EE.UU. sorprende a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/12/16 en: 

 

En el complejo escenario de Medio Oriente , la guerra civil siria y sus atrocidades parecían haber relegado al conflicto entre Israel y los palestinos a un segundo plano. Ocurrió que, pese a que Israel ha mantenido ya tres guerras contra Siria y protagonizado numerosos incidentes fronterizos con duelos de artillería y combates aéreos, lo cierto es que hasta ahora se había mantenido al margen de ese conflicto.

Hablamos de una guerra civil siria que, en esencia, es una confrontación facciosa entre distintas visiones del Islam, en la que la intervención militar directa de la Federación Rusa e Irán han permitido la supervivencia del autoritario régimen de Bashar al-Assad. Muy pocos creyeron, al comienzo del conflicto, que esto podía ser posible. Pero hoy es una realidad.

De alguna manera Israel logró hacerse casi “invisible” con relación a Siria. Consciente, sin embargo, de que los potenciales triunfadores en la guerra civil podían ser países, como Irán, u organizaciones, como la libanesa “Hezbollah”, hostiles hacia Israel. Es lo que efectivamente ha sucedido, generando una difícil nueva realidad geopolítica alrededor de Israel. Quizás más peligrosa que nunca.

Mientras el conflicto armado en el país vecino se desarrollaba, Israel pudo recomponer su relación bilateral con Turquía y mantuvo intactas sus relaciones con Jordania. Además, se acercó discretamente al gobierno militar que hoy -tras la etapa que llevara brevemente a la Hermandad Musulmana al poder en el país de las pirámides- conduce a Egipto.

En las fronteras inmediatas de Israel, “Hezbollah” -directamente involucrado en la guerra civil siria- creció muy fuertemente en influencia y, desgraciadamente, también en capacidad militar y, en cambio, “Hamas”, más bien disminuida, mantuvo su agresividad, aunque sin intervenir abiertamente en ella.

Pero de pronto la quietud aparente en la que flotaba el conflicto no resuelto entre Israel y los palestinos se alteró dramáticamente. En apariencia, inesperadamente.

En la que fuera -en su origen- una iniciativa de la representación egipcia, un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad generó una enorme sorpresa.

Porque -escrito por los palestinos- ordenaba a Israel detener -inmediata y completamente- la construcción de asentamientos en Cisjordania y en Jerusalén-este. Y los declaraba, expresamente, como ilegales bajo el derecho internacional, definiéndolos como un obstáculo serio para poder avanzar en una solución negociada del conflicto entre ambas partes estructurada bajo la noción de “los dos Estados”. Advertía, de paso, que no se reconocerán cambios a la situación en materia de integridad territorial distintos de la realidad existente al 4 de junio de 1967.

Sin perder un minuto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , ante lo que sucedía, solicitó a la administración de Barack Obama “vetar” el proyecto, en caso de que el mismo siguiera adelante. Además, se comunicó con el presidente electo norteamericano, Donald Trump , y le encomendó específicamente la misión de pedir a Egipto que postergara la discusión y votación del proyecto en el Consejo de Seguridad. Lo que Trump obtuvo a través de una conversación telefónica con el general Abdelfatah al-Sisi, hoy presidente constitucional de Egipto, con el que Trump tiene una buena relación personal.

No obstante, otros cuatro miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Malasia, Nueva Zelanda, Senegal y Venezuela, de pronto hicieron suyo el proyecto de resolución y, descongelándolo, lograron impulsarlo y ponerlo a votación, casi sin demoras.

Y allí vino la enorme sorpresa: los EE.UU., que siempre fueron críticos respecto de los asentamientos en cuestión, pudieron ciertamente vetarlo una vez más, como ya lo habían hecho en el pasado con proyectos similares. Pero esta vez fue distinto. No lo hicieron. Prefirieron abstenerse. El resultado de esta actitud fue que la resolución sobre los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este se aprobó rápidamente, por 14 votos contra 0 y una abstención, la de los EE.UU..

Estamos frente a un hecho histórico. Por primera vez el organismo de las Naciones Unidas, responsable principal de las cuestiones de paz y seguridad internacionales, intervino específicamente -con todo su peso- en el conflicto entre Israel y los palestinos. Con definiciones categóricas que de pronto hasta podrían derivar en sanciones contra Israel, si la construcción de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este no se interrumpe.

De este modo, los EE.UU. modificaron abruptamente la que fuera hasta ahora su tradicional postura. Esto es, la de proteger siempre con su veto a Israel en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas e impulsar, en cambio, la resolución del tema abierto entre Israel y los palestinos exclusivamente a través de negociaciones directas entre las dos partes.

Lo hicieron en lo que implica un fuerte cambio de rumbo, desairando abiertamente a Donald Trump, quien ya había solicitado a Barack Obama el “veto” de la resolución votada, a la que caracterizara de “extremadamente injusta, respecto de Israel”.

Lo cierto es que la norma emanada del Consejo de Seguridad es una realidad, con todos los efectos consiguientes. Benjamin Netanyahu la calificó de “vergonzosa” y advirtió, sin rodeos, que Israel no le reconocerá validez. En su entorno, alguno hasta sugiere que todo lo sucedido en esta cuestión ha sido, en realidad, una maniobra urdida por la administración de Barack Obama.

Ante lo sucedido, parece oportuno recordar que cerca de 600.000 israelíes viven hoy en asentamientos del tipo de los que se mencionan en la resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No es, para nada, un tema menor.

La resolución comentada, del 23 de diciembre pasado, lleva el número 2334 y refleja la que ha sido -por años- la posición prevaleciente en la comunidad internacional sobre los asentamientos. Define a los asentamientos como una violación “flagrante” del derecho internacional y sostiene que ellos carecen de validez legal. Llama también a que se eviten los actos de violencia contra los civiles y las provocaciones, incluyendo el terrorismo. Convoca, asimismo, a reanudar, sin demoras, las negociaciones para poder completar un acuerdo de paz final entre las partes, estructurado sobre la idea de “los dos Estados”.

La resolución, sin embargo, tiene sus problemas. Serios. Primero, es en realidad un paso en dirección a internacionalizar el conflicto, algo que no necesariamente es positivo y puede complicarlo en extremo. Segundo, parecería definir, sin excepciones, a todas las construcciones hechas en Jerusalén-este como asentamientos, incluyendo aquellas realizadas en el propio “barrio judío” de la Ciudad Vieja, lo que naturalmente es difícil de aceptar para cualquier gobierno de Israel. Y obviamente no menciona otros temas que son absolutamente fundamentales para poder avanzar en dirección a la paz, como es nada menos que la necesidad de que todos los involucrados reconozcan expresamente al Estado de Israel como tal, lo que hoy no sucede desde que algunos niegan a Israel el derecho mismo a existir.

Es imposible no pensar que el fuerte cambio de rumbo de la administración de Barack Obama, insólitamente realizado a último momento, no tenga algo que ver con la pésima relación personal que existiera -y existe- entre el presidente Obama y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Lo sucedido puede entonces ser -directa o indirectamente- reflejo de esa desafortunada circunstancia.

Las cosas seguramente van a cambiar con el acceso de la nueva administración norteamericana, aquella que pronto encabezará Donald Trump. Pero la resolución 2234 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es una realidad. Para algunos, no ayudará, sino que hará aún más compleja la solución de un tema muy demorado, el del acuerdo final de paz entre israelíes y palestinos, respecto del cual puede ser cierto aquello de que el paso del tiempo no siempre ayuda. Donald Trump anunció que el próximo embajador de los Estados Unidos ante Israel será David M. Friedman, que rechaza públicamente la alternativa defendida por John Kerry, esto es la idea de “los dos Estados”.

Cabe apuntar que la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU no fue adoptada bajo el Capítulo VII de la Carta, sino bajo el Capítulo VI. Por ello no es directamente obligatoria. No obstante tiene mucho peso como recomendación y mensaje. Por esto, para Benjamin Netanyahu luce como una lamentable humillación.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿El principio del fin?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 12/12/16 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/el-principio-del-fin-1052897

 

Algunos latinoamericanos vienen inclinándose por el libre comercio y la apertura (México, Chile, Perú y Colombia, etc.) aunque muchas veces, como el caso de Argentina, sean solo bonitos discursos, mientras EE.UU. que siempre lo pregonó parece haber caído en la “trumpa”. El primer error de Trump, fue nombrar para la transición en el Tesoro a un defensor del embargo a Cuba, que no es otra cosa que prohibirles -coartar la libertad- a los americanos, el comercio con la isla. El presidente electo de EE.UU. hizo unos anuncios entre los que llama la atención que no mencionara el muro (que, en rigor, ya existe en casi la mitad de su extensión), ni la derogación del Obamacare, ni la restricción de la entrada de musulmanes o presuntos terroristas. Sí anunció que reemplazaría, por acuerdos bilaterales “justos”, al TPP que incluye a 12 países del Pacífico (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, EE.UU. y Vietnam) que suman el 40% del PIB global y cuyo fin era contener a China.

Durante la reciente cumbre de la APEC (21 países que suman el 49% del comercio mundial), en Lima, se reafirmó la apertura de los mercados y su anfitrión, el presidente peruano -que tiene 50% de aprobación gracias a su política de libre comercio y privatizaciones lo que conduciría a un crecimiento del PIB del 4.2% este año- insinuó que si EE.UU. se retira podría ser reemplazado por China que adquiriría mayor peso global. Si sumamos que algunos empiezan a ver a Alemania como el líder global de la libertad -en contraposición a las políticas de Trump- y como todo lo que sube cae, quizás sea este el principio del retraso de EE.UU. como líder global.

Anuncios positivos han sido la eliminación de las restricciones al “fracking” y que, por cada regulación nueva, se eliminarán dos, con lo que se beneficiaría mucho el sector financiero. Independientemente de si las regulaciones tienen buenas intenciones, no es con violencia (regulaciones coactivas basadas en el poder de policía, violencia estatal) como se solucionan las cosas.

Ahora, en cuanto a la expectativa de crear empleo a partir de la eliminación de restricciones a la producción de carbón, vale recordar que a mediados de los 80 este sector empleaba a 250,000 trabajadores y hoy solo a 50,000 y, con la explosión del “fracking” que ha abaratado al gas, su cuota en la provisión energética ha caído del 21% al 16%. La política de Trump es contradictoria, porque no se puede fomentar el gas natural y el carbón al mismo tiempo.

El posible aumento del gasto militar, las restricciones a la entrada de trabajadores, y la prohibición a altos cargos de ejercer de “lobbyistas” en los 5 años posteriores a su salida del Ejecutivo son buenas noticias.

Así las cosas, el casi utópico referéndum de independencia (Calexit) de una California dominada por los demócratas, previsto para el 13 de marzo de 2019, podría tomar color dada la oposición que Trump genera. Esta California, la sexta economía del mundo, que -junto con otros tres Estados- acaba de aprobar el uso recreativo de la marihuana, el paso hacia la legalización del cannabis. Claramente estas drogas son muy dañinas, pero su prohibición -la represión violenta- solo conduce a más violencia, a esta atroz guerra contra las drogas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿El principio del fin del liderazgo de EEUU?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 25/11/16 en: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/principio-del-fin-del-liderazgo-eeuu_628421

 

Algunos latinoamericanos vienen inclinándose por el libre comercio y la apertura (México, Chile, Perú y Colombia, etc.) aunque muchas veces, como el caso de Argentina, sean solo bonitos discursos, mientras EEUU que siempre lo pregonó parece haber caído en la “trumpa”. El primer error de Trump, fue nombrar para la transición en el Tesoro a un defensor del embargo a Cuba, que no es otra cosa que prohibirles -coartar la libertad- a los americanos, el comercio con la isla.

El presidente electo de EEUU hizo unos anuncios entre los que llama la atención que no mencionara el muro (que, en rigor, ya existe en casi la mitad de su extensión), ni la derogación del Obamacare, ni la restricción de la entrada de musulmanes o presuntos terroristas. Sí anunció que reemplazaría, por acuerdos bilaterales “justos”, al TPP que incluye a 12 países del Pacífico (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, EEUU y Vietnam) que suman el 40% del PIB global y cuyo fin era contener a China.

Irónicamente, durante la reciente cumbre de la APEC (21 países que suman el 49% del comercio mundial), en Lima, se reafirmó la apertura de los mercados y su anfitrión, el presidente peruano -que tiene 50% de aprobación gracias a su política de libre comercio y privatizaciones lo que conduciría a un crecimiento del PIB del 4,2% este año- insinuó que si EEUU se retira podría ser reemplazado por China que adquiriría mayor peso global.

Si sumamos que algunos empiezan a ver a Alemania como el líder global de la libertad -en contraposición a las políticas de Trump- y como todo lo que sube cae en algún momento, quizás sea este el principio del retraso de EEUU como líder global.

Anuncios positivos han sido la eliminación de las restricciones al fracking y que, por cada regulación nueva, se eliminarán dos, con lo que se beneficiaría mucho el sector financiero. Sucede que, independientemente de si las regulaciones tienen buenas intenciones, no es con violencia (regulaciones coactivas basadas en el poder de policía, en el monopolio de la violencia estatal) como se solucionan las cosas.

Ahora, en cuanto a la expectativa de crear empleo a partir de la eliminación de restricciones a la producción de carbón, vale recordar que a mediados de los 80 este sector empleaba a 250.000 trabajadores y hoy solo a 50.000 y, con la explosión del “fracking” que ha abaratado al gas, su cuota en la provisión energética ha caído del 21% al 16%. De modo que la política de Trump es contradictoria, porque no se puede fomentar el gas natural y el carbón al mismo tiempo.

El posible aumento del gasto militar, las restricciones a la entrada de trabajadores, y la prohibición a altos cargos de ejercer de “lobbyistas” en los 5 años posteriores a su salida del Ejecutivo -como si la corrupción tomara en cuenta la ley- no son buenas noticias.

Así las cosas, el casi utópico referéndum de independencia (Calexit) de una California dominada por los demócratas, previsto para el 13 de marzo de 2019, podría tomar color dada la oposición que Trump genera. Esta California, la sexta economía del mundo, que -junto con otros tres Estados- acaba de aprobar el uso recreativo de la marihuana, el paso hacia la legalización del cannabis. Claramente estas drogas son muy dañinas, pero su prohibición -la represión violenta- solo conduce a más violencia, a esta atroz guerra contra las drogas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

TPP: no todo lo que reluce es oro

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 16/10/15 en: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/TPP-reluce-oro_0_2363763607.html

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) es el mayor tratado comercial firmado hasta hoy. Son 12 países (Estados Unidos, Canadá, México, Perú, Chile, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur y Vietnam), con 800 millones de personas, el 40% del PIB mundial y el 30% de las exportaciones globales. Las ganancias netas rondarían los $us 295 billones al año y sería la región de mayor crecimiento hasta 2040. De paso, queda claro la ridiculez de las guerras. La de Vietnam, que a EEUU le costó 60.000 muertos y el 9% de su PIB, se hizo “contra el comunismo”, que hoy se vuelca en paz, sin necesidad de conflictos armados, al capitalismo.

Si sumamos este acuerdo a la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), a ser firmado con la Unión Europea; y el Acuerdo en Comercio de Servicios (TISA), EEUU crearía una zona de “libre” comercio compuesta por 53 países, 1.600 millones de personas y dos tercios de la economía global. Obviamente, la iniciativa TPP-TISA-TTIP recibe críticas de rivales como Rusia, en tanto que el Gobierno chino dijo que estudiaría incorporarse, pero, por ahora, compite con su Área de Libre Comercio Asia Pacífico (FTAAP).

Ahora, por qué se realizan estas costosas negociaciones en lugar de simplemente levantar las barreras unilateralmente. Porque los políticos y burócratas no están dispuestos a ceder todo: quieren asegurarse de que no todo el comercio se liberará. En el TPP en cuestión, el punto más sintomático es el de la extensión de los plazos de patentes de medicamentos. Médicos sin Fronteras (MSF) ha dicho que estas medidas “ponen en peligro la salud de millones de personas”, ya que fortalecerán y crearán nuevos monopolios, disminuyendo la oferta de medicamentos genéricos solo para beneficiar a pocas farmacéuticas.

A ver. Es el mercado (las personas interactuando pacíficamente) quien determina la propiedad. Por caso, al comprar un automóvil, el vendedor lo entrega a cambio de dinero. Así se define la verdadera y única titularidad de una cosa. Ahora, si la “propiedad” resulta de una “ley” impuesta coactivamente por el gobierno (vía monopolio de la violencia), significa que no se daría naturalmente, por tanto, es ilegítima. Así, la ley que protege las patentes es una violación de las reglas del mercado. Esta “propiedad intelectual” suelen ser monopolios garantizados a grandes grupos económicos, esgrimiendo que el libre flujo de las ideas desincentivaría la creatividad, cuando, por el contrario, la libertad provoca que, sobre trabajos ya realizados, se sumen otros, impulsando exponencialmente el desarrollo.

Por caso, según los historiadores, Thomas Alva Edison era un astuto “patentador”. La lámpara incandescente, en rigor, solo fue perfeccionada por él y, el anterior “patentador”, Joseph Swan (quien tampoco fue el primer inventor), obtuvo la primera patente en Gran Bretaña, en 1878, un año antes que Edison y lo llevó a las cortes británicas que le dieron la razón. Edison, con más de 1.000 patentes hizo fortunas.

Las patentes y copyrights, para ser legítimas, deben definirse dentro del mercado resultando de acuerdos voluntarios entre las partes, porque otra cosa sería violar el derecho de propiedad natural. Así las exageradamente grandes empresas o fortunas no son un producto natural del mercado. Bill Gates, por caso, hizo sus millones gracias a los copyright de Microsoft, que son monopolios “intelectuales” impuestos por el gobierno.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Uruguay, a un paso de convertirse en el próximo socio del Acuerdo Trans-Pacífico

Por Belén Marty: Publicado el 14/9/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/09/15/uruguay-a-un-paso-de-convertirse-en-el-proximo-socio-del-acuerdo-trans-pacifico/

El Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), uno de los tratados de libre comercio más importantes del planeta, contaría el año próximo con Uruguay como un nuevo socio comercial, según anunció el diario local El Observador el pasado viernes.

Si bien la decisión final recaerá sobre el próximo presidente uruguayo, los principales candidatos electorales para los comicios de octubre próximo ya manifestaron su tácito acuerdo con que Uruguay se integre a otros bloques comerciales fuera del Mercosur, el mercado común sudamericano entre Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela.

Este acuerdo, también conocido como la Alianza Trans-Pacífico, reúne desde 2006 a Chile, Brunei, Nueva Zelanda y Singapur, y tiene como objeto reducir las barreras arancelarias y no arancelarias entre sus miembros. En vista de los datos obtenidos por la Unidad de Análisis Económico de El Observador, el 8,1% del PIB mundial de 2013 provino de las importaciones de la totalidad de los miembros que integran el TPP.

Mientras que Estados Unidos, Vietnam, Australia, Perú y Malasia ya están negociando su incorporación al TPP, otros países como México, Canadá y Japón estarían considerando sumarse al acuerdo económico multinacional.

El actual presidente, José Mujica, se mostró optimista acerca de la propuesta y coincidió con una mayor apertura comercial por parte de Uruguay.

“Es posible que algunos vean a la TPP como un instrumento de la política de Estados Unidos, pero si no estamos va a ser todavía un instrumento más fuerte. En todo caso tenemos que estar para que sea nuestro instrumento. Usted en una lucha puede perder porque le ganan en el campo de batalla, pero también puede perder por no estar en el campo de batalla. Donde se esté discutiendo integración hay que estar, y hay que dar batalla”, expresó el mandatario durante una entrevista televisiva.

Además, indicó que Uruguay necesita “una política inteligente que ayude a desarrollar el comercio complementario. Si nos cerramos a nosotros mismos es muy difícil que nos podamos integrar”.

Según el diario uruguayo El Observador, la propuesta para que Uruguay se integre no vendría directamente de Estados Unidos sino de Chile o Perú.

Michelle Bachelet, que visitó el pasado viernes Montevideo por primera vez desde que asumió la presidencia de Chile en marzo, expresó en relación a Uruguay y al TPP que “Chile sin duda facilitará su pertenencia”.

Eduardo Contreras Mella, embajador chileno en Montevideo, le expresó a El Observador que “Chile vería con muy buenos ojos y con simpatía incorporar [a Uruguay]” al mismo tiempo que dijo que “el espíritu de Chile en relación a los nuevos bloques es actuar para procurar incorporar a países latinoamericanos”.

De acuerdo con el diario, con US$2.855 mil millones Estados Unidos sería el mayor socio importador, seguido por Japón ($833 mil millones) y por Canadá ($402.7 mil millones).

Los presidenciables, a favor de un Uruguay integrado comercialmente

Luis Lacalle Pou, Pablo Mieres, Pedro Bordaberry y Tabaré Vázquez son los principales candidatos a presidente en las próximas elecciones de octubre.

Según el diario argentino Infobae, los candidatos presidenciables pidieron el viernes que en caso de asumir el cargo, abogarán por un Mercosur más abierto y que permita acuerdos comerciales por fuera de esta alianza.

“Tenemos que trabajar en el Mercosur para llegar a un proceso de integración regional abierto que permita a los países de menores economías […] tener la posibilidad de negociar abiertamente con el resto del mundo”, manifestó el candidato oficialista Vázquez, quien cuenta con una intención de voto cercana al 42%, de acuerdo con la encuestadora Factum.

Por su parte, Lacalle Pou, quien tiene una aprobación del 32%, se alegró con la noticia de que la candidata a presidente de Brasil, Marina Silva, también se había manifestado en relación a una flexibilizacion de las normas del Mercosur. “Es una muy buena noticia”, remarcó Lacalle Pou.

Bordaberry, que se encuentra un poco más retrasado en las encuestas con una adhesión del 15%, expresó que si el bloque comercial del Mercosur no cambia esta modalidad, Uruguay debería salirse.

Pablo Mieres del Partido Independiente buscará que Uruguay sea miembro pleno de la alianza TPP.

Una oportunidad para la pequeña economía

Maximiliano Sosa Andrés, economista uruguayo de la consultora Towers Watson, le expresó aPanAm Post que la unión de Uruguay al TPP sería una excelente oportunidad para que este país acceda a un mercado potencial que representa a más del 30% de la economía mundial.

“En un momento en que Argentina y Brasil, los principales socios comerciales de Uruguay después de China, tienden a limitar el comercio mediante trabas, un acuerdo de esta magnitud permitiría nuevas oportunidades para la economía del país y la reducción de la actual dependencia al bloque del Mercosur”, indicó el experto.

Añadió que “Para una economía pequeña como la de Uruguay, la apertura comercial es la única manera de garantizar un dinamismo en la demanda que permita mantener un crecimiento sostenido como el experimentado en los últimos años y contenga los vaivenes del consumo interno”.

Por último, señaló que existe el riesgo de “quedarse afuera”, ya que los acuerdos de libre comercio tienden a generar ganancias significativas en términos de intercambio para los países miembros, pero con posibles costos para quienes no forman parte del grupo.

“Dejar pasar esta oportunidad sería riesgoso para el desarrollo futuro del país”, concluyó Sosa Andrés.

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.