsqueda de rentas. La política de Estados Unidos consistente en la asignación de fondos públicos para proyectos que benefician a determinadas zonas o grupos es sólo el ejemplo más evidente. Gran parte del crecimiento de las transferencias del gobierno se pueden explicar mejor sobre la base del comportamiento de los agentes políticos, que compiten por el apoyo de las circunscripciones a través de promesas de transferencias discriminatorias.

El subprograma búsqueda de rentas se mantiene activo en diversos ámbitos. ¿Cuánto valor, en términos agregados, se dilapida a través de los esfuerzos destinados a utilizar la acción política para la obtención de beneficios básicamente privados?, ¿cómo se puede distinguir adecuadamente la actividad de búsqueda de rentas, cuya objetivo es lograr ganancias privadas discriminatorias, de aquellas actividades cuyo objetivo es fomentar intereses “públicos” realmente compartidos? No entraré en los detalles de este punto, pero debería quedar claro que la búsqueda de rentas, como subprograma de la elección pública en general, abre muchas vías para la investigación tanto analítica como empírica.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

MISES Y EL “MARKET PROCESS” EN 1932.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/9/14 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/09/08/mises-y-el-market-process-en-1932/

 

mises

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que Mises es una de las fuentes de la teoría del “market process” vs. equilibrio, de Israel Kirzner, no hay duda. Pero, a la vez, si queremos avalar la famosa tesis de Kirzner sobre la toma de conciencia progresiva de la EA sobre sí misma, como “proceso vs. equilibrio”, hay cosas importantes que la avalan (no sólo el famoso final de “Investigations”…, de Menger, donde termina proponiendo un modelo de competencia perfecta para las “exact laws”).

Corría el año 1932. Mises era aún asesor de la Cámara de Comercio Vienés, y tiene un debate con Otto Conrad, donde este último le hace a Mises una típica crítica: que defiende una idea de “competencia irrestricta” que es irreal. “But all of this takes the idea of unrestrained competition as an assumption. The question arises as to whether or not competition in our economy is normally unrestricted, as Mises assumes, and therefore whether the customary, regular market price is the natural price, at which cost and price coincide” (1). El debate era interesantísimo, pues abarcaba temas como la función del empresario, el rol del equilibrio en los precios, el control de precios, monopolio, mercado laboral, etc. ¿Pero cómo responde Mises a esta crítica, a la que había antecedido la afirmación de que “Mises´s starting assumption is that the price that is formed on the unhampered market reflects a state of equilibrium in which price and cost coincide”(2)?

Estamos en 2014. Después del Austrial Revival de 1974, después de “Competition and Entrepreneurship”, “The Meaning of Market Process”; y “The Driving Force of the Market”, de Isreal Kirzner, todos contestaríamos de igual forma: que la competencia presupone proceso, no equilibrio, etc. ¿Pero cómo contestó Mises en 1932?

…One of Conrad´s fundamental errors lies in his views concerning the consequenses of restrictions on competition. Restrictions of any sort of competition –included among production-intervening policies, according to the terminology that I introduced- diminish the social product, but they do not disrupt the functioning of the market. If the government orders that only the beneficiaries of its special privileges may practice a certain profession, e.g., that women can not be employed for night work, or that foreign goods can either not be imported at all or only upon payment of a tariff, then no doubt all of this influences the concrete configuration taken on by the prices of the market. But the market brings supply and demand together through changes in prices. To use Conrad´s expression, no economic paralysis occurs.

Hence the widely held view that only under free competition can the market work as the regulator of production is completely false. Liberalism demands freedom of competition because it expects from it the greatest possible productivity from the labor of society. But the fact that antiliberal policies restrict competition is not a rational argument for further government intervention, with the word “rational” meaning the purposes in mind of the initiatiors of the government intervention. If competition has been restricted and if as s consequence prices have risen, then a price-interventionist policy that is meant to bring prices back down to where they were before will work no differently than they would have worked in reference to price that had been formed under free competition.

Only with regard to monopoly prices –using this term in its legitimate and strict catallactic meaning- the situation is different. The difference between the higher monopoly price and the lower competitive price is open to government for intervention. But in the overwhelming number of cases referred to by Conrad, monopoly does not exist in this meaning –the only logical meaning- of the term.

Conrad refers to the “large gap between wholesale and retail prices and between factory and consumer prices” in order to prove the success that entrepreneuer have had with their resistance to every reduction in their prices. But he seems to have forgotten that this resistance can only be successful where –as in Germany and most specially in Austria- a specific, middle-class-oriented government interventionist policy makes it successful(3).

Recalco que NO estoy diciendo que la respuesta de Mises sea incorrecta; simplemente hago notar, a efectos históricos, que no es la que daríamos hoy.

Referencias

  1. Ver Selected Writings of Ludwig von Mises, Edited and with and Introduction by Richard Ebeling, Liberty Fund, 2002, Vol. II, p. 194.
  2. cit., p. 193.
  3. cit., pp. 205-206.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.