Derechos de propiedad y el legado que deja Harold Demsetz

Por Adrián Ravier.  Publicado el 14/1/19 en: https://www.cronista.com/columnistas/Derechos-de-propiedad-y-el-legado-que-deja-Harold-Demsetz-20190113-0023.html

 

Recibí la triste noticia del fallecimiento de Harold Demsetz, un economista nacido en Chicago, quien obtuvo su licenciatura en la Universidad de Illinois y un MBA y un doctorado en Economía en la Universidad Northwstern. Fue
profesor de las universidades de Michigan, de Chicago y en la UCLA, donde dirigió el Departamento de Economía entre 1978 y 1980.

Derechos de propiedad y el legado que deja Harold Demsetz

Sus contribuciones están centradas en el campo de la microeconomía, específicamente en el marco de la teoría de la firma, los derechos de propiedad, los problemas de monopolio y la competencia. Ha sido miembro de la Mont Pelerin Society, fundada por Friedrich Hayek en 1947, y recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, donde tengo la fortuna de ser profesor visitante desde 2007.
Para una nota de prensa como esta, profundizar en las ideas de Harold Demsetz puede parecer demasiado ambicioso. En su lugar, tan sólo tomaré el espacio para sintetizar uno de sus trabajos clásicos, pues pienso que
ofrece un mensaje significativo que muchos economistas aún no han incorporado a su forma de pensar el mundo.

El trabajo se titula “Hacia una teoría de los derechos de propiedad” y trata de la ausencia del tratamiento de los derechos de propiedad en la literatura económica.
Sostiene allí que los economistas estudian el “intercambio”, pero no siempre son conscientes que al intercambiar productos, lo que en realidad hacen, es intercambiar “paquetes” de derechos de propiedad.

Lo cierto es que para la mayoría de los economistas los derechos de propiedad son sólo un dato, algo que se asume, sin atender a que ciertos planteos debieran ser requisito para poder responder después a otras preguntas centrales del análisis económico.
Una primera consideración que hace el autor es plantear que en una economía autística de un sujeto aislado, como puede ser el caso de Robinson Crusoe en la isla, los derechos de propiedad carecen de interés. Los derechos de propiedad son un instrumento de la sociedad, y como tal, requieren un consentimiento de los pares sobre el uso de los bienes que poseemos.
De alguna manera, los derechos de propiedad permiten que las personas tengan expectativas acerca de las relaciones con otros. Dicho de otro modo, los derechos de propiedad especifican de qué modo las personas
pueden beneficiarse o perjudicarse mediante la interacción.
Demsetz lo ejemplifica comparando dos casos: una persona puede perjudicar a su competidor si ofrece un mejor producto o servicio, pero no puede perjudicarlo golpéandolo o pegándole un tiro.

La externalidad es así un concepto ambiguo que han creado los economistas para justificar la intervención del Estado. Claramente hay muchas acciones que las personas toman que afectan (positiva o negativamente) a otras
personas, pero no todas son generadoras de conflictos. De ahí la crítica de Ronald Coase a Arthur Pigou -todavía replicada en muchos manuales tradicionales de economía- por señalar que las externalidades negativas siempre requieren de la aplicación de un impuesto para reducir sus efectos.
De hecho, Ronald Coase explica que en el mundo real la mayor parte de las externalidades que producen ciertas acciones, son internalizadas por el mismo mercado, cuando las partes llegan a un acuerdo voluntario. La propiedad privada promueve entonces incentivos para internalizar las externalidades. La ausencia de propiedad privada es en muchos casos la responsable de la existencia de conflictos.
La pregunta que sigue es sobre el origen de los derechos de propiedad como institución social y tomar el caso de los aborígenes en el problema de propiedad privada de la tierra nos puede ayudar a encontrar algunas respuestas.
La información de la que disponemos es incompleta, pero se ha dicho que la caza y el comercio de pieles fue motivo de extensos conflictos.
Dicho en pocas palabras, la ausencia de derechos de propiedad implica incentivos para la caza desmedida de animales, lo que redunda en que nadie se preocupe en invertir para desarrollar o mantener el stock. La caza
exitosa de unos es un costo externo que se les impone a los cazadores siguientes, pues se reduce la cantidad de animales que éstos pueden cazar.
Al principio la caza tenía como objeto prioritario el alimento, mientras unas pocas pieles eran suficientes en cualquier familia. El costo externo de la caza de unos era bajo para otros.
Pero todo cambió con el surgimiento del comercio de pieles, lo que ocasionó dos consecuencias importantes: 1) el aumento acelerado de su valor; 2) el aumento de la caza de animales. Ambos aspectos redundaron en un incremento en el costo externo que unos cazadores ejercían sobre otros, lo que motivó un cambio en el sistema de derechos de propiedad. Apareció entonces la distribución de tierras y comenzaron a delimitarse los terrenos. En algunos lugares los derechos de propiedad fueron altamente desarrollados, al punto de asegurar la transmisión por herencia.
La conclusión a la que llega Demsetz es que los derechos de propiedad se desarrollan cuando se hacen económicos, para quienes se ven afectados por externalidades, internalizar los costos y los beneficios.
El autor también trabaja sobre las distintas formas de propiedad, distinguiendo la propiedad comunal, la propiedad privada y la propiedad estatal.
Entiende por propiedad comunal el derecho que puede ser ejercido por todos, como fue al principio del ejemplo anterior, el derecho a la caza o el aprovechamiento de la tierra, así como es hoy el caminar por una vereda. Ni el estado, ni ningún individuo puede impedir que otro ejercite su derecho de propiedad comunal.
En el caso de la propiedad privada, la comunidad reconoce el derecho del propietario a excluir a otros del ejercicio de tales derechos. En la propiedad estatal, el Estado puede excluir a cualquiera del ejercicio del derecho, pero el
autor no profundiza.
En el comparativo entre propiedad privada y propiedad comunal que históricamente inicia al menos en la Antigua Grecia, el ejemplo estudiado sintetiza que si alguien maximiza el valor de su derecho comunal, tenderá a cazar en exceso o trabajar de más la tierra porque comparte sus costos con otros.
El stock de animales, así como la riqueza del suelo, disminuirá con rapidez. Bajo la propiedad comunal el costo de transacción de alcanzar acuerdos es muy alto, ya que se requiere unanimidad.

Bajo propiedad privada, los costos de transacción para alcanzar un acuerdo se reducen notablemente, la internalización de costos externos se incrementa y surgen incentivos para invertir en el desarrollo y crecimiento del stock de animales y del cuidado de la tierra. ¡Cuán importante resulta Demsetz para la necesaria transformación de la microeconomía moderna!

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Trump perjudicará a México, pero también a Estados Unidos

Por Iván Carrino. Publicado el 10/1/17 en: http://www.ivancarrino.com/trump-perjudicara-a-mexico-pero-tambien-a-estados-unidos/

 

El nuevo presidente de Estados Unidos propone librar una guerra comercial con México para beneficiar a Estados Unidos. El resultado será una pérdida para ambos.

La izquierda en el mundo se encuentra en una encrucijada. Por un lado, desprecia a Donald Trump por su rechazo a la libre inmigración, por sus malas formas políticas, y por sus propuestas de desregulación económica.

Sin embargo, a la hora de hablar sobre comercio internacional, no hay nadie más proteccionista que el nuevo presidente norteamericano.

En una nota de hace unos meses, el Wall Street Journal sostenía sobre su postura proteccionista: “El Sr. Trump es tan delirante en temas comerciales, que hace que Hillary Clinton y los Demócratas parezcan sensatos”.

La más reciente novedad llega antes de que Trump asuma la presidencia. La empresa automotriz Ford decidió cancelar un proyecto de inversión de USD 1.600 millones en la localidad mexicana de San Luis de Potosí. La decisión se tomó con el objetivo de invertir USD 700 millones en una fábrica en Michigan, emblema de la industria automotriz y sede del primer documental de Michel Moore, quien narraba las penurias de una ciudad tras el cierre de la fábrica de General Motors y su traslado a México.

Este giro en la política de la empresa está directamente relacionado con las promesas de campaña de Trump, quien sugirió que quienes tercericen su producción en México, deberán sufrir altos aranceles a la importación de sus productos.

Es decir, si Ford elegía, para ahorrar costos, abrir una nueva fábrica en México, perdería ese beneficio a la hora de vender los autos allí producidos a Estados Unidos, porque el país subirá sus aranceles de importación.

Michael Moore, uno de los más críticos de Donald Trump, debería estar festejando esta decisión. En definitiva, gracias a la amenaza proteccionista, ahora habrá empleo en Michigan y las empresas lo pensarán dos veces antes de ir a México.

La lectura superficial de esta medida es precisamente esta: México perderá inversiones, pero las obtendrá Estados Unidos. Lo lamentamos hermanos mejicanos, pero nuestro presidente quiere que nosotros vivamos mejor, así que les toca perder para que nuestros trabajadores consigan empleo.

Sin embargo, esa no es toda la realidad y, si bien México evidentemente se verá perjudicado, también lo harán los propios norteamericanos.

Lo primero es muy fácil de ver. Si bajo amenazas directas o indirectas, las empresas norteamericanas reducen su inversión en México, el país de 122 millones de habitantes se perjudicará al tener menor demanda de mano de obra y menos empresas que compitan para subir los salarios de sus ciudadanos.

El stock de inversión extranjera directa de Estados Unidos en México era de USD 108.000 millones en 2014, con lo que se trata del principal inversor extranjero en ese país. Si se reduce este monto, México deberá hacer mayores esfuerzos por atraer inversión de otros países, de manera de mantener el crecimiento de su economía.

Si uno centra su mirada en lo que sucederá en Michigan, todo parece color de rosas. Ahora Ford, en lugar de llevarse su inversión al extranjero, hundirá USD 700 millones de capital en suelo estadounidense. Previsiblemente, esto genere demanda de materias primas, mano de obra, y haga crecer la producción de dicho estado.

Buena noticia para Michael Moore, pero no tan buena para el resto de los norteamericanos.

Es que cuando Ford decidió inicialmente invertir en México lo hizo para “mejorar la rentabilidad de la compañía”, ahorrando costos. Y lo que necesitan los Estados Unidos y cualquier país del mundo son empresas rentables.

Piénsese un instante en el accionista de Ford. Si la empresa es rentable, él recibirá un dividendo mayor. Con este mayor dividendo, podrá consumir más o bien aumentar su ahorro o sus inversiones. Si aumenta el ahorro, entonces habrá más fondos disponibles para realizar nuevas inversiones, porque bajará la tasa de interés. Si lo destina a inversiones, entonces subirá el precio de otras acciones que coticen en Estados Unidos, incrementando la riqueza del resto de los accionistas y posibilitando nuevos proyectos de inversión.

Otro efecto negativo del proteccionismo es que la inversión forzada de Ford competirá en el mercado por los recursos escasos (mano de obra, tierra, materias primas), subiendo sus precios. Esto funcionará como una barrera para que se desarrollen nuevos emprendimientos. En comercio internacional, esto se llama “distorsión en la producción”, ya que se sabe que una producción forzada por aranceles sustrae recursos valiosos de la sociedad, llevándolos a una industria determinada, pero en detrimento de todas las demás.

Es decir, la política de Trump puede ser positiva para la industria automotriz norteamericana, pero será desastrosa para la construcción, la minería, la agricultura, el comercio y el transporte, actividades que, entre otras, ascienden nada menos que al 99,1% del PBI estadounidense.

En la medida que se materialice, la demagogia proteccionista de Trump afectará con fuerza a México. Sin embargo, al reducir la rentabilidad de las empresas estadounidenses y subir el precio de los insumos de producción, también afectará a la economía norteamericana.

En definitiva, el cuento proteccionista siempre termina igual. Con una clase privilegiada, que subsiste al calor de la protección, y una sociedad mayormente empobrecida por las distorsiones que genera. En Estados Unidos no será diferente.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

OTRO CRITERIO UNIVERSITARIO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Bertie, uno de mis hijos, me pasó un artículo de Nathan Harden publicado en The American Interest titulado “The End of University as we Know It”. El autor sostiene que toda la estructura universitaria se está modificando radicalmente a raíz de la enseñanza por medio de aulas virtuales que comenzó con los ya muy difundidos MOOC (Massive Open Online Courses) pero que en última instancia apunta a sustituir en gran medida la enseñanza presencial en carreras de grado y posgrado (no en su totalidad puesto que hay asignaturas en ciertas carreras que por el momento requieren la relación personal).

 

Con razón el Harden destaca las ventajas de esta evolución al facilitar a estudiantes que se encuentran ubicados lejos de la casa de estudios de su preferencia y si deben trasladarse pierden su trabajo y otras ventajas de su lugar de origen. También apunta la reducción de costos debido a que no se hace necesario amortizar cargas fijas de peso, la facilidad de contratar profesores en otros puntos del planeta sin necesidad de desplazamientos y, sobre todo, las cargas de los llamados créditos estudiantiles no solo muy politizados en algunos lugares sino que se están incrementando de modo alarmante los incobrables.

 

Más  aun, explica el mismo autor que ahora que existen los ebooks la idea de la biblioteca para consultas e investigaciones cambia por completo de sentido. Cita a un profesor de Stanford que subraya la importancia de poder ampliar su número de alumnos y declaró al New York Times que si no fuera por este nuevo sistema debería dedicarle 250 años con el método anterior para enseñar al ritmo que lo venía haciendo. Muestra los avances en esta dirección moderna en universidades como Yale, MIT, Michigan, Harvard, Purdue y Carnegie y alude a la inversión en ladrillos como algo en general arcaico.

 

Señala que incluso existe la posibilidad que los alumnos elijan materias diferentes en diferentes universidades y eventualmente hacer un consolidado con otra institución dedicada a esa faena. Finalmente, hace un correlato con la música y dice que a partir de los Mp3 y los iPod ya es anticuado eso de adquirir un álbum completo sin poder circunscribirse a lo que al comprador le interesa, del mismo modo viene ocurriendo a paso acelerado en las instituciones educativas.

 

En lo personal, hace algún tiempo vengo dictando clase para la maestría en economía de una universidad suiza y verifico la calidad del audio y la resolución de imagen (salvo tormentas fuertes que no permiten la señal). También me percato de lo interesante de entidades que se ocupan de acreditaciones en competencia y tejiendo una auditoria cruzada al efecto de liberarse de las agencias politizadas como los ministerios de educación y equivalentes para lograr los necesarios niveles de excelencia.

 

Estos procedimientos a través de Internet también pueden mitigar los problemas financieros de universidades y su vínculo con el poder de turno. Por ejemplo, Richard Pipes en su Property and Freedom pone de manifiesto que las universidades de Columbia, Stanford y Harvard  reciben del gobierno federal estadounidense el 50, 32.4 y 38 por ciento respectivamente de sus presupuestos. También los problemas que se esconden tras la figura del tenure alegando libertad académica que podrían sortearse en la medida en que la legislación no alcance a quienes operan a escala planetaria y en algunos casos sin asiento visible, tema este de la desfiguración de la libertad académica que fue muy bien expuesto por William Buckley, Jr en su God and Man at Yale. The Supertitions of Academic Freedom.

 

A su turno, en un ámbito mucho más abierto podrían disminuirse los estragos del adoctrinamiento bajo el paraguas de la educación estatal tal como lo describió Thomas Sowell en Inside American Education para el baluarte del mundo libre y tal como lo analizó Carlos Escudé para el caso argentino en El fracaso del proyecto argentino. Para una ilustración detenida, me concentro en este último país y libro para lo cual reitero parte de lo ya escrito en otra oportunidad.

 

El proceso educativo requiere la prueba y el error en un contexto evolutivo y competitivo y, sin embargo, no es lo que se autoriza cuando está en manos de la burocracia. Afortunadamente, en la actualidad, por ejemplo, está el home schooling que se saltean las trabas burocráticas estatales para navegar en libertad por parte de quienes se dedican a la educación que son elegidos, precisamente, por su excelencia y no por grados de politización forzosa, y con programas de actividades sociales sumamente atractivas (hace poco, The Economist le dedicó bastante espacio a una tarea de investigación al antedicho home schooling en el que concluye que los oficiales de admisión de las universidades del Ivy Leage estadounidense declararon su admiración por estudiantes que aplicaban y que provenían de ese sistema “por sus altos niveles educativos, por sus muy buenos modales y por sus cuidadas vestimentas”).

 

En nuestro país, mucho antes de los fenómenos de los textos obligatorios de “Evita me ama” y los engendros de La Cámpora, surgen elementos clave que permiten bucear en el problema educativo. En la referida obra, Escudé revela con documentación de gran calado que el eje central de la educación estatal mostraba que las tareas educativas estaban (y están) dirigidas a “subordinar el individuo al Estado” donde “el Estado no es la defensa del individuo y sus derechos” situación en la que “el individuo vive para servir a su Patria [generalmente con mayúscula]; así y no al revés, se define la relación esencial entre el individuo y estado-nación”.

 

Todo el desbarajuste educacional -a contramano de las ideas, principios y valores alberdianos-  comenzó a manifestarse con crudeza durante la tiranía rosista. Más adelante, la revista “El Monitor de la Educación Común” fundada en 1881 y distribuida gratuitamente a todos los maestros, fue paulatinamente aumentando su nacionalismo e intervensionismo estatal en la educación que rodearon al Primer Congreso Pedagógico de 1882. Incluso la ley de Educación Común (la 1420) de 1884 subraya la importancia de la educación obligatoria y gratuita.

 

En los sucesivos artículos de la mencionada revista se advierte sobre la “desnacionalización que sufría la Argentina” diagnóstico que logró imponer una ley en 1908  “de ingeniería social” al efecto de “deseuropeizar” el país, “pero el objetivo primordial del proyecto educativo argentino, más que impulsar el progreso, fue el de adoctrinar a la población en un argentinismo retórico y esencialmente dogmático y autoritario, cuando no militarista” anticipada por la Ley de Residencia de 1902 por la que podía expulsarse a inmigrantes sin juicio previo y las arbitrariedades del creado Consejo Nacional de Educación que incluso tenía las facultades de reglamentar los programas de las escuelas privadas por medio de la Ley Lainez de 1905.

 

Las ideas vertidas en esa revista (“una paranoia”, dice Carlos Escudé) eran las de “el espíritu de raza” (Ernesto Quesada), “la pureza del lenguaje” (Mario Velazco y Arias), los inconvenientes de las escuelas de comunidades extranjeras “como la galesa” (Raúl B. Díaz), “homogenizar los estudios” (José María Ramos Mejía), “forjar una intensa conciencia nacionalista” y “el individualismo anárquico es un peligro peligro en todas las sociedades modernas, reagravóse como tal en la República Argentina por la afluencia del extranjero inmigrante” (Carlos Octavio Bunge), ”en la conversación, en todos los grados, incluir con frecuencia asuntos de carácter patriótico” y “el extranjero que incesantemente nos invade” (Pablo Pizzurno), el “catecismo patriótico” en el que se leía el siguiente diálogo: “maestro-¿cuáles son los deberes de un buen ciudadano, alumno- el primero el amor a la patria, maestro- ¿antes que a los padres?, alumno- ¡antes que todo!” (Ernesto A. Bavio), el “Canto a la Patria” de Julio Picarel sobre el que Escudé aclara que “cito estos pésimos versos a riesgo de alinear al lector” y agrega el poeta de esta xenofobia que “los sonidos ejecutados por una banda militar llegan al oído del niño como un lenguaje fantástico y fascinador”, “el Honorable Consejo Nacional de Educación, al inaugurar la bien meditada serie de medidas tendientes a fortificar el alma de los niños argentinos, el sentimiento augusto de la Patria y a convertir la escuela en el más firme e indiscutible sostén del ideal nacionalista” (Leopoldo Correijer), “la escuela argentina tiene un carácter completamente definido, ella es el agente de nuestra formación nacional” (Juan G. Beltrán), “formemos con cada niño un idólatra frenético por la República Argentina” (Enrique de Vedia), “la escuela oficial, única que mantiene puro el espíritu de la nacionalidad en pugna con la particular cuyo florecimiento es de profusión sospechosa” (Bernardo L. Peyret), “quienes no están conformes con la orientación nacionalista que el Consejo ha dado a la enseñanza, deben tener la lealtad de renunciar al puesto que desempeñan en el magisterio” (Ángel Gallardo), nacionalismo solo realizado eficazmente “en la escuela porque es allí donde hemos de realizar la unidad moral de la raza argentina” (Ponciano Vivanco), “el amor a la patria para ser fecundo debe tener carácter de una religión nacional y ese culto a la Patria no se concibe sin la fuerza nacional” (Francisco P. Moreno).

 

Por supuesto que a la abundante lista referida por Escudé -casi todos antisemitas- no faltan los nombres de los nacionalistas Ricardo Rojas (“las escuelas privadas son uno de los factores activos de la disolución nacional”), Manuel Carlés, ambos con escritos absolutamente contrarios al cosmopolitismo y al respeto recíproco adornados como es el caso de este último autor con cánticos inauditos como el del “Himno a la Nueva Energía” a lo que deben añadirse los numerosos escritos del nacionalsocialista y judeofóbico Manuel Gálvez.

 

A los nombres mencionados cabe agregar todavía muchos otros como los de Carlos Ibarguren, el sacerdote ultra nazi Julio Meinvielle, Leopoldo Lugones y tantos otros que sentaron las bases para que luego penetrara el cepalismo, el keynesianismo, el marxismo y todas las variantes totalitarias y planificadores de las vidas y haciendas ajenas donde “lo nuestro” es siempre un valor y lo foráneo siempre un desvalor por lo que se incita a la pesadilla de un sistema de cultura alambrada. Una vez que se idolatra la patria escindida del respeto recíproco y las libertades individuales, está preparado el camino para que el mesías del momento indefectiblemente encarne la patria.

 

Es de esperar que la revolución tecnológica que abarca el delicado terreno educativo sirva para abandonar en gran medida los designios de las reparticiones de control de aparatos estatales desbordados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.