El recorte del gasto no es una condición necesaria ni suficiente

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 23/7/19 en:  https://www.ambito.com/el-recorte-del-gasto-no-es-una-condicion-necesaria-ni-suficiente-n5044236

 

El establishment conservador -que todo cambia para que siga igual- insiste en que es imprescindible recortar el gasto estatal para que la economía crezca. En rigor, buscan que el Estado pueda seguir con su característica ineficiencia, que lo lleva a ser deficitario, y lo resuelven de modo fácil: recortar gastos, sobre todo sueldos, en lugar de convertirlo en menos ineficiente.

Para el crecimiento del mercado el recorte del gasto estatal no es condición suficiente. De hecho, el primario real cae hace casi 20 meses y, como porcentaje del PBI, va camino de ser el más bajo en diez años. Pero esta caída queda ensombrecida por el aumento de los pagos por la deuda. Y la economía no para de caer.

En el primer semestre de 2019, el resultado primario fue superavitario en 0,15% del PBI. Ingresaron $30.221 M más que los gastados. Pero el pago de intereses creció 118,4% i.a., pasó de 1% a 1,5% del PBI. Así, el resultado primario más financiero fue deficitario en 1,3% del PBI.

Recortar el gasto puede ser contraproducente, caería el consumo y provocaría manifestaciones en contra sobre todo si se basa en la reducción de personal estatal y/o sueldos. En cambio, los gastos podrían solventarse con la venta de las innumerables propiedades estatales como que el superávit primario de junio se debe, en buena parte, a la venta de dos centrales térmicas y una concesión por un total de $44.596 M.

Tampoco es condición necesaria. Lo que debe hacerse es desregular -“desencorsetar”- la economía para que se expanda y vender los innecesarios bienes estatales. Al crecer la economía y disminuir la plantilla estatal por los empleados “privatizados”, se licuará sin traumas el gasto. En particular, deben desregularse las leyes laborales de modo que el mercado absorba los desempleados por Estado.

El principio filosófico es que la violencia destruye, entonces, lo malo del Estado no es que gaste o “invierta”, sino que utilice su monopolio de la violencia -su poder de policía- para recaudar como cuando cobra impuestos que nadie pagaría voluntariamente. Así, cuando el Gobierno dice que los ingresos crecen por encima de los gastos habrá que ver si son voluntarios -como cuando un privado paga por propiedades estatales que desea- o son coaccionados como los impuestos, la inflación -el exceso de moneda de curso forzoso- o las tasas impuestas por el BCRA.

Aun suponiendo que la presión impositiva disminuye, hay que ver si lo hace respecto al PBI privado, que cae, y hay que sumar la inflación y la tasa de interés, que no bajan y, por tanto, no es creíble una reactivación de la economía por mucho gasto que recorten.

En el año, la economía acumula una baja de 4,6% pero, según O. Ferreres, en junio empezó a dar la vuelta y habría crecido entre 2% y 3% i.a. Para los próximos meses se esperan también números positivos, y el año cerraría con una caída del PBI de “solo” 1,4%.

Aun cuando la cosecha de la campaña 2018/19 alcanzará el récord de 147 M de toneladas, según Agroindustria, y junto a la energía motorizan las exportaciones -crecieron 16% en junio- no compensan la retracción del mercado interno. La industria cae 9,8% i.a. en los primeros cinco meses y no reacciona, desde 2016 hasta fines de 2019 los salarios reales habrán caído 14,3%, el desempleo alcanza el 10,1%, y sube, la pobreza, según la UCA, roza el 35% y va por más.

Con las tasas que fuerza el BCRA, y el dólar artificialmente planchado, la inversión no existe, los ahorros son para la “bicicleta” y el mercado de capitales languidece. Según el IAMC, en el primer trimestre de 2019, el financiamiento a empresas en el mercado de capitales alcanzó u$s820 M, una caída de 72% i.a. Según datos del BM, en 2017, la ratio capitalización bursátil/PBI en Argentina era de 17%, Brasil 46,3%, Chile 106,4%, Francia 106% y EE.UU. 165%.

Tampoco es creíble que la inflación comienza a bajar sustancialmente, a pesar del 2,7% medido en junio y que para julio los analistas calculan entre el 2% y el 2,5%. Y el BCRA anunció que la tasa no bajará de 58% hasta tanto se conozca el próximo dato de inflación, el 15 de agosto y, aunque lo disimule, da señales de que la cosa no va bien. Decidió que la evaluación del cumplimiento de la meta de base monetaria se realizara bimestralmente -en julio/agosto- porque preveía que no se cumpliría en julio, aunque asegura que el promedio se mantendrá en $1.343 M.

Para el BCRA, “los bancos están integrando encajes durante el mes de julio por un monto mayor al requerido para el bimestre, esperándose una integración menor en agosto”. Con más demanda de dinero este mes, que lograba que las licitaciones de Leliq resultaran expansivas, y emisión de pesos para cambiar dólares del Tesoro, el promedio de base monetaria se alejaba de la meta en julio. El BCRA decidió, además, elevar en 3 puntos porcentuales la fracción de los encajes, por los depósitos a plazo fijo, que las entidades están habilitadas a integrar con Leliq (remuneradas).

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini 

Los jóvenes y el acceso a la vivienda

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 18/11/16 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2016/11/18/los-jovenes-y-el-acceso-a-la-vivienda/

 

Una de las grandes angustias que tienen los jóvenes hoy en día es el de la vivienda

Una de las grandes angustias que tienen los jóvenes hoy en día es el de la vivienda. Salvo que tengan padres con plata que les regalen un departamento, ven imposible llegar a tener un dos ambientes. Es más, ni siquiera pueden mantenerse alquilando un departamento de un ambiente. Buena parte de sus sueldos se van en el alquiler y las expensas, con lo cual suelen compartir con un amigo o amiga la vivienda si quieren irse de la casa de los padres en busca de la independencia que busca toda persona joven. Pero saben que no tienen posibilidades de ahorrar para dar un anticipo y mucho menos acceder a un crédito hipotecario que puedan pagar, salvo, claro está, en casos muy especiales y contados con los dedos de una mano. La realidad es que ya no hay créditos hipotecarios a tasas pagables  y menos en volumen importante.

Incluso para poder alquilar, los jóvenes tienen que juntar, como mínimo, unos $ 24.000 para pagar un mes de comisión a la inmobiliaria, el mes adelantado y un mes de depósito, si el alquiler es de $ 8.000 mensuales. Primero tienen que ahorrar esa cifra, luego sobreviven alquilando sin tener capacidad de ahorro y no ven un futuro en el cual puedan llegar a tener su propio departamento. Francamente desilusionante.

Si bien hay más motivos para que los jóvenes tenga esta angustia, el punto número uno es que Argentina es cada vez más pobre por las políticas progresistas y populistas que aplica desde hace décadas. En nombre de la “solidaridad” social van espantando las inversiones, la carga tributaria para sostener a un estado sobredimensionado destruye riqueza y la pobreza se va extendiendo a una clase media que en otras épocas fue pujante. El progresismo y el populismo han logrado igualar el ingreso hacia abajo. No sacan a los pobres de la pobreza, sino que aumentan el stock de pobres y con eso están felices porque logran la tan ansiada “igualdad”. Todos pobres, salvo los jerarcas políticos que siguen siendo una casta privilegiada.

El segundo punto es que el progresismo y el populismo, con sus confiscaciones, directas e impositivas, han destruido el mercado de capitales. Hicieron de la Argentina un infierno fiscal y por eso muchos ahorros se fugaron a paraísos fiscales. Los progres, populistas y políticamente correctos dirán que eso fue evasión impositiva, la ciencia económica y la historia económica dirán que eso fue defensa del contribuyente ante el robo legalizado del estado. De todas maneras, como quiera que sea, el ahorro se fugó y eso destruyó el mercado de capitales.

Se preguntarán la gente y los jóvenes que no tienen vivienda: ¿y a mí que me importa que se destruya el mercado de capitales? ¿Para qué me sirve? La respuesta es muy sencilla.

Los bancos otorgan créditos hipotecarios a 20 años, pero esos fondos que utilizan para otorgar los créditos provienen de depósitos a un plazo de nomás de 90 días. Es decir, por un lado tiene un activo a cobrar un activo a 20 años y por el otro tiene un pasivo que le vence cada 90 días.

El riesgo que corren los bancos es que, ante un momento de incertidumbre económica, la gente se presente en la ventanilla a retirar sus depósitos. Como tiene créditos a cobrar a 20 años tendría que decirle a la gente que espere 20 años para cobrar hasta tanto el banco cobre los créditos otorgados. Esto es lo que se conoce como descalce de plazos. Tengo una activo a cobrar un el muy largo plazo y un pasivo a cobrar dentro de 90 días.

¿Cómo puede solucionarse este problema de plazos? Teniendo un mercado de capitales. Lo que pueden hacer los bancos es vender el crédito hipotecario a cobrar a una compañía se seguro o a una Administrador de Fondos de Pensión que reciben fondos que son ahorros de largo plazo. Los bancos recurren al mercado de capitales que tienen ahorros de largo plazo para vender sus créditos a cobrar a una determinada tasa de interés. De esta forma recuperan liquidez y pueden afrontar sus pagos en ventanilla de sus depositantes en caso de que presenten. Obviamente que la tasa de interés que le cobren a los bancos por comprarle las carteras de crédito dependerá de muchos factores, entre otros de la tasa de inflación esperada, de la tasa de devaluación que podría ocurrir, del riesgo de confiscación que puede ofrecer el gobierno, etc. Pero lo principal es que para hacer algún cálculo de largo plazo de qué tasa de interés tienen que cobrar por los créditos que se compran, es que debe haber una moneda que sirva como reserva de valor y tiene que haber seguridad jurídica. Es decir, el estado no debe confiscar los activos financieros.

En Argentina no hay moneda porque el peso no cumple con el requisito de ser reserva de valor y, encima, los diferentes gobiernos han destruido el mercado de capitales con confiscaciones como el plan Bonex, nuestros ahorros en las AFJP, el corralito, el corralón, la pesificación asimétrica y tantas locuras que se cometieron en nombre de la justicia social.

Como ahorrar en Argentina es riesgoso, no hay mercado de capitales,  ergo los bancos no pueden descargar sus carteras de créditos en el mercado y el resultado final es que no hay créditos hipotecarios en volumen.

Al no haber créditos hipotecarios, lo único que le queda a la gente es alquilar. El peso de la demanda cae sobre las propiedades para alquilar. Pero encima, dada la incertidumbre económica, en los últimos años, la construcción de departamentos se volcó a segmentos de ingresos altos dado que la gente ahorraba en forma de ladrillos. No se construyó para un sector de ingresos medios o medios bajos porque no había crédito para que pudieran comprar. De manera que lo que hay es un stock determinado de departamentos para alquilar para un determinado sector de la sociedad que al tener una mayor demanda aumenta los precios. Si a eso se le agrega lo cara que son las expensas por los “beneficios” demagógicos que el kirchnerismo le dio al sindicato de porteros, el costo de las expensas crece, el monto del alquiler tiene que dejarle alguna rentabilidad al dueño de la propiedad y el resultado final es que se hace combo impagable para los jóvenes que ganan poco porque hay poco trabajo dada la escasa inversión.

En síntesis, esa angustia que vive la gente joven de no poder comprar su departamento o alquilar se debe a la destrucción monetaria, a la destrucción del mercado de capitales y a la fuerte tendencia confiscatoria de ahorros de los gobiernos.

El populismo progresista, que tanto dice preocuparse por los pobres, ha producido una gran desilusión en la gente joven, solo unos pocos que consiguieron créditos a tasas blandas pero que no abundan en el mercado han logrado comprarse alguna propiedad. El resto, la inmensa mayoría, fue víctima del populismo progresista, que como de costumbre, declama ayudar a los pobres y terminan hundiéndolos en la pobreza y la desesperanza más absoluta.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

No es Griesa, es el gasto público

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 29/7/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1713857-no-es-griesa-es-el-gasto-publico

 

Si finalmente el país ingresa en un default, no será justamente un hecho inédito para la economía argentina. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta la fecha el país estuvo en cesación de pago más del 50% del tiempo en cuatro períodos diferentes. Pero, al mismo tiempo, desde que fue creado el Banco Central (BCRA) en 1935, la Argentina destruyó cinco signos monetarios. El peso moneda nacional, el peso ley 18.188, el peso argentino, el austral y éste que está agonizando.

La pregunta es: ¿por qué tantos defaults y destrucciones monetarias? La respuesta es muy sencilla, el gasto público no ha parado de crecer durante todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI, y por eso el incremento de la presión impositiva hasta niveles confiscatorios ha sido insuficiente para financiar el gasto público. Dicho de otra manera, el populismo imperante en la Argentina desde hace décadas ha disparado constantemente el gasto público hasta niveles en que el déficit fiscal requería de endeudamiento público externo (por eso la deuda pública y los continuos defaults) para financiar el desequilibrio de las cuentas públicas. ¿Y por qué deuda en moneda extranjera? Porque las diferentes monedas que tuvimos nunca lo fueron en el estricto sentido de la palabra ya que no fueron reserva de valor. La inflación las asemeja a barras de hielo que se derriten. Pero, lo más importante, los persistentes ataques a la propiedad privada, fundamentalmente vía el sistema impositivo, hicieron que el ahorro de los argentinos se fugara al exterior en busca de seguridad jurídica, por lo que el mercado de capitales interno siempre fue muy reducido.

Un país como la Argentina, sometida a décadas de populismo, ha generado escasa riqueza, es decir ingreso

Hay poca oferta de ahorro interno porque la gente que lo hace opta por realizarlo en el exterior en la búsqueda de seguridad jurídica. Recordemos que el ahorro es la contrapartida del crédito: sin aquel, que es ingreso no consumido, no hay crédito. De manera que, un país como la Argentina, sometida a décadas de populismo, ha generado escasa riqueza, es decir ingreso. Como éste es reducido, el ahorro también y, encima el escaso ahorro que se genera se fuga al exterior. Por lo tanto, la oferta de ahorro interno es tan reducida que si el Estado entra al mercado a tomar crédito para financiar el gasto público, desplaza rápidamente al sector privado, eleva la tasa de interés y genera recesión. Un ejemplo sencillo nos puede dar una idea de lo mínimo que es el mercado de capitales doméstico. Mucho se habla de Vaca Muerta. El tiempo dirá si es tan importante como se dice o se limita a ser otra fantasía más de las que inventamos los argentinos. Lo cierto es que más allá del verdadero potencial del yacimiento, nadie piensa que las inversiones necesarias para explotarlo puedan llevarse a cabo con ahorro del mercado local. Todos piensan en inversores de afuera del país que tienen fácil acceso al mercado de capitales externo. Bien, si el ahorro interno no alcanza para financiar las inversiones en Vaca Muerta, mucho menos para financiar el gigantesco déficit fiscal en el que solemos incurrir en cada una de las fiestas populistas que llevan el gasto público hasta niveles exorbitantes.

No es casualidad, entonces, que los argentinos vivamos destruyendo nuestros signos monetarios y cayendo en default. Es el alto nivel de gasto público el que requiere de financiamiento extra, emisión monetaria y endeudamiento externo, hasta llegar a un punto en que la inflación se dispara destruyendo por completo la moneda y la deuda es impagable.

Nuestro problema no es el juez Thomas Griesa , ni la cláusula RUFO, ni el stay, ni los holdoutsNuestro problema es el gasto público que requiere de niveles de financiamiento que, llegado un punto, nos lleva al default y a la inflación, megainflación e hiperinflación, porque en esa materia también probamos todo.

Es el alto nivel de gasto público el que requiere de financiamiento extra, emisión monetaria y endeudamiento externo, hasta llegar a un punto en que la inflación se dispara destruyendo por completo la moneda y la deuda es impagable

Obviamente, el gasto crece porque buena parte de la dirigencia política nos ha vendido que ellos tienen el monopolio de la bondad y la solidaridad, así que hay que subir el gasto para redistribuir, hacer planes que ellos llaman sociales y a contratar legiones de burócratas que no hacen nada productivo. Más bien se dedican a entorpecer a quienes producen. Entre los empleados públicos a nivel nacional, provincial y municipal y los que viven de los llamados “planes sociales” son cada vez más los que consumen sin producir y cada vez menos los que producen para sostener el aparato estatal.

Quien haya leído la Rebelión de Atlas, de Ayn Rand, puede llegar a pensar si ese libro no fue escrito para la Argentina actual, porque como ocurre en él, finalmente la gente productiva se cansa de ser explotada por los burócratas y dejan de producir o busca otros países para hacerlo.

Nuestro problema es que tenemos un Estado que no solo gasta fortunas y en forma ineficiente, sino que, además, se encarga de complicarle la vida a los que producen y pagan impuestos, con lo cual, el gasto público termina siendo no financiable y cada tanto hacemos alguna llamarada inflacionaria para bajarlo en términos reales y/o “defaulteamos” la deuda. En realidad nos encanta hacer una combinación de ambas.

Ya estamos en niveles de presión impositiva brutales. No hay ahorro interno que pueda financiar este nivel de gasto. Cada vez es más difícil cobrarle a la gente el impuesto inflacionario y no tenemos acceso al mercado de crédito externo. Todo esto quiere decir que con Griesa o sin él, con RUFO o sin esta cláusula, el nivel de gasto público llegó a un punto en que ya no puede financiarse y estas reglas de juego son insostenibles.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Alguien embargaría un evita?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 13/7/14 en: 

 

La semana pasada el Senado le dio media sanción a una ley por la cual se establece que las reservas son inmunes de ejecuciones o de embargos judiciales de tribunales locales.

Realmente este proyecto de ley luce casi irónico al ver como el tesoro vacía al BCRA de reservas y lo llena de papeles sin ningún valor de mercado.

Al 30 de junio las reservas del BCRA representaban solo el 20% del total del activo, el resto son papeles sin valor que el tesoro le entrego al Central. Por ejemplo, el balance del Central en pesos muestra que dicha entidad tiene reservas por $ 177.821 millones, mientras que en su activo contabiliza Letras Intransferibles del Tesoro, con vencimientos entre el 2016 y 2022, por $ 348.950 millones. Es decir, las letras representan el 51% de activos tóxicos.

Pero sumemos los adelantos transitorios que son un paga Dios que le entrega el tesoro al BCRA a cambio de la emisión monetaria que hace esa institución para cubrir el déficit fiscal. Al 30 de junio los adelantos transitorios sumaban $ 196.350 millones contra los $ 177.821 millones de reservas.

Cuando uno ve estos dos datos, no puede dejar de sonreír al ver que el Congreso sanciona una ley para proteger las reservas del Central. ¿Proteger contra quién? En todo caso la ley debería proteger las reservas contra el destrozo patrimonial que el tesoro está haciendo del BCRA. La sonrisa surge porque parece realmente de locos: ¡mientras el tesoro vacía al Central de reservas y lo llena de papeles sin valor, el Congreso sanciona una ley para proteger las reservas que el tesoro está dilapidando! No son los holdouts los que están vaciando de reservas al BCRA, sino que es el gobierno el que está vaciando de reservas al Central. La ley debería proteger al Central del tesoro,  no de los holdouts u otros particulares.

En rigor, cuando uno ve la historia del BCRA, creado en 1935, no puede menos que preguntarse: ¿para qué sirve el BCRA? Lejos de defender el valor la moneda local, se ha encargado de destruir un signo monetario atrás de otro. En 79 años de existencia destruyó 5 signos monetarios, aun promedio de uno 16 años de vida por moneda. El peso moneda nacional, el peso ley 18.188, el peso argentino, el austral y este que está en terapia intensiva.

Veamos, la moneda no es un invento de los gobiernos, sino un descubrimiento de la gente, es decir, del mercado. La gente descubrió que ciertas mercaderías eran aceptadas ampliamente como medio de intercambio, lo cual facilitaba las transacciones comerciales. Como economista no tengo que darle clases de economía al panadero a cambio de su pan, sino que le doy clases de economía al que quiere contratar mis servicios y con el dinero que me paga le compro el pan al panadero. La moneda acelera o facilita las transacciones. La moneda es como una autopista que agiliza el flujo de tránsito. Lo que hace la moneda es facilitar el intercambio indirecto y a división del trabajo aumentando la productividad de la economía y el bienestar de la población. Claro que para eso tiene que cumplir con dos requisitos: a) ser ampliamente aceptada como medio de intercambio y b) servir como reserva de valor.

El peso que emite el BCRA solo lo aceptamos para transacciones de corto plazo. Son como una especie de vales para hacer intercambios en el almacén de ramos generales, pero lejos están de ser reserva de valor. Más bien son como barras de hielo que se derriten a pleno solo con 45 grados de temperatura en pleno sol en verano.

La realidad es que el BCRA no sirve para nada, o más bien sirve para entorpecer el sistema económico al destruir la moneda. Al destruir la capacidad de reservas de valor de la moneda, el BCRA impide hacer cálculo económico (estimar costos y precios futuros para evaluar una inversión) y también destruye el mecanismo para que la gente vuelque su ahorro al mercado de capitales, es decir que el ahorro se transforme en crédito para el consumo y la inversión. Con una moneda que se destruye día a día no hay crédito a largo plazo y, por lo tanto, las transacciones son todas el día a día. Un país sin moneda es un país que no puede pensar en el largo plazo. Su horizonte más lejano puede llegar a ser de una semana, si es que el BCRA no destruye más rápido la moneda. Recordemos la hiperinflación de 1989 cuando los jubilados cobraban su jubilación y salía disparados a las casas de cambios a comprar sus U$S 50 dólares para ir vendiéndolos de a poco a medida que los necesitaban. El que se quedaba en pesos moría por inanición.

Ahora, la pregunta es: si el peso no se deprecia al punto  que lo presentan como una fortaleza volante, ¿por qué proteger las reservas si lo que tiene que proteger es la moneda, es decir el peso, que es el que, según el gobierno, tiene valor? Francamente no se entiende. Si el peso es la moneda fuerte, la ley debería haber protegido de embargos a los pesos y no a las reservas, salvo,  claro está, que el peso tenga solo un hilo de vida, y eso hilo de vida está atado a las reservas del BCRA, que no son otra cosa que monedas que emiten otros países o zonas como EE.UU. y la Unión Europea.

En definitiva, con esta ley, el gobierno acaba de reconocer que el peso no sirve para nada y que lo que la gente realmente valora son esos billetes que se emiten en los países imperialistas. Un imperialismo tan satánico, que hasta respeta la división de poderes.

No hay nada que hacer, EE.UU. y los países europeos se desarrollaron de pura casualidad. Gracias al viento de cola del mundo y al colonialismo. Como dijo nuestro ilustre vicepresidente el 9 de julio, esos países no crecieron porque respetaron las instituciones, sino porque fueron colonialistas. Pero gracias a él y ella, nos liberamos de ese colonialismo, empezamos una nueva era de prosperidad, aunque todavía tenemos que sacar una ley para que no embarguen las monedas fuertes como el dólar y el euro, porque parece ser que a nadie se le pasa por la cabeza embargar un evita.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Si se profundiza el modelo vamos a la era de las cavernas

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/10/13 en: http://economiaparatodos.net/si-se-profundiza-el-modelo-vamos-a-la-era-de-las-cavernas/

Argentina es el único país en que un par de zapatillas se compra en 12 cuotas y una casa al contado

No recuerdo muy bien dónde leí una frase que pinta perfectamente la política económica del gobierno. La frase decía: “Argentina es el único país en que un par de zapatillas se compra en 12 cuotas y una casa al contado”. Esta frase me pareció una clara expresión de la política populista del gobierno, que empuja artificialmente el consumo presente por sobre el consumo sostenible de largo plazo y la inversión.

Alguna vez escribí que el aumento del consumo que veíamos era el consumo de la desesperanza, lo cual generó las típicas descalificaciones de los impresentables militantes periodistas k. Se ve que no deben hablar con los jóvenes comunes que no tienen los privilegios de ellos ni los de La Campora, porque los jóvenes, hoy en día te cuentan que ven imposible poder comprarse un departamento propio para irse a vivir solos. Ni tampoco tienen chances de alquilar. Los números no les dan para mantenerse solos. Sí les dan para vivir con los padres y “ahorrar” comprándose un auto y consumir viajando los fines de semana largo a algún lugar de vacaciones. La desesperanza es no poder tener su propia casa y se limitan a conformarse con tener un auto en cuotas. ¿Para qué ahorrar si nunca voy a llegar a poder comprar un departamento de 1 ambiente? Con lo que gano en mi trabajo no llego nunca.

Si uno mira el stock de créditos hipotecarios del sistema financiero en 1998, representaban el 27% del total de créditos al sector privado. En la actualidad representan solo el 9,6% del total. Este solo dato muestra que, salvo algunos casos muy especiales, no existe el crédito hipotecario. Y habría que ver cuánto de ese stock viene de fines de la década del 90.

¿Qué tipo de créditos al sector privado tiene hoy mayor peso? Los préstamos personales representan el 21,6% del total y el financiamiento de tarjetas de crédito el 16%.

Finalmente, el crédito al sector privado representaba el 22,5% del PIB en los 90 y ahora el 14%. El grueso del crédito es para bienes de consumo y muy bajo el destino a los créditos hipotecarios y la inversión.

¿Por qué ocurre esto? Porque el gobierno dejó sin moneda a la economía y solo hay financiamiento de corto plazo para consumo, pero el sistema financiero en particular y el mercado de capitales en general no existen para financiar créditos de largo plazo. Y no existen por dos grandes razones: a) no hay moneda y por lo tanto solo hay transacciones de corto plazo y b) destruyeron el mercado de capitales. El ahorro de la gente no se canaliza a financiar inversiones y créditos hipotecarios. Se refugia en el dólar. Otros compran autos importados a tipo de cambio subsidiado, pero nadie se queda en pesos cuyo poder de compra se derriten día a día.

Claro, Marcó del Pont y Kicillof creen que pueden sustituir el ahorro genuino (ingreso no consumido) por la impresión de billetes. Creen que el ahorro se imprime. No hace falta generarlo postergando consumo presente basta con emitir billetes y mágicamente se crea ahorro que se transforma en crédito.

Como dice mi amigo Armando Ribas, ni a Keyenes se le hubiese ocurrido aumentar el gasto público y financiarlo con emisión monetaria con un gasto público cercano al 50% y una inflación del 25%. Su receta, aunque yo no la comparta, era para tiempos de deflación y un gasto público que representaba el 10% del PBI. Ni siquiera leyeron bien a Keynes.

El dilema del gobierno es que el mercado de capitales es mínimo para financiar mucho más consumo y, encima, el Estado se mete en ese mercado de capitales desplazando al sector privado. El stock de bonos de corto plazo del BCRA (LEBACS, NOBACs y pases) es de $ 118.000 millones, casi tres veces el stock de créditos hipotecarios. Encima que el crédito es caro y escaso, el Estado se mete como un elefante en un bazar a llevarse parte del mismo.

Pero insisto, el dilema del gobierno es poder sostener el consumo de corto plazo sin que crezca el stock de ahorro genuino para financiarlo. Sin sostener ese consumo, no le queda margen para sostener la fiesta artificial. Solo podría intentarlo si continúa llenando el mercado de papeles llamados pesos generando más inflación e impactos indirectos sobre el tipo de cambio real, lo cual le pegaría en el sector externo que, por cierto, ya lo tiene bastante complicado.

Si a esto le agregamos que no hay acceso al crédito internacional o, en el mejor de los casos, hay acceso a tasas descomunales, la economía argentina vive al día. Es como si hubiésemos vuelto a la era de las economías autosuficientes y de baja productividad, donde la gente vivía de su huerta, se hacía su propia ropa y no existía el largo plazo, sino el hoy.

En síntesis, si como dice CFK vamos por 10 años más de modelo, terminaremos con una economía equivalente a la era de las cavernas. Seremos autosuficientes con el modelo de sustitución de importaciones, pero pobres porque tendremos muy pocos bienes y de baja calidad para consumir.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El tema de la deuda gubernamental

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 26/4/13 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7769

A raíz de mi exposición en el congreso con motivo de los 25 años de la Fundación Libertad en Rosario (Argentina), a principios del corriente mes de abril, en la que sugerí distintas medidas para revertir la difícil situación por la que atraviesan muchos países, algunas personas allí presentes me solicitaron que me explayara sobre uno de mis puntos que aludió al endeudamiento público, lo cual hice sumariamente en esa ocasión y me propongo hacer ahora en forma algo más detenida, aunque he desarrollado el tema extensamente en dos de mis libros.

En 1798, Thomas Jefferson, en carta dirigida a John Taylor relata la impresión que en su momento tuvo al leer la flamante Constitución estadounidense cuando era embajador en París: “Desearía que fuera posible introducir un enmienda a nuestra Constitución. Estaría dispuesto a depender solamente de ella para la reducción de la administración de nuestro gobierno en base a los principios genuinos de la Constitución: quiero decir, un artículo adicional por el que se saque del gobierno federal el poder de endeudarse”.

Es de interesante detenerse a considerar esta preocupación circunscripta principalmente al gobierno central debido a la atención primordial que los Padres Fundadores le atribuían al federalismo (por ello muchos de ellos insistían en limitarse a revisar los Artículos de la Confederación y no elaborar una Constitución nueva y de donde parió el fértil y sonado debate entre federalistas y antifederalistas), pero el tema se extiende también a la deuda de los estados miembros de la unión.

El asunto es bifronte, por un lado, se apuntaba a minimizar el poder forzando a que se financiaran con el producto de los recursos presentes, es decir, los impuestos y, en el límite, cuando los gobiernos se extralimitan y abusan del poder que les fue conferido, alentar la rebelión fiscal tan consubstanciada con la Revolución Norteamericana, comenzando con los impuestos al té en Boston. Pero, por otra parte, mostrar que la deuda gubernamental es incompatible con la democracia en el sentido de que compromete patrimonios de futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral que eligió a los gobernantes que contrajeron la deuda.

Se podrá argüir que, como contrapartida, las futuras generaciones podrán gozar de los beneficios de las obras que se construyeron con los recursos provenientes de la deuda. Esto debe analizarse desde varios ángulos. En primer lugar, no puede concluirse que existen beneficios cuando el procedimiento fue realizado compulsivamente con los recursos detraídos del fruto del trabajo de otros. Diferente es cuando el proceso es voluntario asumiendo los riesgos con patrimonio propio, en ese caso los resultados podrán criticarse por futuras generaciones pero no puede objetarse la legitimidad de usar y disponer de lo propio que no comprometen bienes pertenecientes a terceros.

Por otra parte, hay aquí  una cuestión de finanzas públicas que debe ser considerado. Por definición, una inversión es realizada voluntariamente sopesando la preferencia temporal en el sentido de evaluar las ventajas de consumir en el presente o ahorrar e invertir al efecto de conjeturar que el beneficio será mayor en el futuro. Por ello es que “ahorro forzoso” constituye una contradicción el los términos. Del mismo modo, tal como nos enseña Rothbard en su tratado de economía, la clasificación de “inversión pública” (o estatal) carece por completo de rigor en economía, puesto que siempre se trata de un gasto. La noción de inversión no parte de una idea caprichosa y arbitraria, como si fuera simplemente lo que genera un bien durable puesto que las pirámides egipcias son por cierto durables pero difícilmente puedan catalogarse seriamente como inversiones. En otros términos, la inversión no está escindida del mercado y es del todo ajena a las imposiciones políticas.

En el caso que nos ocupa, no es procedente intrapolar lo que ocurre en una empresa privada a la administración pública en cuanto a la evaluación de proyectos referida al pago al contado frente al pago diferido al contraer una deuda, del mismo modo que en la visión convencional del gobierno no es pertinente calcular el retorno sobre la inversión de la Justicia.

Las llamadas obras públicas deben privatizarse con lo que las formas de pago se derivan de la situación de mercado en cuyo contexto cada cual asume los riesgos correspondientes. Por otra parte, la historia muestra el testimonio de obras colosales realizadas por el sector privado se traten de represas, telefonía, electricidad y autopistas (en mi libro Las oligarquías reinantes. Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1999 -que prologó mi querido amigo J. F. Revel- me detengo en este último punto desde los peajes en los ríos navegables hasta las modernas carreteras y calles y los diferentes sistemas aplicados en zonas residenciales, industriales y centros comerciales).

Por otra parte, son precisamente las obras públicas la fuente más potente de corrupción en todos los gobiernos. Sin duda que al referirnos a la deuda gubernamental, no estamos diferenciando entre la externa y la interna puesto que la naturaleza del problema es la misma en ambos casos (también en este contexto debe tenerse en cuenta que no habría lugar para programas tales como la mal llamada “seguridad social” que, además de constituir un estafa a los más necesitados, significa la confiscación de los ingresos de todos).

En situaciones extremas, se ha sugerido tercerizar el servicio correspondiente con pagos al contado que signifiquen beneficios al tercerizado que compensen el descuento. En este panorama general, de más está decir que resulta indispensable cerrar los grifos posibles para la inflación monetaria a través de la liquidación de la banca central al efecto de que la gente pueda elegir los activos monetarios que estime convenientes, tal como lo han propuesto autores de renombre como Hayek , Gary Becker, Buchanan y en la última versión monetaria de Friedman, siempre  en un cuadro de situación en el que queda abolida la manipulación política de los encajes bancarios (sea a través del free-banking o de la reserva total para cuentas corrientes según prospere este muy jugoso debate).

Hoy vivimos la crisis de las deudas elefantiásicas como consecuencia de astronómicos incrementos en los gastos del Leviatán, fomentados por instituciones inauditas como el Fondo Monetario Internacional que, como han expresado Anna Schwartz, Peter Bauer, Karl Brunner, Melvyn Krauss, James Bovard y tantos otros, ha servido y sirve para financiar y consolidar -con recursos detraídos a los contribuyentes de diversos países -absurdas políticas que demuelen instituciones clave como la propiedad privada, la moneda sana, la razonabilidad tributaria y la prudencia en el gasto y en la referida deuda estatal (hay gobiernos como el actual argentino que se separan del FMI al solo efecto de evitar auditorias de organismos oficiales que fabrican cifras falsas, y ha reemplazado con creces su deuda con ese organismo vía endeudamiento interno).

En línea equivalente a lo expresado, el antes mencionado premio Nobel en Economía James Buchanan arriba a varias conclusiones sobre la deuda gubernamental. Primero, subraya lo que denomina la peligrosa  “ilusión fiscal” que genera ese tipo de deuda que permite que se gaste en el presente con recursos que se demandarán en el futuro (en “Public Debt, Cost Theory and Fiscal Illusion”, Public Debt and Future Generations, J. M. Ferguson, ed., University of North Carolina Press). Segundo, sostiene que “es inmoral que una generación imponga el pago a otra para el beneficio de la primera” (en “Budgetary Bias in Post-Keynesian Politics: The Erosion and Potential Replacement of Fiscal Norms”, Deficits, J. M. Buchanan, C. K. Rowley y R. Tollison eds.,  Basil Blackwell). Tercero, enfatiza que la generación que se hace cargo “no tuvo derecho a participar en la decisión” (en “The Ethics of Debt Default”, también en Deficit, op.cit.). Y finalmente, para rematar la situación, Buchanan sostiene que, por ejemplo, “el gobierno de los Estados Unidos ha incurrido repetidamente, de hecho, en default  de la deuda a través de la inflación” (en “Bugetary…op. cit.).

La vida se traduce en trade-offs puesto que no es posible realizar todo al mismo tiempo. La vida es una constante elección de prioridades. En el caso de la deuda gubernamental, deben sopesarse las ventajas circunstanciales del endeudamiento con los peligros manifiestos del Leviatán desbocado y, para recurrir a una expresión futbolística, abstenerse de “patear la pelota para adelante” y jugar lo que se debe jugar en el momento sin endosar los problemas al futuro que, en el caso que nos ocupa, además significa hacer de cuenta que se disponen de más recursos de los que en verdad existen para ganar elecciones sin importar la carga de la herencia que se trasmite.

Por supuesto que se han sugerido otras limitaciones constitucionales para embretar a los aparatos estatales con el propósito de que se circunscriban a lo que en esta instancia del proceso de evolución cultural se estima son las misiones específicas en un gobierno republicano. Algunas de ellas son el establecimiento de topes para el gasto en relación al producto (siempre atentos a la trampa de que incrementos en ese guarismo justifican aumentos en el gasto), pero la prohibición de incurrir en déficit fiscal no tendría sentido puesto que se tornaría irrelevante y superflua la iniciativa si se presta atención a lo que aquí dejamos consignados puesto que no resultaría posible endeudarse ni falsificar moneda.

En Estados Unidos, durante parte de la administración de Reagan, se introdujo una política conocida como starve the beast aconsejada por personalidades como quien había sido hace tiempo Secretario del Tesoro, el formidable William E. Simon. La idea consistía en bloquear la posibilidad de elevar tributos y la emisión monetaria para que el gobierno se vea impelido a reducir el gasto. Pues bien, el resultado fue una acelerada elevación de la deuda pública y el gasto trepó a niveles inusitados, lo cual se complicó con compromisos parlamentarios incumplidos. Si esto ocurrió en la administración de quien insistía a los cuatro vientos hasta el final de su mandato que “el gobierno no es la solución, es el problema”, podemos imaginar la política de otros países. Aquella política estadounidense bienintencionada es lo que hizo que renunciara David Stockman, una de las cabezas del equipo económico, relato que se encuentra consignado en su libro bajo el sugestivo título de The Triunph of Politics. The Inside Story of the Reagan Revolution (episodios también revelados en la obra de Edwin Meese, ex Procurdor General de Reagan, titulada With Reagan).

La deuda estatal no solo afecta el mercado de capitales en cuanto a que sustrae parte de los siempre escasos factores productivos, sino que afecta la tasa de interés con lo que se modifica artificialmente la relación consumo presente-consumo futuro (además de la ingerencia gubernamental directa en este delicado precio). En la actualidad, como no resulta suficiente succionar ahorros locales e incluso ahorros del exterior en gran escala se permite que entre departamentos del mismo gobierno se pueda emitir y adquirir deuda, es decir, monetizarla, lo cual no solo compromete patrimonios futuros sino que grava con inflación el presente distorsionando los precios relativos con el consecuente consumo de capital y reducción de ingresos y salarios en términos reales.

Si estamos interesados en preservar espacios de libertad y proteger así las autonomías individuales, debemos atender las causas del avance de los gobiernos sobre las vidas y las haciendas de las personas y no meramente quejarnos por las consecuencias del atropello. Como bien ha puesto Cervantes en boca del Quijote: “La libertad Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida; y por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

LA INMISERICORDE CRUELDAD DE LAS FRONTERAS NACIONALES

Por Gabriel J. Zanott. Publicado el 3/2/13 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

INSISTAMOS:

 “… la crisis internacional del 2008 ha implicado en los EEUU una casi estatización masiva del mercado de capitales, cuando es la propia Reserva Federal la que causó y causa las crisis (1), y han recrudecido en Latinoamérica, antes y después de la crisis, los llamados socialismos del s. XXI. Ante estas circunstancias, no sólo basta recordar la necesidad de las inversiones para la disminución de la pobreza, sino también las condiciones de libertad de entrada al mercado, sobre todo en un mundo supuestamente globalizado pero sin embargo cerrado. Hablamos de solidaridad internacional focalizando nuestra atención en organismos tales como Fondo Monetario y Banco Mundial, pero dichos organismos, al trabajar directamente con los gobiernos, son parte del problema. La cuestión es la libre entrada de personas y de capitales. Ello sí se corresponde coherentemente –aunque no decimos sea la única solución- con la sensibilidad cristiana al emigrante, al refugiado, a los terribles sufrimientos de millones y millones de personas que huyen desplazados por espantosas guerras, genocidios y condiciones infrahumanas de vida. La atención de esas personas, ¿no tiene que ver con la caridad social? Entonces hagamos propuestas posibles y realistas. No parece realista que proclamemos nuestra caridad para con el inmigrante y al mismo tiempo cerremos nuestras fronteras. Pero la libre entrada y salida de capitales y de personas no es una autoinmolación de la propia región. El libre comercio internacional no es un juego de suma cero o negativo, es un sistema donde cada persona, aportando libremente su trabajo al mercado, en igualdad ante la ley y sin los privilegios del estado asistencial, aumenta el nivel de vida de todos, porque toda acción en el mercado, en esas condiciones, es una inversión. Vengo de un país que es prácticamente un desierto de aproximadamente unos 3.700.000 km cuadrados. ¿No sería un acto de verdadera caridad que millones de seres sufrientes encuentren refugio en esa tierra? Pero no, permanece cerrada incluso para sus propios habitantes, porque la opinión pública de gobernantes y gobernados cree que la economía es como una torta fija de recursos que si aumenta para uno disminuye para otro. Pero ello no es así en un mercado abierto a la creatividad de las inversiones en igualdad ante la ley. Por ende, una magnífica oportunidad de conjugar la caridad con la escasez, el don con el mercado, sería decir: vengan, esta es su tierra con sólo pisarla y trabajar, sin privilegios, sin subsidios, en igualdad de condiciones con los demás. ¿No resuena en nuestros oídos que “…no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” [2]? Pues bien, ¿no sería una traslación, aunque opinable, de ese espíritu a nuestro orden social, abrir las fronteras en un libre mercado? Hago estas preguntas porque si hablamos de caridad, y la queremos aplicar al orden social, los laicos debemos ser críticos de las estructuras existentes y valientes en nuestras propuestas concretas, aunque conscientes, por supuesto, que nada de lo que propongamos se deriva directamente del depositum fidei. Pero sí, de nuestra sensibilidad cristiana. Millones y millones de seres humanos luchan por sobrevivir en condiciones infrahumanas en regiones destruidas por guerras y autoritarismos de diversas especies. Sabemos de ello pero parece que nada podemos hacer, excepto recurrir a complicados esquemas de ayuda internacional a través de organismos estatistas como los nombrados que parecen eximirnos de nuestra responsabilidad personal para caer en nuevas formas de racionalidad instrumental, mientras se siguen fomentando las ideas de estado-nación y odio al extranjero. Pero no, ya no debe haber extranjero. La mirada al otro en tanto otro, la mirada al otro desde el buen samaritano, implica que el otro es ante todo un ser humano que requiere nuestra mirada de igual a igual. “Para el cristiano –dice Edith Stein- no hay personas extrañas”(3). Pues bien, aunque la intensidad de la caridad de esas palabras no se pueda plasmar en las limitaciones de la ley humana(4), al menos sí podemos hacer que esta última borre las diferencias de fronteras y borre también las nuevas marginaciones y esclavitudes que producen un papel con el sello de “extranjero” colocado por la racionalidad instrumental de los estados-nación.”

(1) Ver la teoría austríaca del ciclo económico, fundamentalmente en Mises, L. von: The Theory of Money and Credit (1912), Liberty Fund, 1981, y La Acción Humana, (1949), Sopec, Madrid, 1968, caps. XX y XXXI.

(2) Ga 3, 28.
(3) Citado por Theresa a Matre Dei en su libro Edith Stein, En busca de Dios, Verbo Divino, Pamplona, 1994, p. 224.
(4) Nos referimos a estas palabras de Santo Tomás: “. . . la ley humana se establece para una multitud de hombres, en la cual la mayor parte no son hombres perfectos en la virtud. Y  así, la ley humana no prohíbe todos los vicios, de los que se abstiene un hombre virtuoso; sino sólo se prohíben los más graves, de los cuales es más posible abstenerse a la mayor parte de los hombres, especialmente aquellas cosas que son  para el  perjuicio de los demás, sin cuya prohibición la sociedad no se podría conservar como son los homicidios, hurtos, y otros vicios semejantes” (I-II, Q. 96, a. 2).

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.