ANÁLISIS PSICOLÓGICO DE EL SECRETO DE SUS OJOS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/6/13 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2013/06/analisis-psicologico-de-el-secreto-de.html

 Que la historia personal forma parte del propio presente es indudable. Pero hay modos diversos de asumirla.

Que ese pasado a veces no nos gusta, también es indudable. Por eso hay modos de asumirlo.
 
En este sentido cabe recordar a Freud, quien en Duelo y melancolía caracteriza a esta última como una forma de no sustitución del objeto perdido. Por diversas razones –sobre todo, ambivalencias afectivas que producen inconscientes deseos culpógenos de autodestrucción- nos quedamos aferrados al dolor del objeto perdido y entramos en melancolía, lo que hoy muchos llaman depresión.
 
Ese aferramiento al objeto perdido puede ser precisamente ese pasado en el cual hemos tomado una opción que abrió un universo ante cuya realidad aún nos resistimos. Mañana, por ejemplo, tenemos dos opciones. Las dos son universos posibles. Tomada una opción, una se convierte en un “futurible”, esto es, en el mundo paralelo (cuasi-imposible) de “qué hubiera sucedido si no hubiera sucedido lo que pasó”, y la otra es nuestra nueva situación presente.
 
El aferramiento al futurible, al mundo posible perdido, al universo paralelo ya imposible, ese “no duelar” el pasado, produce una melancolía permanente, un no vivir el mundo real, el mundo posible que se hizo nuestro mundo, y vivirlo con angustia, arrastrando la carga de ese pasado anhelado y nunca asumido.
 
La salida a esa situación es una terapia filosófica/psicológica donde ese pasado culpógeno, angustiante, que ha inundado a nuestro presenta al punto de convertirlo en nada, sea un pasado redentor. Para ello es necesario:
 
Perdonarse a sí mismo. Comprender el conjunto de circunstancias que nos llevaron a tomar una decisión, asumir los propios límites, tomar la mayor cantidad y calidad posible de conciencia de todo ello. Ello puede implicar un descenso a las profundidades de nosotros mismos que muchas veces es un gran esfuerzo; es necesario para ello un buen proceso de transferencia.
–     Realizada esa comprensión de nosotros mismos, que implica siempre un mayor auto-conocimiento, convertirla entonces en una oportunidad para el aprendizaje sobre nosotros mismos y sobre la naturaleza humana. O sea, convertirla en un viaje hacia una mayor madurez personal, donde el pasado es visto entonces como un don para una vida presente más sabia con notros mismos y con los demás. Es por ende un pasado que deja de ser culpógeno/enfermante para convertirse en un pasado redentor que reconduce el presente.
 
Mi diagnóstico es que los personajes de El secreto de sus ojos han quedado atrapados en un pasado enfermante. Benjamín es quien tiene tal vez mayor capital simbólico al decirlo: “…cómo se hace para vivir una vida llena…. De nada”, o sea, el presente que le quedó después de su anclaje en su pasado. “Cómo se hace para vivir una vida vacía”, o sea, inundada por la melancolía que le impidió tener una vida, desde el 74 en adelante, que hubiera podido superar los terribles episodios vividos.
 
 
 Irene está más aferrada a su negación. “El pasado no es mi jurisdicción”. Pero ese pasado irrumpe en una mirada donde la tristeza es profunda como el océano y finalmente emerge en un suavísimo reproche: “…y si fue así, ¿por qué no me llevaste con vos?”.
 
 
Morales, obviamente, es quien más hubiera debido recibir una urgente terapia por stress post traumático. Pero no, como muchos de nosotros, en medidas diferentes, no la recibió, y es quien casi deriva en una psicopatía donde toda su vida se convierte en una venganza terrible, una auto-cadena perpetua tan perpetua como la que infringe a su otrora victimario convertido ahora en la víctima de la más terrible tortura perpetua.
 
 Irene y Benjamín incurren en la típica omnipotencia de todos nosotros, los neuróticos –quien niegue que sea un neurótico, que lo des-cubra- de no aceptar los límites de su existencia. Intentan un viaje en el tiempo, intentan lo imposible, precisamente porque definitivamente no han podido superar el pasado (o sea, no negarlo, sino curarlo). Deciden finalmente volver al pasado. Pero ello es imposible. No pueden volver al 74. Si lo intentan, volverán a un 99 lleno de otros conflictos que ni imaginan. Su única salida es aceptar, curar, redimir su pasado, y convertirlo en enseñanza, esto es, abandonar su omnipotencia y aceptar los límites que sus vidas han tenido.
 
Pero no. Cuidado, espectadores, porque casi todos, proyectando tal vez nuestras secretas frustraciones, hemos idealizado ese final.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.