Benyamin Netanyahu podría dejar de ser primer ministro de Israel

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 10/10/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/benyamin-netanyahu-podria-dejar-ser-primer-ministro-nid2295861

 

La democracia israelí funciona. Y ejemplarmente. Pero eso naturalmente no asegura que los resultados de las urnas arrojen necesariamente soluciones simples de ejecutar. Porque el país está muy dividido políticamente. Tanto, que Benyamin Netanyahu acaba de ser derrotado en las urnas por el general retirado Benny Gantz, por muy escaso margen, en una elección que finalmente resultó sumamente reñida. Gantz es el líder del partido Azul y Blanco (Kahol Lavan, en hebrero) y pareciera contar con la simpatía mayoritaria de las fuerzas de centro-izquierda.

En mi opinión, las acusaciones de corrupción que últimamente se acumularon contra Netanyahu influyeron decisivamente en la contienda electoral. Los cargos específicos y formales contra Netanyahu aparentemente se conocerán recién el próximo 3 de octubre. A lo largo de toda la campaña, los sondeos de opinión señalaron la existencia de una carrera “codo a codo”. No se equivocaron.

Al tiempo de escribir estas líneas, tanto Netanyahu, como Gantz, negociaban activamente en procura de conformar un gobierno de unidad nacional, tarea que no resulta nada simple, pero que fue emprendida con la serena madurez del caso. Ante la falta de resultados de los esfuerzos de concertación, el presidente israelí encargó a Netanyahu la formación del gobierno.

Gantz, que seguramente avizoraba un resultado parejo, durante la campaña mantuvo insistentemente una posición claramente contraria a la idea de una coalición de unidad conformada con el partido Likud, de Netanyahu. No obstante, en su entorno se afirma que, si el Likud de pronto se aviene a desplazar a Benyamin Netanyahu de su comando, la coalición podría, de pronto, ser factible. Los partidos ortodoxos apoyan a Netanyahu y, en cambio, Gantz se define a sí mismo como un líder laico.

Para gobernar en Israel, cabe recordar, se necesita poder contar con al menos 61 bancas en un Parlamento (Knesset) compuesto por 120 escaños, que desde hace rato es políticamente multicolor: posee nada menos que once diferentes grupos parlamentarios.

Gantz obtuvo en las recientes elecciones parlamentarias 32 bancas y su principal rival, Netanyahu, 31. La necesidad de conformar de alguna manera una coalición de gobierno en un país que luce polarizado políticamente es, entonces, más que obvia, indispensable. En los temas sociales, Gantz tiene posiciones más bien liberales. Pero en materia de seguridad ha sido siempre calificado de “halcón” por la clara firmeza de sus convicciones y posiciones.

Gantz tiene 60 años. Es esencialmente una figura “de centro”. Nació en el sur de Israel, y es hijo de un hombre que felizmente pudo escapar al Shoah. Es padre de cuatro hijos y estudió en los EE.UU., en la “National Defence University”. A los 18 años ingresó en el ejército israelí. Es paracaidista. Y un conocido fanático del fútbol.

Llegó a ser general a los 42 años, lo que evidentemente acredita condiciones profesionales de excepción. Por su aspecto elegante -y hasta señorial- muchos lo llaman “el príncipe”. Sus ojos denuncian una personalidad serena y comprometida a la vez con todo lo que emprende. Respecto de la corrupción se pronuncia como dispuesto a enfrentarla de plano en todos los frentes, “con tolerancia cero”.

Como muchos, parte del supuesto de que Israel está, desde hace rato ya, amenazada por múltiples peligros y que, por ello, debe siempre poder defenderse sola, de ser necesario. En esto coincide ciertamente con la visión prevaleciente en el propio Likud. Lo acompañan en su campaña dos ex Jefes de Estado Mayor del ejército israelí: Moshe Yaalon y Gabi Ashkenazi.

En su opinión, Gantz siempre habla de una solución “con dos partes”, pero, pese a ello, no la define como la de los “dos Estados”, en procura de mantener flexibilidad en los eventuales diseños que procuren implementarla. La dirigencia palestina no rechaza a priori a Gantz. El propio Mahmoud Abbas ha dicho, con meridiana claridad: “nuestra posición es contra Netanyahu”. Punto.

Para Netanyahu -a su vez- lo que está en juego no es menor, desde que se trata de nada menos que su propia supervivencia en el complejo mundo de la política en el que su estrella ha perdido luz. Donald Trump en los últimos tiempos dio, en su favor, algunos pasos trascendentes. Como el de reconocer expresamente a la ciudad santa de Jerusalem como capital del Estado de Israel y aceptar asimismo la soberanía de Israel sobre las crucialmente estratégicas Alturas del Golán.

Por esto último, Netanyahu insistió constantemente -todo a lo largo de su campaña- en que nadie, absolutamente nadie, en su país tiene la gran intimidad con el gobierno de los EE.UU. que sólo él tiene.

Trump, por su parte, se cuidó mucho de no aparecer como “interviniendo” de cualquier manera en la campaña política israelí, procurando no “ser usado” en ella.

El árbitro de las actuales negociaciones podría, de pronto, ser Avigdor Liberman, el líder del partido de derecha “Yisrael Beiteiniu”, secular y nacionalista. Liberman fue, en su momento, ministro de Defensa de Benyamin Netanyahu. Renunció a ese cargo en noviembre de 2018, luego de que se suscribiera un acuerdo de cese el fuego en la Franja de Gaza, al que calificó de verdadera “capitulación ante el terrorismo”. Es un hombre que, con sus propuestas, parece encarnar a la derecha laica. Por esto, no sorprende demasiado que una de sus discutidas propuestas sea la de obligar a todos los judíos ortodoxos a tener que hacer la conscripción y servir entonces, como ocurre con los demás israelíes, en las fuerzas armadas de Israel.

El partido de izquierda que se denomina “Lista Árabe Unida”, comandado hoy por Ayman Odeh, ha anunciado que está dispuesto a integrar una posible coalición de gobierno con las fuerzas políticas que hoy apoyan a Gantz, lo que es inusual, desde que los árabes que son ciudadanos de Israel generalmente se rehúsan a actuar en coalición con las fuerzas políticas israelíes. Todo un cambio, ponderable por cierto. Quizás motorizado por la sorpresiva propuesta, de corte obviamente electoral, de Beyamin Netanyahu de anexar a la actual soberanía territorial de Israel una parte, bien significativa, del territorio de la llamada “Margen Occidental”.

Con casi dos metros de altura y unos ojos celestes profundos, Benny Gantz es hoy una figura muy popular en el mundo de la política de Israel.

Es, en rigor, el candidato para ser Primer Ministro de la centro-izquierda. Se trata de un general, paracaidista, de una enorme experiencia militar profesional desde que, como Jefe de Estado Mayor del Ejército de su país, participó en un sinnúmero de operaciones de envergadura en Gaza, Líbano, y Cisjordania.

Fue, recuerdan algunos, el último uniformado que dejó al Líbano en la retirada israelí del año 2000.

Es hijo de una sobreviviente de uno de los odiosos campos de concentración nazis, el de Bergen-Belsen. Su madre, en su momento, vivió recluida en el gueto de Budapest. En su andar público Gantz siempre siguió el ejemplo y los pasos de uno de los hombres más destacados y admirados de la historia de la política israelí, Isaac Rabin. Hoy tiene un gran peso propio y se ha instalado en el centro del escenario político israelí. Puede que esta vez no sea su turno, pero sus posibilidades han quedado demostradas por el veredicto de las urnas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

El movimiento islámico Hamas se redefine a sí mismo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/5/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2135613-el-movimiento-islamico-hamas-se-redefine-a-si-mismo

 

El violento movimiento islámico palestino denominado Hamas se ha redefinido. Sin dramatismo alguno y sin que los cambios adoptados sean, por el momento, radicalmente sustantivos.

Hamas cuenta hoy con unos 35.000 hombres y mujeres armados y, con ellos, controla -desde el 2007- férreamente a la llamada Franja de Gaza. Y tiene, asimismo, alguna presencia, aunque no determinante, en la Margen Occidental de Cisjordania y en el este de la ciudad santa de Jerusalén.

Su líder, Khaled Meshaal, está -desde hace rato- exiliado en la ciudad de Doha. Hoy Hamas aparece detrás de las protestas masivas realizadas desde la Franja de Gaza que culminarían, el 14 de mayo, con la anunciada “Marcha del Retorno”, fecha a la que Hamas denomina “Nakba” (desastre) y que, además, este año conmemora el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel.

La mencionada redefinición de Hamas se ha expresado ya en algunos cambios dispuestos a su Carta Orgánica de 1988. Pero, como hemos dicho, no alteran su filosofía esencial, ni previsiblemente modificarán dramáticamente su accionar en el corto plazo.

Hasta no hace mucho, Hamas se autodefinía como un brazo de la Hermandad Musulmana. Ya no lo hace.

Reclama derechos sobre toda la tierra emplazada entre el río Jordan, al este, y el mar Mediterráneo, al oeste. Ha postulado históricamente la necesidad de oponer una constante resistencia armada contra Israel, primero con atentados terroristas suicidas y ahora con el lanzamiento de misiles suministrados por Irán contra blancos con frecuencia indeterminados en el territorio de Israel. No obstante, cambiando aparentemente de actitud, la organización está ahora ofreciendo un “cese el fuego de largo plazo” a las autoridades israelíes. Una señal positiva, pero insuficiente para soñar con la paz en la región.

En un eventual acuerdo de paz en Medio Oriente, Hamas debiera entonces ser, en algún momento, una de sus partes en representación -claro está- de una fracción de los palestinos: aquella que reside en la tremendamente empobrecida Franja de Gaza. Pero lo cierto es que sus actitudes, hasta ahora al menos, en nada han ayudado a alcanzar ese trascendental objetivo.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Se posterga la unificación Palestina

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/9/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1940176-se-posterga-la-unificacion-palestina

 

Los palestinos están, desde hace rato, claramente divididos. Con una profunda grieta que los separa. Hablamos de la distancia que existe entre aquellos que políticamente apoyan a Fatah, que -encabezados por el Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, han sido hasta ahora mayoritarios en el territorio de Cisjordania- y los que, en cambio, se alinean con Hamás -todavía considerado por la comunidad internacional como una organización terrorista que se opone a la existencia misma del Estado de Israel- cuya visión predomina en la llamada Franja de Gaza, territorio que Hamás ciertamente controla -autoritaria y férreamente- desde el 2007.

Por ello, la realidad es que, desde hace ya una larga década, los palestinos no han sido capaces de poder elegir siquiera a sus propias autoridades municipales a través de las urnas. Libre y democráticamente. Nunca.

Esto -que no ayuda en la búsqueda de la paz con Israel- parecía que estaba a punto de cambiar de modo inminente, porque se había convocado a los palestinos a votar en las elecciones locales el próximo 8 de octubre, para -a través de ellas- poder elegir a las 3.818 personas que deberían integrar los distintos consejos municipales de unas 416 distintas localidades palestinas emplazadas tanto en Cisjordania, como en la Franja de Gaza.

No obstante, un alto tribunal palestino con sede en la ciudad de Ramallah acaba de suspender sine die esas elecciones. Frustrando así las esperanzas de muchos que sueñan con poder vivir en un marco mínimo de estabilidad con legitimidad institucional.

La razón invocada para justificar esa negativa decisión fue toda una serie de conflictivas sentencias dictadas por magistrados en la Franja de Gaza, a través de las cuales se descalificaba electoralmente a distintos candidatos de Fatah en ese territorio. Esos jueces que trabajan en Gaza, es obvio, no son considerados como magistrados independientes, sino como funcionarios que en rigor son muy afines a Hamás. Esta organización, recordemos, boicoteó las elecciones municipales palestinas que se habían programado en el 2012. Ahora parecería volver veladamente a hacerlo utilizando a magistrados que le son leales cual ariete.

Lo cierto es que ambas organizaciones palestinas no se han enfrentado nunca en elecciones libres desde la realización de los comicios parlamentarios de 2006, en los que Hamás se impusiera.

Ello, sumado a que algunos ciudadanos palestinos que residen en el Este de la Ciudad de Jerusalem -que están imposibilitados para poder votar en comicios palestinos por Israel, que ha anexado formalmente ese territorio- pidieron -por su parte- la postergación de los comicios.

La frustración provocada por la decisión judicial palestina comentada es grande. Muy particularmente entre los jóvenes palestinos de la Franja de Gaza, que -por su edad- nunca han visto funcionar a la democracia. Cabe destacar que allí, nada menos que el 80% de la población adulta se había registrado de modo de quedar reglamentariamente en condiciones de poder emitir sin problema alguno sus respectivos votos. La expectativa era, entonces, real y grande. Ahora el desencanto la ha reemplazado, desgraciadamente, postergando lo que aparecía como un paso adelante.

Fatah está en dificultades desde que el 66% de los palestinos piensa que ya es hora de que Mahmoud Abbas -que tiene 81 años y está claramente aferrado al poder, pese a que su mandato legal realmente expiró en el 2009- de finalmente un paso al costado y deje pasar a otros dirigentes del propio Fatah. Lo que no parece probable, al menos en el corto plazo.

Hamás, un movimiento mucho más autoritario y ciertamente sectario, sólo puede mostrar -como resultado de su larga gestión de gobierno en Gaza- la realmente triste -y enorme- devastación generada por tres enfrentamientos bélicos durísimos contra Israel. La destrucción de viviendas e infraestructura que ellos causaran aún es evidente.

Como el tribunal palestino volverá a considerar el tema el próximo 21 de septiembre, hay quienes creen que la esperanza de poder votar aún no ha muerto.

La mayoría, sin embargo, parecería suponer que el resultado de la aludida revisión judicial del tema será presumiblemente el de confirmar la decisión de suspender los comicios programados antes comentada. Lo que supone dejar a las conversaciones de paz con Israel en el mismo pantano que -por un buen rato- las ha inmovilizado.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El proceso de paz en Medio Oriente se detiene

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/4/14 en http://www.lanacion.com.ar/1685911-la-proceso-de-paz-en-medio-oriente-se-detiene

 

Los dos principales partidos políticos palestinos, Al Fatah y Hamas, anunciaron hace pocos días su reconciliación. Esto ocurre después de siete años de profundos desencuentros y, más aún, de enfrentamientos violentos entre ambos bandos. Para Palestina es una buena noticia.

El acuerdo alcanzado supone que, en un plazo de cinco semanas, se estructurará un gobierno de unidad para toda Palestina. El mismo estará conformado por tecnócratas y será presidido por el líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Mahmoud Abbas, quien ha estado a cargo -hasta ahora- de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). A los 79 años, esta podría, de pronto, ser su última responsabilidad política de alguna importancia.

El principal mandato de la próxima administración, una vez que el Parlamento palestino apruebe lo convenido, será el de convocar a elecciones parlamentarias conjuntas. Tanto para Cisjordania como para Gaza. Lo que no ocurre desde el 2006. Las encuestas sugieren que Al Fatah cuenta con el 40% de intención de voto, mientras Hamás tan sólo con el 30%. Para la moderación, ésta es una expectativa positiva.

Las referidas elecciones palestinas deberán tener lugar en el plazo de seis meses. De esta manera, el cisma político que hoy imposibilitaba la acción conjunta de los palestinos comienza -aparentemente- a superarse. No obstante, los Estados Unidos se apresuraron a advertir, con razón, que no reconocerán al nuevo gobierno mientras éste no haya reconocido formalmente al Estado de Israel, renunciado a la violencia y suscripto los acuerdos que ya han sido firmados por la ANP. Nada de esto ha sido nunca aceptado por Hamas en el pasado.

La Franja de Gaza, recordemos, ha estado bajo control total del movimiento islámico Hamas (que tiene vinculaciones muy estrechas con la Hermandad Musulmana y con Irán) desde la expulsión violenta de Gaza de los líderes de la secular Al Fatah, ocurrida en 2007.

Hamas desde entonces no había reconocido siquiera la legitimidad de la administración de Abbas, instalada en la ciudad de Ramala, en Cisjordania. Hamas, por lo demás, sigue siendo considerado como una organización terrorista, tanto por los Estados Unidos como por la Unión Europea.

El acuerdo alcanzado entre los dos más importantes movimientos palestinos se inscribe en el marco de las conversaciones que se iniciaron en El Cairo y Doha, en 2012. Cabe recordar, sin embargo, que otros tres acuerdos similares suscriptos entre las mismas partes nunca se pudieron implementar. Por esto, habrá que esperar a ver cómo avanza efectivamente este nuevo intento de unificación de los palestinos.

Apenas dos horas después de conocido el acuerdo intrapalestino, Israel, como era de suponer, declaró suspendidas las negociaciones de paz con los palestinos que, es cierto, estaban desmoronándose -en rigor casi al borde del colapso- antes de que expirara el plazo de las negociaciones, el 29 de abril.

Para Netanyahu, lo sucedido evitó las dificultades que suponía que, en su heterogéneo gobierno de coalición, haya un partido (el Bayit Hayehudi) que no acepta más liberaciones de prisioneros palestinos y otro (el Yesh Atid) que amenaza con dejar el gobierno, si el plazo para las negociaciones de paz no se extiende más allá del 29 de abril.

A lo que cabe agregar que el ala derecha del propio partido de Netanyahu, el Likud, tampoco está demasiado cómodo con el proceso de paz. Esto pese a que el premier Netanyahu no acepta compartir con los palestinos jurisdicción sobre el este de la ciudad de Jerusalem, procura controlar militarmente el valle del Jordán en su integridad y ha permitido la construcción de asentamientos en Cisjordania a un ritmo que ha sido el más acelerado de los últimos años. Hoy hay en ellos unos 575.000 ciudadanos judíos. Y a que, además, Netanyahu aspira a que el reconocimiento palestino de Israel sea, en más, en su carácter de Estado judío, lo que tiene impacto en la compleja cuestión de los refugiados palestinos. Todos y cada uno de esos temas son, por cierto, particularmente sensibles para su contraparte.

Pese a que las señales no son claras, no es imposible que las negociaciones de paz se consideren ahora suspendidas, por oposición a cortadas. Pero para ello debería haber, al menos, declaraciones de las partes que, de alguna manera, respalden esa interpretación. Lo que aún no ha sucedido.

Se trata de preservar un espacio para defender un status quo mínimo, que sirva al menos de freno a una nueva escalada de violencia, incluyendo una posible intifada, lo que -en definitiva- dependerá de la conducta de las partes. Así como de no sepultar las posibilidades de volver a negociar, tan pronto como ello luzca factible. Esto es algo así como una decisión de seguir en contacto, pese a las enormes dificultades que, todavía hoy, no permiten soñar con alcanzar soluciones definitivas.

Lo cierto es que, para las negociaciones de paz en Medio Oriente, no hay Plan B distinto del que marcará, paso a paso, la realidad. Esa es, en rigor, la contingencia que todos enfrentarán simultáneamente.

De alguna manera, la situación que se avecina puede, quizás, hasta resultar de pronto algo parecida a lo que sucede en Chipre, donde los adversarios no se han reconocido entre sí completamente, pero han sido capaces de alcanzar -una y otra vez- acuerdos mínimos que han permitido convivir razonablemente y frenar cualquier regreso a la violencia.

Para el nuevo gobierno palestino habrá desafíos inmediatos bien concretos, que serán observados de cerca por todos. Como, por ejemplo, ¿quién controlará el paso de Rafah, que comunica a Gaza con Egipto? ¿Cómo lo hará? ¿Con qué grado de transparencia?

Hoy los “duros” sentados a ambos lados de la mesa de negociaciones no parecen estar dispuestos a flexibilizar sus posiciones. Muestran una actitud de cierta intransigencia, que tiene bastante que ver con el clima de fragilidad que se ha apoderado de la región toda. Donde Siria está sumida en una dura guerra civil que concentra la atención casi exclusiva de la Liga Árabe; el Líbano, cada vez más en estado de fragilidad; Egipto, de regreso a los militares, como si la “primavera árabe” no hubiera existido; Irán, negociando todavía con la comunidad Internacional como controlar su peligroso programa nuclear y poder levantar las sanciones económicas que han dañado severamente a su economía, y hasta Rusia en el inestable limbo que ella mismo ha provocado en torno a Ucrania.

Demasiados interrogantes acerca de cómo se podría avanzar con serenidad en un proceso de paz que debe nacer con un mínimo de fortaleza y no quedar sujeto, de inicio, a un entorno plagado de imprevisibilidad.

De cara a la realidad, los palestinos deberían actuar sin crear hechos consumados que puedan complicar una negociación que no ha podido avanzar desde 1993, como sería su posible accesión a la Corte Penal Internacional, con todo lo que ello podría significar. El anuncio de que pedirán el ingreso a 60 nuevos organismos internacionales debe ser seguido con atención, por sus posibles consecuencias. Israel, por su parte, debería ser firme y contemporizadora a la vez, lo que está lejos de ser simple. Pero la reciente decisión de suspender la construcción de nuevos asentamientos va, creemos, en la dirección correcta. Los Estados Unidos, por su parte, no deberían desentenderse de su complejo rol de facilitador activo de las negociaciones de paz. En esto, el activo Secretario de Estado, John Kerry, ha hecho esfuerzos denodados, que lamentablemente no han tenido éxito. Pero que deben obviamente reconocerse.

Se trata, en definitiva, de no apresurarse a romper puentes, pese a que la realidad sugiera que hoy están intransitables. Dicho de otra manera, el proceso de paz está nuevamente en terapia intensiva, pero la idea es ciertamente la de no desconectar los cables que aún lo mantienen con posibilidades de vida.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Las negociaciones de paz entre Israel y Palestina se complican

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 9/4/14 en http://www.lanacion.com.ar/1679353-las-negociaciones-de-paz-entre-israel-y-palestina-se-complican

 

Después de nueve meses de febriles -pero infructuosos- esfuerzos por parte del Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, para tratar de sacar al proceso de paz entre Israel y Palestina del pantano en que se encuentra, los hechos de la semana pasada sugieren que la posibilidad de sellar algún acuerdo sustantivo entre las partes parece haberse alejado significativamente.

Pese a que los negociadores, Tzipi Livni, por Israel; Saeb Erekat, por Palestina; y Martin S. Indyk, por los Estados Unidos , se han seguido reuniendo, tratando de llegar a alguna conclusión antes del 29 de abril, la fecha final prevista para las conversaciones en curso. La puerta sigue abierta, entonces, pero la hendija que queda es realmente angosta.

En efecto, la semana pasada el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, presentó formalmente la solicitud de admisión para que Palestina ingrese -de inmediato- a quince diferentes organismos internacionales, lo que se había comprometido expresamente a no hacer hasta el 29 de abril próximo. Aprovechando así el reconocimiento obtenido por Palestina como estado observador en la ONU , en el 2012.

Con anterioridad, a fin de marzo pasado Israel se había negado a liberar al último contingente de prisioneros palestinos comprometido conforme a lo que fuera convenido al comienzo de esta etapa de las conversaciones. Hablamos de prisioneros que, en rigor, debieron haberse liberado hace ya 20 años, como parte de los fallidos acuerdos de Oslo.

Esto sirvió de excusa al moderado -y desacreditado- Mahmoud Abbas para justificar su decisión unilateral de actuar como si las negociaciones hubieran fracasado. Quizás porque políticamente, su situación doméstica era casi insostenible.

Mientras tanto, Palestina no está dispuesta a reconocer a Israel como estado judío. Esto es bastante más, ciertamente, que reconocer simplemente el derecho del Estado de Israel a existir y tiene implicancias serias sobre la cuestión de los refugiados palestinos y su ambición de regresar alguna vez a las que fueran sus tierras. También impacta sobre la quinta parte de la población israelí, que tiene identidad palestina. Pero es, para Israel, un tema que se ha transformado en absolutamente crucial, que hace ciertamente a la defensa de su propia identidad y a su futuro.

Tampoco parece haber acuerdo sobre la presencia futura de las tropas israelíes en el Valle del Jordán. Ni sobre temas complicados, como lo son el status de Jerusalén, el tema de los refugiados, y las fronteras entre ambos Estados.

Ante los sucesos aludidos, un descorazonado -pero realista- John Kerry canceló su viaje a la región, sumiendo así a las negociaciones de paz en una suerte de limbo del que, cabe presumir, no será nada fácil salir, al menos en el corto plazo. Pese a que la retórica de todos no descarta que una reanudación de las conversaciones, después del 29 de abril, sea siempre posible. Y ciertamente, en teoría lo es.

 

Esto sucedió cuando John Kerry, también consciente de la falta de avances, impulsaba una prórroga de los plazos de la negociación en curso, para estirarlos hasta entrado el año 2015. Israel, en ese escenario, debía comprometerse a liberar a unos 400 prisioneros adicionales y a disminuir, asimismo, el ritmo de construcción de asentamientos, tanto en Jerusalén Este, como en Cisjordania. Los Estados Unidos , por su parte, liberarían (a la manera de incentivo adicional) a un conocido espía israelí, detenido desde hace más de 25 años. Me refiero a Jonathan J. Pollard, un ex oficial de inteligencia de la marina norteamericana condenado a prisión perpetua por espionaje en favor de Israel que, no obstante, podría tener derecho a solicitar ser liberado, provisoria y condicionalmente, en el 2015. Palestina, por su parte, debía comprometerse a mantener el status quo.

Algunos creen que, en contrapartida, los palestinos podrían requerir la liberación del carismático Marwan Barghouti, de 54 años. Es el prisionero más popular entre ellos. Para los israelíes, en cambio, es responsable directo de numerosos asesinatos. Por esto tiene sobre sus hombros cinco condenas seguidas a prisión perpetua. No obstante, defiende la solución basada en la tesis de los dos Estados y, para muchos, es el candidato con más probabilidades de ser el futuro presidente de Palestina, si la paz de pronto se alcanzara.

La alternativa descripta no está muerta, pero ciertamente luce difícil de implementar para evitar lo que aparece como un posible colapso de las conversaciones de paz.

Cabe señalar que el marco externo de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos no ayuda. Nada. Porque no proyecta ni previsibilidad, ni tranquilidad. Más bien, todo lo contrario: incertidumbre y una multitud de alternativas y riesgos peligrosos.

Más allá de la gravísima crisis que afecta a Ucrania -que hoy concentra las preocupaciones en el escenario externo- lo cierto es que en Medio Oriente , concretamente, Siria sigue sumergida en una guerra civil salvaje. En ella, Irán y Hezbollah, con Rusia, parecieran haber logrado un fortalecimiento relativo del régimen alauita de los Assad, que ya no luce como candidato inexorable a caer. Mientras el fundamentalismo musulmán, que ahora domina -en el terreno- a la insurgencia, sigue siendo dueño y señor de importantes pedazos del castigado país.

 

Egipto , por su parte, ha regresado a manos de los militares, pero está sumamente lejos de vivir en orden y tranquilidad. Por su parte, el convulsionado Líbano sigue frágil y está en el borde mismo del abismo que supondría una abierta guerra interna facciosa.

Si las negociaciones para la paz en Medio Oriente se diluyen, no es imposible que iniciativas como el boicot a Israel comiencen a ser impulsadas con más vigor, complicando las cosas. Ni que Israel vuelva a hacer difícil algunas iniciativas concretas que han avanzado, como la llevar los servicios de telefonía 3G a Gaza.

Para Benjamin Netanyahu , el cuadro es complicado. Porque a lo antedicho se agrega que tiene, en su propio gabinete, un arco iris de visiones bien disímiles. Sino opuestas. Como las de la encargada misma de impulsar las negociaciones de paz, Tzipi Livni, y las del ministro de vivienda, Uri Ariel, que procura aumentar el ritmo de construcción de los asentamientos, particularmente en Gibo, en el este de Jerusalén, lo que en nada facilita la marcha de las negociaciones de paz.

En síntesis, la realidad sugiere que en Medio Oriente las conversaciones de paz han llegado a una situación donde es imposible disimular una realidad: están empantanadas y sin demasiadas posibilidades de salir de esa situación en el corto plazo. Lo que pueda abrir una verdadera Caja de Pandora. Dejarlas morir sería un tremendo error. Por esto defender el status quo es un objetivo de mínima, quizás. Pero crucial. Mantener vivas las negociaciones no es, sin embargo, nada sencillo. Porque deberán seguramente enfrentarse hasta peligros nuevos, atento a que lo que ocurre es para algunos -en ambos lados de la mesa- una oportunidad para dinamitarlas. Lo que sería una verdadera tragedia.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Densa nube de incertidumbre en Egipto

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 12/7/13 en http://www.lanacion.com.ar/1599291-densa-nube-de-incertidumbre-en-egipto

Mohamed Morsi ya no es presidente de Egipto. Con su caída, la Hermandad Musulmana, tras un año de gestión absolutamente ineficaz, ha perdido una oportunidad realmente histórica y terminó siendo desalojada por la fuerza del poder.

Esto sucedió fundamentalmente como consecuencia de una mezcla de incompetencia en el gobierno, sumada a una llamativa arbitrariedad en la toma de las decisiones, a la extrema desconfianza de Morsi frente a las conductas de terceros, a un verticalismo extremo en el proceder y a la inflexibilidad como constante en el andar, cuando era necesario saber edificar consensos. No es poco.

Esas características, sumadas, expresaron una evidente falta de voluntad real en Morsi en tratar de reconciliar las diferencias y visiones distintas entre los mismos egipcios para no suicidarse políticamente y avanzar todos unidos. Morsi eligió el autoritarismo, a la manera de una aplanadora.

La gota que, como suele ocurrir, colmó esta vez el vaso, fue la designación inconsulta de los 17 gobernadores, islámicos todos, incluyendo el error grosero de nombrar -para administrar a Luxor- a un dirigente del fanático grupo islámico “Gamaa Islamiya”, el mismo que fuera responsable de la horrible masacre de turistas perpetrada en la ciudad del mismo nombre, en 1997, con un tendal de víctimas inocentes.

Una nueva realidad

Lo cierto es que, una vez más, los militares egipcios han asumido la conducción de su país.

El mensaje castrense es bien simple: hemos venido a evitar el caos y trabajaremos para que, finalmente, Egipto tenga una Constitución inclusiva y poder generar una hoja de ruta consensuada con los principales líderes políticos del país, que permita convocar a elecciones lo antes posible. Sin exclusiones, según anuncian.

Tras un ultimátum militar que fuera desoído, el reemplazo de Morsi se hizo saber a la población a través de un mensaje del General Abdul-Fattah el-Sisi.

La presidencia del país fue encargada transitoriamente a quien hasta ese momento conducía al Supremo Tribunal Constitucional, Adli Mansour, un jurista de perfil bajo, sereno y moderado. Al mismo tiempo, la Constitución de Egipto fue suspendida y el Parlamento disuelto. La designación de un primer ministro -el timonel que debe atravesar la tormenta que azota a Egipto- no está resultando fácil. El salafismo vetó el ofrecimiento inicial hecho a ElBaradei. Y ante la profundización de la violencia y el llamado de la Hermandad Musulmana a una Intifada, decidió suspender sus esfuerzos por integrar un nuevo gobierno y dejar el diálogo con las nuevas autoridades. Esta novedad parece grave, por sus posibles efectos desestabilizadores, desde que ahora no hay interlocutor musulmán de alguna envergadura en el diálogo social indispensable para superar la crisis. Y Egipto es, por cierto, un país mayoritariamente musulmán.

Un cúmulo de errores y protestas masivas

Morsi había sido elegido presidente, recordemos, con el 51% de los votos. Pero no todos fueron votos islámicos, porque en segunda vuelta debió enfrentar a Ahmed Shafik, un resabio del régimen de Hosni Mubarak, a quien muchos se negaron a votar, por eso mismo.

Hoy se estima que la Hermandad Musulmana tendría entre un 25% y un 30% del electorado egipcio. No es poco, pero está lejos de ser una mayoría importante. Hay además otro cambio significativo: la oposición está unificada en el Frente de Salvación Nacional.

Morsi creyó, equivocadamente, que si mantenía la autonomía y los privilegios de los militares obtendría necesariamente su endoso en blanco. No ocurrió así.

Con el país al borde del caos económico y paralizado por los cortes de energía, la gente salió a protestar masivamente, visiblemente frustrada. Con su paciencia agotada. Los gritos contra Morsi fueron duros y resonaron en millones de gargantas en la Plaza Tahrir, otra vez. Por ello el claro ultimátum militar, que sin embargo no logró impresionar a Morsi. También por ello su rápida caída, de alguna manera de la mano de los mismos jueces a quienes Morsi intentara someter por un decreto que pretendidamente lo ponía más allá de su jurisdicción. Por encima de la ley.

Un clima enrarecido

Hoy Egipto está inmerso en la violencia, con un clima social frágil, como pocas veces en la historia reciente. Polarizado en extremo. En medio del abierto e impaciente desencanto de la clase media y particularmente de los más jóvenes.

Para los islamistas, quizás exista la sensación de estar en Argelia en 1991; o en Palestina, en el 2006; o hasta en el propio Egipto, en 1954, cuando tuvo lugar el golpe militar de Gamal Nasser. Episodios, todos ellos, de represión y violencia que, de repetirse, podrían finalmente radicalizar a muchos de los miembros de la Hermandad Musulmana.

Para la región, toda suerte de reacciones. Alegría indisimulada en los pequeños países del Golfo, expresada por una inmediata declaración de la Liga Árabe. También presumiblemente para Bashar al-Assad, en Siria.

Desilusión evidente en las filas de Hamas y esperanza, en cambio, en las huestes de Fatah, las que responden a Mahmoud Abbas, quien felicitó a los militares egipcios, deseándoles éxito en la etapa que acaba de comenzar.

Seguramente un reservado intervalo de alivio en Israel, al menos por ahora. Preocupación, en cambio, para el gobierno turco y especialmente para el partido oficial, el islámico “Justicia y Desarrollo”, que ha tratado de cercenar la fuerza tradicional de los estamentos militares turcos.

También preocupación para el partido Ennahda, en Túnez, que – pese a su parentesco con la Hermandad Musulmana egipcia- ha sabido integrarse en una coalición con dos partidos de centroizquierda y está avanzando lentamente en su propia transición, aunque de la mano de los consensos. No obstante, hay llamados juveniles a un “Tamarrod” local, a la manera de la Plaza Tahrir.

La hora llama ciertamente a la prudencia. Y la historia está ahora mismo siendo vertiginosamente escrita, minuto a minuto.

Si el fanatismo finalmente prevalece, habrá más violencia. Si el espíritu de la reconciliación tiene, en cambio, oportunidad de afincarse, la transformación que Egipto aún no ha hecho podría de pronto ser posible. Pero nada luce ahora fácil.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.