Hollande, Chávez y el fin de la República

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 17/1/13 en http://www.lapatriaenlinea.com/?t=hollande-chavez-y-el-fin-de-la-republica&nota=132237

Según el Financial Times y el Frankfurter Allgemeine Zeitung, François Hollande mudó sus principios para defender intereses espurios (proteger a empresas que extraen materias primas baratas en la zona, como el uranio de la vecina Níger), con la intervención en Malí.

El presidente francés aseguró que no intenta quedarse y que la operación, que solo buscaba frenar al terrorismo de Al Qaeda y defender a los franceses en Bamako, será «limitada en el tiempo» y es «una excepción» y pronto la dejaría a la tropas de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental. La «pacificadora» ONU, cuando no, respaldó la intervención en un conflicto que ha dejado 150.000 refugiados en los países vecinos.

El Elíseo está molesto porque no tiene suficiente apoyo. Es que la Casa Blanca gastó $us 700 millones en el Ejército maliense y muchos oficiales se pasaron a los rebeldes. Además, el desgaste sufrido en Afganistán y el rotundo fracaso de la «primavera árabe», dejaron claro que las armas solo sirven para destruir, empezando por dentro: los suicidios de militares estadounidenses se elevaron a 349 en 2012, superando a las 295 bajas en Afganistán. El malestar con la Unión Europea es mayor pero, como escribía Le Monde, «se sabe cómo empiezan estas operaciones militares, pero nunca cómo terminan… (y) la mayor parte… ha terminado muy mal».

Hollande ha vulnerado el espíritu republicano. No sé qué sentido tiene la república si los gobernantes electos no respetan las ideas y principios por los cuales fueron electos, ni pareciera que existen mecanismos para obligarlos a cumplir.

Pero la violencia además de provocar guerras, también diezma a la población civil. Chávez, gobierna como en una guarnición militar, imponiendo sobre el mercado (las personas) todo tipo de ordenanzas coactivas. Según su Banco Central, el índice de escasez llegó en diciembre al 16,3 %, y podría trepar a los niveles del 2007 cuando fue de 20 %. Escasez de productos que ocurre básicamente por tres violaciones coactivas al mercado. Los precios máximos que hacen inviable la producción, la destrucción de la industria nacional que obliga a la importación, y la importación muy complicada por la falta de divisas provocada por el gobierno.

Entretanto, los amigos del poder, «boli millonarios» surgidos con dinero fácil, conforman una nueva clase social donde reina el despilfarro, la ostentación obscena y el disparate. Y la cúpula chavista delibera en La Habana: el vicepresidente, el titular de la Asamblea y la procuradora, entre otros, se sentaron con Raúl Castro. «Roma locuta, causa finita est», escribió Elías Pino en su Twitter, parafraseando a San Agustín: «La Habana habló, el asunto se acabó». Además de «gobernar» al país desde el exterior, sendos pronunciamientos de la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo abrieron el camino para que se pospusiera la toma de posesión de Chávez, dando cobertura «jurídica» a la extensión que de facto las autoridades del Ejecutivo propusieron para sus cargos.

En fin, cada vez queda más claro algo que es lógico por otro lado: que siempre se depende de quién financia, precisamente, para eso financia. Entonces, creer en la «división de poderes», que el Poder Legislativo y el Judicial puedan ser independientes, si sus recursos son proveídos por el Ejecutivo, es muy idealista, casi infantil.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Peligrosa rebelión «Tuareg»:

Por Emilio Cárdenas: Publicado el 10/4/12 en: http://www.lanacion.com.ar/1463625-peligrosa-rebelion-tuareg

Los nómades conocidos como los «tuareg» pertenecen al pueblo «bereber». Habitan el norte y occidente del desierto del Sahara. Hablamos de algo más de un millón doscientas mil personas que pertenecen a esa rama que representa el 10% del total de los distintos grupos bereberes.

Con frecuencia son objeto del calificativo de «azules», porque -con el calor- sus vestimentas de ese color se destiñen de modo que la piel incorpora una atractiva tonalidad azul. Se llaman a si mismos: «los libres». Aún hoy, sin embargo, los «tuareg» viven divididos entre nobles y vasallos. Los últimos desempeñan las tareas propias de una servidumbre doméstica.

Tienen ciertamente una bien ganada fama de indómitos. No sólo porque históricamente se dedicaron alguna vez a saquear poblaciones, sino porque -hasta no hace mucho- se distinguieron por su feroz resistencia al colonialismo. En los últimos tiempos muchos de ellos, como milicianos o simplemente como mercenarios, formaron parte del multicolor ejército libio en tiempos de Gadafi.

Poco antes de caer el tirano regresaron apresuradamente a sus propias tierras. Lo hicieron aprovechando la situación de caos para llevar consigo el moderno armamento que les había sido suministrado por el depuesto gobierno libio, así como misiles tierra-aire de corto alcance (Sam-7) y explosivos poderosos como el Semtex, aparentemente fruto del saqueo.

Desde hace algunos años, células de Al Qaeda y grupos vinculados o emparentados con ese movimiento terrorista han estado -cual infección- operando activamente en la zona del llamado Maghreb, al norte de África. Hasta ahora se habían concentrado más bien en los secuestros y en un activo tráfico de drogas, armas y personas. Actuaban particularmente en la paupérrima Mauritania y en algunos otros rincones del Sahara Occidental. También en el Chad, Mali, Níger, y en el sur de Argelia. Cabe acotar que los grupos islámicos del Maghreb parecerían tener también conexiones con los que actúan en el norte de Nigeria perpetrando atentados contra los cristianos, al mando del desalmado Boko Haram.

Todo ello parece haber generado una mezcla explosiva que acaba de producir su primer gran sorpresa cuando, de pronto, los «tuareg» -aparentemente (pese a las desmentidas) asociados con Ansar Dine (un conocido grupo «tuareg», pero de claro perfil islámico) y Al-Qaeda (Aqmi)- a través del llamado «Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad», se apoderaron del noreste de Mali, incluyendo a sus tres ciudades más importantes: Kidal; la estratégica Gao, económicamente la más importante de la región; y la emblemática (y romántica) antigua ciudad santa islámica: Timbuktu.

En Timbuku -ciudad que, por su enorme valor cultural, está especialmente protegida por las Naciones Unidas- no sólo hay tres famosas mezquitas. También cementerios históricos y bibliotecas y anaqueles que guardan miles de insustituibles manuscritos que contienen hasta obras pertenecientes a la era pre-islámica.

 Los insurgentes aprovecharon la circunstancia que Mali ha sido objeto -el 22 de marzo pasado- de una alocada asonada militar, comandada por un joven capitán de etnia «senufo» (negra), Amadou Aya Sanogo, ahora en vías de superación. Una vez en control del territorio desértico que ahora ocupan, los «tuareg» proclamaron que su objetivo era «gestionarlo». Lo cierto es que la insurrección «tuareg» tiene un claro perfil secesionista, que amenaza a la integridad territorial de Mali. Hablamos ciertamente de la posibilidad de que -de pronto- se organice una nueva «república islámica». Por lo pronto, sus líderes ya han anunciado su vocación de independizarse e impuesto en el territorio que controlan tanto el uso del velo islámico como la ley islámica, el «sharia». A la manera de Afganistán, cuando era gobernado por el Talibán. El riesgo es volver a repetir esta historia, pero difícilmente obtengan apoyo externo en su pretensión independentista.

Francia, la antigua potencia colonial, ha expresado su alarma y su preocupación por lo que está sucediendo y está convocando a los países vecinos a sofocar las dos insurrecciones acaecidas en Mali: el golpe militar y la peligrosa insurrección «tuareg». La vecina Argelia, cuyo personal en Gao ha sido detenido, también contempla con alguna alarma lo que sucede. Porque el fundamentalismo es también una amenaza en su propio interior.

Porque parte del supuesto que los «tuareg» apuntan, en rigor, a controlar todo Mali. Pese a ello, Francia ha anunciado que -a diferencia de lo que no hace mucho hiciera en Costa de Marfil- por el momento no enviará sus tropas a Mali.

 Por ello, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Ecowas) está bajo presión para eventualmente (fracasadas que sean las gestiones políticas y las sanciones económicas ya dispuestas contra Mali) decidir una intervención militar, con todos los riesgos que ello implica.

Esta es, históricamente, la sexta insurrección de los «tuareg». La primera se remonta a 1916. La última es mucho más reciente; es la del 2006 que terminara concediendo un alto grado de autonomía a la zona del Sahara maliano, denominada, precisamente: Azawad.

Como suele suceder, ante estos tristes escenarios de extrema inestabilidad, la gente huye de la violencia. Por esto aparece rápidamente el desgarrador sufrimiento que representan las clásicas olas de refugiados y desplazados que estas situaciones disparan. Las Naciones Unidas sugieren que ya hay más de 200.000 personas que han huido de Mali. Muchos han marchado hacia Burkina Faso. Otros hacia Níger.

Lo cierto es que la presencia de Al-Qaeda en África no sólo es, queda visto, una grave realidad, sino que está ahora ganando presencia, terreno y hasta dimensión.

Emilo Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.