Volvieron iguales: el regreso de Cambiemos

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 21/3/21 en: https://www.dataclave.com.ar/opinion/volvieron-iguales–el-regreso-de-cambiemos_a605670457b180215d210d022

Macri se subió al escenario a demostrar que aún es el portavoz de ese 41% de los votos que supo conquistar tras el golpe de realidad de las PASO 2019. Llama la atención que el expresidente pareció encarnar en sí mismo el latiguillo que suele utilizar para criticar el regreso del kirchnerismo al poder.

Es propio del cruento mundo bélico la expresión que manda a contar los muertos recién cuando se encuentran realmente fríos. Como la política no deja de ser un tipo de guerra por otros medios, tal como supo afirmar el genio militar Carl von Clausewitz, quizá la frase cobró especial sentido para Horacio Rodríguez Larreta y otros aspirantes al sillón de Rivadavia del espacio cambiemita, cuando se hizo conocido el sugestivo título del libro del expresidente Mauricio Macri.

No hay que ser un lúcido hermeneuta para deducir que, si alguien publica sus memorias de gobierno desde un supuesto retiro con el título de “Primer Tiempo”, es porque en la punta de la lengua y en la cúspide de su propia ambición hay por delante un posible “segundo”. La política suele tener esa ambivalencia tan esquizoide, compatibilizando episodios de enorme complejidad analítica con burdos trucos de magia a la plena vista del espectador. Por tanto, los que suponen que este relanzamiento de Mauricio Macri que se sucedió días atrás con la excusa de su nuevo libro, oculta la intención verdadera de convertir al ex presidente meramente en el mascarón que capte la munición gruesa del kirchnerismo para facilitarle el paso luego a un delfín propio, desconocen que si la política tuviese esa gestualidad generosa no sería política sino tal vez filosofía o religión.

En la práctica, Macri se subió al escenario a demostrar que aún es el portavoz de ese 41% de los votos que supo conquistar tras el estrepitoso golpe de realidad de las PASO de 2019. Y también para dejar en claro que, si bien ese porcentaje no fue suficiente para retener por entonces la presidencia, sí lo es para ser hoy un referente con suficiente capacidad de veto dentro de su espacio como para condicionar en breve las listas de legisladores que estarán en juego y para disputar, si así lo quisiese luego, nuevamente el mando nacional. Este posible giro del destino tiene un parangón bastante similar del otro lado de la cordillera en donde gobierna hoy Sebastián Piñera, político con infinidad de similitudes con Macri, que supo perder su reelección frente a Michelle Bachelet en 2014 para regresar al sillón de mando, cuatro años después.

Sin embargo, lo que llamó la atención de ese final de tarde del último jueves es que Macri pareció encarnar en sí mismo el latiguillo que suele utilizar para criticar el regreso del kirchnerismo al poder.

En tal sentido, el “volvieron iguales” que suelen espetar tanto él como los seguidores de su espacio, cobró especial dimensión cuando comenzaron a llegar al encuentro no solo varios de los rostros que resultaron para propios y ajenos los principales responsables de aquella oportunidad perdida de 2019, con el ex Jefe de Gabinete Marcos Peña a la cabeza, sino por la estética predominante, llena de los mismos lugares comunes que el macrismo arrastra desde su primera elección en la ciudad de Buenos Aires en 2007. No faltaron los livings de entrevista mano a mano, los globos, los colores, las mismas camisas azules con pantalones pinzados y hasta la típica canción de la fallecida Gilda de fondo.

Paradójicamente, Macri siempre supo referenciarse a sí mismo como un hombre lejano a la política y cercano al mundo de los negocios. Extraño sería poder encontrar el caso de alguna multinacional que, tras un fracaso como el que él mismo reconoce en su libro, relance su marca con el mismo CEO en primera fila y los mismos logos impresos en sus banners de promoción.

“No entendieron nada”, decía en este sentido hace unas horas un viejo armador bonaerense que no fue parte del encuentro, a su troupe de seguidores, mientras anunciaba que iría a una interna dentro de este espacio. El análisis simbólico de este primer paso hacia un potencial regreso, parece darle la razón.

Macri y su entorno inmediato, parecen seguir sin ser capaces de dimensionar el enorme impacto centrípeto que tiene una estética simbólica y discursiva propia de un sector absolutamente minoritario del país, concentrado en la urbe porteña. Justamente uno de los puntos que tal vez más han impedido con el paso del tiempo que Juntos por el Cambio se transforme en algo más que “el menos malo” en su inteligente juego polarizador con el kirchnerismo. Juego que a la postre puede permitir (quizá nuevamente) ganar una elección pero que estará siempre lejos de posibilitar el nivel de acuerdo necesario para cambiar el derrotero de la que quizá sea, con datos concretos, la nación más fracasada del globo durante el Siglo XX y lo que va del XXI.

Así mismo, de la mano de esta ética proyectada en símbolos e imágenes, se volvió a percibir ese ethos endogámico tan propio del macrismo, con cientos de jóvenes desesperados por congraciarse con sus referentes personales y por cumplimentar los diferentes roles tribales que este espacio les exige desde hace años para pertenecer. Quizá la decepción más grande devenga entonces de los miles que en los últimos meses comenzaron a pensar en la posibilidad de que el macrismo vuelva a la senda con la que supo conquistar legitimidad en sus comienzos. Un camino que se referenciaba sin culpas con la contundencia ideológica de referentes internacionales como el español José María Aznar, quien solía incluso enviar a miembros de la poderosa Fundación FAES a capacitar a los jóvenes macristas en una clara sintonía de éstos para con ideas propias del espectro de derechas; situación que conforme fueron ganando gravitación dentro del espacio referentes como el mencionado Peña y algunos otros, fue ocultada con una vergüenza que muchos al día de hoy no logran comprender.

Desde entonces, el macrismo se convenció a sí mismo de desdeñar la ideología, recortar los discursos, esconder o “tercerizar” la política tradicional, al mismo tiempo que se llenaba de eslóganes lavados y de esa estética cumpleañera que volvió a ser protagonista en las últimas horas. Paradójicamente, fue en gran medida esta “lógica stevia”, como supieron bautizarla sus principales detractores, la que Macri abandonó tras el fracaso de las PASO, cambiándola por los actos masivos, la presencia adusta, beligerante e ideológica de su candidato a vicepresidente, Miguel Ángel Pichetto y por la confrontación directa y sin miramientos con el kirchnerismo, lo que generó, sorpresivamente para el peñismo y no para los que pedían hacía años ese tipo de salto al ring, que Macri recuperase ese 41% de votos que le permiten este regreso incipiente.

Aún falta mucho. Incluso para el determinante octubre próximo. Sobre todo, en un país acostumbrado a vivir sentado sobre una montaña rusa de imprevistos y malas noticias. Sin embargo, quizá Macri debiera hoy mismo replantearse mucho de lo que hizo en este regreso, seguir escuchando a otras voces disonantes, como viene haciendo desde hace algunos meses, y permitir que esas otras expresiones más consistentes que existen dentro de su espacio terminen por tallar la impronta determinante que, en este momento con sabor a final de época, el país parece necesitar.

Algunos se precipitan a decir, en este sentido, que la fórmula Macri-Bullrich es un “improbable con alta posibilidad de ocurrencia”. Habrá que ver qué tienen para decir entonces un Horacio Rodríguez Larreta que resiste calzarse el traje de Jefe de Gabinete, aunque le quepa tan a medida y un Martín Lousteau, quizá decidido a quitar la mira de la Ciudad e ir por la presidencia, lo que podría generar que la pata radical del armado concretase los amagues de ruptura con los que apalanca su interna hoy.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

Winds Of Change In Argentina: New President Appoints Experienced Team

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 2/12/15 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2015/12/02/new-winds-in-argentina-new-president-appoints-experienced-team/

 

“Buenos Aires,” the name of the Argentine capital, translates into “Good Airs” or “Good Breezes.” The hot summer days that are approaching in this South American city are not particularly appealing, but the recent election of Mauricio Macri to the presidency, is making many feel that they are in a political spring. Some observers are forecasting that the election signals the end of populism. “XXIst Century Socialists,” on the other hand, argue that the election is a partial set back and a return to “neo-liberal” and crony capitalist days. The new cabinet, appointed with extreme speed, can give us a sense of what might follow.

Let’s start with the economy. The people chosen by President-elect Mauricio Macri, Alfonso Prat Gay, Pedro Lacoste, Rogelio Frigerio, and Federico Sturzenegger, to lead the ministries and agencies in charge of the Argentine economy are shrewd operators with ample experience in the public and private sectors. Their knowledge of how the Central Bank and other state-owned banks and agencies operate is an essential asset to this transition. During my lifetime, (I was born in 1954), not a single elected president who was not part of the Peronist party was able to finish his mandate. That’s not to say that they were all destabilized by the Peronists alone; one of them, Raúl Alfonsín (1983-1989), did it mostly to himself. His team implemented an easy money policy, which destabilized the economy, forcing him to call for early elections.

Argentina’s president-elect Mauricio Macri will take office as president of Argentina on December 10. (EITAN ABRAMOVICH/AFP/Getty Images)

The knowledge that Prat Gay, Lacoste, and Sturzenegger have of the web of interventionist regulations currently used to control most aspects of the Argentine economy will help the next administration to carefully assess any malfeasance conducted by the Kirchner government during these last weeks and until they take charge on December 10. Martin Lousteau, chosen to become ambassador to the U.S., belongs to the same club as the rest of the economic team. He also worked for the Kirchners and following his political instincts more than his economic understanding, greatly increased the dreaded export taxes, but was chosen due to his political clout.

Like good technocrats, the new team will be able to dazzle their audience and other policy players with numbers and figures. Yet having knowledge of data and economic statistics is not enough to avoid missing the goal of achieving financial stability and sounder monetary policies. The track record of Argentine “monetary experts” has not been good. In this case, pragmatism, of a non-dogmatic, Keynesian fashion, will be the norm. Prat Gay was head of the Central Bank in the early years of Nestor Kirchner’s administration (2002-2004), and Pedro Lacoste was his deputy. Lacoste’s consulting firm, Tilton Capital, is named after the estate of the late John Maynard Keynes. Only when compared with 21st century socialists can this team be considered “neo-liberal;” neo-Keynesian is more appropriate, but still much better than neo-Marxists like the departing Axel Kicillof.

What changes will we see first? I expect that soon most prices will be determined by the market process. There will be a gradual and uneven liberalization of the prices currently set and subsidized by the government (for instance, a train ticket costs 20 U.S. cents, which I estimate is 10 percent of its real value). I forecast that President Macri will respect his commitment to letting the price of the U.S. dollar and other foreign currencies be determined by the market, while asking his team of technocrats to try to smooth major fluctuations. But this will only be possible if the government puts its fiscal house in order and pursues a sound money policy.

To accomplish this goal, I expect that President-elect Mauricio Macri will seek major support from international financial institutions. He will show signs of responsibility by negotiating an agreement with Argentine creditors (the “holdouts”) and pushing for less politicized relations with most countries. Transparency in these first deals, divulging commissions and fees paid to financial brokers and legal advisors will indicate if there is a chance that positive change in Argentina is possible.

The new Minister of Energy, Juán José Aranguren, the recently retired head of Shell Oil Company, was one of the few in the business sector who, during this last decade, dared confront the Kirchner administration not only with words but also with lawsuits. In economics, he champions free markets moderated by social policy; his principled stances made him a darling of local free-market think tanks.

As Minister of Homeland Security, Patricia Bullrich will have a daunting task. But she does not lack the courage. As minister of labor in a previous administration under President De La Rua (1999-2001) she was the only one to really confront the Peronist labor unions. Originally from the “left,” Bullrich became a staunch defender of republican institutions both in Argentina and abroad (with Macri, she will fight for the freedom of Venezuelan political prisoners). Eugenio Burzaco is the new head of intelligence. Burzaco created the police of the city of Buenos Aires in order to counter the more politicized national (federal) police. Teamed with Bullrich, they will be a formidable team. They are committed to combatting narco-trafficking and the many criminal endeavors supported by its profits. Germán Garavano, who with Burzaco wrote “Mano Justa,” a book that received the Sir Antony Fisher Award from Atlas Network in 2005, is the new Minister of Justice. In no area does Argentina score so low as in respect for rule of law and justice. So these appointments are of immense importance.

In addition to justice and security, Argentina faces major challenges in the educational arena. Esteban Bullrich, the new Minister of Education, will bring his knowledge, innovative spirit, and integrity to the national scene. He developed and tested his skills as secretary of education in the city of Buenos Aires. He understands the theory and practice of education.

In Labor, Jorge Triaca (Jr), the son of one of the few moderate labor union leaders in Peronist history, played important roles in Fundacion Pensar. Pensar is a think tank that started as a state policy network, collaborating with think tanks across Argentina and Spain. It later became the official public policy ideas generator for the Macri-led political organization (PRO). Jorge Triaca left Pensar when elected to Congress. Due to his knowledge, big tent approach, and demeanor, he is one of the most admired politicians in Argentina today.

Argentina confronts major problems in economics, rule of law, security, and education. The team assembled by Macri is outstanding on many fronts. In my area of expertise, economics, I anticipate that interventionism will continue. This interventionism will be less political but, as it always favors some at the expense of others, it will not be less risky. In international affairs and global positioning, Argentina will show a very different face, much more civilized, respectful, and modern. All in all, a much welcome change for Argentina, the region, and the world.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

De Lavagna a Kicillof, un único modelo

Por Adrián Ravier. Publicado el 30/1/14 en:

http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/01/30/de-lavagna-a-kicillof-un-unico-modelo/

 

Ante el ya evidente fracaso de la política económica populista del kirchnerismo en los diez años que van desde 2003 a 2013, surge cierta literatura que busca rescatar a algunos responsables directos de los acontecimientos actuales.

Eduardo Duhalde intentó rescatar por ejemplo a su ministro de Economía, Roberto Lavagna, al punto de candidatearlo como una persona de experiencia para resolver la situación actual. Martín Redrado o Martín Lousteau escriben decenas de columnas críticas en las que intentan separarse del actual gobierno, cuando hace unos pocos años acompañaron el proceso. Es cierto, se podrá decir que desde 2007 Cristina Fernández de Kirchner se ocupó personalmente de profundizar ese mismo populismo que “nació” post-convertibilidad, pero cada uno de estos tres economistas tuvo su responsabilidad en la actual situación que sufrimos.

Para empezar, diré que la salida de la convertibilidad fue la peor que se podía haber diseñado. Eduardo Duhalde acusa al gobierno actual de improvisación, cuando él mismo prometió devolver dólares a quienes depositaron dólares, y sólo unos días después pesificó todos los depósitos y fue el responsable de la mayor estafa al pueblo argentino de las últimas décadas. En segundo lugar, hay que ser claros en que esa devaluación, que implicó el abandono de la convertibilidad y que hoy es vista como el comienzo de la “década ganada”, en realidad nos dejó con otra “década perdida”. Es cierto que entre 1998 y 2001 la economía estaba estancada y con alto desempleo, pero la devaluación convirtió esa crisis en una profunda depresión que hizo caer el PIB más del 10 % en 2002, además de destruir el Estado de Derecho.

 

A partir de 2003, la economía se fue recuperando, pero fue recién en 2008 cuando el PIB real alcanzó el nivel de 1998. Mientras Brasil o Chile emprendieron un proceso de crecimiento desde el techo alcanzado hacia fines de la década de 1990, Argentina tuvo que retroceder primero, para observar cómo en la década más afortunada en un siglo –en lo que refiere al contexto internacional-, tan sólo recuperábamos lo perdido. En pocas palabras, entre 1998 y 2008 Argentina no creció, sino que recuperó el terreno perdido por la desafortunada devaluación.

Recordemos que en 1999 hubo otra opción, que fue la dolarización propuesta por Steve Hanke y Kurt Schuler, claramente ignorada. De haberla implementado en su momento, la Argentina sería la primera economía latinoamericana en presentar un PIB per cápita de niveles europeos.

Volviendo a nuestros tres personajes de hoy, Roberto Lavagna asumió como ministro de Economía del presidente interino Eduardo Duhalde en abril de 2002, ratificado en el puesto por el presidente electo Néstor Kirchner en 2003 y desplazado en 2005 producto de disputas internas. Se destaca en general que lideró la recuperación de la economía argentina, pero durante su gestión inicia también el modelo económico vigente, que llamaremos “populismo”, caracterizado por un incremento acelerado del gasto público (especialmente en el nivel Nación), que se financió especialmente con mayor presión tributaria. Recordemos que con Lavagna como ministro de economía, ésta fue ascendiendo desde un 24 % hasta el 30 % del PIB.

Ser reemplazado por Felisa Miceli claramente no mejoró las cosas, aunque se puede decir que a partir de allí y hasta su muerte, Néstor Kirchner se mantuvo como un virtual ministro de Economía, aun con la llegada de Cristina Kirchner al poder. El nombramiento del joven Martín Lousteau como ministro de Economía en diciembre de 2007 iba en línea con esto mismo. Su margen de decisión era muy acotado, aunque cometió el incomprensible error de intentar aumentar aún más la presión tributaria que entonces estaba en el orden del 36 % del PIB. Todos recordamos su propuesta de incrementar las retenciones a las exportaciones de soja por encima del ya excesivo 35 %, que sólo se detuvo por el voto “no positivo” del vicepresidente. Más peleas internas dentro del gobierno, lo terminaron alejando en abril de 2008, y a partir de entonces se convirtió en un crítico del modelo.

El caso de Martín Redrado es un poco más complejo, ya que fue presidente del Banco Central entre septiembre de 2004 y enero de 2010. Durante su gestión jamás reconoció la inflación real, la que duplicaba y hasta triplicaba la oficial declarada por la institución que él presidía. Desde 2007 y hasta su renuncia la inflación sólo estuvo por debajo del 20 % en 2009, el año de la recesión global, al que la Argentina no pudo escapar. Redrado jamás reclamó la independencia del Banco Central, ni se negó a financiar el exacerbado gasto público del Ejecutivo, sino hasta que el oficialismo decidió apartarlo del gobierno.

En esta selección arbitraria de personajes responsables de la debacle que se viene, toca el turno ahora de Axel Kicillof. Claro, muchos dirán que Redrado y Kicillof piensan diferente y es cierto. Pero recordemos que era Kicillof quien antes de integrar el gobierno criticaba a Redrado por sus políticas inflacionarias en el Banco Central. Una vez dentro del modelo, Kicillof olvidó sus críticas, y al momento no hizo nada por corregir las contradicciones obvias de este modelo populista e inflacionario que él llama de “inclusión social”. La sensación que queda entonces es que no importa qué economistas se suman al modelo. Sin importar lo que piensen o en qué autores creen, una vez dentro del modelo se transforman en parte de él, y apoyan incluso aquello que va en contra de sus principios. Volviendo a esta última década, y con una mirada parcial, se podrá decir que hasta 2007 la economía argentina mostraba un superávit fiscal primario, que la inflación estaba controlada y que no existían los problemas cambiarios actuales, pero mi impresión es que se estaban generando las semillas de aquellos problemas que hoy sufrimos.

Y es que en la primera etapa del populismo, uno siempre observa el éxito del modelo, y especialmente cuando la economía parte de una situación deteriorada de actividad económica y empleo. Entre 2003 y 2007 entonces, el modelo populista muestra recuperación de la actividad económica, del empleo y del salario real. La continuidad del kirchnerismo era entonces obvia. Somos muchos, sin embargo, los que ya en esa etapa exitosa pedíamos cautela, y es que el gasto público empezaba a desbordarse, y las tendencias mostraban que ni el precio creciente de la soja, ni sus crecientes retenciones, podían sostenerlas.

No pasó mucho tiempo, hasta que los economistas que revisamos los datos nos empezamos a dar cuenta que la presión tributaria no cedía en su aumento constante, y al mismo tiempo, empezaba a ser normal la monetización del ahora evidente déficit fiscal primario. La aparición de los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios caracterizan precisamente a esta segunda etapa del populismo.

Preocupados por una inflación creciente, muchos economistas empezamos a alertar de los problemas en el modelo, pero fuimos ignorados. La tercera etapa del populismo es la actual, cuando estos desequilibrios básicos se extienden y empiezan a ser evidentes para toda la población a través de la mayor suba de precios, falta de ciertos productos, y anuncios desesperados del gobierno para ocultar lo que en realidad sucede.

Si el lector se pregunta por lo que vendrá, entonces debemos hablar de la cuarta etapa, la del “ajuste”, una etapa de la que nadie quiere hablar, pero que es difícil evitar. El “ajuste” viene acompañado de una inflación acelerada, recesión, problemas de empleo, caída en el salario real y aumento de pobreza e indigencia. Los economistas científicos pedimos a quienes niegan la necesidad del ajuste que nos muestren cómo se sostiene este nivel de gasto a lo largo del tiempo, pero no hay respuesta.

Ante esta realidad, la oposición debería presentar propuestas, pero éstas brillan por su ausencia. Muchos economistas identifican los desequilibrios, pero nada dicen de que es lo que se debe hacer. Nuestra propuesta, junto a Nicolás Cachanosky, es otra vez la dolarización, porque se corrigen los tres desequilibrios, se minimizan los efectos del ajuste y se genera una regla para evitar seguir cometiendo los mismos errores. Pero está claro que esta propuesta aislada es insuficiente. Ella debe entenderse sólo como una parte de una propuesta integral que poco a poco iremos presentando para delinear la Argentina del futuro.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.