Acerca del intercambio Cornejo-López Murphy

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 21/6/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/06/21/acerca-del-intercambio-cornejo-lopez-murphy/

 

Días pasados hubo una muy auspiciosa conversación pública entre dos personas de larga y fructífera trayectoria en la política argentina. Ambos de probada vocación de republicanismo, uno ex gobernador de Mendoza que dio un ejemplo en cuanto a la concreta reducción del gasto público que resulta ser el parámetro decisivo en cuanto a poner en brete a pretendidos avances del Leviatán y que en su momento apoyó a su colega en el intercambio a que nos referimos como candidato a la presidencia. El otro proveniente de la tradición de pensamiento liberal, ex ministro y conocido impulsor de proyectos que tienden a dar la batalla cultural pero preocupado y ocupado por el establecimiento de una fuerza política que ponga coto a los abusos de aparatos estatales ilimitados que en las instancias que corren revelan ansias por deglutir derechos individuales. En esto, estos dos personajes coinciden ampliamente.

Alfredo Cornejo y Ricardo López Murphy constituyen esperanzas para la ciudadanía alarmada con los permanentes intentos de avasallar la Justicia, establecer un grado superlativo de impunidad, al tiempo que apunta a avanzar contra la propiedad de empresas en este caso afortunadamente por el momento frenadas por oportunos fallos judiciales. En este contexto se constatan nuevas incorporaciones a la burocracia ya de por si desmedida con el consiguiente engrosamiento del gasto gubernamental en un cuadro de situación donde la presión tributaria se trona insoportable, la deuda es astronómica, la expansión monetaria de una envergadura colosal y regulaciones cada vez más asfixiantes, todo lo cual se hace imprescindible revertir si los argentinos no queremos repetir la tragedia venezolana.

Lamentablemente la gestión anterior desperdició la oportunidad de adoptar las medidas indispensables para abandonar siete décadas de populismo y encaminarse hacia los principios y valores alberdianos que hicieron de la Argentina uno de los países más prósperos del planeta. El inicio de aquella administración no fue nada auspicioso con un bailecito en la Casa Rosada con la banda presidencial y tampoco inaugurarse con el nada republicano intento de designar dos miembros de la Corte Suprema de Justicia por decreto y la expansión de nuevos ministerios. En todo caso se agregó volumen al ya de por si sobredimensionada estructura burocrática financiada con una deuda monumental y un pésimo manejo monetario y cambiario que condujo a lo que todos sabemos y es de público conocimiento.

Afortunadamente la población frente a una alternativa electoral que se presentaba como tenebrosa, en una desesperada defensa de valores esenciales como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia votó en las últimas elecciones para preservar esos principios y en su gran mayoría no como una muestra de apoyo a gobernantes fracasados que pudieron tener buenas intenciones y muchos decentes pero incapaces de traducir esas condiciones a la gestión en cuyo contexto algunos hicieron lo que pudieron para encaminar el rumbo sin éxito en el balance neto que es el relevante porque por más que se haya pretendido abrirnos al mundo, para que tenga efecto es menester adoptar medidas conducentes a la competitividad lo cual no se logra con palos en la rueda ni con declaraciones altisonantes.

En todo caso, la antedicha oposición logró contar con una cantidad muy apreciable de representantes en ambas Cámaras del Congreso lo cual debe ser aprovechado para encauzarlos hacia preceptos republicanos que nos alejen de los estatismos trasnochados y empobrecedores. En este sentido, hay posibilidades que varios de los más encumbrados referentes del radicalismo afirmen sus inclinaciones a los fundamentos de la sociedad libre y el consiguiente federalismo, la división de poderes y la transparencia de los actos de gobierno e incluso se aparten de lo ocurrido a partir de la Declaración de Avellaneda de 1945 del radicalismo y se encaminen hacia las sólidas propuestas de Leandro Alem, uno de los más brillantes exponentes de la política argentina de todos los tiempos.

En esta línea argumental, aunque la batalla cultural por el momento no permite un discurso tan directo en el plano político, es del caso citar algunos pasajes que ilustran el pensamiento de Alem. En el debate sobre la Federalización de Buenos Aires, en 1880, expresó: “Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades, y es indispensable buscarle el contrapeso que prevenga lo arbitrario” y “en economía como en política, estrechamente ligadas, porque no hay progreso económico si no hay buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades” y concluía al afirmar que “gobernad lo menos posible porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”.

A contracorriente de la sandez de “vivir con lo nuestro”, Alem patrocinaba la completa apertura de las fronteras al comercio en “El Argentino”, en 1894, en un texto titulado “El proteccionismo y el pueblo” y en 1891 en el “Manifiesto Radical” se refiere a los peligros de la inflación monetaria que firma Alem como presidente y lo secundan Joaquín Castellanos, Carlos Estrada, Daniel Tedín y Abel Pardo. Allí se lee que “Es un axioma ante la conciencia argentina que el mal se ha producido por exceso de oficialismo y que los bancos oficiales han sido el agente activo de la ruina de la fortuna pública y privada y de la depresión del carácter nacional. El banco oficial constituye un peligro permanente porque siempre será un medio político sujeto a la influencia de las pasiones partidistas. Trabajar, entonces, contra este género de establecimientos es hacer obra de cordura y de patriotismo”.

Como he puesto de manifiesto públicamente en varias oportunidades, la situación argentina actual es de tal peligrosidad que estimo deben unirse las fuerzas opositoras a la que ya existe sin pretender dividirla y fraccionarla con nuevos emprendimientos para no hacerle el juego conciente inconcientemente a las fauces autoritarias que se revelan con ímpetu descomunal en nuestra tierra.

Desde nuestra perspectiva liberal es necesario comprender que lo primero viene primero, que no es posible saltearse etapas y poner la carreta delante de los caballos. Lamentablemente no es el momento de un partido de raigambre enteramente liberal puesto que, como queda dicho, estamos muy atrasados en la indispensable batalla cultural. Como he puesto de manifiesto antes es equivalente a que una persona que se expresa en idioma sueco pretenda dirigirse a una audiencia hispanoparlante en esa lengua. Si quiere lograr ese cometido, es inexorable que primero se asegure que sus destinatarios hayan aprendido sueco, de lo contrario el mensaje quedará flotando en la estratósfera. A muchos buenos amigos que se desempeñan con la mejor buena voluntad en estas lides les he trasmitido mi opinión.

Entre paréntesis y como una nota al pie digo que no estoy seguro ni siquiera que convenga recurrir a la expresión liberal para aplicar a un partido político. Recuerdo el consejo de mi querido Ezequiel Gallo cuando en una ocasión se pronunció en contra de esta etiqueta en ese plano pues concluyó que al muy poco tiempo dado que la política exige acuerdos y adaptar el mensaje a lo que es al momento digerible por la opinión pública se preguntará “¿usted es liberal del liberalismo o liberal del partido liberal?”, por lo que comienzan las confusiones exactamente igual que ocurre, por ejemplo, en Colombia con al Partido Liberal y en Corrientes en nuestro país. Otra cosa bien distinta desde luego es el deseo noble que el espíritu liberal flote en la mayor cantidad de partidos posible.

Para no decir nada del libertarianismo, una palabreja que se ha debido utilizar en Estados Unidos donde el liberalismo fue expropiado por las izquierdas pero que en nuestra región no es necesario mutar de palabra para identificarnos y hacerles el juego a los que pretenden dejarnos incomunicados pues el liberalismo en nuestra región conserva su acepción original en cuya tradición se incorporan todos los nuevos descubrimientos necesarios puesto que por definición el liberalismo está siempre en ebullición. Adhiero a la insistencia de los grandes maestros como Mises, Hayek y Friedman en la inexcusable necesidad de mantener el empleo de la expresión tan representativa de liberal, aun frente a posibles intentos de tergiversarla. En nuestro medio la cobardía moral que no se atreve a enfrentar al liberalismo recurre a una designación absurda y vacía de contenido con la que ningún intelectual serio de nuestra época se siente identificado: “Neoliberalismo”.

Lo dicho también va para otros proyectos en carpeta de crear un nuevo espacio político opositor. Es de esperar que ninguno de estos ensayos prospere y que la actual oposición tenga la inteligencia y la templanza para incorporar a personas como mi amigo López Murphy a sus filas con cargos expectantes y a otros amigos dispuestos a navegar en la política a diferencia del que esto escribe y otros colegas que estimamos indispensable dedicar todo nuestro tiempo disponible a trabajar en el terreno educativo, en el dictado de clases y la publicación de libros, ensayos y artículos lo cual marcará el discurso de los políticos como ha sucedido en todos lados y en todas las circunstancias históricas.

Felicitamos a las instituciones que patrocinaron el encuentro de marras, muy bien conducido por Alejandro Bongiovanni, y esperamos que en el futuro se intensifiquen para bien de la Argentina en un clima en el que las ideas de la libertad se están trabajando a través de ideas de fondo en fundaciones y entidades muy meritorias que reúnen grupos de jóvenes muy bien preparados. No estamos para jugar con fuego, el tiempo apremia y necesitamos de una oposición unida por la supervivencia de la República. El banderazo en varias ciudades en defensa de las instituciones republicanas refuerza la esperanza.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Gabriel Zanotti: “los católicos no tienen suficiente formación contra la teoría marxista de la explotación”

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 19/6/20 en: https://www.navarraconfidencial.com/2020/06/19/gabriel-zanotti-los-catolicos-no-tienen-suficiente-formacion-contra-la-teoria-marxista-de-la-explotacion/?fbclid=IwAR1-nuQpDPabMUEI69gt_SheK2cLxkQcHPEOfdxKgo3Vb1VZ_I_05pHucp8

 

Imagen de Gabriel Zanotti: "los católicos no tienen suficiente formación contra la teoría marxista de la explotación"

Gabriel Zanotti es un doctor argentino en Filosofía, profesor universitario, conferenciante, escritor y pensador particularmente interesado en la relación entre economía y catolicismo. Ha tenido la amabilidad de atender a Navarra Confidencial para responder este cuestionario.

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1. San Juan Pablo II hizo dos distinciones sobre el término “capitalismo”. ¿Conviene utilizar este término para referirnos a la economía de mercado?

Depende de la sensibilidad de las audiencias. “Economía de mercado” es lo mejor para evitar confusiones, pero dada la propaganda marxista contra todo lo que tenga que ver con el “capital”, a veces es justo referirse al capitalismo como sinónimo de economía libre.

2. ¿Qué impacto cree que está teniendo la Teología de la Liberación en Occidente e Hispanoamérica? ¿A qué lo atribuiría?

El impacto fue terrible en su momento porque fomentó los movimientos armados contra el capitalismo en Latinoamérica, como si en Latinoamérica hubiera habido capitalismo alguna vez. Pero la Teología de la liberación sigue influyendo porque los católicos no tienen suficiente formación contra la teoría marxista de la explotación y porque su versión más moderada, la Teología del pueblo, se sigue enseñando en casi todos los seminarios y es palabra sagrada en las Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Los documentos contra ella que escribieron JPII y Ratzinger son letra muerta para la mayor parte de teólogos latinoamericanos. Además la teología del pueblo se ha impuesto como una especie de pensamiento único en el Catolicismo actual, ante el cual la disidencia es pagada con el ostracismo de hecho de casi todos los ambientes eclesiales.

3. ¿Por qué en países como España y Argentina, existe una mentalidad de considerable confianza hacia el asistencialismo del Bienestar del Estado?

Porque las virtudes y valores favorables al desarrollo, especialmente las orientadas a la empresarialidad, nunca hicieron carne en su horizonte cultural. En ese sentido el Catolicismo debería recuperar el valor sagrado del trabajo que está presente en los pueblos protestantes. JPII comenzó a hacerlo en la primera parte de la Sollicitudo rei sociales pero, de vuelta, nadie lo escuchó, excepto los que ya pensaban como él y lo influyeron, como Novak, Sirico y Buttiglione, que hoy son mala palabra en los teólogos de ambos países.

4. A lo largo de la historia contemporánea, algunos adalides de la socialdemocracia europea han tenido que adoptar pequeñas medidas liberalizadoras. ¿Se debe al utilitarismo?

Lamentablemente sí. Tienen la racionalidad suficiente como para reducir gastos estatales, no son psicópatas como Maduro. Pero luego vuelven a lo suyo apenas las cuentas se equilibran.

5. La especulación tiene una connotación negativa entre no pocos católicos, pues se le asocia con la usura. ¿Qué hemos de entender por la misma en realidad?

En las circunstancias históricas actuales, la usura es un raro problema privado, casi inexistente allí donde los modernos sistemas bancarios son el modo de coordinar oferta y demanda de ahorros. Sigue existiendo como problema sólo en la mente de aquellos que no comprenden el papel de la tasa de interés en la formación del capital. O sea, en los que ignoran el ABC de la Escuela Austríaca de Economía.

6. ¿Cuáles han sido las aportaciones más importantes de la Escuela de Salamanca a la disciplina económica? ¿Qué decir acerca de la disputa sobre la Escuela Austriaca?

Al respecto no tengo más que agregar lo que ya han estudiado Marjorie Grice-Hutchison, Schumpeter, Hayek, Rothbard y Chafuen. Lo que tengo que aclarar es que el tema está mal planteado habitualmente. No es cuestión de si fueron “austríacos o no” sino de señalar una evolución. Y como paso evolutivo, indudablemente lo fueron.

7. ¿Tiene algún encaje el principio de subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia con las tesis de economistas austriacos como Mises, Menger, Bohm-Bawerk y Rothbard?

Totalmente pero NO porque esos autores hayan afirmado el ppio. de subsidiariedad, sino porque sus aportes de teoría económica encajan perfectamente en la defensa que Hayek hace del ppio de subsidiariedad con respecto a los bienes públicos, sobre todo en el libro II del Derecho, Legislación y Libertad.

8. ¿Cómo se puede contrarrestar el globalismo a potenciarse en la era post-COVID19?

No soy optimista al respecto. El Covid19 ha sido aprovechado para aumentar en grado sumo la intervención de los gobiernos en la economía y no creo que retrocedan. Es la peor crisis económica y política mundial después de la WWII.

9. ¿Qué opinión le merecen las criptodivisas basadas en blockchain?

Si se mantiene como un orden espontáneo, ningún problema. Pero apenas comiencen las regulaciones estatales, se acabó todo.

10. ¿Qué argumentos le daría a un católico anti-socialista que tuviera reparos hacia la economía de libre mercado?

Que lea todos los libros, al respecto, de Martin Rhonheimer, Robert Sirico y Sam Gregg, con la tranquilidad de que no se va a ir al infierno…..

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

La conjetura interpretable o de la filosofía pura

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/2/20 en: http://bactriana.com/la-conjetura-interpretable-la-filosofia-pura/?fbclid=IwAR3caVbt44VBRlKaqzgSlsPf-2W1668dTCFG8i9eymxojbjE0hCMO3KJSeo

 

Ante estas cuestiones, no tenemos más que aceptar la noción de conjetura interpretativa para la intentio auctoris, que puede tener diversos grados de certeza.

Habíamos dicho que la hermenéutica es perfectamente compatible con la verdad y la certeza, que tiene que ver con habitar un mundo. Yo puedo decir «el decano del departamento de filosofía depende en última instancia del rector de la universidad» y puede ser perfectamente verdadero y cierto dado que habito ese mundo, estoy en él y lo «digo». ¿Pero se puede decir lo mismo con respecto a habitar el mundo del autor? Ya vimos que no, porque no somos el autor. Pero cuanto más habite yo el mundo del autor, más cercano estaré a la intentio auctoris. Habitar el mundo del autor es ir a su «yo y circunstancias» y por eso Ortega pudo escribir su ‘En torno a Galileo’, donde el «en torno a» significaba ese habitar (que es lo que no se hace cuando se dice «Galileo dijo que…» sin explicar por qué lo dijo).

La conjetura interpretativa no debe confundirse con «lo que me dijo a mí el autor», porque ello, que a veces puede ser lo más importante y definitorio, es la intentio lectoris. Varias veces yo he trabajado autores diciendo «qué elementos tomo de…», pero para construir mi propia teoría. Ello, sin embargo, implica que mi conjetura sobre lo que el autor quiso decir tiene que ser lo más cercana a su mundo. O sea, desde mi horizonte, desde mis pre-conceptos positivos, ir al de él, habitarlo, luego volver y hablar a mi lector, sobre lo que yo pienso sobre la base de lo que él pensó.

Para que la conjetura sea lo más cercana al mundo del autor, hay que responderse las siguientes preguntas:

– ¿Qué problema estaba tratando de resolver el autor?
¿Sobre qué horizonte histórico de problemas trabajaba?
– A partir de allí, evitaremos decir el qué sin decir el porqué, lo cual es imposible en un sentido profundo de qué dijo como comprensión, aunque posible con la analogía de tocar las notas sin comprender la melodía, o hablar desde el contexto sintáctico-semántico sin el pragmático.

Eso es, al hablar del autor diremos «dado que…» (horizonte de problemas), entonces respondió… que).

– ¿Cuál es el núcleo central del autor?

– ¿Cuál es su «protoplasma»?

Veamos estas dos últimas preguntas.

El núcleo central es lo estrictamente original del autor. Es su aporte clave. Es «lo que fundamentalmente vio».

Veamos, por ejemplo, el caso de Popper. Uno, ¿cuál era el horizonte de sus problemas? Esto es: ¿a quién estaba respondiendo? ¿Con quiénes estaba «discutiendo»? ¿Con los agustinistas? ¿Con los tomistas? No, con los neopositivistas. ¿Y qué les respondió? Que su criterio de demarcación era erróneo. ¿Y qué dijo entonces? Que el criterio de demarcación era la falsación. O sea, afirmó la falsación porque estaba debatiendo el criterio de demarcación con los neopositivistas.

No digo que esto sea tan sencillo, digo más o menos cómo debemos proceder. Ese es su núcleo central.
Una vez que identificamos su núcleo central, pueden venir otras preguntas. Por ejemplo, ¿estamos de acuerdo con ese núcleo, en todo o en parte? ¿Qué me aporta a mí ese núcleo? ¿Cuáles son sus consecuencias no intentadas? ¿Qué se le puede criticar? Pero si el núcleo central está mal identificado, todas esas posteriores respuestas estarán mal planteadas. Es coherente, por ejemplo, que Adorno haya estado en desacuerdo con Popper, porque Adorno identificó bien ese núcleo central y fue eso lo que rechazó comparándolo con su núcleo central. Esto es, el núcleo central de Popper estaba inscrito en un método hipotético deductivo que desde Adorno era parte de la noción de dominio de la razón instrumental y que por eso debía ser rechazado desde un ideal emancipatorio de la razón. Pero cuando un tomista rechaza la falsabilidad popperiana porque no está de acuerdo con lo que Popper dijo sobre metafísica, sobre Dios, sobre la inmortalidad del alma, sobre el libre albedrío o sobre su interpretación de Platón o Aristóteles, entonces está errando en la interpretación de su núcleo central. Porque nada de ello es su núcleo. Yo puedo estar en desacuerdo con lo que Hawking haya dicho de la existencia de Dios, pero ello no refuta sus teorías del universo en expansión, que son tal vez su núcleo central. Ello implica que al lado del núcleo puede haber un protoplasma. Un autor es una célula de afortunado caos e incoherencia, sobre todo, cuantos más son los temas de los que ha hablado. Pero su ADN está en su núcleo.
Sus protoplasmas pueden ser diversos, coherentes, incoherentes entre ellos o con el núcleo, más cercanos o más alejados de él, etc., pero no afectan al núcleo. Ello quiere decir que ese núcleo puede ser trasladado a otro lugar y dar frutos igual que un ADN celular en otra célula. Si sale un monstruo o no, ello depende de la habilidad de ese cirujano que es el lector.

Siguiendo con la analogía lakatosiana del núcleo central, su riqueza es proporcional a las hipótesis ad hoc coherentes con las cuales ese núcleo puede defender y a la vez expandirse a otros ámbitos. O sea, la riqueza del núcleo central puede ser su ventaja y a la vez su problema: tiende a ser «imperialista», tiende a «expandirse a otros ámbitos» precisamente porque su riqueza teorética le permite hacerlo, pero, a la vez, corre el riesgo de extrapolar indebidamente sus conclusiones, o sea, ir hacia lugares a los cuales llega solo negando otros ámbitos. El gran ejemplo de esto es Freud, cuando desde el núcleo central de su teoría de la neurosis (perfectamente apta para tratar acertadamente a un paciente, aunque no a todos en todo) se expande a la explicación del origen del judeocristianismo.
Lo interesante es que no lo hace incoherentemente, sino con la capacidad de expansión de su núcleo. La horda primitiva mata al padre, tiene culpa, le erigen el totem, surge el súper yo, la pulsión de vida se dirige a las hembras exogámicas, surge el tabú del incesto, y todo ello explicaría Dios, los mandamientos, el pecado original, la culpa, etc.

Claro, no es eso el cristianismo, pero puede ser explicado así porque el núcleo «da» para ello.
Refutar a Freud no es, entonces, decir que eso no es el cristianismo. Es obvio que el cristianismo no es eso, pero el núcleo central de Freud no es su noción del cristianismo. Refutar a Freud es negar que el inconsciente sea o exista tal cual él lo explica, y para ello se necesita una teoría de igual riqueza teorética.

Puede ser que estemos en desacuerdo con el núcleo central de un autor, pero aun así debemos reconocer su riqueza teórica, en generar en sus lectores y discípulos hipótesis ad hoc permanentes. Marx es un buen ejemplo de ello. Yo creo que su núcleo central es la dialéctica hegeliana convertida en una dialéctica materialista de la historia humana mediante su teoría de la explotación. Si me equivoco, será un caso de «autor hipotético». Pero ese núcleo central es fuente de innumerables hipótesis ad hoc y reinterpretaciones a lo largo del tiempo con el mismo esquema, cambiando contenidos. Lakatos lo ve como un caso de regresividad del núcleo central. Yo, no tanto. Los «nuevos colectivos explotados» se siguen reproduciendo, pero no arbitrariamente, sino coherentemente con ese núcleo. Antes, los explotados eran los obreros. Ahora son las mujeres, los indígenas, los gais, los trans, y el capitalismo se asocia con el heteropatriarcado blanco. Puede no divertirnos, pero sigue siendo Marx. Sigue siendo su riqueza. ¿Se le puede refutar? Claro que sí, pero no es fácil: hay que salir de Hegel e ir hacia el individuo, la persona individual (santo Tomás, Husserl), al individualismo metodológico y a la refutación de la teoría de la plusvalía de Marx: MengerBohm BawerkMisesHayek. No es nada fácil y por eso muchos que dicen ser no marxistas porque no coinciden con su materialismo, adoptan su teoría de la plusvalía: con ello su dialéctica y con ello su núcleo central de tal modo que, o viven felizmente
en la incoherencia, como casi todos, o se hacen totalmente marxistas. No se puede escapar. Es Hegel. O sales de él o entras en él, pero no hay medias tintas.
Las hipótesis ad hoc a veces se mezclan con las consecuencias no intentadas, pero se pueden diferenciar con el paso de la historia. La hipótesis ad hoc de Descartes para explicar la comunicación entre las dos res fue muy débil (la glándula pineal) pero una de sus principales consecuencias no intentadas es que hasta hoy se sigue hablando de «conciencia» para los problemas mente-cuerpo o mente-cerebro. Descartes sigue vivo.

Las consecuencias no intentadas tienen que ver con lo que Popper llamaba el mundo, el mundo de las teorías en sí mismas. La teoría nunca puede estar «suelta» de ningún mundo, pero sí puede soltarse del mundo del autor y ser adoptada por el mundo del lector, en cierta medida, sin que el autor pueda hacer nada al respecto. Ningún problema con ello; sucede todo el tiempo, y por eso hay autores «clásicos»: porque siempre va a producir consecuencias en el horizonte de los lectores. Claro, eso produce grandes malentendidos cuando los lectores no saben diferenciar entre ellos y el autor, pero ni autor ni lector tienen, en general, conciencia teorética del tema hermenéutico. La mayor vergüenza es que muchas veces los filósofos no tienen conciencia de ello.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Intervencionismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en: 

 

Los intentos de reemplazar al capitalismo por otro u otros sistemas han sido constantes prácticamente desde la aparición del mismo en la escena económica de los pueblos.

Al identificárselo como el “enemigo” del bienestar y del progreso económico de la gente han sido múltiples los pensadores que trataron de idear modelos alternativos. El más popular desde hace buen tiempo hasta la actualidad es el mixto:

“Se supone que esta economía mixta no es capitalismo ni socialismo. Se describe como un tercer sistema, tan alejado del capitalismo como del socialismo. Se supone que está a medio camino entre socialismo y capitalismo, manteniendo las ventajas de ambos y evitando los inconvenientes propios de cada uno”.[1]

En realidad, esta pretendida fusión de dos patrones en uno que, a su vez, no son ni uno ni el otro no es más que un mito, una verdadera utopía quimérica. Para prueba basta observar que prácticamente todas las economías del mundo han prohijado tal pretendido diseño mixto, lo que ha provocado y sigue ocasionando las recurrentes crisis económicas en las que el planeta se debate sin cesar año tras año, década tras década y ya sin fronteras visibles. Pero no hay tal supuesto tercer esquema, sino que lo que existe es una mezcolanza de dos modelos que se oponen abiertamente entre sí y que no poseen los pretendidos “elementos comunes”.

“Hace más de medio siglo, el principal hombre del movimiento socialista británico, Sídney Webb, declaraba que la filosofía socialista no es “sino la afirmación consciente y explícita de principios de organización social que ya se han adoptado en buena parte inconscientemente”. Y añadía que la historia económica del siglo XIX era “una historia casi continua del progreso del socialismo”.[2]

De alguna manera, la afirmación anterior era exacta y contradice la observación de muchos (o de la mayoría de los socialistas de nuestro tiempo) que sostienen que vivimos en un “universo capitalista”. No tenemos -por cierto- tal “mundo capitalista” al menos en la medida que pueda decirse que es la economía que impera y que sustentan los países más desarrollados y los menos del planeta. El capitalismo nunca pudo operar en ninguna parte del planeta al cien por ciento de sus potencialidades, sin embargo, donde lo ha hecho -en muy escasa medida- ha producido adelantos y progresos formidables, que son a los que debemos todos los artículos de confort que han mejorado nuestras vidas y las de nuestros contempéranos.

“Unos pocos años después, un eminente estadista británico, Sir William Harcourt, declaraba: “Todos somos ahora socialistas”.Cuando en 1913 un estadounidense, Elmer Roberts, publicó un libro sobre las políticas económicas del gobierno imperial de Alemania llevadas a cabo desde finales de la década de 1870, las llamó “socialismo monárquico”.”[3]

Digamos que, tanto en la filosofía de estos pensadores como en el ambiente popular la última etapa sería la imposición del socialismo por sobre el capitalismo, y que la misma seria “altamente deseable”. Marx, contradictoriamente, sostenía que esta conclusión se daría natural y evolutivamente por el mero devenir histórico, y que -por lo tanto- ningún esfuerzo humano podría acelerar o retardar el proceso. Sin embargo, en sus escritos revolucionarios junto con Engels (tales como el tristemente célebre Manifiesto comunista de 1848) mantenía la necesidad de provocar lo que -por otra parte- había declarado antes no sería necesario promover, ya que de lo contrario la revolución socialista no se daría nunca o no lo haría cuando el suponía que tenía que realizarse.

“Sin embargo no sería correcto identificar simplemente intervencionismo y socialismo. Hay muchos defensores del intervencionismo que lo consideran el modo más apropiado de llegar (paso a paso) al socialismo total. Pero también hay muchos intervencionistas que no son abiertamente socialistas: buscan el establecimiento de la economía mixta como un sistema permanente de gestión económica. Quieren restringir, regular y “mejorar” el capitalismo por interferencia pública con los negocios y con el sindicalismo.”[4]

Esto, de alguna manera, explica que sea el intervencionismo el estándar económico actual en la mayor parte del orbe (por no decir en todo el). Unos lo apadrinan por un motivo y los demás lo implementan por todos los motivos restantes. Es decir, tanto partidarios como adversarios del socialismo y del capitalismo aceptan el intervencionismo por razones diametralmente diferentes. En el caso socialista, se recurre al mismo como método para llegar gradualmente al socialismo, y -en el opuesto- los antisocialistas o pseudo-capitalistas creen que es el intervencionismo la vía por medio de la cual el capitalismo se puede “mejorar”.

Pero lo que están más cerca de acertar en esta aparente “paradoja” son los socialistas, ya que la admisión de la supuesta “economía mixta” es un verdadero camino de servidumbre como diría F. v. Hayek parafraseando el título de su más célebre libro. Unos para aniquilar el capitalismo y otros para “mejorarlo” hacen que el intervencionismo sea el modelo económico que siguen la mayoría de los países del globo.

“Primero: Si, dentro de una sociedad basada en la propiedad privada de los medios de producción, algunos de estos medios son propiedad y están gestionados por el gobierno o por los municipios, esto sigue sin ser un sistema mixto que combinaría socialismo y propiedad privada.”[5]

La economía de mercado no se ve afectada si sólo algunos bienes de producción son de propiedad estatal en tanto el resto de ellos permanece en manos privadas. No concurre aquí -nos dice L. v. Mises- intervencionismo, ni tampoco socialismo, sino capitalismo. Cabría pues inferir que, en tanto no más del 49% de los bienes de producción está en manos del gobierno no habría allí ninguna economía intervencionista. Aquí nos parece relevante apuntar que, no sólo la cantidad de las empresas de propiedad estatal debería ser reducida sino también el tamaño concreto de esas empresas debería serlo, porque es difícil aseverar que si una empresa (o conjunto de ellas) cuyo tamaño equivale al 100% de la producción total de la economía deviene en propiedad del estado (vía expropiación, estatización, etc.) dicho entramado continuaría siendo una economía de mercado. Si bien el ejemplo suele ser infrecuente (salvo en regímenes abiertamente socialistas) no está de más tenerlo en cuenta.

[1]Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). Pág. 6.

[2] L. v. Mises ibidem, pág. 6

[3] L. v. Mises ibidem, pág. 6

[4] L. v. Mises ibidem, pág. 6-7

[5] L. v. Mises ibidem, pág. 7

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Estatolatría

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/10/estatolatria.html

 

La tendencia a pensar y a creer que todo debe esperarse del estado-nación tiene una muy larga data. En realidad, es un resabio de la autocracia de antiguos caudillos y cabecillas que -con el tiempo- se convirtieron en jefes y soberanos de pueblos y más tarde de naciones, hasta conformar lo que actualmente se denomina genéricamente con el vocablo gobierno.

“Es grotesco que se hable mucho más acerca de los logros de la Autoridad del Valle de Tennessee que acerca de todos los logros sin precedentes ni paralelos de las industrias de procesado estadounidenses operadas privadamente. Sin embargo fueron solo estas últimas las que permitieron a las Naciones Unidas ganar la guerra y hoy permiten a Estados Unidos acudir en ayuda de los países del Plan Marshall.”[1]

Los actos de gobierno tienen mucha más prensa que cualquier otra actividad privada comercial. Esto marca la tendencia que se describió con anterioridad. Existe una especie de psicología de masas en tal sentido podría decirse. L. v. Mises destaca en este párrafo la valiosa y fundamental contribución de las empresas privadas norteamericanas que fueron las que -en definitiva- determinaron y financiaron la mayor parte o todo el aporte que el Plan Marshall cooperó a la reconstrucción de la Europa de posguerra. Esto equivale a decir que fue el capital privado el que venció en la guerra, y ningún “capital estatal” si es que pudiera hablarse de cosa semejante en este último término.

“El dogma de que el estado o el gobierno es la encarnación de todo lo que es bueno y benéfico y de que los individuos son subordinados miserables, tratando exclusivamente de infligir daño a los demás y con una necesidad imperiosa de un guardián, es casi indisputado. Es tabú cuestionarlo en lo más mínimo.”[2]

Otra idea que pervive entre nuestros contemporáneos es la expresada en la cita anterior. Es la base del paternalismo, según el cual el “padre estado” debe vigilar, controlar y reprender a sus “súbditos hijos”, los que en caso contrario no harían más que destrozar todo lo que encuentren a su paso, inclusive a sus “hermanos” ciudadanos tan hijos de aquel mítico “padre estado” como de los demás “súbditos hijos”.

Este mito subsiste campante en nuestros días, inclusive en los llamados “estados democráticos” donde lo que se procura mediante el voto es en elegir el mejor “padre-gobernante” de todos, o el político que mejor represente el papel de padre protector del resto de los votantes. Esto es a lo máximo a lo que parecen aspirar las dudosamente llamadas democracias “modernas”.

“Quien proclama la bondad del Estado y la infalibilidad de sus sacerdotes, los burócratas, es considerado como un estudioso imparcial de las ciencias sociales. Todos los que plantean objeciones se califican como tendenciosos y estrechos de mente. Los defensores de la nueva religión de la estatolatría no son menos fanáticos e intolerantes de lo que eran los conquistadores mahometanos de África y España.”[3]

Otras veces nos hemos referido a esa mágica metamorfosis que parece producirse en la mente de millones de votantes por la cual creen que, si dicho sufragio convierte en gobernante al candidato de su predilección este quedará -por ese solo y simple hecho- transformado en un ángel celestial que -ya en función de gobierno- no podrá hacer ninguna otra cosa más que el bien de la manera más perfecta y más absoluta que pueda concebirse. Esta ficción está profundamente arraigada en nuestra sociedad. Lo más curioso del tema es que quienes sostienen esta idea sean considerados como grandes y profundos intelectuales, en tanto aquellos que la critiquen sean ridiculizados como si fueran ignorantes.

Antiguamente, el súbdito vivía su sumisión al rey con resignación fatalista, como algo que -pensaba- debía ser necesariamente así. Rendía pleitesía a su amo más por una cuestión de supervivencia que por la fe en un “dios terrenal”. El culto a la estatolatría era impuesto desde arriba hacia abajo so pena de suplicio o pérdida de favores y hasta de sustento. La libertad se veía como un sueño, como una utopía. La esclavitud como una amarga realidad.

La nueva religión de la estatolatría es algo diferente a aquello. Es un sometimiento que se da de manera inversa al antiguo partiendo de abajo hacia arriba, aceptado casi espontáneamente por la gente rasa, no ya con estoicismo sino con entusiasmo, surgiendo del hecho que resulta natural que exista gente que “deba” obedecer los dictados de otros que desde el poder “deben” dominar y mandar.

“La historia llamará a nuestra época la era de los dictadores y tiranos. En los últimos años, hemos sido testigos de la caída de dos de estos superhombres hinchados. Pero sobrevive el espíritu que aupó a estos granujas al poder autocrático. Permea libros de texto y periódicos, habla a través de las bocas de maestros y políticos, se manifiesta en programas de partidos y en novelas y obras de teatro. Mientras prevalezca este espíritu, no puede haber ninguna esperanza de una paz duradera, de democracia, de conservación de la libertad o de una mejora constante en el bienestar económico de la nación.”[4]

Evidentemente L. v. Mises se refiere a Hitler y a Mussolini. Sobrevivía Stalin, pero bien señala el profesor austriaco que no eran, en el fondo, las personas de los tiranos (por muy espeluznantes que fuera sus métodos) sino las ideas que los inspiraban y que le daban forma lo verdaderamente importante y a la vez peligroso. Como tantas veces señaláramos -junto con otros- son las teorías las que mueven al hombre, y este al mundo que lo circunda. Quizás haya una referencia indirecta a Antonio Gramsci en la cita anterior de L. v. Mises, pero evidentemente va más allá de Gramsci, porque pone de manifiesto la realidad de que no solamente la educación formal está impregnada de socialismo y de nazi-fascismo, sino también los medios de información, es decir, la prensa oral y escrita. Y va más allá, como enseña el maestro, porque los sobrepasa y asimismo alcanza el ámbito del arte, la literatura y la cultura. En una palabra, comprendía y abrazaba absolutamente todas las esferas del actuar humano.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). Pág. 4.

[2] L. v. Mises ibidem, pág. 4.

[3] L. v. Mises ibidem, pág. 4-5

[4] L. v. Mises ibidem, pág. 5

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La recuperación de EEUU de la crisis de 1930 versus la justicia militante del kirchnerismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/3/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/03/19/la-recuperacion-eeuu-de-la-crisis-de-1930-versus-la-justicia-militante-del-kirchnerismo/?fbclid=IwAR0qlKwaGNIrcdpMtSqS7BQzbkDiRPee6XKr6oc0-7XRJarDwgs68KyKIA0

 

Con tribunales politizados sólo se puede esperar más pobreza, indigencia y corrupción. Con calidad institucional, el horizonte de prosperidad es una realidad

Cristina Kirchner

Muchos de mis colegas economistas insisten permanentemente con que hay que bajar el gasto público y los impuestos, tema que, sin lugar a dudas, comparto plenamente. El punto es que muchos colegas se han quedado sólo en las cuentas y no parecen haber avanzado demasiado sobre la relación entre economía e instituciones. Dicho de otra manera, se limitan a decir que hay que bajar el gasto, pero no se plantean por qué se ha llegado a niveles de gasto público récord en Argentina. Para resolver un problema, primero hay que reconocerlo y luego tratar de ver por qué se produjo. Es la segunda parte en la que veo una falta de análisis.

Lamentablemente, economistas que están bien orientados en lo económico, han leído poco sobre economía e instituciones para advertir que el problema económico se explica por problemas de carácter institucional que, a su vez, es el resultado de los valores que imperan en la sociedad.

Se han quedado en algún modelito econométrico y no han leído los aportes de autores como Mancur Olson, en “Auge y Decadencia de las Naciones” y “Poder y Prosperidad”. Antes, Hayek, en The Constitution of Liberty (1960) hizo un primer gran avance al respecto completándolo con “Derecho, Legislación y Libertad”, tres tomos publicados en 1973, 1976 y 1979 que muestran la necesidad de limitar el poder del Estado para que pueda haber prosperidad económica y libertad. Mises, Popper y tantos otros autores hicieron gigantescos aportes para explicar este fenómeno económico institucional.

Hoy sabemos que el gasto público consolidado está en el 47% del PBI y que para volver a los niveles de la década del 90 habría que reducir el gasto consolidado en unos U$S 75.000 millones.

Claramente la explosión del gasto público se produjo en la era k cuando hubo un salto populista con fuerte debilitamiento de las instituciones. El populismo incentivó el resentimiento en la sociedad vendiendo el argumento que la pobreza de unos era consecuencia de la riqueza de otros, de manera que la pobreza se solucionaba repartiendo riqueza en vez de generándola. Los que más ganan tienen que pagar más impuestos para asistir a los que menos ganan. Para eso hubo que avanzar sobre los derechos individuales, los derechos de propiedad y tratar de domesticar a la justicia. No en vano el kirchnerismo quiere volver por la revancha y argumenta que tiene que haber una justicia militante. Claramente, los regímenes populistas que mutan en autocracias necesitan domesticar a la Justicia para cometer todo tipo de atropellos sin que la Justicia le ponga límites, sin embargo la evidencia histórica muestra que tener una justicia independiente hace al crecimiento económico.

Qué paso en EEUU luego del ’30

Al respecto, es interesante analizar cuál fue el factor fundamental que llevó a que la economía norteamericana se recuperarse de la crisis de 1929, conocida como la crisis del 30.

Pocos han analizado en profundidad ese período y muchos suelen argumentar que Estados Unidos salió de la crisis del 30 gracias a la Segunda Guerra Mundial, como si una guerra generara riqueza en vez de destruirla.

Otros creen que fue la teoría keynesiana la que ayudó a EEUU a salir de la gran depresión y otros dicen que eso es imposible porque Keynes recién influye en la economía en 1936 cuando publica la Teoría General.

El caso de la crisis del ’30 y el New Deal es un caso emblemático en el que pocos han reparado en la importancia que tienen las instituciones para salir de las crisis económicas. Todo el debate se ha limitado a determinar si el New Deal fue exitoso y si las políticas keynesianas influyeron en la salida de la crisis.

John Maynard Keynes

John Maynard Keynes

En general se cree que el New Deal fue una receta puramente keynesiana de aumento del gasto público financiado con emisión monetaria. La realidad es que el New Deal fue algo mucho más complejo que el aumento del gasto público, aunque sí está comprobado que Roosevelt estuvo en contacto personal con Keynes y sus ideas que luego volcó en la Teoría General en 1936.

Al margen de la carta que Keynes publica en 1933 sobre la necesidad de aumentar la demanda agregada y se lamenta de la disciplina fiscal que proponía Roosevelt, en 1934 Keynes tuvo una reunión con Roosevelt y le explicó sus ideas de aumentar el gasto público y el déficit fiscal. En una carta de Keynes a al presidente, fechada en 1 de febrero de 1938 hace referencia en al menos dos oportunidades a la reunión que tuvieron 3 años y medio atrás, o sea, está haciendo referencia a mediados de 1934, reunión que se confirma en el borrador de la carta que le prepara el secretario del Tesoro de Estados Unidos para responderle a Keynes (carta que está fechada el 3 de marzo de 1938 y hace referencia a esa reunión de mediados de 1934).

El dato concreto es que Roosevelt conocía las ideas de Keynes antes que este las publicara en la Teoría General en 1936, pero las descartó porque su campaña presidencial de 1932 estuvo basada en el equilibrio fiscal. Roosevelt consideraba que el equilibrio fiscal iba a traer confianza, más inversiones y mejorar la situación de los agentes económicos en beneficio para salir de la recesión. Recordemos que cuando asumió como presidente en 1933, la desocupación estaba en el 25% aproximadamente y que tampoco en 1933 había finalizado por completo la gran depresión.

El presidente Roosevelt navegó las aguas turbulentas de la Gran Depresión

El presidente Roosevelt navegó las aguas turbulentas de la Gran Depresión

La economía había mejorado algo pero entró en un proceso recesivo nuevamente en agosto de ese año, a mi juicio por las múltiples regulaciones que impuso Roosevelt. Es más,comenzó a seguir en alguna medida las ideas de Keynes y empieza a aumentar el gasto público, pero no en la magnitud que sugería Keynes.

Pero el New Deal no fue sólo el gasto público, además Roosevelt prohibió la tenencia de oro. Es como si hoy se les prohibiera a los argentinos tener dólares. Se estableció la Agricultural Adjustment Act por la cual se subsidiaba a los productores agrícolas para que no produjeran. Ese subsidio se financiaba con el impuesto a la transformación. Un impuesto que tenían que pagar los que compraban como insumos los productos agrícolas. El que compraba algodón para hacer una camisa, pagaba el impuesto a la transformación para que el que producía algodón produjera menos vía el subsidio que le daba el estado con ese impuesto.

También se estableció la National Industrial Recovery Act que reguló la actividad de la industria, las horas de trabajo, los salarios, etc. Y, además del proteccionismo impuesto, se creó la National Recovery Administration para regular toda la economía.

Toda esta maraña de regulaciones que componían el New Deal ahogaba la economía y llevaron a una cantidad de juicios cuestionando su constitucionalidad. Al principio, la Corte Suprema de Justicia acompañó, pero llegó un punto en el que dijo basta.

Aquí vale la pena aclarar que Herbert Hoover, el presidente que antecedió a Roosevelt, dejó una corte compuesta por cuatro miembros conservadores, dos moderados y tres liberals (aquí les diríamos “progres”), de acuerdo al trabajo de Antonia Sagredo Santos publicado por la Universidad Complutense de Madrid. Es decir, Roosevelt no tenía toda la Corte Suprema en contra. Pero en 1935 el tribuna empezó a frenarle la avalancha de regulaciones por inconstitucionales y en enero de 1936 le voltea el corazón del New Deal que estaba en la Agricultural Adjustment Act por el caso Estados Unidos vs. Butler, conocido como el caso Butler. En esencia la Corte Suprema declaró inconstitucional el impuesto a la transformación por coaccionar la libertad, digamos extorsivo para quienes no quisieran cumplir con las órdenes del gobierno de producir menos, avanzaba sobre los derechos de los estados transformando a EEUU en un gobierno unitario y la potestad que se arrogaba el Ejecutivo de ejercer poderes legislativos.

Al caer la Agricultural Adjustment Act, cayeron al poco tiempo la National Industrial Recovery Act y la National Recovery Administration porque estaban basadas en el espíritu de la primera. Esta declaración de inconstitucionalidad fue liberando la economía del ahogo de las regulaciones y ya en 1935 con las primeras limitaciones y en 1936 con el freno a la maraña de controles del New Deal, la economía recupera confianza.

Obviamente, Roosevelt quiso remover a parte de la Corte, algo que hace recordar al kirchnerismo, por oponerse a sus poderes especiales que le había delegado el Congreso, algo que el trubuna consideró inadmisible en un estado con división de poderes. La embestida de Roosevelt contra la Corte de EEUU no tuvo apoyo ni siquiera en su propio partido, el Demócrata, y esta postura ayudó a recomponer la confianza.

Luego, el Presidente quiso neutralizarla ampliando la cantidad de miembros. Como no logró ese objetivo, intentó reducir la edad de sus miembros a 65 años. Tampoco funcionó. La firmeza de la Corte y el funcionamiento de las instituciones en Estados Unidos, incluso el Partido Demócrata, permitieron recuperar la economía luego de haber confiscado depósitos, prohibir la tenencia de ahorro y establecer las regulaciones más absurdas al estilo Moreno, junto con el déficit fiscal. Es decir, las barbaridades económicas que se hicieron en el New Deal, las cuales nosotros copiamos con mucho entusiasmo, fueron frenadas por el funcionamiento institucional. En definitiva, prevaleció el espíritu de los padres fundadores a la hora de respetar el derecho de propiedad y de división de poderes.

Mi impresión es que no fueron ni el New Deal, ni la receta keynesiana –que Roosevelt ya conocía desde 1934–, ni la Segunda Guerra Mundial, las que le permitieron a EEUU salir la depresión del 30.

Lo que quiero dejar bien en claro es: 1) lo peor que podría pasarle a la Argentina es tener una justicia militante, porque destrozaría los derechos individuales y hundiría la economía en una fenomenal caída de largo plazo y 2) que el problema económico no se resuelve sólo con ingredientes de reforma impositiva, del estado, apertura al mundo y reforma laboral. Sin duda que estos factores son importantes, pero hay que grabarse a fuego que el primer paso para la recuperación económica es la calidad institucional y la calidad institucional depende de los valores que imperen en la sociedad.

Si uno mira la crisis del 30, puede verificar que la salida de la depresión fue por razones institucionales. Si uno mira por qué Argentina fue una potencia económica a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, fue porque la constitución alberdiana de 1853/60 sentó las bases de la calidad institucional. Y si uno mira casos como los de España luego de Franco, Irlanda, Chile y tantos ejemplos más, advierte que el paso previo al despegue económico fue el cambio de las instituciones, es decir, las reglas de juego que deben imperar en la sociedad.

Con una justicia militante, solo podemos esperar más pobreza, indigencia y corrupción. Con calidad institucional el horizonte de prosperidad se abre delante de nosotros. Esto es lo que, por el momento, parece que tenemos por delante de cara a las elecciones de octubre. Justicia militante que nos lleve al chavismo, o el largo camino de reconstruir la calidad institucional como paso previo a la recuperación económica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

HERMENÉUTICA VERSUS LA POSITIVIZACIÓN DE LAS CIENCIAS SOCIALES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 17/2/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/02/hermeneutica-versus-la-positivizacion.html

 

Punto 7 del cap. 5 de https://www.amazon.es/hermen%C3%A9utica-como-humano-conocimiento-ebook/dp/B07NNX8HPZ

Hayek tiene una famosa frase que denuncia perfectamente esta cuestión: “…Sir Karl Popper has taught me that the natural scientists did not really do what most of them not only told us that thet did but also urged the representativs of other disciplines to imitate[1]”. Parece un trabalenguas pero no lo es. Veámoslo frase por frase: “…Sir Karl Popper has taught me…”. Esto es, Popper luchó toda su vida contra un inductivismo en ciencias naturales según el cual primero veríamos los hechos y luego, recién, elaboraríamos las hipótesis[2]. Por su solo genio, sin que Gadamer se lo haya enseñado, Popper supo perfectamente que no se ven primero los hechos, sino que la configuración del mundo físico depende ya de mitos, en una razón no crítica, o de hipótesis, en una razón crítica. Ahora bien, si esto es así para las ciencias naturales, ¿cómo va a ser lo contrario para ciencias sociales? Sin embargo, el positivismo pretende decir que las ciencias naturales son inductivas en el sentido referido, y por eso “….the natural scientists did not really do what most of them not only told us that thet did”, o sea, NO hacen lo que muchos de ellos nos dicen que hacen, esto es, ver los hechos sin interpretación, sino que “…also urged the representativs of other disciplines to imitate”, esto es, también exhortan a los científicos sociales a hacer lo que ellos mismos NO pueden hacer (aunque crean que sí) en sus propias ciencias.

Es así como las ciencias sociales se han llenado de supuestos datos y estadísticas, que no sólo parecen ser más importantes que las pobres hipótesis que sostienen sino que además deberían ser previos a ese marco teorético. Por eso Popper mismo dijo que los papers presentados bajo sus propias normas metodológicas son habitualmente rechazados por los editores[3](y por ello yo mismo debo advertir a los doctorandos que NO sigan en su teses al Popper que yo les enseño…).

¿Pero por qué “pobres hipótesis”? Porque las hipótesis en ciencias sociales se han convertido hace ya mucho tiempo en solas correlaciones directa o inversamente proporcionales entre variables que luego hay que apoyar en ese testeo empírico, lo cual termina siendo funcional a las ciencias sociales concebidas como “control”, esto es, como informes funcionales para las políticas públicas dictadas por los estados, según la razón instrumental usadas por los estados-nación weberianos. Y ello es así porque se cree que en el fondo no hay procesos de auto-organización social, que habría que explicar, sino sólo políticas estatales que controlan lo que de otro modo sería un caos. O sea, se ignora casi totalmente la noción de orden espontáneo de Hayek, esto es, procesos sociales ordenados que son fruto de la acción humana pero no del designio humano, y cuyo análisis es el objeto de las ciencias sociales. Para lo cual, obviamente, se necesita una antropología filosófica que explique bajo qué condiciones la intersubjetividad (humana, claro) tiende a la coordinación de conocimiento, y ello es obviamente el marco hermenéutico básico que permite configurar nuestra interpretación del mundo social y hacer luego una ciencia económica, política y jurídica conforme a esa interpretación. Eso nada tiene que ver con el testeo empírico, y por eso los científicos sociales ultra-empiristas han acusado a ese modo de ver el mundo social como “ideología”, como si afirmar las hipótesis de orden espontáneo implicara estar cerrados a la crítica[4].

Por ello, en nuestro pequeño libro Filosofía para mí[5], decíamos:

“…El economista austríaco Fritz Machlup escribió un seminal ensayo llamado “El complejo de inferioridad de las ciencias sociales”[6], cuyo título lo decía todo. Al lado de unas ciencias naturales muy orgullosas de sí mismas, de su supuesto mundo perfecto de hechos indubitables, probados y matematizados, las ciencias sociales tenían (¿tienen?) un inevitable complejo de inferioridad. “Ya vamos a ser como ustedes”, es su culpógeno anuncio, y, mientras tanto, asumir casi con vergüenza su contingencia, sus marcos interpretativos, sus inexactitudes, su dependencia de diversas filosofías e ideologías. O sea, su “dependencia de todo lo humano”.

Pero hemos visto que TODAS las ciencias son humanas y dependen “de lo humano”. ¡Qué mala noticia para los dioses del nuevo Olimpo del Sacro Imperio Romano Científico! Por ello continuábamos diciendo:

“…la ciencia depende de nuestras concepciones del mundo, de nuestras interpretaciones, de nuestras falibles conjeturas que intentan dar luz a un mundo infinitamente desconocido. El método científico es una caminata de ensayo, error, falibilidad y progreso. Las ciencias sociales, por ende, “también”. No son superiores o inferiores a cualquier otro intento humano de dar sentido al mundo”.

Pero luego reseñábamos su historia:

“…“Al principio”, esto es, desde los albores de la filosofía, y hasta hace muy poco, no había ciencias sociales. Hubo, sí, algo muy importante, de lo cual se hacía una directa aplicación al mundo social. Era y sigue siendo la ética. Para la concepción griega del mundo, una ética separada de la vida social era casi inconcebible. En Aristóteles –por decir un ejemplo no menor- la ética no era sólo e estudio de las virtudes que perfeccionan la naturaleza humana. La máxima de esas virtudes era preocupación cívica por la “ciudad”. La vida de la “polys” era lo máximo en la perfección del hombre. Ahora bien, ¿cómo debía ser “regida” esa polys? Naturalmente, de modo “bueno”. La famosa clasificación aristotélica de las formas de gobierno así lo revela. Si el gobierno de uno, unos pocos o muchos era “bueno” entonces teníamos la monarquía, la aristocracia, la república. Los temas sociales eran temas éticos. En ningún momento se concebía que se pudiera llamar a un “técnico”, que “sin juicios de valor” hiciera sus recomendaciones para una “gestión eficiente”.

La irrupción cultural del cristianismo, del judeo-cristianismo, implicó enormes cambios en la concepción del mundo, pero la característica anterior se mantuvo. El cristianismo implica, precisamente, que hay algo anterior y superior a la polys: la relación de cada individuo con Dios. Desde allí, desde esa “ciudad de Dios” se debe juzgar a la “ciudad del hombre”. Con la conformación del renacimiento carolingio (s. IX) y la conformación del Sacro Imperio, se conforma una concepción de la vida social donde la “auctoritas” humana es el “brazo secular” de la Iglesia. “El príncipe” temporal tiene cierta autonomía pero su “función propia” es casi como un instrumento del poder eclesial. Los musulmanes pensaban igual; simplemente diferían en quien era el príncipe y quién era el profeta. Y los judíos no contaban entonces porque se habían quedado sin su ciudad temporal (que, cuando existió, giró en torno al templo).”

“… La separación entre católicos y protestantes no cambia la cuestión. Lutero y Calvino seguían pensando que la ética de la ciudad de Dios debía seguir gobernando la ciudad del hombre, un hombre, ya, para ellos, irremisiblemente destruido por el pecado. La cuestión tampoco cambia con el racionalismo continental del s. XVIII, cuyo representante más ilustrado es Kant. Con él, también la sociedad, en camino hacia la república, la ciencia y la paz perpetua, dependía de la ética. Una ética diferente, sí, más secular, dependiente de un imperativo absoluto aunque sin metafísica o religión, en principio. Pero igual de fuerte y categórico. Las repúblicas laicas y democráticas, guiadas por la ciencia newtoniana y la educación obligatoria, deben ahora “dominar la tierra”. El mandato bíblico es cambiado de contenido. Id y bautizad……….. Se transforma en “id y ensenar, civilizar….”, pero con el mismo impulso ético y expansivo, exotérico, de épocas anteriores.

En medio de todo esto, otra tradición, también muy importante en la filosofía occidental, se abre paso. Es la historia. Pero no simplemente como una (¿imposible?) “historiografía”, sino como “comprensión”. Dilthey (fines s. XIX) es aquí el autor clave. Podemos comprender los fenómenos sociales porque nuestra condición humana nos proporciona una interpretación de nuestra historia de un modo tal que no la podríamos tener de un hormiguero y menos aún de un trozo de roca. Podemos ponernos en el lugar de Napoleón, y, por más desacuerdos que tengamos, comprender sus motivaciones, y por ende sus acciones. En ese sentido la historia comprende, y las ciencias naturales “explican”. En esta tradición, las ciencias sociales son historia. O la historia “es” las ciencias sociales. Algo de esto, aunque con muchas diferencias, subsiste en un Gadamer que contrapone (1960) la verdad de la conciencia histórica al método de las ciencias naturales. La filosofía continental alemana aún hoy tiene cierto enfrentamiento con cierto positivismo en ciencias sociales que predomina en ciertos ámbitos anglosajones.”

Es entonces cuando explicábamos la entrada de la novedosa idea del orden espontáneo:

“…En medio de la ética, en medio de la historia, ¿quedaba lugar para algo más?

Miremos un poco más en la historia de la filosofía occidental y encontraremos algunas cosas.

En primer lugar, según Marjorie Grice-Hutchison, en un famoso estudio sobre la Escuela de Salamanca, (tesis dirigida por por Hayek), jesuitas y dominicos españoles habrían desarrollado las primeras teorías sobre los precios, la inflación, los salarios, etc., adelantándose al modo en que lo haría la economía a partir del s. XVIII. Esto es, por ejemplo, que “es” la inflación, más allá de lo que “deba ser”. Otros autores como Rothbard, Novak, Chafuen, Huerta de Soto, etc., han estudiado mucho este pensamiento.

En los inicios del s. XVIII no tenemos sólo los inicios de la escuela Clásica de economía, sino la Escuela Escocesa, con autores como Hume, Smith, Ferguson. Este último acuña la feliz expresión de que la sociedad es fruto “de la acción humana pero no del designio humano”. Esto implica que para ellos el orden social era “espontáneo”, esto es, no fruto de un acto fundacional deliberado. Los fenómenos sociales implican “consecuencias no intentadas”, evoluciones o involuciones que escapan a planes deliberados de una persona o un grupo de personas. Hay en los fenómenos sociales algo que se puede estudiar pero no planificar. Esto es interesantísimo….

Esta cuestión es retomada explícitamente por el economista austríaco C. Menger en su teoría del origen del dinero, como institución social espontánea. Esta línea “institucionalista-evolutiva” de los fenómenos sociales es retomada luego por Hayek, pero es L. von Mises quien, en mi opinión, acuña una explicación, en el inicio de su tratado de economía, que es clave para entender una ciencia social que no sea “sólo” ética. Dice así: “….The discovery of a regularity in the sequence and interdependence of market phenomena went beyond the limits of the traditional system of learning. It conveyed knowledge which could be regarded neither as logic, mathematics, psychology, physics, nor biology”. Este párrafo es clave. Se afirma que se toma conciencia de algo que está más allá de los campos tradicionales del saber. Eso, que está más allá, y que tiene una cierta (vamos a ver por qué digo “cierta”) autonomía de la ética es una “secuencia y regularidad”, esto es, cierto “orden” en las consecuencias no intentadas de las acciones. Adoptar ante este orden una actitud teorética es comenzar a hacer ciencias sociales de un modo no sólo nuevo, sino constitutivo, esto es, las ciencias sociales son “eso”: el estudio de los órdenes espontáneos. Yo puedo “querer” que un poeta gane más que un futbolista, puede ser que considere ello sea bueno, pero si formo parte de los millones y millones de personas que ven partidos de futbol por televisión o voy al estadio, entonces yo mismo, como consecuencia no intentada, estoy causando el alto salario del futbolista. Un gobierno puede considerar bueno que los obreros de tal o cual sector ganen U$S 1000 al mes, pero la consecuencia no intentada será que algunos empleadores potenciales dejarán de contratarlos. Yo puedo querer y considerar bueno que las secretarias de mi empresa (no es mi caso) ganen U$S 10.000 al mes, pero la consecuencia no intentada es que tendré más postulantes de las que puedo absorber y “tendré que” bajar el salario que estoy ofreciendo. O, al revés, yo puedo  considerar injusto que un famoso futbolista gane millones y millones más que un profesor titular de Física I, pero, si yo veo sus partidos, yo soy parte de la causa por la cual ese futbolista gane millones.  Y así sucesivamente….”

Y concluíamos:

“…¿Diremos entonces que las ciencias sociales son sólo descriptivas de órdenes espontáneos y de ningún modo normativas? No, porque, como vimos, en toda acción humana hay una decisión moral implícita. Pero una consecuencia, una inter-acción, que va más allá del fin directamente intentado por el individuo. Esa consecuencia no intentada puede ser, a su vez, buena o mala, pero la “descripción” de esas consecuencias que son fruto de la inter-acción humana tiene un margen de autonomía con respecto a la ética tradicional. Si ese margen no se ve, la diferencia entre las ciencias sociales y la sola ética tampoco se ve. Es absolutamente bueno que todos tengan alimento de sobra, “pero” resulta que por ejemplo hay una ciencia, la economía, que nos dice que “hay” escasez, y entonces los salarios no se pueden aumentar simplemente porque ello sea “bueno”: hay además un proceso de ahorro, de formación de capital…….

No se trata, por ende, de contraponer una ciencia “de hechos” vs. una ética normativa. Los fenómenos sociales implican un “mundo”, esto es, según Husserl, un conjunto de relaciones entre personas (inter-subjetividad), y eso es el mundo social, y ese mundo social tiene sus valores morales como constitutivos, porque es parte de su horizonte cultural. Simplemente, ese mundo social tiene una evolución o involución espontánea, esto es, una serie de inter-acciones no intentadas que no se reducen al sólo juico ético de cada acción en particular.

¿Pero qué hay detrás de esa “regularidad” de la que hablaba Mises? ¿No hay acaso libertad en las acciones humanas?”.

“…Por los ejemplos dados, vimos que las consecuencias no intentadas no son “arbitrarias”: tienen un orden, que emerge de decisiones libres previamente adoptadas. Y ese orden tiene que ver con un tema esencialmente filosófico: la racionalidad del ser humano, racionalidad falible, incierta, pero racionalidad al fin: persigo ciertos falibles y cambiantes fines y recurro a falibles y cambiantes medios. Quiero comprar un libro, lo compro, y millones y millones de acciones similares a las mías “causan” que tal o cual autor sea rico y conocido….”

“…Pero como podemos ver, detrás de todo lo que estamos diciendo hay una antropología filosófica, una concepción del ser humano que implica a su vez una determinada noción de acción humana.

En ese sentido, los problemas teoréticos más importantes de las ciencias sociales tienen que ver con la noción de acción e inter-acción que estemos manejando. Un economista partidario de la teoría de la plus-valía marxista ve al mundo como la explotación de capitalismo de EEUU y Europa con respecto a los explotados: América Latina, Africa, etc. Inútil es que le digamos cifras sobre el PBI interno de los EEUU, o que le mostremos que el PBI per cápita en tal o cual región de América Latina ha crecido: él tendrá otras “cifras” para mostrar que las desigualdades han crecido.

¿Pero cómo ve el mundo alguien formado en otra concepción de la economía? Al revés: América Latina es pobre porque nunca ha generado las condiciones culturales e institucionales para la estabilidad jurídica que es necesaria para el ahorro y la inversión a largo plazo. Por otro lado, la teoría del valor es diferente: para uno, es la del valor-trabajo en Marx; para el otro, es la teoría del valor subjetivo de Menger y Bohm-Bawerk. Desde esas dos concepciones del mundo, diametralmente opuestas, no es que ven “lo mismo” desde dos perspectivas diferentes: ven diferentes fenómenos, directamente. América Latina y EEUU no son lo mismo para unos y para otros, y todas las relaciones de causa y efecto son diferentes para ambas perspectivas.

¿Cuál de las dos es la correcta?

Para responderlo, hay que ir a la teoría del valor, y por ende…….. Al tema de la acción humana, la racionalidad, la intencionalidad de la acción, el libre albedrío, la falibilidad de la acción, la incertidumbre….

Y todo ello no es más que antropología filosófica.

O sea que:

  1. a) las ciencias sociales tardaron mucho tiempo en distinguirse de la sola ética.
  2. b) Ello no implica que las ciencias sociales sean totalmente autónomas de la ética.
  3. c) La autonomía de las ciencias sociales tiene que ver con la progresiva emergencia de un nuevo paradigma, la noción de órdenes espontáneos en lo social.
  4. d) Esa noción de orden espontáneo tiene que ver con temas tales como: racionalidad limitada, acción humana intencional, inter-subjetividad, libre albedrío, orden, etc.
  5. e) Esos temas son esencialmente filosóficos”[7].

 

 

[1] Hayek, F. A. von: Studies in Philosophy, Politics and Economics, Routledge and Keagan Paul, 1967, Preface.

[2] Popper, K.: Teoría cuántica y el cisma en física; Tecnos, Madrid, 1985;Realismo y el objetivo de la ciencia; Tecnos, Madrid, 1985; Conjeturas y refutaciones; Paidós, Barcelona, 1983; Conocimiento objetivo; Tecnos,Madrid, 1988; La lógica de la investigación cientifica,Tecnos, Madrid, 1985; Replies To My Critics; in The Philosophy of Karl Popper, Part II; Edited by P. Arthur Schilpp Lasalle; Illinois, 1974.

[3] Popper, K.: The Myth of the Framework; Routledge,  1994.

[4] Ver al respecto Machlup, F.: “El complejo de inferioridad de las ciencias sociales”; en Libertas; Eseade, Bs. As., Nro. 7.

[5] Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2006.

[6] Op.cit.

[7] Ver la bibliografía al respecto: Popper, K.: La miseria del historicismo; Alianza Ed., Madrid, 1987; Hayek, F.A.von: “Scientism and the Study of Society”; en The Counter Revolution of Science; Liberty Press, 1979;  “The Theory of Complex Phenomena”; en Studies in Philosophy, Politics and Economics; op.cit.,;  Mises, L. von: “Problemas epistemológicos que suscitan las ciencias referentes a la acción humana”, cap. II de La acción humana, Sopec, Madrid, 1968; Gallo, E.: “Hayek y la investigación histórica: algunas reflexiones”; en Estudios Públicos; Centro de Estudios Públicos; Santiago de Chile, Nro. 50, 1993;  Machlup, F.: “El complejo de inferioridad de las ciencias sociales”, op.cit., Polanyi, M.: Personal Knowledge; Routhledge, 1998; Menger, C.: Investigations Into the Method of the Social SciencesLibertarian Press, Grove City, 1996.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Compromiso ambiental y crecimiento sostenido. Un problema dinámico.

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado en Revista Cultura Económica
Año XXXVI  N°96 Diciembre 2018: 77-94. http://e-revistas.uca.edu.ar/index.php/CECON/article/view/1525

 

Resumen

 

Este trabajo analiza los problemas que se generan por la interacción del hombre con el ambiente con el correr de los siglos y ante el crecimiento poblacional. La discusión que esto genera sobre los derechos individuales, la propiedad, la interferencia gubernamental y su incremento impone la necesidad de generar un marco doctrinario aceptable, consensuado y lógico, que lo regule, preservando la autonomía de la voluntad y considerando la evolución y el progreso tecnológico. Asimismo, menciona diferentes aportaciones relevantes de diversos autores. Y la evolución del pensamiento económico.
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I. La actividad del hombre y su impacto
Las ideas que hablan sobre un posible impacto negativo de la actividad
de los seres humanos en la tierra tienen una antigüedad similar a la de
la ciencia económica. Existen muchas teorías que han sostenido y
algunas que, aún hoy en día, sostienen la posibilidad de un colapso
catastrófico de la población mundial a causa de los efectos de la actividad del hombre. Malthus advertía que podían existir limitantes
de la evolución de la humanidad hacia la felicidad. Y se refería a una
gran causa, unida íntimamente a la naturaleza del hombre. En sus
palabras: “La causa a la que aludo es la tendencia constante de toda
vida a aumentar, reproduciéndose, más allá de lo que permiten los
recursos disponibles para su subsistencia” (Malthus, 1998: 7). Está
claro que esta cita, que data de 1798, no era, de ninguna manera, una
posición incontrovertible ni compartida por algunos de sus
contemporáneos. Incluso autores bastante anteriores, ya sostenían la
posición contraria.
Spiegel, (1996: 161) refiriéndose a William Petty, (1623-1687),
destaca que sus criterios económicos eran independientes de los
prejuicios de la época, dándole una gran importancia al crecimiento de
la población como fuente del aumento de los ingresos. A su juicio, el
crecimiento poblacional contribuiría a licuar los gastos del estado, que
según decía, no crecían en la misma proporción. Además, enfatizaba
que una mayor población obligaba a mayores esfuerzos y también a
una creciente especialización y enseñanza de oficios y técnicas. En sus
estudios, veía al crecimiento de la población como la solución a los
problemas nacionales.
Por su parte, Spengler (1998: 3) reconocía que la idea de que el
excesivo crecimiento poblacional podía reducir la productividad por
trabajador, deprimir el nivel de vida de las masas y generar conflictos,
era de tal antigüedad que aparecía en trabajos de Confucio y otros
filósofos de la antigua China…
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El Artículo completo, aquí:
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Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

REFLEXIONES SOBRE EL FAMOSO MURO DE TRUMP.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 10/1/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/01/reflexiones-sobre-el-famoso-muro-de.html

 

La situación de Trump y su famoso muro ha llegado a un punto límite que da lugar a reflexiones relevantes para el liberalismo clásico.

Consideremos primero la historia del problema. Para la tradición liberal clásica, especialmente el EEUU originario como el liberalismo clásico de Mises, los muros eran inexitentes o explícitamente rechazados. El derecho a la emigración siempre fue obvio, y el derecho a la inmigración estaba implíticamete admitido por las circunstancias históricias. EEUU fue precisamente un lugar único en la historia conformado esenciamente por inmigrantes. Dejemos de lado en esta entrada qué hubiera pasado si se hubieran encontrado con un muro levantado por los indígenas del lugar; por ahora destaquemos que ese grupo de inmigrantes fue en primer lugar los que traían consigo la tradición del common law británico tratando de huir de los problemas religiosos de la misma Inglaterra y sobre todo de Europa Continental. Pero conformadas ya las 13 colonias como una nación independiente de Jorge III, EEUU se llenó naturalmente de más protestantes, de católicos, judíos, agnósticos, y si contamos por regiones, de italianos, irlandeses, alemanes, polacos, y en menor medida chinos e hispanos. Todos ellos no necesitaban hacer un master para entender el pacto político originario de los EEUU. Todos ellos sólo pretendían trabajar y comerciar en paz, y vivir sus respectivas creencias religiosas sin ser molestados y sin molestar a nadie. Y punto. No esperaban nada del estado. Dependían de ellos y ya era demasiado que un shefiff, “la ley” lograra defenderlos de asesinos y ladrones, porque, por lo demás, estaban acostumbrados a defenderse solos. De allí la Segunda Enmienda. Por lo demás, los puertos y caminos ya eran en gran parte bienes públicos en los EEUU, y si bien entonces los votantes podrían haber planteado el problema de quién entraba a lo que ellos pagaban, a nadie se le ocurrió el “issue”. En parte por lo que el Public Choice llama ignorancia racional, pero en parte también porque todos vivían la circunstancia cultural y política anteriormenente referida.

Ante esas circunstancias, el problema de la inmigración no existía.

Pero pasaron las décadas, cambiaron las ideologías y la geo-política mundial, y entonces el problema comienza a aparecer, cada vez en mayor grado. Primero porque surge el New Deal, la provisión federal de seguridad social, y por ende los incentivos cambian. Ahora muchos saben que pueden llegar a vivir sin trabajar, cosa insólita tanto en San Pablo como en los EEUU originarios. Entonces sí, uno más es un gasto más del Estado Federal, mientras antes, el pérfido libre mercado y el estado limitado implicaban que uno más era uno más trabajando y produciendo. Cosa que comienza a dejar de ser así, también, con salarios mínimos y con sindicatos y regulaciones que producen desocupación.

Segundo porque ya no es tan obvio que todos van a trabajar en paz y a practicar libremente su Fe. No es así con los narcotraficantes, claro, aunque si no se persiguiera al comercio de drogas, sería una industria más, aunque no santa, como la de los cigarrillos y el alcohol. No es así con los traficantes de personas, pero eso es así, claro, porque ya existen los controles fronterizos y las visas. Y menos aún es así con los terroristas, para cuyos países las visas están obviamente jutificadas, situación impensable entre los siglos XVI al XIX.

Por lo tanto, EEUU se cierra relativamente: hay inmigración, pero legal: hay visas, controles, pasaportes, regulación. Y, para colmo, toda América Latina, desde México para abajo, es una miseria total de instituciones e inversiones. Aunque los latinoamericanos no entiendan nada de la historia de EEUU, siempre lo vieron como un lugar donde el que trabaja sale adelante y no expropiado, expoliado y encarcelado. EEUU sigue siendo la meca de todos, incluso la de los hipócritas que no paran de demonizarlo pero viven allí ganando sus buenos millones de dólares.

Lo tragicómico es que todos coinciden en que tiene que haber diferencia entre la inmigración legal e ilegal. En todo el mundo, claro, pero sobre todo en EEUU, donde los demócratas han apoyado siempre la inmigración legal y por ende, han estado en contra de la ilegal. Tal vez, antes de Trump, la diferencia entre demócratas y republicanos, al respecto, era la que había entre el diretor del aeropuerto de New York y su supervisor en la película La Terminal . El director era coherente y se tomaba su trabajo, legal, hasta sus últimas consecuencias. El supervisor era el incoherente compasivo que le decía que las normas tienen que existir “pero no tanto”.

Trump y sus partidarios son como el director del aeropuerto. Se toman en serio las leyes que demócratas y conservadores apoyan. Los controles fronterizos existen especialmente desde fines de la segunda guerra en adelante, y ningun gobierno demóctata estuvo en contra. Obama siempre los defendió y la ley que establece separar a los menores de los padres que cruzan ilegalmente la frontera fue muy bien aplicada durante el gobierno de Obana pero, claro, con la CNN y el Partido Demócrata ambos muy calladitos, por supuesto.

Trump y sus partidarios, en cambio, se toman en serio la ley –cosa insólita para muchos-. Y además reconocen con franqueza la crisis de hace décadas en la frontera con México, crisis que ahora los demócratas llaman, todos como un coro, “manufacturada” por Trump. Hace décadas que los inmigrantes latinoamericanos, especialmente de centro-américa para arriba, mueren literalmente intentando llegar al maléfico EEUU (¡pero qué tonta que es la gente, no!?) y son esclavizados por los tratantes de personas pero no, eso no es una crisis. Es fruto de la mente enloquecida de Trump…

Pero que Trump se tome en serio la ley y vea realmente el problema no quiere decir que su diagnóstico y su solución sean los adecuados. Cabría preguntarse, por qué no, qué pasaría si no hubiera Welfare State. Qué sucedería si, de vuelta, todo el que camina un metro ya adentro de los EEUU sabe que va a tener que trabajar y punto terminado. Qué sucedería si no hubiera salarios mínimos y sindicatos con poder de coacción para impedir el ingreso de extranjeros a los puestos que ellos dejan con sus huelgas. ¿Qué sucedería? Que la inmigración sería una solución, no un problema. Y si abandonaran la inútil guerra contra las drogas, el narcotráfico se acabaría ipso facto. Simplemente habría que ver qué hacer con los que viene de regiones donde pulula el terrorismo: se les pide un visado. Más no se puede. Ser ciudadana norteamericana, hija de inmigrantes palestinos legales, no garantiza que no haya una bomba de tiempo que sea ya diputada demócrata, en el centro mismo de las instituciones legislativas norteamericanas.

 

Trump no puede ver nada de esto –Ron Paul sí- y como es un tipo sin vueltas ha cerrado el gobierno. Y los demócratas no le van a dar el dinero para su famoso muro. Ceder, para cualquiera de los dos bandos, es una derrota política crucial. Puede ser que Trump abra el gobierno federal, pero el problema va a seguir. Puede ser que los demócratas cedan y le den los fondos para el bendito muro, pero las gentes seguirán muriendo para cruzarlo. Puede ser que Trump intente una executive order con apoyo de la corte para construirlo, pero el problema va a seguir igual.  El problema es el Welfare State, el acabamiento del pacto político originario y la falta de liderazgo para revivirlo, lo cual es una mayor responsabilidad del partido Republicano, más nacionalista que classcial liberal. O sea que el problema no tiene mucha solución por ahora, como el mundo entero, en última instancia, tampoco la tiene. Pero no porque sea posible un paraiso, sino porque un mundo de personas trabajando en paz y libremente ha sido ya elminado por todos los soviets mayores o menores que habitan nuestras mentes y, por ende, este por ahora solitario planeta.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

20: JE JE.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/12/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/12/20-je-je.html

El llanto de Macri revela algo importante: él cree en todo esto.

Los demás presidentes y dictadores que estuvieron, también. Tal vez el que menos cree, por suerte, es Trump. Pero finalmente se reunió con el dictador chino. ¿Será un efecto de las empanadas?

O sea, Macri y los demás creen en los gobiernos, en sus tratados multilaterales, en sus regulaciones y en sus acuerdos. Y en el Banco Mundial, el Fondo Monetario, la ONU, la Unesco, etc., como organismos supranacionales que regulan todo y deciden todo.

Los liberales, en cambio, creemos en el libre comercio, en que un ciudadano de Argentina llame a otro de Canadá y arreglen por whatsap que se van a unir para venderle lo que fuere a un norteamericano, y listo, sin que Trump, Macri o Trudeau tengan nada que ver. Nada, sencillamente nada.

Pero no. Ha sido todo inútil. La dinámica de la real politik del mundo posterior a la 2da guerra ha llevado a un sistema donde gobierna un club de amigos que se miran de reojo a ver cuán amigos son, y un resto de paisitos que integran una especie de protectorado para no entrar en default y esas cosas. Grandes y chicos coinciden en un estatismo intenso, altamente regulado, en economía, educación, salud y sencillamente todo, donde “lo privado” tiene que adaptarse a ello o desaparecer (o NUNCA aparecer, como sucede, porque la consecuencia de todo ello es la creatividad humana colonizada por la razón instrumental).

Un llamado capitalismo de amigos, una economía altamente regulada, un estatismo educativo total, la agenda del género y el aborto altamente financiada, y ya está. Ese es el mundo que tenemos. La verdadera libertad circula por mercados negros en un ajedrez permanente contra la regulación. EEUU, Rusia y China como la trinidad hobbesiana, todos los demás como socios menores o adiós. Una pax romana, inestable pero re-acordada año tras año. Y así parece que ad infinitum.

Las izquierdas y las derechas extremas reaccionan contra todo eso, curiosamente, porque creen que eso es el “capitalismo liberal”. No leyeron a Mises, desde luego, quien denunció todo eso en Liberalismo, en Omnipotent Govertment, en Nation, State and Economy, en Human Action. Cuando finalmente, ya cansado, el último caballero del liberalismo se vio a sí mismo en medio de todo ese infierno, no tuvo más que afirmar, con pena, que no le quedaba sino ser un historiador de la declinación. Y pensar que eso fue en 1942. Si renaciera, se haría seppuko.

Y así con todos nosotros. Ese es el mundo que nos toca y no esperemos mayores milagros. Como ya dije una vez, podemos seguir defendiendo la libertad para que las garras trituradoras del totalitarismo no se cierren totalmente… O ni siquiera para eso: sencillamente para hacer lo que se debe hacer. Pero mientras tanto, no nos hagamos ninguna ilusión. English I know, porque por lo menos fue el idioma de la Declaración de la Independencia de 1776. Ruso y Chino, no sabré. Japonés es Marte y Español es Don Quijote.

Que Dios nos ayude. Je je.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.