Guerra a la inflación, ¿o a la producción?

Por Aldo Abram: Publicado el 18/3/22 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/guerra-a-la-inflacion-o-a-la-produccion-nid18032022/

Se anunció la guerra contra la inflación y los especuladores, dejando claro que los culpables son los formadores de precios y avaros empresarios que, ante el aumento de la demanda, suben los precios y no la inversión y la producción. También, que las políticas que se implementarán serán las mismas que se han utilizado hasta ahora y que, según algunos funcionarios de la gestión, ya fracasaron.

Excepto Brasil, que tiene 10,5% de inflación, todos los demás países limítrofes tienen un dígito anual. Me imagino una conversación telefónica de nuestro Presidente con alguno de sus colegas de dichas naciones hermanas. “¿Cómo hicieron para domesticar a sus empresarios formadores de precios y para que los congelamientos anden tan bien como para tener una inflación tan baja?” Del otro lado, educadamente, le explicarán que ellos no andan domesticando empresarios y no tienen congelamientos como los argentinos. Sus bancos centrales priorizan respetar a sus ciudadanos dándoles una moneda estable y confiable; lo cual implica darles la cantidad que ellos demandan para que no pierda valor o lo haga mínimamente.

Al colgar el teléfono, el Presidente debería analizar qué es lo que ha pasado en los casi 90 años de vida del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Notará que durante más del 70% del tiempo, en mayor o menor medida, su prioridad ha sido financiar los excesos de gasto de los gobiernos de turno. Para eso imprime un papelito que no vale nada y se lo da al Estado que aumenta su gasto. ¡Magia! Para nada, como nadie quiere ese billete porque sabe que pierde valor, pasa como cuando aumenta la producción de naranjas y no hay más demanda, su precio baja. Pero acá hablamos de nuestra moneda, en la que ahorramos, que baja su poder adquisitivo, del que se apropia el BCRA con el impuesto inflacionario y se lo transfiere al gobierno para que pueda gastar más. Obvio, a costa de empobrecer a los argentinos que podrán consumir menos.

Luego uno va al súper y, cuando llega a la caja, le dirán: “Eso que se quiere llevar vale lo mismo que antes y los pesos que me quiere dar valen menos, me va a tener que dar más.” Y cuando llame al gasista por el calefón escuchará: “Mi trabajo vale lo mismo que antes, pero esos pesos valen menos, me va a tener que dar más.” Eso es lo que llamamos inflación, la pérdida de poder adquisitivo de la moneda. Por supuesto, este tipo de gobiernos no va admitir que es así; ya que debería dejar de gastar más a costa del BCRA. Entonces, los culpables tienen que ser los avaros empresarios formadores de precios y los especuladores. Ahora veamos los resultados de castigarlos por “empobrecer” a los argentinos.

Un productor al que le congelan los precios, verá subir sus costos con la inflación que sigue generando el BCRA y cada vez, ganará menos; por lo que también producirá menos. Igual sucederá con los acuerdos “voluntarios” de “Precios Cuidados”, que es obvio no tienen nada de voluntarios. Por otro lado, si se le prohíbe exportar o se le ponen retenciones a un sector para que baje sus precios domésticos, también producirá e invertirá menos. Lo mismo que si se los amenaza con esas medidas para que tengan que poner plata “voluntariamente” en un fideicomiso para subsidiar los consumos de ciertos bienes.

Imagínense un empresario argentino o extranjero que está evaluando el país para invertir y generar empleo productivo, es decir bienestar económico para nuestros habitantes. Dirá, “el gobierno seguirá generando inflación para financiarse y, luego, me echará la culpa a mí, castigándome con todas esas medidas”. Sumará que, según el Banco Mundial, estamos en el puesto 21, entre 191 países, como los que más exprimen con impuestos a sus empresas y que, como ni así le alcanza, el Estado toma la mayor parte del poco crédito local disponible e invertirá en otro lado. ¡Chau empleos productivos y bienestar para los argentinos!

Lamentablemente, dada las medidas que está por tomar el gobierno, no le está declarando la guerra a la inflación, sino a los trabajadores y empresarios que todos los días tratan de producir los bienes y servicios que necesitamos. La mala noticia es que esa guerra sí la están ganando y se observa en la decadencia económica y el empobrecimiento de los argentinos.

Conclusión, los gobiernos no quieren bajar el gasto estatal con el que ellos financian la política. Por ende, como ciudadanos tenemos que exigirles y presionarlos para que el BCRA tenga la misma prioridad que los países vecinos: darnos una moneda estable y confiable. Si no, en el mejor de los casos, acostumbrémonos a vivir con alta inflación y, en el peor escenario, a pasar por una cuarta hiperinflación, con el enorme costo social que eso implica.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso.

Votar con los pies: ¿deporte mundial del siglo XXI?

Por Pablo Guido. Publicado el 7/1/13 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

Hace unas semanas el actor francés, Gerard Depardieu, manifestó su intención de abandonar su país de nacimiento y establecer su residencia fiscal en otro país. El motivo de esta decisión estaría en la disconformidad del actor en el incremento de la carga tributaria por parte del Estado galo: para aquellos que tengan ingresos mayores al millón de euros se los gravaría con una tasa del 75%.

 ¿Cómo se llama lo que Depardieu hace? “Votar con los pies”, es decir, trasladarse a otras jurisdicciones para encontrar mejores servicios públicos y menor carga tributaria (clic acá para ir al artículo de Tiebout: “A Pure Theory of of Local Expenditures”). Es decir, frente a la disconformidad de los ciudadanos por las políticas adoptadas por los gobiernos existen varias alternativas: o votar en las urnas por el cambio de gobierno migrar a otro país. Esta última fue la decisión de Depardieu, a quien el gobierno ruso le acaba de dar la ciudadanía de ese país.

 El contexto actual en muchos países desarrollados occidentales es el siguiente: niveles muy elevados de gasto público, acompañado de una carga tributaria y deuda pública creciente. Los déficit fiscales resultantes en la mayoría de los casos obliga a los gobiernos o a continuar con el endeudamiento o a subir impuestos o a bajar los gastos. Los incrementos en la carga tributaria hace que muchas personas o empresas hayan decidido migrar a países donde la “confiscación” tributaria sea menor. ¿La decisión de Depardieu se profundizará y populizará en este siglo que comienza? Mi estimación es que sí, que veremos en los próximos años a muchas más empresas y personas migrar a regiones donde el Estado no castigue  con la voracidad que lo hace en el occidente desarrollado. La velocidad de este fenómeno dependerá de la velocidad con que los países de menor carga tributaria avancen en la incorporación de algunas instituciones que hasta ahora eran casi “patrimonio” exclusivo de las naciones avanzadas de Occidente: respeto a la propiedad privada, una economía abierta, moneda estable. Cada vez son más los países que logran ofrecer estas condiciones.

 El siglo XXI quizás sea un siglo de migraciones masivas. No esta vez por motivos de persecuciones religiosas o hambrunas como en los siglos pasados. Esta vez será para huir de la “mano visible” del Estado en lo que respecta a su afán de gravar cada vez más a los individuos.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

¿Es el crecimiento de América Latina una nueva burbuja?

Por Adrián Ravier. Publicado el 26/10/12 en http://economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=4071

Desde el abandono definitivo del Patrón cambio oro en 1971 por la declaración de inconvertibilidad entre el dólar y el oro del Presidente Nixon, el mundo está gobernado por lo que denominamos un sistema de bancos centrales y dinero “fiat”, señalando con este último término que el respaldo de los billetes que circulan en todas las economías es simplemente la “confianza”.

Muchos hoy critican a Estados Unidos por imponer un impuesto inflacionario a nivel global, lo que se refleja en el aumento de precios de bienes reales, como bienes inmobiliarios, oro y otros commodities, pero lo cierto es que los otros países no han sabido generar otras monedas más estables que la americana.

 Hoy nos vemos entonces enmarcados en lo que podemos denominar un “Patrón Dólar”, si atendemos que la mayoría de las monedas en todo el mundo –además de pequeñas cantidades de oro, tienen como reserva una cantidad de divisas, donde el dólar siempre predomina.

 Estados Unidos ha sufrido en las últimos años las consecuencias que uno prevee desde la teoría monetaria para un banco central que expande masivamente el crédito. Muchos apuntaron a los fraudes contables de Enron y Worldcom como responsables de la crisis dot-com de 2001, pero lo cierto es que la causa de esa crisis, la podemos encontrar en la década de 1990, con una inyección de dinero excesiva que se canalizó hacia las acciones de las empresas relacionadas con internet, especialmente aquellas que cotizan en el NASDAQ. La pérdida económica que ocasionó entonces el derrumbe de Wall Street fue cercana a los 7 billones de dólares en sólo un año, lo que equivalía en ese momento a todo el PIB de la Unión Europea, o al 80 % del PIB de Estados Unidos.

 La crisis tuvo su impacto en el empleo, lo que hizo que la Fed –haciendo caso de las recomendaciones de Paul Krugman-, decidieran crear la burbuja inmobiliaria para dejar atrás la burbuja del NASDAQ. Así lo hizo Alan Greenspan, mantiendo la tasa de interés en torno al 1 % entre fines de 2001 y mediados de 2004, lo que dio lugar a la creación de la burbuja inmobiliaria más grande que haya conocido la historia de la humanidad.

 Desde luego que esa tasa de interés no podía mantenerse en esos niveles sin sufrir un impacto inflacionario, lo que hizo que Alan Greenspan decidiera subir la tasa de interés unas 17 veces consecutivas, un cuarto de punto, hasta llegar a una tasa de interés del 5.25 %. Esta acción generó el derrumbe de esta burbuja inmobiliaria, la que comprometió no sólo a empresas de la construcción o inmobiliarias, sino también a automotrices y especialmente bancos y aseguradoras de riesgo.

 El desplome de esta burbuja pudo haber mostrado un desempleo similar al de la gran depresión de los años 1930, sino fuera por las acciones conjuntas de Obama y Bernanke a través de la política fiscal y monetaria, para crear empleo a cualquier costo. Lo que aun resta definir es el impacto de largo plazo de estas políticas, pues la deuda está tomando niveles récord, y muchos analistas anticipan un proceso inflacionario para los próximos años.

 Hoy China es la fábrica del mundo. Un flujo millonario de dólares llega a China para aprovechar los menores costos salariales, y desde allí fabricar y exportar productos al mundo en desarrollo y también al mundo desarrollado. En este proceso, millones de personas abandonan el campo y se concentran en las ciudades. Surge una clase media que poco a poco incrementa los niveles de consumo. Sin embargo, el milagro chino sólo explica parcialmente el aumento de precios, pues acompaña a este proceso una inyección de dinero tanto de parte del banco central chino, como del la Reserva Federal, que inunda al mercado de liquidez con su consecuente impacto inflacionario.

 Cuánto del aumento de precios que vemos en los commodities es real, y cuánto es nominal o monetario, es algo que todavía los economistas no han podido explicar. Lo cierto es que la respuesta a esa pregunta puede ayudarnos a definir si el crecimiento de América Latina se va a sostener o no en el tiempo.

 ¿Es el milagro chino una burbuja? ¿Es América Latina una burbuja? Estamos observando hoy lo que Hans Sennolz denominó en uno de sus famosos libros “La Era de la Inflación” y no está claro que desde dentro del sistema de bancos centrales con dinero fiat, las reglas monetarias pueden detener la espiral inflacionaria.

 No intento con esto enviar un mensaje apocalíptico, pero es necesario señalar que el capitalismo necesita de un dinero sano para favorecer un desarrollo continuo, sostenido o genuino. Bienvenido el debate republicano sobre un posible retorno al oro.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.