Argentina, no es Tesla: ¿híper o ajuste de hecho?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 17/2/20 en: https://www.ambito.com/economia/tesla/argentina-no-es-tesla-hiper-o-ajuste-hecho-n5083274?fbclid=IwAR3EDUVQNK90VvaDxkDM1hvwhH-6aY2Tq31xRo87okfTB8Akg8AGsFza7F0

 

Argentina, no es Tesla: ¿híper o ajuste de hecho?

En lo que va de febrero, los mercados globales suben: el S&P 500 más de 4,5% llegando a máximos históricos. Ahora, trepan los sectores de mayor riesgo, el ETF de semiconductores VanEck Vectors (NYSE:SMH) más de 10%, el de SPDR S&P Biotech (NYSE:XBI), casi 9% y el de SPDR (NYSE:XLK) del sector tecnológico 6,5%. En cambio, han tenido el peor desempaño los de aversión al riesgo: el ETF SPDR (NYSE:XLU) de servicios públicos y los ETF SPDR (NYSE:XLP) de consumo y de productos de primera necesidad.

De confirmarse el fin de la aversión, el precio del bono del Tesoro a 10 años -inversión segura- bajaría, ergo, el rendimiento podría llegar hasta el 2% (el viernes cerró a 1,588%). Además, según muchos, materias primas como el petróleo formaron un patrón de reversión alcista -“cuña descendente”- del que ya salió, lo que sugeriría que los precios pueden subir, incluso hasta u$s56.

Hablando de riesgo, destaca Tesla. Gracias a un “círculo virtuoso” recaudó unos u$s14.000 M en la última década. Con altibajos, su acción el viernes cerró a u$s 800 y así su capitalización de mercado superó los u$s150.000 M, detrás de Toyota una de las automotrices mejor valuadas. Tesla planea otra oferta de u$s2.000 M para apuntalar más su balance y financiar su presupuesto 2020 de u$s3.500 M, más del doble que el año pasado.

Ahora, para llegar hasta aquí asumió una deuda de u$s12.500 M, el doble de la cantidad de efectivo y equivalentes que tenía al final de 2019. Por cierto, arrecian las críticas a su balance que contabilizaría ganancias que serían subsidios estatales. Sus defensores dicen que en el último trimestre logró un cash-flow operativo de u$s1.000 M, con lo que su caja paso de u$s5.000 a 6.000 M, que el crecimiento del automotor eléctrico es exponencial y recalcan que Tesla es más una empresa tecnológica, energética y de baterías con una tecnología muy superior a la de la competencia.

Sea como fuere, el mercado ve números positivos tanto que las acciones se han más que triplicado desde que la compañía lanzó el primero de dos informes de ganancias trimestrales. Y ha ocurrido algo “contra natura”: la acción subió 4,8% después del anuncio de oferta de nuevas acciones con un descuento de 4,6%.

Argentina no puede recaudar un peso en deuda. Para muchos, la capacidad para repagar sus compromisos depende de la trayectoria fiscal y la exportadora. Por cierto, mejor si son exportaciones en dólares porque las demás monedas pierden valor. El euro está en su cota más baja desde abril de 2017 por varios motivos: el BCE sostiene tasas más bajas que la Fed, los datos -producción industrial, etc.- de la eurozona empeoran y el dólar aventaja como refugio seguro. El euro podría caer hasta 1,05 por dólar según analistas. El real, en tanto, cae 8% en febrero y cerró el viernes a 4,297 por dólar.

No hay posibilidad, dice Economía, de una reducción del déficit primario en 2020. Pero se da de hecho. El Índice de Equilibrio Fiscal del CENE mejoró en diciembre un 38% respecto al mes previo. Ahora, la recaudación tributaria nominal aumentó, pero fue 1,1% menor en términos reales. O sea que bajó el gasto en términos reales.

Más deuda es imposible, ni en pesos. Por el cepo el mercado ya estaba cerrado para inversores extranjeros en moneda local. Economía pretendía negociar los compromisos en moneda dura y rollear los de moneda local. El traspié con el bono dual (AF20), puso en jaque el rolleo que acabaría definitivamente si no se pagan los próximos vencimientos.

Según Economía, no solo no es deseable por razones sociales el ajuste, sino que macroeconómicamente no es sostenible: la austeridad fiscal no funcionaría en un contexto recesivo, ya que una mayor contracción del gasto generaría menor actividad económica, menor recaudación, ergo, igual déficit fiscal. Esto sería cierto si no fuera que, el gasto del Estado es dinero -gasto- quitado al sector privado restado lo que se queda en la burocracia, es decir que “gasta” menos.

En enero, la brecha entre la suba del IPC (52,9% i.a.) y la de la recaudación (44,9% i.a.) está en 8%. Es decir, más presión tributaria sencillamente aumenta la recesión y entonces cae la recaudación. Y, para el Ieral, la presión tributaria nacional aumentará en 1,2% del PBI en 2020 respecto a 2019.

Así, la actividad económica caerá más por la suba impositiva de lo que caería por la baja en el gasto público. Solución: solventar el gasto sin subida de impuestos ni inflación ni endeudamiento, vendiendo propiedades.

Con impuestos en baja en términos reales, sin poder tomar deuda ¿cómo pagarán los intereses de la deuda (del orden del 3,5% del PBI) durante los próximos años? Si no venden propiedades, solo queda mayor emisión monetaria hasta que la híper traiga acarreado un brutal ajuste, de hecho, en los gastos del Estado y en el bolsillo de todos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La ley de Say: toda oferta crea su propia demanda. Malinterpretada y vilipendiada cien años después.

Por Martín Krause. Publicada el 21/4/16 en: http://bazar.ufm.edu/la-ley-de-say-toda-oferta-crea-su-propia-demanda-malinterpretada-y-vilipendiada-cien-anos-despues-2/

 

Los alumnos de Económicas leen a Jean Baptiste Say (1767-1832), un ‘clásico’ francés quien nunca debe haber sospechado la importancia que adquiriría en la política económica del siglo XX. Seguramente han conocido la famosa “Ley de Say” presentada como “toda oferta crea su propia demanda”. Desde el punto de vista, digamos, del ‘marketing’, la frase parece absurda; nadie tiene garantizado que simplemente por ofrecer algo exista alguien que esté dispuesto a comprarlo. Pero, ¿es eso lo que dijo Say?, o ¿es eso lo que quiso decir?

Say

La lectura es sobre el capítulo de su libro ‘Tratado de Economía Política’ donde precisamente presenta esta idea:

Jean Baptise Say, A treatise on political economy, capítulo XV “Of the demand of market for products”: http://www.econlib.org/library/Say/sayT15.html#Bk.I,Ch.XV

En castellano: http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/33_10_Say.pdf

“Una persona que dedique su esfuerzo a invertir en objetos de valor que tienen determinada utilidad no puede pretender que otros individuos aprecien y paguen por ese valor, a menos que dispongan de los medios para comprarlo. Ahora bien, ¿en qué consisten estos medios? Son los valores de otros productos que también son fruto de la industria, el capital y la tierra. Esto nos lleva a una conclusión que, a simple vista, puede parecer paradójica: es la producción la que genera la demanda de productos.”

“Si un comerciante dijera: “No quiero recibir otros productos a cambio de mi lana; quiero dinero”, sería sencillo convencerlo de que sus clientes no podrían pagarle en dinero si antes no lo hubieran conseguido con la venta de algún bien propio. Un agricultor podrá comprar su lana si tiene una buena cosecha. La cantidad de lana que demande dependerá de la abundancia o escasez de sus cultivos. Si la cosecha se pierde, no podrá comprar nada. Tampoco podrá el comerciante comprar lana ni maíz a menos que se las ingenie para adquirir además lana o algún otro artículo con el cual hacer la compra. El comerciante dice que sólo quiere dinero. Yo digo que en realidad no quiere dinero, sino otros bienes. De hecho, ¿para qué quiere el dinero? ¿No es acaso para comprar materias primas o mercaderías para su comercio, o provisiones para su consumo personal? Por lo tanto, lo que quiere son productos, y no dinero. La moneda de plata que se reciba a cambio de la venta de productos propios, y que se entregue en la compra de los de otras personas, cumplirá más tarde la misma función entre otras partes contratantes, y así sucesivamente. De la misma manera que un vehículo público transporta en forma consecutiva un objeto tras otro. Si no puede encontrar un comprador, ¿diría usted que es solamente por falta de un vehículo donde transportarlo? Porque, en última instancia, la moneda no es más que un agente que se emplea en la transferencia de valores. Su utilidad deriva de transferir a sus manos el valor de los bienes que un cliente suyo haya vendido previamente, con el propósito de comprarle a usted. De la misma manera, la próxima compra que usted realice transferirá a un tercero el valor de los productos que usted anteriormente haya vendido a otros. De esta manera, tanto usted como las demás personas compran los objetos que necesitan o desean con el valor de sus propios productos, transformados en dinero solamente en forma temporaria. De lo contrario, ¿cómo es posible que la cantidad de bienes que hoy se venden y se compran en Francia sea cinco o seis veces superior a la del reinado miserable de Carlos VI? ¿No es evidente que deben haberse producido cinco o seis veces más bienes, y que deben haber servido para comprarse unos a otros?”

Y aquí el párrafo que diera lugar a esa interpretación llamada “Ley de Say”. ¿Parece tan ilógico como alguien (¿quién?) lo quiso presentar?:

“Cuando un producto superabundante no tiene salida, el papel que desempeña la escasez de moneda en la obstrucción de sus ventas en tan ínfimo que los vendedores aceptarían de buen grado recibir el valor en especie para su propio consumo al precio del día: no exigirían dinero ni tendrían necesidad de hacerlo, ya que el único uso que le darían seria transformarlo inmediatamente en artículos para su propio consumo.

Esta observación puede extenderse a todos los casos donde exista una oferta de bienes o servicios en el mercado. La mayor demanda estará universalmente en los lugares donde se produzcan más valores, porque en ningún otro lugar se producen los únicos medios de compra, es decir, los valores. La moneda cumple sólo una función temporaria en este doble intercambio. Y cuando por fin se cierra la transacción, siempre se habrá intercambiado un bien por otro.

Vale la pena señalar que desde el instante mismo de su creación el producto abre un mercado para otros por el total de su propio valor. Cuando el productor le da el toque final a su producto, está ansioso por venderlo de inmediato, por miedo a que pierda valor en sus manos. De la misma manera, quiere deshacerse del dinero que recibe a cambio, ya que también el valor del dinero es perecedero. Pero la única manera de deshacerse del dinero es comprando algún otro producto. Por lo tanto, la sola creación de un producto inmediatamente abre una salida para otros.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

Revaluar, devaluar: Mises comenta los errores del gobierno británico después de la Primera Guerra

Por Martín Krause. Publicado el 13/10/15 en: http://bazar.ufm.edu/revaluar-devaluar-mises-comenta-los-errores-del-gobierno-britanico-despues-de-la-primera-guerra/

 

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires que vemos ahora con los alumnos de Económicas, UBA. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos también con los alumnos de la UBA en Derecho. Su cuarta conferencia se tituló, precisamente “Inflación” y describe ahora el gran error del gobierno británico después de la Primera Guerra al volver a la paridad anterior a la guerra, y luego devaluar. Mises comenta:

mises2

“Para darles solamente algunos hechos: después de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña retornó a la paridad de la libra en oro que tenía antes de la guerra. Esto es, revaluó la libra hacia arriba. Esto incrementó el poder de compra de los salarios de todos los trabajadores. En un mercado libre, sin trabas, el salario nominal en dinero debería haber caído para compensar esto, y el salario real de los trabajadores no habría sufrido.

No nos da el tiempo aquí para discutir las razones de este aserto. Pero los sindicatos en Gran Bretaña no estaban deseosos de aceptar un ajuste hacia abajo de los niveles en dinero de los salarios en razón del aumento del poder de compra. En consecuencia, los salarios reales aumentaron considerablemente por estas medidas monetarias. Esta fue una seria catástrofe para Gran Bretaña, ya que este país es predominantemente un país industrial, que debe importar sus materias primas, productos a medio elaborar y alimentos para poder vivir, y tiene que exportar productos manufacturados para poder pagar dichas importaciones. Con el incremento del valor internacional de la libra, los precios de las mercaderías británicas crecieron en los mercados extranjeros y las ventas y exportaciones declinaron. Gran Bretaña, en efecto, había establecido sus precios fuera del mercado mundial.

Los sindicatos no podían ser derrotados. Todos conocen el poder de un sindicato en la actualidad. Tiene el derecho, prácticamente el privilegio, de recurrir a la violencia. Y una orden del sindicato es, por lo tanto, digamos no menos importante que un decreto gubernamental. El decreto del gobierno es una orden para cuyo cumplimiento se encuentra disponible el aparato estatal, la policía. Deben obedecerse los decretos del gobierno, de lo contrario se tendrán dificultades con la policía. Lamentablemente, tenemos hoy – en casi todos los países del mundo – un segundo poder que tiene la posibilidad de ejercitar la fuerza: los sindicatos obreros. Los sindicatos establecen salarios y luego hacen una huelga para ponerlos en práctica en la misma manera en que el gobierno puede decretar un nivel de salario mínimo. No discutiré ahora la cuestión de los sindicatos, lo haré después. Sólo deseo dejar establecido que es la política de los sindicatos incrementar los salarios a niveles por encima de los niveles que tendrían en un mercado libre, sin trabas. Como resultado, una parte considerable de la potencial fuerza laboral puede ser empleada solamente por gente o industrias que estén dispuestas a sufrir pérdidas. Y, dado que los negocios no pueden mantenerse sufriendo pérdidas, cierran sus puertas y los empleados se convierten en desempleados. El establecer niveles de salarios por arriba del nivel que tendrían en un mercado libre y sin trabas resulta siempre en el desempleo de una parte considerable de la potencial fuerza laboral.

En Gran Bretaña, el resultado de los altos niveles de salarios, forzados por los sindicatos, fue un perdurable desempleo, prolongado año tras año. Millones de trabajadores estaban sin empleo, los volúmenes de producción caían. Inclusive los expertos estaban perplejos. En esta situación el gobierno Británico tomó una decisión que consideró una medida indispensable, de emergencia: devaluó su moneda.

El resultado fue que el poder de compra de los salarios en dinero, sobre los cuales los sindicatos habían insistido, no era más el mismo. Los salarios reales, los salarios medidos en bienes, quedaron reducidos. Ahora al trabajador no le era posible comprar todo lo que le había sido posible comprar antes, aún cuando el salario nominal permanecía en el mismo nivel. De esta manera, se pensó, los salarios reales retornarían a los niveles de un mercado libre y el desempleo desaparecería.”

 

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Las verdaderas trabas al desarrollo

Por Alejandro Alle. Publicado el 25/6/12 en: http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=7020972

 Nunca será ocioso enfatizar la importancia de las instituciones para que un país alcance el desarrollo económico. Porque eso es lo que El Salvador debe perseguir: el desarrollo, y no un mero crecimiento aleatorio, como hicieron (porque pudieron…) varios de sus vecinos del sur.

En efecto, algunos países latinoamericanos, beneficiados por el viento de cola de los altos precios de las materias primas que exportan, han tenido crecimientos muy significativos, aún careciendo de instituciones sólidas. Esa es la historia reciente en buena parte de Sudamérica. Una historia que, junto con el viento, ya está empezando a amainar.

El Salvador no tiene esa característica: el viento de las materias primas suele soplarle más en contra que a favor. Pero eso mismo les ocurre a muchos países históricamente desarrollados. Y también a la mayoría de los recientemente desarrollados, como los tigres asiáticos, cuyo éxito dista de ser un mero y casual crecimiento del PIB, gentileza de la naturaleza. Como los que Sudamérica tiene desde hace 200 años: pan para hoy, hambre para mañana.

La abundancia de materias primas es, en verdad, apenas eso: una simple característica, que a algunos países les permite crecer cuando sopla el viento. Ello ocurre a pesar de (y no gracias a…), los gobernantes que tienen.

Desde la opinión económica se puede hacer mayor o menor énfasis en temas estrictamente técnicos: ventajas o no del dólar, implicancias de que la relación Deuda/PIB sea mayor que 50%, o efectos de los subsidios sobre la sostenibilidad o no de las cuentas fiscales.

Los números son muy importantes, sin dudas. Que los números sean buenos es una condición necesaria para el desarrollo. Pero no suficiente.

Prueba de ello es El Salvador, que no logró salir del subdesarrollo aún cuando tuvo números mejores que ahora. Las culpas van bastante más allá de los circunstanciales poderes ejecutivos. Y aunque a algunos les guste la idea…, no hay una confabulación internacional en su contra. Las causas son bien locales.

Y allí es donde la opinión económica suele fallar por no hacer el suficiente énfasis en la importancia de las instituciones. La innecesaria lucha entre poderes del Estado actualmente en curso, afecta mucho más al desarrollo que una emisión más o menos de Letes, o un punto porcentual más o menos en la relación Deuda/PIB.

Afecta mucho más que su clase dirigente, en particular la política pero no sólo la política, evidencie tanta incapacidad para ponerse de acuerdo en unos pocos temas vitales. Sólo un ingenuo creería que a las decisiones legislativas las toman 84 personas. Las personas relevantes son muchas menos.

El énfasis en las instituciones debe hacerse con criterio y sin chicanas: no faltarán quienes aleguen que los tigres asiáticos tienen otro tipo de instituciones, más autoritarias, con la resignada intención de justificar que “aquí no se puede”. O quizás con la intención de señalar que “el único camino es el autoritarismo”. Conclusiones falsas.

Evidentemente sería más fácil por la fuerza que por la razón. Pero en nuestras sociedades ese camino ha demostrado ser el equivocado. Lo cual no quiere decir que no deba haber “orden y progreso”, lema que ningún gobernante brasileño se atrevió a quitar de su bandera.

Mucho se ha hablado sobre la involución de El Salvador en diversos rankings internacionales de competitividad, de facilidad para hacer negocios, y de libertad económica. Son sólo el termómetro que indica la fiebre.

Altos niveles de competitividad favorecen la rentabilidad de las inversiones efectuadas en una economía. Y dado que la rentabilidad es un formidable impulsor del crecimiento económico, cierra un círculo virtuoso: competitividad/ productividad, prosperidad personal, rentabilidad, crecimiento genuino. Desarrollo. La ruta es clarísima. Y no hay otra.

Pero la cura no pasa por mirar el termómetro con ingenua esperanza. Menos aún por lamentarse de que la fiebre no baje, cosa que nunca ocurrirá mientras no se comience el tratamiento. ¿Cuál? Tomar conciencia de la importancia de las instituciones.

Dale River. Volvimos.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.