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Una meta fiscal que no se cumplió, porque no había convicción para concretarla

Por Adrián Ravier. Publicado el 27/12/16 en: http://www.lagaceta.com.ar/nota/713018/economia/meta-fiscal-no-se-cumplio-porque-no-habia-conviccion-para-concretarla.html

 

Con Mauricio Macri nace una nueva forma de hacer política, parecida, quizás, al modo de administrar una empresa. Se fijan metas, se deja trabajar y luego se evalúa la performance. Ha llegado el momento de evaluar a los ministros y Alfonso Prat-Gay tenía una meta fiscal que no cumplió, porque jamás estuvo convencido de ella.

En este primer año se priorizó ordenar la economía, tras la pesada herencia representada en los tres grandes desequilibrios: fiscal, monetario y cambiario. Comenzando por este último, Prat-Gay y Federico Sturzenneger, titular del Banco Central, trabajaron en conjunto para levantar el cepo cambiario, para arreglar con los holdouts y para acceder al crédito externo que le ayude al Gobierno en su estrategia de gradualismo. Sturzenegger, además, logró convencer al mercado de que las metas de inflación son viables, pero Prat-Gay no sólo no logró sus objetivos del segundo semestre, sino que tampoco pudo alcanzar la meta fiscal de 4,8 % de déficit primario que se había planteado. Si el déficit no fue mayor al actual se debe a que el blanqueo ofreció recursos extraordinarios que resultaron en una rueda de auxilio.

El incumplimiento de esta meta fiscal puede recibir variadas lecturas y hasta justificarse por medidas que incluyeron aspectos que estaban fuera del alcance del ministro saliente. Pero las metas de 2017, necesariamente, deben ajustar las tuercas de la cartera de Hacienda y Prat-Gay no está convencido de ello. No sólo descree que sea oportuno ajustar el déficit por las elecciones próximas, sino que su modo de entender la economía desaconseja apuntar al déficit fiscal en un contexto recesivo.

Está fuera de mi alcance comprender si la decisión es política, por la forma individualista de hacer política económica de Prat-Gay y su poco entendimiento con el jefe de Gabinete (Marcos Peña), pero me gustaría creer que Macri comprendió que fomentar la demanda agregada mediante gasto público en 2017 bien puede ser de ayuda para ganar las elecciones y mostrar cierto crecimiento, pero esa tendencia peligrará en 2018 si se pierde otro año en materia de metas fiscales. Me gustaría creer que Macri comprendió que el problema madre que tiene la Argentina es fiscal, y que sólo mediante un ajuste su Gobierno puede terminar con una economía en auge sostenible.

Nicolás Dujovne ha sido la persona elegida para avanzar en el desafío fiscal, y tiene más perfil docente que experiencia en el sector público. El Frente Renovador emitió algún comentario que identifica a Dujovne como un economista ortodoxo que acelerará el ajuste fiscal. Mi lectura, sin embargo, es diferente. Dujovne continúa el gradualismo y el foco se coloca en la comunicación. Vale como ejemplo la siguiente referencia suya: “si el Gobierno lograra mantener el gasto congelado, por los próximos cinco años, y si la economía creciera 3% por año, el gasto en relación con el PBI bajaría de 45% a 39% en 2021. Y si esa estabilidad del gasto permaneciera por diez años, caería hasta 34% del PBI en 2026.”

Con Dujovne no habrá ajustes o recortes de gasto. Las críticas de Dujovne a Prat-Gay o a Sturzenegger no son de fondo sino de forma. Mi lectura de sus notas es que cuestiona la estrategia de comunicación, más que las propias metas fijadas. Da la sensación de que mantendrá el foco en las mismas metas de déficit primario de 3,3% para 2017 (aún cuando el Presupuesto lo estima en 4,2 %); del 1,8 % para 2018 y del 0,3 % para 2019, pero con alguien que está convenido de su importancia.

Además pondrá foco en dos temas centrales: la fuerte presión tributaria, que a Dujovne le parece injusta e inviable, y la enorme proporción de empleo informal, que daría lugar a cierta flexibilización. El mercado ha reaccionado con tranquilidad ante este cambio. El dólar y el Merval prácticamente operaron sin cambios. Pero es más un cambio de nombres que de fondo y sustancial en la política fiscal. Sería deseable que las metas fiscales se construyan sobre el déficit consolidado y no sobre el primario, especialmente en una serie de años donde la Argentina acumulará nueva deuda con su consecuente pago de intereses.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

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El balotaje y los “espíritus animales” del mercado

Por Iván Carrino. Publicado el 30/10/15 en: http://oikosbsas.com/el-balotaje-y-los-espiritus-animales-del-mercado/

 

John Maynard Keynes, uno de los economistas más famosos del siglo XX, popularizó la idea de que la actividad económica estaba guiada por lo que él dio en llamar los “espíritus animales” del mercado.

 

Para el economista británico, de hecho, estos espíritus eran tan potentes que las depresiones económicas tenían origen en el desánimo y la “mala onda” de los empresarios, mientras que los períodos de auge podían explicarse por lo contrario: el optimismo generalizado de productores y consumidores.

 

Por más atractivo que pueda tener, la teoría del inglés deja mucho sin explicar. ¿Por qué, de un día para el otro, todos los empresarios se pondrían de acuerdo para estar de mal humor? ¿Por qué, sin explicación aparente, el sector privado cambiaría sus expectativas y se pondría a invertir y producir más para mejorar la calidad de vida de la nación?

 

Ni Keynes ni sus seguidores lograron responder satisfactoriamente esta pregunta. Sin embargo, su teoría aún hoy tiene influencia.

Volviendo a la Argentina de 2015, los espíritus animales del mercado se mostraron vigorosamente optimistas a partir del resultado de la primera vuelta electoral el domingo pasado. La escasa diferencia entre Daniel Scioli y Mauricio Macri generó una expectativa muy grande respecto de que, en diciembre, el nuevo presidente provenga de un partido distinto al del Frente Para la Victoria que hoy gobierna.

La esperanza está puesta en que, si este es el caso, el rumbo económico será distinto, y dejaremos de tener una economía con megainflación, control de cambios y estancamiento.

 

Ahora bien, si tomamos la teoría keynesiana, nuestro pronóstico debería ser que estamos a las puertas de un auge económico sin precedentes. Con el Merval en alza, el dólar blue y el riesgo país en baja y los títulos argentinos que cotizan en Nueva York con una sostenida demanda, parecería claro que los inversores dejaron de formar parte de “la cadena del desánimo”.

 

Sin embargo, si creyéramos que solo esto garantiza una etapa de prosperidad económica durante los años por venir, estaríamos equivocados.

Es que la teoría keynesiana olvida que las expectativas de los inversores, las empresas y los consumidores, deben ser confirmadas por lo que efectivamente suceda en la realidad. Es decir, se nota que hay esperanzas y un cambio de humor en la sociedad, pero esto no alcanza para resolver los problemas económicos que hoy nos aquejan.

 

Para dar un ejemplo concreto: un empresario puede estar hoy de muy buen humor, pero a la hora de traer sus dólares a la argentina para invertir seguirá encontrándose con un cepo cambiario que expropia su riqueza, con numerosas regulaciones que dificultan enormemente el establecimiento negocios, con una inflación monstruosa que imposibilita la planificación de largo plazo y con la prácticamente inexistencia de crédito a tasas razonables.

 

En este contexto, es muy poco lo que los entusiastas “espíritus animales” pueden hacer por el país.

 

Así las cosas, es muy bueno que los argentinos estemos pensando en un futuro económico mejor, pero no puede subestimarse la enorme tarea que debe llevarse adelante para que un cambio de rumbo efectivamente tenga lugar en la realidad.

 

Este cambio va a exigir mucha convicción, mucha capacidad técnica y mucha habilidad y cintura política. Esperemos que el que gane la segunda vuelta electoral el 22 de noviembre esté a la altura de las circunstancia. Si ese fuera el caso, los argentinos se lo vamos a agradecer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

 

 

¿A las puertas de ser un país normal?

Por Iván Carrino. Publicado el 29/10/15 en: https://igdigital.com/2015/10/las-puertas-de-ser-un-pais-normal/

 

Los resultados electorales del domingo pasado, que confirmaron el balotaje y dejaron en una muy buena posición al candidato opositor, encendieron el optimismo de los mercados. ¿Está Argentina más cerca de ser un país normal?

 

Argentina lleva 85 años de decadencia económica. Luego de haber llegado a ser el noveno país del mundo en términos de riqueza per cápita, hoy el país no figura ni en la tabla de los primeros 50, tiene una pobreza que alcanza a casi el 30% de la población, inflación elevada, cepo cambiario y fuga de capitales.

El caso de nuestro país es tan raro que incluso reconocidos analistas internacionales no logran explicar los motivos de este decadente derrotero. El economista Simon Kuznets, reflejando su asombro, afirmó una vez que había 4 clases de países, los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y la Argentina.

Nuestra excepcionalidad es tal que dos autores han coincidido en afirmar que Argentina es “el país de las desmesuras”. En su libro que lleva por título el mismo nombre, Juan Llach y Martín Lagos comparan el desempeño económico de Argentina con el de Nueva Zelanda, Brasil, Chile y Uruguay y encuentran las raíces de nuestra sostenida decadencia en ciertos comportamientos “excesivos o desmesurados”.

Entre estas desmesuras destacan particularmente:

  • El caudillismo y el populismo con propensión a la hegemonía
  • El cierre de la economía
  • La elevada inflación
  • El escaso financiamiento de la inversión asociado a la inflación
  • El déficit fiscal

Para los autores, Argentina mostró un desempeño largamente peor al de los países comparados en todos estos rubros, lo que explica gran parte del proceso de sostenida decadencia económica y social.

Como no podía ser de otra manera, el kirchnerismo cumplió al pie de la letra con todos ellos.  En un mundo sin inflación, nuestras autoridades se las ingeniaron para imitar el modelo venezolano. Hoy somos parte de un grupo selecto de 4 o 5 países que tienen una suba de precios sostenida superior al 20% anual por año. Detrás de la brutal destrucción del peso que esto implica, se encuentra el déficit fiscal, que ya lleva 6 años y que crece sistemáticamente en términos del PBI.

Por otro lado, con trabas de todo tipo, el gobierno cerró la economía y aisló del mundo al consumidor argentino, para hacer honor al slogan de Aldo Ferrer, quien proponía “vivir con lo nuestro”. Todo lo anterior contribuye a que sigamos teniendo un financiamiento privado escaso en la comparación internacional.

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Por último, el caudillismo y la hegemonía han sido una característica distintiva tanto del gobierno de Néstor Kirchner, como del de su esposa y sucesora, Cristina Fernández.

En este marco, y bajo el fantasma de que la continuidad era un hecho, nos preparábamos para enfrentar 4 años más de lo mismo. Es decir, de decadencia, ya que como dicen que decía Albert Einstein, no se pueden esperar resultados distintos si se ensaya siempre lo mismo.

Sin embargo, algo cambió en las elecciones de este domingo. A pesar de que el primer lugar lo obtuvo, como se esperaba, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, lo cierto es que la pequeña ventaja de 2,5 puntos porcentuales sobre el candidato opositor, Mauricio Macri, y la derrota de Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires dejaron sabor amargo en el kirchnerismo y dulce en todo el arco opositor.

Los mercados, por su parte, festejaron, anticipando una más posible victoria del candidato de Cambiemos. El lunes posterior a los comicios el MERVAL trepó 4,4% con acciones que subieron más de 15%. El dólar blue cedió 25 centavos en un solo día.

Lo que está sucediendo en los mercados y la sociedad es el resultado de un cambio en las expectativas a futuro. Si bien no se expusieron muchas propuestas concretas en la campaña, sobrevuela la idea de que un gobierno de la oposición podría reducir la inflación, liberar el mercado cambiario, abrir la economía al mundo y terminar con el ataque sistemático de las libertades individuales de los argentinos.

Luego de 12 años de desmesurado populismo y Cleptocracia, Argentina podría estar a las puertas de ser un país normal. Pero el camino no va a ser fácil y no podemos pensar que el cambio de expectativas por sí solo hará la tarea.

Se necesitan revertir muchas medidas y manejar con mucha convicción y capacidad la pesada herencia de la economía K. Los argentinos no la tendremos fácil a partir del 10 de diciembre, pero desde luego que el voto de la gente genera motivos para el entusiasmo.

Se abre una nueva posibilidad para la economía de nuestro país. Esperemos que los políticos no vuelvan a desperdiciarla.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El fallo que beneficia al país

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 5/12/12 en http://www.cronista.com/opinion/El-fallo-que-beneficia-al-pais-20121205-0051.html

Griesa no hizo otra cosa que ajustarse a derecho, y al sentido común: las deudas deben pagarse si se contraen libremente. Pero la gran mayoría de los argentinos se manifestó del modo políticamente correcto (el estatismo), con argumentos exóticos. El juez señaló que el “gobierno argentino… debe alejarse de estas imprudentes amenazas de desafiar los fallos de los tribunales, lo cual representa la peor clase de irresponsabilidad en el trato con el poder judicial”.
Pero no respetar al poder judicial es parte del folklore nacional, del gobierno que le niega independencia y de los “avivados”. Según Martín Redrado, lo que debe hacerse “es buscar más aliados para enfrentar esta situación”, o sea, buscar aliados para no hacerse a derecho, y remató asegurando que es “negativo para cualquier otra restructuración… (como en Europa), porque (con estos fallos) nadie va a querer aceptar una quita”. Enhorabuena que nadie acepte quitas, y se ponga al viejo continente en su lugar.
La oposición esta de acuerdo con el estatismo vernáculo. Para Alfonso Prat Gay el fallo “es de imposible cumplimiento … implicaría… realizar un pago adicional compensatorio a los bonistas que entraron al canje por un monto que consumiría casi todas las reservas… del Banco Central… Adicionalmente, como su sentencia prohíbe pagarles a los que sí entraron al canje sin antes pagarles a los litigantes, Griesa está empujando a Argentina a no honrar estos bonos restructurados”. Prat Gay, fue funcional al gobierno al asustar a los restructurados.
Lo que se esconde es que, debido a la mala perfomance económica, el Estado argentino no tiene dinero para pagar. Entonces, debería liquidar bienes (que los tiene por demás, para abonarles a los que no y a los que sí entraron), lo que resultaría bueno para el país ya que achicaría el Estado elefantiásico financiado por vía impositiva. Así, al contrario de lo que se dice, el país sí se beneficia con el fallo de Griesa, como se beneficia con todo derecho cuando es real. Como esta des estatización no ocurrirá, dada la carga ideológica actual del país, este estatismo enfrenta una situación delicada.
Hasta ahora, la escasez de las reservas (la base monetaria, M1 incluido, supera los $400.000 millones, mientras que las reservas brutas son menores a u$s 45.000 millones) ha sido disimulada con la criminalización del mercado cambiario. Hasta las empresas sentirán el impacto. Conocida la sentencia, colapsaron los bonos que cayeron hasta 14%. Entre las acciones, destacaron las bancarias, como Galicia y Francés, con bajas de casi 6%. También cayó YPF, cuyos papeles perdieron 5,3% quedando su capitalización bursátil en menos de u$s 4.000 millones, contra los u$s 16.800 millones que valía cuando era privada. Solo esta diferencia de capitalización supera con creces esta deuda.
Conocida la suspensión de la orden Griesa los papeles recuperaron terreno: optimismo de patas cortas. Es de esperar que la justicia de EE.UU. honre sus antecedentes y, finalmente, retome el fallo Griesa. Si por presiones políticas de la Casa Blanca (preocupada por sus socios europeos), no fuera retomado, de todos modos, a la larga el estatismo argentino se encargará de que la economía vaya por el mal camino. En fin, esto no es más que otra suma a la debacle argentina. En 1978 el PBI era mayor que el brasilero, hoy es 4 veces menor. En 1991, la Bolsa de Buenos Aires (Merval) tenía un market cap igual al 58% de la bolsa de Brasil (Bovespa), en 2012 es del 3%.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.