Abrieron las puertas del infierno

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/6/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/06/02/abrieron-las-puertas-del-infierno/

 

Una primavera de furia se ha apoderado de EE.UU. En más de 25 ciudades se estableció el toque de queda. Tras la muerte de George Floyd, imágenes como las de una iglesia histórica en llamas frente a la Casa Blanca o el Ejército patrullando Santa Mónica se hicieron virales. Al menos una persona murió en Louisville y otras dos, en Los Ángeles y en Nueva York, recibieron disparos. Se trata de la ola de protestas más extensa e intensa en este país desde el asesinato de Martin Luther King, en 1968.

Ha habido más de 5.000 detenidos y una larga lista de saqueos, fuegos y escaramuzas, con múltiples heridos. Fueron más violentos los disturbios de 1992 en Los Ángeles, cuando murieron más de 60 personas, pero no se extendieron al resto del país. También hubo manifestaciones por violencia racial en 2014 en Ferguson, Missouri, y en 2015 en Baltimore, Maryland, pero nunca por todo el territorio estadounidense, durante tantos días.

Esta crisis se desata en plena frustración dadas las cuarentenas forzadas -por el monopolio de la violencia estatal- con la excusa de frenar al coronavirus y tras el atroz homicidio de George Floyd. Alguna vez aprenderemos que la violencia solo destruye como ya lo ha establecido la ciencia de manera concluyente.

Así, abrieron las puertas del infierno. Estas cuarentenas han logrado un desempleo que ya alcanza la increíble cifra de 40 millones de personas, muchos de ellos alienados y marginados, excelente caldo de cultivo para la violencia. A lo que se sumó el homicidio de Floyd que, aunque no está claro que fuera racismo ya que no se conoce que el policía haya comentado el color de su piel, claramente fue abuso de autoridad.

Pero la culpa no es solo de los Estados. “Cómo la muerte de Floyd hizo que desapareciera el coronavirus”, escribió Vanessa Vallejo y agregó que algunos medios “De un día para otro pasaron de decir que todos nos vamos a morir y que no debemos salir nunca más a la calle, a animar protestas y multitudes… meses llenando de miedo a la gente y diciendo que hay que parar la economía porque «primero la vida», y de repente… no vemos a medios llamando la atención sobre el peligro que implica estar en una multitud”.

Y existen periodistas que, por miedo o por negocios mienten, promoviendo un enorme daño a millones de personas. Por caso, Juanita Viale, que reemplaza a Mirta Legrand en su tradicional ciclo en la TV argentina, siempre alentó la cuarentena obligatoria, pero hete aquí que, entre sus invitados, estuvo una amiga personal que, sin darse cuenta de lo que hacía, alabó la fiesta que Juanita organizó en su casa, es decir, reveló que viola la cuarentena.

Otros hacen periodismo terror mostrando fotos y cifras sin la aclaración debida con el fin de crear pánico, o periodismo ficción como al asegurar que de no ser por las cuarentenas morirían millones. De momento, el llamado “COVID-19” ha causado unas 380.000 muertes a nivel mundial cifra que se condice con los muertos anuales por influenza, de hasta 650.000.

Y cada vez crece más el escándalo mundial ante la falta de evidencia de que las cuarentenas han sido útiles, como escribió Sherelle Jacobs en el Daily Telegraph. Como contrapartida, las personas trabajando en libertad, viven en paz y desarrollan al mundo. Elon Musk, tras desafiar la cuarentena y ganar la pulseada, privatiza el espacio y puede presumir de que coloca hombres en la órbita terrestre como ha hecho con su SpaceX.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

 

El hombre es más de lo que su corazón cree

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 4/3/16 en: http://www.eluniversal.com/opinion/160304/el-hombre-es-mas-de-lo-que-su-corazon-cree

 

Al hombre lo mata su soberbia: cree que con su raciocinio puede desafiar al cosmos y hacer lo que le plazca. Parece irrelevante lo que decían los griegos, como Aristóteles: que existe una naturaleza, con un orden, anterior al hombre y, por tanto, más sabia, que desarrolla la vida. Clásicos griegos quienes, además, advertían de que la violencia, precisamente, es aquello con lo que se intenta evitar el desarrollo natural y espontáneo de los hechos: la ejercemos cuando algo no nos gusta -nuestra razón nos convence hasta con “pruebas científicas”- y lo forzamos para que cambie.

El hombre se cree capaz de superar a la naturaleza -“creada por Dios”- y se destruye. Por caso, a diferencia del mercado natural donde las personas pacíficamente intercambian -o no, si no quieren- dinero por la mercancía que prefieren, los políticos creen que cobrando impuestos coactivamente -utilizando el monopolio de la violencia estatal- pueden obtener resultados superiores a lo que sucedería en un intercambio voluntario. Se deben forzar los impuestos -dice el racionalismo- porque de otro modo nadie los pagaría.

Luisa Corradini, reflejando esta soberbia escribió una nota cuyo título es casi blasfemo: “Utrecht, la ciudad donde nadie será pobre”. En rigor, puede ser verdad, lo blasfemo es que se quiera lograrlo destruyendo a la naturaleza. Resulta que en días comenzarán con una suerte de “ingreso incondicional de existencia”: un ingreso mínimo de subsistencia a todo ciudadano, desempleado o no. Los suizos, por su lado, se pronunciarán por referendo este año. Suena bonito, como toda demagogia oficial, pero el fondo es falso.

Inicialmente, Utrecht escogerá 300 desempleados y cada adulto recibirá ¬ 900 mensuales y cada familia 1.300, aun cuando encuentren trabajo. Los defensores del sistema, como la ONG Basic Income Earth Network, aseguran que se erradicará la miseria. El University College de Utrecht, monitoreará el experimento a fin de determinar si genera pasividad.

Reemplazar las ayudas

El antecedente histórico es el “Impuesto Negativo sobre la Renta” (INR) propuesto por Augustin Cournot en 1838, desarrollado por Juliet Rhys-Williams en 1940, por Milton Friedman en 1962 y James Tobin en 1965. Consiste en reemplazar todas las ayudas sociales -gastos del Estado- por un ingreso básico garantizado a todos, por caso $ 1.000. El que no paga impuestos cobra este básico y el que gana 40.000 y paga 10.000 de impuestos también lo cobra con lo que termina abonando $ 9.000.

El tema es “clave” ahora que “la destrucción masiva de empleos provocada por la robotización y la digitalización” está de moda, como consecuencia de la “cuarta revolución industrial”. Ridículo. La tecnología no recorta empleos, como dice el sentido común, sino que los multiplica: hoy la gran mayoría de las personas trabaja en alta tecnología como internet, smartphones, aviones, etc.

La naturaleza provee de trabajo para todos -hay tanto para hacer: viviendas, escuelas, etc.- y de alimentos: hoy el mundo produce más que lo necesario para alimentar a la humanidad. ¿Por qué faltan? Trabajo, porque el Estado impone -utilizando el monopolio de la violencia- leyes como el salario mínimo que deja desocupados a los que ganarían menos, y la pobreza es creada, irónicamente, por los impuestos -con los que se solventaría, el “ingreso universal”- ya que los más ricos los derivan hacia abajo subiendo precios o recortando salarios.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.