Vuelve el colectivismo en la cabeza de la Iglesia


El retorno a la línea de Santiago el Mayor.

Originalmente hubo un problema serio en la Iglesia: la versión de Santiago el Mayor estaba colocándola al borde de la liquidación terrenal si no fuera por la vigorosa reacción de San Pablo. Así se lee por un lado, el mensaje central de Santiago: “Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotro”. (Epístola de Santiago, 5: 1).

También en Epístola de Santiago (2: 5-6): “Escuchen, hermanos muy queridos, ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que aman? Y sin embargo, ¡ustedes desprecian al pobre! ¿No son acaso los ricos los que oprimen a ustedes y los hacen comparecer ante los tribunales?”. 

Más aun, la línea de Santiago expone la receta en cuanto a que “todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno” (Los Hechos de los Apóstoles, 2:44/45). 

Esto en la ciencia moderna se denomina “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie y los incentivos operan en dirección a la debacle. Y esto es precisamente lo que ocurrió en la iglesia primitiva paupérrima y como una carga insoportable para la Iglesia madre, de allí el mensaje contundente de Pablo de Tarso que afortunadamente predominó en cuanto a que “día y noche con fatiga y cansancio trabajamos para no ser una carga a ninguno de vosotros (…) Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desconcertados, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A estos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan” (Segunda Epístola a los Tesalonicences, 3: 8/10, 11 y 12).

Sin la pretensión de una recopilación exhaustiva, a titulo de ejemplo a continuación hemos seleccionado pasajes de la tendencia inaugurada por Pablo que fue la que, como queda dicho, predominó al efecto de rescatar el espíritu cristiano, especialmente a partir de Constantino, aunque la Iglesia posconciliar a partir de Medellín, Puebla, el tercermundismo, los desvíos de la llamada teología de la liberación y más notoriamente a partir de Francisco ha vuelto en gran medida a la línea de Santiago que acabamos de resumir. 

CONTRACORRIENTE

A contracorriente de estos desvíos que vuelven a asomar con fuerza y en concordancia con los Mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada, en Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3). 

“Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos””, fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): “Fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento”, y que la “clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu- da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24) y en la parábola del viñatero se concluye: “¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero?” (Mateo, xx: 15).

En cuanto a los textos papales, aunque en no pocas ocasiones ambivalentes y contradictorios es de interés destacar a León XIII en Rerum Novarum en el siguiente pasaje: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de la fortuna de cada uno”.
 
SOCIALISMO RELIGIOSO

Por su parte Pio XI ha señalado en Quadragesimo Anno : “Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero”. Y Juan Pablo II -el Papa de los pedidos de perdones por mayúsculas barrabasadas oficiales en la Iglesia y el formidable ecumenismo- ha puesto de manifiesto en Centesimus Annus: “Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente (…) Si por capitalismo se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva”.

Respecto al Papa Francisco, sin perjuicio de sus alabanzas a sacerdotes tercermundistas y sus reiteradas declaraciones en Cuba, Bolivia, Paraguay, Chile y en el Vaticano sobre lo males del capitalismo y las virtudes del intervencionismo de los aparatos estatales en las vidas y haciendas del prójimo, a título de ilustración decimos que en el segundo capítulo de Evangelii Gaudium se lee que la economía abierta “mata” y donde “todo entra dentro del juego de la competitividad”, y “como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas sin trabajo, sin horizontes, sin salida”. También ha dicho que “el dinero es el estiércol del diablo” sin hacer referencia al reiteradamente corrupto banco en su jurisdicción que de modo insolente se lo ha denominado el banco de Dios, ni a las abundantes riquezas del Vaticano. 

En verdad, las reflexiones del Papa resultan sorprendentes. En primer lugar y antes que nada, debe precisarse que el mundo está muy lejos de vivir sistemas de competencia y mercados abiertos sino que en menor o mayor medida ha adoptado las recetas del estatismo más extremo en cuyo contexto el Leviatán es cada vez más adiposo y cada vez atropella con mayor vehemencia los derechos de las personas a través de múltiples regulaciones absurdas, gastos y deudas públicas colosales, impuestos insoportables e interferencias gubernamentales cada vez más agresivas, todo lo cual no es siquiera mencionado por el Papa en su documento.

Si no somos racistas y nos damos cuenta que las causas no residen en el clima imperante ni en los recursos naturales (recordemos que Africa es el continente que exhibe la mayor dosis y que Japón es un cascote donde solo el veinte por ciento es habitable), podremos concluir que dichas tasas permiten incrementar salarios e ingresos en términos reales.

En resumen, los valores y principios de una sociedad abierta no matan, lo que aniquila es el estatismo de hace ya mucho tiempo. En este sentido, estimo de una peligrosidad inusual el consejo papal basado en una cita de San Juan Crisóstomo cuando escribe en el documento referido: “Aanimo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”. San Juan Crisóstomo el antisemita rabioso que con el título de Adversus Judaeos escribió que los judíos “son bestias salvajes”, que son “el domicilio del demonio” y que “las sinagogas son depósitos del mal” para quienes “no hay indulgencia ni perdón”.

PENSAR COMO COMUNISTAS

Cuando le preguntaron al Papa Francisco si es comunista respondió que “son los comunistas los que piensan como los cristianos” (La Reppublica, noviembre 11 de 2016), lo cual subraya una vez más su simpatía original por el colectivismo impregnado de muy joven por la marxista doctora Esther Balestrino y luego por Monseñor Enrique Angelelli que celebraba misa bajo la insignia de los terroristas Montoneros. Es sumamente curioso que por un lado se condena la pobreza y, por otro, se hace alarde de pobrismo, con lo cual -como expresé mucho antes de este papado, cuando pronuncié el discurso inaugural en el congreso del Celam en Tegucigalpa, el 30 de junio de 1998 invitado por Monseñor Cristian Trecht Bañados- la Iglesia debería rechazar la mismísima caridad puesto que mitiga la pobreza del receptor y también dedicarse solo a los ricos pues los pobres ya estarían salvados.
Este lamentable derrumbe no es aceptado por los fanáticos de siempre que se niegan a ver una de los muy pocos temas con los que puede concordarse con el Papa actual y es su repetida manifestación en cuanto a que “los cortesanos son la lepra de la Iglesia”. Afortunadamente hay obispos, sacerdotes y laicos que perciben este problema grave, es de esperar que se esté a tiempo de revertir la situación para no caer en lo que advertía el sacerdote polaco -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- Miguel Poradowski en su libro El marxismo en la Iglesia: “No todos se dan cuenta hasta donde llega hoy día la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia (…) tarde o temprano vamos a encontrarnos con una Iglesia ya marxistizada, es decir en una anti-Iglesia”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Apuntes en torno al terrorismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 24/5/2en: http://www.laprensa.com.ar/502431-Apuntes-en-torno-al-terrorismo.note.aspx

Ahora se alardea con los jóvenes idealistas y otros dislates en relación a los ponebombas y criminales que apuntaban a intensificar problemas en lugar de resolverlos y convertir a nuestro país en la islacárcel cubana. Entre las muchas documentaciones sobre las intenciones totalitarias de los terroristas se encuentra el formidable libro de Graciela Fernández Meijide en coautoría con Héctor Ricardo Leis titulado El diálogo. El encuentro que cambió nuestra visión sobre la década del 70.

Pero en estas líneas centramos la atención en el origen marxista de lo ocurrido, no solo entre laicos sino también entre miembros de la Iglesia. De allí es que, por ejemplo, el Padre Carlos Mugica haya declarado públicamente que “Marx y Engels no hicieron más que parafasear al Evangelio”, y que “Mario Eduardo Firmenich, es un cristiano ejemplar” (La Razón, Julio 16, 1970). Y ese es el motivo por el que el Papa Francisco ha declarado el 11 de noviembre de 2016, en una entrevista al diario italiano La Repubblica: “Son los comunistas los que piensan como los cristianos”, y la explicación por la cual uno de sus primeros actos de su pontificado fue el concelebrar misa con el Padre Gustavo Gutiérrez, el creador de la llamada Teología de la Liberación.

Recordemos que la primera influencia de Jorge Bergoglio en su juventud provino de la marxista doctora Esther Balestrino y su mentor en su período de ordenación fue Monseñor Enrique Angelelli, quien celebraba misa bajo la insignia de los Montoneros. Esto explica sus textos y declaraciones varias.

En este contexto, es oportuno reproducir una cita que recoge preocupaciones aun antes del actual pontificado y en pleno resurgir de las propuestas iniciadas primero en Medellín y más adelante en Puebla, expuestas por el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- quien escribe en su libro El marxismo en la Iglesia: “No todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan algún sacerdote que predica en el templo, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido. Desagraciadamente no es así. Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad, pensado ingenuamente que hoy día, como era ayer, todos los sacerdotes reciben la misma formación tradicional y que se les enseña la misma auténtica doctrina de Cristo, tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una antiIglesia”.

LOS JUICIOS

Estimamos de especial interés subrayar que en los documentos originales promulgados por el ex Presidente Alfonsín (no los que adulteraron el prólogo de Ernesto Sábato a la Conadep y otras alteraciones) se pretendía no solo juzgar a los militares por sus conductas aberrantes sino juzgar a los terroristas y a los primeros por sus pares al efecto de proceder de acuerdo al juez natural (lo cual en su momento no fue bien comunicado, situación que mal informó a muchos sobre el debate circunscripto al concepto del juez natural, incluyendo en una primera etapa al que estas líneas escribe). 

Esta iniciativa fue finalmente dejada de lado pues de manera inaudita los militares en funciones se pronunciaron en el sentido de aprobar las aberraciones llevadas a cabo por el régimen militar, cosa que no se conoce en la medida suficiente.

Es del caso señalar que durante el referido régimen militar en su inmensa mayoría la población estaba engañada respecto a los procedimientos a todas luces indecentes a que se recurría de modo oculto en los embates antisubversivos y muchos estábamos concentrados en criticar públicamente las medidas económicas y políticas sumamente desacertadas del régimen.

Se daba por sentado la honorabilidad de los representantes de las Fuerzas Armadas y su empeño en poner coto al terrorismo lo cual era naturalmente apoyado por todos los que queríamos vivir en paz en una sociedad libre. Recién fueron saliendo a la luz -para horror y sorpresa de todos- los asesinatos, las torturas y los secuestros que se cometían con independencia de lo sucedido en las batallas contra atentados y matanzas diarias provocadas por el terrorismo.

En este sentido, es también pertinente recordar que los generales Juan Antonio Buasso, Arturo Corveta y Rodolfo Clodomiro Mujica insistieron en que una vez eliminada la Cámara Federal en lo Penal se llevaran a cabo juicios con las debidas defensas en sede militar, lo cual fue respondido por la cúpula con el pase a retiro de los referidos oficiales. 

Y el general Alejandro Agustín Lanusse con toda razón declaró el 29 de diciembre de 1970 ante sus camaradas de armas: “En la lucha contra el enemigo subversivo debe evitarse la fácil tentación de emplear los mismos métodos que los terroristas ya que ello deterioraría gravemente la eticidad de nuestra posición y destruiría el fundamento de nuestra lucha”.

Mucho horror, angustia y pena se hubiera ahorrado de seguir estos consejos en lugar de emplear el método criminal de los encapuchados para liberar la guerra antisubersiva.

Pero en todo caso, en esta nota periodística destacamos el rol de las ideas marxistas presentes en muchos políticos y dirigentes argentinos. Lo que se ha bautizado como La tragedia de los comunes hace estragos pues lo que es de todos no es de nadie como ya había puesto de manifiesto Aristóteles en su refutación al comunismo de Platón. Cierro con una frase de Borges que utilizaba muchas veces al despedirse de su audiencia y que ilustra el problema de la colectivización: “Me despido de cada uno y no digo de todos porque cada uno es una realidad, mientras que todos es una abstracción”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Loris Zanatta y la religiosidad

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 20/3/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/03/20/loris-zanatta-y-la-religiosidad/

Las ideas socialistas han flotado en el seno de la Iglesia desde antaño. Muchos católicos nunca suscribirían la violencia institucionalizada del régimen cubano, pero sus recetas en última instancia conducen a ello

Siempre hay sorpresas agradables con gente inteligente y noble. Es el caso de Zanatta. Cuando se anunció su último libro pensé que el título era algo exagerado: Fidel Castro, el último “rey católico”. Sin embargo luego de abordarlo me percato que se trata de una tesis muy ajustada a la realidad. Una consecuencia no querida por parte de muchos católicos pero lamentablemente verdadera. Incluso buena parte de los patrocinadores de lo que en definitiva el libro describe se niegan a reconocer las consecuencias de lo que ellos mismos patrocinan. Nunca suscribirían la violencia institucionalizada como ocurre en la isla-cárcel cubana, pero sus recetas en última instancia conducen a ello. Recordemos lo que consignó el célebre ex marxista Bernard-Henri Lévy en Barbarism with a Human Face: “Aplíquese marxismo en cualquier país y siempre se encontrará un Gulag al final”. Incluso hay ingenuos que no identifican el marxismo pues lo beben con otra etiqueta.

Desafortunadamente flotan y han flotado desde antiguo ideas socialistas en el seno de la Iglesia que han contrastado abiertamente no solo con el mensaje evangélico sino con otras manifestaciones también provenientes de altas jerarquías de la Iglesia. Lo primero puede resumirse en lo expresado por el Papa Francisco el 11 de noviembre de 2016 cuando le preguntaron si es comunista a lo que respondió en una entrevista al diario italiano La Repubblica que “son los comunistas los que piensan como los cristianos”. De allí su embestida contra la propiedad privada en Fratelli Tutti que he analizado en detalle en otras oportunidades, y la exhortación apostólica Evangelii Gaudium donde sostiene que el mercado mata y agrega el consejo de Juan Crisóstomo “animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: ‘No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos’”. Una de las primeras decisiones del actual Papa -cuyo mentor fue Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los Montoneros- consistió en concelebrar misa en San Pedro con el Padre Gustavo Gutiérrez, el marxista creador de la llamada Teología de la Liberación por lo que el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- ya había escrito en su libro El marxismo en la Iglesia que “no todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia […] Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad, pensado ingenuamente que hoy día, como era ayer, todos los sacerdotes reciben la misma formación tradicional y que se les enseña la misma auténtica doctrina de Cristo, tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una anti-Iglesia”. El asunto se agravó con la terna Juan XXIII, Pablo vi que parieron Medellín, Puebla y el tercermundismo y ahora Francisco que si no se reacciona a tiempo no será el último capítulo en este desabarranque. No es más explícito aun el actual Pontífice en sus ideas pues como estampa Ignacio Zuleta en el epígrafe de El Papa peronista su conducta y consejo se basa en “Pensar claro, pero hablar oscuro. Nada de hablar en forma directa” (menos mal, exclamamos nosotros).

No puede contarse con los clausurados mentales para una rectificación pues como buenos cómplices siempre miran para otro lado o pretenden suavizar graves desvíos que no son en modo alguno susceptibles de suavizarse en un contexto de elemental decencia y sentido de responsabilidad (en cualquier caso, aunque por razones distintas, en eso tiene razón el Papa Francisco: “Los cortesanos son la lepra de la Iglesia”).

Lo segundo en cambio va en dirección opuesta aunque no son las ideas que han predominado, por ejemplo, León XIII en Rerum Novarum concluye: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de la fortuna de cada uno”.

Por su parte, Pio XI ha señalado en Quadragesimo Anno que “Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero” y Juan Pablo II -el Papa de los pedidos de perdones por mayúsculas barrabasadas oficiales en la Iglesia y el formidable ecumenismo- ha puesto de manifiesto en Centesimus Annus que “Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente […] Si por ´capitalismo´ se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva.”

Habiendo hecho esta introducción, Loris Zanatta -en el contexto de la tradición hispana y los jesuitas que formaron a Fidel- desenmascara el comunismo castrista como “patrono de los pobres” (los otros, él estaba entre los más ricos del planeta según Forbes), lo movía “un odio hacia la civilización liberal”, “solo la pobreza podía salvar al alma de la corrupción del dinero” (el “dinero es el estiércol del diablo”, dijo el Papa Francisco omitiendo las corrupciones del suculento Banco del Vaticano), sostiene el autor que todos los “hilos que en el mundo católico unen marxismo y cristianismo”, en Cuba la “disciplina y obediencia, las virtudes más destacadas” de sujetos “educados en la minoridad perpetua”, el “monopolio del Estado y más importante que cualquier otra cosa era en ambos casos la educación de los niños que debía comenzar lo más temprano posible. Y después de los niños, de todos los demás” y agrega el autor que “Castro es ejemplo de hispanidad, sentenció Manuel Fraga Iribarne, exministro de Franco”, apuntaba a “la redención, que durante toda la vida llamó Revolución”.

Continúa el historiador con su formidable descripción del sátrapa para señalar que “Cada acto o discurso tuvo esta marca: la muerte heroica del mártir, la muerte del enemigo infiel” y “un arma que Fidel usó en abundancia: el victimismo” pero “vengativo fue toda la vida”. “Compañeros y religiosos lo recuerdan citando a José Antonio Primo de Rivera y Benito Mussolini, circular con Mein Kampf“, puesto que “la historia de Fidel es típica del nacionalismo latino […] el protestantismo anglosajón era egoísta, materialista, individualista; el catolicismo hispánico altruista” (ese esperpento del altruismo, una grosera contradicción en los términos puesto que significa “hacer el bien a costa del propio bien” lo cual revela el absurdo ya que todas las acciones -sean ruines o bondadosas- se llevan a cabo porque son apreciadas por el sujeto actuante). En resumen, Zanatta concluye que “Fidel justificó en nombre de la perfección los medios más brutales, desencadenó odio y guerra en nombre de la paz y el amor, sacrificó la abstracta salvación de las almas y las libertades del individuo.” Enfatiza Zanatta que a los serviles admiradores de Fidel “no se le pasaría jamás por la cabeza que el amado protector de los pobres fuera el mayor responsable de su pobreza.”

Lejos de mi intención en este texto de quinientas páginas el descubrir los entramados, los argumentos y las formidables investigaciones del historiador de fuste que nos presenta este libro que recomiendo a todos los lectores ávidos de información valiosa, pero lo aconsejo muy especialmente para los integrantes de la grey católica pues encontrarán datos y razonamientos muy sustanciosos para su propia religión.

Finalmente en esta última parte de esta nota periodística un testimonio personal por lo que pudiera interesar. De chico tenía una visión religiosa un tanto fanática, creo que debido a que estaba pupilo en un colegio protestante y me sentía en minoría y a la defensiva. Con el tiempo me pude liberar de esta conducta impropia de un ser humano principalmente debido a la amistad con mi padre y con mi abuelo materno -doctor en medicina, pintor y escritor- quien era Deísta. A medida que me iba liberando del fanatismo inicial poco a poco mi espíritu religioso aumentaba sobre bases racionales. En este sentido, siempre tuve como norte un pensamiento de Carl Jung cuando le preguntaron si creía en Dios, a lo que respondió: “No creo en Dios, se que Dios existe”.

Estimo que la religiosidad como una postura de modestia intelectual de saber que debemos mirar más allá de nuestro ombligo, que la creación no es obra humana y que desconocer la primera causa es hacer de cuenta que podemos ir en regresión ad infinitum en la cadena causal, lo cual imposibilitaría nuestra existencia ya que nunca hubieran comenzado las causas que nos engendraron. Y no es cuestión de detallar los atributos del primer motor pues naturalmente excede nuestra capacidad de seres mortales que derivan de las razones antes apuntadas. Se trata del sentido de trascendencia y de ubicación en el cosmos en vista de nuestra mente, psique o estados de conciencia que no limitan la condición humana a kilos de protoplasma por lo que tenemos libre albedrío y no estamos determinados en nuestros pensamientos y acciones.

En mi caso no me tomo el catolicismo a pecho, soy católico por tradición familiar y porque me atrae el significado de “universal” pero podría haber practicado otra religión o ser Deísta puesto que son múltiples los caminos a Dios, Alá, Yahvéh o lo que fuere el nombre con que se quiera identificar el origen de todo. Al fin y al cabo ha perdurado el potro y la hoguera en medio de las recurrentes luchas de amigo-enemigo entre religiones oficiales. Es como escribe Voltaire en Tratado de la tolerancia, no tiene sentido que los que reverencian a Dios a la luz del sol estén matando a los que lo hace a la luz del sirio y así sucesivamente. El rezo personal o fabricado es un pretexto para tomar contacto a través de nuestros escasos y limitados medios con la instancia inicial a los efectos de esforzarnos vía conductas de autoperfeccionamiento según resulte posible a nuestras fuerzas. Asistir a misa me ayuda a cultivar esta línea de pensamiento aunque en no pocas ocasiones deba salir del templo como consecuencia de sermones absurdos desde el púlpito. Es que la religiosidad es mucho más importante y trascendente que los estropicios y las pequeñeces que habitualmente se enseñan y se incrustan en mentes desprevenidas.

Comprendo que muchos hayan abandonado la Iglesia debido a las barrabasadas cometidas por no pocos de sus representantes jerárquicos. Recuerdo discusiones que mantuve con mi querido Monseñor Octavio Derisi en aquél momento Rector de la UCA donde cursaba mis estudios y le decía que algunas de las cátedras eran fábricas de crear ateos por las sandeces que allí se ponían de manifiesto. Derisi nos casó con mi mujer hace cincuenta y cinco años y ya viejito me sugirió que escribiera sobre liberalismo y cristianismo para enviarle al entonces Cardenal Joseph Ratzinger a Roma, lo cual hice y conservo las líneas que Monseñor Derisi escribió en la copia de mi trabajo como constancia de su pedido.

En todo caso cierro este breve texto subrayando la excelencia del trabajo de Zanatta que descuento despertará muchas inquietudes y contestará muchos interrogantes en mentes abiertas y dispuestas al diálogo y a la reflexión. Lo conocí al autor en un almuerzo que mantuvimos los dos en La Biela en Buenos Aires, nos mantenemos en contacto a través de correos electrónicos y hemos mantenido intercambios mano a mano vía Zoom, oportunidades en las que he sacado gran provecho de este notable historiador. Por ahora esperemos que Fidel sea el último rey católico puesto que hay candidatos a la imitación, por ejemplo en algunas provincias argentinas e incluso en el propio gobierno nacional hay síntomas de reinado de idéntica filiación con el apoyo del Papa Francisco que por más que esté imbuido de las mejores intenciones, los resultados son lo relevante en esta y en otras materias.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LAS RESERVAS MORALES DE LA IGLESIA CATÓLICA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Con las formidables excepciones de Juan Pablo ii y Benedicto xvi, desde los papados de Juan xxiii y Pablo vi la Iglesia católica ha sufrido cambios estrepitosos principal aunque no exclusivamente en el terreno social que por embestir contra el derecho de propiedad y equivalentes afecta gravemente la moral. Así, desde Medellín en 1968 y Puebla en 1979 el rumbo fue hacia el estatismo con la idea de proteger a los más pobres pero los termina perjudicando grandemente.

 

Personalmente fui invitado para pronunciar la conferencia inaugural en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en Tegucigalpa el 30 de junio de 1998 invitado por Monseñor Cristián Pretcht Bañados a instancias del presidente de la Fundación Konrad Adenauer de Argentina, Hörst Schönbohm, entidad que principalmente contribuía a financiar el evento. Presidió la reunión el Cardenal Oscar Rodríguez Madariaga, hoy en el Vaticano. Mi discurso se tituló “El liberalismo y la pobreza” en el que comencé diciendo que para los que sostienen que la pobreza material -no la evangélica de espíritu- constituye una virtud deben condenar la caridad puesto que con ella el receptor mejora su condición material y, por otra parte, si se dice que los pobres están salvados la Iglesia debiera dedicarse solo a los ricos. Luego intenté explicar los beneficios de la tradición de pensamiento liberal a los efectos, precisamente, de combatir la pobreza y la miseria a través del respeto recíproco lo cual es el eje central de esa tradición y que los salarios e ingresos en términos reales dependen exclusivamente de las inversiones a su vez originadas en ahorros internos y externos para lo cual es menester contar con marcos institucionales respetuosos de los derechos de todos.

 

Hoy representantes de la Iglesia comenzando por el actual Papa Francisco condenan un capitalismo inexistente, la última vez que se pronunció en ese sentido fue en su visita reciente a Perú. Es inexistente debido a las regulaciones asfixiantes, a gastos públicos elefantiásicos, a impuestos insoportables y a deudas estatales galopantes. Los nacionalismos y las xenofobias vigentes se oponen abiertamente al denominado sistema capitalista que aboga por la apertura de las fronteras, en primer lugar para personas y luego para bienes y servicios, situación que es contradicha ahora en Estados Unidos y en muchos países de Europa, además de los adefesios en Latinoamérica, especialmente en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia con situaciones delicadas en Argentina y en México.

Afortunadamente en este cuadro de situación la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que “El teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”.

 

En este contexto es de gran importancia recordar a mártires de la incomprensión de la cabeza de la Iglesia como el extraordinario Cardenal József Mindszenty quien fue abandonado y destituido por Pablo vi del arzobispado húngaro por oponerse airada y reiteradamente tanto a los nazis como a los comunistas, lo cual denuncia con claridad y coraje meridianos en sus célebres Memorias (publicadas en castellano en Barcelona por Luis de Caralt Editor en el mismo año de 1974 cuando se publicó la edición alemana: Erinnerungen).

 

El Cardenal Mindszenty estuvo detenido o preso por su coraje y su capacidad de hablar claro contra los socialismos de todo color y especie. Primero lo apresó el llamado gobierno “republicano” polaco de Mihaly Károly, luego el del comunista Béla Kun, más adelante cuando desde el púlpito dijo que no había que votar por el partido nazi que se presentaba como opositor al comunismo afirmando que “ambos son la misma cosa”, más adelante  fue arrestado y torturado por los secuaces de Miklós Horthy. Con motivo de la invasión de la Unión Soviética pidió asilo en la embajada estadounidense donde vivió durante quince años hasta que emigró a Viena. En  1973, como queda dicho, fue destituido por Pablo vi y murió en 1975. Sus últimas palabras escritas en sus referidas memorias son desgarradoras, plasmadas después de explicitar en detalle los ataques constantes por parte del Vaticano y de su destitución: “Así emprendí el camino del aislamiento, en un destierro total”.

 

Es también relevante solo para dar unos pocos ejemplos de inmensas reservas morales en la Iglesia católica, el caso notable del sacerdote polaco ordenado en 1936, Miguel Poradowski, doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología por la Universidad de París. En 1950 fue a Chile contratado por la Universidad Católica de Santiago, país donde también enseñó en la Universidad Católica de Valparaiso. Es autor de numerosos libros pero destaco en esta nota muy especialmente dos: Karl Marx, su pensamiento y su revolución y El marxismo y en la teología. Abre esta última obra, publicada en 1986, con el siguiente pensamiento: “No todos se dan cuenta hasta donde llega hoy en día la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan a algún sacerdote que predica en el templo el odio y la lucha de clases, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido […]  Desgraciadamente no es así […] la presencia no solamente tolerada por algunos, sino incluso deseada”. Actualmente hay muchos otros sacerdotes y laicos preocupados y ocupados con este tema de los desvíos.

Recuerdo a mi amigo ex comunista, premio Mao y premio Lenin, el peruano Eudocio Ravines que luego dejó aquel sistema oprobioso para dedicarse a escribir artículos y libros denunciando el socialismo en todas sus formas. Su libro más conocido lleva el sugestivo título de La gran estafa que refleja lo que a él le ocurrió. A raíz de lo que escribo aquí comento que Ravines solía subrayar la trascendencia que le otorgaban en el Kremlin a la infiltración en la Iglesia y especialmente en los seminarios de sacerdotes y contaba que estuvo destinado a esas faenas en España y en Chile.

Esto me retrotrae a mi relación con Monseñor Schuammer el segundo del Nuncio en Buenos Aires durante un tiempo y luego destinado a trabajar junto con el entonces Cardenal Ratzinger. Cundo lo despedimos en la empajada alemana nos dijo que se iba muy preocupado por lo que ocurría en no pocos seminarios de sacerdotes y concluyó afirmando que “allí se suele ensañar sociología barata en un contexto de mucha guitarreada y nada de Santo Tomás, escasa filosofía y poca teología de fondo”. Aunque lo cito de memoria, me quedaron grabadas esas palabras.

 

Por supuesto que los regímenes fascistas han hecho estragos imponiendo injusticias inaceptables, pero no es necesario enfatizar que esto no se resuelve estableciendo sistemas aun más perversos en América latina ni en ninguna otra parte. Y menos se resuelve beatificando como el actual Papa lo hace a personas como Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los terroristas argentinos denominados Montoneros ni a Monseñor Oscar Arnulfo Romero quien predicaba que “debe eliminarse el supuesto derecho de propiedad”, ni tampoco tiene sentido la concelebración en Roma del Papa Francisco con el creador de la autodenominada teología de la liberación, el Padre Gustavo Gutiérrez quien escribe en su libro Teología de la liberación. Perspectivas que “debe asegurarse el paso del modo de producción capitalista al modo de producción socialista […] como el intento de Marcuse marcado por Hegel y Marx”.

 

Tengamos presente que el comunismo descripto por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista dice que “todo el sistema puede resumirse en esto: abolición de la propiedad privada” y que el fascismo no es más que un socialismo encubierto tras la estrategia de permitir que la propiedad se encuentre registrada a nombre de particulares pero usa y dispone el aparato estatal. Y esta anulación o debilitamiento del derecho de propiedad va al corazón de la sociedad abierta ya que lo desarticula por completo al desdibujar la contabilidad y la evaluación de proyectos con lo que no se puede saber donde es mejor invertir o no hacerlo con lo que el derroche genera el cataclismo y el posterior derrumbe del sistema con el consiguiente caos en el contexto de la  eliminación de la libertad de prensa y de expresión como consecuencia del ataque al derecho de propiedad a lo que habitualmente siguen las persecuciones y los encarcelamientos a los disidentes, cuando no a su exterminación.

 

Tengamos en cuenta que cuando se habla de “la preferencia por los pobres” no nos deslicemos a políticas que arruinan y condenan a los pobres a aumentar su miseria. En esta línea argumental, es de gran importancia tener presente consideraciones bíblicas sobre pobreza y riqueza material para constatar el significado de estos términos en el contexto de los valores morales que deben primar sobre toda otra consideración, en concordancia con los dos Mandamientos que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada, lo cual es del todo armónico con los postulados de una sociedad abierta: no robar y no codiciar los bienes ajenos. Así, en Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3) “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): “fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento”  y que “ la clara fórmula de Mateo —bienaventurados los pobres de espíritu— da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24).

 

No es una gracia ni una travesura circunstancial el avalar los atropellos del Leviatán a través de repetidos documentos y declaraciones oficiales de la Iglesia, se trata de la eliminación del respeto recíproco y consecuentemente de la aniquilación de la convivencia civilizada. Los timoratos de nuestra época miran para otro lado frente a estos peligros, si fuera por ellos todavía estaríamos con los Borgia, el Index y la Inquisición. Me parece que es del caso cerrar con la cita de un párrafo de la correspondencia del Cardenal John Henry Newman dirigida a Gladstone donde se lee que “invito a un brindis: primero por la conciencia  y luego por el Papa”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.