Socialismo, planificación e intervencionismo

Por Gabriel Boragina: Publicado el 28/8/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/08/socialismo-planificacion-e.html

 

El socialismo es un concepto que suele aparecer disfrazado bajo otros que -explícita o implícitamente- terminan identificándose con aquel. Pero existen más confusiones adicionales, de las cuales la más notable es la de la fusión bajo la misma noción de medios y fines que hacen al socialismo.

“Esta confusión concierne nada menos que al propio concepto de socialismo. Puede éste tan sólo significar, y a menudo se usa para describir, los ideales de justicia social, mayor igualdad y seguridad, que son los fines últimos del socialismo. Pero significa también el método particular por el que la mayoría de los socialistas espera alcanzar estos fines, y que muchas personas idóneas consideran como el único método por el que pueden plena y prontamente lograrse. En este sentido, socialismo significa abolición de la empresa privada y de la propiedad privada de los medios de producción y creación de un sistema de «economía planificada», en el cual el empresario que actúa en busca de un beneficio es reemplazado por un organismo central de planificación”[1]

Lo que implica que bajo un mismo vocablo (socialismo) se están designando cosas diferentes, las que -a su turno- involucran tanto los objetivos últimos del socialismo como los mecanismos empleados para alcanzar dichas metas. Si bien en la actualidad hay numerosas personas que ven con simpatía la consecución de tales propósitos empleando idénticos medios pero que se rehúsan a sí mismas a tildarse como socialistas, lo cierto es que ello puede ocurrir ya sea porque tales individuos desconozcan en realidad cual es el significado correcto del vocablo socialismo, o bien que, conociéndolo, tratan de infiltrarse en las filas de los partidarios de la libertad para desmoralizarlos, ya sea por vía de una deliberada confusión de términos y conceptos, o bien con el ánimo de convencerlos de sus doctrina.  Mucho se escrito, explicado y demostrado históricamente respecto de la imposibilidad de alcanzar aquellas intenciones con esos métodos. La abolición de la empresa y propiedad privada y los sistemas de economía planificada que se han ensayado y se siguen practicando en el mundo, lejos de alcanzar algún grado de seguridad, igualdad o “justicia social”, han tenido como resultado exactamente sus opuestos : inseguridad, desigualdad e injusticia.

“Esto bastaría para crear confusión. Mas la confusión ha aumentado todavía por la práctica común de negar que quienes rechazan los medios aprecian los fines. Pero no es esto todo. Se complica más la situación por el hecho de valer los mismos medios, la «planificación económica», que es el principal instrumento de la reforma socialista, para otras muchas finalidades. Tenemos que centralizar la dirección de la actividad económica si deseamos conformar la distribución de la renta a las ideas actuales sobre la justicia social. Propugnan la «planificación», por consiguiente, todos aquellos que demandan que la «producción para el uso~ sustituya a la producción para el beneficio. Pero esta planificación no es menos indispensable si la distribución de la renta ha de regularse de una manera que tengamos por opuesta a la Justa. Si deseamos que la mayor parte de las cosas buenas de este mundo vaya a manos de alguna élite racial, el hombre nórdico o los miembros de un partido o una aristocracia, los métodos que habríamos de emplear son los mismos que asegurarían una distribución igualitaria.”[2]

No es necesario ser demasiado despierto para darse cuenta que lo que se describe en la cita anterior es un proceso que termina desembocando en un estado totalitario.  Paradójicamente, los mismos medios señalados, los socialistas los indican como apropiados, tanto para lograr una mayor igualdad como cuando se proponen lo contrario, es decir, cuando bajo su concepto de “justicia social” los que deben beneficiarse son un grupo determinado (“alguna élite racial, el hombre nórdico o los miembros de un partido o una aristocracia”). De tal suerte, la «planificación económica» (que es el método por excelencia que busca imponer el socialismo) era apoyada, tanto por los nazis, como por los fascistas, comunistas, etc. siendo que estas sectas tenían destinatarios finales diferentes entre ellas. Pero incluso tal planificación es propugnada, además, por partidos que se consideran tanto a sí mismos como por sus simpatizantes como “moderados”, franja en la que se engloban la mayoría de los partidos políticos que dicen ser de tendencia socialdemócrata.

En definitiva, abundan las corrientes de pensamiento que adoptan las recetas socialistas inclusive buena parte de los casos- sin saber a ciencia cierta de donde provienen estas. Es así que, es frecuente toparse con personas que no dudan en recomendar la intervención del gobierno en múltiples campos, que van desde el laboral pasando por el comercial y hasta el empresarial, sugiriendo que esta sería la “única manera” de lograr un equilibro entre “fuerzas” que están en pugna y en desigualdad de condiciones. Cuando se les observa que ese modo de pensar es típicamente socialista, se sorprenden como primera reacción, y como segunda lo niegan enfáticamente, con lo que evidencian su más completo desconocimiento del socialismo, al que adhieren sin saberlo y, posiblemente, a su pesar.

No obstante, el intervencionismo es una forma menor de planificación, que se distingue del socialismo y del comunismo por ser un tipo de planificación algo más descentralizada, y un poco menos coercitiva, si bien mantiene en común con estos el hecho de que el que debe planificar es siempre el gobierno, o alguno de sus departamentos. Además, es un tipo de planificación que -en principio- no llega a todos los sectores de la economía, pero, como Ludwig von Mises ha expuesto irrefutablemente, una vez que comienza el proceso intervencionista este se torna indetenible y, de persistir por ese mismo camino, se arribará a un punto donde toda la economía terminará siendo planificada, ya sea centralizada o descentralizadamente. Lo que significa que el espíritu del intervencionismo es, por supuesto, socialista, y también es, lamentablemente, el que inspira la mayoría de los sistemas políticos del mundo actual.

[1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 62

[2] F. A. v. Hayek. Camino….ob. cit. pág. 63

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

América le da una mano a Europa en su momento más difícil

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 13/11/15 en: http://esblog.panampost.com/guillermo-covernton/2015/11/18/america-le-da-una-mano-a-europa-en-su-momento-mas-dificil/?utm_content=buffer6d3f2&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

 

Mostremosle el camino y ayudémoslos a entender lo que sus tradiciones, historia y costumbres les han negado a lo largo de la historia

La sucesión de hechos de sangre, sincronizados y coordinados, que sufrieron el pasado viernes, 13 de noviembre, los parisinos ha generado una ola masiva de manifestaciones públicas. Condolencias, lamentaciones, expresiones de piedad y de dolor. Pero también críticas a políticas migratorias, de control de armas, cuestionamientos a la vigencia de los derechos civiles y a políticas de seguridad y de integración internacional, entre muchas otras.

La situación se mostró dantesca: jóvenes de entre 15 y 18 años, corriendo entre el público con armas automáticas militares y bombas, en restaurantes, teatros, estadios deportivos y las calles, asesinando indiscriminadamente a personas que ni siquiera conocían y contra las que no tenían ningún motivo personal para segar sus vidas.

La pregunta obligada es ¿por qué?

Sólo podemos enfrentar las amenazas que conocemos y entendemos. Del mismo modo que el científico sólo puede vencer a la enfermedad que ha estudiado

La verdadera materia de estudio del economista es la acción humana. Entender por qué los hombres actúan del modo en que lo hacen. Cómo operan las escalas de valores subjetivas de cada individuo, los incentivos y la elección de medios y fines.

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Todavía no hay ninguna explicación posible para justificar los ataques terroristas del Estado Islámico ocurridos en París. (Twitter)

Las personas que actuaron ayer en París no buscaban matar a las personas que murieron, ni influir en su voluntad de modo alguno. Buscaban atacar las instituciones, al Gobierno de un país, y torcer su voluntad, obligando a un Gobierno elegido de forma democrática a actuar de una manera diferente. Pretenden poner de rodillas a una nación entera y obligarla a cumplir con la voluntad de los atacantes islamistas. Su accionar es extorsivo. Su advertencia es clara: si no cambian sus políticas, seguiremos atacando.

¿Quiénes son los atacantes? El Estado Islámico, una organización que pretende ocupar el territorio de la mayor cantidad de países que pueda. En Asia Menor, África y aún en Europa. Para imponer allí la sharía, la ley islámica, un cuerpo de normas que se inmiscuye en los aspectos más íntimos y personalísimos de los seres humanos, condicionando su forma de vida, su educación, la forma de educar, tratar y valorar a la mujer, las ramas del comercio que se han de permitir, las religiones que se han de practicar (sólo una) y un sinnúmero de costumbres mundanas mucho menos relevantes, pero que afectan de igual modo la individualidad y la autonomía de la voluntad.

En definitiva, una banda armada, sin piedad, ni respeto por las normas de conducta y las leyes libremente aceptadas y elegidas por el país, asesina, amenaza y extorsiona, para imponer su voluntad a una nación soberana. Financiados y entrenados desde el exterior. Con el claro objetivo de afectar los mecanismos de decisión democrática y los derechos individuales de los ciudadanos, que son inherentes a la persona humana, por su condición de tal, y cuyo reconocimiento caracteriza a nuestra cultura y valores.

La táctica apunta a dividir, socavar los cimientos de legitimidad del Gobierno de los países a los que atacan. De esta manera, pretenden generar reacciones frente a políticas que, hasta los ataques, eran masivamente aceptadas, en un contexto social donde impera el Estado de derecho, la república democrática y los valores de occidente cristiano.

La tolerancia al extranjero, la aceptación de las diferencias, la discusión y respeto por el disenso, la libertad de culto, de comercio, de educación, de prensa y de educar a los hijos como sus padres lo consideren mejor son algunos ejemplos.

Nada de esto es aceptado por los atacantes. En los territorios donde se han impuesto por la fuerza de las armas, el saqueo de las riquezas de los invadidos es la fuente de financiamiento, las mujeres de los sometidos son una mercadería para sobornar a sus mercenarios apátridas, los lugares de culto y las costumbres religiosas son borradas y su reivindicación es causa de martirio.
Europa está consternada, sorprendida y perpleja. No lo esperaban ni lo conocían.

Nuestro deber moral es apoyarlos, ayudarlos y hacerles entender. Cuando América Latina y África sufrieron la misma amenaza, en las décadas de 1960 y 1970, la Europa culta y progresista no nos comprendió. Guerrilleros asesinos eran entrenados y equipados en países totalitarios, con fondos conseguidos mediante la confiscación y el saqueo de países oprimidos, en donde no existía ni la democracia, ni la república, ni los derechos individuales. Y mientras la prédica marxista buscaba extorsionar y esclavizar a nuestros países Europa se mostraba indiferente, sino cómplice.

No cometamos el mismo error. Ayudémoslos a entender y a superar la amenaza.

Sólo los americanos podemos mostrarles el camino. Sólo nuestras repúblicas democráticas, nuestras constituciones liberales, nuestro respeto por las costumbres, religiones y formas de vida diferentes pueden ayudar en este trance espantoso.

Los nacionalismos, la xenofobia, la intolerancia, la condena previa al inocente, el cierre de las fronteras y el comercio son las herramientas del islamismo. Todas costumbres y disvalores muy difundidos en la vieja Europa. Un continente que empezó a mirar con cierto interés a los valores de la América que se emancipó mucho antes que ellos de ese yugo, y con éxito, sólo cuando las dos mayores guerras que jamás vio el mundo los dejaron exhaustos y aterrados.

No cometamos el mismo pecado. Mostrémosle el camino. Ayudémoslos a entender lo que sus tradiciones, historia y costumbres les han negado.

Lo único que hace a alguien ciudadano de una de nuestras democracias, es la adscripción sin ambages ni reservas a los valores de nuestras constituciones. La aceptación incuestionable de los valores de la libertad. La sumisión absoluta al imperio de la ley, es decir el estado de derecho, y el respeto por las instituciones democráticas. Para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los que quieran poblar nuestro suelo.

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Democracia y consenso

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/9/13 en: 

Los mayores enemigos de la libertad se han proclamado demócratas y han recurrido a la democracia para tomar el poder. No es casualidad que cuando había dos Alemanias, y en una los ciudadanos padecían una dictadura comunista, el país se llamaba República Democrática. A estos hechos se une la constatación reiterada de que la democracia puede llegar a conspirar contra las libertades y los derechos de los ciudadanos, puede dar lugar a innumerables controles, multas, regulaciones, vigilancias y prohibiciones. Y de hecho ha desembocado en los mayores niveles de presión fiscal que ha conocido nunca la humanidad. Sin embargo, en vez de reflexionar sobre ello, en vez de poner en valor la democracia de modo que signifique ampliar la libertad de elegir de los ciudadanos, en vez de poner coto a los abusos del poder, se instala el cliché de que todo lo que se haga democráticamente y con consenso está siempre bien.

La democracia desdibujada

Lo primero que se necesita es situar a la democracia en lo que debería ser: una forma de gobierno, no un objetivo. Un medio, no un fin. Es evidente que el fin tiene que ser superior, tiene que ser la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos. A veces este fin queda desdibujado cuando se supone que la democracia es el único sistema para recambiar los gobernantes de modo pacífico, cuando Venecia los cambió durante mil años en paz, y en el último siglo hemos visto democracias nada pacíficas.

Tampoco es verdad que los defensores de la democracia lo sean siempre sin tapujos. Nadie aceptaría, por ejemplo, que se votara democráticamente la despenalización de la violación. Asimismo, se admite que algunas decisiones democráticas no se tomen por mayoría simple sino cualificada.

La falacia de la democracia sometida al “poder económico”

Hemos visto ya que es una falacia que la democracia sea impotente frente al supuesto poder económico: al contrario, la democracia ha servido al poder político para crecer como nunca. El problema estriba en que ha crecido sobre la base de conceder a los ciudadanos libertad de elegir para votar, pero a continuación ha recortado su libertad de elegir en numerosos ámbitos, desde su vida privada hasta cómo disponer de sus propiedades. Lo hace con toda suerte de excusas, desde que protege (quebrantándolos) los derechos de los ciudadanos, hasta que los defiende de supuestos “poderes económicos antidemocráticos”, frente a los cuales, como vimos, el ciudadano puede elegir no entregarles su dinero.

A esta confusión democrática se une la idolatría del “consenso”, noción que jamás significa los acuerdos a los que voluntariamente llegan las personas en la sociedad civil. Eso nunca. El jaleado consenso sólo corresponde a los políticos y los oligárquicos grupos de presión que a su socaire medran.

Y así como se da la bienvenida a unos “electores” que eligen cada vez menos, se aplaude un “diálogo social” donde la sociedad no dialoga.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El derecho a la violencia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 27/8/12 en http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=38351&tit=el_derecho_a_la_violencia

 Un amigo argentino no puede imprimir en su oficina, además de perder horas de trabajo intentando infructuosamente comprar un cartucho de tinta, porque el gobierno reprime la importación. No asombra que los políticos exploten a las personas con tal de darse la gran vida. Pero impresiona que algunos crean que tienen “derecho” a reprimir de esta manera.  

El destacado columnista Moisés Naím escribió, en El País de España, “¿Qué tienen en común el calentamiento global, la crisis de la eurozona y las masacres en Siria?… Que nadie tiene el poder para detenerlas… Hay… Cumbres de jefes de Estado… Y nada. Es como ver una película en cámara lenta, en la que un ómnibus… se dirige hacia el abismo y su conductor no frena ni cambia de dirección… Pero mi metáfora es defectuosa. Supone que hay un conductor… con el poder de frenar o de cambiar de rumbo”.

Lo cierto es que no existe tal conductor, y no tiene el poder de frenar o cambiar el rumbo. Los políticos, simplemente, no lo tienen. Ellos cuentan con el monopolio de la violencia y creen que eso es un instrumento eficiente. Es como tener una granada y exigirle al ómnibus que vaya en cierta dirección y, si no lo hace, estallar la granada. Lo que hace falta es un mecanismo que naturalmente provoque el desvío, algo así como ¡un volante!

Lo que se necesita es incentivar a las personas, para que sigan el camino adecuado. Según Aldous Huxley, “Las sociedades se mantienen, no por el miedo de los más al poder coactivo de los menos, sino por una difundida fe en la decencia de los demás”. Y es verdad: no habría policía capaz de detener el delito si todas las personas decidieran robar. Es decir que no es verdad que las sociedades existan porque existe un marco coactivo que las “pone en orden”, existen porque así es la naturaleza humana. Y la violencia, dice la filosofía clásica, es contraria al desarrollo natural, a la naturaleza, por tanto, es imposible que sea un instrumento eficiente. 
Aunque “Esto no significa que el poder vaya a desaparecer… (pero su fin es)… una de las principales tendencias que definirán nuestro tiempo” dice Naím y supone una reforma, en la estructura del poder, con la que no concuerdo ya que el problema es más esencial: lo que sucede es que este “poder” nunca existió: el monopolio de la violencia jamás fue un método eficiente de gobierno sino que, por el contrario, siempre destruyó. Ni siquiera en el caso de “defensa propia”. La primavera árabe, por caso, solo ha servido para cambiar un tirano por otro, parecido, y para aumentar la venta de armas: en Siria, antes de la crisis, un fusil AK-47 costaba US$ 1.200 en el mercado negro, ahora supera los US$ 2.100.

El gobierno español decidió crear el Departamento de Seguridad Nacional y reformar al Código Penal que, entre otras cosas, castigará convocatorias por internet de “protestas violentas”, aquellas que no reciban autorización. El dirigente político Felipe Puig, no dejó dudas: “Buscamos… que la gente le tenga más miedo al sistema”. Es que Internet, y el desarrollo humano en general, es la anti política, es por eso que le temen tanto. Es un mundo gobernado por “la red”, es decir, millones de personas cooperando voluntaria y pacíficamente, en tiempo real, que se “autogobiernan” como toda la naturaleza que fluye espontánea y armónicamente.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Mismo objetivo, diferentes medios

Por Pablo Guido. Publicado el 16/8/12 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

 En la última década las reservas de gas de la Argentina disminuyeron a la mitad. Las de petróleo un 12%. ¿Qué pasó? Las empresas explotadoras de los recursos hidrocarburíferos extraen petróleo y gas pero a la vez invierten en exploración para mantener o incrementar los niveles de reservas y así poder asegurar el negocio futuro. Lo que pasó en la Argentina fue que debido a los controles de precios que impuso en el sector hidrocarbúrifero el negocio pasó a ser menos rentable que antes. Por lo tanto, se siguió extrayendo gas y petróleo pero sin las inversiones necesarias para mantener siquiera los mismos niveles de reservas que antes.

Por otro lado, en Brasil, la presidenta se decidió a incrementar la participación del sector privado en la economía, con un plan de inversiones privadas en nuevas rutas y vías férreas. La inversión privada proyectada es de 65 mil millones de dólares.

Dos países latinoamericanos cuyos gobernantes, me imagino, quieren incrementar los niveles de bienestar de la población. La diferencia son los medios con los cuales quieren llegar a dicho objetivo. El siguiente párrafo de Mises (Liberalismo, 1927) ilustra esto que escribo:

“Los actuales contrastes políticos no dependen de opuestas visiones generales del mundo; se refieren a la vía y a los medios para alcanzar con la máxima rapidez y el mínimo sacrificio una meta que todos reconocen justa. Esta meta, este fin al que todos tienden, es la máxima satisfacción de las necesidades humanas, el bienestar, la riqueza”.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.