El reino de los Kuba

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 28/9/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/el-reino-de-los-kuba/

 

En las últimas décadas los economistas han redescubierto una vieja teoría de Adam Smith: las instituciones y los valores son importantes para el desarrollo económico. En un trabajo reciente, los profesores Sara Lowes, Nathan Nunn, James A. Robinson, y Jonathan Weigel, estudian “los efectos que las instituciones pueden tener sobre la cultura: aquellas instituciones que incentivan a la gente a que actúe de una determinada manera pueden generar también normas culturales que induzcan a los individuos a preferir dichas acciones”. Investigan el impacto de la formación de un Estado en la propensión de las personas a respetar reglas y obedecer leyes, a través de la creación del reino de los Kuba en África Central en el siglo XVII (“The Evolution of Culture and Institutions: Evidence from the Kuba Kingdom,” National Bureau of Economic Research Working Paper no. 21798, diciembre 2015).

El reino, que floreció entre los siglos XVII y XIX, fue formado por la union de una veintena de grupos étnicos de culturas relativamente homogéneas. Ayudados por la geografía, con límites estables definidos por tres ríos, el reino prosperó gracias a diversos cultivos como el maíz, la patata y el tabaco traídos desde América. Contaba con una capital, una burocracia profesional, policía, ejército y una administración fiscal. Toda la estabilidad del reino de los Kuba estaba relativamente ausente más allá de los ríos limítrofes, habitados por tribus no muy distintas pero más pequeñas y al mando de caciques locales.

Los cuatro profesores mencionados llevaron a cabo experimentos para intentar medir el apego de la población al cumplimiento de reglas y compromisos, incluso cuando existe un incentivo monetario a no hacerlo. Hicieron el mismo experimento en Kananga, actualmente la ciudad más poblada del antiguo reino de los Kuba, y en las zonas que están apenas más allá de las fronteras del reino.

Los resultados de los experimentos fueron que los descendientes de los Kuba, es decir, lo que habían crecido dentro de un Estado, tenían una mayor propensión a violar las normas, a robar y a estafar. “Nuestros hallazgos demuestran que la cultura puede ser modificada por las instituciones públicas, y que ambas no son necesariamente complementarias”. Lo que parece haber sucedido es una especie de crowding-out, de efecto expulsión: el Estado Kuba sofocó las normas internas de seguimiento de reglas, que mantuvieron los grupos que estaban fuera del reino.

Estamos acostumbrados a pensar que los Estados siempre promueven las normas buenas, y desincentivan las malas, lo que está lejos de ser evidente. En el caso que nos ocupa, los resultados sugieren que una organización política puede conspirar contra reglas que son beneficiosas. “Una serie de estudios apuntan que la presencia de leyes e instituciones -en contraste con su ausencia- puede en ocasiones socavar tanto normas culturales como motivaciones internas”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Surgen nuevas rutas de contrabando en frontera de Argentina y Bolivia

Por Belén Marty: Publicado el 25/6/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/06/25/surgen-nuevas-rutas-de-contrabando-en-frontera-de-argentina-y-bolivia/#.VYwMexJHLnk.facebook

 

En uno de los pasos internacionales más movidos, los “bagalleros” se las ingeniaron y encontraron la manera de cruzar por una quebrada y un cementerio.

En los pasos de frontera entre Argentina y Bolivia pasa de todo: juguetes, calzado, indumentaria por un lado, y fideos, soja, lácteos, trigo y maíz por el otro. El contrabando hormiga entre estos dos países sudamericanos parece ser más la regla que la excepción.

En el medio de vendedores ambulantes de jugos de fruta o de cazuelas de comida tradicionales, como el pollo o llama a la cacerola, cientos de argentinos y bolivianos cruzan las fronteras diariamente para abastecerse en las ferias de cada país.

Argentina colinda con Uruguay, Brasil, Paraguay, Chile y Bolivia. Para entrar o salir hacia Bolivia, Argentina tiene tres pasos internacionales habilitados. El paso La Quiaca – Villazón; el Puente Aguas Blancas que une Orán del lado argentino, con Bermejo del lado boliviano, y el puente Salvador Mazza, que une Aguaray con Yacuiba.

En todos estos puntos de frontera, la mayoría del tiempo no existe ningún tipo de vigilancia para quienes entran o salen del país. Según un informe publicado en 2014, por el programa argentino Periodismo Para Todos (PPT), los escaners electrónicos permanecen, en gran medida, apagados, y los funcionarios no se encuentran en sus puestos de trabajo. En ese informe, los periodistas se preguntan: “si esto sucede en las oficinas fronterizas, ¿se imaginan entonces que sucede por las vías de acceso ilegales?”.

Las rutas por vías alternativas o ilegales son de lo más variadas. Para todos aquellos que no quieren arriesgarse en las cabinas oficiales existen lanchas que te cruzan el río Bermejo por AR$4 (US$0,4), caminos para ir sorteando el río de piedra en piedra o caminos improvisados entre el bosque subtropical.

Pero en Salvador Mazza – Yacuiba, uno de los puntos más calientes de la frontera con Bolivia, surgieron recientemente otros dos pasos ilegales.

Yacuiba es una ciudad de 92 mil habitantes, ubicada al sur de Bolivia, a solo tres kilómetros de la frontera con Argentina.

Cruzar a Argentina por medio de un cementerio

Casi 30 “cargadores” o “bagalleros”, conocidos así por cargar en sus espaldas o en carritos mercadería del otro lado de la frontera, se esconden de los funcionarios argentinos que controlan parte de la línea de frontera, y caminan por un cementerio de Yacuiba. Una vez en Argentina compran soya, harina, maíz, arroz y papa.

Para que su misión salga con éxito, muchos se hacen pasar por visitantes  que acuden al camposanto a visitar a algún familiar enterrado allí, o simplemente se paran en el terreno a mirar el lado argentino.

Otra de las formas novedosas, es cruzar es a través de una quebrada, a cinco kilómetros de distancia del puente internacional, que es conocida por su nauseabundo olor, dado por la cría de ganado,  ovejas y cerdos en el área.

También está la opción de los bagalleros, que cruzan mercadería de manera ilegal. Por otro lado, se sabe que hay más de 1.000 vecinos del área que cruzan todos los días por la vía legal. En general, el transcurso de cruzar de un país a otro dura, aproximadamente, 15 minutos.

Por cada carrito que ingresan a Bolivia con mercadería de maíz, harina o soya, los contrabandistas reciben Bol$ 35 (US$5). Este florecimiento del contrabando hacia Argentina se vio incrementado por la depreciación del peso argentino.

Dada la cantidad de productos de este estilo que ingresan diariamente a Bolivia, provenientes de Argentina, Reinaldo Díaz Salek, presidente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), aseguró que ha caído fuertemente el valor de esos productos, por debajo de su costo de producción. Además, indicó que esto generó un desincentivo para la siembra de algunos rubros para este invierno.

Bolivianos arrazan en los comercios argentinos de Salvador Mazza. (Aerom)

La mercadería que entra a Bolivia, que incluye cerveza, jugos, trigo, harina, sidra, se va en gran parte a abastecer los mercados de los departamentos de Santa Cruz y Cochabamba.

Díaz Salek señaló que la mercadería que ingresa (legal o ilegalmente) no cumple con las exigencias requeridas, como por ejemplo, el permiso fitosanitario del lugar de origen.

Por el transporte masivo de productos argentinos, los precios bolivianos cayeron. Este es el caso del kilo de arroz, que de BOL$ 38 pasó a $28, y el quintal de harina pasó de $130 a solo $115.

El Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) de Bolivia advirtió que establecerán una “política agresiva” para controlar las fronteras y el contrabando. El ente incautó 60 toneladas de alimentos solo en lo que va del año.

Isico López, trabajador de la ciudad de Villamonte, ubicada a pocos kilómetros de Yacuiba, comentó a PanAm Post que él cruzó varias veces la frontera.

Sobre las mercaderías que se transportan explicó: “Son bolivianos los que van a comprar porque el producto argentino es más barato. Los bolivianos que contrabandean compran productos de la canasta familiar en Salvador Mazza. En cambio, los argentinos van a Bolivia a comprar ropa, por que la ropa es más barata allá”, dijo López.

¿El comercio genera progreso?

El argentino Agustin Etchebarne, director de la Fundación Libertad y Progreso, explicó que hay que entender que el libre comercio beneficia a las dos partes (comprador y vendedor), y que el comercio es bidireccional: cuando se exporta, se importa y viceversa.

Una de las formas de impedir el libre comercio es a través de los cupos,  mediante la colocación de tarifas, para que se haga más caro el proceso de importación . Hay casos en los que las tarifas son excesivamente altas o existen prohibiciones.

“Existen casos en los que hay demanda, pero no puede ser abastecida porque no hay productos. Entonces eso genera ganancias muy grandes al contrabandista. La persona que se arriesga a contrabandear es porque simplemente está cubriendo una demanda de bienes lícitos (repuestos, medicos, ropa, calzado y otros)”, concluyó el analista.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

El costo de la redistribución vía las retenciones a productos agrícolas y carnes

Por Martín Krause. Publicado el 17/5/14 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/05/17/el-costo-de-la-redistribucion-via-las-retenciones-a-productos-agricolas-y-carnes/

 

Cuando vimos a John Stuart Millconsideramos su argumento que las leyes de la producción no rigen la esfera de la distribución, que una vez producidos los bienes los seres humanos pueden distribuirlos como quieran. Y la crítica presentada fue que esto no es así, que inevitablemente al intervenir en la distribución se impacta en la producción.

Un caso típico de esto son las retenciones a las exportaciones de granos y carnes de la Argentina (impuestos a las exportaciones), claramente dirigidas a financiar la redistribución de ingresos. ¿Acaso no tuvieron ningún costo en términos de producción perdida? Un artículo reciente de La Nación nos da la oportunidad de estimar, muy a grosso modo por supuesto, ese costo, y la suma total desde 2007 da nada menos que 23.779 millones de dólares de menor producción agrícola y ganadera como resultado del impacto de las retenciones entre 2007 y 2014.

Si la producción argentina hubiera crecido al mismo ritmo que el promedio mundial, hoy sería así:

Soja: 55,1 millones:   3,1 más

Maíz: 30,6 millones:     8,1 más

Trigo:   16,3 millones:     7,1 más

Carne:   770 millones:       570 más (tomando en cuenta que hubiera crecido según el promedio mundial en lugar de caer)

Tomar el promedio de aumento en el mundo es, además, y como se desprende del cuadro en el artículo, tomar la medida más conservadora. Nuestros países limítrofes han incrementado su producción mucho más que el promedio mundial.

Pero aun así, eso quiere decir que de haber alcanzado ese promedio, y tomando precios de hoy FOB puertos argentinos (asumiendo que todo el excedente se exporta), tendríamos más ingresos por estas sumas:

Soja: $1.615.000.000

Maíz: $1.879.000.000

Trigo: $2.662.000.000

El precio promedio de la carne es mucho más complicado porque hay de muy distintos tipos, pero según el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, en su informe mensual de Enero, el precio promedio iría desde $9.700 para cortes enfriados sin hueso y $5.800 para cortes congelados sin hueso. Tomemos un promedio, digamos $7.700 (por supuesto que esto es una gruesa aproximación). A ese precio sería:

Carnes: $ 5.390.000

Si asumimos que el resto del mundo no tiene retenciones, y asignamos la diferencia de resultados a la existencia de este impuesto (puede haber numerosos otros factores, por supuesto), esto quiere decir que el costo para este año sería de 6.161 millones de dólares, un poco más de lo que pagamos por Repsol.

El artículo compara el desempeño desde 2007. Tenemos que asumir que la diferencia se fue dando gradualmente durante esos años, digamos que un 14% anual para llegar al 100% en 2014.

Si mantenemos los mismos precios (que no fueron así, claro) para tener una muy simple mirada de este costo esto quiere decir que el costo por año fue:

2008: 862 millones

2009: 1725 millones

2010: 2587 millones

2011: 3450 millones

2012: 4066 millones

2013: 4928 millones

2016: 6161 millones

La suma total da 23.779 millones de dólares.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).