LA ESCUELA AUSTRÍACA: ¿SIEMPRE EN DEBATE?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 5/8/18 en:  http://gzanotti.blogspot.com/2018/08/la-escuela-austriaca-siempre-en-debate.html

 

Para el  VII  Congreso Internacional “La Escuela Austríaca en el s. XXI”.

Agosto de 2018.

  1. La Escuela Austríaca fue concebida en debate.

La famosa historia del debate entre Menger (1985) y Schmoller (ver Caldwell, 2004) no es sólo un debate aislado sobre si hay una ciencia económica universal o si sólo es posible un análisis circunstancial de lugar y tiempo. Tiene que ver con el origen de la Escuela Austríaca.

Menger no sólo quiso hacer su propio aporte en los clásicos temas de la teoría del valor, precios, costos, etc. Quiso incorporar la noción de ciencia social universal en un ambiente germano-parlante donde el paradigma dominante eran las ciencias naturales, por un lado, y la Historia, por el otro. Pero no quiso ir “contra” esta última. Su intención fue que los profesores alemanes pudieran incorporar “algo de” el modo de hacer economía que tenía la Escuela Clásica (anglosajona y francesa) al ya valioso análisis histórico. Por eso su gran desilusión cuando Schmoller no pudo valorar su esfuerzo. Menger trataba de incorporar una teoría del valor universal a la sensibilidad alemana por la Historia, sin caer por ello en ningún tipo de filosofía positivista. Tenía la ilusión de que ello iba a ser apreciado justamente por eso. Pero no fue así. Todos conocemos la historia. Historia de la cual debemos destacar que de allí nace el nombre de “los austríacos”: así comenzaron a llamar los solmenes profesores alemanes a esos niños rebeldes “de allá abajo” que tenían la pretensión de diluir la gran riqueza humanística alemana en el positivismo amenazante de algunos anglosajones. Como pregunta desafiante, me pregunto si no tuvieron algo de razón, no sólo teniendo en cuenta el empirismo dominante en otras escuelas económicas, sino la resistencia de los posteriores austríacos en seguir la tradición hermenéutica de Gadamer que trató de seguir Don Laovie (Lavoie, 1991 ); Boettke (2010).

El asunto es que la Escuela Austríaca debe su nombre al debate con los historicistas. Pero no fue, por supuesto, el único debate.

  1. Contra Marx.

El siguiente llanero solitario fue, como todos sabemos, Euguen Bohm von Bawerk. Su clásico libro Capital e Interés (1950) no sólo fue seguir lo que ya había adelantado Menger sobre la subjetividad del valor y la consiguiente relación entre bienes de consumo y factores de producción, sino que fue el enfrentamiento con Marx. La Escuela Austríaca queda de vuelta caracterizada por otro debate. Era Bohm Bawerk o Marx. Y lo sigue siendo. No sólo los marxistas de todo el mundo siguen adheridos a la teoría de la plus valía originaria, sino que esta ha mutado, con renovadas hipótesis ad hoc, a nuevos entes colectivos explotados, como la mujer, los indígenas, los no-heretosexuales, etc. O sea que el debate entre el individualismo metodológico, iniciado por Menger, sigue hasta hoy. No en vano algunos pensadores austríacos han encontrado sus fuentes filosóficas en pensadores aliados al individualismo metodológico (Aristóteles, Santo Tomás, Kant, Weber, Husserl) donde se critica al colectivismo ontológico que proviene de Hegel. Esto estuvo siempre en la base de la Escuela Austríaca y sigue siendo más vigente que nunca, con el renacimiento de los nuevos “colectivos” explotados.

  1. Contra el Socialismo.

Pero, por supuesto, el marxismo no era la única forma de socialismo. La pregunta hipotética sobre si era posible como sistema económico, más allá de sus problemas éticos, políticos o la teoría del valor de Marx, subsistía. Y como todos sabemos, Mises la contesta en 1922 (Mises, 1968 ), aunque dirigida fundamentalmente a la experiencia soviética. Luego tiene que referirse a los nuevos intentos de justificar al socialismo más allá del soviético (Mises,1968, Kirzner, 1992). Como todos sabemos, Hayek también interviene en la cuestión (Hayek, 1980).

Este debate tiene una importancia clave en la conformación de la Escuela Austríaca. Hasta el final de su período en Ginebra (Hulsmann, 2007) Mises siempre hablaba de “los economistas” versus “los marxistas”. Para Mises no había gran diferencia entre él, Bohm Bawerk, Menger y el resto de los neoclásicos. Todos entendían la utilidad marginal, el sistema de precios, la necesidad del mercado. Recién en 1949, con el cap. XV y XVI de La Acción Humana, Mises (citándolo a Hayek) comienza a distinguir entre el mercado como proceso y los otros planteos neoclásicos, al advertir que estos últimos (como por ejemplo Schumpeter) empleaban el modelo de competencia perfecta para justificar al socialismo.

Algunos han dicho que Hayek también, y que por eso, a diferencia de Mises, dice que el socialismo es posible en teoría pero no en la práctica. No es así, lo que ocurre es que para Hayek, hasta 1931 (Hayek, 1996) “teoría” era sólo la teoría pura de la acción (un intermedio entre la micro neoclásica y la praxeología de Mises), a la cual había que agregar el tema “empírico” del conocimiento para ir hacia “el verdadero” problema económico. Es después del Austral Revival (Dolan, 1976) que se comienza a hablar de “teoría del proceso de mercado” versus la “teoría neoclásica”. O sea que Hayek estaba pensando que el socialismo era imposible en lo que luego se llamará teoría del proceso de mercado (Kirzner, 1992) y que en su momento carecía de terminología.

  1. Contra Keynes.

Paralelamente a los socialistas de cátedra, el 30 los austríacos también comienzan a ser identificados por otro debate. Mises (1991) y Hayek (1980) ya habían comenzado a elaborar una teoría del ciclo que implicaba un freno teórico a la práctica de los políticos de emitir moneda y aumentar el gasto público. Hasta entonces Mises también pensaba en términos de “los economistas” versus “los políticos”. Interesante es también que cuando Hayek comienza a desarrollar su teoría del ciclo, lo hace presuponiendo la teoría del equilibrio general (Caldwell, 2004) en la cual ve una excepción importante en el des-equilibrio en el mercado de capitales, des-equilibrio que luego generalizará como la naturaleza misma del problema económico (Hayek, 1980) que terminará luego en su rechazo sistemático, por primera vez, en 1946, a los modelos de competencia perfecta (Hayek ,1980). Modelos que, no hay que olvidar, también había defendido Menger (2006) en su desesperada lucha contra Schmoller.

Prácticamente, después de 1936, casi desaparece la Escuela Austríaca. Los austríacos conocidos que quedaron, Mises y Hayek, eran conocidos justamente como los que habían perdido el debate con Keynes, y los menos conocidos eran muy pocos (Lachmann, y en cierta medida Ropke y Euken, ver al respecto, respetivamente,  Rothbard, 1974, y Hayek, 1992). La Escuela Austríaca no sólo queda como de vuelta concebida en debate, sino en debate perdido. Habría que ver qué hubiera pasado si Mises no hubiera escrito La Acción Humana, totalmente solo y olvidado en EEUU luego del 40, y su Hayek no hubiera perseverado escribiendo sus artículos sobre el conocimiento, el aprendizaje y los precios (Hayek, 1980). Esa perseverancia (buen ejemplo de programa de investigación adherido en regresión empírica) fue condición necesaria, aunque no suficiente, para la supervivencia de la EA como escuela de pensamiento.

  1. Contra los neo-clásicos.

Desde el Austral Revival en el 74 (Dolan, E., 1974),  la obra seminal de Kirzner (1979, 1982, 1992) en la EA se hizo sentir. Desde él en adelante casi todos tuvimos conciencia de que es el problema del aprendizaje y del conocimiento el que caracteriza a la EA, y que el modo de explicar el proceso de mercado, a partir del conocimiento disperso y la alerteness empresarial, es la teoría del proceso de mercado versus los modelos neoclásicos de equilibro. Otro gran autor que influye en esto es Don Lavoie (a quien Kirzner no acompañó en sus salidas nocturnas con la hermenéutica alemana,)  quien fue el mentor de Peter Boettke.

Este tema es fundamental por dos cuestiones.

  1. a)Explica el error que los intervencionistas hacen al partir del modelo de competencia perfecta. Saben que el mundo real no es perfecto pero creen que la diferencia entre la realidad y el modelo la va a cubrir el estado y sus políticas económicas, como la exterior, monetaria, fiscal, impositiva, etc. Ignoran que al intervenir el estado con esas políticas, alteran el sistema de precios y por ende el mercado como proceso queda más des-coordinado que antes. O sea, el dilema no es mundo real contra competencia perfecta, sino mayor coordinación versus menor coordinación, siempre en un proceso descoordinado, imperfecto, disperso, falible. etc. El mercado como proceso, imperfecto, implica una mayor coordinación entre oferta y demanda; el mercado intervenido es más imperfecto e implica una menor coordinación entre oferta y demanda.
  2. b)Aclara la función empresarial, como coordinante, y no como creación disruptiva, como en Schumpeter.
  3. c)Aclara que el eje central del problema económico es el conocimiento disperso, y que el mercado como proceso es el único modo de mejorar esa dispersión que siempre va a estar. O sea que Hayek, cuando aclara que el punto de partida de la economía es el conocimiento disperso y no el conocimiento perfecto, hace un cambio similar al de Copérnico cuando coloca al sol en el lugar de La Tierra.
  4. d)Por ende, y de modo necesario, toda intervención del estado es des-coordinante. Se puede llegar a justificar, sí, pero políticamente, nunca económicamente.

Pero en este caso también los austríacos quedan como los que están en contra de los neoclásicos (ver al respecto el clásico artículo de Sarjanovic, 1984). Y está bien: el conocimiento perfecto NO es el punto de partida de la economía como ciencia. Esta objeción es muy difícil de refutar. La cuestión noes reconocer que el modelo de competencia perfecta, como todo modelo, es subrogado, idealizado en el sentido de Maki (Borella y Zanotti, 2015) y que por ende se le pueden agregar obvias hipótesis ad hoc (como los modelos de competencia imperfecta, toda la economía de le información, las expectativas racionales, etc) sino que la cuestión es que NO es el punto de partida y por ende, por más hipótesis ad hoc que se le agreguen, el modelo está mal planteado. Sencillamente hay que cambiar el núcleo central.

A pesar de esto, actualmente se da una situación muy parecida a la de fines del s. XIX y principios del XX, cuando la cuestión era “los economistas” (neoclásicos) versus los marxistas, los socialistas y los políticos irresponsables. Actualmente hay importantísimas escuelas y autores no austríacos (Public ChoiceLaw and Economics, Chicagenses en general, neoinstitucionalistas, etc) que también están unidos a los austríacos en su defensa del libre mercado contra los intervencionismos y los populismos en todas sus formas.

¿Entonces? ¿Cómo se identifica la EA a sí misma?

¿Va a estar “contra” esas escuelas de pensamiento también?

  1. Nueva etapa. Good economics versus bad economics.

En ese sentido, la aparición del libro de P. Boettke, Living Economics (2010) marca, creo, un antes y un después.

La EA tiene todo el derecho, por la razón vista anteriormente, de seguir insistiendo en la superioridad epistemológica de su modelo de conocimiento disperso. Sin embargo no por ello tiene que estar (con todas sus divisiones internas, además) contra todo el mundo. Boettke re-interpreta la famosa distinción de Friedman entre bad economics and good economics.

Primero veamos cómo define las “bad”: “…these theories implicitly asume away scarcity and believe that fundamental problem of modern society is poverty amidst plenty; they explicity deny both actor rationality and the coodinating rol of prices, as well as the function prices serve in guiding desision and the feedback and discpline provided by profit and loss” (Boettke, 2010, p. 20).

Pero no da una definición in abstracto de good economics, sino que en sus caps. 1 y 2 explica un modo de enseñar economía y una serie de autores que coinciden en principios básicos. Esos principios y enseñanzas se fundamentan en “…the economic way of thinking begins with understanding that human choice in all walks of life is always exercised againt a background of constraints. The fundamental contranist is the fact of scarcity -not material or merely finantial scarcity, but the logical fact of scarcity” (p. 22) De esa acción humana ejercida en un contexto de escasez surge el papel coordinador de los precios, la propiedad privada en los mercados, los incentivos de pérdidas y ganancias, el market failure como la excepción y no como la regla; el gobierno como una mala solución a la excepción, la importancia de los mercados abiertos y libres, un contexto institucional adecuado para el mercado, la relación entre propiedad y escasez, las fallas de la gestión del gobierno como regla, etc.

¿Y quiénes son los autores clave de la good economics? Pues nada más ni nada menos que (a parte de austríacos que reseña Boettke, como Sennholz, Rothbard, Lavoie, Mises, Kirzner y Hayek) autores como Boulding, Samuels, Tullok, Ostrom (V. and E.), y Buchanan. Por nuestro lado, agreguemos a Arrow, Becker, Coase, Demsetz, Friedman, Grice-Hutachison, Hutt, Knight, Lucas, McCloskey, North, Simons, Smith (V.), Solow, Vanberg (no estoy nombrando a los clásicos de principios del s. XX, y pido perdón de antemano por las injusticias que se cometen en estas listas).

Evidentemente no son economistas “austríacos”. Son nada más ni nada menos que las fuentes y discípulos del Public Choice, de Law and Economics, del Institucionalismo pro-libre mercado, etc. Todos ellos son “good economics”. Todos ellos son fuente de lecturas y hasta los hemos visto, algunos de nosotros a algunos de ellos, en Liberty Funds, en la Mont Pelerin, etc.

Ante ellos, la EA no está “frente a otros” sino en buena compañía. Todos ellos han hecho importantísimas contribuciones a la economía y a la crítica de los estados omnipresentes. Todos ellos admiran y citan a Hayek y a Mises aunque obviamente no sean sus cadenas repetidoras[1]. Muchos de ellos manejan los modelos neoclásicos habituales y no tienen en su mesa de luz a Economics and Knowledge de Hayek, pero saben perfectamente que los gobiernos no son la solución para los desequilibrios del mercado, sino su peor ayuda.

Ante ellos, los austríacos actuales están ante el desafío de mostrarles su mejor epistemología, tanto en filosofía de la ciencia como en el manejo del tema del conocimiento. La Escuela Austríaca tiene ese punto esencial a su favor. Desde allí puede haber una explicación, como proceso de descubrimiento, de lo que otras escuelas han aportado sobre derecho, economía y decisión pública. Ello implica una progresiva unificación del programa de investigación que hemos denominado good economics. Ante ella, la EA no está en debate: es nada más ni nada menos que la que aporta el giro copernicano, del conocimiento perfecto al conocimiento disperso, a todas las escuelas que de algún modo u otro entienden lo que significa el libre mercado. Libre mercado, esto es, mercado. Mercado, esto es, economía.

BIBLIOGRAFÍA (por orden de aparición en la conferencia):

Menger, C., (1983): Principlos de economía política. Madrid: Unión Editorial.

Menger, C., (1985): Investigations into the Method of the Social Sciences.  New York: New York University.

Caldwell, B. (2004): Hayek´s Challenge. Chicago and London: Chicago University Press.

Lavoie, D.: (ed),1991: Economics and Hermeneutics. London and New York: Routledge.

Lavoie, D., (1987) “Crítica a la interpretación corriente del debate sobre el cálculo económico socialista”,  Libertas 6.

Boetkke, P., 2010: Living Economics. Oacland, California: The Independent Institute.

Boettke, P. (Ed), 1994: The Elgar Companion to Austrian Economics. Elgar.

Bohm von Bawerk, E., 1950: Capital and Interest. Illinois: Libertarian Press.

Mises, L. von, 1968: Socialismo. Instituto de Publicaciones Navales: Buenos Aires.

Mises, L. von: Mises, L. von, (1968): La acción humana. Madrid:  Sopec.

Kirzner, I., (Ed), 1986: Essays in Honor of Ludwig Lachmann, New York: New York University Press.

Kirzner; I. (Ed, 1982), Method, Process, and Austrian Economics.Essays in Honor of Ludwig von Mises, Lexington Books.

Kirzner, I., (Ed), 1986: Essays in Honor of Ludwig Lachmann, New York: New York University Press.

Kirzner, I.: (1992): The Meaning of Market Process. London and New York: Routledge.

Kirzner, I.: (2000): The Driving Force of The Market. London and New York: Routledge.

Hayek, F. A. von, (1980): Individualism and Economic Order. Chicago: University of Chicago Press.

Hulsmann, G., (2007): Mises, The Last Night of Liberalism. Mises Institute.

Hayek, F. A. von: (1996):  Precios y producción. Madrid: Unión Editorial

Dolan, E.: (1976) The Foundations of Moidern Austrian Economics. Kansas City: Sheed & Wards.

Mises, L. von, (1981): The Theory of Money and Credit. Indianapolis: Liberty Fund.

Rothbard, M.N.: (1974):  Lo esencial de Mises. Madrid: Unión Editorial

Hayek, F. A. von: (1992), Vicisitudes del Liberalismo. Madrid: Unión Editorial.

Sarjanovic, Ivo, (1989): “El mercado como proceso: dos visiones alternativas”, en Libertas 11.

Zanotti, G., y Borella, A., (2015):  “Modelos y Escuela Austríaca: una fusión entre Friedman y la Escuela Austríaca pasando por Maki”, en Filosofía de la Economía, vol. 4, pp. 69-85.

 

[1] Me pregunto: ¿no es ese el mejor legado de un autor?

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Ideología económica: una comparación entre naciones hispánicas y anglosajonas.

Por Carlos Newland:

 

La correspondencia entre el paradigma que una sociedad tiene sobre el funcionamiento de la economía en relación a su prosperidad ha generado atención en las últimas décadas. Michael Porter ha sido quizás quien más categóricamente ha formulado la cuestión. Para lograr un crecimiento sostenido señala la necesidad de que exista en la población un arquetipo de productividad que incluya una comprensión de los factores que afectan el desempeño eficiente de la economía: entre ellos el marco competitivo, la apertura a la globalización y el comercio internacional, el impacto favorable del mercado sobre la mayor parte de la sociedad (no suma cero) y lo pernicioso del favoritismo gubernamental. Porter opina que sin este paradigma es posible que se difunda una visión explicativa de la prosperidad que termine siendo favorable a la existencia de beneficios no competitivos, como aquellos generados por las políticas proteccionistas de sustitución de importaciones. El paradigma óptimo no debe estar presente únicamente en las clases dirigentes, sino también en toda la sociedad, incluyendo la clase obrera. Caso contrario ciertas reformas que alienten la productividad serán resistidas o eventualmente anuladas por los representantes políticos (Porter 2000). Phelps (2006) entiende que las instituciones existentes en un país determinado son “proxies” de la cultura prevalente, y por ende un cambio en las instituciones será frágil si las creencias sociales y económicas se mantienen inalteradas. Por supuesto, las instituciones son resultado no sólo de ideología, sino también de grupos de presión que logran su creación o modificación. Sin embargo parece difícil que instituciones que no reflejan la mentalidad de una parte significativa de la población puedan mantenerse en el largo plazo.

Desde una perspectiva histórica McCloskey (2011) también otorga gran relevancia al impacto de la ideología popular sobre la economía. Un cambio en la “retórica” se habría producido en Holanda e Inglaterra en los siglos XVII y XVIII respectivamente, a favor de la burguesía y lo que representaba: la iniciativa empresarial, el bienestar económico y el comercio. Los nuevos valores aceptados por estas sociedades tuvieron una fuerte consecuencia sobre el crecimiento al encauzar y canalizar energía e ingenio humano hacia la producción, al tiempo que se generaba un marco institucional apropiado al uso eficiente de los recursos. El pensador argentino del siglo XIX Juan Bautista Alberdi, una de las mayores figuras intelectuales hispanoamericanas de su época, indicaba que una de las mayores deficiencias presentes en la cultura local era la falta de comprensión de que la prosperidad era causada por el despliegue de la sociedad civil, cuyo actor económico más importante era el empresario. Pero en la región los hombres de negocios no eran modelos ponderados en monumentos, obras históricas u odas poéticas, cuyos destinatarios eran más bien los políticos y militares, a quienes consideraba posibles destructores de riqueza[1]. Una visión compatible con la del argentino ha sido planteada por el chileno Claudio Veliz en La tradición centralista de América Latina (1984), donde contrapone las prácticas e  instituciones de los países noroccidentales (anglosajones) con aquellos existentes en las naciones iberoamericanas. En estas últimas persistiría una tradición centralista, estatista y burocratizante originada y transferida  por España a sus colonias.  En cambio, en los países anglosajones como Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia se afincaría una realidad más proclive al desarrollo individual, al cambio y la toma de riesgo. Veliz marca que luego de la independencia existió en América Latina un momento más liberal, en un siglo en que se rechazó la herencia colonial hispánica. Sin embargo persistiría un centralismo y dirigismo latente que haría irrupción después de 1929 encarnado en gobiernos militares o populistas, que en lo económico implicaban una presencia más activa del Estado y un elevado proteccionismo. Veliz termina argumentando que la tradición centralista persiste en la región y que las apariciones de gobiernos más liberales tienden a ser transitorias; con el tiempo produciéndose un retorno a políticas más intervencionistas[2]. Similar esquema ha sido presentado por Wiarda (1978) para quien la España imperial se caracterizaba por contener en lo político una estructura jerárquica, autoritaria y corporativista y en lo económico una concepción mercantilista, patrimonialista y estatista. Estos elementos serían trasmitidos, asimilados y adoptados por sus colonias americanas, persistiendo en su cultura luego de la independencia. Wiarda encuentra que la ideología corporativista continua fuertemente arraigada en la región, donde se constituye como la mentalidad dominante, contagiando a gobernantes y políticas públicas. Mientras que el liberalismo individualista es repudiado, el Estado crece en su tamaño tomando un rol autoritario e integral, a la vez que intenta regular la interacción entre  las diversas corporaciones, como los sindicatos, la iglesia, los militares o las asociaciones patronales[3].

Aquí se propone contrastar la ideología económica de algunos países de origen colonial británico respecto a otros hispanoamericanos, específicamente en cuanto a su visión ante el paradigma económico.  Para representar a Hispanoamérica se ha seleccionado a Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay. Los valores obtenidos para la región se contrastan con los de Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia[4]. Finalmente se extiende el análisis, con datos más limitados, a los países que fueron las metrópolis imperiales, España y Gran Bretaña, de modo de observar si allí se encuentran similitudes o diferencias con la mentalidad de los integrantes de sus antiguas colonias. La información que nutre la investigación se ha tomado del World Values Survey, una encuesta  internacional que permite  un acercamiento al conocimiento de la ideología económica existente en numerosos países. La encuesta recoge en su cuestionario múltiples cuestiones pertinentes, incluyendo preguntas que reflejan la existencia o no de una mentalidad pro capitalista, la que puede definirse como una actitud favorable a la libertad económica, a la competencia, a la iniciativa y gestión empresarial privada y al mercado como generador de riqueza (Czegledi, 2014). Al concentrarse en la ideología económica este trabajo se diferencia de muchos otros que, a la manera de Max Weber,  utilizan la misma base de datos con el objetivo  intentar evaluar el impacto de actitudes y hábitos culturales sobre el desempeño económico[5].

Aunque no es el objeto de este artículo medir el efecto que puede esperarse tenga una cierta ideología sobre el desempeño material de un país, puede sugerirse que una mentalidad más liberal, pro mercado o pro capitalista generará algunas de las condiciones apropiadas para el crecimiento económico, como una legislación laboral o industrial que promueva la productividad, una menor cantidad de subsidios y distorsiones de precios que afecten la eficiencia, una mayor integración comercial internacional que promueva la competitividad interna y una menor intervención ineficaz de los gobiernos como productores de bienes y servicios. Por supuesto, establecer una causalidad es sumamente complejo por la cantidad de otras variables que están en juego. Por ello sólo se pueden destacar ciertas correlaciones que parecerían confirmar una correspondencia positiva entre una mentalidad más “capitalista” -que parece caracterizar a los países anglosajones- y su éxito económico[6]. Una comparación del ingreso per cápita muestra que las naciones anglosajonas presentan claramente niveles más elevados. En promedio y para el lapso 2011-2015 el PBI por habitante fue 340% superior al promedio encontrado para los países hispanoamericanos incluidos en este trabajo[7]. Si en lugar del ingreso se consideran los diversos factores que afectan la prosperidad puede consultarse el Ranking de Competitividad Global del World Economic Forum y en especial el rubro “eficiencia de mercado en la producción de bienes”, que incorpora variables que hacen a la facilidad de abrir un negocio, la apertura al comercio internacional  y el marco institucional favorable a la competencia. Otra vez los países anglosajones aparecen en puestos elevados en el ranking (Nueva Zelanda Nº 8., EEUU Nº 16, Australia Nº 27, para  2015-16), mientras que los países latinoamericanos se encuentran en puestos más alejados (Chile Nº 40, Uruguay Nº 59, Perú Nº 60, México Nº  82 y Argentina Nº 138)[8]. Finalmente puede incorporarse al análisis el “Ease of Doing Business Index” preparado por el Banco Mundial que expresa cuan amigable es un país en sus regulaciones relacionadas al desarrollo de los negocios. Otra vez no es sorprendente que los mejores valores (para el periodo 2011-2015) corresponden a los países anglosajones, mientras que para Hispanoamérica las magnitudes son sensiblemente mayores[9].

 

La Muestra

 

El World Values Survey es una encuesta que se realiza periódicamente para un conjunto grande de países del mundo. Su cuestionario abarca un abanico amplio de preguntas sobre una multiplicidad de temas. El año de realización, las preguntas formuladas y la cantidad de encuestados varía en cada país. En el cuadro A se brinda información sobre los sondeos nacionales aquí utilizados, que se han seleccionado luego de descartar los casos en que no se podía desagregar adecuadamente la información o cuando la información era escasa para alguna de las categorías.

 

Cuadro A:  World Values Survey: las encuestas utilizadas y cantidad de entrevistados
           
País Año encuesta Total Empresarios Profesionales Obreros
  Ronda 1995-1998        
Argentina 1995 1079 123 97 206
Chile 1996 1000 74 76 377
México 1996 1510 98 158 436
Perú 1996 1211 34 184 438
Uruguay 1996 1000 68 87 516
Australia 1995 2048 260 392 649
Nueva Zelanda 1998 1201 182 243 271
Estados Unidos 1995 1542 155 311 526
España 1995 1088      
Gran Bretaña 1998 1040      
           
  Ronda 2005-2009        
Argentina 2006 1002 35 58 464
Chile 2006 1000 15 77 606
México 2005 1560 113 145 335
Perú 2006 1073      
Uruguay 2006 1000 35 43 217
Australia 2005 1421 234 254 376
Nueva Zelanda 2004 954 186 213 203
Estados Unidos 2006 1249 111 150 147
España 2007 1200      
Gran Bretaña 2005 1156      

 

 

En este trabajo se utilizan los datos generados por dos Rondas/Encuestas (1995-1998 y 2004-2009) por presentar información relativamente completa en relación con el objetivo propuesto. Dentro de las categorías ocupacionales en que se pueden desagregar los resultados, se han seleccionado a los empresarios[10], los profesionales universitarios y los obreros manuales[11]. Ello permite conocer mejor y contrastar las diferencias de opinión entre estratos laborales. Los porcentajes reportados incluyen únicamente a aquellos que respondieron positivamente (es decir se eliminaron las no respuestas o aquellas que expresaban ignorancia sobre la cuestión). En el caso en que se dieron opciones de intensidad a los entrevistados (normalmente diez grados o niveles), se ha contrastado aquellos que optaron por las cinco categorías superiores, respecto a aquellos que seleccionaron las cinco inferiores. En los reportes presentados en este trabajo, las temáticas se han estilizado y presentado como categorías positivas, de modo de hacer más comparables los resultados. Las preguntas en su formato original se incluyen en el apéndice. Finalmente debe advertirse que los resultados presentados de manera segmentada  deben ser analizados en su coherencia conjunta y sin un énfasis demasiado grande en su segmentación, dada la escasez de respuestas correspondientes a algunas de las categorías presentadas.

 

La mentalidad pro-mercado

 

La ideología económica se ha dividido en tres componentes, resultantes de un ordenamiento de las preguntas realizadas. La primer categoría incluye cuestiones relacionadas al tipo e intensidad de la iniciativa empresarial privada deseada, en contraste a una gestión empresarial gubernamental. La segunda trata sobre las virtudes de la economía de mercado, en particular el efecto positivo de la competencia, que la retribución se relacione con la productividad, y de que los beneficios generados por el intercambio benefician a amplios sectores sociales.  La tercera temática abarca la opinión sobre la conveniencia del comercio internacional y la igualdad de trato para los trabajadores inmigrantes. Es decir las preguntas consideradas abarcan una gama de cuestiones que, presentes en un individuo, pueden presentar a “brocha gorda” una cosmovisión favorable o desfavorable respecto del sistema capitalista.  Desde el punto de vista del autor dos temáticas fundamentales no han podido tratarse por no estar en el menú de preguntas realizadas,  la opinión sobre el sistema financiero y la valoración de la estabilidad monetaria.  A continuación se desarrollan los resultados obtenidos en cada una de estas categorías, contrastando los valores de los países de raíz hispánica respecto a los anglosajones.

 

  1. El papel de la gestión privada y el rol del gobierno

 

La primera afirmación analizada fue sobre si las empresas privadas debían ser gestionadas directamente por sus dueños (valor utilizado) o bien por el gobierno, o por (o con) los empleados. Se tomó como valor positivo a aquellos que consideraban que los propietarios eran los responsables únicos de la gestión de las empresas. En un sistema capitalista el empresario es el principal gestor de sus organizaciones, encargado de obtener los recursos necesarios para la producción y de asumir el riesgo. Un bajo valor implica que la percepción de que la responsabilidad empresarial debe ser compartida con los empleados o bien asumida por el Estado.

 

 

  Cuadro B: GESTION PROPIETARIOS (v87 95-99)  
  Las empresas deben ser administradas por sus dueños
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 31,8 35 34,5 25,9
Chile 42,3 28,5 20,4 20,4
México 43,1 57,1 45,6 34,2
Perú 31,5 45,4 37,1 29,9
Uruguay 46,8 58,0 39 46,1
Promedio Hisp 39,1 44,8 35,3 31,3
         
Australia 50,5 58,1 43 48,9
Estados Unidos 53,6 62,4 43,6 53,8
Nueva Zelanda 64,1 95,4 57,6 53,0
Promedio Anglo 56,1 71,9 48,1 51,9
         
Anglo/Hisp 1,43 1,61 1,36 1,7

 

 

Un primer paneo de los promedios obtenidos muestra que en todos los países hay una parte relevante de la población que no cree que los empresarios deben ser los principales gestores de sus firmas.  Sin embargo sobre este tema hay un fuerte contraste entre los países hispanoamericanos  respecto de los anglosajones: en todas las categorías analizadas los valores son sustancialmente más bajos para las naciones latinoamericanas.  Cuando se analiza la opinión vertida por los empresarios los resultados son llamativos: aunque siempre presentan valores mayores que el resto de la sociedad, una parte importante de los hombres de negocios sostiene que ellos mismos no deben ser los principales responsables de la gestión de sus empresas. En cuanto a países individuales Nueva Zelanda aparece atribuyendo la mayor importancia a la gestión empresarial, mientras que Perú y Argentina muestran los valores más bajos. Dentro de las categorías ocupacionales son los empresarios de Nueva Zelanda los que presentan los valores más altos, mientras que son los obreros argentinos los que más desconfían de sus empleadores.

 

La segunda afirmación analizada fue sobre si la acción privada empresaria  debía ser incrementada, respecto a un escenario en que lo que aumentara fuera la  acción gubernamental.

 

 

  Cuadro C: ACCION PRIVADA (v126 95-99 y v 117  04-09)  
  La acción empresaria privada debe ser incrementada
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 63,1 (33,6) 71,3 (45,0) 65,3 (51,4) 50,7 (30,6)
Chile 46,6 (36,0) 53,4 (41,4) 60,0 (51,7) 43,3 (32,6)
México 66,6 (48,7) 82,8 (55,1) 67,0 (54,9) 65,7 (46,0)
Perú 52,2 (49,7) 76,5 53,5 48,6
Uruguay 56,1 (58,9) 64,6 (69,6) 45,4 (64,5) 54,3 (62,2)
Promedio Hisp 56,9 (45,4) 69,7 (52,7) 59,4 (55,6) 53,5 (42,8)
         
Australia 81,8 (68,6) 85,6 (72,2) 80,4 (67,8) 80,7 (68,5)
Estados Unidos 73,3 (85,6) 91,5 (87,5) 88,9 (92,0) 70,1 (84,2)
Nueva Zelanda 87,3 (77,3) 76,7 (85,3) 73,0 (78,7) 85,9 (71,0)
Promedio Anglo 80,8 (77,1) 84,6 (81,6) 80,7 (79,5) 78,9 (74,6)
         
Anglo/Hisp 1,41 (1,69) 1,21 (1,54) 1,35 (1,42) 1,47 (1,74)
         
España 56,6      
Gran Bretaña 68,1      
         
GB/ESP 1,2      
  Ronda  04-09 en paréntesis      

 

La valoración positiva de un aumento de la iniciativa privada en desmedro de la pública también muestra un fuerte contraste entre regiones. En Hispanoamérica existe mayor valoración de la iniciativa estatal que en los países anglosajones[12]. Esta opinión  ha aumentado notablemente en algunos países pasado el milenio, en consonancia con la aparición de gobiernos e ideas populistas en la región. El cambio más drástico ocurrió en Argentina, aunque también se manifiesta una alteración en Chile y México. Los obreros de Argentina son de nuevo los que presentan una menor valoración de la acción privada. En contraste, en los países anglosajones, que siempre valoran más la iniciativa empresarial no estatal, el valor se ha mantenido relativamente estable. Entre los países hispanoamericanos México que el que más valora la iniciativa privada, en todas sus categorías laborales. Nueva Zelanda destaca como el país que más aprecia a la acción no estatal.

La competencia y el mercado

 

La temática del funcionamiento del mercado es cubierta por una pregunta de la encuesta que pide opinar sobre si la competencia es un mecanismo que estimula a las personas a ser productivas y creativas, en  contraste con posibles efectos nocivos.

 

  Cuadro D: COMPETENCIA (v128 95-99 v119 04-09)  
 La competencia estimula  a  trabajar duro y a desarrollar nuevas ideas
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 78,6 (65,7) 82,0(81,6) 79,0 (73,1) 73,8 (67,1)
Chile 63,7 (63,8) 54,3 (84,9) 73,7 (73,5) 64,2 (63,3)
México 78,8 (79,3) 82,0 (82,2) 88,6 (85,7) 75,6 (81,7)
Perú 78,7 (35,6) 100 83,3 75,1
Uruguay 65 (61,2) 70,2 (69,6) 72,1 (64,3) 59,9 (59,1)
Promedio Hisp 72,9 (61,1) 77,7(79,5) 78,35 (74,1) 69,7 (67,8)
         
Australia 87,9 (82,5) 93,1  (87,6) 90,0 (81,6) 87,9 (60,0)
Estados Unidos 85,6 (86,9) 89,0 (88,2) 89,5 (88,9) 77,8 (81,7)
Nueva Zelanda 84,1 (88,6) 84,7 (92,9) 83,9 (88,4) 83,5 (87,7)
Prom. Anglo 83,86(86,0) 88,95 (89,5) 87,8 (86,3) 83  (76,4)
         
Anglo/Hisp 1,15 (1,4) 1,1 (1,12) 1,12 (1,16) 1,19 (1,12)
         
España (58,9)      
Gran Bretaña (73,5)      
         
GB/ESP 1,25      
  Ronda 04-09 en paréntesis      

 

 

En general se observa que la mayor parte de la población considera que la competencia es beneficiosa, sin notarse grandes diferencias entre países o entre ocupaciones. Las naciones anglosajonas aprecian en mayor grado la competencia, pero la brecha con Latinoamérica no es tan grande como en el caso de otras variables. Es notable por su baja magnitud el valor obtenido para Chile, mientras el número más elevado se encuentra en Australia.

 

La segunda pregunta demanda sobre si la gente puede enriquecerse sin perjudicar a los demás.  Como en el caso anterior esta variable no presenta fuertes diferencias entre las dos “culturas”, con un saldo levemente favorable hacia América Latina. Es decir la población hispanoamericana considera que un movimiento hacia una mayor prosperidad puede ser compartido por la sociedad en general, lo que es una consecuencia general del funcionamiento de una economía de mercado competitiva. Los menores valores son presentados por los obreros anglosajones.

 

 

  Cuadro E: GANANCIAS DE LA PROSPERIDAD (v121 04-09)  
  La gente puede enriquecerse sin perjudicar a los demás
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 59 59,4 67,7 58
Chile 61,4 57,4 66,5 60,9
México 77,1 76,1 81,9 75,3
Perú 77,7      
Uruguay 60,6 65,8 74,5 60,5
Promedio Hisp 67,2 64,7 72,7 63,7
         
Australia 59,4 66,6 61,3 52,7
Estados Unidos 60,5 71,7 67,3 57,7
Nueva Zelanda 62 71,5 62,3 49,9
Promedio Anglo 60,6 69,9 63,6 53,4
         
Anglo/Hisp 0,90 1,08 0,88 0,84
         
España 38,8      
Gran Bretaña 57,8 59,3 59,4 57,1
GB/ESP 1,49      

 

Finalmente se ha incorporado a esta sección la pregunta que demandaba si era justo que una persona más productiva y esforzada recibiera como premio una mayor remuneración. Sin existir de nuevo un contraste tan grande como en otras variables, son los países anglosajones los más firmes defensores de esta idea, destacando Nueva Zelanda con los resultados más elevados.  La valoración más baja la presentan los obreros hispanoamericanos. De nuevo en América Latina el paso del milenio parece haber afectado negativamente la idea de pago según productividad. Al mismo tiempo, en los países anglosajones la opinión se ha mantenido estable.

 

 

Cuadro F: PRODUCTIVIDAD Y REMUNERACIÓN (v86 95-98 Y v115 05-09)
  Las personas más productivas deben tener una mayor retribución
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 72,4 (51,9) 76 (81,3) 81,9 (60,8) 63,6 (48,78)
Chile 68,4 (66,7) 74,5 (60,4) 85,9 (78,3) 65,54 (66,4)
México 73,5 (70,2) 88,27 (71,16) 83,1 (85,2) 71,4 (72,4)
Perú 81,3 (77,3) 84,8 88,3 80,2
Uruguay 72,1 (68,1) 71,3 (82,35) 82,3 (69,2) 68,25 (70,2)
Promedio Hisp   73,5 (66,8) 79 (73,8) 84,3 (73,3) 69,8 (64,4)
         
Australia 81,8 (82,8) 88,7(88,6) 87,2 (89,7) 74,57 (77)
Estados Unidos 87,1 (88,6) 91,1 (91,8) 89,1 (96) 85,2 (88,65)
Nueva Zelanda 91,4 (90,6) 95,5 (93,7) 94,4 (92,2) 84,3 (90,4)
Promedio Anglo 87,0 (87,3) 91,8 (91,36) 90,2 (92,63) 81,4 (85,35)
         
Anglo/Hisp  1,18 (1,30) 1,16 (1,23) 1,07 (1,26) 1,2 (1,32)
         
  Ronda 04-09 en paréntesis    

 

Las respuestas a las preguntas incluidas en esta sección muestran que los países anglosajones valoran en general más las fuerzas y dinámica que genera la economía de mercado. Por otra parte la diferencia con Hispanoamérica no es tan acentuada como en el resto de las temáticas.

 

Comercio Internacional e inmigración

 

En cuanto al comercio internacional una pregunta de la encuesta  solicita una opinión sobre si la importación de bienes demandados por la población debe ser autorizada. En general los valores obtenidos para todos los países son bajos, aunque resalta que en los países latinos se afinca una mayor predisposición proteccionista[13]. En general son los obreros de ambas regiones los más negativos en cuanto al posible beneficio de importar bienes. Aquí sorprende que los empresarios sean algo más librecambistas que los profesionales, dado que se considera en general al sector servicios el más beneficiado por el libre acceso a bienes internacionales.  Nueva Zelanda es el que menos impedimentos quiere poner a la importación, mientras que Argentina con Uruguay se encuentra en el extremo opuesto.

 

  Cuadro G: GLOBALIZACIÓN COMERCIAL (v133  95-98)  
La importación de bienes demandados por la población debe ser permitida
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 12,8 11,2 16,1 7,8
Chile 23,3 32,8 17,9 24,5
México 17,4 11,5 8,7 19,3
Perú 16,7 24,9 20,2 14,9
Uruguay 8 7,2 18,1 6,9
Promedio Hisp 15,6 17,5 16,2 14,7
         
Australia 23,9 26,4 31,8 17,9
Estados Unidos 26,5 29,9 21,3 21,9
Nueva Zelanda 35,6 41,4 31,5 27,6
Promedio Anglo 28,7 32,6 28,2 22,5
         
         
Anglo/Hisp 1,83 1,86 1,74 1,53

 

La segunda pregunta demanda sobre si en una situación de escasez de trabajo los inmigrantes deben recibir igualdad de trato que los nativos. A diferencia de la opinión sobre la libertad comercial donde la crítica es unánime, aquí hay una fuerte diferencia entre los dos grupos de países. Hispanoamérica tiene una visión mucho más discriminadora respecto a los trabajadores inmigrantes y esta opinión llega a su valor máximo para Chile.  Sorprendentemente en general no son los obreros –los más pasibles de sufrir la competencia laboral externa-, sino los empresarios los más negativos respecto de la fuerza laboral foránea.

 

  Cuadro H: GLOBALIZACIÓN LABORAL (v45 04-09)  
Cuándo el trabajo es escaso, se debe dar igualdad de trato a locales e inmigrantes
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 28,1 46,7 43,8 25,5
Chile 20,2 10,1 27,8 17,5
México 25,2 26 24,3 26,5
Perú 17,8      
Uruguay 27,5 79,3 61,9 81,8
Promedio Hisp 23,8 40,5 39,5 37,8
         
Australia 58,4 64,7 64,4 54,3
Estados Unidos 44,6 52,7 47 33,8
Nueva Zelanda 48,1 52,8 49,8 40
Promedio Anglo 50,4 56,7 53,7 42,7
         
Anglo/Hisp 2,11 1,4 1,36 1,13
         
España 42,3      
Gran Bretaña 47,1      
         
GB/ESP 1,11      

 

 

Análisis comparativo

Los principales resultados analizados  en el World Values Survey parecen confirmar la existencia  en Hispanoamérica de una ideología menos proclive al libre mercado y al capitalismo que aquella instalada en los países de origen colonial británico[14].  Esta diferencia ideológica habría incluso aumentado durante los tres primeros lustros del siglo XXI, al tiempo en buena parte de las naciones iberoamericanas triunfaban gobiernos populistas u orientados hacia la izquierda. Los nuevos presidentes recibieron de sus votantes un mandato menos favorable a la libertad económica y más propicio a la intervención estatal[15].

Cuando se desagregan las temáticas analizadas destaca en primer lugar las diferencias en  la valoración de la figura del empresario y su accionar. América Latina mira con mucho mayor recelo al hombre de negocios y no parece querer ver ampliada su presencia en la economía. Esta apreciación negativa es convalidada en innumerables encuestas de opinión realizadas en América Latina: una  de ellas, efectuada en 2014 en Argentina, menciona que para la opinión pública un 70% de los empresarios son considerados evasores, corruptos y lobbystas (Apertura, 2015). Una indagación chilena muestra que allí también es preponderante una mala imagen pública de los ejecutivos (Plaza, 2015). En México, por su parte, una encuesta de 2006 mostraba que el 58% de los interrogados pensaba que los empresarios le habían “fallado” al país,  pues no habían hecho lo suficiente como para que la nación se desarrollase  (GAUSSC, 2006). ¿Cuál es la razón general de la cual nace  esta animadversión? Lo más plausible es que el acentuado proteccionismo instalado en estos países desde mediados del siglo pasado, generado por las políticas activas de sustitución de importaciones, haya contribuido a construir una percepción del empresario como ineficiente, poco innovador y dependiente de prebendas estatales (y de corrupción) para subsistir. Para Veliz (1984) estas las acciones pro-industrialistas tienen como trasfondo la herencia ideológico colonial, con su gobierno centralizador y activo, donde la burocracia establecía las pautas del comportamiento económico-social[16].

Un contraste aún más fuerte se da en  temas relacionados con la globalización. Las naciones latinas  aparecen más proteccionistas y adversas a la integración laboral internacional que las anglosajonas. Este pensamiento también es coherente con economías cuya estructura industrial se ha desarrollado en un marco proteccionista y de baja productividad, que genera gran temor en los actores económicos sobre los efectos  de la competencia externa. Una encuesta mundial sobre actitudes respecto a la integración económica global muestra que en general en los países emergentes  la opinión pública considera beneficioso al comercio internacional, tanto en cuanto a la generación de empleo, como para producir mejoras salariales. Pero ello no ocurre en los países hispanoamericanos de tamaño medio o grande[17] cuyos valores son claramente más bajos que la media de los casos considerados (Pew Research Center, 2014). Debe destacarse que las opiniones a favor o en contra de la integración comercial no parecen estar relacionados positivamente con la apertura efectiva de cada economía[18]. De hecho y en promedio los países latinoamericanos presentan una mayor globalización que los anglosajones. De la muestra considerada los países más abiertos actualmente  son Chile, México y Nueva Zelanda, mientras que los más cerrados son Argentina y Estados Unidos[19].

Con referencia a la percepción sobre los efectos generales de la economía de mercado y la competencia también los países anglosajones incorporan una visión más optimista, aunque la diferencia es menor con Hispanoamérica respecto de la opinión que se tiene de los empresarios y la globalización.  Una clave para entender esta menor discrepancia la ofrece un estudio que utiliza las mismas fuentes que este artículo y que concluye que entre los factores que contribuyen a la percepción de libertad personal en América Latina (que es elevada en términos comparativos a nivel mundial)  está la libertad económica, medida a través de varios indicadores. Es decir, la población latinoamericana tiene una tendencia a nivel agregado de percibir que el libre mercado ofrece al individuo mayor capacidad de decisión autónoma que otros sistemas más dirigistas (Moreno, 2013).  Similares resultados a favor de la economía de mercado la encuentra el Latinobarómetro (2013) en sus encuestas realizadas  entre 2003 y 2013: más de la mitad de la población de América Latina parece inclinarse a favor del sistema de mercado.

Si se desagrega la ideología por categoría laboral en general se nota que hay bastante homogeneidad al interior de cada país. Aunque los empresarios de una nación suelen ser de ideología más capitalista que los obreros, la brecha es reducida cuando se los compara con los mismos valores de países de la otra región.  Observando las cifras surge que los empresarios de Nueva Zelanda aparecen como aquellos que poseen la mentalidad más liberal y pro-mercado, mientras que los obreros argentinos están en el extremo opuesto. Ello no es sorprendente: los hombres de negocios del país oceánico están acostumbrados a beneficiarse de una economía con fuerte competencia internacional a la que se han integrado con éxito. En cambio los obreros argentinos han sido muy  influidos por una fuerte retórica anti-mercado y un modelo proteccionista promovida por el peronismo dominante, junto con una realidad en que los intentos de apertura económica han coexistido frecuentemente con un tipo de cambio sobrevalorado que ha castigado a las posibilidades de las industrias locales. Pero esto puede no ser toda la historia. El caso de Chile muestra que aun en un país que ha tenido éxito en la reforma de su economía y la integración al comercio internacional la mentalidad de su población presenta una apreciación baja de las virtudes del capitalismo.

Adicionalmente se ha contrastado para algunas de las variables las opiniones presentes en Gran Bretaña y España, dado que fueron tanto por sus imperios, como por su inmigración, influyentes en los dos grupos de países considerados. Aunque las diferencias son menores, en general van en la misma dirección de sus antiguas colonias. Ello parecería confirmar la existencia en cuanto a temas económicos de un posible “sesgo” hispánico, que se contrasta con la cosmovisión anglosajona, más favorable al capitalismo.

El contraste de la ideología económica hispanoamericana y anglosajona en cuanto a la valoración de la economía de mercado parece confirmar con datos empíricos las hipótesis formuladas por pensadores latinoamericanos como Juan Bautista Alberdi o  Claudio  Veliz, sobre que la mentalidad local originada en la cultura hispánica es menos favorable al capitalismo que la existente en naciones anglosajonas. Los efectos concretos de estas diferencias de ideología son difíciles de determinar dada la cantidad de otros factores que influyen en la cuestión. Como mínimo puede establecerse que ciertos  componentes de las políticas populistas o anti capitalistas, junto con las justificaciones ideológicas que los justifican, no parece haber generado condiciones favorables para un despliegue y desarrollo de las capacidades productivas de las naciones latinoamericanas.

 

  Cuadro I: Análisis Comparativo    
  Anglo/Hisp GB/ESP
  Total Empresarios Profesionales Obreros  
GESTION PROPIETARIOS 1,43 1,61 1,36 1,65  
ACCION PRIVADA 1,41 (1,69) 1,21 (1,54) 1,35 (1,42) 1,47 (1,74) 1,2
COMPETENCIA 1,15 (1,4) 1,1 (1,12) 1,12 (1,16) 1,19 (1,12) 1,25
GANANCIAS DE LA PROSPERIDAD 0,9 1,08 0,88 0,84 1,49
PRODUCTIVIDAD Y REMUNERACIÓN  1,18 (1,30) 1,16 (1,23) 1,07 (1,26) 1,2 (1,32)  
GLOBALIZACIÓN COMERCIAL 1,83 1,86 1,74 1,53  
GLOBALIZACIÓN LABORAL 2,11 1,4 1,36 1,13 1,11
  Ronda  04-09 en paréntesis      

 

Apéndice:

Formato original de las preguntas utilizadas en este trabajo:

GESTION PROPIETARIOS (v87 95-99): Hay mucha controversia sobre la forma en que se deben administrar las empresas y la industria. ¿Cuál de estas frases se acerca más a su propia opinión? Se tomó como pro capitalista la respuesta: Los propietarios deben ser los que administren sus empresas o designen a los ejecutivos. Las otras opciones otorgaban esa función empleados, administración conjunta entre empleados y dueños o al gobierno.

ACCION PRIVADA (v126 95-99, v 117  04-09): ¿Debería incrementarse la propiedad privada de las empresas y de las industrias? Se tomaron como pro capitalistas los 5 grados superiores de respuesta positiva.

COMPETENCIA (v128 95-99, v119 04-09): La competencia es buena. Estimula a la gente a trabajar duro y a desarrollar nuevas ideas. Se tomaron como pro capitalistas los 5 grados superiores de respuesta positiva.

GANANCIAS DE LA PROSPERIDAD (v121 04-09): Las personas sólo pueden hacerse ricas a expensas de las demás. Se tomaron como pro capitalistas los 5 grados inferiores de respuesta.

PRODUCTIVIDAD Y REMUNERACIÓN (v86 95-98, v115 05-09): Imagine dos secretarias, de la misma edad, que hacen prácticamente el mismo trabajo. Una de ellas se entera que la otra gana más al mes que ella, se queja al jefe y éste le dice -lo cierto- que la otra secretaria es más rápida, más eficiente y que se puede confiar más en ella en su trabajo. En la opinión de Ud., ¿Es justo o no es justo que a una secretaria se le pague más que a la otra? Se tomó como pro capitalista la respuesta positiva.

GLOBALIZACIÓN COMERCIAL (v133  95-98): ¿Deben los bienes elaborados en otros países ser importados y vendidos si hay personas que desean adquirirlos? Se tomó como pro capitalista la respuesta positiva.

GLOBALIZACIÓN LABORAL (v45 04-09): Cuando el empleo es escaso, ¿Deben los empleadores dar prioridad a las personas locales sobre los inmigrantes? Se tomó como pro capitalista la respuesta positiva.

 

Referencias

 

Alberdi, J. B. (1876), La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del Sud, Paris.

 

Baker,  Andy  y Greene, Kenneth F. (2011) “The Latin American Left’s Mandate: Free-Market Policies and Issue Voting in New Democracies”, World Politics, 63;1, pp. 43-77.

 

Berger, Peter (1990), “Observaciones acerca de la cultura económica”, Estudios Públicos 40, pp. 11-30.

 

Pal Czegledi (2014) “Is an Anti-Capitalistic Mentality Cultural? The Case of Hungarians Inside and Outside Hungary in theWorld Values Survey” enhttp://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2524116.

 

GAUSSC (2006) Opiniones y actitudes antes y después del Tribunal Electoral.http://www.gaussc.mx/publicaciones/ago/2006_GAUSSC_Opiniones_y_actitudes_antes_y_despues_del_Tribunal_Electoral.pdf

 

García Hamilton, José I. (1984), El Autoritarismo y la Improductividad en Hispanoamérica, Buenos Aires.

 

Gillanders, Robert y Whelan,  Karl (2014), “Open For Business? Institutions, Business Environment and Economic Development” Kyklos 67:4, pp. 535-558.

,

 

Global Entrepreneurship Monitor. 2014 Global Report. http://www.gemconsortium.org/report

 

Gómez, Alejandro y Newland,  Carlos  (2014). “Alberdi, sobre héroes y empresarios”, Cultura Económica, i, pp. 30-37.

 

Hida, Hilton (1998), “Mejor malo conocido…”, The Wall Street Journal  Americas (4/5/1998), en: http://interactive.wsj.com/americas/resources/documents/s-2esp.htm

 

Kuchar. Pavel (2016), “Liberalism in Mexican Economic Thought, Past and Present” Econ Journal Watch 13:1 January: pp. 129–167.

 

Latinobarometro (2013), Informe 2013.

 

Mathers, Rachel L. y Williamson, Claudia R. (2011) “Cultural Context: Explaining the Productivity of Capitalism” Kyklos 64:2, pp. 231-252.

 

McCloskey, Deirdre (2011), Bourgeois Dignity: Why Economics Can’t Explain the Modern World. University of Chicago Press.

 

Moreno, Alejandro (2013), “La libertad de elegir: comparando América Latina con otras regiones del mundo”, en:  Carballo, Marita y Moreno, Alejandro, coordinadores, El cambio de valores en América Latina. Hallazgos de la Encuesta Mundial de Valores, México, pp. 85-125.

 

Pew Research Center (2014)  “Faith and Skepticism aboutTrade, Foreign  Investment”, http://www.pewglobal.org/files/2014/09/Pew-Research-Center-Trade-Report-FINAL-September-16-2014.pdf

 

Phelps, Edmund S. (2006) “Economic Culture and Economic Performance: What Light Is Shed on the Continent’s Problem? en: “Perspectives on the Performance of the Continent’s Economies”Conference of CESifo and Center on Capitalism and Society Venice, 21-22 July 2006.

 

Plaza Pública Cadem (2015), Track semanal de Opinión Pública Nº 100 http://plazapublica.cl/wp-content/uploads/7u63456.pdf

 

Porter, Michael (2000) “Attitudes, Values, Beliefs and the Microeconomics of Prosperity,” in Culture Matters: How Values Shape Human Progress, (L.E. Harrison, S.P. Huntington, eds.), New York: Basic Books, pp. 14-28.

 

“Que se piensa de los empresarios argentinos” (16/1/2015), Revista Aperturahttp://www.apertura.com/economia/Que-se-piensa-de-los-empresarios-argentinos-20150116-0002.html

 

Salvatore, Ricardo (1993) “Market-Oriented Reform and the Language of Popular Protest: Latin America From Charles III to the I.M.F.” Social Science History, 17:4.

 

Seligson, Mitchell A. “El rol del Estado como creador de empleo”, Revista Ciencia Política Vol.28 – Nº3, 2008, pp.209-218.

 

Veliz, Claudio (1984), La tradición centralista de América Latina, Barcelona.

 

Wiarda, Howard J (1978). “Corporatist Theory and Ideology: A Latin American Development Paradigm” Journal of Church and State 20:1, pp. 29-56.

 

Zizumbo-Colunga, Daniel;  Zechmeister,  Elizabeth J. y Seligson, Mitchell A ( n.d. ), Who supports Free Trade (and Why)?Quarterly Americas.http://www.americasquarterly.org/node/2198.

 

 

Agradecimientos: Agradezco los comentarios recibidos de Lionel Barbagallo, Alberto Bisso, Martin Cuesta, Alejandro Gómez, Carlos Hoevel, Pavel Kuchar, Alvaro Perpere, Fernando Rocchi, Alejandra Salinas, Ludovico Videla. Carla Newland colaboró en la confección de los cuadros.

[1]Sobre el tema ver Gómez y Newland (2014).  Para subsanar este déficit de aprecio por las figuras empresariales  Alberdi publicó en 1876 La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del Sud. El libro, el primer ejercicio regional de historia de la empresa, es utilizado  para presentar al que el autor consideraba ser un empresario ideal

[2] Una visión muy similar a la de Veliz es presentada por García Hamilton (1998). Veliz considera que lo que prevalece en América Latina en una actitud pragmática derivada más de la costumbre que de la teoría o ideología.

[3] La persistencia en las concepciones sobre la economía en Hispanoamérica  han sido también destacadas por Salvatore (1993) y Kuchar (2016).

[4] Los países han sido seleccionados por ser aquellos que brindan información respecto a las cuestiones analizadas en la encuesta en las dos ondas incluidas. Por ello no ha sido posible incluir, por ejemplo, a Canadá en las comparaciones.

[5]Ver, por ejemplo, Phelps 2006.

[6] Mathers y Williamson (2011) discuten y testean para un gran conjunto de países la relación de una mentalidad mas pro capitalista, su interacción con las instituciones y su efecto sobre el crecimiento económico. Gillanders y Whelan (2014) investigan la relación entra un contexto institucional favorable al mercado y el crecimiento económico.

[7]Para ese lapso el ingreso medio per cápita (promedio de los valores para cada país) fue de 53.633 dólares, mientras que para los países latinoamericanos considerados fue de 12.194 dólares. Ver: http://data.worldbank.org/indicator/NY.GNP.PCAP.CD/countries

[8]http://reports.weforum.org/global-competitiveness-report-2015-2016/competitiveness-rankings/

[9]Un valor bajo es lo buscado:  Nueva Zelanda 2, Estados Unidos 7, Australia 13, México 38, Chile 48, Perú 50, Uruguay 92 y Argentina 121. http://data.worldbank.org/indicator/IC.BUS.EASE.XQ

[10]Se presentan conjuntamente aquellos con menos de 10 empleados junto con los de 10 o más empleados.

[11]Se presentan conjuntamente los resultados para los obreros calificados, semicalificados y no calificados.

[12]El Barómetro de las Américas, una serie de encuestas que abarcan a muchos países del continente americano reporta resultados compatibles con los presentados aquí en cuanto al rol del estado en la economía.  La  población de naciones como Estados Unidos y Canadá (para 2008) presentaba una mayor valoración de la iniciativa privada en cuanto a la generación de empleo respecto a la otorgada por los habitantes de  los países hispanoamericanos a la gestión estatal. Ver Seligman (2008). Por su parte los resultados de la encuesta “Espejo de las Américas” encargada por el Wall Street Journal en 1998 también son compatibles con los números aquí presentados: la población estadounidense opina en mayor medida que un movimiento hacia la privatización sería beneficioso, mientras que la misma opinión encuentra una valoración más baja en los países latinoamericanos (Hida, 1998).Otra evidencia que refuerza estas conclusiones la brinda la encuesta Global Entrepreneurship Monitor (2014, pp. 29-31), que en uno de sus rubros investiga como la sociedad valora a los emprendedores, factor que es medido a través de a) nivel de status y respeto social obtenido por emprendedores exitosos y b) la cobertura de prensa de noticias de nuevas empresas exitosas. En las dos categorías Australia y Estados Unidos (Nueva Zelanda no fue incluida) presentan en general valores mucho más elevados que aquellos para Argentina, Chile, México y Uruguay. El caso de Perú es distinto, ya que en esos rubros presenta valores muy altos.

 

 

[13]Por su parte los resultados de la encuesta “Espejo de las Américas” encargada por el Wall Street Journal  en 1998 encuentra que la opinión a favor del libre comercio en los países latinoamericanos es alta y comparable en su magnitud a la existente en Estados Unidos (Hida, 1998).

[14] Se analizó también si las medias de los totales para cada pregunta eran significativamente distintas (t-test) entre las regiones. En todos los casos, salvo para “ganancias de la prosperidad”, las diferencias eran significativas.

[15] Sobre este cambio ver Baker y Greene (2011). Los autores señalan que el cambio de ideas ha sido moderado.

[16] Ver especialmente el capítulo 12 de su libro que trata la cuestión de la industrialización en América Latina.

[17] Fueron incluidos Perú, Chile, Argentina, Colombia y México. Países de la región más pequeños, como Nicaragua y El Salvador, son sin embargo más optimistas respecto a  los efectos de la globalización. El Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) encuentra en general en la región mayor apoyo a los tratados de comercio del que  se derivaría de las respuestas aquí analizadas. La razón de la discrepancia parece ser que en los países más grandes (como los aquí tratados) hay una tendencia  ideológica más favorable al proteccionismo que en los países más pequeños. Ver Zizumbo-Colunga, et. at (n.d.)

[18]  Exportaciones más importaciones sobre PBI.

[19] Los ratios por país son los siguientes: Argentina 0,29; Estados Unidos 0,30; Australia 0,42; Perú 0,46; Uruguay 0,49; Nueva Zelanda 0,57; Chile 0,66; México 0,66). Las proporciones son promedios para el período 2011-15, tomadas del Banco Mundial: http://data.worldbank.org/indicator/NE.TRD.GNFS.ZS.

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

Desigualdad en el mundo: en muchos países los pobres de hoy son mucho más ricos que sus padres

Por Martín Krause. Publicado el 11/12/15 en: http://bazar.ufm.edu/desigualdad-en-el-mundo-en-muchos-paises-los-pobres-de-hoy-son-mucho-mas-ricos-que-sus-padres/

 

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”,: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point  , se pregunta si la desigualdad es mala:

“En 2003, los economistas Donald Boudreaux y Mark Perry señalaron que ‘según la Oficina de Análisis Económico, el gasto familiar en cuestiones básicas de la vida moderna –alimentos, automóviles, vestimenta y calzado, muebles y equipos, y vivienda y servicios- ha caído desde el 53% del ingreso disponible en 1950 a 44% en 1970 y a 32% hoy.

El economista Steven Horwitz resume los datos sobre las horas de trabajo requeridas para comprar una TV color o un auto, y destaca que ‘estos datos no capturan… el cambio en la calidad… La TV en tenía a lo sumo 23 pulgadas, con pobre resolución, probablemente sin control remoto, débil sonido, y generalmente muy distinto a su sucesor del 2013. Alcanzar las 100.000 millas en un auto de los años 1970s era una causa de celebración. No alcanzarlas hoy sería una causa para pensar que se ha comprado un mal auto.”. Observa que ‘considerando distintos datos sobre consumo, de los informes de la Oficina del Censo, respecto a lo que poseen los pobres en sus casas con el tiempo requerido para comprar una variedad de bienes de consumo, deja en claro que los norteamericanos viven hoy mejor que nunca antes. De hecho,  los norteamericanos pobres viven hoy mejor, según estas comparaciones, de lo que vivían sus contrapartes de la clase media en los años 1970s.”

El politólogo e intelectual público Robert Reich sostiene que, no obstante, debemos estar alarmados por la desigualdad más que dedicando todas nuestras energías a mejorar la condición absoluta de los pobres: “Una mayor desigualdad siempre daña la movilidad ascendente”, dice. Horwitz resume los resultados de un estudio de Julia Isaacs sobre le movilidad individual desde 1969 a 2005: “82% de los niños del 20% más pobre tenían ingresos reales más altos en el año 2000 de los que sus padres tenían en 1969. El ingreso real medio de los niños pobres de 1969 era el doble del de sus padres.” No hay dudas que los hijos y nietos de los refugiados por la sequía de los años 1930s, por ejemplo, están mucho mejor que sus padres y abuelos. John Steinbeck lo relató en Las uvas de la ira, sus momentos más terribles. Pocos años después, los de Oklahoma encontraron empleos en las industrias bélicas, y muchos de sus hijos fueron luego a la universidad. Algunos incluso llegaron a ser profesores universitarios que piensan que los pobres son cada vez más pobres.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Rentabilidad y Patrimonio en tres grandes empresas argentinas, 1926-1955

Por Eduardo Martin Cuesta y Carlos Newland:

Se trata de una presentación de un trabajo realizado por los profesores Martin Cuesta y Carlos Newland, en el marco del programa de investigaciones de ESEADE sobre Historia y Desarrollo Empresario. El trabajo puede descargarse  en https://es.scribd.com/doc/267458579/R…

El trabajo completo puede leerse aquí:   http://es.scribd.com/doc/267458579/Rentabilidad-y-Patrimonio-en-tres-grandes-empresas-argentinas-1926-1955-por-Eduardo-Martin-Cuesta-y-Carlos-Newland

CarlosEduardo Martin Cuesta es Doctor en Historia de la Universidad de Buenos Aires. Fue Miembro del grupo de investigación internacional “Global Prices and Income Project”, y es profesor de ESEADE. Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.