La Convertibilidad no fue control de precios

Por Iván Carrino. Publicado el 15/2/21 en : https://www.ivancarrino.com/la-convertibilidad-no-fue-control-de-precios/

Ha fallecido el expresidente Carlos Saúl Menem. Elegido en 1989, gobernó Argentina hasta su derrota 1999 y luego intentó volver a la presidencia, pero se bajó del ballotage en el año 2003, dando lugar a la asunción de Néstor Carlos Kirchner.

En materia económica, Menem -y su Ministro de Economía, Domingo Cavallo- será recordado por haber pulverizado la inflación. Durante su gestión hubo 8 años consecutivos de inflaciones anuales inferiores al 5%, algo inédito en la historia del país desde la década del ’40. Interesante es que esto se consiguió incluso cuando, con un decreto de desregulación, el gobierno eliminó una gran cantidad de entes e institutos destinados a controlar los precios y salarios de la economía.

¿Cómo lo hizo? La respuesta es la Ley de Convertibilidad del Austral de 1991, que fijó el tipo de cambio en 10.000 a 1 y luego sustituyó el austral por el peso argentino a una tasa de 10.000 a 1, con lo que Argentina adquirió una moneda nacional donde $ 1 era equivalente a USD 1.

Desde una perspectiva liberal, suele argumentarse que esta medida -que como decíamos, eliminó la inflación- se trató de algo contrario al liberalismo, puesto que consistió en fijar un precio de la economía. Y, dado que los liberales consideramos que los precios deben ser libres, esta medida no fue liberal. El problema es que esta afirmación no es del todo correcta.

Es que lo que impuso por ley la ley de convertibilidad no fue un “precio máximo” -a lo que los liberales nos oponemos-, sino un límite al poder gubernamental para emitir dinero -algo que los liberales deseamos.

En concreto, impuso una regla monetaria por la cual el único motivo por el cual el Banco Central podía emitir nuevos pesos era si ingresaban en las reservas del BCRA nuevos dólares. Esta relación tenía que ser, obviamente, de 1 a 1.

De esta forma, la convertibilidad fue un esquema similar al Patrón Oro, solo que en este caso deberíamos hablar de un Patrón Dólar. Y como explica George Selgin para el oro:

“Igualmente errónea es la afirmación de que el Patrón Oro es como un control de precios. Aunque el reclamo tiene cierto mérito en el caso de ciertas formas degeneradas de Patrón Oro (…) el verdadero Patrón Oro es uno en el que la convertibilidad del papel moneda en oro se basa en un contrato vinculante que difiere tanto del control de precios como la obligación de un guardarropas de entregar las prendas de vestir una vez que el propietario entrega el ticket que le dieron al entrar en el establecimiento. En un patrón oro genuino, en otras palabras, no tiene sentido hablar del intercambio de obligaciones en papel por oro como “compras” o “ventas” a “precios” fijos”

Para poner un ejemplo más sencillo aún. Si en Argentina hay 1 millón de unidades monetarias y 1 millón de manzanas, una regla monetaria podría ser la de establecer un tipo de cambio fijo entre el peso y la manzana de 1 a 1 y luego imponer la regla de que solo se incrementará la cantidad de pesos cuando aumente la producción de manzanas.

Esto no implica un “precio máximo” para la manzana. Si la manzana se vuelve relativamente escasa respecto de otros bienes, entonces habrá que entregar más bananas, sandías y naranjas por unidad de manzana. En ese contexto, también habrá que entregar más sandías y bananas por cada peso, que estará ganando poder de compra. Pero como se observa, el precio de la manzana podrá subir o bajar libremente, a diferencia de lo que ocurre cuando el gobierno impone un precio máximo para la manzana.

Esto mismo ocurrió con el peso y el dólar en la década del ’90. No se impuso un precio máximo para el dólar. Su relación de intercambio con todos los bienes de la economía podía modificarse libremente. Lo que sí hizo fue establecer un límite a la emisión discrecional de dinero del Banco Central y fue eso lo que eliminó por completo la inflación por un largo período de tiempo.

Para cerrar, otro indicador que muestra que no había control de precios es que no había escasez ni brecha cambiaria. Siempre que se fija un precio de forma arbitraria por ley, o bien aparece la escasez del producto, o bien aparece el mismo producto con otro precio en el mercado negro. Durante la convertibilidad no existió la brecha cambiaria, como sí existió entre 2011 y 2015 y volvió a aparecer a partir de septiembre de 2019, cuando volvieron las restricciones cambiarias, que sí son políticas de precios máximos.

He escrito más sobre la convertibilidad. Pueden encontrar todos mis artículos en este link.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

La Argentina no necesita más billetes impresos, necesita más capitales para crecer

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 3/12/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/12/03/la-argentina-no-necesita-mas-billetes-impresos-necesita-mas-capitales-para-crecer/

 

La expansión monetaria para estimular el consumo va acompañada de controles de precios, una receta bien conocida en la Argentina

La expansión monetaria para estimular el consumo va acompañada de controles de precios, una receta bien conocida en la Argentina

Todo parece indicar que la nueva administración intentará reactivar la economía vía el incremento del consumo. Si bien es cierto que ese es el fin último del proceso económico, lo cierto es que para poder incrementar la demanda de bienes durables y no durables en forma sostenida hay que seguir un camino que lleve a lograr ese objetivo de modo sustentable.

No es cuestión de ponerle más dinero en el bolsillo a la gente para incrementar el consumo, porque los billetes no se comen. Ejemplo: “Todos los días compro una ensalada de frutas que viene en un vaso plástico. La última vez el vaso era más chico y el precio más alto, eso sí, ahora tengo más billetes en el bolsillo”. Antes salía a la calle con algunos billetes y ahora llevo más, pero puedo comprar menos cantidad de las mismas cosas que antes.

En definitiva, la gente no necesita tener más billetes en el bolsillo, sino tener más poder de compra de bienes y servicios, no cada vez menos como ocurrió en los últimos años.

Demanda de dinero

En un país que nunca tuvo inflación, es probable que vía expansión monetaria pueda estimularse transitoriamente el consumo.

En un país sin memoria inflacionaria, si el gobierno emite para reactivar la economía los incrementos de precios que se producen pueden ser vistos como algo transitorio por el consumidor y, por lo tanto, postergaría la compra de bienes (aumentando la demanda de moneda) a la espera de que bajen los precios. Pero si pasado cierto tiempo eso no ocurre sino que, por el contrario, si los precios siguen subiendo en respuesta al aumento de la oferta de dinero por parte del Banco Central, entonces el público comienza a comprar bienes antes de que sean más caros. En ese caso baja la demanda de moneda y se potencia la inflación, provocando la disminución del salario real.

De ahí que si las autoridades económicas quieren sostener el consumo artificial basado en emisión monetaria, correrá el riesgo de aumentar la fuga del dinero hasta llegar a procesos inflacionarios agudos o incluso hiperinflacionarios, si no se detiene a tiempo.

Generalmente estas expansiones monetarias para estimular artificialmente el consumo van acompañadas de controles de precios, lo cual termina generando desabastecimiento, caída en la calidad de los productos, mercado negro, etc. Esta historia los argentinos la conocemos en detalle .

Justamente, el argentino no solo tiene memoria inflacionaria, sino que hay toda una nueva generación que nació y vivió con una inflación de dos dígitos, lo cual los hace más proclives a buscar refugio contra la inflación.

Desde el 2002 para acá pasaron 17 años, por lo tanto, todos los que nacieron luego del 2002 o incluso unos años antes de la crisis del 2001 ya saben que es la inflación porque vivieron con ella. Además, tienen a sus padres que vivieron procesos inflacionarios agudos antes de la convertibilidad fija del peso y el dólar en los noventa, y le enseña a sus hijos a huir del peso.

Por lo tanto, el argentino es un agente económico con larga experiencia en tratar de sobrevivir en períodos de inflación. Sabe que tiene que refugiarse en bienes que lo proteja de la inflación o en el dólar, porque en Argentina el que apuesta al dólar nunca pierde.

Muchos de quienes tienen capacidad de ahorro cambian sus pesos por dólares, como refugio de valor (Juan Mabromata, AFP)

Muchos de quienes tienen capacidad de ahorro cambian sus pesos por dólares, como refugio de valor (Juan Mabromata, AFP)

El punto a tener en cuenta es que cuando se entra en estos procesos de reactivación artificial de la demanda, no es que se emite moneda una sola vez y luego se frena la maquinita. Estos estímulos artificiales del consumo exigen de expansiones monetarias crecientes que llevan a procesos inflacionarios cada vez más agudos.

Si se acepta que la expansión monetaria es como un impuesto no legislado, al cual se lo suele llamar “impuesto inflacionario”, la curva de Laffer le aplica perfectamente.

El economista Arthur Laffer estudió que a medida que aumenta la tasa del impuesto (eje horizontal) se incrementa la recaudación (eje vertical), pero llega un punto, el C en el gráfico precedente, en que ese proceso deriva en una disminución de los recursos tributarios porque la economía comienza a operar en negro, desaparecen los productores marginales, etc.

Si se supone que la tasa de impuesto es la de la expansión monetaria por parte del Banco Central y que el eje vertical es la recaudación del impuesto inflacionario, si la gente no tiene memoria inflacionaria, la curva puede moverse entre 0 y 50. Pero a partir de la huida del dinero, comienza a disminuir. Ese sería el punto C, en el cual ya está la Argentina, o se encuentra próximo a alcanzarlo por la fresca memoria inflacionaria, todo intento de reactivar la economía vía expansión monetaria puede llevar tasas crecientes de emisión cayendo en un proceso inflacionario descontrolado con riesgo de hiperinflación por huida del dinero.

Primero invertir, luego consumir

La única forma de incrementar el consumo en forma sostenida es iniciando el proceso normal que es primero crear las condiciones para atraer inversiones, para incrementar la productividad y tener más bienes.

Si Robinson Crusoe quiere incrementar su consumo de cocos, en vez de treparse todos los días al cocotero para bajar un coco, tiene que ahorrar (consumir medio coco por día) y al tener libre el segundo día porque consume el otro medio coco, podrá destinar el tiempo a construir una escalera para subir y bajar más rápido con más cocos en menos tiempo.

Y si en lugar de consumirse todos los cocos que bajó en un día, vuelve a ahorrar y consume sólo una parte, ahorra para el día siguiente y hace una red de pescar que le permitirá pescar mayor cantidad de peces, alcanzará un nuevo incremento de su productividad que le permitirá intercambiar cocos y peces con los isleños por los productos de las huertas, diversificar sus consumos y construir su choza.

En síntesis, si no se entiende el ABC de la economía que enseña que el consumo solo se puede incrementar en forma sostenida con más inversión, se seguirá emitiendo moneda con la esperanza de que la mayor cantidad de papeles impresos generen más riqueza, pero nunca se alcanzará ese objetivo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

 

Un Gobierno que terminó siendo Continuemos en vez de Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 1/9/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/09/01/un-gobierno-que-termino-siendo-continuemos-en-vez-de-cambiemos/

 

(Prensa Presidencia)

La decisión del Gobierno de restringir la compra de dólares por parte de las personas físicas y el requerimiento de una autorización previa no es otra cosa que un cepo o cepito dependiendo de los límites que finalmente se establezcan para la compra de divisas. En definitiva, el Gobierno vuelve al punto de partida cuando asumió en 2015 y pensaba en cómo desarmar el cepo cambiario.

Cuando se establecen restricciones cuantitativas a la compra de un bien a un precio máximo, es porque se está racionando por cantidad.Esto ocurre cuando se pone un precio máximo a cualquier mercadería. Todo precio máximo siempre se pone por debajo del precio de mercado. Nadie pone un precio máximo al mismo precio que opera el mercado o por encima del precio al que opera el mercado.

Como a ese precio artificialmente bajo no alcanza la oferta del bien en cuestión, en este caso los dólares, la decisión de los gobiernos es racionar por cantidad. Es lo mismo que cuando se pone un precio máximo al papel higiénico y luego se establece que cada persona no puede llevar más de cuatro rollos por compra. Acá se establece un monto máximo de dólares a comprar por mes por cada persona física y el funcionario de turno decidirá cuánto le autoriza a comprar a las empresas.

Es sorprendente la capacidad que ha tenido el Gobierno para negar la realidad: la gente no quiere el peso. Lo desprecia. Cuando un gobierno pone una tasa de LELIQs del 83%, está poniendo una zanahoria tan grande para que la gente no compre dólares que agranda la desconfianza porque esa tasa de interés no es consistente con la tasa de rentabilidad que cualquier empresa puede tener. Porque en definitiva, si el BCRA le paga a los bancos el 83% por las LELIQs, ¿en qué actividad puede colocar el BCRA esos fondos que obtiene de los bancos a, por lo menos, la misma tasa del 83%? Primera señal de inconsistencia. Ahora están diciendo que los dólares no alcanzan, con lo cual racionan la cantidad a la que pueden acceder los ciudadanos en un intento por hacerles tener pesos que la gente no quiere. Nueva señal para espantar a la gente que seguramente comprará en el mercado negro lo que no puede comprar el mercado oficial.

Finalmente, establecen que el dueño de un producto o servicio tiene la obligación de ingresar las divisas obtenidas por sus exportaciones, con lo cual se establece una violación a la propiedad privada, generando más temor en los agentes. Dicho de otra manera, exporto el trigo que yo produzco, ese trigo es mío. Y si cambio el trigo por los dólares de un alemán, los dólares también son míos. Si el Gobierno me obliga a traer los dólares se meten, en última instancia, con mi trigo que es mi propiedad. Nuevo desestimulo a invertir en Argentina para asegurarse que nunca llegue la lluvia de inversiones.

Ahora bien, la obligación de ingresar las divisas de exportaciones de granos en un breve plazo, va a hacer que el productor retenga más granos para ahorrar en granos que son dólares. Con lo cual las exportaciones pueden disminuir y el ingreso de divisas por exportaciones ser menor al esperado agregando más tensiones cambiarias a las ya existentes.

En síntesis, cuando llegó Cambiemos al gobierno, recibieron un cepo cambiario que obligaba a las personas a pedir autorización a la AFIP para comprar dólares. Por ahora, no sabemos hasta cuándo porque viven cambiando las reglas de juego, las personas físicas tienen una racionamiento en la compra de divisas y las empresas un cepo para comprar dólares que antes autorizaba la AFIP y ahora el BCRA.

Triste final para un Gobierno que siempre se negó a tener un plan económico, convocar a economistas de trayectoria creyendo que el gradualismo que le vendieron sus economistas progres, mágicamente iba a generar una lluvia de inversiones. Esos mismos economistas que lo asesoraron al Presidente no solo no generaron la lluvia de inversiones sino que terminaron produciendo una sequía de dólares que lo obliga a terminar estableciendo las mismas restricciones que había dejado el kirchnerismo.
Que los gradualistas se hagan cargo de la vuelta del kircherismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

Nicolás Maduro, «con el mazo dando»

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 13/9/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2171553-nicolas-maduro-con-mazo-dando

 

América Latina desgraciadamente tiene en su hoy multicolor interior dos obvias y feroces dictaduras: las instaladas en Cuba y Venezuela .
Ambas generaron, como era de esperar, la emigración masiva de centenares de miles de ciudadanos que no estaban dispuestos a vivir sin libertad, es decir a deshumanizarse mansamente.
Por esto, ocurrió en su momento la inolvidable tragedia de los llamados «balseros», y también por esto la deplorable huida actual de cientos de miles de desesperados venezolanos, que está perturbando la paz regional y pone a prueba la solidaridad en nuestra región.
La responsabilidad por generar olas masivas de desesperados emigrantes está ciertamente en cabeza de los gobernantes de turno y ella debiera -en mi entender- ser criminalizada internacionalmente. Sin demoras. La terrible tragedia humana que testimonian así parecería exigirlo.

Mientras tanto, Nicolás Maduro , un personaje desafiante, pero cada vez más tristemente grotesco, sigue empeñado en destruir a su país con las mismas políticas estatistas que ya lo enterraron inevitablemente en la pobreza, pese a la inmensa riqueza que debieran haber podido generar sus dilapidados recursos en materia de
hidrocarburos.
A cada rato, el mandatario venezolano pone en marcha un plan «nuevo» para tratar de corregir las que, en rigor, son sus propias e inocultables torpezas. Y debe usar la violencia y la mano dura para amedrentar e intimidar a sus conciudadanos. Y obligarlos a aceptar sus caprichos e irracionalidad. Las fuerzas armadas venezolanas, que a cambio
de ingresos suculentos sostienen a Nicolás Maduro, son en los hechos cómplices y partícipes necesarios de semejante desgracia.
Con las clásicas acusaciones perversas de «especulación y acaparamiento», así como de desestabilización económica, Nicolás Maduro acaba de hacer encarcelar a un centenar de comerciantes, como alguna vez lo hiciera en la argentina Juan Domingo Perón, cuando -en sus primeras experiencias de gobierno- siguiera un derrotero «dirigista y
populista», en línea con la actual visión económica de Nicolás Maduro. Que exige, queda visto, encarcelar a los demás y recurrir al uso del «mazo», esto es a las amenazas y, peor, a los castigos.
Sus presuntos delitos fueron, esencialmente, los de no acatar sumisamente los absurdos niveles de precios impuestos por la administración de Nicolás Maduro, que los obligaban a vender pérdida.
Por esto, en Venezuela, como era de suponer, los productos básicos en materia de alimentación, higiene y limpieza desaparecieron rápidamente de los anaqueles de los comercios. Para muchos evidentemente es mejor la alternativa de simplemente salir disparados del mercado. Esto es, de no vender, en lugar de arriesgar ir preso,
presumiblemente. O actuar en la oscuridad del llamado «mercado negro» con todas sus implicancias y riesgos. Esta es una situación límite, pero conocida, que muy pronto genera desabastecimiento.

Entre la patología de las recientes medidas económicas de un Nicolás Maduro que comienza a lucir algo desesperado, estuvo un aumento del 3400% de los niveles salariales promedio. Es por cierto imposible, al menos para la gente común, poder vivir en un mínimo de paz y previsibilidad con semejante convulsión del lado de los ingresos.
Especialmente cuando el malherido sistema productivo venezolano trabaja con apenas el 30% de su capacidad.
De allí que la desesperación se haya apoderado ya de tantos venezolanos, alimentando una triste ola de resignados migrantes que pareciera no tener fin: aquella que sale – escapada- desde Venezuela y se abate sobre el resto de nuestra ya horrorizada, pero relativamamente impotente, región.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Mises analiza la economía austriaca en los años 1920, igual a la Argentina en 2014

Por Martín Krause. Publicado el 14/7/14 en: http://bazar.ufm.edu/mises-analiza-la-economia-austriaca-en-los-anos-1920-igual-a-la-argentina-en-2014/

 

Cuando los Nazis invadieron Austria secuestraron y se llevaron toda la biblioteca y los papeles de Ludwig von Mises. Luego los rusos llegaron a Berlín, y se llevaron esos papeles a Moscú, donde se mantuvieron en secreto hasta que la caída del socialismo permitió encontrarlos y recuperarlos. Como resultado de esto, Richard Ebeling editó esos trabajos en tres volúmenes publicados por Liberty Fund. El primero de ellos se llama “Monetary and Economic Policy Problems Before, During and After the Great War”. Allí Ebeling hace un comentario introductorio donde comenta el análisis de Mises sobre la situación austriaca a principios de los años 1920.

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Cualquier similitud con la situación argentina en 2014 no parece ser coincidencia. Pasó casi un siglo y parece que no hemos aprendido nada. Dice Ebeling sobre Mises:

“Los artículos de Mises “Devaluación Monetaria y el Presupuesto Nacional” y “Por la reintroducción de prácticas normales de mercado de capitales en las transacciones de moneda extranjera” explicó que el tipo de cambio es un precio creado en el mercado que simplemente no puede ser fijado y manipulado por el estado. El valor de una moneda en términos de otra reflejaba en definitiva su poder de compra. Guiada por la “ley de un solo precio”, la tendencia del mercado era a establecer un tipo de cambio en cuyo punto el atractivo de comprar un cierto bien en cualquiera de los dos países fuera el mismo. Al establecer el tipo de cambio a un nivel diferente que el de mercado significa solamente que fue establecido a una tasa muy barata o muy cara. En vista de la escasez de divisas como resultado del control de cambios el gobierno ordenó que todos los ingresos de divisas debían entregarse a la Autoridad Austriaca de Control de Cambios a una tasa fija, y ahora la burocracia gubernamental determinaría su racionamiento tanto a importadores como exportadores.

Prohibiendo transacciones normales de divisas simplemente trasladó las transacciones al mercado negro y evitó el funcionamiento de aquellos arreglos institucionales a través de los cuales los individuos se protegen de las fluctuaciones inciertas del tipo de cambio utilizando el mercado legal de futuros. En cambio, el entorno inflacionario con pocos caminos legales para obtener “cobertura” contra los efectos de una moneda que se deprecia, significó que más y más gente comenzaba a usar monedas extranjeras en las transacciones dentro de Austria. Los controles de cambios deben ser eliminados y la impresión de dinero debe terminar si se quiere evitar un desastre monetario.

La causa fundamental de los problemas de Austria estaba en la fuerza de la idea socialista, con todas sus consecuencias negativas. Este fue el tema de dos artículos de Mises, “El problema austriaco” y “El programa de la Socialdemocracia Agraria”. Los socialistas estaban determinados a controlar y gastar hasta la destrucción total del país. Bajo esta administración, los impuestos y la inflación consumieron la riqueza acumulada en el pasado y limitaron la acumulación de capital en el presente. Demagógicamente prometieron riqueza mientras causaban pérdidas nacionalizando y regulando industrias que terminaron sufriendo pérdidas que se pagaban finalmente con más inflación. Su agenda agrícola iba a hacer el mismo daño a la economía rural como lo hacía a la industria y las manufacturas en las ciudades.

¿Qué debería hacerse? En Febrero de 1921, Mises presentó el borrador de un plan para responder a la pregunta ¿Cómo puede salvarse a Austria?” La primera medida era frenar la impresión de dinero. Pero esto solo podía hacerse si se eliminaban los costosos subsidios a los alimentos y se reprivatizaban las industrias para terminar con los enormes gastos destinados a cubrir sus déficits, para que el presupuesto nacional volviera a estar balanceado. Los controles de cambios debían eliminarse con un mercado libre de cambios, para todo tipo de transacciones. Al mismo tiempo, el valor de la corona austriaca tendría que estabilizarse una vez que el Banco Central terminara de emitir dinero y se frenara la depreciación de la moneda. Todas las regulaciones locales y los controles que interfieren en el comercio entre las distintas provincias de Austria tenían que levantarse, y el libre comercio debería ser reintroducido en todas sus formas. Este era el camino para una próspera y revitalizada Austria.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Más impuestos, menos ahorro:

Por Julián Obiglio. Publicado el 8/1/14 en:  http://opinion.infobae.com/julian-obiglio/2014/01/08/mas-impuestos-menos-ahorro/

Los impuestos son el precio que pagamos por una sociedad civilizada”. Esta frase se encuentra grabada en el frente del edificio principal del IRS (Internal Revenue Service), la AFIP de los Estados Unidos, y resume los motivos por los que debemos entregar parte de nuestros ingresos al Estado.

En Argentina tenemos una presión impositiva cercana al 45% de nuestros ingresos, y si a ello le agregamos el impuesto inflacionario, seguramente descubriremos que cada año la administración estatal se queda con la mitad de nuestros ingresos. A cambio de ello deberíamos recibir seguridad, educación, jubilación, justicia, infraestructura, y algunos otros servicios más que son la esencia del contrato social entre el ciudadano y el Estado. La pregunta natural es: ¿no estaremos pagando demasiado por los pésimos servicios que recibimos? Evidentemente sí. El precio que se nos cobra para mantener nuestra sociedad civilizada es mucho más alto del que pagan la mayoría de los ciudadanos del mundo.

El Gobierno de nuestro país parece haber olvidado la finalidad de esos tributos y cada día busca nuevas herramientas que extraigan más recursos de los ciudadanos, para ser aplicados al mantenimiento del inmenso e ineficiente Estado que ha creado y alimentado a lo largo de los diez años de su gestión.

Con este sentido el titular de la AFIP ha expresado que para el pago del impuesto a los bienes personales, debería calcularse el valor de los inmuebles según el precio de mercado, y no según el valor fiscal que el propio Estado les otorga. Más allá de la desmentida que horas después hizo el ministro de Economía Axel Kicillof, si las intenciones del señor recaudador se hicieran realidad, los propietarios de pequeños inmuebles deberían dedicar un importante porcentaje de sus ingresos a pagar solamente este impuesto.

Por ejemplo, en un departamento de tres ambientes en el barrio de la Boca, de 53 metros cuadrados, con un valor de mercado cercano a los $ 389.000, el monto mensual del impuesto alcanzaría los $ 1.623. Ello es equivalente al 66% de una jubilación mínima, o al 19% de una remuneración promedio del sector privado en la Ciudad de Buenos Aires (según el INDEC).

Si fuera el caso de un departamento de un ambiente, de 33 metros cuadrados en el barrio porteño de Almagro, cuyo valor según estimaciones del mercado alcanza los $ 429.000, debería pagar por mes la suma de $ 2.063. O sea, el equivalente al 83% de una jubilación mínima, o el 25% de una remuneración promedio del sector privado.

Por supuesto que luego de pagar este impuesto, los habitantes de estos departamentos deben alimentarse, higienizarse, transportarse, educarse y, claro, pagar impuesto a las ganancias, aportes jubilatorios, IVA, ingresos brutos, tasas municipales, la energía eléctrica, el gas, el agua, etcétera.

Bajo estos nuevos parámetros, el impuesto a los bienes personales (que debe su existencia a una disposición que lo estableció como recurso de emergencia el día 31 de diciembre del año 1991), se convertiría en algo absolutamente confiscatorio y contrario a la ley.

Destruir o limitar los incentivos para el ahorro, la capitalización, o la realización de inversiones en bienes duraderos, destruye la riqueza de las familias y del país. Es por ello que son muy pocos los países del mundo que aplican este impuesto, y cuando lo hacen, establecen pisos muy altos, que exceptúan a la mayoría de los contribuyentes. Así por ejemplo, en España no pagan el impuesto aquellos que declaran un patrimonio inferior a 300 mil euros, y en Francia no lo hacen los que poseen bienes por debajo de 700 mil euros. En la ley argentina solamente quedan exentos aquellos que tienen un patrimonio inferior a 21 mil euros.

La capacidad de acumular propiedad privada, ya sea en forma de ingresos, inversiones o adquisiciones, es la fuerza motora que impulsa a una economía. Para que las personas trabajen, ahorren e inviertan, precisan tener la certeza de que serán los dueños exclusivos de su propiedad y que el Estado no se las arrebatará. Cuanto mayor sea la protección de la propiedad, mayor será el empeño con el que las personas emprenderán sus actividades económicas, y de ese modo promoverán el desarrollo de la sociedad.

El reconocimiento y la defensa de los derechos de propiedad por parte del Estado incentivan la cultura del ahorro, de la innovación y de la inversión, elementos necesarios para el crecimiento y el desarrollo de todo país. Las excesivas cargas fiscales no solamente violan el derecho de propiedad sino que también debilitan la actividad económica. Los contribuyentes reducen la inversión, consumen menos, generan menor cantidad de puestos de trabajo y muchas veces transitan sin regreso hacia el mercado negro.

El Gobierno debe repasar los textos esenciales de la economía y recordar que los impuestos son solamente un precio que todos los que hemos decidido vivir en una sociedad civilizada y organizada, debemos afrontar. Si insiste con estas pretensiones recaudatorias desmesuradas, sin contraprestaciones ni servicios de calidad, encontrará cada día menos recursos para capturar e ingresará definitivamente en un camino de pobreza, marginalidad y exclusión.

Las decisiones correctas están al alcance de la mano del Poder Ejecutivo Nacional, pero también lo estuvieron cuando intentó establecer un régimen de retenciones a las exportaciones que era claramente confiscatorio e ilegal. El interrogante es cuánto daño se producirá hasta que el Gobierno corrija su error y disperse la incertidumbre que ha generado en la sociedad.

 

Julián Obiglio es Diputado Nacional y egresado de ESEADE.