Cuando gobierna la incoherencia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 7/10/15 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/cuando-gobierna-la-incoherencia/16397572

 

La prohibición de armas ultilizando más armas no es la solución a las matanzas. Deberíamos empezar por cambiar lo que se enseña en la escuela.

Una encuesta liderada por Gallup sobre “estructura social” revela que el ascenso social, para el 24 % de los argentinos, se logra por fraude o corrupción; para el 21 %, por herencia familiar; a través de la educación, según el 16 %; y del esfuerzo personal, el 13 %. Tienen razón, describen la realidad. Es que cuanto más “poder” tiene el Estado para “servir a la sociedad”, más discrecionalidad asumen los burócratas que así resultan más susceptibles de ser corrompidos.

Y, en Argentina, el “poder” estatal es tan grande que el “amiguismo” con los funcionarios es el mejor método de ascensión, como muestra la vida fastuosa de los políticos. La opinión pública da lugar a estas incoherencias. Por caso, cinco de cada diez personas creen que el Estado debe cobrar impuestos “a los de mayores ingresos” para derivarlo a los pobres. El problema es que no existen los impuestos “que pagan los de mayores ingresos” porque necesariamente se derivan hacia abajo aumentando precios, bajando salarios, etc.

Pero hablando de incoherencias, lo ocurrido en Roseburg (Oregón), donde murieron diez personas en el último tiroteo masivo en EE. UU., ha vuelto a calentar la discusión sobre el control estatal de armas. A ver. Los portadores y hasta los fabricantes de armas merecen una condena moral, porque solo sirven para destruir. Pero que el gobierno las “controle” implica más poder discrecional a los burócratas que usarán a la policía, o sea, ¡más armas para controlar armas!

Desde el 2000 en EE. UU. ocurrieron 15 sucesos violentos en centros educativos. Un promedio de uno por año, con unas 14 lamentables muertes. Pero 385 personas murieron este 2015 en manos de la policía, según ‘The Washington Post’ con datos conservadores del FBI, ya que muchos tiroteos no se informan. Con esta tendencia, unas 1.000 personas habrán muerto por las balas policiales en todo el año, ¡no 14, sino 1.000! Y hay que sumar los que murieron durante las torturas o golpizas. Entre otros motivos, porque “el gobierno otorga a la policía armas muy avanzadas”.
No sé cuál es la solución para las matanzas, pero la prohibición de armas utilizando más armas es incoherente. Deberíamos empezar por cambiar lo que se enseña en la escuela: que no existen la violencia justa ni sus héroes. No existen los “padres de la patria”, cuando países como Canadá consiguieron la independencia sin matanzas. Ni existió guerra que –coherentemente como es la realidad– no haya empeorado las cosas: la Segunda Guerra Mundial, por caso, mató a 60 millones, destruyó muchísimo, aumentó impuestos, cercenó libertades personales y fortaleció una tiranía peor, la estalinista.

Ni qué hablar de las guerras recientes como la invasión a Irak, que hoy se paga con la existencia del ISIS. No existe la “violencia justa” y “errores” como el bombardeo a un hospital de Médicos sin Fronteras, en Kunduz, Afganistán, en el que murieron 22 inocentes, responde solo a una moral maquiavélica, porque la muerte de un solo inocente es moralmente inadmisible, es homicidio simple.

Los asesinos estudiantiles se suicidaron, evidenciando que tenían problemas psiquiátricos y de adaptación en una sociedad cuyo desarrollo natural y armónico está demasiado interferido por leyes coactivas estatales, como el salario mínimo que impide que se ocupen los que ganarían menos y, en el ámbito de la salud, que complican el acceso natural y rápido de los enfermos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Phil Collins y el ébola.

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 19/9/14 en: http://opinion.infobae.com/alejandro-tagliavini/2014/09/19/phil-collins-y-el-ebola/

 

Generalmente frente a las crisis los burócratas y políticos suelen proponer mayor intervención del Estado -que ellos manejan y usufructúan- como si no estuviera claro que el Gobierno -cuando es coactivo en base al monopolio de la violencia- sólo destruye, como toda violencia. En cuanto al ébola, por caso, las restricciones a la libertad de movimientos -cuarentena- en algunas poblaciones han causado estragos. Según el coordinador del centro de alertas del ministerio de Sanidad español, el contagio se puede evitar con cierta facilidad, porque solo pueden contagiar los pacientes con síntomas ya desarrollados y, por tanto, predecibles.

Pero, algunos gobiernos, en lugar de aislar a los enfermos para evitar la propagación, han impuesto cuarentenas que “han resultado devastadoras… la gente no podía sacar a sus familiares enfermos y eso provocó que mucha más gente se contagiara”, según Médicos Sin Fronteras y, precisamente por esconderse de las regulaciones estatales, creen que los muertos reales superan en mucho las cifras oficiales. Por otro lado, los pobres son los más afectados por motivos como comer animales infectados, incapacidad de aislar adecuadamente a los enfermos e ignorancia en el cuidado.

Pero la propuesta de los políticos y burócratas consiste en aumentar el gasto estatal, al punto que la ONU pide US$ 1000 millones y países como EEUU contribuirán a este dispendio incluso con tropas militares. Ahora, el gasto estatal es, precisamente, un creador de pobreza ya que es solventado, en el mejor de los casos, por vía impositiva que recae con mucha más fuerza sobre los más humildes dado que los ricos tienen recursos para derivarlos hacia abajo como subir los precios de sus ventas o bajar salarios.

Para remate, la subdirectora de Sistemas de Salud e Innovación de la OMS dijo que es culpa del mercado el que no exista una cura para el ébola, cuando es exactamente al revés. Si los medicamentos, y la medicina en general, no están más avanzadas se debe a las regulaciones estatales que deciden qué medicamentos y qué escuelas medicinales son “legales”, generalmente digitadas por fuertes lobistas. Por caso, por sida murieron unas 36 millones de personas desde 1981 hasta que los pacientes de VIH enfrentaron el exceso de regulación impuesta por los Estados forzando a los gobiernos a dar vía libre a la investigación y ensayos clínicos.

El mercado natural no es un ámbito de materialismo egocéntrico, sino las personas trabajando y cooperando voluntariamente y en paz para el mejoramiento personal y, por ende, social, en contraposición con el Estado que es una imposición coactiva, violenta. Al mercado natural -con ausencia de coacción estatal- lo representan Augusto y Michaela, los padres de Lorenzo Odone, un niño afectado con adrenoleucodistrofia, que descubrieron un remedio para la enfermedad “incurable” de su hijo aun contra la “opinión” de los médicos “legalmente” matriculados. El padre de Lorenzo, quien finalmente murió a los 30 años, había asegurado en una ocasión: “Mi implicación en la enfermedad no viene del amor a la ciencia sino a mi hijo… Debía haber muerto a los 13 años, y hoy tiene 24”.

En 1992 esta historia fue popularizada por la película “Lorenzo’s Oil” (Un aceite para Lorenzo) y Phil Collins compuso una canción, “Lorenzo”, con un poema que Michaela le escribió a su hijo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.