LA INFINITA COHERENCIA DE LOS ANTI-ESTADO DE ISRAEL

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el /1/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/01/la-infinita-coherencia-de-los-anti.html

 

No soy precisamente partidario de los estados-nación. Estoy en contra de su misma noción. Son una de las peores herencias del racionalismo constructivista, al decir de Hayek. No deben identificarse con las naciones, como enseña Mises. Estoy en contra de los estados, por ende, como estoy en contra de la medicina estatal, la enseñanza estatal, las visas, los pasaportes, las aduanas, las fronteras, etc. También estoy en contra del estado del Vaticano, lo cual, como católico, es otro estigma en mi honrosa carrera de cerdo capitalista liberal hereje consumista y materialista. Pero bueno, hace mucho que soy un marciano viviendo en este planeta y, mal que mal, estoy relativamente adaptado. Me porto bien en los aeropuertos. Tengo mi pasaporte en regla. Qué la vamo a hacé, vio?

Por lo demás, como dijo Hume (en épocas donde recién se estaban constituyendo los estados-nación) no hay (reitero: NO hay) legitimidad de origen en ningún estado. Back to de past, SIEMPRE alguien va a encontrar algún latrocinio, asesinato, conflicto, guerra, yo llegué primero, esto era mío, etc. Lo que hay es una legitimidad de ejercicio dada por cierta utilidad social del régimen (sea cual fuere) en cuestión, legitimidad que pasa por el respeto a los derechos individuales.

Por lo tanto, no soy partidario de la creación de ningún estado. Así que el tema del estado de Israel no debería afectarme especialmente. Lo que sí me preocupa es, como siempre, el doble estándar y la incoherencia de los que protestan contra la creación del estado de Israel pero, oh coherencia, están de acuerdo con sus propios estados, cuando en ninguno van a encontrar ningún tipo de legitimidad de origen. ¿Quién dijo que las guerras de independencia americanas fueron legítimas? Latinoamericanos, especialmente los nacionalistas de izquierda y derecha, ¿quién les dijo que sus guerras de independencia fueron legítimas? ¿Por qué no seguir unidos a la corona española? ¿Y quién dijo, a su vez, que las monarquías europeas, envueltas en sus guerras infinitas, eran legítimas? ¿Y quién dijo que la colonización europea en América fue legítima? Pero, a su vez, ¿de dónde sacaron que los reinos de los pueblos originarios eran legítimos? ¿A qué otros pueblos, esos pueblos, a su vez, habían sojuzgado? ¿Quieren seguir con los ejemplos? Denme UNO legítimo!!!!! Y la Argentina actual, ¿es legítima? ¿No dependió acaso de un decreto de Bignone?

Pero todo esto, a un libertario como yo, ¿qué le importa? Sencillamente nada. Como enseñan Hume y J. Buchanan, la cuestión es de un punto presente para adelante, con libertades individuales y gobierno limitado, y punto.

Pero ahora parece que el único estado que NO se debería haber erigido es el estado de Israel. ¿Por qué el único? Entonces todos los demás, tampoco. Ah, eso no, ¿no? Pero si no, ¿dónde está la coherencia? ¿Es que no les gusta que los israelíes hayan vuelto a lo que ellos consideran su lugar originario? ¿No les gusta el sionismo? Pues bien, fue una resolución de las Naciones Unidas, las cuales AHORA, claro, parece que están bien. Pues a mí también las resoluciones de las Naciones Unidas me importan un rábano, pero a todos los demás parece que les importan cuando les convienen, y no cuando no.

Las épocas de los muros y los templos se resisten a su fin. Mientras tanto, gente, desde la primera venida de Cristo, el único templo está en el corazón del hombre: sépanlo también los católicos que idolatran como eternos los templos del estado del Vaticano, cuyos muros parece que sí son legítimos, y cuyo origen en un acuerdo con el fascista Mussolini, también. Los muros se resisten a su fin pero ellos mismos son su autodestrucción con las guerras que generan. Mientras tanto, antis-estado de Israel, estén en contra del origen de todos los estados y luego hablen. Peero claro, en medio de su empalagosa incoherencia, no dejarán en paz al estado de Israel, el único liberal en medio de una manada de totalitarios. ESO es lo que les molesta. Totalitarios, tiren las armas, comercien en paz, respeten la libertad religiosa, limiten el poder de sus gobiernos, y verán que la paz en medio oriente fluirá como el valle de la montaña.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación

Larga vida al nuevo Rey

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 16/6/14 en http://www.eldiarioexterior.com/larga-vida-al-nuevo-rey-43955.htm

 

Aunque de toda la vida tengo simpatía por las monarquías europeas, por razones que no vienen al caso, mi obligación es intentar un análisis racional del tema. Resulta que Juan Carlos I de España abdicó en el momento de menor popularidad. Según una encuesta del CIS, en abril la Corona tenía una valoración de 3,72 sobre 10 cuando en 1995 llegaba a 7,5; aunque los sindicatos y los políticos estaban peor. En 2012, el 37 % de los españoles prefería la República frente al 53% que optaba por la monarquía. Ahora, según publica El Mundo, el 76% considera que “era necesaria” la abdicación, decisión que produjo un repunte entre quienes apoyan a la Corona, el 56%, superando en 20 puntos a los republicanos. Por su lado, la imagen positiva de Felipe VI crece llegando hoy al 76,9% pero deberá hacer un buen reinado porque, entre los jóvenes de 18 a 29 años, el futuro del país, el 46,1% prefiere la monarquía mientras que el 46,3% no.

En fin, a raíz de la abdicación, algunos plantearon abolir la monarquía. Pero lo cierto es que el paradigma de autoridad, de gobierno, en que se basan las repúblicas modernas es falso y, como estos reyes “reinan pero no gobiernan”, tienen la oportunidad de ser mejores conductores. Efectivamente, hoy la República está basada en el monopolio de la violencia porque, supuestamente, sería imposible la autoridad sin poder coactivo para forzar las leyes. La falacia de que la violencia pueda resultar positiva ya la negaron los griegos y la copia santo Tomás de Aquino asegurando que “la violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural”. Así, la “autoridad” basada en la violencia, al oponerse a la naturaleza de las cosas sólo puede destruir, de aquí que el estatismo, el exceso regulaciones coactivas, conduce a la pobreza.

Se le atribuye el término “poder blando” al profesor Joseph Nye, de Harvard, lanzado en su libro “Bound to Lead: The Changing Nature of American Power” (1990), que luego desarrollaría en “Soft Power: The Means to Success in World Politics” (2004). Al fin se empieza a notar que no es verdad que el poder real, la autoridad, debe estar basado en la fuerza. “¿Por qué todavía existen (las monarquías), huérfanas de poder real?”… “La explicación reside en… el ´poder blando´… base de la influencia de… organizaciones desprovistas del… poder… militar… respetado por el ´poder duro´”, asegura Joaquín Roy.

La iglesia Católica, y su Estado Vaticano prácticamente sin armas, ha sobrevivido a todos los imperios incluidos los nucleares y los supera en autoridad, por caso, tuvo mucho que ver en la caída de la URSS, la poderosa tiranía que no pudieron voltear los “gobiernos” occidentales y, además, entre sus muchas acciones positivas, es la mayor institución educadora del mundo con sus universidades, escuelas y demás. Así, según el ranking 2013 de Forbes, el Papa Francisco es el cuarto hombre más poderoso del mundo. Internet, por otro ejemplo, existe sin más autoridad que el liderazgo moral de personas que hacen aportes efectivos. Las sociedades no existen gracias al Estado con “poder” policiaco capaz de “contener la maldad humana”, sino porque naturalmente el hombre tiene vocación social y es, básicamente, moral: si todos salieran a robar, no habría guardias para detenerlos. Según Aldous Huxley, “las sociedades se mantienen, no por el miedo… al poder coactivo… sino por una difundida fe en la decencia de los demás”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.