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Groseros errores en el guión que le escribieron a Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 22/5/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/05/22/groseros-errores-en-el-guion-que-le-escribieron-a-cambiemos-2/

 

Sería bueno que Cambiemos empiece a cambiar el discurso de confrontación que hundió a la Argentina

Mauricio Macri (Fabián Ramella)
Mauricio Macri (Fabián Ramella)

Solo con ver algunos datos de Angus Maddison, podemos observar cómo Argentina pasó de ser un país desarrollado a un país subdesarrollado. Países que mirábamos por encima del hombro como si fuésemos unos fenómenos, nos pasaron como poste caído en los últimos 70 años e inclusive en menos de 70 años.

PBI per cápita

PBI per cápita

Comparando la evolución del ingreso per capita de Argentina con algunos países seleccionados, podemos ver lo dramático de nuestra caída o estancamiento, mientras el resto seguía creciendo.

Por ejemplo, en 1921 teníamos un ingreso per capita 24% superior al de España, y en 2016 España tuvo ingreso per capita 68,8% superior al nuestro Irlanda, cuya población emigraba por el escaso futuro que ofrecía su país, tenía un ingreso per capita que era el 57% de nuestro ingreso per capita. En 2016 Irlanda tuvo un ingreso per capita 198% más alto que el nuestro. Corea del Sur, país del cual aquí solían mofarse por los productos de baja calidad, tenía un ingreso per capita equivalente al 15,6% de nuestro PBI per capita y en 2016 pasó a tener un ingreso per capita 95% más alto que el nuestro.

La gente que habré escuchado decir: no se puede gastar en porquerías como los paragüitas de Taiwán. En la década del 70, teníamos un ingreso per capita 177% más alto que el de ellos. En 2016 Taiwán, con sus paragüitas, logró tener un ingreso per capita 126% mayor que el nuestro.
Como puede verse en la última línea de cuadro, todos los países seleccionados tuvieron un crecimiento del ingreso per capita superior al de Argentina.

Explicar nuestra larga decadencia da para un libro o un tratado, no obstante es bastante claro que la dirigencia política argentina ha generado un conflicto social permanente bajo el argumento de que la pobreza de unos se debe a la riqueza de otros. En otras palabras, el que es pobre, lo es porque otro es rico. La solución pasa, entonces, por redistribuir con “justicia social” la riqueza igualando hacia abajo.

Vidal, la política con mejor imagen en el país, cometió tres groseros errores de comunicación (Gustavo Gavotti)

Vidal, la política con mejor imagen en el país, cometió tres groseros errores de comunicación (Gustavo Gavotti)

La dirigencia política argentina se ha caracterizado por nunca hacerse cargo de sus actos y siempre señalar como culpable a otros. Lo hizo el kircherismo y se suponía que Cambiemos venía a cambiar ese discurso que en nada contribuye al crecimiento.

Los tres errores de Vidal

Lamentablemente, el marketing político de Cambiemos parece seguir ajustándose a los tradicionales discursos populistas y sin lógica económica alguna, al punto que María Eugenia Vidal, la política con mejor imagen en el país, acaba de cometer tres groseros errores de comunicaciónpor abusar del marketing político en vez de usar la lógica económica.

La gobernadora de la provincia de Buenos Aires, que tiene una gran imagen positiva en la población, cometió el primer y grosero error al manifestar que Macri no podía describir en diciembre de 2015 la crítica situación que se había heredado del kirchnerismo, porque hacía falta endeudarse para financiar el gradualismo y si se contaba la verdad a los acreedores nadie le iba a prestar a Argentina para hacer el gradualismo.

Lo que nos está diciendo María Eugenia Vidal es que o Macri le mintió a los acreedores o que es un estafador porque les mintió a los acreedores. ¡¿Quién le escribe semejante guión a la gente de Cambiemos?!

Encima, es absolutamente insostenible ese argumento porque los acreedores, al igual que los economistas, sabíamos muy bien la pesada herencia económica que se recibía del kirchnerismo. Incluso, si fuera cierto el argumento utilizado por la gobernadora de Buenos Aires, entonces el presidente no habría cumplido con su obligación de dar el verdadero estado de la nación. No se le puede mentir al pueblo sobre los negocios de la nación para que el gobierno pueda beneficiarse aplicando una política económica determinada, que finalmente fue errada y agregó más problemas a los ya existentes.

El segundo error de Vidal consistió en afirmar que había encargado un estudio para ver quiénes estaban aumentando los precios injustificadamente, afirmando que esos aumentos desmedidos no le hacen bien al país. ¿Por qué cometió un error la gobernadora? Porque en la provincia de Buenos Aires el impuesto inmobiliario (por lo menos a mí que vivo en dicha provincia) me aumentó el 48,2% en los últimos 12 meses contra una inflación del 26% y desde que llegó al gobierno me incrementó el impuesto inmobiliario el 151,6% contra una inflación, en el mismo periodo, del 92%. Todo parece indicar que aquí no tuvo problemas con olvidarse del gradualismo y sacudir un incremento impositivo de esa magnitud.

Algunos podrán argumentar que se hizo un ajuste de los valores de las propiedades de acuerdo al precio de mercado. Sin embargo cualquier persona que haya hecho una operación inmobiliaria de una casa, sabe que los valores de tasación nada tienen que ver con los precios que finalmente se pactan en el mercado. Son sustancialmente menores. De manera que no se sabe qué criterio aplicó para hacer un ajuste que nada tiene que ver con el gradualismo.

La realidad es que el presupuesto de la provincia de Buenos Aires pasó de $246.207 millones en 2015, último gobierno K, a un presupuestado para este año de $629.963 millones, un incremento del 156% contra una inflación en el período del 110% si asumimos un 20% de inflación para este año. Es más, el presupuesto 2018 tiene un aumento del 20% sobre el presupuesto de 2017 contra una inflación original del 10% y luego del 15%, de manera que a la hora de gastar plata del contribuyente la política no entiende de gradualismo y mucho menos cuando llega el momento de incrementar los impuestos.

Tiene habilidad para ganar elecciones

Reconozco que la gobernadora y Cambiemos tienen gran habilidad para ganar elecciones, igual que la tuvieron otros partidos políticos hasta que la gente dijo basta (menemismo, los K, e incluso Alfonsín con el tercer movimiento histórico), pero a la hora de conocer el ABC de la economía uno se explica la decadencia que muestra el gráfico.

En economía no son los costos los que determinan los precios, sino que son los precios los que determinan los costos en los que pueden incurrir las empresas. Es lo que se conoce como teoría de la imputación, y no conocerla es su tercer error. El proceso es inverso. Primero la empresa ve qué precio está dispuesto a pagar el mercado por su producto y qué cantidad puede vender a ese precio y en base a los ingresos que estime podrá determinar en qué costos puede incurrir (mano de obra, insumos, costos fijos, etc.). En lo que hace a la tasa de rentabilidad, no empecemos de nuevo con el verso de si ganan mucho o poco porque la rentabilidad está atada al riesgo de hundir una inversión en Argentina. Además, siempre está el BCRA ofreciendo un 40% de tasa como para que alguien haga cuentas y decida si le conviene invertir en LEBAC o hundir una inversión y lidiar con la AFIP, ARBA, los sindicatos, cobrar las cuentas y demás riesgos empresariales.

En resumen, sería bueno que Cambiemos empiece a cambiar el discurso de confrontación que hundió a la Argentina. Ese discurso de los políticos de nunca hacerse cargo de los errores que cometen y siempre buscar algún culpable: el FMI, los formadores de precios, la especulación y mil discursos más, propios del populismo.

Siempre insisto en que el problema económico argentino es un problema de los valores que imperan en la sociedad. Esos valores son los de confrontar a la sociedad diciendo que la desgracia de unos es consecuencia de la ambición de otros. En nuestro caso, solo puede darse esa explicación mostrando la ambición de los políticos por ganar elecciones y mantenerse en el poder a costa del nivel de vida de la población.

Hay que salir del discurso de confrontación para comenzar a cambiar los valores que hoy imperan en la sociedad. En otras palabras, a Cambiemos, por lo menos, le está faltando un guionista que le escriba un discurso creíble y consistente. Diferente al populismo de los últimos 70 años.

Si Cambiemos es la generación que vino a cambiar la Argentina, no lo va a lograr con el mismo discurso populista que nos hizo pasar del desarrollo al subdesarrollo. Un viejo discurso para pretender ser la nueva generación.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Presupuesto de las legislaturas: el negocio de los políticos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/9/17 en:

 

Poco tiempo atrás, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, afirmó que tiene que haber un violento ajuste de la política en cargos y asesores y planteó que “ya no se le puede pedir más a la gente”

Poco tiempo atrás, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, afirmó que  tiene que haber un violento ajuste de la política en cargos y asesores” y planteó que “ya no se le puede pedir más a la gente”. La gobernadora no está equivocada, y cuando se dice que el gasto público es inflexible a la baja, es inflexible para la corporación política que parece haber hecho un lucrativo negocio de ocupar cargos públicos.

Seguramente Vidal debe ver el presupuesto y debe espantarse de la forma en que dilapidan los recursos de los bonaerenses. Al respecto dediqué bastante tiempo a buscar el presupuesto del Congreso de la provincia de Buenos Aires, tanto de diputados como de senadores, y, curiosamente, no figura en el presupuesto provincial. Es como si los representantes de los habitantes de la provincia de Buenos Aires no quisieran informarles a los contribuyentes cómo gastan ellos los impuestos.

Buscando y buscando logré armar algo del rompecabezas de cuánto gastan los legisladores de la provincia de Buenos Aires en base a informes ejecutados de presupuesto publicados en el sitio del Ministerio de Economía de la provincia.

 

En pesos corrientes el gasto en la función legislativa aumentó el 71% entre 2017 y 2015.

De acuerdo a la ley 14886, la cámara de diputados solamente, pasaría a tener 1.347 empleados en 2017 entre planta permanente y temporaria versus los 1.224 que figuraban en el presupuesto de 2016. Considerando que hay 92 diputados provinciales, tenemos una relación de casi 15 empleados por cada legislador. Digamos que cada diputado es una PYME. El presupuesto para la Cámara de Diputados es de $ 3.668 millones de los cuales $ 2.500 millones son para gastos en personal. Dicho de otra manera, cada legislador les cuesta a los bonaerenses con su sueldo, secretarias, asesores y gastos operativos $ 40 millones al año, algo así como $ 3 millones mensuales. Es como si yo, para poder preparar mis informes económicos necesitase una estructura de $ 3 millones. ¿Cuánto tendría que cobrar una conferencia sobre la situación económica para cubrir mi costo fijo de $ 3 millones mensuales? Es más, ¿quién estaría dispuesto a pagarme los honorarios disparatados que surgirían de semejante costo operativo? Nadie. ¿Por qué los diputados de la provincia de Buenos Aires pueden tener ese gasto fijo? Porque no tienen que salir a buscar clientes ya sus ingresos provienen de un cliente cautivo que es el contribuyente al cual se le quita el dinero por la fuerza mediante el monopolio de la fuerza que tiene el estado.

Encontrar datos sobre el presupuesto del Senado de la provincia de Buenos Aires es una misión imposible. Los datos están bien escondidos, pero por si el gasto de ambas cámaras para 2017 es de 6.464 millones, entonces el presupuesto para el Senado sería de $ 2.796 millones. Siendo que hay 46 senadores provinciales, cada senador necesitaría $ 61 millones mensuales, $ 5 millones mensuales para “legislar”.

A nivel nación, los fondos destinados específicamente para legislar son los siguientes. La Cámara de Senadores tiene un presupuesto para el año en curso de $ 5.297 millones, dinero destinado a pagar sueldos de los legisladores, de los empleados del Senado, la compra de bienes y servicios, etc. Por su parte, la Cámara de Diputados tiene asignado un presupuesto para 2017 de $ 5.550 millones, también para los mismos conceptos.

De los números anteriores se desprende que para poder legislar, un senador tiene un costo para el contribuyente, entre su sueldo, el sueldo de la secretaria, sus asesores, encargados de prensa, etc. de $ 74 millones anuales, es decir, en promedio tiene un costo de $ 6,2 millones mensuales.

Los diputados nos salen más económicos. Siendo 257 diputados y con un presupuesto de $ 5.550 millones, cada diputado tiene un costo para el contribuyente de $ 22 millones anuales, $ 1,8 mensuales.

Si uno compara el costo por legislador tanto a nivel nación como a nivel provincia de Buenos Aires, son parecidos.

De acuerdo a la información que proporciona la página web del Senado de la Nación, dicho cuerpo tiene asignados 3.192 empleados de planta permanente y 1.862 de planta transitoria. Un total de 5.054 empleados solo para el Senado. Aquí no se tiene en cuenta ni la biblioteca, la imprenta o la obra social. Si uno divide los 5.054 empleados por los 72 senadores, tenemos que en promedio cada senador necesita 70 empleados para trabajar. ¡Cada senador es una PYME!

No puedo dar los datos de diputados porque, lamentablemente, ya no se publican como se hacía antes.

Es importante aclarar que en los datos del Congreso Nacional, no están los 1.600 empleados que hay en la biblioteca del Congreso, los 575 que están en la imprenta en la era de internet o los 100 que están en la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual (no tengo idea cuál es su función).

Normalmente se trata de medir cuánto trabaja un legislador por la cantidad de proyectos de ley que presentó en el año. Es más, muchos legisladores se enorgullecen diciendo que presentaron 20, 50 o 100 proyectos de ley. La realidad es que esa inflación legislativa termina ahogando la actividad privada. En rigor lo que se necesita es una gran ley derogatoria de todas las leyes que agobian al ciudadano y que ya nadie sabe si se cumplen o no se cumplen. A mayor cantidad de leyes, menos libertad individual.

En síntesis, la dirigencia política en general y los legisladores en particular deberían dejar de preguntar dónde puede bajarse el gasto público, cuando los economistas les decimos que hay que bajarlo, y empezar a mirar la cantidad de recursos que dilapidan ellos para mantener a sus punteros, colaboradores de campaña y, vaya uno a saber si no figura alguna/o amante de algún legislador o legisladora.

Cerrando, que vayan a otro lado con el cuento que no se puede bajar el gasto público. Y estos datos son solo una muestra de todo lo que se puede recortar en beneficio del sufrido contribuyente. El tema es si los legisladores, a nivel nacional y provincial están dispuestos a terminar con el negocio de hacer política.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Los sindicatos contra el empleo y el salario

Por Iván Carrino. Publicado el 9/3/17 en:  http://www.ivancarrino.com/los-sindicatos-contra-el-empleo-y-el-salario/

 

El martes fue un día más en la nueva normalidad a la que nos estamos acostumbrando en la Ciudad de Buenos Aires. El centro totalmente colapsado, bombas de estruendo, bombos, y calles y avenidas cortadas. Los que tenemos la suerte de trabajar en oficinas alejadas del Obelisco, el Congreso, o las inmediaciones de la Casa Rosada, no sufrimos mucho los embates de los grupos organizados que luchan contra la política del gobierno.

Los que no tienen otra alternativa que acudir al microcentro, sufren el estrés y el caos que los manifestantes generan a diario.

A principios de la semana la movilización fue encabezada por los gremios docentes, quienes exigen que sus salarios suban 35%. El martes la marcha fue encabezada por la Confederación General del Trabajo, que protesta contra una supuesta ola de despidos y pide un cambio de rumbo económico. La propuesta de la CGT terminó con desmanes, incidentes y casi a las trompadas.

Puertas adentro, las posturas de la CGT se dividen entre los más izquierdistas y los más peronistas. Es decir, nada  bueno para el crecimiento que el país necesita.

En mi más reciente libro dedico una extensa parte a analizar el rol de los sindicatos en la economía y el crecimiento de Argentina. Allí menciono un análisis de Friedrich A. Hayek, Premio Nobel de economía, que parece describir de manera perfecta la actualidad de nuestro país.

Para el economista austriaco:

“Dado que la huelga ha sido aceptada como un arma legítima de los sindicatos, se ha llegado a creer que se les debe permitir hacer lo que sea que les parezca necesario para conseguir una huelga exitosa. En general, la legalización de los sindicatos ha llegado a significar que cualquier método que consideran indispensable para sus propósitos también debe considerarse legal”.

Paros generales, cortes de calles y destrucción de la propiedad de terceros… todo está permitido bajo el mantra de la defensa de los trabajadores. El problema, sin embargo, es que muy a menudo los sindicatos son totalmente perjudiciales para aquéllos a quienes dicen defender.

Los sindicatos contra el empleo

Uno de los enunciados de los sindicalistas de la CGT es que no quieren aceptar una suba de sus salarios del 18%, como originalmente propuso María Eugenia Vidal a los docentes de la Provincia de Buenos Aires. De acuerdo con su análisis, el aumento salarial debería compensar la pérdida de poder adquisitivo del año pasado y, además, incorporar la inflación de este año.

Así, los pedidos más conservadores están en 24%, mientras que los docentes liderados por Roberto Baradel piden 35%.

Muchos suelen ver el número del 17-18% como una exigencia del gobierno para bajar la inflación. Como si los costos laborales fueran los responsables del alza de precios (y no a la inversa), creen que el gobierno, para controlar la inflación, busca controlar los salarios.

No tengo pruebas de que esto sea así, aunque tampoco de que no lo sea. El gobierno puede pensar que la inflación es un fenómeno puramente monetario, en cuyo caso le daría lo mismo a qué acuerdo llegan los trabajadores con las empresas. O bien puede pensar que los costos determinan los precios y por tanto una suba de los salarios podría potenciar al alza los precios.

Sin embargo, la discusión más importante no es la de la inflación sino la del empleo. Es que el ritmo de aumento de los precios estará determinado  por la política del Banco Central. En este marco, asumiendo que efectivamente cumple su meta del 17%, los aumentos salariales que estén por encima de ese número podrían poner en peligro los puestos de trabajo.

Veámoslo con un ejemplo muy simplificado. Si un trabajador cobró $ 10.000 mensuales en 2016 y su salario pasa a ser de $ 12.000 en 2017, estará recibiendo un aumento del 20%. Sin embargo, si los ingresos de la empresa (asumamos que también fueron de $ 10.000) suben con la inflación proyectada de 2017, éstos serán de $ 11.700.

En ese contexto, los ingresos no pueden sostener el aumento del costo y el empleado quedará sin trabajo.

Obviamente habrá empresas cuyas ventas crezcan más que la inflación y otras donde crezcan menos. Pero el punto es si los salarios van a aumentar más o menos que los ingresos de la empresa. Mientras los sindicatos pidan aumentos que superen ese incremento, y estos pedidos tengan curso, el resultado inevitable será un mayor desempleo.

Los sindicatos contra tu salario

Otro de los pedidos de la marcha de la CGT fue un mayor proteccionismo. De  acuerdo con su mirada, existe una ola indiscriminada de importaciones que está poniendo en riesgo a la actividad industrial y, por tanto, también a la creación de puestos de trabajo.

Esto no es del todo cierto. En 2016 las importaciones cayeron 7% en dólares y, si bien el sector industrial todavía pierde empleo, el resto de los sectores comenzó a recuperarse a partir del mes de julio del año pasado.

2017.03.09

 

Al insistir con un cierre de la economía, los gremios están pidiendo que se proteja a un sector específico, pero sin mirar lo que está pasando con todos los demás.

Ahora existe otro punto crucial. En los países más abiertos al comercio internacional, el ingreso per cápita es en promedio 6 veces más alto que en los países más cerrados. Al tener comercio libre, los productos son más baratos gracias a las importaciones y, por tanto, los salarios reales, mucho mayores.

En conclusión, al buscar combatir la economía libre y pedir aumentos salariales que no guardan relación con la productividad, los sindicatos no solo generan desempleo, sino que terminan resultando en ingresos más bajos para los trabajadores.

Finalmente, el poder de lobby de los líderes sindicales es cada vez mayor, al mismo tiempo que sus supuestos defendidos están cada vez peor. Es hora de probar otras recetas.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El humo progre de la campaña no sirve para gobernar

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 5/3/17 en: http://economiaparatodos.net/el-humo-progre-de-la-campana-no-sirve-para-gobernar/

 

Me parece, que el humo progre que muy bien vende Durán Barba en las campañas electorales puede servir para ganarlas, de lo que estoy seguro es que ese humo progre que venden para ganar, no sirve para construir un país próspero

La semana pasada hice una prueba en las redes sociales (Facebook y Twitter) que me dejaron en claro que todavía estamos bastante lejos de haber comprendido el sentido de un cambio profundo en el país. Creemos que porque el kirchnerismo fue desplazado del poder, con Cambiemos la cosa va a ir mejorando lentamente. El error está en creer que con algunas medidas económicas, un gobierno más respetuoso de los derechos individuales y tiempo, todo funcionará mejor. Casi algo mágico.

¿En qué consistió el ensayo? Por un lado puse el siguiente texto:

Cristina Fernández sobre Evita: &”Defender a los humildes cuesta caro y ella pagó con su vida gustosa el precio&”. Las dos impulsaron el resentimiento.
Lo último a tomar como referencia es Evita y Perón. Dos grandes déspotas que arruinaron la Argentina.

Obviamente la parte de que ambas impulsaron el resentimiento y no tomar como referencia a Evita y Perón es un agregado mío a la afirmación de Cristina Fernández.

Este post llegó a 11.000 personas. Cristina Fernández y Evita, pero la primera en particular, se ligó varias expresiones que uno no podría calificar como una caricia para el alma. Lo mismo ocurrió con este mismo texto en Twitter que también llegó a 10.000 personas y gran cantidad de comentarios en contra de Cristina Fernández.

Luego agregué un recorte de un diario en el que la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, afirma que dice textualmente: Me siento muy cerca de los ideales de Eva y Perón. Y agregué este comentario mío a propósito de la afirmación de Vidal: Evita y Perón crearon la cultura de la dádiva y el resentimiento. Vidal se siente cerca de ellos. ¿Cómo es, PRO es un resentimiento paquete?

Este post mío tuvo menor llegada tanto en Facebook (7000 personas) como en Twittter (también llegó a algo menos de 7.000 personas) pero con una reacción diferente. La mayoría de los comentarios buscaron justificar con infinidad de argumentos diferentes la afirmación de María Eugenia Vidal. Argumentos como que para ganar la provincia había que decir cosas así, que para ganar en Buenos Aires el candidato no puede tirarse contra el peronismo y cosas por el estilo.

Obviamente en la inmensa mayoría de ambos post, los comentarios provenían de gente antik que seguro había votado por el PRO. Ahora bien, la sensación que tuve es que mucha gente tiende a justificar lo injustificable pero que ni por casualidad se lo dejaría pasar a Cristina Fernández. Dicho de otra forma, María Eugenia Vidal explicitó que es una peronista que trabaja en el PRO (basta con ver sus colaboradores más estrechos), peronismo que es rechazado por mucha gente que votó al PRO pero que como María Eugenia Vidal es “gente como uno” entonces se le acepta lo que ni por casualidad se le aceptaría a Cristina Fernández. Obviamente que Cristina Fernández ha sido una presidente nefasta en la destrucción de las instituciones argentinas, la corrupción floreció bajo su gobierno y el atropello y la persecución fueron moneda corriente en los 12 años del kirchnerismo algo que no es María Eugenia Vidal, sin embargo mi punto es otro.

Al decir la gobernadora que se siente afín a los ideales de Eva y Perón está diciendo que se siente afín a un matrimonio que abusó del monopolio de la fuerza. Eva Perón fue implacablemente vengativa. Perón persiguió, encarceló y mando al exilio a sus opositores. Proclamó el famoso 5 por 1 y el asesinato de los opositores en tanto Eva Perón mandó a la quiebra a más de un empresario que se negó a “aportar” fondos a su fundación.

Pero además, Eva y Perón incentivaron el resentimiento, la cultura de la dádiva y la envidia. Su prédica era que si uno era pobre, lo era porque otro era rico. Concebían la pobreza de unos como consecuencia de la riqueza de otros. Es decir, para ellos la riqueza era un stock determinado que no crecía y que para lograr mejorar a los más humildes había que quitarle a los que más tenían para darle a los que menos tenían. Como la riqueza no es algo estático sino dinámico, en vez de estimular que hubiese más riqueza hacían lo contrario al expoliar a los contribuyentes y perseguir a los empresarios. Reducían el stock de riqueza y, por lo tanto, el tamaño de la riqueza a “redistribuir” disminuía porque cada vez había menos para repartir, lo cual hacía crecer la pobreza.

Perón y Evita destrozaron la cultura del trabajo, del progreso en base al esfuerzo personal, la capacidad de innovación y la iniciativa privada. Destruyeron las bases de una sociedad libre que puede hacer crecer la economía y el nivel de vida de los más humildes. Destrozaron los valores de nuestra constitución de 1853/60 destruyendo el límite al poder del estado e instaurando un sistema por el cual la democracia se transformó en una dictadura. En definitiva, nuestra larga decadencia comienza un poco antes de la llegada de Perón a la presidencia, aunque el jefe espiritual del Peronismo, ya había participado en los golpes de 1930 y 1943. Perón era un golpista y conspirador nato. Bien, esos son los valores de los que María Eugenia Vidal dijo sentirse cerca. El golpismo, el atropello, la persecución, la cultura de la dádiva, etc. Y por favor que no me vengan con la historia de que se está en contra de ese autoritarismo pero a favor de la “justicia social”. Todo sistema basado en la redistribución compulsiva del ingreso, por definición, lleva a sistemas autoritarios.

Puedo entender que para ganar una elección en la provincia de Buenos Aires no sea muy recomendable tirarse contra el peronismo. Pero tampoco hace falta ensalzar las atrocidades que son los ideales de Eva y Perón. Sentirse cerca de la dictadura, de la persecución y del robo legalizado no es una forma de cambiar el país. Tampoco hace falta decir que uno comparte los ideales de la cultura de la dádiva.

Los países crecen cuando tienen instituciones sólidas. Esas instituciones surgen de los valores que imperan en la mayoría de los miembros de la sociedad. Para cambiar nuestra larga decadencia, el primer paso es empezar a cambiar esos valores heredados del nefasto peronismo que luego fueron adoptados por gobiernos militares y radicales.

En mi opinión, María Eugenia Vidal no necesitaba decir que se sentía cerca de esos valores, pero podía destacar la cultura del trabajo, del esfuerzo, de la iniciativa, etc. Nadie está pidiendo que logre cambiar el desastre que es la provincia de Buenos Aires luego de 30 años de gobiernos peronistas. No se pide eso. Se pide un discurso que destaque justamente lo contrario a los valores que desparramaron Evita y Perón.

Ahora, para terminar, viene la gran pregunta. Muchos de los que votaron a Cambiemos, ¿quieren realmente un cambio o se conforman solo con tener gente que tiene el mismo discurso nefasto del peronismo, pero con la diferencia que es gente como uno?

En definitiva, la gente, ¿pide un cambio de valores o un cambio de personas más respetuosas y como uno pero con los mismos valores que nos llevaron a la decadencia?

Si la mayoría de la población no está dispuesta a dar la batalla por el cambio de las valores populista hacia los valores de la libertad, entonces, no esperemos que vayamos a poder CAMBIAR nada.

Por último, me parece que el humo progre que muy bien vende Durán Barba en las campañas electorales puede servir para ganarlas, de lo que estoy seguro es que ese humo progre que venden para ganar, no sirve para construir un país próspero.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

“Cristina quiso negociar su impunidad con Macri”

Publicado el 11/12/15 en: https://www.informadorpublico.com/economia/cristina-quiso-negociar-su-impunidad-con-macri

 

Un interesante enfoque de Roberto Cachanosky sobre los primeros pasos de Macri en una conversación con Carlos Tórtora.

CAT: ¿Notaste un cierto grado de indefinición económica en el discurso de asunción de Macri?

RC: En eso no hay casi ninguna definición. Fue un discurso que se limitó a llamar a la conciliación, a la unidad, etc., y no más que eso. Tal vez el discurso de orientación económica yo lo hubiese dado, pero creo que él lo tiene más en claro que sus asesores. Tal vez lo primero que debería hacer es una especie de mini auditoría y ver qué le están entregando: de reservas, de fiscal, de deudas.

CAT: Habló de ser implacable con la corrupción pero no se refirió a ser implacables con el pasado.

RC: Me hubiese gustado escuchar algo más categórico. Yo no sé si alguien puede sacar tantas conclusiones de ese discurso. Hay que esperar y opinar en 48 hs. o el lunes. En las entrevistas que dio a Clarín y La Nación el domingo pasado dijo que del cepo vamos a salir cuando estén dadas las condiciones, pero de eso tenés que salir, porque no tenés las reservas. Después habló de un acuerdo de precios y salarios. Te diría que hay años de fracaso en el tema de controlar precios; no necesito 100 días para decírtelo. Me parece que cuando hablaba del cepo era mucho más categórico y tenía más en claro el tema. Me parece que le están embarrando la cancha. Habló sin que se hayan anunciado las medidas. Es más seguro esperar a que hable y después opinar. Otra que no me convence es seguir el tema de la Asignación Universal por Hijo a los monotributistas. Los subsidios son una cuestión transitoria para casos muy concretos, no para repartir porque sí. Al contrario, Argentina tiene que tender a tener cada vez menos subsidios.

CAT: Hay una interpretación relacionada con la coyuntura acerca de que los movimientos sociales kirchneristas han entablado negociaciones con el gobierno sin autorización de su jefa. O sea que lo han hecho en función de evitar violencia, pensando con sentido estratégico para que el gobierno no les suelte la mano.

RC: Parece obvio.

CAT: ¿Ves diferencias entre lo que dice Prat Gay y lo que dicen otros?

RC: Fue el que más habló hasta ahora, a diferencia de Pancho Cabrera, Andrés Ibarra, Sturzenegger, Frigerio, que dejó de hablar. De manera que no se puede opinar nada, salvo en términos de anuncios. Y lo poco que hoy dijo Macri fue un discurso político acerca de ir todos juntos, etc., etc., no de que se iba a ser inflexible respecto de la corrupción que haya ocurrido. Me comentaron que cuando Cristina le dijo que fuese a Olivos era para pedirle negociar impunidad. Y cuando Macri le aclaró que con temas de justicia no se podía meter, ella entró en cólera. Pedir un pacto de impunidad parece chantajear. Puede suponer que algo está por pasar. La situación en Comodoro Py es muy fluida. Así que no está claro que no vaya a pasar nada en cualquier momento con temas como el de Hotesur.

CAT: Mientras tanto, una escalada inflacionaria…

RC: Obvio, ahora lo que hay que ver es cuál es el plan económico que van a enunciar.

CAT: ¿Será global?

RC: No lo sé. Me guío por lo que sé hasta ahora y sé que no es suficiente. Yo no soy de los que dicen que hay que darse un día. Cuando hay medidas, podés opinar sanamente sin tener conflicto. Pero prefiero opinar sobre medidas concretas.

CAT: ¿El kirchnerismo hacía planes globales?

RC: Salía a pegar trompadas al aire como podía. Sabía para dónde tenía que ir, en líneas generales, pero no más que eso. No había programas económicos; había lo que se llama heterodoxia pura. Esto puede llegar a ser heterodoxo, pero me parece que los progre le están copando el gobierno a Macri, pero es una impresión. Lo digo por la parte de la economía que es lo que yo conozco. Fijate el nombramiento de Lousteau como embajador en Estados Unidos. Yo no usaría la política internacional para resolver problemas internos. Y menos en un caso como éste, donde Estados Unidos es un ente emblemático, es clave.

CAT: ¿Puede traer algunos problemas?

RC: Yo hubiese privilegiado a un tipo que no haya armado un quilombo como el que armó éste con de 125. Prat Gay también viene del progresismo, estuvo con Vicky Donda, con Carrió, en su momento. No hay mucho más que te pueda decir. Guarda que no le pase como le pasó a la Alianza, que siendo una alianza heterogénea le infiltraron muchos progres y después de la Rúa no se podía mover.

CAT: Desde el punto de vista de la ética, ¿qué va a haber?

RC: Si vos estás hablando de un nuevo comportamiento, de una fórmula, de una nueva red política, tiene que haber premios y castigos, por lo menos premios. Por ahí no castigos, pero premios a la conducta. Por ejemplo, me parece muy bien el nombramiento de Marcos Aguinis en la Biblioteca, me parece muy acertado.

CAT: La alianza tuvo esos problemas, tuvo una gigantesca infiltración de gente del FREPASO y de Alfonsín, que no tenía nada que ver con lo que pensaban el Presidente y sus ministros. Eso terminó provocando que saltaran los tapones.

RC: Eso, para empezar, le hizo perder casi un año o más a De la Rúa para intentar poner un mínimo de orden Fiscal. Después lo llamó al gordo López Murphy y lo rajaron a las dos semanas y terminó donde terminó todo. Él se dejó dominar por el progresismo.

CAT: Sí, porque había un núcleo de chicos familiar -los Sushi- que influían. ¿no?

RC: Así es. No digo que necesariamente vaya a ocurrir eso pero digo que cosas de este tipo fueron probadas y no fueron las decisiones más acertadas.

CAT: Ahora lo que veo es un gabinete no progre, que privilegia más la relación con el peronismo. Pero el problema de la provincia de Buenos Aires pasa por la dificultad de la legislatura, que es muy heterogénea y por la situación de caja. La Provincia está muerta. Va a remolque de lo que decída Macri y después María Eugenia Vidal tiene un problema: ha generado un montón de expectativas por su figura joven, inédita y femenina y que ahora tiene que salir a bancar esa expectativa en los hechos. Esto es mucho más exigente que lo que tiene cualquier gobernador. Ella, con el narco, no puede conformarse con lo que decía Scioli, tiene que hacer mucho más. La gente espera otra cosa, así que el desafío es mucho más exigente.

RC: Sí. Bueno; además de la Provincia, el país también está quebrado. Yo te diría que en líneas generales no hay nada para opinar hasta que se anuncie algo concreto.

CAT: No se sabe cuándo es el momento en que hay que esperar y cuándo hay que opinar. ¿Los hechos lo van marcando?

RC: No sé cuánto tiempo. Sí sabemos que va a tratar de dialogar, conversar, etc. No me parece mal, ni aun con los kirchneristas en el campo.

CAT: Da la impresión de que es un Macri más dialoguista que el de antes. Sin embargo, su formación empresaria es un poco más dura. Los empresarios son más autoritarios que los políticos, naturalmente, ¿no? Están acostumbrados a dar órdenes y no tanto a negociar. Me da la impresión de que surgió un Macri sumamente flexible y dialoguista.

RC: Me parece que está enfatizando este perfil.

CAT: Él debe ser la contrafigura de la que se fue…

RC: Exactamente.

CAT: El problema en la Argentina es que la que se fue era alguien que acumulaba el poder en su persona. Tampoco se puede jugar a hacer completamente lo contrario, porque entonces la gente pierde el respeto. Mostrarse flexible es una cosa, pero aparecer con poco ejercicio del poder es malo. En este tipo de sociedades caudillistas sería un pésimo indicio…

RC: Se puede dialogar, podés llamar a opinar, que cada uno diga cómo está esa apertura y contraposición. Algo que se venía diciendo hasta ahora: si te critican, te la bancás. Algo así había sentido Menem: que era un maestro. Lo puteaban; cuando lo cargaban, Nick le inventó el Gaturro y todas esas cosas, lo invitó a la Casa Rosada y se cagó de risa. Por ahí por dentro estaba puteando, parecía que no le calentaba. En cambio, De la Rúa reaccionó mal, se puso mal. Yo creo que son señales de que mandás y tal vez Macri también quiera mandar una señal. Pero más allá de los estilos ahora hay que ver las medidas.

CAT: La sociedad sigue siendo presidencialista por más que esté harta de los excesos del presidencialismo. Parece que no le podés sacar la idea de que acá, el que maneja es uno solo.

RC: No, este tema le da mucho poder al Presidente.

CAT: En los EEUU, por ejemplo, le dan también mucho poder al sistema de balances. Acá éstos son escasos, son simbólicos

RC: Ahora las medidas las tenés que anunciar más o menor rápido, porque, no sé si mañana o el lunes va tener que saber qué hacer con el cepo: si se autorizan los pagos al exterior o no y cuál es plan para ir bajando la inflación.

CAT: Si deja pasar la próxima semana, ¿puede empezar a perderse el efecto, ¿no?

RC: Claro, hay que esperar obviamente, porque no sé qué se puede decir si es bueno o es malo. Yo no dejaría pasar mucho tiempo…

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Qué cambió y qué no en Argentina?

Por Martín Krause. Publicado el 29/10/15 en: http://diario.latercera.com/2015/10/29/01/contenido/opinion/11-201339-9-que-cambio-y-que-no-en-argentina.shtml

 

EL RESULTADO de las elecciones del pasado 25 de octubre fue una sorpresa para todos, incluyendo a los candidatos más informados, los encuestadores o los agentes del servicio secreto. Nadie pudo ver el cambio que se estaba gestando que cambió la situación política de la noche a la mañana.

Todo parece anunciar que Argentina ha emprendido un camino de cambio, siendo precisamente éste uno de los argumentos centrales del mensaje de una alianza que se llama -y cómo va a ser de otra forma- Cambiemos.

La lógica de esto es tan simple como clara: uno de los argumentos más usados por candidatos de todo tipo que se enfrentan a un gobierno que lleva muchos años es, precisamente ese: hay que cambiar.

La gente entiende el mensaje. Eso le permite no tener que decir mucho acerca del contenido del cambio, algo que hubiera causado un alto costo político, porque los necesarios cambios que se aproximan en este país serán dolorosos.

Pero todo gobierno puede realizar los cambios que el consenso general de las ideas le permite realizar. Entonces, la pregunta sobre Argentina es: ¿qué profundidad tiene el pedido de cambio que se expresó en las urnas?

La respuesta es mixta. La gente votó por un cambio cansada de la prepotencia de un gobierno que se pelea con todo el mundo; intolerante y matón. Quiere un gobernante moderado, amable, y, si puede, simpático. Básicamente una persona normal. María Eugenia Vidal es el principal ejemplo de esto, y lo más contrapuesto a su gran derrotado: Aníbal Fernández. La gente quiere, también, alguien que administre al Estado con mayor eficacia, que tenga ideas creativas sobre la gestión de los recursos públicos, que logre mejoras en la seguridad, la salud y la educación: Macri tiene esa imagen.

Esta demanda de moderación y eficacia va a tener su impacto en la calidad de las instituciones: se busca un gobierno que respete la división de poderes y la independencia de la justicia; que no pretenda controlar los medios con recursos públicos; que acepte ciertos controles al poder, que respete la autonomía de gobiernos provinciales y municipales.

Y no mucho más. El argentino sigue siendo profundamente estatista y anti-yanqui. Por eso, Macri ha dicho que no dará marcha atrás con la estatización de las pensiones, o de la empresa petrolera YPF, e incluso tal vez de la deficitaria Aerolíneas Argentinas. Y va a tener mucho cuidado en la necesaria mejora de las relaciones con los fondos buitres, el FMI y el gobierno de los Estados Unidos.

Además, y en virtud del pasado reciente, el argentino teme profundamente un cambio brusco que genere un cataclismo económico. No quiere más crisis como la del 2001. Ni como la de 1989, ni como otras anteriores.

Esto enfrenta al próximo gobierno con un serio dilema: la gente no quiere escuchar sobre esos problemas ni que le digan nada de ajustes. Sin embargo, con un déficit fiscal rondando 8% del PIB y un Banco Central quebrado y sin dólares; con miles de millones de dólares que se deben de importaciones, de dividendos no transferidos o de contratos a futuro de dólares, la perspectiva a corto plazo es aterradora.

Ante la gangrena que corroe a la economía argentina, el dilema del próximo gobierno es o trato de curarla con remedios en dosis moderadas y me arriesgo a que me devore la enfermedad; o procedo a operar a un paciente que se cree que tiene un simple resfriado. La anestesia es clave, y en el caso argentino tiene nombre: dólares, y muchos. ¿Generará el nuevo gobierno suficiente confianza para atraerlos o conseguirlos? Eso es lo que definirá su suerte en el verano que se aproxima.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

No sólo se trata de ganar

Por Mario Serrafero.

 

Las elecciones del 25 de octubre tuvieron un gran impacto. El kirchnerismo ingresó en un cono de sombras y Cambiemos obtuvo un resultado sorprendente. Scioli obtuvo el 36,86% y Macri el 34,33%. El oficialismo y Scioli esperaban ganar en primera vuelta. ¿Qué pasó? La pregunta tiene varias respuestas. En primer lugar, la fotografía de las PASO dieron la primera pista, con una oposición de más del 50% distribuida en dos espacios. Faltaba saber que, para la primera vuelta, Scioli había llegado a su techo, en cambio sus oponentes tenían para crecer.  Hubo errores en la campaña, pero todos los cometieron. Como se dijo oportunamente, la actitud y el comportamiento de Scioli podían ubicarlo como candidato oficial, pero ello no aseguraba su triunfo electoral. Scioli bajó el porcentaje de votos respecto de las PASO. ¿Lo abandonaron kirchneristas defraudados por ciertos gestos de equidistancia –como el gabinete que presentó- o independientes frente a la continuidad de su prokirchnerismo? El problema siempre fue el mismo: el lugar de Scioli. Su posición gelatinosa y su palabra siempre evasiva con un discurso obediente de Cristina, pero dando mensajes de diferencia. Discurso esquizofrénico que probablemente no retuvo a todo el kirchnerismo y seguramente no conquistó independientes. La sensación de fracaso tiene un nombre: Cristina. Ayudó mucho a los resultados prohijando la candidatura de Aníbal Fernández y de Martín Sabbatella, luego de la defección de Florencio Randazzo, quien se había rebelado frente al maltrato presidencial. María Eugenia Vidal logró un triunfo histórico en la Provincia de Buenos Aires. Ese bastión peronista iba a convertirse en el reducto del kirchnerismo duro. Vidal es una dirigente a quien se le reconocen no pocas virtudes. Y Aníbal es el prototipo de funcionario que hace gala de su contracción al trabajo, pero también de  algunos vicios como la soberbia, la prepotencia y el sofisma discursivo. Fue un espada importante para el estilo político preferido por Cristina: la confrontación y la humillación del opositor. No hacía falta un votante muy sofisticado para advertir estas características, sin entrar a considerar aspectos más turbios. Para Aníbal, parte de su derrota se explica por “fuego amigo”. En el peronismo/kirchnerismo ha comenzado un proceso de pase de facturas y de transformaciones.

Macri triunfó en Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza y sus candidatos a intendentes destronaron a varios barones del cono urbano. ¿Fue exitosa la estrategia de campaña? Según los resultados, para muchos sí. No obstante, en vistas de los mismos resultados, también podría lanzarse la hipótesis de que podría haber ganado en primera vuelta, con el acuerdo adecuado. En todo caso, necesitará algo más que los votantes del 25 de octubre si quiere triunfar. Hasta ahora, Macri cosechó votos impensados incluso contra la estrategia diseñada por sus asesores de campaña. Pero algunos aciertos parecen propios: elegir bien a sus candidatos, como Vidal en la provincia y, en su oportunidad, Michetti para la vicepresidencia. Los acuerdos que no se hicieron antes, seguramente se harán en este tramo. Pero algo queda claro, los votos son de los electores y más allá de qué acuerdos se hagan, en esta instancia, si la cuestión es cambio o continuidad, el eje será votar por el kirchnerismo y su herencia aguada o un rumbo distinto con cambio de figuras incluido.

Margarita Stolbizer fue víctima del voto estratégico/voto útil y Massa resistió muy bien y hasta aumentó lo logrado en las PASO. Scioli y Macri apuntarán a sus electores. Los primeros discursos de los candidatos, luego de los resultados, iniciaron la campaña. Scioli se recostó aún más en el regazo kirchnerista y tensó la supuesta oposición entre el Estado representado por el kirchnerismo y el mercado, encarnado por Macri. ¿Cuántos más votos conseguirá en ese espacio y con ese discurso? Macri parece haber vuelto al lugar de donde partió: el cambio. Dejó atrás aquel discurso apresurado luego de la elección de Capital. Massa dio guiños de que está más cerca de Macri que de Scioli. En su discurso la palabra “cambio” se repitió varias veces.

El  22 de noviembre habrá nuevas elecciones. Será el primer ballotage que se llevará a cabo en el país. En 2003, Menem no concurrió a la segunda vuelta y Néstor Kirchner fue ungido presidente. Esta vez, los dos candidatos concurrirán a la contienda. La clave de la elección son los votos de Massa, más del 21%. Los dirigentes del massismo –aunque no Massa- pueden estar más cerca de Scioli, pero sus votantes probablemente no. ¿Qué hará Massa? Podría hacer un acuerdo con Scioli o con Macri, pero ello no será concluyente para los comicios. Los votos son de los electores y un aire de cambio se ha expresado en las urnas. La masa flotante de votantes responderá al supuesto cambio de época –o no- más allá de los que digan los dirigentes.

No sólo se trata de ganar. Los acuerdos serán más importantes para la gobernabilidad de la futura gestión que para el triunfo en la próxima elección. En este sentido, quien más requiere un acuerdo es Macri. Scioli necesita captar el voto que le es esquivo por su cercanía con Cristina, pero si ganara la gobernabilidad no estaría amenazada. Fue el candidato que ganó en las PASO con el 38,4%, que triunfó en la primera vuelta con el 36,86% y si gana en la segunda, su legitimidad saldrá fortalecida por la ciudadanía. Cuenta además con el apoyo de gobernadores peronistas y la primera minoría de la Cámara Baja y la mayoría en el Senado. A esta altura, su triunfo en segunda vuelta sería una suerte de gesta y hasta el kirchnerismo lo vería con mejores ojos. Revertiría un cambio de expectativas. Para él, sólo se trata de ganar. Pero para Macri no es suficiente. La teoría del “PRO puro” siempre tuvo patas cortas, más allá del espacio común construido con el radicalismo y la Coalición Cívica. Y más allá de que una masa flotante de votantes se decante naturalmente hacia él por hartazgo o sensación de fin de ciclo del kirchnerismo.

No se trata sólo de ganar, sino de asegurar las condiciones que le permitan gobernar. Si ganara, Macri habría revertido sus resultados anteriores. Sería un presidente que obtuvo en las PASO  24%,  que perdió en primera vuelta con el 34,33% sostenido por una coalición conformada presumiblemente por un 30% de su espacio y un 4% de votantes útiles que, si gana en segunda vuelta, se incrementaría en más de un 16%. Habrá triunfado por un mix de coalición real y coalición negativa. Un presidente que revierte los resultados de la primera vuelta significa que tiene menos rechazos de quien sale segundo en esta instancia, pero no necesariamente tiene resuelto el tema legitimidad. Deberá construirla a lo largo de su gestión y para ello tendrá que tener la posibilidad de gobernar adecuadamente. Pero a nivel federal tendrá inexorablemente un gobierno dividido con un Senado opositor y con una Cámara Baja donde no es mayoría. Su fortaleza es la Ciudad de Buenos Aires y en el gobierno de la Provincia necesitará aliados. Un acuerdo con Massa, en esta instancia y frente a la segunda vuelta no parece absolutamente necesario. Si es que existe un cambio de época los votantes fluirán casi naturalmente.  Pero tarde o temprano deberá realizarse un acuerdo que podrá ser una coalición legislativa o una coalición de gobierno. El principal fantasma que revolotea sobre un presidente que ha revertido los resultados de la primera vuelta, ha obtenido una mayoría (artificial) en la segunda y que obviamente no cuenta con un respaldo equivalente en las instituciones de gobierno es creer en la (inexistente) solidez de su triunfo. La segunda vuelta determina ganadores, pero no presidentes con relativa capacidad de gobierno.

 

Mario D. Serrafero es Doctor en Ciencia Política y en Sociología, por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Derecho por la Universidad de Buenos Aires. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Es investigador del Conicet. Escribió el libro Reelección y sucesión presidencial . Es profesor de Análisis Institucional en ESEADE.

Una esperanza para la Argentina

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 2/11/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1841789-una-esperanza-para-la-argentina

 

Los resultados de las elecciones del domingo 25 en la Argentina desmintieron todos los sondeos de opinión según los cuales el candidato Daniel Scioli, apoyado por la jefa de Estado, Cristina Kirchner, ganaría en primera vuelta. Y han abierto la posibilidad de que el país que fue algo así como el faro de América latina salga de la decadencia económica y política en que está hundido desde hace más de medio siglo, y recupere el dinamismo y la creatividad que hicieron de él, en el pasado, un país del primer mundo.

La condición es que en la segunda vuelta electoral, el 22 de noviembre, gane Mauricio Macri y el electorado confirme el rechazo frontal que ha recibido en la primera el kirchnerismo, una de las más demagógicas y corruptas ramas de esa entelequia indescifrable llamada peronismo, un sistema de poder parecido al antiguo PRI mexicano, en el que caben todas las variantes del espectro ideológico, de la extrema derecha a la extrema izquierda, pasando por todos los matices intermedios.

La novedad que encarna Macri no son tanto las ideas modernas y realistas de su programa, su clara vocación democrática, ni el sólido equipo de plan de gobierno que ha reunido, sino que el electorado argentino tiene ahora la oportunidad de votar por una efectiva alternativa al peronismo, el sistema que ha conducido al empobrecimiento y al populismo más caótico y retardatario al país más culto y con mayores recursos de América latina.

No será fácil, desde luego, pero (por primera vez en muchas décadas) sí es posible. La victoria de María Eugenia Vidal, de inequívocas credenciales liberales, en las elecciones para la gobernación de Buenos Aires, tradicional ciudadela peronista, es un indicio claro del desencanto de un vasto sector popular con una política que, detrás de la apariencia de medidas de “justicia social”, antiamericanismo y prochavismo, ha disparado la inflación, reducido drásticamente las inversiones extranjeras, lastimado la credibilidad financiera del país en todos los mercados mundiales y puesto a la Argentina a orillas de la recesión.

El sistema que encarna la señora Kirchner se va a defender con uñas y dientes, como es natural, y ya es un indicio de lo que podría suceder el que, en la primera vuelta, el Gobierno permaneciera mudo, sin dar los resultados, más de seis horas después de conocer el escrutinio, luego de haber prometido que lo haría público de inmediato. La posibilidad del fraude está siempre allí y la única manera de conjurarlo es, para la alianza de partidos que apoya a Macri, garantizar la presencia de interventores en todas las mesas electorales que defiendan el voto genuino y -si la hubiera- denuncien su manipulación.

Dos hechos notables de las elecciones del 25 de octubre son los siguientes: Macri aumentó su caudal electoral en cerca de 1.700.000 votos y el número de electores se incrementó de manera espectacular: del 72% de los inscriptos en la pasada elección a algo más del 80% en ésta. La conclusión es evidente: un sector importante del electorado, hasta ahora indiferente o resignado ante el statu quo, esta vez, renunciando al conformismo, se movilizó y fue a votar convencido de que su voto podía cambiar las cosas. Y, en efecto, así ha sido. Y lo ha hecho discretamente, sin publicitarlo de antemano, por prudencia o temor ante las posibles represalias del régimen.

De ahí la pavorosa metida de pata de las encuestas que anunciaban un triunfo categórico de Scioli, el candidato oficialista, en la primera vuelta. Pero el 22 de noviembre no ocurrirá lo mismo: el poder kirchnerista sabe los riesgos que corre con un triunfo de la oposición y moverá todos los resortes a su alcance, que son muchos -la intimidación, el soborno, las falsas promesas, el fraude- para evitar una derrota. Hay que esperar que el sector más sano y democrático de los peronistas disidentes, que han contribuido de manera decisiva a castigar al kirchnerismo, no se deje encandilar con los llamados a la unidad partidista (que no existe hace mucho tiempo) y no desperdicie esta oportunidad de enmendar un rumbo político que ha regresado a la Argentina a un subdesarrollo tercermundista que no se merece.

No se lo merece por la variedad y cantidad de recursos de su suelo, uno de los más privilegiados del mundo, y por el alto nivel de integración de su sociedad y lo elevado de su cultura. Cuando yo era niño, mis amigos del barrio de Miraflores, en Lima, soñaban con ir a formarse como profesionales no en Estados Unidos ni Europa, sino en la Argentina. Esta tenía entonces todavía un sistema de educación ejemplar, que había erradicado el analfabetismo -uno de los primeros países en lograrlo- y que el mundo entero tenía como modelo. La buena literatura y las películas más populares en mi infancia boliviana y adolescencia peruana venían de editoriales y productores argentinos y las compañías de teatro porteñas recorrían todo el continente poniéndonos al día con las obras de Camus, Sartre, Tennessee Williams, Arthur Miller, Valle Inclán, etcétera.

Es verdad que ni siquiera los países más cultos están inmunizados contra las ideologías populistas y totalitarias, como demuestran los casos de Alemania e Italia. Pero el fenómeno del peronismo es, al menos para mí, más misterioso todavía que el del pueblo alemán abrazando el nazismo y el italiano el fascismo. No hay duda alguna de que la antigua democracia argentina -la de la república oligárquica- era defectuosa, elitista, y que se precisaban reformas que extendieran las oportunidades y el acceso a la riqueza a los sectores obreros y campesinos. Pero el peronismo no llevó a cabo esas reformas, porque su política estatista e intervencionista paralizó el dinamismo de su vida económica e introdujo los privilegios y sinecuras partidistas a la vez que el gigantismo estatal. El empobrecimiento sistemático del país multiplicó la desigualdad y las fracturas sociales. Lo sorprendente es la fidelidad de una enorme masa de argentinos con un sistema que, a todas luces, sólo favorecía a una nomenclatura política y a sus aliados del sector económico, una pequeña oligarquía rentista y privilegiada. Los golpes y las dictaduras militares contribuyeron, sin duda, a mantener viva la ilusión peronista.

Recuerdo mi sorpresa la primera vez que fui a la Argentina, a mediados de los años sesenta, y descubrí que en Buenos Aires había más teatros que en París, donde vivía. Desde entonces he seguido siempre, con tanta fascinación como pasmo, los avatares de un país que parecía empeñado en desoír todas las voces sensatas que querían reformarlo y que, en su vida política, no cesaba de perseverar en el error. Tal vez por eso he celebrado el domingo 25 los resultados de esa primera vuelta con entusiasmo juvenil. Y, cruzando los dedos, hago votos porque el 22 de noviembre una mayoría inequívoca de electores argentinos muestre la misma lucidez y valentía llevando al poder a quien representa el verdadero cambio en libertad.

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

No sólo se trata de ganar

Por Enrique Aguilar:

 

Las elecciones del 25 de octubre tuvieron un gran impacto. El Kirchnerismo ingresó en un cono de sombras y Cambiemos obtuvo un resultado sorprendente. Scioli obtuvo el 36,86% y Macri el 34,33%. El oficialismo y Scioli esperaban ganar en primera vuelta. ¿Qué pasó? La pregunta tiene varias respuestas. En primer lugar, la fotografía de las PASO dieron la primera pista, con una oposición de más del 50% distribuida en dos espacios. Faltaba saber que, para la primera vuelta, Scioli había llegado a su techo, en cambio sus oponentes tenían para crecer.  Hubo errores en la campaña, pero todos los cometieron. Como se dijo oportunamente, la actitud y el comportamiento de Scioli podían ubicarlo como candidato oficial, pero ello no aseguraba su triunfo electoral. Scioli bajó el porcentaje de votos respecto de las PASO. ¿Lo abandonaron kirchneristas defraudados por ciertos gestos de equidistancia –como el gabinete que presentó- o independientes frente a la continuidad de su prokirchnerismo? El problema siempre fue el mismo: el lugar de Scioli. Su posición gelatinosa y su palabra siempre evasiva con un discurso obediente de Cristina, pero dando mensajes de diferencia. Discurso esquizofrénico que probablemente no retuvo a todo el kirchnerismo y seguramente no conquistó independientes. La sensación de fracaso tiene un nombre: Cristina. Ayudó mucho a los resultados prohijando la candidatura de Aníbal Fernández y de Martín Sabbatella, luego de la defección de Florencio Randazzo, quien se había rebelado frente al maltrato presidencial. María Eugenia Vidal logro un triunfo histórico en la Provincia de Buenos Aires. Ese bastión peronista iba a convertirse en el reducto del kirchnerismo duro. Vidal es una dirigente que se le reconocen no pocas virtudes. Y Aníbal es el prototipo de funcionario que hace gala de su contracción al trabajo, pero también de  algunos vicios como la soberbia, la prepotencia y el sofisma discursivo. Fue un espada importante para el estilo político preferido por Cristina: la confrontación y la humillación del opositor. No hacía falta un votante muy sofisticado para advertir estas características, sin entrar a considerar aspectos más turbios. Para Aníbal parte de su derrota se explica por “fuego amigo”. En el peronismo/kirchnerismo ha comenzado un proceso de pase de facturas y de transformaciones.

Macri triunfó en Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza y sus candidatos a intendentes destronaron a varios barones del cono urbano. ¿Fue exitosa la estrategia de campaña? Según los resultados, para muchos sí. No obstante, en vistas de los mismos resultados, también podría lanzarse la hipótesis de que podría haber ganado en primera vuelta, con el acuerdo adecuado. En todo caso, necesitará algo más que los votantes del 25 de octubre si quiere triunfar. Hasta ahora, Macri cosechó votos impensados incluso contra la estrategia diseñada por sus asesores de campaña. Pero algunos aciertos parecen propios: elegir bien a sus candidatos, como Vidal en la provincia y, en su oportunidad, Michetti para la vicepresidencia.  Los acuerdos que no se hicieron antes, seguramente se harán en este tramo. Pero algo queda claro, los votos son de los electores y más allá de qué acuerdos se hagan, en esta instancia, si la cuestión es cambio o continuidad, el eje será votar por el kirchnerismo y su herencia aguada o un rumbo distinto con cambio de figuras incluido.

Margarista Stolbizer fue víctima del voto estratégico/voto útil y Massa resistió muy bien y hasta aumentó lo logrado en las PASO. Scioli y Macri apuntarán a sus electores. Los primeros discursos de los candidatos, luego de los resultados, iniciaron la campaña. Scioli se recostó aún más en el regazo kirchnerista y tensó la supuesta oposición entre el Estado representado por el kirchnerismo y el mercado, encarnado por Macri. ¿Cuántos más votos conseguirá en ese espacio y con ese discurso? Macri parece haber vuelto al lugar de donde partió: el cambio. Dejó atrás aquel discurso apresurado luego de la elección de Capital. Massa dio guiños de que está más cerca de Macri que de Scioli. En su discurso la palabra “cambio” se repitió varias veces.

El  22 de noviembre habrá nuevas elecciones. Será el primer ballottage que se llevará a cabo en el país. En 2003, Menem no concurrió a la segunda vuelta y Néstor Kirchner fue ungido presidente. Esta vez, los dos candidatos concurrirán a la contienda. La clave de la elección son los votos de Massa, más del 21%. Los dirigentes del massismo –aunque no Massa- pueden estar más cerca de Scioli, pero sus votantes probablemente no. ¿Qué hará Massa? Podría hacer un acuerdo con Scioli o con Macri, pero ello no será concluyente para los comicios. Los votos son de los electores y un aire de cambio se ha expresado en las urnas. La masa flotante de votantes responderá al supuesto cambio de época –o no- más allá de los que digan los dirigentes.

No sólo se trata de ganar. Los acuerdos serán más importantes para la gobernabilidad de la futura gestión que para el triunfo en la próxima elección. En este sentido, quién más requiere un acuerdo es Macri. Scioli necesita captar el voto que le es esquivo por su cercanía con Cristina, pero si ganara la gobernabilidad no estaría amenazada. Fue el candidato que ganó en las PASO con el 38,4%, que triunfó en la primera vuelta con el 36,86% y si gana en la segunda, su legitimidad saldrá fortalecida por la ciudadanía. Cuenta además con el apoyo de gobernadores peronistas y la primera minoría de la Cámara Baja y la mayoría en el Senado. A esta altura, su triunfo en segunda vuelta sería una suerte de gesta y hasta el kirchnerismo lo vería con mejores ojos. Revertiría un cambio de expectativas. Para él sólo se trata de ganar. Pero para Macri no es suficiente. La teoría del “PRO puro” siempre tuvo patas cortas, más allá del espacio común construido con el radicalismo y la Coalición Cívica. Y más allá de que una masa flotante de votantes se decante naturalmente hacia él por hartazgo o sensación de fin de ciclo del kirchnerismo.

No se trata sólo de ganar, sino de asegurar las condiciones que le permitan gobernar. Si ganara Macri habría revertido sus resultados anteriores. Sería un presidente que obtuvo en las PASO  24%,  que perdió en primera vuelta con el 34,33% sostenido por una coalición conformada presumiblemente por un 30% de su espacio y un 4% de votantes útiles que, si gana en segunda vuelta, se incrementaría en más de un 16%. Habrá triunfado por un mix de coalición real y coalición negativa. Un presidente que revierte los resultados de la primera vuelta significa que tiene menos rechazos de quien sale segundo en esta instancia, pero no necesariamente tiene resuelto el tema legitimidad. Deberá construirla a lo largo de su gestión y para ello tendrá que tener la posibilidad de gobernar adecuadamente. Pero a nivel federal tendrá inexorablemente un gobierno dividido con un Senado opositor y con una Cámara Baja donde no es mayoría. Su fortaleza es la Ciudad de Buenos Aires y en el gobierno de la Provincia necesitará aliados. Un acuerdo con Massa, en esta instancia y frente a la segunda vuelta no parece absolutamente necesario. Si es que existe un cambio de época los votantes fluirán casi naturalmente.  Pero tarde o temprano deberá realizarse un acuerdo que podrá ser una coalición legislativa o una coalición de gobierno. El principal fantasma que revolotea sobre un presidente que ha revertido los resultados de la primera vuelta, ha obtenido una mayoría (artificial) en la segunda y que obviamente no cuenta con un respaldo equivalente en las instituciones de gobierno es creer en la (inexistente) solidez de su triunfo. La segunda vuelta determina ganadores, pero no presidentes con relativa capacidad de gobierno.

 

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

 

 

El derrumbe del candidato inevitable.

Por Ricardo Lopez Göttig: Publicado el 28/10/14 en: http://labandaoccidental.blogspot.com.ar/2015/10/el-derrumbe-del-candidato-inevitable.html

 

Tras varios meses en los que se buscó instalar la idea de que Daniel Scioli era el presidente “inevitable“, ya casi consagrado en las urnas, el desempeño que tuvo en la primera vuelta resultó decepcionante para los propios, que se están hundiendo en la desazón.
La retórica de la épica política, carente de sustancia, los llevó a su propio callejón sin salida. A pesar de que Daniel Scioli es el más presentable de los candidatos del Frente Para la Victoria, esto no alcanzó para que lograra salir del estrecho círculo del kirchnerismo.
Convenció a los convencidos, pero no logró salir de ese margen.
Mauricio Macri, en cambio, logró ubicarse como el candidato con más expectativas para ganar la presidencia.
El escenario que veníamos planteando desde hace tiempo, de que el centro de la disputa era la Provincia de Buenos Aires, fue el que prevaleció. Allí, la candidata a gobernadora María Eugenia Vidal triunfó cómodamente sobre Aníbal Fernández, derrumbando esa idea instalada por muchos analistas políticos de que no había corte de boleta en el distrito más poblado de Argentina. Ya lo adelantamos: esa aseveración era falsa, y se comprobó abundantemente el domingo.
Daniel Scioli, que hizo toda su carrera política bajo el ala de presidentes -Menem, Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner- no puede desarrollar su propia personalidad como candidato a la primera magistratura. Siempre se transformó en una copia del presidente de turno, como un Zelig de la política argentina. En el momento crucial en que estuvo al frente del escenario, sólo, como protagonista, no supo ya quién era él. De allí esa aseveración tan extraña de que habrá “más Scioli que nunca”.
El triunfo de María Eugenia Vidal le ha dado una estocada letal a las ambiciones presidenciales de Daniel Scioli, a lo que se suma el desbande desordenado del Frente Para la Victoria, con acusaciones a su propio candidato. Una persona honorable defiende a su partido y candidato hasta el último momento, en las buenas y en las malas; pero esto no es así en estos días. Acostumbrados a ser una máquina de agravios, una metralla de agresión verbal, se han lanzado histéricamente a lanzar una campaña del miedo sin sustento, mostrando una debilidad pasmosa.
Sergio Massa, de reconocida habilidad, interpretó rápidamente el mapa y probablemente negocie un acuerdo de gobernabilidad con Mauricio Macri. Y así lo harán, en menor grado, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Sáa. Cambiemos, entonces, se convertirá en el eje de una gran coalición de gobierno que puede y debe restaurar la plena vigencia de las instituciones, la independencia del Poder Judicial y el funcionamiento del Congreso como el gran escenario de los debates por venir.
¿Qué debería hacer Mauricio Macri de cara a la segunda vuelta? En principio, no prestar demasiada atención a Daniel Scioli, que está enfrascado en discusiones con Hebe de Bonafini, Carta Abierta y el resto del kirchnerismo duro. Debe ir al debate, tal como lo ha hecho poco tiempo atrás con los otros candidatos de la oposición. Mauricio Macri debe seguir hablando a los ciudadanos, ganar su confianza, ir proyectando sus grandes metas para la presidencia. Mientras Scioli se desvanece y no puede recuperar la iniciativa, Macri está transmitiendo una gran confianza de cara al mañana. En esto lo ayuda María Eugenia Vidal, la nueva estrella de la política argentina, fortalecida por su triunfo tras meses del ninguneo más desembozado por parte de sectores del periodismo y de la política.

 

Ricardo López Göttig es Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Ex investigador Senior part time del Departamento de Investigaciones y Profesor titular de Teoría Social en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.