TPP: no todo lo que reluce es oro

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 16/10/15 en: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/TPP-reluce-oro_0_2363763607.html

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) es el mayor tratado comercial firmado hasta hoy. Son 12 países (Estados Unidos, Canadá, México, Perú, Chile, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur y Vietnam), con 800 millones de personas, el 40% del PIB mundial y el 30% de las exportaciones globales. Las ganancias netas rondarían los $us 295 billones al año y sería la región de mayor crecimiento hasta 2040. De paso, queda claro la ridiculez de las guerras. La de Vietnam, que a EEUU le costó 60.000 muertos y el 9% de su PIB, se hizo “contra el comunismo”, que hoy se vuelca en paz, sin necesidad de conflictos armados, al capitalismo.

Si sumamos este acuerdo a la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), a ser firmado con la Unión Europea; y el Acuerdo en Comercio de Servicios (TISA), EEUU crearía una zona de “libre” comercio compuesta por 53 países, 1.600 millones de personas y dos tercios de la economía global. Obviamente, la iniciativa TPP-TISA-TTIP recibe críticas de rivales como Rusia, en tanto que el Gobierno chino dijo que estudiaría incorporarse, pero, por ahora, compite con su Área de Libre Comercio Asia Pacífico (FTAAP).

Ahora, por qué se realizan estas costosas negociaciones en lugar de simplemente levantar las barreras unilateralmente. Porque los políticos y burócratas no están dispuestos a ceder todo: quieren asegurarse de que no todo el comercio se liberará. En el TPP en cuestión, el punto más sintomático es el de la extensión de los plazos de patentes de medicamentos. Médicos sin Fronteras (MSF) ha dicho que estas medidas “ponen en peligro la salud de millones de personas”, ya que fortalecerán y crearán nuevos monopolios, disminuyendo la oferta de medicamentos genéricos solo para beneficiar a pocas farmacéuticas.

A ver. Es el mercado (las personas interactuando pacíficamente) quien determina la propiedad. Por caso, al comprar un automóvil, el vendedor lo entrega a cambio de dinero. Así se define la verdadera y única titularidad de una cosa. Ahora, si la “propiedad” resulta de una “ley” impuesta coactivamente por el gobierno (vía monopolio de la violencia), significa que no se daría naturalmente, por tanto, es ilegítima. Así, la ley que protege las patentes es una violación de las reglas del mercado. Esta “propiedad intelectual” suelen ser monopolios garantizados a grandes grupos económicos, esgrimiendo que el libre flujo de las ideas desincentivaría la creatividad, cuando, por el contrario, la libertad provoca que, sobre trabajos ya realizados, se sumen otros, impulsando exponencialmente el desarrollo.

Por caso, según los historiadores, Thomas Alva Edison era un astuto “patentador”. La lámpara incandescente, en rigor, solo fue perfeccionada por él y, el anterior “patentador”, Joseph Swan (quien tampoco fue el primer inventor), obtuvo la primera patente en Gran Bretaña, en 1878, un año antes que Edison y lo llevó a las cortes británicas que le dieron la razón. Edison, con más de 1.000 patentes hizo fortunas.

Las patentes y copyrights, para ser legítimas, deben definirse dentro del mercado resultando de acuerdos voluntarios entre las partes, porque otra cosa sería violar el derecho de propiedad natural. Así las exageradamente grandes empresas o fortunas no son un producto natural del mercado. Bill Gates, por caso, hizo sus millones gracias a los copyright de Microsoft, que son monopolios “intelectuales” impuestos por el gobierno.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

LAS TRES ETAPAS DEL AVANCE DEL ESTADO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 12/7/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/07/las-tres-etapas-del-avance-del-estado.html

 

(De un ensayo de próxima aparición).

  1. Las tres etapas del avance del estado.

El principio de subsidiariedad (PS), la iniciativa privada y las libertades individuales consiguientemente protegidas, sufrieron una negación y una involución progresiva que podríamos señalar en tres etapas.

  1. a) El estado-nación legislador del s. XIX.

Fruto del positivismo, que en lo social Hayek llama constructivismo[1], los estados-nación racionalistas europeos de fines del s. XIX (Francia, Italia), con copias en Latinoamérica (México, Uruguay, Argentina), avanzaron sobre temas de educación, salud pública y matrimonio, con la intención de educar y proteger al ciudadano en tales áreas mediante lo que la ciencia podía proporcionar. La educación pública obligatoria tenía por misión educar en las ciencias y letras básicas el futuro ciudadano ilustrado[2] y secularizado; la medicina se divide en legal e ilegal, y en la primera el estado avanza en la salud pública. En materia de matrimonio y familia los estados avanzan quitando el cuasi-monopolio que las comunidades religiosas mantenían en esas áreas. Comparado con lo que vino después, fue un positivismo ingenuo y un laicismo moderado (laicismo como esencialmente diferente a la sana laicidad)[3]. Los estados educaban en cosas que hoy consideraríamos “buenas” tales como ciencia básica, lecto-escritura, matemáticas, etc., y los hospitales públicos se regían por una medicina científica relativamente des-ideologizada. Las comunidades religiosas toleraron al principio y aceptaron luego esta situación sin sospechar lo que vendría después.

  1. b) El Welfare State.

Como fruto de la crisis del 29 y la progresiva crítica y desconfianza a un liberalismo “individualista”, surge más o menos a mitad del s. XX el convencimiento generalizado de que los gobiernos centrales deben ofrecer bienes públicos en materia de salud, medicina, educación e información, respondiendo ello a lo que serían los derechos de segunda generación (a la salud, la vivienda, la educación, la seguridad social, etc.) muchos de los cuales fueron explícitamente escritos en diversas reformas constitucionales[4]. Luego de la 2da. guerra, este avance del estado convive con formas republicanas en EEUU (el New Deal) y en Europa (el Estado Providencia) o con sistemas más autoritarios, como el primer peronismo en Argentina, de orientación claramente fascista en el sentido técnico del término. Los estados, con toda lógica, proveen salud, educación, seguridad social e información, según los criterios del estado, por supuesto. Pocas voces, como Mises y Hayek, advierten los peligros para los derechos personales[5], pero no son escuchadas. Diversas religiones aceptan de buena gana el sistema, convencidas de la crítica al liberalismo y de la necesaria intervención del estado para proteger a los menos favorecidos por la lotería natural de recursos, como diría Rawls[6]. Claro, esto siempre que los gobiernos no quisieran imponer coactivamente cuestiones que violaran la libertad religiosa, pero al principio, dadas las costumbres de la época, ello no parecía ser un problema. Los católicos argentinos tuvieron una primera advertencia cuando Perón se enfrentó con la Iglesia en su 2do. mandato, pero luego los militares católicos que lo derrotaron utilizaron los mismos instrumentos estatales para imponer la “sana doctrina” y lo que algunos autores llaman “el mito de la nación católica”[7]. Mientras tanto, el PS y las libertades individuales brillaban por su ausencia, ya despreciadas estas últimas como la mera expresión ideológica de un capitalismo supuestamente incompatible con lo religioso.

  1. c) Las nuevas ideologías autoritarias.

El escándalo se produce cuando nuevas ideas, casi inconcebibles mundialmente en los 30 y los 40, amanecen en el horizonte para ser impuestas desde el estado, violentamente enfrentadas con lo religioso, como una nueva etapa de laicismo radical. Ellas son:

  1. Que el sexo es una identidad que el individuo se coloca a sí mismo con total autodeterminación.
  2. Que el aborto y los anticonceptivos son derechos que todo individuo tiene derecho y obligación de recibir.
  3. Que el matrimonio homosexual (y obviamente disoluble) es otro derecho de igual naturaleza que los anteriores.
  4. Que ya no hay derecho a la libertad de expresión, sino derecho a la información objetiva, que el estado debe proveer, contrario a las manipulaciones comunicativas de las corporaciones privadas.
  5. Que los planes y programas de estudios, especialmente los primarios y secundarios, ya privados o púbicos, deben enseñar obligatoriamente 1, 2 y 3;
  6. Que las instituciones de salud, ya privadas o públicas, deben proveer de manera coactiva y obligatoria el punto 2,
  7. Que todo desacuerdo con todos los puntos anteriores es un acto de discriminación que debe ser penalmente prohibida.

¿Por qué hemos llamado a todo lo anterior “ideologías autoritarias”? Porque su problema no radica principalmente en el contenido de lo que proponen. En una sociedad libre, con derecho a la libertad de expresión, enseñanza, asociación e intimidad, los que quieran pensar como el punto 1 y el 2 (el aborto ya es otro tema pues está en juego el derecho a la vida), etc., tienen todo el derecho legal a hacerlo: tienen derecho a la libertad de expresión y derecho a la intimidad personal. El problema radica en su imposición global a través de los instrumentos del estado, instrumentos legales que ya habían quedado perfectamente preparados en las fases a y b. Pero las comunidades religiosas, durante las fases a y b, no advirtieron el problema. Habiendo aceptado muchas de ellas el estado providencia y los derechos de 2da. generación, denigrando al mismo tiempo a las libertades individuales como pertenecientes a un liberalismo individualista y agnóstico, más que como emergentes necesarias del PS, quedaron indefensas ante la tercera fase.Ahora reclaman sus libertades, cuando ya es casi muy tarde. Ahora reclaman la libertad de conciencia pero no tendrían problema en volver a un estado providencia cuando este último vuelva a “portarse bien” en esas materias. Eso las desautoriza ante la opinión pública, por un lado, y las ha vuelvo con-causa de esta nueva oleada de laicismo autoritario que ahora critican con tanto vigor.

 

[1] “Los errores del constructivismo”, en Nuevos Estudios, op.cit.

[2] Zanotti, Luis J.: Etapas históricas de la política educativa, Eudeba, Buenos Aires, 1972.

[3] Nos referimos a la noción de sana laicidad manejada sobre todo por Pío XII y Benedicto XVI. Sobre este tema ver Santiago, A.: La relevancia cultural, política y social de la religión en los albores del s. XXI, Academia Nacional de Ccias. Morales y Políticas, Buenos Aires, 2015.

[4] Sobre este tema ver Bidart Campos, G.J.: Las obligaciones en el derecho constitucional, Ediar, Buenos Aires, 1987.

[5] Mises, en La Acción Humana (Sopec, Madrid, 1968) y Hayek en Camino de servidumbre (Alianza, Madrid, 1977) yLos Fundamentos de la Libertad (Unión Editorial, Madrid, 1975).

[6] Nos referimos a su clásico Theory of Justice, Harvard University Press, 1971.

[7] Irrazábal, G.: Iglesia y Democracia, Ediciones Cooperativas, Biblioteca Instituto Acton, Buenos Aires, 2014.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Unasur sale al rescate de Nicolás Maduro:

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 18/3/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1777085-unasur-sale-al-rescate-de-nicolas-maduro

 

El tratado constitutivo de Unasur se suscribió el 23 de mayo de 2008. No obstante, entró en vigor dos años después. En noviembre de 2010. Sus objetivos incluyen “construir un espacio de integración y unión” entre sus Estados Miembros y “fortalecer la democracia”. Unasur tiene -además- una larga lista de objetivos “específicos”, donde se encuentra prácticamente todo lo imaginable, incluyendo algo bastante poco conocido: “la consolidación de una identidad suramericana, a fin de alcanzar una ciudadanía (común) suramericana”.

De esto último quizás no se han enterado los dirigentes uruguayos del “Sindicato Único de la Construcción” que acaban de obligar a una veintena de trabajadores bolivianos que trabajaban en el montaje de la planta fotovoltaica de “La Jacinta”, en Salto, a abandonar sus tareas, al grito de “mándense a mudar, no queremos extranjeros”.

Unasur es un organismo regional sobreabundante supernumerario. Algo así como “la quinta rueda del carro”. Pero ha copado la escena. Y desplazado a los demás. Especialmente a la OEA . Entre las razones políticas e ideológicas para su creación – en la que trabajaron incansablemente Hugo Chávez y Néstor Kirchner – aparecen el deseo de excluir completamente del diálogo regional a los EE.UU., Canadá y México y el propósito inicial de unificar la política exterior de la región, detrás del ideario bolivariano.

Prueba de esto último han sido tanto la torcida intervención de Unasur en la crisis de Pando, en Bolivia, protegiendo a Evo Morales con un informe lleno de falsedades que ha sido objeto de críticas devastadoras. Porque, por ejemplo, algunos de los muertos que allí se denunciaban aparecieron luego con vida. Como también la ilegal suspensión de Paraguay de Unasur, para permitir -con ella- el ingreso de la Venezuela de Hugo Chávez, que Paraguay -conforme era su derecho- vetaba.

En rigor, Unasur es un mecanismo de “protección recíproca” entre los gobiernos de sus Estados Miembros. Por esto ha sido recientemente calificado de “sociedad de socorros mutuos” y de “seguro de permanencia en el poder”. Esto es, de mero instrumento político que hasta ahora, más allá de la retórica, poco y nada ha tenido que ver con una auténtica defensa de la democracia, de los derechos humanos y de las libertades civiles y políticas de los pueblos de sus Estados Miembros.

Su actuación en la crisis de Venezuela es simplemente más de lo mismo. En lugar de condenar a Nicolás Maduro por haber desfigurado totalmente la democracia de su país hasta hacerla irreconocible; reprimir las protestas callejeras con dureza inaceptable, generando un tendal de muertes y lesiones, incluyendo las de jóvenes estudiantes; detener y encarcelar a los líderes de la oposición, en violación abierta al debido proceso legal; desterrar las libertades de prensa y de opinión; posibilitar la extendida presencia del narcotráfico y la corrupción, que parecen haberse apoderado de Venezuela; y permitir la injerencia profunda de Cuba en sus asuntos internos, Unasur ha salido en su defensa, aprovechando un claro error estratégico en la política exterior de Barack Obama que, sin sentido alguno de oportunidad, ha definido a Venezuela como una “amenaza para la seguridad” de su país. Para así poder sancionar, no a Venezuela, sino a un grupo de generales y altos funcionarios que paradójicamente tienen sus dineros en jurisdicción de los Estados Unidos.

No obstante, el insolente Nicolás Maduro ha empezado a tener algunos problemas en la región. La que hasta ahora le rendía unánime pleitesía. Ocurre que acaba de tener un serio incidente con las nuevas autoridades de Uruguay, luego de que -con la falta de modales que lo caracteriza- tildara de “cobarde” al vicepresidente oriental Raúl Sendic, cuando éste señalara que “no hay elementos que demuestren que hay injerencia de los EEUU en Venezuela”. Frente a lo cual, el gobierno de Uruguay convocó enseguida al embajador venezolano en Montevideo para expresarle que consideraba que los duros dichos de Maduro eran “inamistosos”. Con toda razón.

Ante esto, el ex presidente “Pepe” Mujica cargó -cual Quijote- corriendo en apoyo de su correligionario Nicolás Maduro, sin advertir que, como dice Claudio Paolillo, “tiene que ponerse el traje de ex presidente”. Y salir del centro de un escenario que ya no es suyo. Y sin advertir que el nuevo Canciller oriental, Rodolfo Nin Novoa, habla de un “cambio de rumbo” en la política exterior de su país, que presumiblemente dejará de ser apenas un “furgón de cola” de Venezuela. Porque esto es lo que se deduce de la afirmación de Nin Novoa, cuando dijo que no caerá “en afirmar sólo vínculos con países con gobiernos que tengan afinidad ideológica”.

Mujica, escuchó asimismo -de boca del nuevo Canciller de su país- que “no se debe caer en la tentación de privilegiar la política sobre el derecho”, en alusión directa a aquella lamentable frase del ex presidente cuando intentara justificar la ilegal suspensión de Paraguay del Mercosur , sosteniendo insólitamente que “lo político está por sobre lo jurídico”. Frase que -ante el tradicional apego oriental al derecho- podría calificarse como la más desacertada -y menos uruguaya- jamás pronunciada por algún Jefe de Estado constitucional oriental.

Sumergido en el caótico pantano que el mismo ha creado, Nicolás Maduro, como suele suceder, se “victimiza” y busca “chivos emisarios” que disimulen sus errores y falta de capacidad para gobernar. Apela a las emociones. Para disimular. Para no hablar del gigantesco descalabro que hoy es su país -que sigue en viaje sin escalas hacia Cuba- respecto del cual no puede eludir su responsabilidad. Aprovechando las circunstancias, Maduro se ha hecho de más poder. Puede ahora, como Chávez, gobernar por decreto. Arbitrariamente y con total absolutismo. Sin límites, ni fronteras. Como supone “le corresponde”.

Invocando presuntas conspiraciones y peligros externos, Maduro pidió a la sumisa Unasur una rápida expresión de endoso y solidaridad. De modo algo humillante, porque esto es lo que transmiten sus palabras, cuando dijo: “Gracias a Dios tenemos una Unasur que nos protege, nos acompaña”. Palabras propias de quien se siente “dueño” de Unasur.

Es cierto, porque Unasur le permite no hacer los recuentos de votos comprometidos; encarcelar a estudiantes y opositores; violar impunemente las libertades civiles y políticas de sus conciudadanos; criminalizar la disidencia; y desvencijar al máximo la Constitución e instituciones de su país.

Unasur acaba de evitar, una vez más, salir claramente a defender la democracia, como si esto no fuera su responsabilidad. En su reunión extraordinaria, celebrada en Quito, definió a las sanciones norteamericanas como “amenaza injerencista”, solicitando su derogación. Pero sin condenarlas expresamente, como insistentemente pretendía Maduro.

Pese a que esas sanciones -que son “personalizadas”- no se han tomado contra Venezuela, sino contra algunos militares y altos funcionarios de ese país que -acusados de violar los derechos humanos y de actos graves de corrupción- llevaron libremente, por alguna extraña razón, sus dineros a los Estados Unidos. Sometiéndose -y sometiéndolos- a la jurisdicción norteamericana. Voluntariamente. El tema está, entonces, lejos de conformar una violación norteamericana del derecho internacional, contra Venezuela. Los dineros embargados están bajo la ley norteamericana.

De paso, los Cancilleres suramericanos hicieron una velada (casi cínica) mención a la defensa regional de los derechos humanos, de modo de no provocar con ella disgusto alguno a Nicolás Maduro y poder sostener, al mismo tiempo, que realmente existe en la organización alguna preocupación por ese tema. Pero lo cierto es que el pueblo venezolano no ha sido defendido. Sólo el régimen de Nicolás Maduro.

Por esto, cuando se acerca ya la “Cumbre” regional de Panamá, el diálogo de la región con los Estados Unidos que, después de la “normalización” de sus relaciones con Cuba se suponía iba a ser fluido, creativo y positivo, volverá presumiblemente a ser duro, y hasta eventualmente ríspido.

La oportunidad genuina que existía para que Unasur, saliendo de su larga siesta, defendiera la democracia y las libertades civiles y políticas de los venezolanos se ha desaprovechado. En parte, por el mayúsculo error atribuible a la administración de Barack Obama, que sirve de excusa y biombo para Nicolás Maduro. Pero también -en gran medida- por la “solidaridad” mal entendida que Unasur, como siempre, ha mostrado respecto de un régimen que -como el de Nicolás Maduro- ha demolido la democracia venezolana y que ahora pisotea -impunemente- las libertades civiles y políticas de su pueblo. Todo ante el largo silencio cómplice de Unasur, que desgraciadamente se mantiene.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Los diez principales problemas ambientales. Ahora la energía, ¿a qué precio?

Por Martín Krause. Publicado el 22/9/14 en: http://bazar.ufm.edu/los-diez-principales-problemas-ambientales-ahora-la-energia-a-que-precio/

 

En un post anterior comenté un interesante artículo titulado “Urgencias ambientales: los diez problemas que esperan solución”, donde se comentan los resultados de una investigación de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara: http://www.lanacion.com.ar/1720041-urgencias-ambientales-los-diez-problemas-que-esperan-solucion y se los compara con los del informe del Índice de Calidad Institucional 2013, que también consideraba los principales problemas ambientales:http://www.libertadyprogresonline.org/2012/07/12/indice-de-calidad-institucional-2012/

Petróleo

Veamos ahora el tema de la energía:

Para la Fundación:

El viento costero y patagónico, la luz solar y el agua son recursos naturales aún desaprovechados. “El modelo vigente y su tendencia nos alejan de poder diversificar la matriz energética”, dicen los autores del informe. En 2012 (el último período para el que obtuvieron datos), las pequeñas centrales hidroeléctricas activas aportaron 92 MW y las centrales eólicas y solares fotovoltaicas, 118 MW (ese año, España obtuvo 21.288 MW del viento). El uso de la energía tampoco es tan eficiente en los hogares, la industria y el alumbrado público (sólo la ciudad y la provincia de Buenos Aires poseen un plan de reemplazo de las luces de las calles con lámparas de alta eficiencia).

SOLUCIÓN: Ampliar el uso de las etiquetas de eficiencia energética más allá de los electrodomésticos, instalar atenuadores de potencia en el sistema de alumbrado público del país, educar a la población en el consumo responsable y promover la coproducción industrial de energía eléctrica y térmica a partir de un solo combustible.

Informe ICI 2012:

El impacto ambiental del consumo de energía se debe al uso de la leña a nivel doméstico, al uso de combustibles fósiles a nivel urbano por parte de los vehículos de transporte, y la emisión de gases de efecto invernadero, a nivel global. El desarrollo de energía hidroeléctrica, si bien es renovable, genera también impactos ecológicos, causando inundaciones de terrenos. El potencial solar, hidroeléctrico y eólico, o de biocombustibles no compite todavía en costos con los combustibles fósiles, los Estados subsidian a algunos en lugar de desregular, reducir cargas e impuestos para que estas nuevas tecnologías prosperen. Precios subsidiados generan un consumo mayor de energía, visibles particularmente en los países productores de petróleo como México, Venezuela y Ecuador. En el caso del primero los subsidios a la gasolina alcanzan la cifra de 10.000 millones de dólares, al diesel unos 3.600 millones. También se subsidia el precio de la electricidad con el mismo resultado de un mayor consumo.

El subsidio a energías renovables, como la producción de biocombustibles, no necesariamente reduce la emisión de CO2 ni genera un menor consumo de electricidad, sobre todo cuando sus tarifas también son subsidiadas por el Estado, y desplaza también la cobertura vegetal existente, bosques o la producción de cosechas con destino a la producción de alimentos. No reduce el consumo de combustibles fósiles.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Emilio Botín y América Latina.

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 11/9/14 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/emilio-botin-y-america-latina/

 

La expansión internacional es una de las señas de identidad del nuevo Banco Santander que capitaneó Emilio Botín desde que en 1986 sucedió a su padre en la presidencia. Como señaló el profesor Juan Manuel López Zafra, una de las claves simbólicas para entender la visión de Botín es la supresión de una pequeña palabra, la preposición “de”. En efecto, bajo su mandato el Banco de Santander pasó a ser sólo Banco Santander: “entendió la globalización”, concluye el doctor López Zafra.

En esa apertura del banco al mundo desempeñó un papel primordial Iberoamérica, o América Latina, que es como ellos prefieren llamarse. Las inversiones allí del Santander, iniciadas tímidamente en tiempos de su padre, avanzaron a toda marcha en los del hijo, que compró bancos en Chile, Argentina, Colombia, Perú, Venezuela, México y Brasil en los años noventa, es decir, incluso antes de la adquisición en España del Banco Central Hispano, concretada a comienzos de 1999.

En los años siguientes la apuesta de Botín por América Latina se reforzó, no sólo llegando a más plazas de mayor o menor relieve, sino que prosiguió su marcha en los dos países más importantes. En efecto, aparte de seguir adelante en la Argentina donde, como comentó ayer “La Nación” de Buenos Aires, Santander “controla el Santander Río, una de las entidades privadas más importantes del sector bancario”, el Banco Santander planifica importantes inversiones en Brasil y México.

Es conocida la frase de Botín: “el que no está en Brasil no está en América Latina”. Mantuvo siempre ese criterio a la hora de conseguir una posición de primera línea en la banca brasileña, lo que logró en 2004, aliándose con Royal Bank of Scotland y Fortis para adquirir ABN Amro, operación que le permitió llegar hasta el Banco Real, lo que sumó a Banespa.

En México, los negocios del Santander empezaron en 1996, cuando adquirió el grupo financiero Inverméxico. Cuatro años más tarde compró el Banco Serfín, y en 2002 los integró a ambos. Ayer informó “El Universal”: “Hoy Santander es el tercer grupo financiero de México con 10 millones de clientes, 1170 oficinas y 13.000 empleados.

Sabido es que América Latina no siempre resulta el paraíso de la seguridad jurídica, ni ha estado exenta de perturbaciones de todo tipo, políticas y económicas. Ahora bien, como recordó “Expansión”, Emilio Botín aseguró que el Banco Santander estaría en América Latina “en las duras y las maduras”. Y así ha sido.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El éxito del Nafta, veinte años después

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 9/1/14 en:   http://www.lanacion.com.ar/1654053-el-exito-del-nafta-veinte-anos-despues

Hace veinte años nació el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, más conocido como Nafta, a través del cual se unificaron, en lo comercial, las economías de los tres países de América del Norte: Canadá, los Estados Unidos y México.

Según Carla Hills, la ex representante comercial de los Estados Unidos, esto ha creado, entre los tres países del norte de nuestro hemisferio, un intercambio de unos 19 trillones de dólares y una demanda con 470 millones de consumidores. Con ese acuerdo se amalgamaron comercialmente, por primera vez, dos naciones desarrolladas con una que entonces estaba en vías de desarrollo, México.

El compromiso asumido supuso eliminar los derechos aduaneros para los productos industriales que circulan intrazona, así como las restricciones a la circulación de los productos del agro y de los servicios. También se dejaron de lado las exigencias de “contenido local” y los esquemas de “sustitución de importaciones” y se aseguró, en el área, el respeto a los derechos de la propiedad intelectual.

En consecuencia, dos décadas después, Canadá es el principal mercado de exportación de los Estados Unidos. Canadá, a su vez, envía el 98% de sus exportaciones totales energéticas a su vecino del Sur. En el caso particular del petróleo, hablamos de 2,3 millones de barriles diarios de exportaciones canadienses. Por su parte, México es hoy el segundo mercado para las exportaciones norteamericanas. La integración es, queda visto, una realidad.

La producción industrial de los tres países se ha integrado profundamente, conformando cadenas productivas, y el intercambio comercial entre ellos se ha incrementado un formidable 400%. Todos los días hay operaciones comerciales de bienes y servicios por valor de unos 2000 millones de dólares a través de la frontera de los Estados Unidos con Canadá, y por valor de unos 1000 millones en la frontera que separa a los Estados Unidos de México.

La mitad de ese inmenso tráfico comercial -cabe destacar- se realiza entre empresas vinculadas, lo que ha beneficiado a todos aumentando la productividad de las tres economías. Esto sucede particularmente en el sector automotor, especialmente competitivo, pero también en otros capítulos o rincones de sus economías.

De cada dólar que Canadá y México exportan a los Estados Unidos hay 25 centavos de insumos norteamericanos, en el caso de Canadá, y unos 40 centavos en el caso de México. Este nivel de integración real es importante. En el caso de China, por ejemplo, de cada dólar de exportaciones chinas a los Estados Unidos hay apenas unos 4 centavos de insumos norteamericanos.

Como cabía esperar, las inversiones directas recíprocas han aumentado exponencialmente. Los Estados Unidos, por ejemplo, han invertido unos 310 billones de dólares en Canadá y las empresas canadienses unos 200 billones de dólares en los Estados Unidos. Aunque en menor medida, hay asimismo inversiones mexicanas importantes en los Estados Unidos.

La pertenencia al Nafta -más allá de lo económico- ha contribuido a generar un clima que ha permitido a México afianzar la democracia y consolidar una clase media que crece vigorosamente. También a mantener una política macroeconómica seria y estable.

Por todo eso, el político e intelectual mexicano Jorge Castañeda dice que el Nafta “es una historia innegable de éxito” para México. Fundamentalmente, por haber hecho crecer fuertemente sus exportaciones. Ese éxito -dice Castañeda- influyó en que los mexicanos “abrieran sus cabezas” y se lanzaran a un proceso de rápida modernización, que incluye las reformas impulsadas por el presidente Enrique Peña Nieto.

Esto supone abandonar el recurso fácil de la “victimización”. Y dejar de lado tabúes históricos que nacieron en el contexto de un mundo que ya no existe. Lo que supone una actitud colectiva de mirar hacia adelante, en lugar de quedarse, obsesivamente, empantanados en la propia historia.

El futuro para los socios del Nafta, veinte años después de su nacimiento, sigue siendo común. Lo que supone la necesidad de trabajar en profundizar la integración en todos los capítulos que aún no se han abordado, como el de la libre circulación del trabajo. Pero también la de mejorar e integrar constantemente la infraestructura básica común. Muy especialmente la de transporte y la energética.

Un ejemplo de que su futuro es común es que los tres socios han comenzado a analizar su posible ingreso a las dos zonas de libre comercio del Pacífico y del Atlántico, que hoy se gestan aceleradamente. También, que hoy estén analizando una mayor integración en materia de seguridad, incluido el problema del crimen organizado.

Quizá por todo esto es que los mal llamados “progresistas”, que viven en los 70, procuran excluir a México del diálogo regional. No vaya a ser que se advierta que el camino del éxito poco tiene que ver con la filosofía del aislamiento que predican, aquella que rechaza al mundo como escenario y se encierra en sí misma; aquella que, en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata de 2005, eligió el proteccionismo. Un gesto que nos condujo a alejarnos comercialmente de las cadenas productivas del mundo. Y que, además, condena a las sociedades que resultan víctimas de esa estrategia cerrada a tener que vivir en el atraso, en términos relativos.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.