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Knowledge Problem in Central Banking: Part II

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 4/8/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/08/04/smp-knowledge-problem-in-central-banking-part-ii/

 

The previous post presented Hayek’s knowledge problem in the context of the economic calculation debate under socialism. We discussed the distinction (sometimes overlooked) between information and knowledge . To sum up, information is objective data such as quantities and prices. As a qualitative concept, information can be complete or incomplete. Knowledge is subjective data interpretation. As a qualitative concept, it is neither complete nor incomplete.

This distinction is not only key to understanding the Mises-Hayek argument against socialism, but it is also important in understanding where the central banking knowledge problem falls. Socialism deals with both information and knowledge problems, but central banks deals mainly with knowledge problems, including lack of competition, the big player effect, and the rule of law vs. the rule of experts.

Lack of competition

In a competitive money and banking regime (free banking), competition among convertible banknotes issues supplies information, through adverse clearing settlement (if banks are issuing too much or too little money). Money supply follows money demand spontaneously, maintaining monetary equilibrium.

Central banks, especially in the case of fiat money, do not have this source of information. The piece of information that is going to be used as a substitute depends on the knowledge of policy-makers. By far the most common one is price level stability. But since productivity can also change, a stable price level is not a synonym of monetary equilibrium. Another option is a stable nominal income, where money supply changes maintain monetary equilibrium. In this case, the price level is allowed to change inversely with respect to changes in productivity. Other options exist as well, but the point is that these are not minor differences. What is being questioned is what the right proxy of monetary equilibrium is, which is not a small issue for the monopoly of money supply.

For the central bank, the issue is not so much having access to market information as it is, (1) choosing the right variables to inform the stance of monetary policy and (2) knowing how to read them correctly. As has been pointed out by a number of scholars, the U.S. Federal Reserve mistakenly thought that the low inflation in the years after the 2001 crisis showed that their monetary policy was on the right track.

Big Player effect

On top of the above problem, central banks also have to deal with being Big Players. A Big Player is an economic agent whose decisions can push other players to change strategies. The execution of a certain policy changes the market condition that informs which policy to take on in the first place.

This can become an issue if a key monetary variable is changed in the process. For instance, the decision by the Board of Governors to start paying interest on reserves pushed banks to hoard reserves, worsening the 2008 crisis. In the middle of the crisis, the Fed started to pay to banks to not extend credit. The experts in charge of the Fed seemed to underestimate how sensitive banks would react to interest payment on reserves.

This issue becomes more problematic when a Big Player decision triggers a reaction by another Big Player. In these situations predicting market conditions becomes even harder. It could be argued that the major central banks’ reactions to the Fed’s loose monetary policy after 2001 helped mislead the status of U.S. monetary policy.

Rule of law vs rule of experts

Lastly, market order depends on following the rule of law. Among other reasons, the rule of law allows for predictability in economic agents’ behavior, fulfillment of contracts, etc.

Central banks, however, do not follow the rule of law; the alternative is the rule of experts. Experts may be well informed and hold the best intentions and still be wrong. Their mistakes can be very expensive since they are not constrained by the rule of law, but by their “expert knowledge.”

To mention that central banks do not follow a rule of law does not mean that policy-makers cannot be held accountable for breaking the law, or that central banks do not have their own regulatory framework. It means that central banks have regulatory power over other economic agents. In that sense, central banks are above the law of other economic agents, and that requires them to rely on expert knowledge. As we saw in the 2008 crisis, some of this expert knowledge can lead to determining which institutions are too big to fail and how credit should be allocated in financial portfolios. A principle of constitutional constraints under the rule of law, however, is that the more damage an institution can do (a President, or a central bank), the more limited their behavior should be. Rules are more important than experts.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Las bondades del ahorro

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 1/3/16 en http://independent.typepad.com/elindependent/2016/03/las-bondades-del-ahorro.html

 

En la Argentina de hoy, como en tantos otros momentos de la historia, se debaten con intensa pasión los temas que inquietan a la ciudadanía toda: holdouts o buitres; shock o gradualismo; inflación o la paz de los cementerios (como recordara la tristemente célebre Felisa Miceli, quien aún conserva en su haber dos extraños “privilegios”: única mujer Ministro de Economía de la Nación y, también, única condenada en el cargo), liberalismo o intervencionismo, en una vasta agenda de diferentes temas.

Justamente, intentar abordar con objetividad y apoyo teorético determinado asunto requiere de algunos contenidos básicos de la ciencia económica. Por ejemplo, según la ortodoxia, el producto bruto es igual a la renta que se percibe en la economía. La renta, por su parte, una vez que se completan las transferencias y deducen los impuestos, se reparte entre el consumo y el ahorro. Dicha expresión establece la identidad contable que constituye el punto de partida sobre el cual se asume la existencia de un único nivel de producción de equilibrio, en el que la demanda agregada de bienes y servicios es igual al nivel de producción.

La forma en que las familias reparten su ingreso entre consumo y ahorro es, sin duda, una de las decisiones económicas claves que deben tomar las personas, ya que afecta al bienestar económico a lo largo del tiempo. Si las familias optan por consumir más en el presente, consecuentemente ahorran menos y, concatenado con ello, consumirán menos en el futuro. A nivel agregado, el efecto acumulativo, determinará la tasa de crecimiento.

El ingreso disponible percibido por las economías domésticas representa la tasa de ingreso que reciben y esperan poder consumir o ahorrar. El consumo no conduce a ninguna acumulación de existencias, mientras que el ahorro provoca el crecimiento de la riqueza de las economías domésticas a cierta tasa por unidad de tiempo.

Las decisiones de mención se toman en el marco del sistema de información proporcionado por los precios. De hecho, la función principal de los precios es la de comunicar, lo más rápidamente posible, las señales de cambio que los individuos no pueden conocer y con arreglo a los cuales deben ajustar sus planes.
Pero los precios actuales pueden también conducir a error si son causados por sucesos que no se repiten, como entradas y salidas temporales de dinero en el sistema. Las más importantes y repetidas equivocaciones de este tipo ocurren cuando los fondos disponibles para la inversión aumentan sustancialmente por encima, o disminuyen sustancialmente por debajo, de las cantidades transferidas del consumo, al ahorro y la inversión.

Es decir, las proporciones entre el consumo y el ahorro sólo pueden cambiar como resultado de modificaciones de la cantidad efectiva de dinero. Por el contrario, cuando los cambios en la distribución social en favor de la creación de capital son el resultado de modificaciones de la actividad de ahorro individual, se perpetúan automáticamente.

Como se sabe, los gestores del ciclo político finalizado el 10 de diciembre lucharon denodadamente para estimular el consumo o el lado de la ecuación que intentó fomentar el bienestar presente a expensas del futuro. ¡Pero el modelo se agotó!, consumió las existencias de capital necesario para atender a fines más remotos en pos de lo más urgente, y dio por hecho sojuzgar cualquier atisbo de reservar una parte de los ingresos ordinarios con vistas a un mayor consumo futuro.

Ahora, el gran desafío del presidente Macri es crear las condiciones para que el ahorro, interno o externo, sin importar su origen, regrese al país y se traduzca en inversiones. El capital es el único factor determinante de ingresos y salarios, pues, mediante equipos y herramientas, oficia de soporte logístico para incrementar la productividad del trabajo.

En el enfoque Mises-Hayek, un aumento de la tasa de ahorro genera dos efectos importantes: un efecto demanda derivada (basado en la idea keynesiana de que un aumento del ahorro sólo se traduce en una reducción del consumo y de la producción) y un efecto descuento temporal (porque los individuos ahorran con la finalidad de incrementar su consumo futuro prestando dinero a cambio de una rentabilidad. Un aumento de la oferta de fondos prestables se traduce en un descenso del tipo de interés).

En la exacerbada mirada cortoplacista de un mundo keynesiano (con quien se identificaba el exministro Axel Kicillof, pero también simpatiza Prat Gay), solo se advierte el efecto demanda derivada. La conocida “paradoja de la frugalidad”, “paradoja de la austeridad” o “paradoja del ahorro” establece que un incremento del ahorro, bajo determinadas condiciones, reduce la renta nacional.

Pero, al contrario que en el enfoque keynesiano, los dos efectos pueden moverse en direcciones opuestas. Un descenso del consumo presente, no implica necesariamente una reducción de la producción y de la demanda de trabajo a través del efecto demanda derivada. Más bien, por medio de su influencia sobre el tipo de interés, señaliza un incremento del consumo futuro que favorece el desplazamiento de inputs desde las últimas etapas del proceso productivo (orientadas hacia el consumo presente) hacia las primeras (orientadas hacia el consumo futuro). A este resultado se llega a través del llamado efecto descuento temporal. Finalmente, el efecto descuento temporal domina al efecto demanda derivada favorecido por las bondades del ahorro.

El autor es Doctor en Economía y máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.