Ley de Gresham: el dinero malo sustituye al bueno. Para Hayek no se deduce de ello el monopolio del estado en la moneda

Por Martín Krause. Publicado el 28/9/17 en: http://bazar.ufm.edu/ley-gresham-dinero-mal-sustituye-al-bueno-hayek-no-se-deduce-ello-monopolio-del-estado-la-moneda/

 

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. ¿De dónde salió eso? El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

En esta oportunidad, comenta sobre la famosa Ley de Gresham:

“LA CONFUSIÓN SOBRE LA LEY DE GRESHAM

Según la llamada “Ley de Gresham”, el dinero de mala calidad expulsa de la circulación al de buena calidad, que se atesora. Sin embargo, quienes deducen de tal tendencia del dinero malo a sustituir al bueno que es necesario el monopolio estatal de emisión de moneda no entienden la Ley de Gresham. El distinguido economista W. S. Jevons la expresó más científicamente diciendo que un dinero mejor no es capaz de expulsar al peor, y lo hizo precisamente para demostrar la necesidad de ese monopolio. Es cierto que entonces discutía una proposición del filósofo Herbert Spencer para permitir la libre competencia en la acuñación de oro, en un momento en que las únicas monedas que se contemplaban eran las de oro y plata. Quizás Jevons, conducido a la economía por su experiencia como tasador en una casa de moneda, creía aún menos que sus contemporáneos en general en la posibilidad de otro tipo de monedas.

A pesar de ello, su reacción ante la propuesta de Spencer le llevó muy lejos. Describió así lo dicho   por Spencer: “De la misma forma que confiamos en el tendero para que nos suministre libras de té y en el panadero para que nos proporcione hogazas de pan, podríamos confiar en Heaton e Hijos o cualquier otra compañía emprendedora de Birmingham para la provisión de soberanos y chelines a su propio riesgo y beneficio”1. Ello le condujo a la declaración categórica de que generalmente, en su opinión, “nada hay que menos convenga dejar a la acción de la competencia que el dinero”.

Es quizás significativo que incluso Herbert Spencer no contemplara más posibilidad que la de permitir a la empresa privada que produjera el mismo tipo de moneda que el gobierno, a saber, monedas de oro y plata. Parece haber creído que eran los únicos tipos de moneda que podían tomarse en consideración razonablemente, y que, en consecuencia, habría por fuerza tipos de cambio fijos (esto es, 1 : 1 si eran del mismo peso y ley) entre el dinero del gobierno y el privado. En este caso, la Ley de Gresham operaría si algún productor suministrara un material de peor calidad. Está claro que lo anterior estaba en la mente de Jevons, ya que justificó su condena de la propuesta sobre la base de que, “mientras en otras cuestiones todo el mundo, llevado por su propio interés, elige lo mejor y rechaza lo peor, en el caso del dinero parece que, paradójicamente, retiene el peor y se deshace del mejor”.

Lo que Jevons, como muchos otros, no tuvo en cuenta o consideró no ser del caso es que la Ley de Gresham es aplicable sólo a diferentes clases de moneda que sólo pueden cambiarse entre sí a un tipo de cambio impuesto por la ley4. Si la ley define a dos tipos de dinero como sustitutos perfectos para el pago de deudas y obliga a los acreedores a aceptar una moneda de menor contenido de oro en lugar de otra de mayor contenido, los deudores, naturalmente, pagarán sólo con la primera y se reservarán la segunda para mejor uso.

Sin embargo, si los tipos de cambio fueran variables, el dinero de inferior calidad se valoraría a una cotización menor, y especialmente si amenazara con disminuir aún más de valor, la gente intentaría deshacerse de él lo antes posible. El proceso de selección continuaría en favor de lo que se considera como el mejor tipo de dinero emitido por las diversas entidades y desplazaría rápidamente al considerado inconveniente o sin valor5. De hecho, en todos los equitativa de su cantidad mediante una ley establecida, y las consecuencias negativas recaen más sobre el público que sobre el emisor.” Es obvio que Loyd sólo consideraba la posibilidad de que entidades diferentes emitieran la misma moneda, no que monedas de diferente denominación compitieran entre sí.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Pueden los grupos concentrados generar inflación?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 25/9/13 en: http://economiaparatodos.net/pueden-los-grupos-concentrados-generar-inflacion/

No es posible gastar el dinero que no existe, por lo que no es posible tener un aumento generalizado del nivel de precios sin un aumento en la cantidad de dinero

Entre los numerosos argumentos del oficialismo para desentenderse del problema de la inflación, sobresale el de los “grupos concentrados.” Según este argumento, los “grupos concentrados” son sectores o grandes empresas que poseen un poder monopólico en el mercado y por lo tanto pueden subir los precios siendo esta la verdadera causa del flagelo de la inflación. De este modo el Kirchnerismo no sólo se desentiende de este problema, sino que pasa a ser el salvador al combatir esta injusticia por parte de los empresarios contra los consumidores. El asalariado que ve sus ingresos y ahorros derretirse un 25% anual debe agradecer al gobierno por hacer todo lo posible por ayudarlo. Más allá de la retórica K, claramente no son muy eficientes a la hora de combatir la inflación si la inflación no logra bajar del 25% bajo el paraguas del mejor gobierno que ha tenido la Argentina, según el mismo oficialismo, desde la Revolución de Mayo. ¿Es factible, sin embargo, que los grupos concentrados puedan ser la causa de la inflación? En primer lugar es importante distinguir entre al menos dos tipos de monopolios: (1) monopolios naturales y (2) monopolios legales.

El caso del monopolio natural no es otra cosa que el resultado de la escases de recursos en el mundo que nos toca vivir. La escases de recursos hace que sea posible que en cierto mercado no haya lugar para más de un productor. Dado que los recursos productivos deben asignarse entre varios mercados, es posible que los costos no permitan la operación de muchos productores en simultáneo. Algunos servicios de transporte y servicios públicos suelen ser ejemplos de casos como este. Por ejemplo, puede no ser eficiente tener dos tendidos de cañerías para proveer agua, dado que no hay suficientes recursos para hacer esto de manera rentable. Pero supongamos por un párrafo que la tesis Kirchnerista es cierta, y que el productor monopolista puede elevar sus precios un 25% todos los años. El resultado es un notable incremento en la rentabilidad del productor, lo  cual no hace otra cosa que atraer competidores al sector dado que los mayores precios hacen rentable lo que sería “poner una segunda red de cañerías.” Los monopolios naturales tienden a desaparecer cuando la rentabilidad del sector crece. Esto puede ocurrir porque (1) suben los precios (pero no los costos) o (2) nuevas tecnologías hacen más barata la producción. Todo productor compite contra competidores potenciales listos para entrar al sector en cuanto las tasas de rentabilidad así lo justifiquen. Los monopolios naturales no pueden explicar, entonces, un problema inflacionario como el que sufre la Argentina.

Los monopolios legales son distintos. En este caso la presencia de un único productor no se debe al alto costo de producción debido a la escases relativa de recursos, sino a un privilegio legal. El estado no permite la competencia. Si el gobierno se cree su propia tesis que la inflación es debido a la presencia de grupos concentrados, entonces debe mirarse a sí mismo y eliminar los privilegios sectoriales. El monopolista legal no debe temer a la entrada de competidores ante un aumento de precios, por lo que siguiendo la lógica K este tipo de monopolista tiene piedra libre para hacer lo que quiera con los precios. La causa no es, entonces, grupos concentrados, la causa es regulaciones que restringen la competencia. Un mercado competitivo y desregulado es más eficiente para mantener los precios “bajo control” que un secretario de comercio como Guillermo Moreno y proyectos como el “mirar para cuidar.”

Si bien esta distinción entre los dos tipos de monopolios es importante, tampoco es el caso que un monopolio legal puede aumentar producir inflación gracias a que está protegido de la competencia. El monopolista legal no se enfrenta menos a una curva de demanda que pone límites a los precios que el productor bajo libre competencia que lo que lo hace cualquier otro productor. Pero el problema es que la inflación es un problema de un aumento generalizado en el nivel de precios y no el aumento de algunos precios. Toda la economía, entonces debería estar bajo el dominio de grandes grupos concentrados. Esta es una descripción difícil de sostener y, así y todo si ese fuera el caso, que mejor que promover la competencia y abrirse al mundo. Cerrar las importaciones favorece, en lugar de disminuir, la presencia de grupos concentrados. La distinción entre nivel de precios y precios relativos no es menor. En la medida que sea cierto que el monopolista puede aumentar sus precios, entonces el resultado es un cambio en los precios relativos de los bienes producidos por los monopolistas respecto al precio de los bienes producidos por no monopolistas, y no a un aumento en todos los precios. El monopolista podrá, según este teoría, subir sus precios una única vez, pero no puede hacerlo de manera sostenida en el tiempo.

Lo que la explicación K olvida es de dónde proviene el dinero necesario para pagar precios que crecen a un 25% anual. La siguiente tabla muestra los dos efectos posibles de seguir la tesis oficial de que son los grupos concentrados los que general inflación. La tabla asume un punto de partida, llamado Caso 1, dónde hay una cantidad total de dinero por $40.200. El atesoramiento es de $200, lo que deja unos $40.000 de circulante en el mercado. Luego se divide la economía en dos bienes, el bien monopólico y el bien competitivo. Para mantener la tabla lo más sencilla posible, ambos bienes se producen en la misma cantidad de modo tal que el precio sea de unos $100 cada uno dado que se gastan $20.000 en la compra de cada uno de estos bienes.

¿Qué sucede, entonces, si el productor del bien monopólico decide aumentar sus precios un 25% mientras la oferta monetaria no crece? Hay dos alternativas. Tanto en el Caso 2 como el Caso 3 suponemos que se compran 200 bienes monopólicos al precio inflado de $125. Los consumidores deben entonces gastar $25.000, en lugar de $20.000, para comprar las 200 unidades del bien monopólico. Esto deja unos $15.000 para comprar el bien competitivo. Por lo tanto, o la cantidad consumida del segundo bien cae a 150 unidades (Caso 2) o bien el precio debe disminuir a $75 (Caso 3.) En ambos casos lo que hay es un cambio en precios relativos, no de todos los precios. En el Caso el precio relativo de bien monopólico (BP) a bien competitivo (BC) es de pBP/pBC = 1. En los casos 2 y 3 el precio relativo pasa a ser 2 y  2.66 respectivamente.

No es posible gastar el dinero que no existe, por lo que no es posible tener un aumento generalizado del nivel de precios sin un aumento en la cantidad de dinero. El productor monopolista, siguiendo la tesis oficialista, podrá a lo sumo elevar su precio una única vez, pero no puede elevarlo de manera indefinida. Lo que el gobierno no explica es cómo hacen los productores de los bienes competitivos para aumentar también sus precios un 25% cuando no hay más dinero disponible en el mercado. El oficialismo confunde, en definitiva, cambios en precios relativos con cambios en el nivel de precios.

Se podrá argumentar que los grupos concentrados producen bienes que deben ser utilizados para producir otra gran cantidad de bienes, transfiriendo así el aumento de precios al resto de la economía. Si el precio de la energía sube, por ejemplo, entonces los costos de producción de toda la economía aumentan. Si bien el problema no es tan sencillo, compremos una vez más este argumento K por un párrafo. Este caso deja sin explicar a qué se debe el aumento de la energía en primer lugar. Esta línea de argumentación asume la presencia de la inflación al partir del hecho que el precio de los insumos sube un 25% todos. Por supuesto, asumir la inflación no es un buen método para explicar la inflación.

Una vez despojada la tesis oficial de los adornos del relato K, el problema de la inflación se reduce inevitablemente a un problema de expansión de oferta monetaria por encima del aumento en la demanda de dinero.  En última instancia la inflación se debe a un monopolista en particular, el banco central. El banco central no sólo es un monopolio, es un monopolio estatal. Un representante fiel del Kirchnerismo seguramente se preguntará a qué intereses de poder responde…

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.