“El mal se hace todo junto, y el bien se administra de a poco”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 27/4/17 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2017/04/el-mal-se-hace-todo-junto-y-el-bien-se-administra-de-a-poco.html

 

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Si se considera la teoría ortodoxa, el enfoque que matiza el modelo de gasto autónomo y política fiscal ―como determinante de la demanda agregada  y la renta de equilibrio― se complementa con los instrumentos que utiliza la política monetaria: cantidad de dinero y tipos de interés. Al utilizar dichos argumentos, el Banco Central y la política monetaria al menos reciben tanta atención como la política fiscal. Precisamente, el rol de la institución monetaria es lo que ha monopolizado el interés de los analistas económicos de Argentina, y su presidente, Federico Sturzenegger, se ha convertido en el principal foco de las críticas desde dentro y fuera de la alianza Cambiemos.

Lo que sucede es que con un tipo de cambio estancado y/o una leve tendencia hacia la baja producto del ingreso de divisas (debido al creciente endeudamiento destinado a financiar obras de infraestructura y de otra índole, en todos los niveles de gobierno), las principales objeciones se dirigen hacia al Banco Central y hacia sus políticas vinculadas con la tasa de interés de referencia fuertemente restrictiva.

Visto el escenario como un todo, la institución monetaria enfrenta una lucha desigual y perdida de antemano: el frente fiscal —el cual se encuentra fuera del ámbito de competencia del banquero central―. Tales expresiones pueden corroborarse en las propias palabras del titular del banco de bancos, Sturzenegger, durante la conferencia que brindó en Bloomberg Argentina Summit 2016, al momento de cumplir 100 días al frente de la entidad: “De cualquier manera, como ustedes saben, no hay posibilidad de un régimen monetario estable si no viene acompañado de una política fiscal que permita a la autoridad monetaria concentrarse en su trabajo de estabilización nominal. Esto no requiere de mucho análisis y es un prerrequisito básico para un país con baja inflación.” Sin embargo, como es natural, eventualmente, no sería la primera vez que el rol del funcionario político domeña a la labor profesional.

En este contexto, en el que se entremezclan intereses y egos (ocasionalmente exacerbados por defender una reputación personal), la prioridad absoluta de la autoridad monetaria es inducir a la baja sistemática y sostenida de la inflación a como dé lugar; objetivo al que habrá de llegarse manipulando el indicador a niveles similares a los que exhiben las economías que manejan su política monetaria bajo esquemas de metas de inflación. Pues, a pesar de las inconsistencia fiscal, se persiste en el logro de una moneda confiable y de poder de compra estable como el principal aporte que el Banco Central puede hacer para favorecer el cumplimiento de los otros objetivos que le manda su Carta Orgánica.

Con el claro objetivo de velar por la estabilidad monetaria, se trata de torcer la responsabilidad que ha sido deliberadamente desatendida por la administración anterior. Es decir, se pasó de un  Banco central que podía hacer casi de todo, menos su función específica, a un banco que se piensa que “no puede hacer casi nada” excepto bajar la inflación.

El riguroso esquema de control de la tasa de interés y fuerte contracción monetaria implementada por la actual gestión ha sido responsable de que el traslado a precios proveniente del movimiento cambiario (el denominado coeficiente de traslado o pass through) haya sido reducido y capaz de sojuzgar la evolución de la divisa norteamericana, frente a los precios domésticos, a lo largo de todo el presente mandato. Pero hay un corolario más fiero, la composición de la demanda agregada entre el gasto de consumo y el gasto de inversión se ha visto trastocada por el tipo de interés, y, como se ve cotidianamente en Argentina, sostener el gasto público se lleva a cabo a expensas de la inversión privada.

Por su parte Dujovne, Ministro de Hacienda, deposita su optimismo en una mirada que supone al problema fiscal como una diferencia lineal entre el déficit efectivo y el déficit estructural. La parte que falta para levantar las cargas del Estado y se conoce como déficit efectivo difiere del homónimo estructural en un componente cíclico, ya que refiere a aquella parte del déficit que se produce simplemente porque la economía no se encuentra en un alto nivel de empleo. Justo, lo que caracteriza al déficit estructural de pleno empleo, ajustado cíclicamente o de alto nivel de empleo.

Las diferencias se producen porque tanto los ingresos públicos como los gastos responden sistemáticamente a los ciclos económicos. Dados unos tipos impositivos que el ministro no está dispuesto a modificar, se espera que los aumentos del nivel de renta generen ingresos mayores y, como consecuencia de ello, disminuya el peso relativo de los gastos en el erario público. Todo un largo peregrinar de futuro incierto sesgado al único estímulo capaz de generar crecimiento genuino: las añoradas inversiones.

Aquí, resulta procedente el adagio de que para muestra basta un botón. La firma Amazon, el gigante del comercio electrónico, que planea instalar start-ups en la región consideró a Buenos Aires como una oportunidad de inversión. Sin embargo, cuando los ejecutivos de la empresa advirtieron que de cada 100 dólares invertidos el 40% se iban en impuestos y trámites burocráticos, se entrevistaron con la subsecretaria de Políticas y Gestión de la PyME, Carolina Castro, y corroboradas las medidas impositivas decidieron llevarse el proyecto de empresas emergentes a Chile.

Tal vez, sea este el momento de advertir a Dujovne para que lea la obra de Maquiavelo, El Príncipe, o, simplemente, contarle al ministro lo que dice el autor: “El mal se hace todo junto, y el bien se administra de a poco”.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Para crecer hay que bajar los impuestos

Por Iván Carrino. Publicado el 2/6/16 en: http://www.ivancarrino.com/para-crecer-hay-que-bajar-los-impuestos/

 

Al revés de lo que los políticos nos quieren hacer creer, bajar los impuestos es un requisito para que la economía avance, y no una consecuencia del crecimiento.

Imaginemos que estamos viendo una maratón. No se trata de una maratón convencional. Si bien el objetivo es llegar a la meta en el menor tiempo posible, la característica distintiva de esta competición es que los corredores van cargados de una pesada mochila. Cada competidor está asesorado por un entrenador, quien puede decirle en qué momento ir quitando cosas de esa mochila y, por tanto, reducir la carga a transportar.

En nuestra competencia, uno de los entrenadores le indicó al concursante que se liberara del peso tan pronto como le fuera posible. A los pocos segundos, el maratonista abandonó su mochila y comenzó a correr más rápido.

En la misma carrera, otro entrenador proponía una estrategia diferente. A los gritos, le decía al maratonista que sólo cuando corriera un poco más rápido, iba a permitirle sacarse de encima el peso de la mochila.

Si quedó claro el ejemplo, no hace falta pensar mucho para darse cuenta que, finalmente, el primer corredor fue quien ganó la carrera, mientras que el segundo quedó relegado, en un cómodo pero último lugar.

Puede que resulte extraño, pero nuestro Ministro de Hacienda tiene muchas similitudes con el segundo entrenador de nuestra historia. De gira por Europa para atraer inversiones, afirmó que le gustaría bajar los impuestos, pero que esto no será posible hasta que la economía “no crezca fuertemente”.

La afirmación no podría haber sido más desafortunada. Después de todo, los impuestos son como la mochila para nuestro maratonista. Representan una carga para la economía y, por tanto, son el obstáculo principal para que podamos crecer fuertemente.

Por otro lado, si para bajar impuestos fuera necesario que la economía crezca previamente, debería ser cierto lo contrario. Es decir, tendríamos que pensar en subir los impuestos cada vez que se entra en recesión, algo que no recomendaría ningún economista de ninguna escuela de pensamiento.

Ahora volviendo al tema de la relación entre los impuestos y el crecimiento, podemos observar lo que los expertos afirman sobre el tema. De acuerdo al análisis de la Tax Foundation, una ONG estadounidense dedicada a monitorear la carga impositiva de los países de la OCDE, existe una relación negativa entre la carga tributaria y el crecimiento económico. Según su último Índice de Competitividad Impositiva:

Un sistema impositivo competitivo es aquél que limita los gravámenes sobre las empresas y las inversiones. En el mundo globalizado de hoy, el capital puede moverse con facilidad. Las empresas pueden elegir invertir en un gran número de países, buscando los mejores retornos. Eso implica que buscarán países donde las tasas impositivas sean más bajas, de manera de maximizar sus beneficios después del pago de impuestos. Si los impuestos en un país son muy elevados, la inversión se irá a otra parte, generando menor crecimiento económico.

Un código impositivo competitivo y neutral promueve el crecimiento económico sostenible y la inversión. Como resultado, esto lleva a más puestos de trabajo, mejores salaries, mayor recaudación tributaria y a una mayor calidad de vida

Según la ONG, los países con mejores sistemas impositivos en la OCDE son Estonia, Nueva Zelanda y Suiza. Argentina no es parte de la OCDE, pero podemos hacernos una idea de cuán pesada es la mochila tributaria si miramos el indicador de la Tasa Total de Impuestos que calcula el Banco Mundial. Según los últimos datos, el nuestro es el segundo país en el mundo que más impuestos le cobra a las empresas, llegando éstos a representar nada menos que el 137,4% de sus beneficios.

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Si trasladáramos este análisis al corredor de la maratón, veríamos que el nuestro es el que tiene la segunda mochila más pesada de toda la competencia. Para colmo de males, nuestro entrenador nos dice que antes de reducir ese peso, tenemos que correr más rápido. Algo claramente imposible dado el colosal lastre.

El problema es el gasto

El problema de Prat-Gay, en realidad, pasa por otro lado. No es que no quiera reducir los impuestos porque necesita que crezca la economía. Es que no puede reducir los impuestos porque el kirchnerismo le ha dejado un déficit fiscal de proporciones gigantescas y bajar la carga tributaria, en este contexto, sólo incrementaría ese agujero.

A la postre, éste es el verdadero problema de la economía argentina: el elevado nivel de gasto público, que hace imposible reducir el peso de los impuestos sobre el sector privado sin incrementar aún más el déficit. En conclusión, es el gasto lo que hay que reducir en primer lugar, para luego poder dar lugar a una menor carga tributaria.

Pero los políticos raramente toman ese camino. En definitiva, se trata de la billetera personal – fondeada por los contribuyentes- que les sirve para hacer política y cosechar la máxima cantidad de votos en las elecciones. Y nadie va en contra de sus propios intereses.

Esperemos que esto cambie. De lo contrario, seguiremos ocupando los últimos lugares en la carrera del crecimiento económico y la prosperidad de la gente.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La izquierda argentina, como el Asno de Buridán

Por Iván Carrino. Publicado el 13/3/16 en: http://www.ivancarrino.com/la-izquierda-argentina-como-el-asno-de-buridan/

 

Cuenta la historia que el Asno de Buridán tenía que elegir entre dos montones de heno para comer, pero como ambos le daban lo mismo, no podía decidirse por ninguno y terminaba muriendo por inanición.

En la economía argentina sucede algo parecido. El Ministro de Hacienda afirmó que o se arregla con los holdouts para abrir la puerta del financiamiento externo, o se emprende un “salvaje” ajuste del gasto público.

Por supuesto, la izquierda, encabezada por Kicillof, es la primera en gritar “no a la deuda“, pero también rechazar de plano cualquier tipo de retoque del gasto público, considerado “reactivante”, “social” y todo tipo de adjetivos maravillosos.

La diferencia de los economistas de izquierda con el Asno de Buridán es que ellos se enfrentan a dos alternativas que detestan por igual. Pero lo cierto es que no pueden inclinarse por ninguna de ellas, al igual que el asno.

¿Qué harían entonces? Como no se trata de comida, si fuera por ellos, no morirían de inanición. Pero lo cierto es que las otras dos alternativas posibles sí podrían ser la “muerte” de la economía.

Es decir, más inflación todavía, o una brutal subida de los impuestos.

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Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.