Suecia incorpora al populismo a su espectro político

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 27/9/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2175879-suecia-incorpora-al-populismo-su-espectro-politico

 

Suecia es uno de los países más modernos del mundo. Además, es uno de los más
serios. A punto tal, que sus principales partidos políticos están comprometidos a
mantener un superávit fiscal y, al propio tiempo, un bajo nivel de endeudamiento,
principios que tienen en Suecia adhesión mayoritaria. Políticamente, Suecia ha sido –
por décadas- un bastión de la centro-izquierda. Acaba de tener, una vez más, sus
elecciones nacionales y los resultados -reñidos- merecen algunos comentarios.
Nuevamente la centro-izquierda, o la social-democracia, se impuso en los comicios.
Sumada a los votos “verdes”, obtuvo un 40,6% de los votos totales. La coalición de
centro-derecha le siguió de cerca, con el 40,3% de los votos. Entre esas dos fuerzas
tradicionales suman, entonces, el 80,9% de los votos suecos. Ambas conforman todavía,
está claro, la columna vertebral del electorado sueco.
La novedad está en el crecimiento de la extrema derecha. De lo que hoy, bien o mal, en
el Viejo Continente se llama “populismo”. Esto es, de la fuerza que se opone
enérgicamente a abrir las puertas sin filtros ni selectividad de ningún tipo a la ola de
inmigración proveniente de Medio Oriente, Afganistán y África.
Suecia recibió, en los últimos 15 años, a unos 650 mil inmigrantes. Con una población
del orden de los diez millones de habitantes, no es poca cosa.
Y hay quienes creen que este fenómeno ha comenzado a afectar la esencia misma de la
identidad sueca. Son los Demócratas Suecos, que lograron un preocupante 17,6% de los
votos. Ellos no solamente se oponen a dejar la puerta totalmente abierta a la
inmigración, sino que además postulan alejarse de la Unión Europea, a través de lo que
llaman el “Swexit”, para lo que sugieren convocar a un referendo especial.

El primer ministro social-demócrata, Stefan Lofven, pese a quedar como minoritario, no
creyó que debía renunciar. No obstante, su partido aún tiene la mayor cantidad de votos
como espacio político individual. Pero perdió un rápido voto de confianza y sigue por el
momento en su cargo, sólo para atender las cuestiones en curso.
Su rival de centro-derecha, Ulf Kirstersson, supone, y no sin buenas razones, que la
centro-derecha no puede asociarse al populismo para destronar al gobierno actual. Sería
irresponsable.
Por ahora, las bancas del Parlamento sueco se distribuyen como sigue: a) el bloque de
centro-izquierda, conformado por los social-demócratas, los verdes y la izquierda dura:
144 bancas; b) el bloque de centro-derecha, compuesto por los moderados, los
centristas, los liberales y los demócrata-cristianos: 143 bancas y c) los populistas: con 62
bancas.
Esa no es necesariamente una estructura que garantice la estabilidad, por cierto. Pero es
un reflejo de la realidad de Suecia hoy: un país ante un verdadero impasse.
Concluido el reciente proceso electoral, Suecia quedó en un delicado equilibrio político.
Llegada la hora de formar gobierno, la centro-izquierda no negoció con los populistas,
ni con el comunismo tradicional. Podría terminar eventualmente conformando un
gobierno unipartidario y minoritario. O ser desplazada.
Para los Demócratas Suecos es tiempo de demostrar que pueden ser una oposición
responsable y actuar como tal. Su futuro político en buena medida depende de ello.
Mirando en detalle los recientes resultados electorales suecos, lo cierto es que se
advierten ganadores y perdedores. Entre los ganadores aparecen los Demócratas
Suecos, esto es el populismo, que ha aumentado 13 bancas en el Parlamento. También el
partido de Centro, que aumentó 9 bancas, y la Izquierda y los Demócratas Cristianos,
quienes aumentaron 7 bancas cada uno. En cambio, entre los perdedores aparecen los
Social Demócratas, esto es la centro-izquierda, que perdiera 12 bancas. También los
Verdes, que disminuyeron su presencia parlamentaria en 10 bancas y los moderados,
que perdieron 14 escaños. Los liberales, en cambio, mantuvieron su presencia
parlamentaria sin cambio alguno y tendrán -como antes- 19 escaños.
El actual primer ministro, Stefan Lofven, quedó -como se ha dicho- muy lastimado. Su
partido obtuvo el peor resultado electoral en prácticamente un siglo. Suecia está
acostumbrada a los gobiernos minoritarios, pero esta vez el tablero político parece haber

achicado las distancias y generado un incómodo equilibrio de fuerzas, que ya ha llevado
a los conservadores a la presidencia del Parlamento.
El crecimiento del populismo posiblemente tendrá consecuencias respecto del delicado
tema de la inmigración. En primer lugar, será más complejo obtener el carácter de
asilado en Suecia. En segundo lugar, la tradicional actitud sueca -abierta y generosa respecto
de los inmigrantes, puede en adelante ser más restringida, desde que está visto
que hay un número importante de votantes suecos para quienes la puerta debe
entornarse sin demoras y la generosidad encontrar sus límites. Quiérase o no, la
cuestión de la inmigración continuará en el centro del debate político sueco.
Como en Italia y en la propia Alemania, también en Suecia se ha consolidado un grupo
político que lleva como bandera principal su postura “anti-inmigratoria”. Tardó más que
en el resto de Europa, pero finalmente el fenómeno también apareció en Suecia.
Lo cierto es que el populismo sigue siendo “persona non grata” para los principales
partidos políticos suecos. Por el momento al menos, incorporarlo a un gobierno de
coalición luce, tanto para la centro-izquierda como para la centro-derecha, como una
alternativa imposible. No sería demasiado sorpresivo que, como en Alemania desde el
2013, la centro-izquierda y la centro-derecha de pronto compongan una coalición para,
en parte, poder evitar el acceso del populismo. Pero hasta hoy ello no ha sucedido.
¿Qué es lo que ha cambiado en Suecia? Nada menos que la realidad. En el año 2000 en
la población sueca había un 11,3% de personas nacidas en el exterior. Diez años después,
ese porcentaje era del 14,7%. Hoy, en cambio, es del 18,5% de la población.
La ola inmigratoria ha hecho ya de Suecia un país con un ADN que luce algo distinto.
Quizás por ello los suecos no se han quedado cruzados de brazos frente al fenómeno
descripto. Desde noviembre de 2015 las normas en materia de inmigración se han
endurecido. Fue entonces, precisamente, cuando el actual todavía primer ministro
definió gráficamente a Suecia como “un país saturado” que debía controlar la
inmigración. Muy particularmente porque entre el resto de la Unión Europea hay
quienes no están asumiendo las responsabilidades que en esto les corresponden.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

El movimiento islámico Hamas se redefine a sí mismo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/5/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2135613-el-movimiento-islamico-hamas-se-redefine-a-si-mismo

 

El violento movimiento islámico palestino denominado Hamas se ha redefinido. Sin dramatismo alguno y sin que los cambios adoptados sean, por el momento, radicalmente sustantivos.

Hamas cuenta hoy con unos 35.000 hombres y mujeres armados y, con ellos, controla -desde el 2007- férreamente a la llamada Franja de Gaza. Y tiene, asimismo, alguna presencia, aunque no determinante, en la Margen Occidental de Cisjordania y en el este de la ciudad santa de Jerusalén.

Su líder, Khaled Meshaal, está -desde hace rato- exiliado en la ciudad de Doha. Hoy Hamas aparece detrás de las protestas masivas realizadas desde la Franja de Gaza que culminarían, el 14 de mayo, con la anunciada “Marcha del Retorno”, fecha a la que Hamas denomina “Nakba” (desastre) y que, además, este año conmemora el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel.

La mencionada redefinición de Hamas se ha expresado ya en algunos cambios dispuestos a su Carta Orgánica de 1988. Pero, como hemos dicho, no alteran su filosofía esencial, ni previsiblemente modificarán dramáticamente su accionar en el corto plazo.

Hasta no hace mucho, Hamas se autodefinía como un brazo de la Hermandad Musulmana. Ya no lo hace.

Reclama derechos sobre toda la tierra emplazada entre el río Jordan, al este, y el mar Mediterráneo, al oeste. Ha postulado históricamente la necesidad de oponer una constante resistencia armada contra Israel, primero con atentados terroristas suicidas y ahora con el lanzamiento de misiles suministrados por Irán contra blancos con frecuencia indeterminados en el territorio de Israel. No obstante, cambiando aparentemente de actitud, la organización está ahora ofreciendo un “cese el fuego de largo plazo” a las autoridades israelíes. Una señal positiva, pero insuficiente para soñar con la paz en la región.

En un eventual acuerdo de paz en Medio Oriente, Hamas debiera entonces ser, en algún momento, una de sus partes en representación -claro está- de una fracción de los palestinos: aquella que reside en la tremendamente empobrecida Franja de Gaza. Pero lo cierto es que sus actitudes, hasta ahora al menos, en nada han ayudado a alcanzar ese trascendental objetivo.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

EE.UU. sorprende a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/12/16 en: 

 

En el complejo escenario de Medio Oriente , la guerra civil siria y sus atrocidades parecían haber relegado al conflicto entre Israel y los palestinos a un segundo plano. Ocurrió que, pese a que Israel ha mantenido ya tres guerras contra Siria y protagonizado numerosos incidentes fronterizos con duelos de artillería y combates aéreos, lo cierto es que hasta ahora se había mantenido al margen de ese conflicto.

Hablamos de una guerra civil siria que, en esencia, es una confrontación facciosa entre distintas visiones del Islam, en la que la intervención militar directa de la Federación Rusa e Irán han permitido la supervivencia del autoritario régimen de Bashar al-Assad. Muy pocos creyeron, al comienzo del conflicto, que esto podía ser posible. Pero hoy es una realidad.

De alguna manera Israel logró hacerse casi “invisible” con relación a Siria. Consciente, sin embargo, de que los potenciales triunfadores en la guerra civil podían ser países, como Irán, u organizaciones, como la libanesa “Hezbollah”, hostiles hacia Israel. Es lo que efectivamente ha sucedido, generando una difícil nueva realidad geopolítica alrededor de Israel. Quizás más peligrosa que nunca.

Mientras el conflicto armado en el país vecino se desarrollaba, Israel pudo recomponer su relación bilateral con Turquía y mantuvo intactas sus relaciones con Jordania. Además, se acercó discretamente al gobierno militar que hoy -tras la etapa que llevara brevemente a la Hermandad Musulmana al poder en el país de las pirámides- conduce a Egipto.

En las fronteras inmediatas de Israel, “Hezbollah” -directamente involucrado en la guerra civil siria- creció muy fuertemente en influencia y, desgraciadamente, también en capacidad militar y, en cambio, “Hamas”, más bien disminuida, mantuvo su agresividad, aunque sin intervenir abiertamente en ella.

Pero de pronto la quietud aparente en la que flotaba el conflicto no resuelto entre Israel y los palestinos se alteró dramáticamente. En apariencia, inesperadamente.

En la que fuera -en su origen- una iniciativa de la representación egipcia, un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad generó una enorme sorpresa.

Porque -escrito por los palestinos- ordenaba a Israel detener -inmediata y completamente- la construcción de asentamientos en Cisjordania y en Jerusalén-este. Y los declaraba, expresamente, como ilegales bajo el derecho internacional, definiéndolos como un obstáculo serio para poder avanzar en una solución negociada del conflicto entre ambas partes estructurada bajo la noción de “los dos Estados”. Advertía, de paso, que no se reconocerán cambios a la situación en materia de integridad territorial distintos de la realidad existente al 4 de junio de 1967.

Sin perder un minuto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , ante lo que sucedía, solicitó a la administración de Barack Obama “vetar” el proyecto, en caso de que el mismo siguiera adelante. Además, se comunicó con el presidente electo norteamericano, Donald Trump , y le encomendó específicamente la misión de pedir a Egipto que postergara la discusión y votación del proyecto en el Consejo de Seguridad. Lo que Trump obtuvo a través de una conversación telefónica con el general Abdelfatah al-Sisi, hoy presidente constitucional de Egipto, con el que Trump tiene una buena relación personal.

No obstante, otros cuatro miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Malasia, Nueva Zelanda, Senegal y Venezuela, de pronto hicieron suyo el proyecto de resolución y, descongelándolo, lograron impulsarlo y ponerlo a votación, casi sin demoras.

Y allí vino la enorme sorpresa: los EE.UU., que siempre fueron críticos respecto de los asentamientos en cuestión, pudieron ciertamente vetarlo una vez más, como ya lo habían hecho en el pasado con proyectos similares. Pero esta vez fue distinto. No lo hicieron. Prefirieron abstenerse. El resultado de esta actitud fue que la resolución sobre los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este se aprobó rápidamente, por 14 votos contra 0 y una abstención, la de los EE.UU..

Estamos frente a un hecho histórico. Por primera vez el organismo de las Naciones Unidas, responsable principal de las cuestiones de paz y seguridad internacionales, intervino específicamente -con todo su peso- en el conflicto entre Israel y los palestinos. Con definiciones categóricas que de pronto hasta podrían derivar en sanciones contra Israel, si la construcción de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este no se interrumpe.

De este modo, los EE.UU. modificaron abruptamente la que fuera hasta ahora su tradicional postura. Esto es, la de proteger siempre con su veto a Israel en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas e impulsar, en cambio, la resolución del tema abierto entre Israel y los palestinos exclusivamente a través de negociaciones directas entre las dos partes.

Lo hicieron en lo que implica un fuerte cambio de rumbo, desairando abiertamente a Donald Trump, quien ya había solicitado a Barack Obama el “veto” de la resolución votada, a la que caracterizara de “extremadamente injusta, respecto de Israel”.

Lo cierto es que la norma emanada del Consejo de Seguridad es una realidad, con todos los efectos consiguientes. Benjamin Netanyahu la calificó de “vergonzosa” y advirtió, sin rodeos, que Israel no le reconocerá validez. En su entorno, alguno hasta sugiere que todo lo sucedido en esta cuestión ha sido, en realidad, una maniobra urdida por la administración de Barack Obama.

Ante lo sucedido, parece oportuno recordar que cerca de 600.000 israelíes viven hoy en asentamientos del tipo de los que se mencionan en la resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No es, para nada, un tema menor.

La resolución comentada, del 23 de diciembre pasado, lleva el número 2334 y refleja la que ha sido -por años- la posición prevaleciente en la comunidad internacional sobre los asentamientos. Define a los asentamientos como una violación “flagrante” del derecho internacional y sostiene que ellos carecen de validez legal. Llama también a que se eviten los actos de violencia contra los civiles y las provocaciones, incluyendo el terrorismo. Convoca, asimismo, a reanudar, sin demoras, las negociaciones para poder completar un acuerdo de paz final entre las partes, estructurado sobre la idea de “los dos Estados”.

La resolución, sin embargo, tiene sus problemas. Serios. Primero, es en realidad un paso en dirección a internacionalizar el conflicto, algo que no necesariamente es positivo y puede complicarlo en extremo. Segundo, parecería definir, sin excepciones, a todas las construcciones hechas en Jerusalén-este como asentamientos, incluyendo aquellas realizadas en el propio “barrio judío” de la Ciudad Vieja, lo que naturalmente es difícil de aceptar para cualquier gobierno de Israel. Y obviamente no menciona otros temas que son absolutamente fundamentales para poder avanzar en dirección a la paz, como es nada menos que la necesidad de que todos los involucrados reconozcan expresamente al Estado de Israel como tal, lo que hoy no sucede desde que algunos niegan a Israel el derecho mismo a existir.

Es imposible no pensar que el fuerte cambio de rumbo de la administración de Barack Obama, insólitamente realizado a último momento, no tenga algo que ver con la pésima relación personal que existiera -y existe- entre el presidente Obama y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Lo sucedido puede entonces ser -directa o indirectamente- reflejo de esa desafortunada circunstancia.

Las cosas seguramente van a cambiar con el acceso de la nueva administración norteamericana, aquella que pronto encabezará Donald Trump. Pero la resolución 2234 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es una realidad. Para algunos, no ayudará, sino que hará aún más compleja la solución de un tema muy demorado, el del acuerdo final de paz entre israelíes y palestinos, respecto del cual puede ser cierto aquello de que el paso del tiempo no siempre ayuda. Donald Trump anunció que el próximo embajador de los Estados Unidos ante Israel será David M. Friedman, que rechaza públicamente la alternativa defendida por John Kerry, esto es la idea de “los dos Estados”.

Cabe apuntar que la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU no fue adoptada bajo el Capítulo VII de la Carta, sino bajo el Capítulo VI. Por ello no es directamente obligatoria. No obstante tiene mucho peso como recomendación y mensaje. Por esto, para Benjamin Netanyahu luce como una lamentable humillación.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La política exterior de Vladimir Putin en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/3/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1875839-la-politica-exterior-de-vladimir-putin-en-medio-ambiente

 

Es cierto, la economía rusa está en mal estado. Ello es consecuencia de la fuerte caída de los precios internacionales del petróleo crudo y del gas natural. La gente en Rusia está tensa, nerviosa, preocupada. No obstante, al menos por el momento, ello no parece haber debilitado a Vladimir Putin, cuya popularidad y liderazgo continúan intactos.

Ocurre que el líder ruso ha capitalizado con éxito los resultados de su política exterior, particularmente en Crimea y Sebastopol; pero también en Medio Oriente, utilizándola para encender -y alimentar- el nacionalismo en una nación que aún siente nostalgia por la pérdida de la preeminencia que tuviera en tiempos de la Unión Soviética.

En Medio Oriente, Rusia ha demostrado que sus fuerzas armadas, contra lo que algunos suponían, están en un gran nivel de preparación y condiciones operativas y que su armamento está lejos de ser obsoleto, como otros sostenían.

Sus aviones militares realizan más operaciones en un día (hasta 96) que las de la coalición internacional liderada por los norteamericanos en todo un mes. Lo hacen, además, con eficiencia. Sus misiles de larga distancia, disparados desde el Mar Caspio, esto es desde más de mil kilómetros de distancia, dan en los blancos con precisión y cumplen las funciones tácticas para los que se los utilizó. Sus defensas antiaéreas, con tecnología de punta, disuaden a los demás de volar en su cercanía o ignorarlas. Están instaladas en Latakia. Como en Crimea y Kaliningrado, generando respeto.

Hasta Israel las evalúa con sumo cuidado, pensando en la pesadilla operativa -y estratégica- que supondría que ellas (llamadas S-400 o Triumph) cayeran en manos de Irán o de sus aliados, afectando negativamente la primacía aérea israelí. Lo que ya no es imposible para un Irán que, liberado de las sanciones económicas que lo afectaran, nada en efectivo. A lo que se agrega que Rusia está además usando otros equipos electrónicos eficazmente, con los que virtualmente neutraliza a los radares y satélites norteamericanos.

Putin ha desplegado una estrategia audaz, cuya tenaz implementación luce impecable. Ilegal quizás, pero efectiva. Su presencia militar en Siria ha sido determinante para la supervivencia del régimen de los Assad, también apoyado por Irán, que ahora opera contra los insurgentes, en lo que puede ser un momento “bisagra” en la guerra civil siria. Por ello, de asediado y debilitado, el gobierno sirio ha pasado a presionar a los insurgentes.

Lo cierto es que desde que la presencia militar rusa en Siria se materializara, la guerra civil de ese país parece haber cambiado de rumbo. Lo que lucía como un inevitable final amargo para el clan Assad, se ha transformado ahora en una situación de equilibrio. La permanencia en el poder de un régimen que no ha vacilado en usar armas químicas contra su propio pueblo en lo que supone un crimen de guerra de magnitud inaceptable para la comunidad internacional ya no luce imposible.

El cambio de rumbo es tan grande que hasta las conversaciones de paz que tuvieron lugar en Ginebra bajo el patrocinio de la ONU y con el beneplácito norteamericano, debieron suspenderse cuando la aviación rusa abriera paso a las fuerzas de Assad que avanzan en procura de reconquistar Alepo, la segunda ciudad siria que ha estado por largo rato en manos de los insurgentes, en lo que podría ser una victoria significativa, capaz de alterar el rumbo del conflicto.

La ciudad vieja de Alepo, una joya medioeval de valor incalculable, ha sido dañada severamente por los bombardeos e incendios. Hasta el minarete de la Gran Mezquita ha sido derrumbado. Para el patrimonio cultural del mundo, una pérdida irreparable. Una más en la devastada Siria.

A pesar de los dichos del presidente Obama, los días de los Assad, gracias a Rusia e Irán no parecen hoy estar “contados”. Las fuerzas insurgentes, muy divididas, cuentan con unos 36.000 combatientes de otros países, de los cuales unos 6.600 provienen de Occidente, pero su futuro está comprometido. Los rusos, de hecho, como hemos dicho, cambiaron la marcha de la guerra civil.

Para hacer todo más complicado y peligroso, particularmente para Turquía, su rival histórico, Rusia ahora apoya abiertamente a los kurdos en Siria, cuyas fuerzas se han lucido -como ninguna otra, hasta ahora- en la lucha en tierra contra el Estado Islámico. Sin embargo, la aviación turca los ataca desde el aire, con reiteración y eficacia relativa. Lo hace en procura de evitar que controlen el norte de Siria -en la región de Agaz- y, con ello, alimenten el separatismo de la importante población kurda en la propia Turquía.

La rivalidad histórica entre rusos y turcos está claramente en un nuevo punto de desencuentro. Y una chispa o un error podrían provocar una hoguera de dimensiones imprevisibles. En paralelo, Rusia ha vuelto a aproximarse al gobierno de Egipto con el que alguna vez tuviera una intimidad importante. Todo esto sucede frente a los ojos de los norteamericanos, de andar notoriamente vacilante en Medio Oriente.

Rusia sabe lo que quiere, tiene fuerza y está empleándola abiertamente. Arriesga y actúa con decisión. Lo que rinde frutos, alterando el equilibrio de poderes en la región. En apenas cuatro meses.

Todo esto ocurre mientras Irán (pese a sus desmentidos) también interviene militarmente en la guerra civil siria. Pese a todo, por el momento al menos, Rusia no se ocupa prioritariamente del Estado Islámico.

Las monarquías “sunnis”, en cambio, se limitan a actuar (con suerte variada) en el conflicto yemení, conteniendo allí a los aliados de Irán: los “Houthis”. Pero no están activas en Siria donde -más allá de las amenazas- sólo aportan dinero y armamentos a los insurgentes.

Occidente, por lo demás, no enfrenta a Rusia. Se resigna a verla actuar. Y, sin opciones, la deja hacer. Por momentos coopera con ella, cuando los intereses coinciden. Pero no la contiene. Quizás porque no puede hacerlo sin generar un escenario en el que las tensiones de pronto adquirirían otro orden y magnitud.

Luego de que el Consejo de Seguridad de la ONU lo aprobara, Siria vive un momento de paz: el de un cese el fuego que deberá durar por lo menos dos semanas y abrir un espacio para reanudar las conversaciones de paz, en Ginebra. Para la desgarrada población civil, un alivio momentáneo y una nueva esperanza de paz.

El proyecto de resolución aprobado unánimemente por el Consejo fue redactado sólo por Rusia y los EE.UU. Como en tiempos de la Guerra Fría.

Por ahora, el cese el fuego se respeta sustancialmente. Pese a algunas violaciones, más bien menores. No incluye al fundamentalismo del Estado Islámico y Al-Nosra, conflicto que parece ser conducido por otro andarivel.

En el terreno, el equilibrio de fuerzas entre el régimen de los Assad y los insurgentes se ha restablecido. Gracias a la acción rusa. Esto supone que hay ahora un marco adecuado para que las negociaciones de paz puedan avanzar. Ocurre que, nuevamente, hoy nadie tiene certeza de poder triunfar en una de las guerras civiles más crueles de la historia reciente.

Si el cese el fuego se mantiene, se abre la posibilidad de reducir la violencia que azota a Siria, que ya ha provocado más de 300.000 muertos, más de un millón de heridos y la crisis de refugiados más intensa desde la Segunda Guerra Mundial que está haciendo temblar a las instituciones y valores centrales de la Unión Europea. De lo contrario, la situación en Siria podría empeorar enormemente.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La Unión Europea define las posibles concesiones a Gran Bretaña

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 18/2/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1872105-la-union-europea-define-las-posibles-concesiones-a-gran-bretana

 

El refrendo que convocará el primer ministro David Cameron, en función del cual Gran Bretaña votará si decide quedarse o salir de la Unión Europea, se acerca rápidamente y hasta podría tener lugar a mediados de este año, quizás el próximo 23 de junio.

El tema avanza en medio de una crisis dura que golpea al Viejo Continente: la provocada por la masa de inmigrantes llegados desde el norte de África, Afganistán y Medio Oriente. Porque muchos de los que llegan -con la esperanza de una nueva vida al hombro- procuran afincarse en Gran Bretaña. Razón por la cual, los pasos de Calais y Dunquerque hoy contienen enormes campamentos de refugiados que, desde allí, apuntan a cruzar -de mil distintas ilegales maneras- el Canal de La Mancha. El villorrio levantado en Calais, que luce como el más preocupante, se considera el asentamiento más grande de Europa y está provocando toda suerte de manifestaciones callejeras, de muy distintos signos.

A lo que se agregan las preocupaciones por la vigencia de la democracia y sus libertades esenciales en Hungría y Polonia. Y la posibilidad de una nueva crisis económica en Grecia, en muy pocos meses. Esas distintas convulsiones no ayudan precisamente cuando de enfrentar el proceso vinculado con el próximo referendo británico se trata.

Gran Bretaña -recordemos- votó en 1975 por quedarse en lo que entonces era la Comunidad Económica Europea, a la que se había integrado dos años antes. Desde entonces ese país no ha tenido plebiscito alguno sobre las cuestiones europeas.

Más de cuarenta años después, la cuestión de pertenecer -o no- a la Europa integrada se vuelve ahora a poner de pronto sobre la mesa británica.

Hace ya medio siglo desde que la Unión Europea ha sido crucial para asegurar la paz, la prosperidad y el diálogo entre los europeos. Y para mantener el estado de derecho. Por ello, la cuestión no es menor. Ocurre que, más allá de la propia Gran Bretaña, está también en juego la estabilidad misma del Viejo Continente. Una posible crisis existencial, entonces.

Como resultado de las intensas negociaciones previas, la Unión Europea acaba de dar a conocer el posible esquema de cambios en su relación con Gran Bretaña, que debería ser aprobado por los 28 estados miembros en los próximos días. Una “cumbre” especial, convocada para el 18 y 19 de febrero definiría los términos del acuerdo final entre las partes, que para David Cameron debiera conformar lo que llama un “mejor arreglo” (con Europa) para Gran Bretaña, que es precisamente lo que el líder británico prometiera a sus conciudadanos.

Los cambios propuestos

El documento que contiene la propuesta tiene 17 páginas. Entre los cambios que podrían eventualmente hacerse, aparecen -como cabía esperar- todas las propuestas de David Cameron.

Primero, el derecho a restringir, aunque sólo por un plazo máximo de cuatro años, los beneficios sociales a los inmigrantes que llegan a Gran Bretaña provenientes de otro Estado Miembro de la Unión, cuando el flujo de pronto sea excepcional. Un “freno para las urgencias”, entonces.

Segundo, se aclara la interpretación de un principio europeo que preocupa a los británicos, el de avanzar todos hacia “una unión más estrecha entre los pueblos”. Lo que parece impulsar hacia una unificación política europea cada vez más profunda, en contra de lo que Gran Bretaña desea. Nada de “marchas forzadas” hacia la integración, postula Cameron. Para solucionar el tema, se aclararía que ello se haría “de manera compatible con diferentes caminos de integración” y que el principio “no obligará a todos los miembros de la Unión a buscar un destino común”, sino tan sólo a aquellos que efectivamente compartan ese objetivo.

Tercero, se garantizaría la no interferencia adversa europea, sin contar con discusiones profundas y mayorías calificadas, con las regulaciones que tienen que ver con el enorme mercado de capitales británico que es el más importante -y avanzado- de Europa, pese a que Gran Bretaña está entre los nueve miembros de la Unión Europea que no han adoptado el “euro”. Es más, con Dinamarca, su posición nacional es hoy claramente contraria a su adopción.

Cuarto, definir que cuando un número a definirse de Parlamentos nacionales (por ahora 16 de ellos, esto es el 55% del total) se oponga concretamente a la vigencia de una norma de origen europeo por entender que ella no está de acuerdo con el “principio de subsidiariedad”, ésta será bloqueada para dar lugar a una discusión más profunda de su contenido.

Para David Cameron, si todas esas propuestas se aprueban, su decisión sería la de defender la continuidad en la relación de su país con la Unión Europea. Pero lo cierto es que, además del referendo que defina la posición británica, los 28 Estados Miembros de la Unión Europea deberán aprobar específicamente lo que finalmente se convenga con Gran Bretaña, necesidad que conforma una tarea de alta complejidad política.

Para el futuro político de Cameron, el momento es también decisivo. Aún tiene por delante cuatro años más de mandato. Si la renegociación con la Unión Europea termina bien, deberá reorganizar sus fuerzas y concentrarse en gobernar, de modo de aspirar a perdurar. Si en cambio ella fracasa, para Cameron serán eventualmente cuatro años de tensas negociaciones de salida de la Unión Europea, siempre y cuando la dimensión de su derrota no lo fuerce a tener que alejarse del gobierno de inmediato, lo que no puede descartarse.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Vencer al terrorismo.

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 27/7/14 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2014/07/vencer-al-terrorismo.html

 

Durante un reciente encuentro, en Cartagena, que se llamó “La Tercera Vía: El camino a la prosperidad económica y social”, los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; Ricardo Lagos, de Chile; Felipe González, de España; Bill Clinton, de Estados Unidos, y el ex primer ministro británico Tony Blair firmaron una declaración de apoyo al proceso de paz entre el Gobierno colombiano y los guerrilleros de las FARC. Pero durante la misma reunión, aclararon que el objetivo de su “Tercera Vía” es “tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”. Hay algo de incoherencia en esto.

No es casual que en Medio Oriente y Latinoamérica, entre los pobres, el terrorismo tenga más auge. Recibí uno de esos correos electrónicos en cadena: “analicemos las siguientes reglas: prohibido tomar bebidas alcohólicas y los bares, prohibida la televisión e Internet, prohibidos los deportes, estadios, fiestas, prohibido tocar bocina, prohibido comer carne de cerdo, prohibida la música y la radio. Comer solamente con la mano derecha”. Y como si esto fuera poco “arena por todos lados, harapos en vez de ropa, gritos de agonía de un enfermo que no tiene un médico, no te puedes afeitar, ni duchar, las mujeres tienen que usar vestidos que parecen bolsas y velos todo el tiempo y a tu esposa te la elige otro”.

De pronto, te dicen que cuando mueres vas al paraíso y tienes todo lo que soñaste. ¿No te suicidarías? Si no te suicidas puedes emigrar… Aunque, la Unión Europa y EEUU te pillarán y te repatriarán y a cambio, darán a los gobiernos que te oprimen ayudas “para que tengas mejores condiciones de vida” pero que, en realidad, financiarán a los que te seguirán oprimiendo. Si Occidente no puede recibir inmigrantes, es porque su propia falta de libertad –leyes laborales y seguridad social, etc.– provoca desocupación y marginalidad.

Lo cierto es que la persona, usando su natural libertad, al realizar su vocación promoverá la vida. Pero si coactivamente –violentamente– lo oprimen, le imponen “tanto Estado como sea necesario”, es decir, leyes laborales como el salario mínimo que de hecho deja desocupados a los que ganarían menos, o cobran impuestos que terminan empobreciendo a los pobres ya que los empresarios, para pagarlos, bajan salarios o suben precios, entonces por aquello de que toda acción produce una reacción es probable que reaccionen violentamente. De modo que, mientras persistan estas opresiones que producen marginación e inducen la reacción violenta, será difícil erradicar el terrorismo.

Lo que ocurre en Medio Oriente, donde se matan entre todos y los aliados de hoy financian a los terroristas y son los enemigos de mañana, demuestra que las guerras son una farsa, donde mueren “los tontos”, y son los políticos y los traficantes de armas los que ganan. Es notable como personas que saben, por caso, que la inflación no se cura reprimiendo precios, creen que el terrorismo puede solucionarse reprimiendo guerrilleros, cuando el principio ontológico es el mismo. Al terrorismo solo se lo vence con libertad y paz, cualquier otra cosa lo potenciará, sobre todo las armas que son siempre opresoras y liberticidas. Por tanto, es una exigencia humana el terminar con todas las guerras incluida la guerra “contra el terrorismo” e incluida también otra muy atroz, que solo en México lleva más muertos que la de Vietnam y que financia a los terroristas, la guerra “contra las drogas”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.