Estos sí son héroes

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 4/5/14 en http://www.eluniversal.com/opinion/140504/estos-si-son-heroes

 

Con el respeto que merecen los hombres que han empuñado armas, como que vengo de familia de generaciones de militares, mi obligación es decir la verdad. Héroes no son los soldados. En lo que va de 2014 ya van 10 periodistas, 3 colaboradores y 3 Net-ciudadanos muertos, además de 163 periodistas, 14 colaboradores y 165 net-ciudadanos encarcelados, según Reporteros sin Fronteras. Pero no son héroes por arriesgar su vida, que no quiero alentar la temeridad, héroes son los periodistas –yo soy solo colaborador de opinión- y todo el que encuentre y difunda la verdad, la información, porque así se defiende la vida.

Efectivamente, frente a una mosquita que pudiera conocer y anticipar los movimientos el ejército más poderoso sería inútil. Ni existirían crímenes si pudiéramos prever los movimientos de los delincuentes. Y los gobiernos populistas, que viven de explotar a sus ciudadanos, no resistirían un día si se pudieran conocer y predecir, por ejemplo, los movimientos de sus corruptos recaudadores.

Luego de 10 jornadas de recorrido desde Cartagena, y de los trámites de aduana en Venezuela, se comenzaron a utilizar las 52 toneladas de papel enviadas por la prensa colombiana a colegas venezolanos, como el periódico El Impulso que fue el primero en recibir la carga de 18 rollos que servirán para algunos días más de circulación. Mientras que los diarios El Nacional El Nuevo País recibirán 39 y 18 rollos, respectivamente. Y las gestiones continúan.

Para Nora Sanín, de la Asociación Colombiana de Editores de Diarios y Medios Informativos, “es muy satisfactorio contribuir… a la libertad de prensa y al derecho a la información de los venezolanos” que se ve seriamente amenazado por la falta de papel como consecuencia de las acciones del gobierno de Maduro. Además, dentro de la iniciativa “Todos somos Venezuela. Sin libertad de prensa no hay democracia”, diarios de la región publican artículos de los periódicos venezolanos, como acto solidario.

Pero no todos son Venezuela, algunos son Maduro y quieren coartar la libertad de información porque necesitan el secreto, propio de las acciones violentas y delictivas. Los diarios The Guardian The Washington Post recibieron el premio Pulitzer –el más prestigioso del planeta, conferido anualmente por la Universidad de Columbia- por difundir el espionaje masivo realizado por el gobierno de EEUU, gracias a los documentos que filtró Edward Snowden quien debió exiliarse para no ser encarcelado por los “Maduro”. 

En 1972, el galardón fue otorgado a The New York Times por publicar losPentagon Papers, documentos clasificados que arrojaban luz sobre el involucramiento político y militar de EEUU en Vietnam. El Pulitzer también distinguió a The Washington Post en 1974 por el escándalo de Watergate sobre el espionaje del gobierno a oficinas demócratas que derivó en la renuncia del presidente Nixon.

Si existiera información perfecta, no existirían los crímenes. Claro que esta situación ideal nunca se dará, pero merece la pena trabajar por ella porque así se defiende verdaderamente la vida, nunca con la violencia “defensiva” que solo agrava las situaciones. “La verdad os hará libres” no las armas de fuego que son, a no dudarlo, los instrumentos más liberticidas que existen, desde que al asesinar terminan completamente con la vida –la libertad- de las personas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Hay vida fuera del cochecito

Por José Benegas: Publicado el 17/4/14 en http://josebenegas.com/2014/04/17/hay-vida-fuera-del-cochecito/

 

El gobierno de la señora Kirchner ha entrado en la etapa de la intrascendencia. No se puede hablar de debilidad porque el kirchnerismo logró que la ilegalidad en la que se maneja sea tomada como normalidad. Una década medieval digamos, con elementos de culto al jefe de la banda sorprendentes, que se ha naturalizado. Por lo tanto las señora no pierde el poder hasta los últimos días dado que éste sistema político que más que encuadrar en el marco constitucional está descripto en el Código Penal (antes de la reforma), sigue fluyendo en recursos. Todavía hay un año para mandar farándula jubilada con contratos a defender a tontas y locas la inflación, la inseguridad, la mentira, el latrocinio y la frase tonta del día. Hay más de un año para hacer rendir el negocio de TV farandulera lobbista de tratar la política con formato de Polémica en el Fútbol y legitimar la canchereada asaltante. Pero la intrascendencia tiene que ver con la imposibilidad de armar negocios de largo plazo. Algunos amiguitos buscan convertirse en simples empresarios del juego en la Florida, otros fantasean con venderle sus activos a los chinos y algunos han hecho tanta que en realidad planean su jubilación prematura con fotos en la revista Caras. Todos cuentan con que un país que toleró a los kirchner estará dispuesto a reciclarlos por un poco de cercanía a la torta, alguna invitación o contacto. El sueño argentino de convertirse en un gran chorro. Y si no de tener una selfie con alguno. A la vez en el orden político Capitanich habla para sí mismo. Sólo por costumbre los diarios siguen destacando sus falacias diarias como si fueran noticia, pero las novedades del corazón son ya más atractivas que su mala imitación de Aníbal Fernández. Lo que digan, lo que hagan, empieza a no importar y no porque no puedan hacer todavía mucho daño. Lo están haciendo, pero todos sabemos que la oposición está barrenando y mandando a confeccionar la ropa con la que piensa asumir sus futuros cargos, así que por qué ocuparse de algo de lo que no se ocuparon en los últimos diez años, salvo excepciones, en los que ellos y sus empleados cobraron sueldos exorbitantes para no molestar. Pero acá viene la falla del plan. Existe una cosa que se llama realidad. El plan Kirchner es extender el naufragio hasta el 2015, con endeudamiento, con la soja o con la bendición vaticana. Les da igual, mientras puedan llegar. Arreglar no piensan arreglar nada. La señora dejará un país con un gasto público atroz, en recesión con inflación, el nivel de impuestos más alto de la región, con la declaración de su Corte de que gran parte de los recursos que ya se gastaron eran inconstitucionales, esto es las retenciones, así que habrá que devolverlas en juicios cuyas sentencias vendrán en los años del próximo gobierno y tampoco se contará con esos recursos. Lo cual no deja de ser una buena noticia. La realidad no lee a Durán Barba, así es que plantea una de estas posibilidades que no negocia: 1. Reducir el gasto público drásticamente. 2. Aumentar la inflación y/o los impuestos 3. Bicicletear la situación con refinanciamiento. 4. Ignorar el problema. De la Rúa se encontró con una encrucijada similar, pero el país estaba en calma y no tomado por el robo tolerado. No estaban los resortes económicos, el poder judicial y muchas empresas cooptadas desde la facción oficial, al menos en un nivel comparable al actual. Recibió un pase complicado y su naturaleza radical lo llevó a optar por una combinación de las salidas 2, 3 y 4. Sabemos cómo le fue ¿no? Los políticos en general son así, se preguntan qué cosa puedo hacer para no enfrentar el problema. Cualquier cosa que les digan la agarran, pero los nuestros exageran. En el mundo ponen el freno varias cuadras antes del iceberg, no aceleran. Hay algo que podríamos aprender: después de un gobierno que despilfarra, eso fue al final el gobierno de Menem, no puede venir una Alianza explicando que se ha despilfarrado poco o con un criterio no demasiado sensible. Para encarar la solución número uno, la adulta, la que nos salva de verdad, se necesita una batalla cultural contra el espíritu adolescente y parasitario con el que los K convirtieron a la Argentina en un rebaño. El desafío es enorme, pero los políticos de la oposición no dan señales de enterarse de la cuestión. Es tan infantil la Argentina que para muchos la esperanza es que todos mientan, que hagan “la gran Menem”, esto es decir una cosa para la tribuna (ellos) pero hacer otra. Después que él se haga cargo de los costos y si el plan falla se puede retomar la droga moral del llamado progresismo, mandando al titiritero al matadero. Pero esa vía también está agotada. Es decir o el país se enfrenta a su problema de 70 años de mentalidad parasitaria peronista, que incluye a radicales, socialistas, militares y todas las nuevas variantes de la política o sencillamente desaparece ¿Será mucho decir desaparece? Ya no lo creo. El cambio cultural no consiste en convencer a la gente de que debe sufrir. Esa es la visión adolescente de hacerse adulto. Lo que el país debe entender es que hay una felicidad en aceptar la realidad, en madurar, que se debe dejar de sufrir por la estupidez porque la vida sin costo no existe. El problema siempre es que el beneficio sea mayor que el costo, no que no haya costos como quieren los niños malcriados y los “progresistas”, aunque esto tal vez sea una redundancia. ¿Queremos salir de la pobreza y la declinación económica? Se necesita todo eso que la progresía enseña a la gente a odiar: empresas, empresarios, afán de lucro, comercio, apertura. También deshacerse de todo lo que ellos aman: subsidios, regalos, protecciones, consuelos. Si el nefasto sistema educativo que todos veneran prepara masas de profesionales para ser empleados (cosa que es un gran error), es una locura que el sistema mismo emita su credo anticapitalista del modo cerrado y obstinado en que lo hace. Pero la coherencia hay que encontrarla en la manipulación. Nuestro sistema así como lo dejan los K es una gigantesca maquinaria de frustración que provee ovejas para el sacrificio. Sacrificios que aumentan la frustración, pero a su vez el protagonismo de la visión negra de la vida, de la visión impotente en la que la izquierda puede administrar la depresión general con más resentimiento. A otra cosa mariposa. El cambio político, la solución económica y la campaña electoral de una opción electoral que no quiera terminar como de la Rúa, deben alinearse en un único sentido. Nunca ha habido una facilidad tan grande para diferenciarse de todo el resto, el problema es que la progresía también inyectó su maquinaria de frustración entre los políticos opositores. Lo que dicen que no se puede hacer, se puede hacer, es lo único que vale la pena hacer y nadie lo ha probado. Por más que los encuestados contesten que hay que tirarse al río, sabemos que no hay que hacerlo (¿lo sabemos?). Mientras se prueban el traje tantos futuros presidentes a lo mejor alguien les quita el guante, porque eso que está implícito en nuestra constitución histórica hace felices a los países, hace feliz a la gente. La Argentina ya lo probó. Hay vida fuera del cochecito. 

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Densa nube de incertidumbre en Egipto

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 12/7/13 en http://www.lanacion.com.ar/1599291-densa-nube-de-incertidumbre-en-egipto

Mohamed Morsi ya no es presidente de Egipto. Con su caída, la Hermandad Musulmana, tras un año de gestión absolutamente ineficaz, ha perdido una oportunidad realmente histórica y terminó siendo desalojada por la fuerza del poder.

Esto sucedió fundamentalmente como consecuencia de una mezcla de incompetencia en el gobierno, sumada a una llamativa arbitrariedad en la toma de las decisiones, a la extrema desconfianza de Morsi frente a las conductas de terceros, a un verticalismo extremo en el proceder y a la inflexibilidad como constante en el andar, cuando era necesario saber edificar consensos. No es poco.

Esas características, sumadas, expresaron una evidente falta de voluntad real en Morsi en tratar de reconciliar las diferencias y visiones distintas entre los mismos egipcios para no suicidarse políticamente y avanzar todos unidos. Morsi eligió el autoritarismo, a la manera de una aplanadora.

La gota que, como suele ocurrir, colmó esta vez el vaso, fue la designación inconsulta de los 17 gobernadores, islámicos todos, incluyendo el error grosero de nombrar -para administrar a Luxor- a un dirigente del fanático grupo islámico “Gamaa Islamiya”, el mismo que fuera responsable de la horrible masacre de turistas perpetrada en la ciudad del mismo nombre, en 1997, con un tendal de víctimas inocentes.

Una nueva realidad

Lo cierto es que, una vez más, los militares egipcios han asumido la conducción de su país.

El mensaje castrense es bien simple: hemos venido a evitar el caos y trabajaremos para que, finalmente, Egipto tenga una Constitución inclusiva y poder generar una hoja de ruta consensuada con los principales líderes políticos del país, que permita convocar a elecciones lo antes posible. Sin exclusiones, según anuncian.

Tras un ultimátum militar que fuera desoído, el reemplazo de Morsi se hizo saber a la población a través de un mensaje del General Abdul-Fattah el-Sisi.

La presidencia del país fue encargada transitoriamente a quien hasta ese momento conducía al Supremo Tribunal Constitucional, Adli Mansour, un jurista de perfil bajo, sereno y moderado. Al mismo tiempo, la Constitución de Egipto fue suspendida y el Parlamento disuelto. La designación de un primer ministro -el timonel que debe atravesar la tormenta que azota a Egipto- no está resultando fácil. El salafismo vetó el ofrecimiento inicial hecho a ElBaradei. Y ante la profundización de la violencia y el llamado de la Hermandad Musulmana a una Intifada, decidió suspender sus esfuerzos por integrar un nuevo gobierno y dejar el diálogo con las nuevas autoridades. Esta novedad parece grave, por sus posibles efectos desestabilizadores, desde que ahora no hay interlocutor musulmán de alguna envergadura en el diálogo social indispensable para superar la crisis. Y Egipto es, por cierto, un país mayoritariamente musulmán.

Un cúmulo de errores y protestas masivas

Morsi había sido elegido presidente, recordemos, con el 51% de los votos. Pero no todos fueron votos islámicos, porque en segunda vuelta debió enfrentar a Ahmed Shafik, un resabio del régimen de Hosni Mubarak, a quien muchos se negaron a votar, por eso mismo.

Hoy se estima que la Hermandad Musulmana tendría entre un 25% y un 30% del electorado egipcio. No es poco, pero está lejos de ser una mayoría importante. Hay además otro cambio significativo: la oposición está unificada en el Frente de Salvación Nacional.

Morsi creyó, equivocadamente, que si mantenía la autonomía y los privilegios de los militares obtendría necesariamente su endoso en blanco. No ocurrió así.

Con el país al borde del caos económico y paralizado por los cortes de energía, la gente salió a protestar masivamente, visiblemente frustrada. Con su paciencia agotada. Los gritos contra Morsi fueron duros y resonaron en millones de gargantas en la Plaza Tahrir, otra vez. Por ello el claro ultimátum militar, que sin embargo no logró impresionar a Morsi. También por ello su rápida caída, de alguna manera de la mano de los mismos jueces a quienes Morsi intentara someter por un decreto que pretendidamente lo ponía más allá de su jurisdicción. Por encima de la ley.

Un clima enrarecido

Hoy Egipto está inmerso en la violencia, con un clima social frágil, como pocas veces en la historia reciente. Polarizado en extremo. En medio del abierto e impaciente desencanto de la clase media y particularmente de los más jóvenes.

Para los islamistas, quizás exista la sensación de estar en Argelia en 1991; o en Palestina, en el 2006; o hasta en el propio Egipto, en 1954, cuando tuvo lugar el golpe militar de Gamal Nasser. Episodios, todos ellos, de represión y violencia que, de repetirse, podrían finalmente radicalizar a muchos de los miembros de la Hermandad Musulmana.

Para la región, toda suerte de reacciones. Alegría indisimulada en los pequeños países del Golfo, expresada por una inmediata declaración de la Liga Árabe. También presumiblemente para Bashar al-Assad, en Siria.

Desilusión evidente en las filas de Hamas y esperanza, en cambio, en las huestes de Fatah, las que responden a Mahmoud Abbas, quien felicitó a los militares egipcios, deseándoles éxito en la etapa que acaba de comenzar.

Seguramente un reservado intervalo de alivio en Israel, al menos por ahora. Preocupación, en cambio, para el gobierno turco y especialmente para el partido oficial, el islámico “Justicia y Desarrollo”, que ha tratado de cercenar la fuerza tradicional de los estamentos militares turcos.

También preocupación para el partido Ennahda, en Túnez, que – pese a su parentesco con la Hermandad Musulmana egipcia- ha sabido integrarse en una coalición con dos partidos de centroizquierda y está avanzando lentamente en su propia transición, aunque de la mano de los consensos. No obstante, hay llamados juveniles a un “Tamarrod” local, a la manera de la Plaza Tahrir.

La hora llama ciertamente a la prudencia. Y la historia está ahora mismo siendo vertiginosamente escrita, minuto a minuto.

Si el fanatismo finalmente prevalece, habrá más violencia. Si el espíritu de la reconciliación tiene, en cambio, oportunidad de afincarse, la transformación que Egipto aún no ha hecho podría de pronto ser posible. Pero nada luce ahora fácil.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.