DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA A LA INDEPENDENCIA DE LOS PEQUEÑOS SOVIETS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/10/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/10/de-la-declaracion-de-la-independencia.html

 

Más allá de los extraordinarios intentos de Puigdemont, por superar a la lógica de Aristóteles –ser hegeliano en política tiene sus vueltas- las veleidades independentistas, últimamente –desde los catalanes hasta los mapuches- tienen otro hegeliano inspirador: Marx.

Claro, como siempre, no vaya a ser que pierden al alma leyendo a Mises, ese horrible autor al que sólo leemos los malos católicos y los malos filósofos. Entre sus pecados mortales, una de sus grandes y menos leídas obras es Nation, State en Economy, 1919 (https://mises.org/library/nation-state-and-economy ) donde, ante el desmembramiento de su amado Imperio Austro-Húgaro, Mises propone la distinción entre estado y nación como clave del problema y de la solución. Las naciones son unidades culturales definidas por el lenguaje (antes de Wiitgesntein, sí). Los estados, en cambio, son meras unidades administrativas, con el solo fin de custodiar las libertades individuales y mejorar la administración de los bienes públicos.

Las naciones, por ende, no tienen por qué estar unidas por otra nación. Son, en sí mismas, culturalmente independientes. Pero pueden convivir en un estado liberal clásico, que reconociendo sus autonomías federales, se limite a custodiar las libertades individuales de todos sus habitantes para que, a través de esas libertades, las diversidades culturales se manifiesten y se intercambien libremente.

Por ende, un estado liberal clásico no impone nada a ninguna nacionalidad, porque no es una nación. ¿Quiéres hablar catalán, cantar música country y bailar como los zulúes? ¿Quiénes fundar una institución que tenga su propio sistema educativo, en su propio idioma, etc.? Hazlo, está en tus libertades individuales, el estado liberal clásico no sólo te lo va a impedir, sino que va a custodiar tus derechos a la libre asociación y propiedad donde esas autonomías pueden funcionar. ¿Quieres tener tu propio parlamente, tu propio sistema de impuestos, y no depender del estado federal? No sólo el estado liberal clásico no te lo va a impedir, sino que esta vez te lo demandará como obligatorio en la organización federal. ¿Quieres que sea una confederación e irte cuando quieras?[1]Hazlo, porque cumplidos esos requisitos constitucionales, nadie se dará cuenta.

Pero ese es el sistema que Mises te propuso. Pero tú, lo que quieres, es otra cosa. Tú lo que quieres es vivir un en soviet y liberarte de él para hacer tu propio soviet. La Unión Europea –perdonen algunos amigos- ya es un soviet, y cualquier región que se quiera independizar será otro, y peor. Ya no existen libertades individuales. Lo que existen son grados diversos de planificación, donde, de vez en cuando, alguno dice “yo voy a planificar mejor” y proclama su independencia.

Pero el asunto no es ese. Moralmente, la clave es que cada persona sea independiente, en el sentido de que le sean reconocidas sus libertades individuales. Esa es la clave y no lo va a lograr porque viva en España, en Cataluña o en Marte: el asunto es que, llamemos como fuere a las naciones y a los estados, sean respepetadas esas libertades individuales sin las cuales las personas son oprimidas en nombre de la nación, el estado, la raza o los pueblos originarios.

Israel, Palestina, Malvinas, Inglaterra y Argentina, Cataluña, España, irlandeses, escoceses y vulcanos, norteamericanos y mexicanos,  todos conflictos inútiles y evitables. Abran las fronteras. Derriben los muros. Eliminen aduanas, pasaportes, tarifas aduaneras, aranceles y sellitos. Intercambien libremente mercancías, lenguajes, concepciones del mundo, discutan libremente si es mejor la jota o el pericón. Y únanse todos en una confederación con un estado cuya única misión será custodiar las libertades individuales bajo las cuales todo ello es posible.

Mm, pero no sé. Tal vez la pulsión de agresión, oh sabio Freud, es más fuerte que cualquier razonamiento:  “…A mi juicio, el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta qué punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción. En este sentido, la época actual quizá merezca nuestro particular interés. Nuestros contemporáneos han llegado a tal extremo en el dominio de las fuerzas elementales que con su ayuda les sería fácil exterminarse mutuamente hasta el último hombre. Bien lo saben, y de ahí buena parte de su presente agitación, de su infelicidad y su angustia. Sólo nos queda esperar que la otra de ambas «potencias celestes», el eterno Eros, despliegue sus fuerzas para vencer en la lucha con su no menos inmortal adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?” (El malestar en la cultura, 1930).

 

 

[1] “….Como es evidente, el derecho de autodeterminación al que el liberal alude nada tiene que ver con ese supuesto “derecho de autodeterminación de las naciones”, porque el liberalismo lo que defiende es la autodeterminación de los individuos habitantes de toda zona geográfica suficientemente amplia para formar su propia entidad administrativa. Y esto hasta el punto de que, si fuera posible con – ceder el derecho de autodeterminación a cada individuo, el liberal entiende también habría de serle otorgado. No es posible, desde luego, en la práctica, estructurar tal planteamiento, por razones puramente técnicas, en razón de que a la zona de que se trate por fuerza ha de tener bastante entidad como para ser posible administrativamente gobernarla. La autodeterminación, por eso, no puede ir más allá de los habitantes de aquellas unidades territoriales que tengan cierto peso demográfico» (Liberalismo, 1927). Las itálicas son nuestras.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

La libertad es Israel

Por José Benegas. Publicado el 13/7/14  en: http://josebenegas.com/2014/07/13/la-libertad-es-israel/

 

La soberanía es el imperio que un gobierno ejerce sobre un territorio. Un gobierno es un monopolio de la fuerza, no un comprador en el mercado. Quiero decir con esto que la soberanía no es derecho de propiedad. Es un ámbito en el que un aparato de fuerza recauda recursos de modo compulsivo y ejerce unos actos más o menos favorables a la existencia de los verdaderos derechos de propiedad que pertenecen a los individuos o a las asociaciones voluntarias de individuos.

La confusión entre estos dos conceptos (soberanía y propiedad) lleva a cosas como el mito de los “pueblos originarios fueron robados”. Fueron conquistados no robados, hubo una agresión, pero los gobiernos originarios no eran más dueños que los no originarios del territorio, simplemente se sucedieron en el ejercicio del poder, en la violación de los derechos de sus “súbditos”, sin un acuerdo. Como esa soberanía preexistente era de naturaleza colectivista, los derechos de propiedad de originarios o no originarios empezaron después de aquella conquista en algún momento y toda la teoría de la restitución no es más que un galimatías ingenioso para obtener privilegios abusando del estado “europeísta” y con sustento en criterios raciales, por definición colectivistas.

Pero esas teorías no son el tema de esta reflexión. Todo en materia de fronteras es una arbitrariedad que responde a una situación política no exenta de grandes injusticias y hasta mala fe. No hay un derecho internacional desarrollado como el derecho civil, porque las unidades del derecho internacional no son individuos pacíficos comerciando, sino órganos políticos dominantes, recaudadores y mistificadores. A lo único a lo que se puede aspirar con el derecho internacional es al mantenimiento de la paz.

Para alguien interesado en los derechos individuales, que no tienen nada que ver con los “derechos de los gobiernos a gobernar”, que un estado tenga un pedazo de territorio y otro se lo saque, por si mismo no significa nada relevante. Lo único importante es cómo está la población que está en ese territorio antes y después del hecho. Pero hay que agregar el costo del cambio. Los aliados no eran dueños de Alemania cuando entraron a liberar a Europa (en parte), aplastaron una soberanía, pero defendieron derechos en la parte occidental.

Noto que cuando se habla de la situación de Israel con sus vecinos se olvida esta cuestión. Israel es el país civilizado en esa región, el país que respeta a su población autóctona o inmigrante. Siempre es mejor para el derecho, si es lo que nos interesa, estar adentro que afuera de Israel en esa zona. Del mismo modo que se tienen más derechos en los estados “europeístas” de América que bajo el imperio Inca, se sea originario o importado.

¿Perfección? Hablamos de un gobierno, de un estado. No, no hay perfección. Cuando alguien la encuentre me avisa, quisiera conocerla. Hablo de alternativas.

A los efectos de que la gente en concreto sea libre, los derechos de los gobiernos no interesan en absoluto, sino solo cómo son esos gobiernos. Lo que postulo en base a esto es un relativismo total en materia de soberanía. No pasa por ahí el problema de la libertad. En particular esa región es en materia de “títulos” imposible de arreglar, lo único que se puede lograr es consolidar las situaciones de hecho y tornarlas estables mediante acuerdos.

La paz es importante, de manera que hay lugar a discusiones sobre “títulos” para evitar problemas innecesarios. Pero la paz puede ser dejada de lado por la libertad.

Ahora bien, quienes estén esperando que Israel represente la perfecta libertad y conducta intachable, cuando encima está rodeada de enemigos, caen en un infantilismo imperdonable. Lo único que se consigue adoptando esa actitud es que el defensor disponible de la libertad disponible, esté en una permanente desventaja respecto del enemigo declarado y total de la libertad. El infierno en la tierra es la única consecuencia que yo conozco de la búsqueda del paraíso en la tierra.

No entiendo por ejemplo por qué alguna gente puede darse cuenta de que no es importante de quién son las Malvinas, sino en función de los derechos de sus habitantes, pero lo trasladan a otro lugar del planeta y no siguen el mismo razonamiento. Porque si hablamos de títulos, los de Inglaterra no existen. No importan, pero no existen.

La otra cuestión indispensable de aclarar es el alcance del derecho de defensa. Si Israel tuviera un objetivo como conquistar un puerto y para eso disparara, eso estaría mal. Hay gente que agregaría “a inocentes”. Pero en un acto de esa naturaleza inocentes son todos, también los soldados del país atacado, porque no son agresores. Otros agregarían “a civiles”, pero el problema es el mismo. No se pueden atacar ni culpables ni inocentes, ni civiles, ni militares, si ellos no nos agreden.

“Inocente” en materia de guerra es un término demasiado impreciso. Por eso hablo de “no agresores”. Responderle a unos agresores está bien. Atacar a unos no agresores es una agresión, está mal. Mucha gente es todo lo que quiere saber. Listo, la vida parece fácil, ser bueno es simple. Le preguntamos al iPad si murió algún no agresor y entonces condenamos a quién le hubiera disparado. Pero no es tan sencilla la cosa y esta es la parte en la que los que no soportan no vivir en las nubes me acusarán de justificar la agresión ignorando los argumentos que voy a dar para determinadas circunstancias. Para los puros lo gris no tiene solución, ignoran los dilemas.

En la vida no nos encontramos sólo con lo que está bien y lo que está mal, es aplicable acá lo que decía del infantilismo de pedirle perfección a un gobierno en lugar de compararlo con sus alternativas.

La vida es el principio de todo conocimiento, de toda ética, de toda filosofía ¿La vida en un sentido colectivista? No la vida nuestra. Somos individuos que queremos vivir, el máximo valor es la propia vida y los únicos que podemos determinar en qué circunstancias vale la pena entregar la vida por otro, somos nosotros. De otro modo nuestra vida estaría supeditada al bien de otro o de otros y lo que sigue es el colectivismo. No tiene ninguna importancia si el otro o los otros son culpables o inocentes o de qué cosa sean culpables o inocentes si esta es la alternativa.

Ya lo expliqué antes pero quiero reforzarlo. Nadie está obligado a preservar la vida de otro si eso se opone con claridad y no con vaguedad, a la propia supervivencia. Esta afirmación subsiste mientras las condiciones sean esas, todos los agresores dicen defenderse.

Los simplistas dirían rápido “eso está mal”. Claro, que muera otro que no me está atacando está mal. Sólo que no está tan mal como que muera yo. El individuo no es sacrificable ni está obligado a sacrificarse por otros. A todos nos gusta el heroísmo. Pero el heroísmo no es exigible.

Alguno me ha dicho ¿pero acaso eso no es darle la razón a los socialistas en cuanto a que las necesidades crean derechos? No, los socialistas creen que las necesidades se procuran a los garrotazos. Acá hablo de un claro dilema en una situación de fuerza, no de la vida diaria que, a diferencia de lo que creen los socialistas, no pone a la vida de uno contra la otra sino en la clara necesidad de colaborar e intercambiar.

La hipótesis es la siguiente: un misil está dirigido a mi y la única forma que tengo de pararlo es disparándole, con lo cual tal vez el artefacto caiga sobre un edificio de departamentos y mate a quienes se llama “inocentes”, es decir, no agresores. Al disparar para interceptar el misil no estoy haciendo justicia, apenas pretendo subsistir (la justicia no está disponible) y nadie tiene derecho a exigirme que proceda de otra manera. Si el agresor encima provoca el dilema escudándose en civiles, menos responsable soy aún.

Eso no está bien, me han dicho los que quieren vivir entre nubes y angelitos. Obvio que no está bien. No está bien matar no agresores, pero les tengo una sorpresa, no está tampoco bien matar agresores. No está bien matar. El fin del uso de la fuerza  defensiva no es matar a nadie, sino evitar morir. Matar al agresor es un medio a veces inevitable para conseguirlo, nada más. La vida en la nube impide ver que de lo que se trata en ambos casos, matando agresores o no agresores es de un dilema en el que se debe elegir entre dos males. El condenar al mal menor implica habilitar al mal mayor, pero los puros ignorarán ese punto y se harán responsables morales de mi muerte.

Por supuesto los terceros están en su derecho de preferir la subsistencia de los otros no agresores a la mía, pero resulta que tengo otra opinión. A Israel se le pide un grado de altruismo y auto-sacrificio que ni siquiera las religiones exigen.

¿Pero que pasa si Israel dispara a cualquier lado sólo para asustar a los terroristas? Pues Israel se convierte en Hamas, lo que estoy diciendo se aplica a la idea del “daño colateral” en tanto implique la elección entre la vida propia y la de otros, no estoy diciendo ni remotamente que unos pueden disparar por ser en sí mismos buenos, que es lo que sostiene Hamas.

Hamas no responde a ningún principio, usa escudos humanos, es decir provoca el dilema en el que Israel se encuentra, pero no se le reprocha nada ¿Por qué? Porque los defensores del cielo en realidad tienen temor de ser acusados de estar justificando muertes “inocentes”, por los mismos que elaboran la estrategia de deslegitimación de la defensa mediante la victimización forzada, que después de terminar con Israel, irán por ellos. El derecho-humanismo los encierra en un dilema del que sólo saben salir cortando el hilo por lo más delgado y atacando a quién saben que no los dañará.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

De soldados y desalmados…

Por Gabriela Pousa: Publicado el 21/12/13 en:   http://www.perspectivaspoliticas.info/de-soldados-y-desalmados/

Como ha venido sucediendo en la Argentina, nuevamente la coyuntura se erige protagonista. En ese sentido, pareciera que es la economía la madre de todos los problemas y explica el clima social de estos días. Sin embargo, nada cambiará esencialmente en el país si no se asume que la crisis va mucho más allá de los indicadores de coyuntura y la fría estadística.

La génesis de pobreza que ha sido el objetivo de base de los gobiernos populistas no surge de economías maltrechas sino de la necesidad de crear rebaños que brinden lealtad ciega. El por qué los números no cierran halla primero su respuesta en la ética, y luego en la inoperancia de los funcionarios. Muy poco tiene que ver Marx, Engels o Keynes en nuestra decadencia.

Cuenta Aristóteles que en Megara, “habiéndose apoderado del poder un partido populista, comenzó por declarar la confiscación de bienes contra algunas familias ricas y ya no le fue posible detenerse. Tuvo que hacer cada día una nueva víctima, y al fin llegó a ser tan grande el número de damnificados y despojados que formaron un ejercito paralelo al que, los demagogos, ya habían formado”.

En el año 2003, el kirchnerismo asumió la Presidencia con la prioridad de forjar poder no de gobernar la Argentina, ahí ya había un problema. Un magro 22% de votos servían para emprender una gestión administrativa pero no le garantizaban permanencia, y esa es y sigue siendo la meta. Desde entonces comenzó a gestarse la debacle que se vive en estos días.

El matrimonio presidencial se auto proclamó como una suerte de autoridad moral por encima de todos los demás. Aparecieron reivindicando derechos que no estaban siquiera cuestionados, y ocupando un doble rol: de héroes sin magnas gestas, y de víctimas sin victimarios.

En ese marco, como bien sostuvo Cristina, “los saqueos no fueron casualidad“. Por supuesto que no. Desde Balcarce 50 se ha hecho mérito para llegar a ellos. Son una resultante de las palabras, actos y omisiones oficialistas. A diferencia del 2001, el hambre y la conspiración no fueron los primeros en tirar la piedra. Se les adelantó la descomposición del tejido social, por eso lo que causó más estupor fue el “todos contra todos”. Las imágenes nos dejaron atónitos. Y ese es precisamente, el mayor daño que el kirchnerismo ha propiciado.

La inflación podrá remediarse cuando prime la sensatez en la aplicación de políticas, y el mercado deje de ser eufemismo de Estado, pero la división de la sociedad es algo muchísimo más difícil de sanar.

Los hombres sienten que son un mismo pueblo cuando tienen una comunidad de ideas, de intereses, de afectos y de esperanzas. Eso es lo que constituye la patria. La patria es lo que uno ama”, sostenía Fustel de Coulanges y agregaba que “la existencia de una nación es un plebiscito cotidiano”.

Hoy, hay cabal conciencia de no pertenecer al mismo pueblo. Nuevamente hay clases enfrentadas de forma malsana. Cada uno de nosotros nos hemos sentido tan ajenos a las hordas de saqueadores como a los dirigentes que, además, decidieron ignorar esos hechos y falsear la verdad.

La comunidad de intereses es una anatema, y por haber sucumbido a la ley del menor esfuerzo, y a la tramposa comodidad del Estado paternalista que en apariencia nos facilitaba la vida, dejamos hace rato de participar de ese elemental plebiscito cotidiano. Optamos, conscientes o no, por ser meros habitantes y aunque echemos raíces, andamos como aves de paso no como ciudadanos.

Aunque la obra sea para todos la misma, pocos son protagonistas, algunos son elenco o actores secundarios, y demasiados son apenas espectadores de una realidad que en su cotidianidad les resulta ficticia. Por eso es harto complicado lograr la unidad que conlleve a dar el paso trascendente desde esta maniquea “obediencia debida” a hacia el “punto final”.

Porque se equivoca quien cree que esta decadencia se puede remontar con los kirchneristas marcando la agenda y digitando la escena. Y no se trata de actitudes golpistas, sediciosas o “balas de tinta”, se trata de entender que la base de esta dirigencia es arena movediza. Por consiguiente nada firme puede levantarse sobre ella. Llegaron con un cáncer y se ocuparon de hacer metástasis.

Basta observar lo sucedido en la provincia de Formosa cuando una fundación como Conin intentó modificar algo desde un rol comunitario. A los pozos de agua que realizaron se los terminaron tapando y el problema no fue la inflación, ni el cepo ni el tipo de cambio. El problema fue y es la ausencia absoluta de moral o si se prefiere de humanidad. El egocentrismo reina.

Lo mismo puede observarse con el fenómeno de los saqueos y hasta en los cortes de luz donde vecinos bloqueaban calles impidiendo pasar a sus pares. “Yo no tengo luz, vos no llegas a trabajar”, parecía ser la sentencia endemoniada que no sirve siquiera para arreglar nada. “Mal de muchos, consuelo de tontos” reza el refrán, y la tontera se ha convertido en un deporte nacional.

Vivimos o sobrevivimos sin un mínimo código de convivencia. Sin embargo, los argentinos no éramos así. Quizás fuimos ingenuos pero no perversos. Fuimos solidarios cuando se nos engañó vilmente con el fondo solidario de Malvinas, fuimos los que salimos corriendo a llevar colchones y víveres para los inundados… ¿Qué nos ha pasado? La respuesta es tan cruel como sencilla: nos pasaron diez años de ignominia por encima. Nos faltaron diez años de educación y de dignidad del trabajo. Nos sobraron diez años de modelos y ejemplos nefastos…

Diez años haciéndose carne la concepción populista de la política con puestas en escena inauditas. La historia se ocupará de explicar el revés de la trama así como el tiempo está demostrando la falacia del relato. Basta recordar a un ex jefe del Ejército bajando un cuadro de un mandatario de facto, y observar que hoy es, ese mismo ex jefe del Ejército, quien está siendo juzgado por peculado…

Esa es justamente la gran paradoja de Cristina, su regreso a las fuentes destruidas. En mayo de 2003 destruyó las Fuerzas Armadas a las que ahora acude ante su paranoia conspirativa, como acude también al Episcopado después de haberlo desdeñado. La artífice de la transversalidad hoy se ampara en Perón y en Evita…

El gobierno está retrocediendo sobre sus pasos no por arrepentimiento sino por necesidad. Le está pesando a Cristina el triste pacto con Irán, y está pagando caro el circo montado para expropiar YPF. Paradójicamente, las que ayer fueron sus banderas de triunfo popular ahora son sus mortajas, y los vítores y aplausos terminaron siendo lastres sobre sus espaldas.

Pero es tarde para el perdón, no porque prevalezca el rencor sino porque no es genuina la intención. El “vamos por todo” aún no concluyó. Ese fue el mensaje preclaro que dejó el baile de la jefe de Estado, el pasado 10 de Diciembre. La fiesta sobre cadáveres fue la radiografía exacta de la inmoralidad y la farsa que dejó sin maquillaje a la mandataria. Le lavó la cara.

El ascenso de César Milani hizo el resto. Ahora la Argentina tiene un Ejército no subordinado a la Constitución Nacional como el descabezado hace diez años, sino al servicio del modelo nacional y popular, es decir, a su servicio. Y en rigor de verdad, nadie sabe para qué lo ha de usar…

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Los burócratas de la risa:

Por Alejandro Tagliavini: Publicado el 3/5/12 en: http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=38044&tit=los_burocratas_de_la_risa

Pareciera cierto que el gobierno argentino tiene el respaldo unánime de sus pares de América Latina y el Caribe y sería el único postulante, de la región, para ocupar el lugar que deja Colombia como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la o­nU, en el bienio 2013-2014, elección que se realizará en Octubre. “La presidenta… y el pueblo argentino agradecen… este reconocimiento”, dice un comunicado oficial que me parece exagerado al incluir a todo “el pueblo”, siendo que muchos argentinos no lo agradecen.

En total son 15 lugares, cinco para los permanentes (EE.UU., Rusia, China, Francia y Gran Bretaña) con poder de veto, y 10 no permanentes, que se eligen entre el resto de los países. Según el gobierno “será un defensor incansable de los valores fundantes de la organización multilateral”. Pues creo que tienen razón, sí parecen estos los valores fundantes de la ONU.

Mientras el canciller británico, Hague, durante un acto en la mansión Lancaster House, presentaba un reporte sobre derechos humanos en Gran Bretaña frente a periodistas, diplomáticos y otras personalidades, en un claro abuso de la situación, la embajadora argentina preguntó “Viendo que la ONU (y otros)… urgieron a ambos países a negociaciones para encontrar una resolución pacífica y permanente (al conflicto de Malvinas)… ¿Daremos una oportunidad a la paz?”.

Buena pregunta viniendo de una funcionaria de un Estado que alguna vez invadió militarmente las islas. Hague le respondió que “La autodeterminación de los pueblos es un derecho básico de la población de Falkland Islands (islas Malvinas)”. A lo que, insólitamente, la embajadora contestó que “La autodeterminación no es aplicable a los isleños”. O sea, que para el gobierno argentino los isleños no son seres humanos sino, quizás, monos sin derechos, obviamente.

Pero el gobierno argentino no solo desprecia los derechos humanos, además, la “seguridad”, jurídica en este caso, es solo una frase que utiliza cuando le viene bien y, cuando no, “expropia” como cuando con las fuerzas armadas echó de las oficinas de YPF a sus legítimos dueños. Cosa que está de moda en la región, también el presidente boliviano, Evo Morales, “expropia” usando las fuerzas militares. Ahora se apropió de las acciones que Red Eléctrica de España (REE), cuyo accionista mayoritario con un 20% de capital es el gobierno español a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), posee en la Empresa Transportadora de Electricidad (TDE). Insólitamente “Se trata de un caso muy diferente (al de YPF)”, dijo el gobierno español casi avalando la expropiación.

Así que “la culpa no es del cerdo sino de quién le da de comer”, dice el refrán. Y si no que le pregunten al jefe de los burócratas globales, Obama, que viajó a Afganistán, para firmar un pacto donde Washington se compromete a continuar proporcionando ayuda económica y militar durante diez años desde la retirada total de las tropas en 2014. En la base militar de Bagram, soldados estadounidenses quemaron coranes por error, mientras que en Kandahar fueron asesinados 16 civiles y las tropas de Washington trasladaron al supuesto sargento asesino a EE.UU. sin consultar al gobierno afgano.

Pues así de seguro es el Consejo de Seguridad, estos son “los valores fundantes” de la ONU.  Sí señor ¡qué circo más divertido!

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.