Peligroso crédito barato

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/3/19 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/peligroso-credito-barato/

 

El Banco Central Europeo retrasó la subida de tipos a diciembre de este año, y podría dilatarla hasta 2020, dado el menor crecimiento y la baja inflación.

En “El Despertar Liberal” de Más de Uno en Onda Cero advertí sobre el peligro de esta medida, y fui después abordado por mi compañero Javier Hernández, “El Borrascas”, que rechazó mi crítica. Una financiación de bajo coste, sostuvo, es una triple bendición para mí: 1) puedo pagar mi hipoteca, y me sobra algo de dinero para unas cañas; 2) las dificultades de unos créditos baratos pueden existir, pero atañen más a los ricos, a los grandes empresarios, y no a la gente corriente; y 3) con financiación asequible puedo ser propietario de un piso que el día de mañana será un patrimonio que podré emplear para completar mi jubilación.

Parece lógico que si baja el precio de algo que pagamos, ello nos beneficia. Pero el tipo de interés es un precio intervenido por las autoridades. Todo precio sometido a esa circunstancia genera consecuencias: si no hay comida en Caracas es porque la tiranía de Maduro ha establecido un control de precios.

En el caso de los créditos, si su precio no obedece a la oferta y la demanda de fondos prestables sino a una decisión política que lo abarata artificialmente, ello desanima el ahorro y anima la inversión excesivamente, lo que desencadena una dinámica insostenible que desemboca en una crisis. Ahí veremos que las cañas que podía tomarse Javier gracias a su hipoteca barata eran un bienestar simulado, al no ser fruto de un proceso genuino de ahorro e inversión.

Tampoco es acertado el segundo argumento, porque las crisis a que da lugar la sobreinversión fomentada por los intereses bajos no afectan solo a los ricos y las multinacionales, como saben bien los millones de ciudadanos corrientes que en la última recesión se quedaron sin empleo o los pequeños empresarios que quebraron, o las numerosas familias que ahorraron comprándose un piso que después no pudieron vender ni alquilar.

El tercer argumento, igual que los demás, parece convincente. Después de todo, si uno se compra una vivienda con una hipoteca, uno tiene algo. Una vivienda es un activo, que puede realizarse y servir para objetivos útiles, como el que me indicó El Borrascas: redondear nuestra jubilación.

Pero una cosa es un activo y otra cosa es la garantía de su valor y su liquidez. Como hemos apuntado, una multitud de españoles comprobó hace diez años que un activo inmobiliario puede perder mucho valor y ser notablemente ilíquido.

Y, por fin, la idea de que con una vivienda tenemos un complemento para la pensión, que es verdad, debe ser ponderada con una consideración a las alternativas de inversión, porque podemos ahorrar también en otros activos, cuya rentabilidad puede ser mayor.

Un crédito barato, en suma, puede tener el mismo dulzor que un caramelo envenenado.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Bajar la inflación a pesar del déficit

Por Iván Carrino. Publicado el 11/10/17 en: http://www.ivancarrino.com/bajar-la-inflacion-a-pesar-del-deficit/

 

Milton Friedman decía que la inflación es -en todo momento y en todo lugar- un fenómeno monetario.

Ahora desde la perspectiva argentina, cuando vemos para qué se emitió dinero entre los años 2011 y 2015, tendemos a pensar que la inflación no es un fenómeno monetario sino, más bien, un fenómeno fiscal.

El mecanismo es el siguiente. El Gobierno gasta más de lo que gana y entonces le pide al Banco Central que lo financie. El Banco Central emite más pesos de lo que el mercado necesita y el precio del dinero cae.

El resultado: la inflación.

Dado este mecanismo, es claro que cuando la inflación es alta y sostenida, lo que hay detrás es un déficit fiscal que está siendo “monetizado” por la autoridad monetaria.

La pregunta es: ¿se da este mecanismo a la inversa? Es decir: ¿siempre que haya alto déficit fiscal va a haber alta inflación?

Alto déficit no siempre es alta inflación

La relación entre déficit, emisión e inflación la conocemos bien en el país. El gobierno gasta de más, no le alcanza, y saquea al Banco Central.

Ahora ése no es el cuadro en todas las latitudes.

Bolivia, por ejemplo, cerrará el año con un déficit primario de cerca de 5% del PBI (más de lo proyectado para Argentina). Su inflación, sin embargo es un quinto de la nuestra.

Del otro lado del mundo, Japón también presenta un desajuste de cerca de 4% del PBI (3,8%). Sin embargo, no solo no tiene inflación, sino que busca desesperadamente que ésta suba. Según el FMI cerrará el año en 0,8% anual.

Existen otros ejemplos. En Estados Unidos, en plena crisis, el desequilibrio fiscal casi alcanzó el 10% del producto. En España y Grecia, ese umbral se superó en el 2009. Sin embargo, en ninguno de los casos hubo temores por la inflación.

Es decir, si hay inflación alta y sostenida, muy probablemente detrás haya un gobierno despilfarrador que está atracando al Banco Central. Pero que existan gobiernos despilfarradores no quiere decir que tenga que haber más inflación.

Es que, en definitiva, la inflación se produce cuando la cantidad de dinero excede la que demanda el mercado. Y el único responsable por esa cantidad es su único emisor. Es decir, el BCRA.

Si el Banco Central decide no financiar al Tesoro, entonces evitará colocar una cantidad de dinero excesiva. Finalmente, entonces, no se producirá la inflación.

¿Cumplirá Sturzenegger?

La discusión es particularmente relevante para el contexto nacional actual. El gobierno en 2016 no solo no redujo el déficit fiscal, sino que lo aumentó. Para éste y los años siguientes, si bien propone un sendero decreciente para el mismo, el ritmo es excesivamente gradualista.

En 2018, según el presupuesto, el agujero de Hacienda ascenderá a $ 680.000 millones.

¿Se puede bajar la inflación en este contexto? La respuesta, curiosamente, es afirmativa. Es que, en la medida en que el Banco Central controle y reduzca la monetización del déficit, el ritmo de aumento de los precios continuará descendiendo.

Para 2018, el BCRA transferirá solamente $ 140.000 millones al Tesoro, un 20% de sus necesidades de financiamiento. En 2014 el central aportó el 64% de dichas necesidades. Puede parecer poco, pero es un avance importante, y los datos de inflación así lo reflejan. Estamos con los índices más bajos de los últimos 7 años.

Para concluir, hay una buena y una mala noticia a partir de todo esto. La buena es que la inflación puede bajarse a pesar de tener un abultado déficit fiscal. Los datos presentes y las expectativas muestran que ésta cae y lo seguirá haciendo por los próximos años.

La mala noticia, sin embargo, es que tener semejantes niveles de déficit no es para nada saludable. Ellos se traducen en deuda y la deuda en mayor incertidumbre y menor crecimiento.

Argentina tiene que crecer de manera sostenida por muchos años. Para eso debe ordenar sus números. Bajar la inflación es solo un pequeño paso en un largo camino por recorrer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.