Stop fascismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/12/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/stop-fascismo/

 

Los mismos que procuran disfrazar los crímenes comunistas alegando que no fueron producto del comunismo sino del estalinismo se convierten en admiradores de Stalin a la hora de combatir el fascismo. Es un truco, porque el fascismo debe ser combatido, pero la izquierda emplea la lucha contra el fascismo para eludir sus responsabilidades y engañar.

Un engaño es no definir el fascismo con una mínima precisión, y calificar con esta etiqueta a todo lo que no sea de izquierdas. La trampa adopta su forma más ridícula cuando la izquierda identifica el fascismo con el liberalismo, cuando el fascismo es lo contrario del liberalismo. Uno de los argumentos fascistas, en efecto, junto con el corporativismo y el colectivismo, es la economía intervenida por el Estado, que de hecho se aplicó en todas las variantes políticas del fascismo. Esto explica algo que la izquierda jamás considera: sus puntos en común con el fascismo, puesto que ambos confluyen en su rechazo al liberalismo. De ahí que los progresistas de Izquierda Unida y Podemos, cuando votan en contra del libre comercio en el Parlamento Europeo, voten codo con codo con los fascistas de Marine Le Pen, y por las mismas razones antiliberales.

Otro engaño es la utilización de los crímenes fascistas para ocultar los comunistas. Esto se ha hecho con enorme éxito en el campo cultural, académico y periodístico. Basta con comparar la gran cantidad de películas que muestran la barbarie nazi con las pocas que muestran la barbarie comunista. A escala española lo hemos visto con la campaña permanente de la izquierda para intoxicar con la fantasía de que la Guerra Civil española fue una guerra de buenos muy buenos contra malos muy malos, en la que estos últimos ganaron. Nunca cejan en ese empeño mentiroso, y lo llevan adelante en todos los frentes, desde los medios de comunicación hasta en el cambio de nombres de las calles.

La unión de las mentiras en ambas escalas, nacional e internacional, se observa en una interesante reivindicación de Izquierda Unida: “la equiparación del régimen franquista con los de extrema derecha que se desarrollaron en Europa y que fueron derrotados tras la II Guerra Mundial”. Están todos los elementos de la intoxicación: el franquismo es malo al ser de extrema derecha, igual que los malos derrotados en 1945. Lógicamente, si los malos fueron los derrotados, entonces los buenos serán los vencedores. Recordemos que en la famosa foto de los vencedores están Churchill, Roosevelt y…Stalin. Para entonces los bondadosos comunistas rusos habían asesinado a unos veinte millones de trabajadores.

Así que cuando la izquierda se presente como valerosa defensora de la libertad con la consigna “Stop fascismo”, se le podría invitar a que recuerde la famosa frase de Horacio que Marx citó en El Capital: “de te fabula narratur”, contigo va el cuento.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

No, pero sí, a los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/4/17 en: https://www.elcato.org/no-pero-si-los-politicos?utm_content=buffer67d5e&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

 

Alejandro Tagliavini estima que la moderación de Trump parece ser un Donald Trump convertido en político tradicional, a pesar de que su elección reflejó un rechazo a ese tipo de política.

Casi un año estuvo España sin gobierno —con uno de transición, de poderes limitados—, porque el Parlamento no acordaba uno nuevo. Entretanto, la economía mejoró. Entonces, el chiste entre los españoles —a los que visito a menudo— era que, debido a que no tenían gobierno, el país avanzaba. Crece el hartazgo en todo el globo de los políticos, si hasta Donald Trump se presentó como reacción ante la política tradicional. Por caso, antes de las elecciones del 23 de abril en Francia, la abstención ya amenazaba trepar al récord del 32% cuando la participación ha superado el 80% desde 1974.

Según El Mundo de Madrid, Jerôme Fourquet, del Instituto de Opinión Pública, asegura que la abstención se da “especialmente en jóvenes”. Por caso, Vincent, de 25 años, aseguró que no votará y que no le asusta “la amenaza” de que gane Marine Le Pen en la segunda vuelta, sino que es un truco de los tradicionales para atraer al votante: “te dicen, nosotros o el horror”. El mismo truco que utilizó Mauricio Macri haciendo creer que Argentina iba camino de “ser Venezuela”, si él no le ganaba al oficialismo, cuando este oficialismo estaba alejado de las Fuerzas armadas que son la base del poder que armó el coronel Chávez.

Explicaciones hay muchas, como que el sistema parlamentario está obsoleto y tantas otras. Pero no explican que el rechazo a los políticos sea tan universal, de hecho, EE.UU. no tiene sistema parlamentario sino presidencialista. El problema es más hondo y es que la “autoridad” estatal se basa en el monopolio de la violenciafuerzas armadas y poder de policía— cuando ésta siempre destruye, en tanto que las sociedades se manejan cada vez más en base a liderazgos por influencia, que influyen básicamente por sus conductas ejemplares.

Ya decían los filósofos griegos que la violencia contraría —pretende forzar el desvío— el desarrollo natural del cosmos. Y como contra la naturaleza no se puede, la violencia jamás, pero absolutamente nunca, construye, solo destruye. Así, los políticos no cumplen sus promesas y empeoran las cosas. Por caso, ya en 2007, la FAO informaba que en el mundo se producen 10% más de alimentos que los necesarios para toda la humanidad y, sin embargo, 850 millones de personas pasaban hambre.

Dos son las causas básicas de esta aberración, primero, la fuerte carga impositiva de los gobiernos, que aumentan los precios de los alimentos y crean pobreza porque todos los impuestos son necesariamente derivados hacia abajo vía suba de precios o baja de salarios. Y luego, la maraña de trabas regulatorias estatales que encarecen la logística y a veces hasta hacen imposible el traslado y comercialización.

Pero el hombre evoluciona por maduración, así los “revolucionarios” anti políticos terminan casi adaptándose al sistema, con el beneplácito de “las mayorías”. Dice Pablo Pardo que volvemos al pasado. Las búsquedas en Google de “Tercera Guerra Mundial” están en su mayor nivel, cuando Trump decía que era Hillary Clinton la que iba a provocar una conflagración mundial.

Trump ahora dice que la OTAN “ya no está obsoleta”, ha bombardeado en Siria y elevado la tensión en Corea del Norte. Probablemente renueve a Janet Yellen al frente de la Reserva Federal, pese a que había dicho que ésta debería “avergonzarse” de su trabajo. Ha dejado para 2018 la bajada de impuestos y no declarará a China “manipulador de la divisa”. Es el nuevo Trump, un Trump “moderado”, convertido en político tradicional.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Brexit o no Brexit, esa no es la cuestión

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 30/3/17 en: https://www.elcato.org/brexit-o-no-brexit-esa-no-es-la-cuestion

 

El Reino Unido activó este 29 de marzo el artículo 50 del Tratado de Lisboa para iniciar las negociaciones del Brexit. El pasado 23 de junio los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea (UE) —“British exit”— lo que llevó al entonces primer ministro, David Cameron, a renunciar dejando el lugar a Theresa May que asumió el 13 de julio que aseguró que “vamos a hacer que sea un éxito” lo que puede ser verdad, después de todo, el problema es el sistema no la forma.

¿Quién tiene razón? Casi la mitad de los británicos se oponen al Brexit, en tanto que el nacionalismo escocés dejó claro a Theresa May que no está dispuesto a ceder su desafío independentista y que quiere celebrar el nuevo referéndum de independencia antes de que, en la primavera de 2019, Reino Unido quede fuera de la UE. En cualquier caso, muchos creen que, si hay ganadores de la victoria del no británico a la UE, son los partidos de la extrema derecha europea como el Frente Nacional francés liderado por Marine Le Pen.

Supuestamente la líder francesa es “anti sistema”, como Trump. Ambos tienen el mismo mensaje contra las élites políticas y mediáticas, y la misma promesa de endurecer fronteras para “recuperar la soberanía”. Son hábiles para captar el humor de las masas, porque está claro que las sociedades occidentales están hartas del sistema, pero, dejando claro que el mundo —como todo en el cosmos— evoluciona por lenta maduración y nunca por revoluciones, en realidad están apoyando a quién desde “fuera del sistema” sostendrá al sistema.

Aunque “No hay puntos en común, en realidad” entre Trump y Le Pen, dice Jean-Yves Camus, de la Fundación Jean Jaurès, próxima al Partido Socialista francés. Trump, aunque no era político, fue el candidato de uno de los dos grandes partidos del sistema. El Frente Nacional, se dice fuera del sistema porque no tiene puntos de encuentro con los otros partidos, pero Le Pen es una política profesional.

Y ambos sintonizan con la Rusia de Vladímir Putin y el cuestionamiento al “orden internacional liberal”. Es la hora de los estados-nación, de líderes fuertes, dicen, del nacionalismo frente al globalismo… vamos, digámoslo claramente, de la demagogia, de otro modo no se explica que Putin siga teniendo 80% de aprobación aprovechando, por cierto, el aparato de propaganda que conlleva el ser oficialista.

Aunque Alexei Navalny, días atrás, convocó una gran marcha anti corrupción sin autorización en la que resultaron detenidos él junto a más de 800 personas en Moscú, consiguiendo romper el tabú de la necesidad de pedir permiso para protestar. 90 ciudades se movilizaron, desde Kaliningrado a Siberia, siendo zonas donde la vida transcurre despacio, y la gente depende más de ayudas estatales, y está controlada por dirigentes que pueden tomar represalias.

Pero el “respeto” que se tiene hacia Putin no es extensible al gobierno: “Es falso que en los pueblos se conformen, la gente está harta de la policía corrupta y el gobierno ineficaz”, explicaba un miembro de una familia de los Urales. He ahí la clave, el verdadero sistema del cual la gente está harta —y que los políticos sostienen incluidos los “anti sistema”— es el Estado actual que significa el monopolio de la violencia —la violencia— el poder de policía con el que los burócratas imponen sus leyes, sus caprichos y sus intereses y que, como toda violencia, es destructiva y, por tanto, ineficiente.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Simetrías franquistas

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/8/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/simetrias-franquistas/

 

Hace un tiempo volvió a desatarse el odio de ERC y Podemos en el Parlamento de Cataluña contra Ciudadanos, porque este grupo rechazó “condenar el franquismo”. Una de las grandes mentiras de nuestra izquierda es que sólo el franquismo era malo, mientras que el antifranquismo era bueno. Aderezan a menudo esta mentira acusando al franquismo de golpista y de haber provocado, en solitario, la Guerra Civil. Distorsionan espectacularmente la historia con el objetivo de presentar a los enemigos del franquismo como grandes amigos de la libertad, la justicia, la paz, la tolerancia y la democracia, un fabuloso camelo que no se tiene en pie.

Pero es que para la izquierda el camelo no es un accesorio: forma parte de su misma esencia, y no puede vivir sin él. De ahí la constante propaganda que diviniza a los suyos y demoniza a los otros, incluso cuando aparentemente los elogia. Aún recuerdo cuando en los años 1980 la izquierda simulaba reconocer a Manuel Fraga, con el supuesto elogio de que había “civilizado a la derecha”. La maniobra era artera y sutil, al dar dos cosas por sentadas: en primer lugar, que la derecha era incivilizada, y, en segundo lugar, que la izquierda no requería tarea civilizadora alguna, porque ya venía civilizada de casa.

El último acto de esa mentira es la llamada memoria histórica, que ni es memoria, porque no busca recordar, ni es historia, porque no pretende analizar el dolor del pasado sino utilizarlo para promover una agenda política del presente, que sigue profundizando en la mentira. Ahora la cuestión estriba en cargarse la transición (otra herencia envenenada de Zapatero), volver a agitar el fantasma de que en la Guerra Civil perdieron los buenos, y acusar a todo el que se oponga de “facha” o franquista. De ahí viene la urgente necesidad de cambiar los nombres de las calles desde Madrid a San Roque, donde le han quitado su avenida a Castiella, o retirar el busto de José María Pemán en el Ayuntamiento de Jerez, etc.

En todo este proceso, asimismo, hay unas interesante simetrías. No me refiero a la conocida confluencia de los fascistas con la izquierda, porque cualquiera sabe que los nazis y los comunistas tenían muchos puntos en común (véase “Lenin y Hitler” aquí: http://goo.gl/Ugff21). Me refiero más concretamente al franquismo en comparación con la izquierda española actual. La regulación del comercio, que profundiza ahora la izquierda en nuestro país, es franquista, lo mismo que las licencias de los hoteles que esgrime Ada Colau en Barcelona, presumiendo de progresismo.

El cierre del comercio exterior y el proteccionismo es un terreno típico para la confraternización entre fachas y progres. Por ejemplo, en el rechazo al libre comercio, o al comercio algo más libre, entre Europa y Estados Unidos, los eurodiputados de Podemos votan siempre junto a la ultraderecha de Marine Le Pen. Hombre, dirá usted, no son iguales. No digo que lo sean, pero en su odio a la libertad se parecen bastante ¿no?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

SE ACENTÚA EL PELIGRO NACIONALISTA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El caso de Austria vuelve a poner sobre el tapete el tremendo avance nacionalista, es decir, la xenofobia, la cultura alambrada, la obtusa y retrógrada desconfianza en el comercio internacional libre, el ataque a los inmigrantes y, en definitiva, la vuelta a los instintos más oscuros del hombre primitivo.

 

En este caso pongo de relieve el peligro del candidato presidencial austríaco Norbert G. Hofer que acaba de perder en la segunda vuelta por escasísimo margen (49.7 % frente a 50.3% de los sufragios del ganador en la contienda electoral). La primera vuelta en abril del corriente año la ganó Hofer por el mayor caudal de votos de un presidente desde 1945, momento en que fue efusivamente felicitado por los otros candidatos nacionalistas de Europa: Matteo Salvini de la Liga del Norte de Italia, Marine Le Pen del Frente Nacional francés, Frauke Pety de Alternativa para Alemania y Greet Wilders del Partido Holandés para la Libertad.

 

En este panorama siniestro de los cuasi-nazis europeos no hay que dejar de lado al candidato Donald Trump con el discurso por todos conocido del otro lado del Atlántico, para no mencionar a megalómanos como el venezolano del chavismo y sus imitadores (entre muchos otros autores, J.F. Revel nos muestra en detalle en La gran mascarada el íntimo parentesco y la comunión de ideales entre el nacionalismo y el comunismo).

 

Es en verdad muy triste que nada menos que en Austria sucedan estas cosas, la tierra del cosmpolitismo antes del advenimiento del asesino serial: Hitler.  Stefan Zweig nos cuenta es su magnífica autobiografía –El mundo de ayer- de los célebres cafés vieneses visitados permanentemente por contertulios de todas partes del mundo, donde se exhibían los periódicos más destacados de todos los puntos del planeta. Nos detalla las enormes ventajas del cosmopolitismo que permitieron a los austríacos gozar de progresos culturales notables en la literatura, la música, la economía, el derecho y el psicoanálisis. Nos muestra el clima en los colegios y en la universidad de Viena por el empeño por estudiar todo lo que se pudiera sin ni siquiera percatarse cual era el lugar de origen de tal o cual contribución que tomaban como patrimonio de la humanidad. Nos relata el valor de establecer marcos institucionales civilizados y de respeto recíproco en el contexto de la propiedad privada y la santidad de los contratos, así como también la importancia de contar con una moneda estable y segura.

 

El nacionalismo toma las fronteras como diques infranqueables en lugar de percibir que solo tienen sentido para evitar los enormes peligros de concentración de poder que significaría un gobierno universal. El fraccionamiento en estados y éstos en provincias que a su vez se subdividen en municipios fueron originalmente establecidos para minimizar el abuso de poder político y no para crear tensiones y actitudes confrontativas cuando no abiertamente bélicas entre si. En una sociedad abierta, el uso de la fuerza solo está permitida como recurso defensivo pero nunca ofensivo contra los propios ciudadanos o contra los que han nacido en otros lugares. Como es sabido, las fronteras nada tienen de natural, son fruto de trifulcas bélicas y de la geología.

 

La cultura y el progreso están ubicados en un proceso evolutivo de entregas y recibos recíprocos. En este sentido, los libros, las músicas, las arquitecturas y los estilos, el descubrimiento del derecho, los procesos económicos, la gastronomía, la medicina, la religión, los métodos agrícolas y tantas otra manifestaciones culturales no tienen patria, son fruto de los referidos procesos de donativos y de recepciones que no se extinguen en el tiempo. Solo debe bloquearse la lesión a derechos de terceros.

 

Mario Vargas Llosa nos dice en “Elefante y la cultura” que “considerar lo propio como un valor absoluto e incuestionable y lo extranjero un desvalor, es algo que amenaza, socava, empobrece o degenera la personalidad espiritual de un país. Aunque semejante tesis difícilmente resiste el más somero análisis y es fácil mostrar lo prejuiciado e ingenuo de sus argumentos, y la irrealidad de sus pretensión -la autarquía cultural-, la historia nos muestra que se arraiga con facilidad”.

 

Los nacionalistas apuntan principal aunque no exclusivamente a dos planos de análisis: a interferir con el movimiento de bienes y servicios con otros territorios y a intervenir en los movimientos migratorios, en cualquier caso recurriendo a léxicos horrendos como “el ser nacional” y otras sandeces equivalentes y con lenguaje siempre patriotero e incendiario. Veamos entonces aquellos dos aspectos cruciales por lo menos sumariamente en sus aspectos fundamentales.

 

En lo referente al primer punto, resulta clave comprender algo elemental y es que es mejor comprar barato y de alta calidad que comprar caro y de mala calidad. Esto que parece tan simple es negado por aranceles aduaneros, tarifas y manipulaciones del tipo de cambio en prácticamente todas partes.

 

Todo arancel inexorablemente significa mayor inversión por unidad de producto, a saber, obliga a destinar una suma mayor de dinero por cada producto ingresado al país en cuestión. Y, a su vez, dicha mayor inversión por unidad de producto naturalmente  hace que hayan menos productos, lo cual se traduce en un nivel de vida más bajo. Ergo, todo arancel siempre y bajo toda circunstancia empobrece.

 

Ahora bien, especialmente desde el decimonónico Friedrich List se ha difundido la peregrina teoría de “la industria incipiente” que reza más o menos así: estamos de acuerdo con el librecambio pero es necesario darle tiempo a las industrias recién instaladas (industrias incipientes) para que puedan ponerse a tono con la tecnología desarrollada por empresas extranjeras con mayor experiencia y tiempo en el mercado, de lo contrario, se sigue diciendo, sería injusto para la “industria nacional”.

 

Este pretendido argumento es falaz por donde se lo mire. Es correcto que la gran mayoría de las empresas no muestran ganancias en los primeros períodos, pero si la evaluación de proyectos está bien realizada, se supone que el retorno sobre la inversión más que compensará los quebrantos iniciales.

 

En el caso de la “industria incipiente” son los propios empresarios los que deben cubrir los primeros períodos de pérdidas y no pretender endosarle la carga sobre las espaldas de los consumidores. Si los empresarios del caso no tuvieran los suficientes fondos para encarar la situación de su negocio, pues venden la idea en el mercado local o internacional para obtener los recursos faltantes.

 

Si nadie en el mercado local o internacional se interesa por comprar el proyecto, es solo por uno de dos motivos. O se trata de un “cuento chino”, que es lo que muchos veces sucede cuando se eterniza la condición de industria incipiente, o si bien es un proyecto rentable se estima que hay otros que son prioritarios y como los recursos son limitados no puede encararse todo al mismo tiempo por lo que el proyecto debe esperar.

 

Respecto a las fuentes de trabajo debe enfatizarse que la mayor productividad libera recursos humanos y materiales para encarar otras faenas que al momento no se podían hacer debido a que los recursos en cuestión estaban esterilizados en las tareas anteriores. Como he dicho muchas veces, este fue el destino del hombre de la barra de hielo antes del refrigerador o del fogonero antes de la aparición del los motores Diesel. Si se forzara a retrotraerse a las condiciones anteriores eliminando la consiguiente productividad, los salarios en términos reales se reducirán.

 

Hay otras muchas falacias tejidas en torno al comercio exterior (que en su esencia no se diferencian del comercio interior) pero que en una nota periodística no cabe su análisis.

 

En cuanto al segundo punto de los movimientos migratorios, es pertinente subrayar que en una sociedad libre la expresión “inmigración ilegal” es del todo impertinente. Todos deberían tener la posibilidad de ubicarse donde lo estimen conveniente sin pedir permiso de ninguna naturaleza.

 

Solo los delincuentes deben ser bloqueados, pero eso no diferencia los nativos de los extranjeros. Todos los que no nos hemos mantenido en el continente africano somos inmigrantes dado que el origen del hombre es ese continente.

 

Por supuesto que, igual que en el librecambio de bienes, puede circunstancialmente disminuirse algún salario debido a la competencia, pero el mejor aprovechamiento del capital y la mayor productividad elevan las tasas de capitalización conjuntas lo que empuja todos los salarios e ingresos al alza. Lo que resulta indispensable para evitar la tragedia del desempleo es dejar de lado la peregrina idea de que los salarios pueden decidirse por decreto en lugar de comprender que se establecen según sea la inversión per capita fruto del ahorro interno y externo.

 

Se ha dicho que los inmigrantes significan un costo adicional al fisco (es decir, al contribuyente) debido a que recurren a servicios del llamado “estado benefactor”. En realidad este es un problema del “estado benefactor” y no un problema que presenta la inmigración. De todos modos, para que esto no sirva de pantalla al efecto de eliminar o limitar la inmigración, debe subrayarse que a los inmigrantes les debería estar vedado el uso de ese tipo de servicios pero, naturalmente, tampoco deberían estar obligados a aportar para mantenerlos con lo que serían personas libres tal como a muchos ciudadanos les gustaría ser y no verse compelidos a financiar servicios caros, deficitarios y de mala calidad.

 

En sus estudios Julian Simon alude a las motivaciones de los inmigrantes para dejar sus tierras y a los consiguientes comportamientos en sus nuevos destinos. En ese sentido, ha presentado trabajos sumamente medulosos sobre la inmigración, por ejemplo, su libro The Economic Consequences of Immigration y su ensayo “Are there Grounds for Limiting Immigration?” donde señala: a) los inmigrantes están más dispuestos a trabajar en tareas que los nativos no aceptan b) son más flexibles en el traslado a distintos lugares c) tienen menos hijos debido a la inseguridad y a las situaciones apremiantes por las que han debido pasar en sus países de origen d) muestran mayor propensión al ahorro d) revelan buen desempeño no solo en sus trabajos sino en sus estudios e) debido a sus edades muestran estados de salud sumamente satisfactorios y f) ponen de manifiesto su capacidad para encarar nuevos emprendimientos.

 

Estos dos capítulos revelan los dardos venenosos de los nacionalismos, es de esperar que con los suficientes esfuerzos educativos puedan prevalecer los valores y principios de una sociedad abierta para bien de todos, muy especialmente para los más necesitados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.