El “efecto trinquete ” explica por qué no crece la Argentina

Por Adrián Ravier.  Publicado el 25/1/19 en: https://www.cronista.com/columnistas/El-efecto-trinquete-explica-por-que-no-crece-la-Argentina-20190125-0004.html

 

La economía argentina no crece desde 2011. Peor aun, no crece desde 1998, que fue el pico de ingresos de la década de 1990. ¿Por qué no crecemos? Porque no hay suficiente inversión. ¿Por qué falta inversión? Porque los impuestos son elevados, porque la deuda eleva las tasas de interés y porque la monetización del déficit fiscal conduce a una alta inflacion. ¿Y por qué tenemos tan alta presión tributaria, además de tomar deuda y emitir? Porque el gasto publico es demasiado elevado.

¿Y cuáles son los fundamentos de la expansión del Estado moderno en la Argentina? Esa es la pregunta central que debemos intentar responder.

El historiador económico Robert Higgs ofreció una respuesta al estudiar la historia de los Estados Unidos. En su libro Crisis y Leviatán sostuvo que la causa la podemos encontrar en el ratchet efect o “efecto trinquete”, el que describe la forma característica en la que el gobierno, bajo las condiciones ideológicas modernas, crece durante una situación que se percibe como una emergencia nacional.

El tamaño, alcance y poder del gobierno crece abruptamente cuando el gobierno actúa para “hacer algo” con el fin de disipar la amenaza. Luego, a medida que la amenaza se elimina o reduce, el gobierno se contrae, pero no hasta el nivel que se habría llegado sin la crisis. Por tanto, cada crisis desplaza la trayectoria del crecimiento del gobierno hacia un mayor tamaño, alcance y poder.

En la crisis de 2001 y 2002 encontramos el fundamento de la expansión del Estado argentino. El lector podrá pensar que esta crisis no fue la única, y que en otros casos, la expansión del Estado argentino no alcanzó esta dimensión. Pero la crisis de 2001 sí fue única en su alcance social. La pobreza superó el 50% y el desempleo el 20%. La crisis social fue tan grande que la demanda por un “Estado presente” llevó al kirchnerismo a incrementar la asistencia en niveles nunca conocidos en la Argentina. A través de múltiples planes y subsidios el gasto público consolidado se elevó de 25 al número sorprendente de 45 % del PIB. Contribuyó, claro, que las retenciones a las exportaciones, aplicadas sobre commodities cuyos precios estaban inflados ofreció recursos al gobierno para hacer posible tal proceso. Cuando estos precios se desinflaron, también se desinfló la recaudación, y con ello quedó un déficit fiscal alarmante.

Agrega Robert Higgs, que en su “formulación, las razones para el efecto trinquete son varias: una es la inercia política y legal; otra es la persistencia institucional generada por quienes operan o se benefician de las agencias gubernamentales o la nueva autoridad desencadenada por la crisis; y todavía hay una más –quizá la más importante- y es el cambio ideológico asociado a que el público llega a acostumbrarse al ejercicio de los nuevos poderes gubernamentales y a los esfuerzos concurrentes del gobierno para justificar estos poderes.”

Otros economistas e historiadores habían descrito el efecto trinquete, pero la mayoría de ellos lo habían restringido al crecimiento fiscal. Ninguno de ellos había desarrollado el componente ideológico con el mismo detalle que lo ha hecho Higgs. El cambio ideológico, desencadenado por la superación aparentemente exitosa de una crisis importante, predispone al gobierno a crear, y al público a aceptar, un crecimiento todavía mayor del gobierno cuando la crisis siguiente tenga lugar.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Dólar o Plazo Fijo: ¿es esa la cuestión?

Por Iván Carrino. Publicado el 5/1/16 en: http://www.elpuntodeequilibrio.com/Articulo/Vista/Dolar+o+Plazo+Fijo+es+esa+la+cuestion

 

Según el Banco Central, un dólar en 1940 costaba 4,37 pesos moneda nacional. En la actualidad, una unidad de moneda norteamericana se consigue por aproximadamente $ 13,5. Pero dado que un peso de hoy equivale a 10 billones de pesos moneda nacional de entonces, si nunca se hubiese cambiado el signo monetario, hoy habría que pagar 135 billones (135.000.000.000.000) de pesos de 1940 por cada billete emitido por la Fed.

Semejante aumento en el precio del dólar ha alimentado la idea de que los argentinos tenemos una adicción a la moneda yanqui. Sin embargo, detrás de este aumento aparece la brutal historia inflacionaria del país y la sistemática violación del derecho de propiedad.

La desconfianza en la moneda local es producto de su desvalorización permanente derivada de la monetización del déficit fiscal, una práctica que en Argentina se remonta al siglo XIX. La desconfianza en las instituciones financieras, por su parte, es el resultado de tasas de interés que son negativas en términos reales y, además, de sucesivos eventos traumáticos en donde la riqueza ahorrada se vio confiscada por medidas del gobierno como el “Plan Bonex” de 1989, o el “Corralito” de 2001.

En este contexto, la compra de dólares por parte de los argentinos no es más que una natural búsqueda de refugio frente a tan inclementes condiciones. La consecuencia, sin embargo, es que ese ahorro en dólares no tiene forma de ser canalizado hacia el sector productivo local, lo que restringe el crédito de largo plazo y, por tanto, la inversión y el crecimiento económico.

Ahora bien, a pesar de cargar con semejante historial, esto no quiere decir que a futuro tenga que pasar siempre lo mismo.

Si nos enfocamos en lo que sucedió después de la salida del cepo, hay dos motivos para la esperanza. Por un lado, el precio del dólar, que se mantiene estable en el entorno de los $13,5. Por el otro, el crecimiento de los depósitos a plazo fijo, que acumula $ 35.500 millones en el último mes y avanzó un 46,3% en términos anuales.

Lo que se extrae de estos datos es que los ahorristas están pensando que en 2016 la tasa de interés les ganará al dólar y a la inflación, algo que, dado el cambio de enfoque de la política económica y las declaraciones del presidente del BCRA, es probable que suceda.

Pero la cuestión no pasa por cuál alternativa será mejor en el corto plazo, sino más bien por si el nuevo gobierno será capaz de recrear un marco de confianza en que los argentinos no estemos pensando en cómo evitar que los gobernantes saqueen nuestra riqueza, sino en cómo invertirla de manera productiva.

Para esto se necesitará una mayor profundización de las medidas liberalizadoras tomadas hasta ahora (como la eliminación de retenciones, trabas para exportar, la reforma del impuesto a las ganancias o la desregulación de las tasas de interés de los bancos) pero también un ajuste por el lado fiscal, ya que ningún país puede crecer de manera sostenible si el estado gasta sistemáticamente más de lo que ingresa.

Si esto efectivamente sucede, podemos ilusionarnos con un país en crecimiento y un ahorro que se vea incentivado y dé sus frutos, no solo para los ahorristas, sino para el conjunto de la sociedad. Pero si el nuevo gobierno, por evitar hacer las reformas necesarias, elige el atajo y se enfoca nuevamente en el corto plazo, entonces nos veremos condenados a repetir la historia.

Es decir, a seguir agregándole ceros a los billones y trillones de pesos moneda nacional que habrá que poner para comprar un dólar.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.