déficit fiscal… déficit fiscal… déficit fiscal…

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 17/5/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/05/17/nicolas-oresme-y-el-primer-tratado-monetario/

Sí, 3 veces déficit fiscal. El déficit fiscal explica tanto la (1) situación Argentina actual, (2) los problemas actuales en Europa (por ejemplo España y Grecia) y (3) el peso que Estados Unidos está empezando a sentir sobre sus hombros como (1) la crisis de fines del 80’, (2) del 2001, y (3) la situación actual Argentina.

No haya nada nuevo bajo el Sol, como explican Pablo Guido y Gustavo Lazzari para el caso Argentino, el problema es invariante, lo que se modifica es como los gobiernos intentan esquivar un problema que no tiene escapatoria.

 

La mayoría de los análisis sobre los problemas actuales, en Argentina o Europa, parecen implicar que los mayores problemas se encuentran no en la acumulación de resultados deficitarios, sino en las instituciones monetarias o métodos de financiamiento. Es como sostener que el problema del adicto al cigarrillo o alcohol son los síntomas, o la marca que consume, pero no la adicción. Errar en el diagnóstico del problema fácilmente desencadena en errar en la solución. Si no se ve el déficit fiscal como el problema de fondo, entonces se puede caer en la tentación de sugerir mayores niveles de gasto público para solucionar el problema. Otra ronda de alcohol para solucionar el problema de la resaca… Ciertamente tener déficit fiscal un año determinado no es en sí un problema, es la acumulación de la misma lo que se vuelve un problema de consecuencias inevitables, del mismo modo que no es una copa de vino el problema, sino la acumulación de las mismas.

Si el estado gasta más que lo recauda, entonces debe recurrir a financiación no impositiva (deuda, emisión monetaria, etc.) para cubrir la diferencia. Durante la década del 80 en Argentina, por ejemplo, el déficit fiscal se financió con emisión monetaria, siendo el resultado una alta tasa inflacionaria que culminó en hiperinflación. Cuando la situación se volvió insostenible, el gobierno de Raul Alfonsín delegó el mandato antes de tiempo a Carlos Menem. La inflación de la década pérdida fue en sí un síntoma del déficit fiscal. La inflación no cae del cielo, hay que buscarle el origen institucional. No es que la inflación no sea un problema, pero es necesario encontrarle la causa para identificar el problema de fondo.

Cuando Menem asume la presidencia, la emisión monetaria ya no era un medio efectivo para financiar al estado. Luego de algunos traspiés el nuevo esquema de convertibilidad puso fin a la inflación de la moneda Argentina. Pero el déficit fiscal no desapareció, lo que se modificó fue el método de financiación. El proceso de privatización implicó un ingreso de recursos por la venta de activos y la eliminación de empresas estatales deficitarias a cambio de grandes empresas contribuyentes al fisco. El proceso de privatizaciones no tuvo nada que ver con un súbito ataque de “neoliberalismo” en el Peronismo, sino que tuvo que ver con una necesidad imperante de recursos. No es sorpresa que el mismo partido (y en algunos casos los mismos políticos) que defendieron las privatizationes hayan defendido las nacionalizaciones del gobierno K si esto les permite solucionar “problemas de caja.” La venta de activos, sin embargo, posee un límite. Eventualmente no hay mas activos que vender.

Otra fuente importante de financiamiento del estado a lo largo de los 90 fue la toma de deuda con organismos internacionales. Dada la ley de convertibilidad, el banco central (BCRA) no estaba autorizado a emitir pesos sin la correspondiente entrada de dólares. Los dólares, sin embargo, llegaban a través de la deuda del estado con los organismos internacionales. El nuevo esquema monetario no eliminó el problema, sino que cambió su método de financiamiento. Es un error de diagnóstico ver en la Argentina de los 90 un gobierno liberal (basta con ver cuántos puntos del Consenso de Washington, la llamada “receta neoliberal,” el país no cumplía), por el contrario, fue una época bien Keynesiana. El problema no fue la convertibilidad, el problema fue nuevamente el déficit fiscal. Del mismo modo que la emisión monetaria no es sostenible de manera indeterminada, como sucedió en los 80, el incremento de deuda pública en dólares tampoco es sostenible de manera indeterminada. Eventualmente el peso de la deuda pública fue tal que el sistema colapsó. A modo de referencia, entre 1991 y el 2002 el gasto público aumentó un 90.8%, el PBI un 49.3% y la deuda pública un 91.6%. Es cierto que en los 90′ no hubo inflación en el sentido de aumentos en el nivel de precios, pero el exceso de la oferta monetaria, dado el régimen de tipo de cambio fijo, se tradujo en los déficits comerciales que atravesaron los 90 (con excepción del 95 dada la Crisis del Tequila). En el mercado internacional, las importaciones Argentinas no tiene poder de alterar los precios internacionales.

Como es costumbre política, cuando el déficit fiscal se vuelve insostenible no se decide eliminar el mismo, sino que se encontró más conveniente instaurar dos corralitos, declarar el default de la deuda y proceder a una devaluación que llevó el tipo de cambio de 1ARS = 1USD a 3ARS = 1USD.

Los primeros años post 2001 mostraron superávit gemelos (en el tesoro y en el comercio exterior). Pero dos problemas quedaron irresueltos. Más allá del atraso cambiario a fines de los 90’, la devaluación de Duhalde no buscó equilibrar el mercado externo, de hecho la devaluación hizo del Peso Argentino una moneda artificialmente barata en el mercado externo. Esto no hace más que trasladar rentabilidades artificiales al sector exportador, que no dudará en protestar cuando esta rentabilidad artificial comience a reducirse hacia su valor real de mercado. Si el precio de los bienes era 100ARS en Argentina o 100USD en el exterior, y el tipo de cambio pasa de 1ARS = 1USD a 3ARS = 1USD, ya sea el nivel de precios o el tipo de cambio deben ajustarse. El incremento de exportaciones que un tipo de cambio nominal barato produce un aumento en la demanda de ARS, por lo que el tipo de cambio nominal se corrige hasta volver al 1ARS = 1USD. Si en cambio el BCRA desea mantener el tipo de cambio 3ARS = 1USD, entonces debe emitir los pesos necesarios para mantener el tipo de cambio estable, lo que resulta en un aumento en el nivel de precios en Argentina hasta que los mismos se ubican en 300ARS o 100USD en el exterior. En términos económicos, una situación similar a la del “1 a 1″ pero con distinto nivel nominal en ARS. No hace falta leer manuales modernos de economía monetaria para entender uno de los drivers principales de la inflación Argentina post 2001, es suficiente con ir a los escritos de David Hume en el siglo XVIII que describen este proceso de manera sencilla y accesible.

El segundo problema que persistió fue el crecimiento del gasto público, que eventualmente erosionó el superávit fiscal. Los problemas no de una, sino de dos décadas pasadas, no alcanzaron para aprender de los errores del pasado reciente. Así como en los 90 se recurrió a vender activos (privatizaciones) para financiar el gasto público, en los últimos años se recurrió a la expropiación de cajas y flujos de fondos por el mismo motivo junto a la emisión monetaria para mantener el tipo de cambio competitivo, eufemismo de un tipo de cambio artificialmente barato. El conflicto con semántica bélica de la “Resolución 125,” la nacionalización de las AFJP, el reciente caso de Repsol y el uso de las reservas en el BCRA para fines que corresponden al Tesoro y no al banco central ni a los ahorros jubilatorios son síntomas de que en los últimos 30 años la Argentina persiste en cometer el mismo error sin atender a los motivos de fondo. Cambiar el método de financiamiento del déficit fiscal no elimina el problema, simplemente le pone otro maquillaje. Parafraseando a un ministro Español, el déficit fiscal no es de derecho ni de izquierda, tampoco es de libre mercado ni de socialistas, es de gobiernos ineficientes.

Hemos mencionado más de una vez la opinión de economistas como Krugman respecto al caso Argentino. Es cierto que hay aspectos que aprender del caso Argentino. Recientemente hemos comentado una de las lecciones. Sin embargo, una de las mayores consecuencias del Keynesianismo fue restar importancia al equilibrio fiscal. Esto es justamente lo que no debe pasar por alto a los hacedores de políticas públicas en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Para no incurrir en altos costos de largo plazo es necesario concentrarse en los problemas de fondo. Indistintamente de la eficiencia de los distintos métodos de financiación, las consecuencias de abultados déficits fiscales son inevitables.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.