REFLEXIONES SOBRE EL LLAMADO “AJUSTE”

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 5/4/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/04/reflexiones-sobre-el-llamado-ajuste.html

 

Los preconceptos con los cuales la opinión pública mundial, y argentina en particular, enfrentan estos procesos, son tan absolutamente ignorantes del tema de la escasez que sencillamente lo falsean.

Nuestros actuales horizontes culturales tienden a pensar que todo depende de la buena voluntad de los gobiernos. Por ende, los gobernantes se dividen en buenos y malos. Los gobernantes buenos bajan los precios, suben los salarios, crean empleo, ayudan a los pobres. Luego están los malos, que dejan a las pobres gentes libradas a su suerte, al dominio de empresarios inescrupulosos, a las espantosas multinacionales, el FMI, etc., y hacen eso porque la gente no les importa, porque defienden sólo a los ricos y porque no tienen sensibilidad social.

Los gobiernos buenos, por ende, gastan. Como hay que redistribuir la riqueza, lo hacen: crean empleo público, subsidian a los que tienen menos, bajan las tarifas de los servicios públicos, suben los salarios, etc. Cuando la gente mala se enoja por todo ello, entonces tratan de que los buenos dejen el poder. Y si lo logran, cuando suben, entonces “ajustan”, porque son malos. Echan gente, suben las tarifas, cortan los subsidios, y gozan de todo eso cual perversos sádicos que absorben despiadados la sangre del pueblo.

Me van a decir: nadie lo dice así. Claro, así dicho, nadie, lo mio es una hipérbole, una caricatura, de creencias muy arraigadas que se observan en periodistas, políticos, sindicalistas, etc., que hablan todo el tiempo de la redistribución del ingreso y de la acción del estado, y que cuando hablan de quienes no piensan como ellos los tiñen verdaderamente de inmorales, malvados e insensibles.

Todo esto implica ignorar de manera radical el problema de la escasez. Hasta hoy mismo he leído por millonésima vez –en una persona culta y renombrada- que Argentina es un país muy rico. No, la riqueza no consiste en recursos naturales, sino en ahorro, capital e inversión. Y ello no se crea de la nada. Los bienes y servicios que salen del ahorro y etc. radicamente NO existen antes del proceso de ahorro e inversión.

Los gobernantes que creen que ellos son los buenos que van a crear riqueza se enfrentan inevitablemente con este dilema. Pueden aumentar los salarios por decreto, pueden aumentar el empleo público, pueden subsidiar tarifas y pueden dar todo tipo de ayudas materiales a los sectores más pobres pero, para hacerlo, viene el tema del financiamiento. Una de las primeras fuentes es aumentar los impuestos a la renta, para sacar a los ricos y dar a los pobres, hasta que, claro, los pobres mismos pagan impuesto a la renta y la presión impositiva es tal que corta de raíz el ahorro que es la clave para aumentar los bienes y servicios.

La segunda, ultrarecontraclásica, y para colmo sacralizada por los economistas que no entendieron a Mises, es aumentar la emisión monetaria. Con ello producen inflación, con lo cual suben los precios, bajan los salarios reales, baja el ahorro, se reducen las inversiones, aumenta la pobreza, etc. Pero no, lo niegan totalmente: son los formadores de precios, son los empresarios malos, es el capitalimo, es la Trilateral Comision, los judíos, etc. Pero la verdad que no quieren reconocer es que la inflación es el impuesto más cruel de todos y la política antisocial más terrible que la ignorancia de la escasez produce.

La tercera es la deuda pública. Puede durar décadas, pero, desde luego, siempre se paga al final, con cesación de pagos, fuga de capitales y, nuevamente, la pobreza y miseria que ello produce. Mientras tanto, es como si viviéramos del aire. Yo también puedo comprarme un yate y hacer allí mi próxima reunión de cumpleaños con 2000 personas y, para ello, me endeudo hasta la coronilla. Pero luego tengo que pagar la deuda. Miren si hiciera pagar la deuda a los 2000 amigos que asistieron, quitándoles todos los meses de sus salarios. Pues bien, eso es lo que hacen los estados.

Cuando todo esto explota, o está por explotar, entonces hay que enfrentar la realidad. Si no se frena la inflación se llega a la hiper y el colapso total del sistema financiero y monetario. Los precios, de bienes, tarifas y servicios, son los que son, o sea, altos después de todo ese proceso. Las divisas extranjeras son caras en relación a la moneda local. No se trata de que gobernantes malos suban las tarifas: son altas. No se trata de que gobernantes malos creen desempleo: ya lo había pero vivían de salarios financiados por inflación e impuestos que ya no pueden seguir. No se trata de que el malo va a devaluar: la divisa extranjera YA está davaluada.

Pero no. La opinión pública en general cree que un malo es el que va a despedir, aumentar, devaluar, etc., y que si hubiera sido bueno no lo hubiera hecho.

Pero no, no hay buenos y malos. Hubo gente equivocada que pensó que podía crear riqueza de la nada y financió su sueño con inflación, impuestos y deuda. Y hay gente igual de preocupada por el bien común que se da cuenta de que así no se puede seguir. Listo. En ambos casos, la escasez manda.

Esto NO es una defensa de ESTE gobierno. Las cosas podrían estar hechas mejor. Pero sí es una advertencia de la ingenuidad política y económica de gran parte de los argentinos.

Para colmo, tímidas admisiones de la realidad son colocadas como “la economía de mercado”, y el mercado queda identificado con la maldad que, se supone, es la causa de que las cosas sean escasas. El mercado libre es precisamente lo que procuce incentivos para el ahorro, la inversión y, de ese modo, el aumento de salarios reales, de empleo y la baja progresiva de los precios de todos los bienes y servicios. Que Argentina haya creado un estado gigante e insostenible cuyo precio es el llamado ajuste, no es precisamente responsabilidad del mercado libre que nunca existió.

Es más: el costo social del estatismo es aquello de lo que nunca se habla. No es que el estado “bueno” produce riqueza y que el mercado “ajusta” y produce pobreza. Es el estatismo el que baja la riqueza conjunta y conduce a las situaciones indiganantes de pobreza, miseria, marginalidad, villas miserias y demás problemas sociales en los cuales está sumergida casi toda América Latina. Salir de ello no es un costo social, es un progreso social: el costo estuvo antes, no después.

Esto es tan ignorado que buenas personas que han tratado de corregir el rumbo han quedado en Argentina poco menos que innombrables. Una persona proba y honesta como Alvaro Alsogaray ha quedado ridiculizado y denostado para siempre por peronistas, sindicalistas, radicales, periodistas, socialdemócratas, etc., que además han creído verdaderamente que era “malo”. Se rieron de su famoso pasar el invierno, y ese rechazo nos ha costado 30, 40, 50 inviernos más. Lo mismo pasó con Celestino Rodrigo, quien tuvo que soportar el oprobio de su nombre, al hablar todos del “rodrigazo” cuando lo único que hizo fue decir: miren, estos son los precios que realmente hay.

El progreso no consiste en echar gente del estado y mantener igual casi todo lo demás. Tampoco consiste en dejar de pagar los sueldos de gente inocente cuyos puestos eran artificiales. El progreso es crear las condiciones de mercado libre. Es eliminar todos los ministerios, secretarías y legislaciones estatales que están en contra del funcionamiento del libre mercado, de lo cual este gobierno parece estar lejos. La cuestión no es nombrar a un secretario de comercio honesto donde antes estaba una bestia: la cuestión es eliminar la secretaría de comercio. Porque la causa de que los ministerios y secretarías funcionen mal NO es la corrupción. La causa es su misma existencia.

 

Yo no soy de esos filósofos que comienzan a decirles a los gobernantes cómo deben comportarse en períodos de crisis y cambios como el que enfrentamos. No quisiera estar en sus zapatos y lo más probable es que sea otro incapaz como muchos. Pero sí consiste mi función en advertir a una mayoría de argentinos sobre la ingenuidad de sus planteos. En seguir diciendo que nunca hubiéramos llegado a esta situación si no hubieran apoyado masivamente a dictadorzuelos espantosamene ridículos que muchos consideraron “buenos” contra el mercado “malo”. “Malo, malo el mercado”. Como niños. Dramáticamente niños.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Argentina: Los Sospechosos de Siempre

Por Gabriela Pousa: Publicado el 25/11/13 en http://independent.typepad.com/elindependent/2013/11/argentina-los-sospechosos-de-siempre.html

 

“El mejor modo de conocer un país es averiguar cómo se trabaja en él, cómo se ama y cómo se muere. En nuestro país todo eso se hace igual, con el mismo aire ausente. Es decir, que se aburre uno y se dedica a adquirir hábitos. Los deseos de la gente joven son violentos y breves, mientras que los mayores trabajan para enriquecerse. Pero hay países donde la gente tiene la sospecha de que existe otra cosa. Aquí todo se hace sin darse cuenta, hasta morir es una dificultad. Nunca es agradable estar enfermo pero hay países que nos sostienen en la enfermedad. Pero aquí la importancia está en hacer negocios

Extraído del libro “La Peste” de Albert Camus

Como si un instante pudiera sintetizar una eternidad, como si una crónica periodística pudiese alterar la realidad, así se vive en la Argentina a finales de 2013. Con dificultades que exceden la lógica y se adentran en un abismo de marginalidad. Todo está presto para el negociado espurio, nada está dado para el trabajo honesto. Se ha impuesto la cultura del menor esfuerzo con siniestra majestuosidad.

Es por eso que un cambio insustancial de ministros despierta voces esperanzadas en la nada, y un fin de semana largo es vendido como reflejo de una década ganada… Sólo la débil memoria de los argentinos puede permitir eso. Si acaso el recuerdo de aquel fatídico 2001 sirviera para que la experiencia torciera el destino sería propicio insistir con estas crónicas…

Pero después de publicadas, también se modificó la escenografía y paradójicamente o no, asumió un tal Jorge Milton Capitanich la jefatura de ministros. Era otro calendario y otro el jefe de Estado pero al frente del equipo, estaba el mismo. 

Ningún homónimo, exactamente idéntico funcionario que respaldó la gestión de Sandra Mendoza al frente del ministerio de Salud del Chaco cuando las muertes por dengue crecieron exponencialmente. Capitanich sí, aquel que llevó a sus hijas adolescentes de veraneo a Panamá en el avión de la gobernación, aduciendo que aprovechó para hacer un control técnico que jamás se realizó. Es ese Capitanich que ahora algunos creen ha de salvar al país… 

Pero Argentina es o debiera ser mucho más que un teatro de mediocres actores recitando guiones plagiados al pasado. La vuelta de la Presidente apenas modificó la escenografía. Un par o dos de pinceladas sobre paredes raídas no alcanza, aunque enseguida se escuchen voces de algarabía sostenidas en espejitos de colores y aplausos de cotillón. Sigue el viejo espectáculo maniqueo convocando al tedio.

Posiblemente la crisis de hoy sea distinta a la de comienzo de siglo, otro contexto, otras causas pero la comandan los mismos que nunca solucionaron un ápice, y que en muchos ocasiones empeoraron la situación. ¿En qué sustentar pues las esperanzas?

Las proyecciones con base en datos fácticos, en evidencias empíricas y en cuentas sin dibujos acrobáticos muestran un país en caída libre.Posiblemente los tiempos no puedan determinarse como antes ya que es dable reconocer que, en los últimos años, ha habido un porcentaje de argentinos que han ganado más dinero de lo esperado.

Pero es el país de los contrastes donde también ha habido un porcentaje similar de ciudadanos – que deberían ser  contemplados en el contexto de las políticas igualitarias que tanto vocifera el kirchnerismo en su relato -, que han tenido que mudar a las villas, su decencia, sus naderías…

La ONG Techo comprobó durante un trabajo de campo realizado en sólo siete provincias, la existencia de 1.834 asentamientos, donde malviven más de dos millones y medio de personas. Y Chaco no es excepción a ello, al contrario. El pleno empleo que se lee en ciertas estadísticas tiene la certeza de los índices de inflación que dejara Guillermo Moreno como corolario de la desidia.

En ese contexto, proyectarse a la presidencia por el simple hecho de haber sido designado jefe de un gabinete escindido no tiene mucho sentido, como tampoco lo tiene vislumbrar cambios en un gatopardismo comprobado hasta el hartazgo.

El circo no se renueva. A lo sumo, los payasos  ensayan nuevas morisquetas. Algunos se van pero dejan sus huellas muy parecidas a esas llagas que permanecen abiertas…

Moreno , sin ir más lejos, no se va por sus fracasos sino por los fracasos del matrimonio Kirchner. En poco tiempo se comprenderá que el ex Secretario de Comercio no fue sino un soldado, el más brutal quizás pero un soldado, ni siquiera un general con propia tropa a su mando. Y las extorsiones y los aprietes tuvieron su razón de ser en empresarios que se dejaron apretar y extorsionar vaya a saber por qué…

Lo cierto es que frente a la derrota, deciden suavizar modos no métodos, y eso corrobora la continuidad del actual estado de cosas.

Temer ahora al comunismo que dice representar Axel Kicillof es ingenuo porque  el nuevo ministro no hará sino implementar los caprichos que le indiquen desde Olivos. El problema no es Marx, ni Keynes, ni Chávez, el problema es el kirchnerismo. El kirchnerismo con su modelo nacional y popular impuesto por Nestor Kirchner primero, y profundizado por Cristina Fernández luego. 

Ese modelo que persigue la pobreza del pueblo en detrimento de la riqueza del poder, el modelo que multiplica, simultáneamente, habitantes en la Villa 1-11-14 y en Puerto Madero y El Calafate. No quieren la revolución del Che sino la revolución de guante blanco, donde el revolucionario redentor es el mismo personaje que dirigió el gabinete de Duhalde cuando se produjo la mayor devaluación.

No es la metodología marxista de Lenin y Stalin sino la metodología de usura y apropiación de Cristóbal López y Lázaro Báez. Es otra vuelta de “robo para la corona”. No son los bolcheviques de Leningrado sino los “pibes” de barrios privados que, no usando corbata, se creen liberados de formas y mandatos… 

En ese ámbito estamos, girando en un círculo vicioso donde aumenta cada vez más la brecha que hay entre la sociedad y el ‘comando presidencial’.

Cristina sigue actuando coyunturas. Cristina sigue sacándose fotografías… Así concibe la historia de la Argentina: como un álbum de imágenes sueltas que no cuentan una trama verdadera. Aquella instantánea, por ejemplo, donde pudo vérsela embarrada en Tartagal, Salta, después de un alud, puede volver a sacarse hoy día porque nada ha variado en esa geografía.

Cada foto es una asignatura pendiente que se suma a otras tantas. Para la jefe de Estado todo empieza y termina cuando se abre el obturador de la cámara. Mientras, la gente vive la película sin pausa, sin tregua, sin intervalo siquiera…

La reciente aparición de la dama dando un discurso en un balcón interno de Balcarce 50, es el símbolo más perfecto de su proyección. Afuera hay un mundo que no mira. Afuera está la sociedad sin militancia, la que muy posiblemente vaya una semana a la costa atlántica pero sólo porque sabe que los pesos después no le servirán para nada.

No se trata, en definitiva, de bonanzas sino de desesperanzas, de dar por perdida la ilusión de un cambio que permita proyectar una vida y no apenas una estadía. Pequeñas grandes diferencias que la mandataria no está dispuesta a ver ni mucho menos a asumirlas…

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.