Elecciones y poder en declive

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 31/8/14 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2014/08/elecciones-y-poder-en-declive.html

 

Sin dudas 2014 es un año que, en materia de política y elecciones, confirma la tendencia histórica global de lenta, pero firme, disminución del poder político en favor de las personas. Costa Rica y El Salvador abrieron el calendario electoral el 2 de febrero, con el costarricense Luis Guillermo Solís, del centroizquierdista Partido Acción Ciudadana, triunfando en el ballotage del 5 de abril con el 77,9% de los votos. En El Salvador, el candidato oficialista Salvador Sánchez Cerén, del izquierdista FMLN, también se impuso en segunda vuelta el 9 de marzo por solo el 0,22%.

Luego siguió Panamá, el 4 de mayo, donde triunfó el opositor Juan Carlos Varela, del conservador Partido Panameñista Auténtico. Por último, en Colombia, Juan Manuel Santos consiguió la reelección, también con ballotage. En todos los casos es llamativa la abstención. En Colombia superó el 50%. En Costa Rica se acercó al 43% en la segunda vuelta y en El Salvador, en la primera, fue de 45%. La excepción fue Panamá con un 76,77% de participación, aunque vale recordar que el voto es obligatorio.

Otras tres elecciones sucederán en octubre: el 5 en Brasil, el 12 en Bolivia, y el 26 en Uruguay. En Brasil, la sorpresa no es poca. La perspectiva de que la presidenta Dilma Rousseff sea derrotada ha alentado una corriente alcista en la Bolsa. Sucede que Marina Silva, candidata presidencial tras la muerte del socialista Eduardo Campos, ganaría la presidencia en una segunda vuelta, según Ibope. Rousseff sería la más votada en primera vuelta, 34%, seguida por Silva, 29%. Con estos resultados, habría un ballotage, el 26 de octubre, y Silva, con el 45%, se convertiría en presidenta en lugar de Rousseff que obtendría el 36%.

En Bolivia, Evo Morales sería reelecto fácilmente. En Uruguay, el expresidente Tabaré Vázquez, del oficialista Frente Amplio, lidera las encuestas pero la distancia se acorta con Luis Lacalle Pou, del Partido Blanco, previéndose una segunda vuelta. En cuanto a Evo, existen fundadas objeciones referidas a la inconstitucionalidad de su tercera reelección consecutiva, sin embargo fue declarada válida por el Tribunal Constitucional. Morales, preside un país con una economía relativamente estable y en crecimiento. Durante su gobierno, ha logrado controlar la Asamblea Legislativa y los poderes Judicial y Electoral. Y los candidatos oficialistas se mantienen en el poder, durante la campaña, abusando de los medios públicos con fines proselitistas.

Tres cosas se ven claras. Primero, la creciente abstención refleja el hartazgo de la gente con “el poder”, lo que obliga a los “poderosos” a moderarse so pena de sufrir la condena social. Segundo, cada vez resulta más claro que la “independencia de poderes”, que pretenden algunos, es utópica y parece lógico que ninguna parte del Estado -ejecutivo, legislativo o judicial- sea independiente de la otra y menos de la parte que financia. Y tercero, es también utópico creer que la política sea incorrupta: utilizar una posición dentro del gobierno es corrupción desde que desvía para sí recursos que deberían favorecer a todos. Por otro lado, es bueno ver que, lentamente, las izquierdas o populismos autoritarios se van moderando al ritmo de las personas que van notando que “el monopolio de la violencia” -el Estado- lejos de ser el salvador, más bien, pareciera que muchas veces entorpece.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El ejemplo de Costa Rica

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 14/7/14 en: http://opinion.infobae.com/alejandro-tagliavini/2014/07/14/el-ejemplo-de-costa-rica/

 

Costa Rica, que no tiene ejército pero sí una selección de fútbol que sorprendió al mundo en Brasil, hoy está considerado el país con mayor “desarrollo social” de América Latina, con un PIB per cápita de US$ 11.156 anuales, entre Argentina (US$ 11.658) y Brasil (US$ 10264), y va por el buen camino: el contrario de la soberbia.

Sucede que el estatismo implica la coacción de “regulaciones” por parte de los políticos que, en su arrogancia, se creen con derecho y capaces de decidir vida y fortuna de los ciudadanos. En este sentido, es auspicioso que el presidente costarricense, Luis Guillermo Solís, un académico de izquierda que asumió el 8 de mayo, haya decretado la prohibición de incluir su nombre en placas de obras públicas porque éstas se erigen con “el aporte de todo el pueblo” y, además, no quiere que ver su retrato en las oficinas porque se considera un ciudadano más.

El presidente, además, ha dado muestras de sensatez, aun alejándose de ciertas tesis de su partido, como reconocer la importancia de la inversión extranjera y el libre comercio, aunque no parece dispuesto a un fuerte levantamiento de las “regulaciones” existentes. Por caso, desea reducir las tarifas eléctricas, de internet y de la gasolina, pero no termina de aceptar la eliminación de las leyes que otorgan monopolios al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y Recope, de modo de dar lugar a la competencia privada que abarate los precios.

Más grande la soberbia, más destruye. En Cuba, donde los Castro quieren decidir hasta lo que deben pensar las personas, el salario medio no llega a US$ 20 mensuales y la devastación no fue mayor gracias a la ayuda de países amigos, particularmente la ex URSS (tras su caída, el PBI isleño cayó en torno al 35% entre  los años 1991 y 1994 y el régimen debió abrirse al capital exterior). Pero la reciente ley de inversión extranjera sigue siendo muy restrictiva al punto que prohíbe a las empresas extranjeras contratar trabajadores de forma directa y asociarse con los emprendedores privados locales, unos 450.000 tras las reformas de 2011.

Otro caso interesante en América Latina es el de México, que logró la aprobación de la reforma en las telecomunicaciones bien intencionada aunque algo celosa. Efectivamente, si lo que se quiere es terminar con los monopolios y grupos dominantes deberían levantar las leyes que coactivamente, directa o indirectamente, dificultan la entrada de pequeños actores pero no crear un organismo burocrático, como el Instituto Federal de la Competencia, que exige al grupo que controla el 84% de la telefonía fija y el 70% de la móvil que comparta sus infraestructuras con la competencia, y a la mayor televisora del país, con el 60% del mercado, que ofrezca gratuitamente la señal a las televisiones de pago. ¿Quién es el burócrata para imponer su criterio sobre el mercado y las personas?

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.