¿SE PUEDE SER UN BUEN CRISTIANO Y UN BUEN LIBERAL?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/2/15 en: http://institutoacton.org/2015/02/03/leccion-inaugural-se-puede-ser-un-buen-cristiano-y-un-buen-liberal/

 

Entonces, tenemos la difícil tarea de ver si podemos contestar a esta pregunta: si se puede ser un buen cristiano y un buen liberal.  Y para eso vamos a tratar de decir en principio ¿qué significa ser un buen cristiano?, después vamos a tratar de decir sintéticamente ¿qué significa ser un buen liberal?, y luego vamos a ver la relación entre ambas.

 

Así que vamos a repasar un poquito estas nociones fundamentales. ¿Qué es ser un buen cristiano?  Vamos primero a repasar eso: ¿qué significa ser un buen cristiano? y van a ver que las cosas que vamos a ir diciendo van a estar en relación con la pregunta siguiente: ¿qué significa ser un buen liberal?

Ante todo, un buen cristiano es una persona que cree, que cree en algo que ya más o menos está representado por esta imagen, la del pensador y la cruz. Un buen cristiano cree en la trinidad y en la encarnación; cree verdaderamente que Dios es una sola naturaleza, tres personas, y la segunda persona se encarnó para la redención de nuestros pecados.  Eso es lo que un buen cristiano cree, pero (y esto es muy importante) no lo cree porque sí.  No lo cree porque está siguiendo simplemente una tradición sin razonamiento, no lo cree porque se lo dijeron y queda bien, no lo cree ni por temor, ni por coacción, ni porque está esperando algún premio.  Lo cree (recuerden la imagen) porque hay una profunda relación, siempre, en el cristiano, entre su razón y su fe, por eso la imagen del pensador y la cruz.

La fe del cristiano tiene que estar basada en poder dar razones de su esperanza. La fe implica, siempre, razones para la fe, y por lo tanto, el buen cristiano piensa desde sí mismo. El buen cristiano es alguien que de algún modo ha madurado, meditado, y rezado las razones para ser cristiano; y por eso, una vez que es un buen cristiano, puede predicar, como la otra imagen, un poquito más grande, que es una imagen que representa la primera vez que Jesús, en el templo, se anuncia a sí mismo.  Esto era el lema y sigue siendo el lema, por ejemplo, de los dominicos: contemplar y luego predicar lo contemplado, rezar y predicar, pensar y enseñar, y estar abierto a dar razones de la propia fe; eso es un buen cristiano. Este es un punto importantísimo.

Por lo tanto, de acuerdo a lo que acabamos de decir, un buen cristiano es una persona que fundamentalmente dialoga con los demás; respeta a la otra persona en tanto es otra persona, no le impone por la fuerza sus creencias. Como está dispuesto a dar testimonio de su esperanza, como está dispuesto a dar razones de su esperanza, entonces es capaz de dialogar.  Cuando le preguntan ¿por qué?, entonces, él dice por qué, pero no molesta, no invade, predica pero no coacciona, y por lo tanto, dialoga, esto es, se pone en una situación de comprensión con el otro, cuando el otro da permiso para aterrizar en su existencia. Entonces, esto es fundamental: un buen cristiano dialoga.

Y, por lo tanto, no coacciona. Un buen cristiano jamás utiliza la violencia, utiliza simplemente su fe, la fuerza de la sola verdad, el calor de la amistad, del razonamiento tranquilo y meditado, pero jamás coacciona, jamás invade la vida del otro.  Y, por lo tanto, el cristiano busca siempre el bien del otro, es su mandato fundamental, algo que sale de la parábola del buen samaritano. Para el buen cristiano, el bien del otro es al mismo tiempo su propio bien. Esto es algo fundamental en la vida de todo cristiano.

Pero, al mismo tiempo un buen cristiano, nunca juzga al otro, ¿qué quiere decir esto?, ¿por qué aparece en el evangelio esa expresión, tantas veces repetida pero tan poco practicada?  “No juzguéis y no seréis juzgados”; “con la vara que mides al otro seréis medidos”; “el que tenga misericordia obtendrá misericordia”.  ¿Qué quiere decir esto?  No que el cristiano no sepa, (dado que Jesucristo se lo ha dicho de alguna manera) lo que está bien o mal moralmente; no porque el cristiano sea indiferente con respecto al bien y el mal; no porque el cristiano no le importe la vida del otro; sino porque el cristiano sabe que solo Dios es juez, y que Dios es un juez misericordioso, y porque el cristiano sabe que en la vida del otro hay infinitas circunstancias que escapan totalmente a su conocimiento.  Por eso el cristiano no juzga, y esto es totalmente coherente con lo anterior, el cristiano está dispuesto al diálogo, el cristiano está dispuesto a dar testimonio de su fe cuando se lo pregunten, pero no es alguien que esté molestando y menos aún juzgando al otro de manera inmisericorde, porque eso es una de las cosas más contrarias a la vida de Jesucristo.  Esto es a veces muy olvidado pero es muy importante.

Por lo tanto, a su vez, el cristiano se da para los demás.  Este famoso tema de que el cristiano tiene que compartir sus bienes, no significa un tema socioeconómico de distribución; significa que los bienes del cristiano son en primer lugar su propia vida, su propia existencia.  Y en ese diálogo para con los demás, el cristiano se da al otro, no porque el cristiano sea muy importante, no porque el cristiano tenga que regalarse al otro  en el sentido de decir “yo soy muy importante”, sino porque la fe que tiene, y esa armonía entre la razón y la fe, es el mensaje que fundamentalmente tiene que dar a los demás.  Y en ese mensaje está comprometida la propia vida, la propia existencia; el cristiano nunca puede hablar de algo que le es ajeno, está como a veces sucede en algún examen donde hablamos de algo que no entendemos.  No, no es así la vida del cristiano.  En la vida del cristiano, ese dialogo, ese darse, ese no juzgar, ese estar atento al bien del otro, es darse para los demás.  Podríamos seguir diciendo muchas cosas acerca de lo que es un buen cristiano, pero a mí, faliblemente, me pareció que estos puntos son muy importantes.

Entonces, podemos pasar a ¿qué tiene que ver todo esto con ser un buen liberal? Veamos. ¿Tiene que ver o no? De algún modo, sí, no porque sean lo mismo; la religión es una fe en algo sobrenatural, el liberalismo político y económico surge de la razón humana, es una doctrina política y económica.  En principio no se mezclan, pero hay alguna relación, hay algunas cosas que presentan similitudes. En primer lugar, el liberal también piensa desde sí mismo, el liberal ha decidido desde sí mismo que las libertades individuales son lo más valioso de la vida social, el liberal de alguna manera representa ese ideal de madurez, de pensamiento desde sí mismo, como decía Kant:  alguien que conoce las razones de aquello que está valorando tanto, alguien que conoce las razones por las cuales las libertades individuales son valiosas; alguien que por lo tanto no se va a dejar llevar por ningún canto de sirena de dictaduras, totalitarismos y autoritarismos, alguien que no se va a poder dejar engañar por slogans demagógicos. Es alguien que piensa desde sí, alguien que tiene decididos los valores políticos más importantes, es alguien que ha pensado, ha meditado y por lo tanto en ese sentido está firme en sus razones; de igual modo, fíjense que hay una similitud: el cristiano también piensa desde sí, el cristiano razona la relación entre la razón y su fe, así que hay una similitud.

El liberal respeta la libertad religiosa, esto es algo fundamental, no porque un buen liberal considere que todas las religiones son lo mismo o que da cualquiera una que la otra, sino porque el buen liberal considera que la verdad solamente se transmite por el diálogo, que la verdad nunca se impone por la fuerza, que la verdad solamente se impone por la sola fuerza de la verdad, y que por lo tanto, uno de los valores más fundamentales del liberal es respetar esa libertad religiosa definida como el respeto a la conciencia del otro, como el respeto a la inmunidad jurídica de coacción que tiene la conciencia del otro con respecto a estos temas religiosos; por lo tanto, el liberal respeta la libertad religiosa no porque sea indiferente frente al fenómeno religioso, sino porque sabe que en el fenómeno religioso hay un diálogo secreto entre la conciencia y Dios que no debe ser invadido por ninguna persona humana, sino que es algo en lo cual entra la conciencia personal y Dios.  Este respeto a la libertad religiosa es un valor fundamental del buen liberal; fíjense, hay una similitud con el buen cristiano que también dialoga, no impone, da razón de su esperanza, no juzga, da su propio testimonio.

El liberal, el buen liberal, también tiene conciencia de que la otra persona tiene como una especie de casa propia, una casa existencial. El ser humano tiene inteligencia, voluntad libre y por lo tanto hay alrededor de todos nosotros, sin que se pueda ver, una especie de casa a la cual no se puede entrar sin permiso, esta es una de las nociones más profundas de propiedad.  Esto es, si uno se acerca al otro, aunque aparentemente no haya nada, solo aire, sin embargo, el otro tiene una naturaleza tal que hay que pedir permiso para entrar.  Toc, toc ¿se puede? Y el otro tiene que abrir la puerta.  Si el otro no abre la puerta, no podemos violentar la vida del otro, podemos intentar dialogar, podemos intentar aconsejar, podemos ayudar si el otro lo acepta; el otro, sin embargo, tiene las llaves de su casa, no porque sea dueño absoluto de sí mismo, sino porque, como vamos a decir después, el único dueño absoluto es Dios, nosotros no somos dueños de la vida de nadie, no podemos invadir la casa del otro, de lo cual surgen muchas consecuencias, filosóficas, políticas y económicas. Que no debamos invadir la casa del otro es el fundamento básico, no solamente de la propiedad en un sentido profundo del término, sino de todas las libertades individuales; fíjense, acá hay un parecido al punto anterior, al respeto a esa libertad religiosa que como ven se transmite en un ámbito mucho más amplio, es respetar la conciencia del otro, respetar las decisiones del otro, no porque seamos indiferentes sino porque no podemos invadir la casa del otro.

Un buen liberal puede ser caritativo con sus bienes (por eso la imagen del regalo), un buen liberal puede regalar su propiedad, lo que no puede hacer el liberal es robar la propiedad del otro y regalarla, eso no lo puede hacer un buen liberal, o sea, un buen liberal puede ser caritativo con sus bienes, un buen cristiano debeserlo; un buen liberal puede serlo, pero en ambos casos con los bienes propios.  Cuando el cristiano da su vida al otro es su propia vida, cuando el liberal da sus bienes al otro son sus propios bienes.  En ambos casos, fíjense, lo que decididamente no hay en ninguno de los dos casos es esto: coacción.  Esto es muy importante.

Por lo tanto, dado todo lo que acabamos de decir, ¿hay relación entre la revelación cristiana y el liberalismo?, porque algunos, dado todo lo que acabo de explicar, podrían verse tentados a decir: bueno, pero entonces, es lo mismo, o casi lo mismo, o de la revelación cristiana se desprendería necesariamente el liberalismo político y económico. Yo diría: no directamente.  La religión y la política van, de alguna manera, por direcciones no contradictorias pero sí diversas.  No directamente porque el cristianismo no ha revelado directamente ningún sistema político y social, el cristianismo no ha revelado cuáles deben ser los detalles técnicos de la organización socioeconómica, el cristianismo no ha revelado un sistema político determinado, si tiene que ser monarquía, aristocracia, república constitucional, todas esas son cuestiones que emergen de la razón humana tratando de ver cuál es la mejor organización social entre nosotros.

En el cristianismo no hay una revelación directa de un sistema social y político, suponer lo contrario es entrar en un grave error que se llama clericalismo, integrismo, temporalismo: muchos cristianos consideran que su propio partido político es el partido de la iglesia o de Cristo, y eso es un grave error. ¿Por qué? Porque para estar de acuerdo con un determinado sistema social y político, hay que, a su vez, agregar ciertas premisas intermedias, ciertos razonamientos que no han sido directamente revelados.  Por otra parte, asumir un sistema político de alguna manera emergente de la razón humana como directamente dictado por Cristo es hacerle decir a Cristo lo que no dijo, y ese ha sido el grave error de muchos cristianos que por izquierda o derecha han tratado de incurrir en esta especie de clericalismo, esta especie de fusión indebida entre el orden sobrenatural de la fe y el orden natural de los razonamientos humanos; esto se ha dado lamentablemente muchas veces.  Así que no directamente: no habría relación.

Pero entonces, alguien me puede seguir preguntando: sin embargo, has dicho, cuando has hablado de lo que significa ser un buen liberal, y cuando has hablado de lo que significa ser un buen cristiano, que hay algunas coincidencias.  Sí, y en ese sentido podríamos decir que sí las hay, indirectamente. ¿Por qué?  Porque la revelación cristiana ha sido un punto de inflexión básico en lo que llamamos el surgimiento de la civilización.  Esa civilización por la cual un autor que van a estudiar en estas aulas, que se llama Ludwig von Mises, tenía tanta preocupación: la civilización, ¿por qué?  Porque en el cristianismo, por esa relación entre razón y fe, surge en los primeros siglos todo un trabajo de razonamiento, de relación, como estoy diciendo, entre razón y fe, con la patrística, con San Agustín, en el s. IV d.c., y luego, entre los siglos quinto y el siglo nueve, toda la sabiduría antigua combinada con la revelación cristiana se mantiene en monasterios, en los libros que únicamente estaban en esos monasterios, muchos de ellos benedictinos y agustinos. En el siglo nueve se produce ese llamado renacimiento carolingio donde emergen las primeras universidades, en las que comienzan a surgir, a partir de los siglos IX, X, IX, los estudios humanísticos e incluso científicos, todo lo que hoy llamamos la base de nuestros estudios sobre el hombre, la literatura, la geometría, la música, la teología, la filosofía, las ciencias naturales: todo va surgiendo en esos siglos. Mucho antes de la revolución francesa, mucho antes de la lamentable división entre cristianos, surge ese acervo de conocimientos que conforma nuestra civilización occidental, surge el derecho con la emergencia del common lawbritánico, surgen los primeros estudios sobre las ciencias, surgen los primeros estudios sobre la ley natural, y aquellos deberes que tenemos para con el otro y por lo tanto, ya en el siglo XVI se comienza a hablar de los derechos del súbdito frente al monarca y en el siglo XVI, de los derechos del individuo frente al poder. Todo eso es un acervo cristiano de civilización occidental, pero al decir civilización occidental, no estamos incurriendo en una especie de etnocentrismo, no estamos diciendo que solamente la civilización europea es valiosa, no, lo que estamos diciendo es que allí surgió un valor que es absolutamente universal, que se puede transmitir a todas las culturas, porque todas las culturas son humanas. ¿Cuál es ese valor?, ese valor, que me permito decir, no se hubiera dado sin el entronque, sin la relación entre la razón y la fe, es el respeto a la persona del otro en tanto otro, es el valor de la persona como creado a imagen y semejanza de Dios que tiene derechos inalienables frente a cualquier poder absoluto. Ese valor de la persona es fruto de una civilización occidental donde el cristianismo tiene un papel esencial, no accidental, el valor de la persona que incluso pueden compartir los no cristianos, que puede compartir cualquier persona de cualquier otra civilización; de algún modo todos por medio de nuestro razonamiento, podemos darnos cuenta que hay que respetar la persona del otro. Es esa no invasión, ese dialogo del que hablábamos antes, pero en este sentido hay un fruto conjunto entre la razón y la fe que es esta civilización occidental de la cual emerge un valor universal, por lo tanto no estamos hablando de una razón griega o de una razón reductivamente cristiana, estamos diciendo de que del encuentro entre la razón y la fe se da un valor de la razón universal para todos los tiempos, para todas las culturas, para todos los seres humanos, y que a pesar de todos nuestros errores, de las violencias, de las guerras, de las locuras, que también ha habido y que sigue habiendo en la civilización occidental, sin embargo ese valor se mantiene y no podría haber surgido sin el encuentro entre la razón y la fe.

Por lo tanto, se produce en el corazón del cristiano de manera indirecta, valga la redundancia, una conversión del corazón que lo que busca es, justamente, la justicia, y por lo tanto un no radical a la crueldad y a la injusticia. Por lo tanto, el corazón del cristiano, de igual manera que la razón del liberal, tiene que rechazar los sistemas autoritarios, totalitarios, estas dictaduras crueles e inhumanas que son una mancha gravísima en la historia de la ética de occidente.  De ningún modo el cristiano y el liberal  aceptan esto, y tienen que huir de las tentaciones del poder, un no radical al poder absoluto.  ¿Por qué, a su vez? ¿Por qué no al poder absoluto?  No al poder absoluto porque solo Dios es el dueño, nosotros no somos dueños de la vida de nadie, nosotros no podemos cometer la grave falta de pensar que somos Dios, y que por lo tanto podemos invadir la vida del otro, cuando paradójicamente Dios es el primero que no invade la vida del otro: Dios es el primero que, siendo Cristo, dialoga. Recuerden el diálogo con la samaritana, el diálogo con la mujer adúltera; Dios en tanto Cristo sólo se enojaba frente a la hipocresía, pero él jamás invadía. Recuerden cómo le pregunta, cómo dialoga cariñosamente con María para preguntarle, para decirle que va a ser la madre de Dios, o sea Dios no invade, Dios no coacciona. ¡Y los seres humanos, que somos creaturas finitas, que somos casi nada al lado de Dios, nos damos el lujo de invadir, de pretender ser dueños de los demás! Es una incoherencia absoluta, cuando tenemos clara conciencia de que sólo Dios es el dueño.  Claro, alguien me va a decir: yo también soy dueño de mis bienes.  Eres dueño de tus bienes precisamente porque el otro no es dueño de los tuyos, por eso eres dueño; justamente porque solo Dios es dueño es que tú no puedes invadir al otro, y el otro jurídicamente tiene derecho a la posesión de su vida y de sus bienes, y este es un punto fundamental de confluencia entre la civilización cristiana, la concepción cristiana del mundo y el respeto al individuo.

Por lo tanto, acá llegamos a una conclusión interesante: nosotros no somos dueños, nosotros somos más humildes de lo que en general pensamos.  Ven, cuando nosotros creemos que somos Superman, en realidad terminamos en una situación relativamente ridícula, nosotros no somos Superman, es comprensible que a veces pensemos que queramos ser Superman y por lo tanto dominar el mundo, pero no; somos seres más humildes de lo que aparentemente suponemos, y sobre todo cuando estamos en situación de gobierno, sobre todo cuando tenemos la difícil misión de, de algún modo, tener un rol de sana autoridad moral frente a los demás. Pero si nos olvidamos de que solo Dios es dueño y si nos olvidamos de nuestra humildad existencial, terminaremos así, en una situación cuasi ridícula; en realidad nosotros somos más débiles: tenemos nuestras dudas, nuestras perplejidades, nuestros conflictos, nuestros temores. Podemos ser valientes frente a todo eso, podemos tener fortaleza frente a nuestras dudas, frente a nuestros conflictos, pero en última instancia somos más así, no somos Superman, somos más bien el antihéroe de las películas de Woody Allen, somos ese personaje aunque muchas veces no lo queramos reconocer, y por lo tanto, estamos lejos de pretender ser el dios del mundo y el gobernante absoluto del mundo, cuando, vuelvo a decir, Dios mismo, en tanto Cristo, jamás se erigió en gobernante absoluto, rechazó totalmente la tentación temporalista, su reino no es de este mundo e incluso a los reinos de este mundo les dijo: “El poder es servicio, no es dominación ni crueldad”, así que vuelvo a decir, ¿cómo puede ser que si Dios en tanto Cristo no se erigió en gobernante absoluto, nosotros sí lo pretendamos?  Pero también hay que tener en cuenta que las dictaduras más terribles surgen de una comprensible tentación, ¿qué nos dice la imagen tan enternecedora de una madre abrazando al niño? Lo que nos dice es que es una madre abrazando al niño, y ustedes van a decir: sí, ya lo dijiste, ¿y? Lo que nos dice esta imagen es que hay algún momento en nuestra existencia en la cual verdaderamente somos niños, y que hay una madre que nos tiene que tomar amorosamente en sus brazos, pero muchas de las más crueles dictaduras no surgieron con tanques invadiendo a Polonia, no fue ese el comienzo de las más crueles dictaduras, el comienzo fue una simple persona que empezó a decirle a las demás: yo las voy a proteger, el comienzo de las más crueles dictaduras fueron y siguen siendo personas que les dicen al resto: ustedes son niños, ustedes no son realmente adultos, ustedes necesitan mi protección, y nosotros cuando nuestro yo no está del todo firme, cuando no hemos tenido esa meditación, esa relación entre nuestra razón y la fe, cuando no hemos pensado desde nosotros mismos los valores más profundos de nuestra existencia, cuando en última instancia tenemos veinticinco, treinta, cuarenta años, pero seguimos siendo niños, entonces somos víctimas de los cantos de sirena del inicio de las dictaduras, que se inician así, suponiendo que el Estado es la madre, suponiendo que el Estado es la fuente nutricia de todas nuestras necesidades, como efectivamente lo es la madre con respecto al niño.  O sea podemos confundir al gobernante con un padre o con una madre, hay que tener cuidado, sobre todo aquellos países donde los presidentes son mujeres, de no confundirlas con madres, y aquellos países donde los presidentes son varones, igual: no es el padre, es un igual; no solamente es un igual, es un servidor, tiene un poder delegado. ¿Cómo se le ocurre sobrepasarse e invadir nuestras casas existenciales?  Entonces, esto es muy importante, siempre tenemos que decir desde un corazón cristiano y desde una razón liberal: no a la crueldad de las dictaduras, pero las dictaduras más crueles han comenzado por este engaño, por decir: yo, gobierno, te voy a proteger a ti, niño, y allí es donde tenemos que reaccionar firmemente y decir: no soy niño frente a ti, soy una persona que tiene derechos, y tú eres como mucho mi igual, no mi padre ni mi madre, así que esto es algo muy importante para decir no frente a las dictaduras.

Por lo tanto, de alguna manera el cristianismo ha significado este NO radical a la esclavitud, porque ¿cuál era el fundamento de la esclavitud?, ¿Acaso la crueldad sobre los esclavos?  No.  La mayor parte de los esclavistas decían: yo protejo a mis esclavos, mis esclavos están bien conmigo, están tranquilos, en paz, tienen comida, tienen ropa, tienen todo lo que necesitan.  Muchas veces ese fue el fundamento de la esclavitud, pero ese fundamento está radicalmente equivocado, porque tener una persona en una cárcel de oro es contradictorio con la naturaleza de la persona; no importa que el esclavo esté bien protegido, lo que le falta es su esencial libertad, esto es, su capacidad de decirle al otro: tú no eres mi dueño, solo Dios es el dueño; por lo tanto si vamos a trabajar juntos será en una relación de libre contrato, será una relación de diálogo, no en una relación de imposición, por lo tanto este NO a la esclavitud es uno de los frutos más importantes de la civilización cristiana y una de las más importantes confluencias con el fundamento de los derechos individuales frente al poder.

Por lo tanto, de alguna manera, también el corazón del cristiano y la razón del liberal van a decir NO a la pobreza de los pueblos, y por lo tanto, SÍ al mercado cuando nuestros razonamientos descubren que la economía de mercado es aquello que más puede hacer elevar el nivel de vida y cuando nuestra razón descubre que la economía de mercado es aquello a partir de lo cual hay mayores oportunidades para todos desde el punto de vista material, cosa no precisamente poco importante.  Muchos cristianos a veces se enojan enormemente y tienen razón, frente a la desnutrición, frente a las hambrunas, frente a la miseria generalizada, frente al subdesarrollo de los pueblos, pero entonces, lo que los liberales decimos, y lo que muchos cristianos pensamos por razón, no porque haya sido revelado, es que el mercado es la solución para esas situaciones tan terribles. La no confluencia entre estas dos cuestiones, la suposición de que más gobierno es lo que va a solucionar la pobreza es lo que sigue causando la pobreza más indigna de los pueblos. Este es un punto importantísimo.

Cuarto punto: ¿es posible, entonces, un mundo sin dictaduras ni pobreza?  A veces parece utópico, y efectivamente podríamos decir NO a la utopía, algo muy importante. Si suponemos que es posible un mundo sin dictaduras ni pobreza porque estamos yendo a una utopía, esto es, si suponemos que es posible un mundo absolutamente perfecto, donde la condición herida del corazón humano no afecte a la vida social, eso es totalmente imposible y muchas veces buscar las utopías, buscar el cielo en la tierra, conduce, la mayor parte de las veces, al infierno en la tierra, por eso Jesucristo dijo: “mi reino no es de este mundo”; presuponer lo contrario es presuponer una utopía que habitualmente ha generado mucha violencia y un infierno total y completo. Entonces, NO a las utopías, no puede haber sistemas sociales perfectos porque los seres humanos somos radicalmente imperfectos, pero sí puede haber un mundo mejor, no perfecto pero sí mejor, puede haber un mundo sin pobreza generalizada, sin dictaduras y un mundo mejor es un mundo en el cual, al respetarse las libertades individuales, nuestras ideas de alguna manera van generando ese mundo mejor, la confluencia entre el corazón cristiano y la razón liberal es una confluencia de creatividad, un mundo libre es un big bang de todas nuestras ideas llevadas a ser proyectadas. Todos los aparatos electrónicos que nos rodean han surgido de ideas, las ideas más fundamentales de la civilización occidental, como la división de poderes, la democracia constitucional, han surgido de la historia de las tradiciones acompañadas por ideas, de libros, de pensadores, ideas que luego promueven de alguna manera un mundo mejor. Todos los proyectos educativos, como por ejemplo este, han surgido de ideas y para llevar adelante esas ideas, lo que menos necesitamos es una cárcel de oro, lo que más necesitamos es una situación que respete nuestras libertades individuales, y en ese sentido es necesario pensar en una especie de liderazgo futuro, ¿qué quiere decir ello? No necesariamente las personas, en cuanto masas, van a aceptar estas ideas.  No, porque ya hemos dicho que lamentablemente a veces las masas son susceptibles a los engaños de las dictaduras y de las demagogias, lamentablemente no nos tenemos que asombrar de que haya millones y millones de personas aplaudiendo a quienes los están miserablemente pisoteando. Lamentablemente, no nos tenemos que asombrar de ello, pero si pensamos en todo esto que acabamos de decir, van a surgir líderes, que puedan de alguna manera mover educativamente la opinión de las personas; líderes, religiosos, educativos, económicos, muchos de ustedes tienen que tener la sana esperanza de ser esos líderes; no para ser Superman y para ser el rey del mundo sino para, de alguna manera, asesorar, enseñar, explicar estas ideas, estas confluencias de valores entre el corazón cristiano y la razón liberal.

Entonces, ojalá llegara un momento, y esto es muy importante, y es una idea que les doy, ojalá llegara un momento en que los líderes religiosos cristianos y los líderes liberales pudieran trabajar juntos por este mundo mejor; que no estén trabajando juntos es uno de los mayores dramas de Occidente en este momento: que se escupan los unos a los otros,  cuando tienen esa confluencia de valores, es una de las confusiones más terribles y lo que más está amenazando a la libertad política y lo que más está produciendo el subdesarrollo de los pueblos es que los líderes religiosos y los líderes que conocen acerca de la libertad política y la economía de mercado trabajen separados. Y esto lo dijo, de alguna manera, alguien que tal vez, van a ver porque lo digo, no fue cristiano, que fue Ludwig von Mises, al final de su libro El socialismo. Pero no voy hablar ahora de las teorías de Ludwig von Mises, voy hablar un poquito de su vida; la vida de Ludwig von Mises fue una vida de entrega, de fidelidad, total y completa, a sus ideas y a su vocación de enseñanza. Puso en peligro su propia vida en Europa cuando el nazismo amenazó a todos los que estaban en contra de él. Mises era judío de nacimiento, y liberal clásico; tenía sus días contados, tuvo que huir de Ginebra en 1940 por tierra hasta llegar a Portugal. Cuando sale el barco, no precisamente un crucero, que lo está llevando a Nueva York, dos días después llegan los nazis buscándolo con nombre y apellido.  Cuando a sus 60 años, entonces, llega a los Estados Unidos, casi nadie lo está esperando, ninguna Universidad le abre las puertas, no tiene ningún reconocimiento, está casi en la pobreza total, y unos pocos amigos le tienen que ayudar a financiar un humilde departamento de Nueva York en el cual siguió viviendo hasta el final de sus días. Y aun así Ludwig von Mises se pone a reescribir su obra fundamental, La Acción Humana; muchos de ustedes tal vez la van a tener que estudiar, pero cuando la estudien sepan que están estudiando el fruto de  una convicción, de un sacrificio, de una tenacidad que yo me pregunto en tanto cristiano si las semillas del Verbo, como decimos muchas veces, si de algún modo la gracia de Dios no inundó esa vida y si por lo tanto tal vez sin saberlo él y sin saberlo nosotros era mucho más cristiano de lo que nos decimos a nosotros mismos cristianos.  Es una figura heroica, pero fíjense que interesante el regalo de la providencia.  ¿Dónde están ustedes?  Están en la Universidad Francisco Marroquín.  La Universidad Francisco Marroquín fue fundada por Manuel Ayau cuando Ayau tuvo consciencia de estas ideas – Mises y Hayek – y decidió fundar una institución educativa para promover estas ideas, pero acá tenemos una especial acción de la providencia.  Ludwig von Mises, en Nueva York, finalmente logró tener un seminario cada quince días, donde tuvo muchos discípulos, uno de ellos, que lamentablemente muchos de ustedes ya no van a conocer, pero que los más grandecitos hemos conocido, uno de ellos, discípulo de von Mises, fue alguien muy especial, no sé si decir importante, no sé si le cabe esa palabra, muy especial.  Miren, yo nunca tuve en mi vida la experiencia  de conocer un santo directamente; admiro mucho a Santo Tomás de Aquino, a San Agustín, a San Francisco, a Fray Martín de Porres, y estoy seguro que estoy rodeado de santos, pero todavía no lo sé, pero cuando conocí a esta  persona en 1988, dije: acá hay algo que huele a Dios, de manera directa, así que cuando nos hemos preguntado si se puede ser un buen cristiano y un buen liberal, en esta universidad hemos tenido alguien que fue discípulo directo de Ludwig von Mises, que obtuvo su doctorado con Ludwig von Mises, que era salesiano con votos religiosos y que fue uno de los cristianos más santos que todos nosotros hemos conocido y que murió el año pasado; estoy hablando, por supuesto, de Joe Keckeissen.   Así que si necesitamos saber teóricamente si se puede ser un buen cristiano y un buen liberal, acá tenemos un testimonio viviente.   Los que lo han conocido a Joe, díganme, ¿acaso coaccionaba, juzgaba, molestaba?  ¿No era sencillamente un cristiano que daba su vida a los demás, era afable, dialogaba, no juzgaba, como hemos dicho antes? ¿No fue un ejemplo de vida cristiana, y al mismo tiempo, qué materia enseñaba? Filosofía de Mises. ¿Qué líder religioso es capaz de decirme que Joe Keckeissen fue un hereje, quién se atreve a decirme eso?  El que se atreva a decirlo, que lo conozca, que sea capaz de ver lo que fue esta vida cristiana y al mismo tiempo comprometida con las ideas de la economía de mercado y el liberalismo clásico y una vida cristiana, entre comillas, en serio, pero que no se vanagloriaba de sí mismo, no caminaba por allí como muchos cristianos diciendo: acá estoy yo, el perfecto y tú allí abajo.  ¿Acaso Joe Keckeissen era así?  Muchos de los que están aquí me pueden decir: radicalmente no.   Era el humilde entre los humildes, era el caritativo entre los caritativos, era el dialogante entre todos los dialogantes, era un buen cristiano.  Así que la pregunta sobre si se puede ser un buen cristiano y un buen liberal, no solamente es teoréticamente afirmativa, sino que hemos tenido por regalo de la providencia un ejemplo viviente en nuestra casa de que verdaderamente se puede, pero además fíjense el enclave de la providencia divina.   La Universidad fue fundada por Manuel Ayau inspirado en Mises, Hayek, etcétera, y Manuel Ayau llamó a Joe Keckeissen para que diera clases, que era discípulo de von Mises, así que de alguna manera en este enclave de vida y de circunstancias vemos a la providencia de Dios.  Así que dado todo lo que acabamos de decir, esta pregunta  la tenemos de alguna manera contestada.  Sí, se puede. Se puede pero no porque haya una confusión entre religión y política, no porque sean lo mismo, sino porque hay valores compartidos, desde la razón y desde la fe, valores que constituyen lo esencial de esta civilización occidental, que tiene un valor para ser compartido por todos los seres humanos, el respeto a la persona en tanto persona, la no invasión de otro, el respeto absoluto a su condición de persona, como hizo Cristo, que está en la cruz, no para juzgar, no para condenar, sino para salvar en libertad.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Nomimal GDP Targeting: Solution for Recession?

Por John P. Cocran. Publicado el 13/1/15 en: http://mises.org/blog/nomimal-gdp-targeting-solution-recession#.VLbemxqN5oc.twitter

 

Nicolas Cachanosky has recently released a very timely and well thought out working paper, “NGDP targeting: is five percent too much?” which should be of interest to all those  serious about improving the performance monetary institutions or at least in limiting the harm central control of money unleashes on economic activity. The abstract:

I study the 5% NGDP Targeting rule for the period between the dot-com and subprime crises in the United States. If there is monetary equilibrium with NGDP growing at 5%, then other indices, such as price indices, should also present a defined behavior. I find that deviations from this trend by nominal income variables and the behavior of other economic variables suggest that the NGDP growing at 5% may have resulted in excess money supply. Although this observation does not question the principle behind NGDP Targeting, it suggests that the target should be carefully chosen. This result is also consistent with the interpretation that monetary policy was too loose for too long from 2002 to 2007 following other indicators such as the Taylor Rule.

There are other important highlights of in the paper. While most market monetarists argue the 2008 crash, recession, and stagnating economy were caused by the collapse of nominal GDP and its failure to return to pre crash trend line, Cachanosky’s data reinforces the Austrian (and John Taylor) view that pre crash money was too loose too long. The nominal GDP crash is likely a consequence, not a cause. If nominal GDP targeting is to improve monetary policy, the target must be very carefully selected.  Cachanosky provides a very nice shorter summary of the work at the Sound Money Project where he posts frequently.

While some have argued that a Hayek rule is consistent with nominal GDP targeting, a Hayek rule would require level targeting , as discussed by Cachanosky would be more in line with a much broader measure of nominal spending than GDP, if the production structure is to be considered. My own view, without level targeting of a broad nominal measure, nominal GDP targeting would fail to prevent boom-bust cycles. Hayek, himself, was led to argue for completion in currencies as an alternative to government monetary monopoly.

Shortly after the paper was released Professor Cachanosky received a HT from Allister Heath in an excellent article in The Telegraph predicting continuing low rates. The heart of the article:

The fact that I’m predicting that rates will not go up doesn’t mean that I believe our ultra-low interest rates policy to be right. I think the cost of money should have been increased a long time ago, and that it is very dangerous to distort such a fundamental price in such a major way for so long.

The wrong investments are being made, and too many dud projects are being kept alive, seven years after the Great Recession. We are seeing what Austrian economists such as FA Hayek and Ludwig von Mises called “malinvestment”; at the same time, errors of the past have not fully been liquidated. This is bad news for efficiency, productivity and sustainability.

While the focus is on the damage done by the zero-interest rate bound, his HT to Cachanosky takes a swipe at nominal GDP growth as well, “As to nominal GDP growth – the sum of real growth and the GDP deflator – expansion remains healthy. A paper by Nicolas Cachanosky, an assistant economics professor in Denver, suggests that even 5pc growth on that measure would be too high for comfort.”

For those who would like a primer on the commitment and the increasing importance of nominal GDP targeting at 5% as a rule for monetary policy, Scott Sumner, the leading proponent of market monetarism just posted this interesting blog post at.org http://econlog.econlib, “Implications of zero interest rates for monetary and fiscal stimulus”. At the end of this post Professor Sumner announces he will be directing a program on monetary policy at the Mercatus Center to better and more effectively promote nominal GDP targeting. He provides more detail on the new program at his main blog, The Money Illusion.

Given Austrians have a preference for no central bank and a market chosen sound money (see Herbener,Salerno, or Cochran) and that Shawn Ritenour has penned a well thought out Austrian critique of Market Monetarism and nominal GDP targeting, why should Austrians care about nominal GDP targeting or rules versus discretion in monetary policy? George Selgin explains in depth. In short, while constantly defending sound money, it is equally important that Austrian have well thought out positions on Central banking, including proposals to make central banking less harmful while reform allow market based competition to government money. Nominal GDP targeting might improve current central bank performance, but it is no panacea.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

MEDITACIONES SOBRE LA LEY

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

De un largo tiempo a esta parte la noción original de la ley se ha deteriorado significativamente. En la tradición del common law y en buena parte del derecho romano, especialmente durante la República y la primera parte del Imperio, el equivalente al Poder Legislativo era para administrar las finanzas de los gobernantes mientras que el derecho era el resultado de un proceso de descubrimiento que surgía de otro campo: los fallos de árbitros según los convenios entre partes que el poder de policía se encargaba de hacer cumplir.

 

El jurisconsulto italiano Bruno Leoni en su célebre obra La libertad y la ley, traducida a muchos idiomas,explica que “Estamos tan acostumbrados a pensar en el sistema del derecho romano en términos del Corpus Juris de Justiniano, esto es, en términos de una ley escrita en un libro, que hemos perdido de vista como operaba el derecho romano […] El derecho romano privado, que los romanos llamaban jus civile, en la práctica, no estuvo al alcance del legislador […] por tanto, los romanos disponían de una certidumbre respecto de la ley que permitía a los ciudadanos hacer planes para el futuro de modo libre y confiado y esto sin que exista para nada derecho escrito en el sentido de legislaciones y códigos” a diferencia de lo que hoy ocurre en cuanto a que cualquier legislación puede modificarse abruptamente en cualquier dirección, en cualquier área o abarcando extensos territorios.

 

El filósofo del derecho Lon Fuller en The Principles of Social Order concluye que “el juez que tiene claramente en su mente que el principio del contrato puede, sin su ayuda, servir como ordenamiento social abordará su materia con un espíritu diferente de aquel juez que supone que la influencia del contrato en los asuntos humanos deriva enteramente de la legislación fabricada por el Estado”, lo cual expande en su libro titulado The Morality of Law en la que crítica muy documentadamente al positivismo legal (corriente que desafortunadamente hoy predomina en la mayor parte de las Facultades de Derecho en la que los egresados citan legislaciones, incisos y párrafos pero desconocen los fundamentos de la norma extramuros de la ley positiva).

 

Por su parte, Harold Berman muestra detalladamente el proceso evolutivo y abierto de las distintas ramas del derecho con independencia del poder político en el voluminoso estudio Law and Revolution. The Formation of the Western Legal Tradition y Richard Epstein explica los graves daños al derecho que surgen a raíz de la acumulación de las así llamadas leyes surgidas en avalancha de los Parlamentos, en su trabajo titulado Simple Rules for a Complex World. Y esta es precisamente la preocupación de Friedrich Hayek en sus tres volúmenes de Derecho, Legislación y Libertad al efecto de distinguir lo que es el derecho de lo que es mera legislación. En este último sentido, era la preocupación también de Marco Aurelio Risolía en su tesis doctoral titulada Soberanía y crisis del contrato en la que marca los peligros legislativos de las llamadas teorías del abuso del derecho, la lesión, la imprevisión y la penetración que lamentablemente fueron luego incorporadas al Código Civil argentino, y es la preocupación de Bruno Leoni quien en la obra antes referida escribe que “la importancia creciente de la legislación en la mayor parte de los sistemas legales en el mundo contemporáneo es, posiblemente, el acontecimiento más chocante de nuestra era”.

 

En sus múltiples publicaciones, Bruce Benson pone de manifiesto el carácter espontáneo del derecho y su evolución equivalente al lenguaje que es tan esencial para el hombre que no puede pensar ni trasmitir pensamientos sin esa herramienta vital. El lenguaje es un proceso que no surge de disposiciones legales sino que se va construyendo a través del tiempo (Borges decía que el inglés contaba con más palabras que el castellano porque en este último caso existía la Academia de la Lengua que, además, es un ex post facto). Hay mucho más en las elucubraciones sofisticadas de Benson y otros autores, especialmente en cuanto al tema de los bienes públicos, las externalidades y el dilema del prisionero vinculados al derecho, pero, en esta instancia, bastan los comentarios sintetizados en esta nota periodística para plantear el problema general.

 

Tras la avalancha del Leviatán se encuentra la idea completamente desfigurada del derecho. Como hemos dicho y repetido, las políticas nocivas de “la redistribución de ingresos”, los gastos públicos siderales, las astronómicas deudas estatales, los impuestos insoportables, las regulaciones asfixiantes, déficit presupuestarios descomunales y demás parafernalia, no se suceden por casualidad. Son consecuencia inexorable de una visión estatista que demuele las bases del derecho para entronizar aparatos gubernamentales que manejan a su arbitrio las vidas y las haciendas de la gente, en el contexto de marcos institucionales desvirtuados de su misión específica de garantizar autonomías individuales.

 

Veamos más de cerca la idea del derecho. Se sustenta en la propiedad comenzando por la facultad de usar y disponer del propio cuerpo y la manifestación del pensamiento de cada cual, todo en el contexto de no lesionar iguales derechos de terceros. Esto como la contratara de la condición humana, seres libres y, por ende, moralmente responsables. Si estuviéramos en Jauja, el derecho se limitaría a lo mencionado, pero como el caso no es evidentemente éste, el derecho se extiende al uso y disposición de lo adquirido lícitamente, sea del fruto del propio trabajo, de lo recibido en carácter de donación o de haberse ganado la lotería.

 

Independientemente del monto de la propiedad, el mantenerla, acrecentarla o consumirla, depende en la sociedad abierta del grado de apoyo del prójimo respecto a la calidad del bien o servicio que se ofrezca. Si el sujeto en cuestión se equivoca en los deseos o preferencias de los demás, incurrirá en quebrantos y si acierta obtendrá beneficios. Las desigualdades de ingresos y patrimonios son en este contexto resultado de las opiniones de terceros. De este modo, se aprovechan los siempre escasos recursos para que estén en las mejores manos. Como queda dicho, no son posiciones irrevocables, sino cambiantes según las necesidades de otros.

 

Como los bienes y servicios no crecen en los árboles, la asignación de factores productivos opera del modo señalado y, al aprovechar de la mejor manera los escasos recursos disponibles, se permite la maximización de los salarios e ingresos en términos reales y, asimismo, estirar el valor de las cosas en un proceso dinámico de riqueza (al contrario de la versión cavernaria de los que la ven con lentes de la suma cero).

 

Por el contrario, toda medida que atente contra esta asignación de derechos de propiedad inexorablemente disminuye salarios e ingresos en términos reales. Desde luego, que esto ocurre también cuando se pervierte el rol empresarial estableciendo vínculos privilegiados con el poder de turno. Eso no solo significa explotación de la gente por parte de esa casta de pseudoempresarios, sino que las desigualdades de ingresos y patrimonio resultan a todas luces injustas y el consiguiente derroche de capital reduce salarios.

 

Es por todo esto que Marx escribía que “todo nuestro programa se puede resumir en esto: la abolición de la propiedad privada” y es por eso que el fascismo y el nacionalsocialismo, como una mejor estrategia para una más eficaz penetración del colectivismo, propone dejar la propiedad registrada en manos particulares pero usar y disponer de ella desde el aparato estatal.

 

También como hemos recordado antes, Ludwig von Mises demostró que sin propiedad privada no hay precios (los precios surgen de contratos de intercambios de propiedad) y, por ende, no hay posibilidad de evaluación de proyectos, contabilidad ni cálculo económico en general con lo que, en rigor, no existe tal cosa como la “economía socialista”.

 

Vivimos la era de los pseudoderechos ya que significan atropellos sobre los derechos de otros con lo que se demuelen los marcos institucionales civilizados y, consecuentemente, se perjudica a todos pero muy especialmente a los más necesitados. Sin que se elimine de cuajo la propiedad, en la medida en que se la afecta tiende a debilitarse el significado del cálculo con las consecuencias apuntadas. El pretendido voluntarismo de otorgar facultades por decreto contra el fruto del trabajo ajeno, demuele la noción de derecho junto al andamiaje de una sociedad libre. En la media en que tenga vigencia “la tragedia de los comunes”, es decir, que finalmente se apunta a que la propiedad sea “de todos” en verdad no es de nadie con incentivos perversos del mal uso.

 

Hoy frente a cualquier problema se lo pretende resolver en el Congreso con “una ley”, situación que desconoce los fundamentos del derecho y de las mismas facultades legislativas en la tradición constitucional desde 1215.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

 

“Marx ha vuelto”, nueva miniserie argentina que causa sensación

Por Belén Marty: Publicado el 24/6/14 en: http://esblog.panampost.com/belen-marty/2014/06/24/marx-ha-vuelto-nueva-miniserie-argentina-que-causa-sensacion/

 

Argentina no para de sorprenderme. Es increíble. El colectivo audiovisual Contraimagen, junto a la producción de Tvpts (el canal del Partido de los Trabajadores Socialistas) crearon una mini serie llamada “Marx ha vuelto” que está haciendo furor en las redes sociales. Ya ha acumulado, en sus diferentes plataformas, más de 280 mil visitas. Su guión está basado nada más y nada menos que en el Manifiesto Comunista de Carlos Marx.+

“Nosotros decimos que esta ficción, en un sentido, también documenta la realidad actual de la Argentina, porque hay muchos trabajadores a los que les está sucediendo lo que acontece en la miniserie y que se acercan a ideas de izquierda leyendo el `Manifiesto` y empezando a construir una visión más de conjunto de la situación”, expresó Javier Gabino, responsable de la edición de la serie.+

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Basándonos en el pensamiento y herencia de Ludwig von Mises, la imposibilidad del cálculo económico del comunismo no hace otra cosa que eliminar los precios, y sin eso el sistema económico no existe. ¿Cómo podríamos tomar decisiones sin un mercado? ¿Se imaginan un mundo sin precios?+

El precio es el resultado de miles de decisiones, del conocimiento disperso y limitado de las personas que interactúan día a día y que tienen cada una de ellas valoraciones subjetivas para cada bien o servicio.+

Pienso y me imagino a un funcionario del gobierno bajo el sistema comunista —previo a la destrucción del Estado para llegar a la utopía comunista. Cierro los ojos y me imagino ahora a un grupo de funcionarios sentados en una mesa rodonda decidiendo cuantos zapatos producir en la fábricas. O pensando y planificando cuál es la cantidad óptima de casas a construir. O cuántas patatas o tomates sembrar. Y la cantidad óptima de chocolate para cada ciudadano (cualquier semejanza con la ración de chocolate de la novela 1984 es pura casualidad).+

Por suerte no me tocó vivir la hambruna de la Unión Soviética, ni el experimento de Angola, ni la homofóbica Cuba, ni siquiera sufrí la mandatoria inscripción al servicio militar norcoreano.+

Según El libro negro del comunismo, el experimento comunista dejó 100 millones de muertos. Más de la mitad murió en China a consecuencia del paso de la Revolución Cultural maoísta.+

Más allá de todo esto y de que el comunismo ha probado el gusto de su fracaso en diferentes momentos históricos y en distintas ubicaciones geográficas, el vídeo deja entrever una relación injusta —casi un cliché— entre el patrón (explotador) y el empleado (explotado).+

No es mi intención armar una defensa del más salvaje capitalismo —aunque lo haría con inmensa felicidad— porque requiere más que un simple post en un blog, pero sí generar conciencia del simbolismo que existe detrás de esta miniserie.+

La batalla cultural comunista sigue firme. No entiende que el éxito de las sociedades se basa en el derecho irrestricto de la propiedad privada, en crear condiciones acordes para que se cree la riqueza. Y que las relaciones economómicas entre los individuos no son un juego suma de cero: Yo gano porque vos también ganás.+

Mientras esto siga sucediendo, temo que se seguirán produciendo más y más capítulos de esta miniserie que hace apología de una ideología que apabulla al individuo hasta hacerlo parte de una masa colectiva.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

SOBRE PRUEBAS Y RETROACTIVIDADES

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Los extraordinarios adelantos en las ciencias físico-naturales (denominada “filosofía de la naturaleza” en la época de Newton) han sido tan notables que las ciencias sociales (denominadas “ciencias morales” en la época de Adam Smith) han tendido a copiar sus métodos, lo cual ha conducido a tremendos errores ya que se trata de dos planos de análisis completamente distintos.

 

Son indiscutibles los notables progresos desde Copérnico a Hawking pero de allí no se sigue que sea legítima la extrapolación metodológica de una rama del conocimiento a otra. En el primer caso, el método hipotético-deductivo se base en datos disponibles “desde afuera” sujetos a experimentación. En cambio, en el segundo caso, no hay datos disponibles antes de la acción. Las piedras y las rosas no tienen propósito deliberado, en ese campo hay reacción, mientras que en las ciencias sociales hay acción (por definición, humana), hay decisión, elección y preferencia, lo cual no ocurre en las ciencias naturales.

 

En esta línea argumental es que Fritz Machlup declara que “El cientista social aparentemente está avergonzado de lo que en verdad distingue las ciencias sociales de las naturales; es decir, el hecho de que el estudioso de la acción humana es en si mismo un sujeto actuante y, por ende, posee una fuente de conocimiento que no se encuentra disponible para el estudioso de las ciencias naturales”. En este mismo sentido, Friedrich A. Hayek explica que “La razón por la que nuestro campo de conocimiento [la economía] resulta de tanta perplejidad es, desde luego debido a que nunca puede ser establecido por medio del experimento, solo puede adquirirse a través de un razonamiento difícil”. Por su parte, Ludwig von Mises enfatiza que “No es posible conformar las ciencias de la acción humana con la metodología de la física y las demás ciencias naturales” y Edmund Husserl concluye que “Seguir el modelo de la ciencia de la naturaleza implica casi inevitablemente cosificar la conciencia, lo que desde un principio nos lleva a un absurdo, de donde surge siempre de nuevo una propensión a planteos absurdos del problema y direcciones erróneas de la investigación”.

 

El positivismo metodológico sostiene que las proposiciones que no pueden verificarse carecen de significación, pero como ha señalado Morris Cohen “esa misma proposición no es verificable” y, por otro lado, como ha enseñado Karl Popper, nada en la ciencia es verificable, todo conocimiento es provisional sujeto a refutaciones. Por más numerosas que sean las experiencias de casos particulares, no resulta posible extrapolar los resultados a lo universal. No hay necesidad lógica que se repita lo anterior, ese es el problema de la inducción que, en la vida diaria, frente a sucesos singulares, se suple con el verstehen conjeturando lo mismo que ocurrió en el pasado (al efecto de poder actuar, se supone la reiteración).

 

Por esto es que en economía las series estadísticas y los gráficos no prueban nada, de lo contrario hace rato que en este plano hubiera quedado en evidencia la superioridad de la sociedad abierta (por ejemplo, la comparación entre la Alemania occidental y la oriental o actualmente la establecida entre Corea del Sur de la del Norte y así sucesivamente). El debate radica en los razonamientos y en los fundamentos, es decir, en el esqueleto conceptual que interpreta la realidad. Es allí donde se dilucida el problema y es allí donde deben concentrarse los esfuerzos, lo cual lo vienen haciendo con éxito las izquierdas hasta el presente.

 

No hay gobernante que no abrume a la audiencia con estadísticas con la pretensión de justificar su gestión. Si hay quienes objetan esas series deben remitirse al andamiaje conceptual y, nuevamente, es allí donde reside el debate de fondo.

 

Ahora bien, suponiendo que primero y antes que nada se hayan entendido las ventajas del liberalismo, teniendo en cuenta lo dicho pensemos en voz alta sobre lo que debería hacerse cuando se intenta abandonar el sistema estatista respecto a los llamados derechos adquiridos y las posibles retroactividades, en el contexto del apunte hayekiano de razonamientos complejos en ausencia de toda posibilidad de recurrir al laboratorio.

 

El planteo del problema es como sigue: qué hacer con los privilegios legales que han obtenido empresarios de la época anterior a las reformas liberales. Entiendo que no puede alegarse derecho contra el derecho, es decir, si se han otorgado facultades para expoliar al prójimo vía la dádiva, ésta debe suspenderse sin miramientos puesto que afecta derechos de terceros. Pongamos un ejemplo por cierto extremo: seguramente quedará claro que en el fin de la era de los asesinos nazis, nadie en su sano juicio permitiría que se aleguen derechos adquiridos para seguir construyendo cámaras de gas y menos aún que se sigan masacrando judíos. Sin llegar a este extremo pavoroso, todos aquellos que pretendan continuar con las succiones del fruto del trabajo ajeno deben abandonar esa posibilidad sin gradualismos que permiten lesionar escalonadamente derechos de otros, lo cual queda evidente en el caso de las cámaras de gas pero también debería resultar claro en todos los demás ejemplos.

 

Ahora viene el tema de la retroactividad. Seguramente se concluirá sin margen al titubeo que los que asesinaron judíos (o a cualquier persona) deben ser juzgados y penados aunque hayan procedido conforme a las leyes vigentes al momento de producirse el hecho criminal. Nuevamente, esto se ve con claridad en el caso planteado, pero qué hacer con los subsidios, mercados cautivos y similares. Estimo que el juicio prudencial indica que no debe aplicarse la retroactividad puesto que judicializar políticas de este tipo pueden producir un efecto boomerang para la propia seguridad jurídica.

 

Distinto es el caso si se procedió fuera de la ley, en ese caso debe actuarse tal como se hace en un país civilizado frente a las usurpaciones de propiedades, es decir, proceder al desalojo. Del mismo modo debe procederse con todos aquellos que se han apoderado ilegalmente de propiedades, léase, las víctimas deben obtener resarcimiento. Es pertinente decir que hay un repudio generalizado a las usurpaciones, pero, en verdad, los privilegios otorgados a empresarios constituyen usurpaciones encubiertas, la diferencia radica en que uno opera fuera de la ley y el otro conforme a la ley del momento.

 

Como es sabido, el óptimo de Pareto señala como requerimiento en los cambios de políticas que “mejore una o más personas sin que empeore ninguna” lo cual no ocurre en el tránsito de un sistema estatista a uno liberal debido a los intereses creados en el régimen anterior, y el denominado principio de compensación no resuelve el entuerto en el sentido de que “los gananciosos compensen a los perdidosos y aun se mantenga una dosis de utilidad neta”, puesto que no son posibles las comparaciones de utilidades intersubjetivas ni el sumar ni restar utilidades ya que los observadores no pueden conocer las utilidades subjetivas de otros (ni el propio sujeto actuante las puede expresar en números cardinales, recordemos que el precio expresa -no mide- valoraciones cruzadas y distintas entre vendedores y compradores) y, además, en este contexto, tampoco las cotizaciones de mercado revelan ninguna información sobre los que no venden porque, precisamente, otorgan a sus activos valores superiores a los que al momento aparecen en el mercado.

 

En resumen, dada la imposibilidad de laboratorio en las ciencias sociales y dadas sus ventajas sobre las naturales en cuanto a la información “desde adentro”, como ha puntualizado James Buchanan “mientras los intercambios se mantengan abiertos y mientras no haya fraude ni el uso de la fuerza, lo que se acuerda entre las partes es, por definición, lo que puede clasificarse como eficiente”. En otros términos, la guía para la mayor prosperidad consiste en la libertad y los juicios y conclusiones para el tránsito entre un sistema y otro deben ser cuidadosamente debatidos, para lo cual tal vez esta nota periodística sirva de pretexto para discutir el tema y eventualmente revisar algunos de los razonamientos aquí esgrimidos en esa materia.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

Excel versus el mercado

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 21/4/14 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2014/04/21/excel-versus-el-mercado/

En una expresión que se ha vuelto famosa, el actual ministro de economía Axel Kicillof habría dado a entender que hoy día es posible regular centralizadamente la economía dado que ahora tenemos planillas de cálculo como el Excel de Microsoft. Esta actitud del gobierno de intentar manejar centralizadamente la economía bajo la (errónea) concepción de que los costos determinan los precios muestran serios problemas de interpretación sobre el proceso de mercado. Sin embargo, este tema no es nuevo. En lo que se conoce como el “debate del cálculo económico en el Socialismo”, el problema de la planificación económica fue intensamente debatido durante la primer mitad del siglo XX. Parece ser que este viejo debate tiene aún mucho para enseñar a las autoridades económicas Argentinas. El problema no es si disponemos o no de poderosas planillas de cálculo, el problema es la imposibilidad de poder crear un mercado centralizadamente.

A principios del siglo XX tres autores ofrecieron una crítica similar y de manera independiente al socialismo, entendido este como una sociedad donde si buen existe propiedad privada en los bienes de consumo no hay propiedad privada sobre los bienes de capital y medios de producción: Ludwig von Mises, Max Weber, y Boris Brutzkus. Fue la crítica del primero la que tuvo mayor impacto en el desarrollo de la ciencia económica. La crítica de estos autores, especialmente la de Mises, fue tan simple como aguda. A diferencia de pequeñas tribus o familias donde sí puede haber un orden social sin mercado, las grandes sociedades necesitan del sistema de precios para poder organizarse de manera eficiente.

Los socialistas, critica Mises, son rápidos para señalar fallas del mercado, pero callan al momento de explicar cómo es que se podrá organizar de manera racional una sociedad numerosa sin la existencia de precios. Marx, quien no ofrece una explicación de cómo funcionaría el socialismo una vez que termina la etapa capitalista, se refería como “utópicos” a quienes sí intentaban imaginar el mundo socialista (por ejemplo Saint-Simon y Fourier). Sin el cálculo económico que indique qué actividades son socialmente útiles (ganancias) y qué actividades no son socialmente útiles (pérdidas) no es posible la organización económica eficiente en las grandes sociedades donde los intercambios son anónimos sin el íntimo conocimiento que puede haber entre miembros de una familia o pequeñas tribus. Podrá argumentarse a favor de otros principios de organización social, pero sostener que la organización económica es posible sin precios es inconsistente.

La literatura socialista pasó de describir sociedades imaginarias pero irreales y de criticar al capitalismo (término marxista para referirse al libre mercado de los economistas clásicos) a intentar resolver el desafío de Mises. Okar Lange y Wassily Leontieff sean quizás los autores socialistas más conocidos que intentaron resolver este problema. Entre las respuestas ofrecidas por el socialismo se encuentra el supuesto de información perfecta, aún presente en los manuales de texto que se utilizan para enseñar a las nuevas generaciones de economistas. Es cierto, se responde, que sin precios no es posible tener un orden económico. Pero si asumimos que tenemos conocimiento perfecto entonces podemos asumir equilibrio. Por lo tanto, la crítica de Mises es inválida dado que suponiendo información completa el problema desaparece. Hayek es quien responde a estas reacciones usando otro enfoque del mismo argumento de Mises, Weber, y Brutzkus.

La réplica de Hayek puede resumirse en cuatro puntos: (1) La cantidad de información necesaria y las restricciones de capacidad de cálculo disponible son prohibitivas para este proyecto. Incluso aceptando el supuesto de información perfecta, sería imposible procesar toda la información. (2) El supuesto de información perfecta es inválido. El problema, como se adelanta Mises a sus críticos, no es asumir equilibrio, sino explicar la transición al equilibrio. Así como no se puede abrir una lata suponiendo el abrelatas, no se puede resolver el problema económico asumiendo que estamos en equilibrio. Esto no es otra cosa que asumir la solución del problema en lugar de ofrecer una solución en concreto. El supuesto de información perfecto no simplifica el problema a resolver, lo transforma en otro problema haciendo del mismo un escenario irrelevante para el debate. De allí el interés de los Austriacos en el problema de transición al equilibrio (proceso de mercado) en lugar del énfasis en las condiciones de equilibrio. (3) Hayek distingue (ciertamente con algo de confusión) entre información y conocimiento. Información es un concepto cuantitativo, como precios o cantidades. Es esto a lo que los socialistas se referían con el supuesto de información perfecta. Pero conocimiento es un concepto cualitativo, y como tal no puede ser completo (perfecto) ni incompleto (imperfecto.) El saber andar en bicicleta, así como el saber manejar una empresa de manera exitosa, no es un problema de información, es un problema de conocimiento que no es susceptible de ser puesto en una planilla Excel. Esta distinción es importante, dado que en el mercado son los empresarios (no los pseudo-empresarios que buscan el favor del gobierno a expensas de sus clientes) quienes deben interpretar correctamente los desequilibrios del mercado para descubrir oportunidades de ganancias que se traducen en crecimiento y desarrollo de largo plazo. En otras palabras, Excel no puede resolver el problema de mercado que deben resolver los empresarios dado que se requiere de interpretación y conocimiento, no de datos numéricos. De poco sirve que el equipo económico tenga toda la información si es incapaz de interpretarla correctamente. En otras palabras, la filosofía de la planilla Excel deja fuera del mercado al motor del crecimiento al no considerar el proceso de descubrimiento en que se encuentran inmersos los empresarios.(4) Esta información y conocimiento, agrega Hayek, no existe por fuera del mercado. Sin mercado esta información no existe dado que es el mismo proceso de mercado el que genera la información y conocimiento que los agentes económicos utilizan diariamente. Para Hayek el dilema no es planificar o no planificar la economía, sino si va a haber un solo planificador centralizado o muchos descentralizados.

Como se puede apreciar, una parte importante del socialismo se quedó únicamente con el primer punto de Hayek (que es más ilustrativo que un argumento de fondo.) Si reconocemos los otros puntos como problemas serios a tener en cuenta, entonces nos encontramos que con su planilla Excel y el programa de precios cuidados el gobierno intenta construir un auto sin motor (empresarios) sin que siquiera haya caminos (mercado) que nos indiquen el camino correcto a seguir. No es casualidad que el auto tenga un pobre desempeño y no esté claro a dónde nos quiere llevar el chofer de turno. Es una confusión conceptual confundir precios regulados o cuidados con precios de mercado. Los precios que proveen información útiles son los que surgen de intercambios voluntarios en el mercado, no los impuestos por el gobierno. Utilizar la misma palabra “precio” para describir dos fenómenos distintos puede confundir a quien se arroga el derecho de manejar el destino económico de miles de habitantes. Es una ilusión sin fundamento creer que la información que surge de precios de mercado puede ser reemplazada por precios ficticios sin perder la fuente de la información misma. Lo que el equipo económico inserta en sus planillas Excel no son precios, son expresiones de deseo alejadas de la realidad económica.

Si bien la tecnología ha avanzado y hoy tenemos planilla de cálculo como Excel, las ideas han evolucionado. Hoy día el término socialismo ya no se asocia con una sociedad sin propiedad privada sobre los factores de producción, sino con un sistema de mercado donde el gobierno redistribuye lo que el sector privado produce. Este no es un retroceso menor en la postura socialista. Cuatro nombres fuertemente asociados al liberalismo, como Adam Smith, von Mises, Hayek y Milton Friedman no se oponían a la presencia de ciertos programas sociales que no invadan al mercado y la esfera privada. Smith, por ejemplo, estaba a favor de la educación (primaria) pública, aunque no necesariamente por motivos redistributivos. Mises estaba a favor de subsidiar ciertas actividades artísticas como la ópera -de la cual era asiduo consumidor. Hayek, en su The Constitution of Liberty, ofrece numerosos ejemplos de programas sociales compatibles con los principios del liberalismo clásico. Finalmente, Friedman es conocido por proponer un sistema de subsidio a la educación basado en vouchers. Sistema que dado el frío paro educativo de este año, debería ser seriamente considerado por políticos y sindicatos si son honestos en sus manifestaciones a favor de la calidad educativa de este país.

Ciertamente los programas socialistas piden por intervenciones más severas que las aceptadas por estos autores, pero es un olvido tan oportuno como injusto por parte de los socialistas ignorar estos aspectos del liberalismo clásico. No es, entonces, que el liberalismo se haya acercado al socialismo, es que el socialismo se ha acercado al liberalismo. Suecia o Noruega, países utilizados en numerosas ocasiones como ejemplo por los socialistas contemporáneos, se encuentran entre los países más libres en términos económicos del mundo. Ante la imposibilidad de ofrecer respuestas al desafío económico del planeamiento centralizado, el socialismo ha adoptado un discurso de superioridad moral que le evita tener que argumentar en términos económicos y persistir en los daños de sus propias políticas económicas. Las políticas públicas y los planes económicos, sin embargo, no se evalúan por sus intenciones, se evalúan por sus resultados. El problema de la planilla Excel no son sus intenciones, el problema es que no es una herramienta que genere buenos resultados económicos.

Los inocultables problemas económicos de Argentina tienen su origen en un problema mucho más profundo que los datos a poner en una planilla Excel. El problema de fondo es una confundida lectura de cómo funcionan los mercados al servicio de financiar déficits fiscales insostenibles del clientelismo político.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

“Scioli y Massa se están disputando la estructura de poder kirchnerista”: Entrevista a Adrian Ravier

Publicado el 17/2/14 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/02/17/scioli-y-massa-se-estan-disputando-la-estructura-de-poder-kirchnerista-entrevista-a-adrian-ravier/

 

Antes que nada, le agradezco la buena predisposición.

El agradecido soy yo.

¿Cómo describiría su experiencia laboral como economista? ¿Diría que la demanda de este tipo de profesional surge desde el campo de la investigación y no desde el ámbito empresarial?

En mi caso sí, pero no es lo más común. El economista tiene diversas posibilidades de salida laboral. Puede trabajar en empresas privadas y bancos, si acompaña la licenciatura con un MBA. Puede trabajar en el mercado de valores si agregar a la licenciatura un Master en Finanzas. Puede trabajar en la Academia con una Maestría y un Doctorado, por ejemplo. Puede trabajar en la prensa como periodista económico. O puede trabajar en el gobierno, en distintas funciones. Siempre sugiero a quienes están interesados en las ciencias económicas que primero estudien la licenciatura en Economía, y sólo después se especialicen con una Maestría en aquello que más les interese.

Usted escribió un artículo, “Kiciloff, mi profesor”, donde relata su experiencia con el ministro de economía, ¿Como lo describiría ante alguien que no lo conoce? ¿Y a alguien que quiere profundizar sobre su perfil?

Tengo respeto por el actual Ministro de Economía, aunque mis columnas son críticas en lo que hace. Kicillof fue mi profesor en Economía Marxista, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Lo traté varias veces, aunque no lo conozco en la intimidad. Su interés está especialmente en la historia del pensamiento económico. Conoce a los autores clásicos en profundidad, y ha sabido ganarse un lugar como catedrático e investigador de esa facultad. Es cierto que siempre contó con el respaldo del Centro de Estudiantes por su afinidad en la línea de pensamiento, pero si uno lee sus libros puede encontrar un teórico profundo. Siempre cuento que me sorprendió su paso a la política, pero supongo que yo haría lo mismo si tuviera la oportunidad de incidir en el futuro de la política económica Argentina. Kicillof es marxista, aunque su tesis doctoral la desarrolló sobre Keynes. En otra nota, mencioné que en su nuevo rol, vendría a ser un “Keynes argentino”. El cree en la capacidad del estado de controlar y regular los mercados. Desconfía de los mercados libres y del empresario. Mi impresión es que su gestión va en línea con su pensamiento. Por eso insisto en que el problema no es lo que hace, sino la teoría en la que cree. Aquí es donde volvemos a insistir en que los economistas pro mercado, debemos trabajar mucho para demostrar las falacias del pensamiento desarrollista, estructuralista, keynesiano y marxista. Kicillof y este gobierno creen en ello. 6,7 8 y otros programas oficiales buscan crear consciencia nacional en línea con aquellas ideas. Es una oportunidad y un desafío para nosotros desmantelar estas ideas y que la gente tome consciencia de que necesariamente fracasarán, más allá de sus buenas intenciones.

Con respecto a la UBA, como centro de formación académica, ¿Que crítica le haría al sistema educativo universitario? ¿Qué alternativas existen?

Históricamente la UBA ha sido una universidad que se ha ganado el prestigio de toda Latinoamérica. Por su tamaño, la cantidad de alumnos que recibe cada año, y la oferta académica que tiene, pienso que es de las mejores universidades de la región. Pero en las últimas décadas, la universidad se ha politizado. Y en las Facultad de Ciencias Económicas es donde más se nota. Los profesores que encabezan las cátedras no siempre tienen los méritos académicos para ocuparlas, y aun cuando las ocupan, en general, no asisten a dictar las clases. Un alto porcentaje de mis cursos fueron dictados por alumnos no recibidos, que el semestre anterior habían aprobado la materia. Básicamente daban sus primeros pasos en la docencia, lo cual garantizaba mediocridad. Más polémico aun resulta el perfil que se le da al programa de estudios. Siempre comento que la Escuela Austriaca estuvo ausente, lo cual es un problema generalizado de la gran mayoría de las universidades. Pero más grave aun es que en la UBA prácticamente no se enseñó el monetarismo de Milton Friedman o el pensamiento de la Nueva Macroeconomía Clásica de Robert Lucas y Thomas Sargent, quienes representan la corriente neoclásica predominante en todo el mundo. Se enfatizó en Prebisch y el estructuralismo, en el pensamiento de Keynes y Marx, mucho más de lo que se puede observar en programas tradicionales. Siempre recuerdo al profesor Ramal dictando “Organización Industrial”, bajo una mirada totalmente marxista. Resumiendo, me parece que la universidad pública -si la hay- tiene que ser menos dogmática, y más abierta. Más plural. No podemos ignorar a varios premios Nobel en Economía como Friedrich Hayek, James M. Buchanan, Milton Friedman, Robert Lucas, Douglass North, Vernon Smith, Elinor Ostrom, por más que sus ideas fueran críticas del Estado de Bienestar y el Socialismo.

Su pensamiento está influenciado por autores como Ludwig von Mises, Hayek, Kirzner, Rothbard, entre otros teóricos. ¿Quién es el más influyente y cuales son, para usted, las principales ideas que podrían cambiar la concepción de la economía y política en Argentina?

Así es. Afortunadamente, bajo la guía de mi padre, pude conocer a estos autores en paralelo con el estudio formal de mis cursos en la UBA. Es difícil decir qué autor es el más influyente, pero supongo que me inclino por Mises y Hayek. El aporte de Kirzner es más limitado a áreas específicas como la función empresarial o la teoría del capital, y en el caso de Rothbard, si bien tiene aportes extraordinarios, también tiene excesos con los que no coincido. Ahora, si nos concentramos en el legado de estos autores para cambiar la política económica en la Argentina, me parece que debemos atender a las Seis Lecciones de Ludwig von Mises en Buenos Aires, en 1959. Un pequeño libro titulado “Política Económica” reúne las seis conferencias. En ese entonces Mises logró que centenares de alumnos cubrieran el auditorio y los pasillos de la Facultad. Mi impresión es que aquellas lecciones tienen más vigencia hoy, que en aquellos tiempos. Luego, me parece que Hayek tiene un aporte más amplio para ofrecer porque no se concentra sólo en la parte económica, que es a lo que se refieren aquellas seis conferencias, sino también a la política y al derecho. Aceptar su análisis de la democracia y las instituciones, o su distinción entre derecho y legislación, hoy harían una gran diferencia en nuestro país. Por último, agregaría a los autores mencionados el Public Choice de James M. Buchanan, que veo como una continuación del análisis de Hayek a la filosofía política, y también agregaría a Juan Bautista Alberdi. Me parece que todavía nos debemos una extensa investigación para desarrollar la consistencia que existe entre las ideas de Alberdi plasmadas en las Bases, y las ideas de la Escuela Austriaca y el Public Choice. Aplicar el pensamiento austriaco y del public choice a la Argentina de hoy, implicaría básicamente retornar a las Bases de nuestra nación, a su Constitución original de 1853, con una política económica que privilegiaba el equilibrio fiscal, la apertura económica, la estabilidad monetaria y un fuerte Estado de Derecho.

En torno a este objetivo, ¿Le gustaría hacer política?

Siempre dije que no, y mi posición actual sigue siendo la misma. Me imagino trabajando en el aula durante toda mi vida, para intentar formar a los jóvenes en estas ideas. Dicho eso, tengo que reconocer que si tuviera la oportunidad que tuvo Kicillof de influenciar en la política económica de la Argentina, no podría negarme a intentar desmantelar todo lo que se hizo en la última década. Volver a las Bases de nuestro país es necesario, y no veo en la oposición gente con ideas claras que tenga ese deseo.

Parece creer que el verdadero cambio se origina en las aulas, ¿es así?

Yo tengo esa idea. Pero las regulaciones del Estado entran en el aula cuando definen los contenidos mínimos de los programas de estudio.Siempre cuento la misma anécdota, también en la UBA. Ya me había recibido, tenía mi licenciatura, mi maestría y mi doctorado en Economía. Se abrió un concurso para ocupar un cargo de profesor adjunto en Macroeconomía, en esta misma facultad donde estudié. Me presenté junto con otros 15 candidatos, y tuve que enfrentar a un tribunal evaluador que nos hizo algunas preguntas. Al consultarme por mis propuestas para la cátedra, les dije que en mi experiencia, en macroeconomía, sólo había aprendido las ideas de John Marynard Keynes.Que me parecía un error. Que había que enfatizar también las ideas de Friedrich Hayek y aquel famoso debate que mantuvo con Keynes en los años 1930, justamente porque allí se originó la macroeconomía. Que además de la macroeconomía de Keynes, teníamos otros enfoques relevantes como la macroeconomía monetarista de Milton Friedman, la macroeconomía de expectativas racionales de Robert Lucas y la macroeconomía del capital del propio Friedrich Hayek y Roger W. Garrison. Les comenté que tenía publicado mi libro En Busca del Pleno Empleo que justamente resumía las comparaciones en estos enfoques y que estaba dispuesto a plantearle al titular de cátedra su incorporación en el programa de estudio. Yo sabía que todo lo que decía podía ser tomado como un problema y que no obtendría el puesto, pero lo que más me llamó la atención fue la respuesta del tribunal. Me dijeron que la Macroeconomía “es” Keynes. Eso fue todo.

Volviendo al tema político, ¿Qué piensa del silencio de CFK durante 34 días y su posterior aparición y viaje?

Me parece que su enfermedad la llevó a ausentarse, justificadamente, y que la prensa no fue oportuna en las críticas. Su regreso no me sorprende. Sigue en línea con lo que ha sido su gobierno. Anoche ofreció un largo discurso donde atacó a los medios, a los empresarios y a los sindicalistas por “conspirar” contra su gobierno. El relato oficialista intenta decir que los problemas de la Argentina no son responsabilidad del gobierno, sino de la conspiración.Mi opinión personal, sin embargo, es que la inflación no es algo que nos pasa, es algo que nosotros producimos. Siempre recuerdo a la Presidente decirle a la gente, “yo no subo los precios, los suben ustedes”, lo cual me causó mucha gracia. En economía hay pocos consensos, pero uno bastante amplio es precisamente este, que la única causa de la inflación es la expansión de la oferta monetaria por encima de su demanda. En cuanto a los sindicatos, me parece que en la Argentina están jugando un rol importante que es intentar presionar para evitar que los trabajadores pierdan poder adquisitivo con la inflación creciente. Finalmente, en cuanto a los medios, me parece que son la única herramienta que tenemos para desmantelar el relato. Es notorio como el kirchnerismo ha atacado a los medios que desmienten el discurso oficial. Los argentinos tenemos que defender a los medios, o perderemos mayor libertad de expresión de la que ya se ha perdido.

¿Cree que la futura presidencia se la disputará el oficialismo, quizás, con Scioli y, la oposición, con Sergio Massa? ¿Qué opinión le merece a este último?

Soy economista, y como tal, me cuesta aventurarme a analizar la política. Pero diré algo: Scioli y Massa se están disputando la estructura de poder kirchnerista. Ambos piensan que ahí radica el camino a la presidencia. Si tienen razón, y cualquiera de ellos gana, el cambio de rumbo será demasiado pequeño.

¿Qué opina cuando relacionan su pensamiento con “el de los 90” o lo llaman “neoliberal”?

Me preocupa. En primer lugar por qué nunca comprendo qué significa ese término. Si neoliberal implica defender los principios de la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado, entonces lo soy. Si por el contrario esto implica justificar a los militares y los desaparecidos, o coincidir con las políticas menemistas en general, no lo soy. Al margen de que nadie sabe bien qué significa el neoliberalismo, me parece que es necesario volver a hacer el esfuerzo de analizar qué pasó realmente en la década de 1990 en Argentina. Qué responsabilidad tuvo… 1- la ley de convertibilidad, 2- la acumulación de déficit fiscales y endeudamiento, 3- la privatización del sistema de jubilaciones y pensiones, 4- la apertura económica, 5- los shocks externos en la crisis de 2001/2002. De mi parte, todos mis estudios me conducen a la conclusión de que el problema central fue fiscal, propio de un gobierno peronista que no supo detener el incremento de gasto durante toda la década y duplicó la deuda pública.Podemos insistir en los shocks externos también, pero me parece que su efecto habría sido mucho más pequeño con un país que hubiera mantenido el equilibrio fiscal durante todos esos años. Dicho esto, la década neoliberal es algo que va más allá de la Argentina, y en este caso debemos notar que Chile, Perú, Colombia y México continuaron aquel camino, y liderando el crecimiento económico en la región. A los críticos del neoliberalismo les pediría que me expliquen por qué este modelo fracasó en la Argentina y no en otros países vecinos.

Solía verse al economista como una suerte de futurólogo con capacidades técnicas, las cuales no podían ser cuestionadas por el oyente estándar. Es indudable que, en general, su reputación ha decaído en la última década. ¿Cree usted que esto se debe únicamente a su poca capacidad de predicción que los caracteriza?

Lo que el economista puede predecir y lo que no puede predecir es un problema en el que la profesión debe profundizar. Mi impresión es que el economista puede predecir cualitativamente las consecuencias de cada política económica sobre cada variable en juego. Lo que no se puede predecir es cuantitativamente, cuál será el impacto de una política sobre diversas variables. Hoy en Argentina se discute si una devaluación irá a precios o no. El análisis económico nos enseña que sí, aunque no podemos definir en qué medida lo hará. No podemos predecir magnitudes. Sí podemos estimarlas, pero ahí el margen de error es el de toda estadística. Por otro lado, hay otro problema que enfrentamos los economistas que es el “timing”. Sabemos cuáles son las consecuencias de corto y largo plazo de ciertas políticas, pero no podemos definir con precisión cuándo esos efectos serán observables. Y es que la economía trabaja con fenómenos mucho más complejos que otras ciencias como la física o la biología, que es la impredecible acción humana. El economista no puede hacer un experimento de laboratorio como el físico, y aislar variables. Luego, debe aislar las variables conceptualmente y predecir los efectos bajo ese límite. Sería muy útil que los economistas que predicen, adviertan acerca de los límites de la predicción.

Usted ha declarado con anterioridad, que la aparición de monopolios se debe exclusivamente al favorecimiento del gobierno mediante el otorgamiento de ciertos privilegios a sectores empresariales. Por ende, ¿cree imposible la formación de este tipo de mercados bajo un sistema de laissez-faire puro?

Una respuesta completa requiere definir qué entendemos por “monopolio”. Si yo le dijera que una única empresa de celulares en la Argentina puede abastecer al mercado a un precio competitivo, más bajo que el de toda la región, quizás “ese” monopolio no nos preocuparía. El problema surge cuando un monopolista fija un “precio monopólico”, muy por encima de su costo, para obtener ganancias extraordinarias. Si esta es nuestra preocupación, debo sostener que nunca una empresa podría hacer tal cosa en un mercado libre y competitivo. Y es que si lo hiciera, obtendría grandes ganancias, y éstas conducirían a competidores potenciales a entrar en ese mercado para aprovechar la situación. Sintéticamente, no hay monopolios en mercados libres.Donde sí hay monopolios es en aquellos lugares donde ciertos pseudo-empresarios se asocian al poder político y obtienen a través del lobby ciertos privilegios para explotar ciertos mercados en ausencia de competencia. Esto explica por ejemplo los precios que fijan las automotrices en la Argentina para vehículos que en otros países tendrían precios muy inferiores. Se prohíbe la importación y con ello el consumidor está obligado a sacrificar años de trabajo para comprar un vehículo. Otro ejemplo es la educación universitaria. Hay pocas universidades privadas en la Argentina que aprovechan el oligopolio a través de las restricciones de los Ministerios de Educación al surgimiento de nuevas universidades.Debemos entender que más competencia, sólo puede beneficiar al mercado. Luego, hay casos especiales que debemos analizar, como los monopolios naturales, ejemplificado en los servicios públicos, como luz, agua, gas, electricidad. En estos casos, se dice que hay que aprovechar las economías de escala, y por ello asignar a una única empresa la distribución del servicio. En definitiva, el problema es tecnológico. Aquí mi sensación es que el mercado puede encontrar respuestas también, superiores a las del Estado. Pero aun dejando esto de lado, los monopolios serían casos excepcionales. Para cerrar, el punto central de esta discusión está en torno a las patentes. Si el gobierno le concede el privilegio a una empresa de favorecerse de una patente, entonces en esos mercados no puede haber competencia. Aquí el debate es muy amplio. Hay quienes dicen que una patente es necesaria para que haya inversión, y hay quienes dicen que aun sin patentes, habría inversión. El debate es complejo, pero mi posición es la de abandonar completamente las patentes. Resumiendo, si entendemos que en una sociedad libre se defiende la economía de mercado, la propiedad privada, la libertad individual, y el gobierno limitado, entonces no hay monopolios. Y es que no habría privilegios y tampoco patentes.

En su escrito, “Caminos Abiertos para América Latina”, critica la tesis sostenida en el libro de Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina. En el sostiene que “en Latinoamérica predomina una mentalidad anti-capitalista” ¿Podría ejemplificar cuales son las características de esta mentalidad específica?

Esto se observa fuera del círculo de colegas con quienes compartimos la visión del mundo, que por suerte es bastante amplio. Lo vemos conversando con familiares y amigos, o incluso en las preguntas de los alumnos. Y es que ellos ven ganadores y perdedores en el intercambio pacífico y en el comercio. Si el empresario gana, es porque el consumidor pierde. Bajo esa premisa, no se pueden advertir las ventajas del capitalismo. Si uno observa el intercambio de un modo subjetivo, entonces la conclusión cambia. Si yo compro una coca cola en el supermercado, pago 1 dólar por ella. Una visión objetiva me dirá que pagué más de lo que vale, pagué más que su costo. El dueño del supermercado gana y yo pierdo. Pero si entendemos que nadie me obligó a hacer ese intercambio, que es un intercambio voluntario, entonces se puede apreciar que las dos partes ganan. Si yo entrego un dólar por algo que vale la mitad, es porque aprecio más la coca cola que el dólar que entrego en cambio. Si el dueño del supermercado recibió más dinero que el que le costó la coca cola, justifica su negocio. Lo mágico del intercambio es que se ha creado valor para ambos. Ambos recibimos algo que valoramos más, por otra cosa que valorábamos menos. Otra forma de verlo es en la estatolatría. Impera en América Latina la idea del Dios Estado que puede resolvernos todos los problemas y que nos empuja a la inacción. Si el estado debe garantizarme salud, educación, trabajo y hasta un hogar, entonces no tengo incentivos para movilizarme. Hasta que no terminemos con este mito del estado benefactor, no podremos convertirnos en un país desarrollado. Tenemos que comprender que si el Estado ofrece algo, es porque se lo ha quitado a alguien más. Los economistas usamos la frase famosa de que “no hay almuerzo gratis”. Alguien necesariamente lo paga. El Estado cuenta con tres fuentes principales de financiamiento. La primera son los impuestos. Si alguien paga un impuesto, para que el estado haga algo, debemos advertir que ese impuesto redujo el consumo privado del que pagó el impuesto. La segunda es la inflación, emitiendo dinero. Si el gobierno financia su gasto, imprimiendo papeles, tenemos que advertir que está aplicando un “impuesto inflacionario” en los tenedores de dinero. Lo que está haciendo es reducir el poder adquisitivo del circulante. Este es el peor de los impuestos, porque siempre recae especialmente sobre los que menos tienen. La tercera es el endeudamiento. En este caso hoy nos beneficiamos de un gasto superior, pero esto es inmoral, porque estamos comprometiendo el consumo futuro de generaciones que ni siquiera participaron de la elección del gobierno que ahora asume la deuda.

Es común escuchar, no sólo en el urbe porteño, sino también en universidades y medios de comunicación que la crisis actual es una especie de cáncer inevitable originado en el seno mismo del sistema capitalista.¿Es correcto esto?

Esta es otro debate complejo. Me parece que la gran mayoría de las discusiones son semánticas porque al discutir no nos tomamos el tiempo para definir qué entendemos por los vocablos que usamos. El mejor ejemplo nos lo acaba de dar el Papa Francisco. Francisco atacó al capitalismo, pero al hacerlo, criticó claramente el capitalismo intervenido que hoy gobierna el mundo. Cuando nosotros defendemos el capitalismo, no nos referimos a este sistema, sino a uno más puro. De hecho, hay mucha consistencia entre la crítica de Francisco y la que nosotros mismos hacemos al estado actual de la política económica. Dicho eso, en aquella crítica mencionada a Eduardo Galeano justamente hacía un llamado a “purificar” los mercados. Los problemas no los vamos a resolver con más presencia del Estado sobre el capitalismo, sino con menos intervención. La burbuja inmobiliaria americana de 2008 con su efecto global, es un claro ejemplo del fracaso del Estado al regular los mercados.

Para cerrar, ¿cree que exista alguna ley incuestionable en economía?

Es muy significativo que terminemos la entrevista con esta pregunta, porque acabo de completar un trabajo en homenaje a Joseph Keckeissen, quien falleció recientemente. El trabajo se publicará en la revista Laissez Faire de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Francisco Marroquín, quizás en octubre de este año. Keckeissen participó del seminario privado de Mises en Nueva York y desarrolló su tesis doctoral bajo la dirección de Israel Kirzner. Para desarrollar este trabajo tuve que leer su tesis, y esa tesis, tiene la respuesta a esta pregunta. La tesis trata acerca del significado de las leyes económicas. Mi conclusión, combinando a Keckeissen con mi maestro y amigo Gabriel J. Zanotti, es que sí existen leyes incuestionables como la ley de utilidad marginal, la ley de rendimiento decrecientes, la ley de preferencia temporal, la ley de demanda, la ley de oferta, la ley de los precios, entre tantas otras, pero habría que hacer varias aclaraciones al respecto, para lo cual los invito a leer ese trabajo mencionado.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Al final, ¿qué es ser un liberal?

Por Mario Vargas Llosa: Publicado el 27/1/14 en:

 http://www.lanacion.com.ar/1658775-al-final-que-es-ser-un-liberal

Como los seres humanos, las palabras cambian de contenido según el tiempo y el lugar. Seguir sus transformaciones es instructivo, aunque, a veces, como ocurre con el vocablo “liberal”, semejante averiguación puede extraviarnos en un laberinto de dudas.

En el Quijote y la literatura de su época, la palabra aparece varias veces. ¿Qué quiere decir allí? Hombre de espíritu abierto, bien educado, tolerante, comunicativo; en suma, una persona con la que se puede simpatizar. En ella no hay connotaciones políticas ni religiosas, sólo éticas y cívicas en el sentido más ancho de ambas palabras.

A fines del siglo XVIII este vocablo cambia de naturaleza y adquiere matices que tienen que ver con las ideas sobre la libertad y el mercado de los pensadores británicos y franceses de la Ilustración (Stuart Mill, Locke, Hume, Adam Smith, Voltaire). Los liberales combaten la esclavitud y el intervencionismo del Estado, defienden la propiedad privada, el comercio libre, la competencia, el individualismo y se declaran enemigos de los dogmas y el absolutismo.

En el siglo XIX un liberal es sobre todo un librepensador: defiende el Estado laico, quiere separar la Iglesia del Estado, emancipar a la sociedad del oscurantismo religioso. Sus diferencias con los conservadores y los regímenes autoritarios generan a menudo guerras civiles y revoluciones. El liberal de entonces es lo que hoy llamaríamos un progresista, defensor de los derechos humanos (desde la Revolución Francesa se les conocía como los Derechos del Hombre) y la democracia.

Con la aparición del marxismo y la difusión de las ideas socialistas, el liberalismo va siendo desplazado de la vanguardia a una retaguardia, por defender un sistema económico y político -el capitalismo- que el socialismo y el comunismo quieren abolir en nombre de una justicia social que identifican con el colectivismo y el estatismo. (No en todas partes ocurre esta transformación de la palabra liberal. En los Estados Unidos, un liberal es todavía un radical, un social demócrata o un socialista a secas). La conversión de la vertiente comunista del socialismo al autoritarismo empuja al socialismo democrático al centro político y lo acerca -sin juntarlo- al liberalismo.

En nuestros días, liberal y liberalismo quieren decir, según las culturas y los países, cosas distintas y a veces contradictorias. El partido del tiranuelo nicaragüense Somoza se llamaba liberal y así se denomina, en Austria, un partido neofascista. La confusión es tan extrema que regímenes dictatoriales como los de Pinochet en Chile y de Fujimori en Perú son llamados a veces “liberales” o “neoliberales” porque privatizaron algunas empresas y abrieron mercados. De esta desnaturalización de lo que es la doctrina liberal no son del todo inocentes algunos liberales convencidos de que el liberalismo es una doctrina esencialmente económica, que gira en torno del mercado como una panacea mágica para la resolución de todos los problemas sociales. Esos logaritmos vivientes llegan a formas extremas de dogmatismo y están dispuestos a hacer tales concesiones en el campo político a la extrema derecha y al neofascismo que han contribuido a desprestigiar las ideas liberales y a que se las vea como una máscara de la reacción y la explotación.

Dicho esto, es verdad que algunos gobiernos conservadores, como los de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, llevaron a cabo reformas económicas y sociales de inequívoca raíz liberal, impulsando la cultura de la libertad de manera extraordinaria, aunque en otros campos la hicieran retroceder. Lo mismo podría decirse de algunos gobiernos socialistas, como el de Felipe González en España o el de José Mujica en Uruguay, que, en la esfera de los derechos humanos, han hecho progresar a sus países reduciendo injusticias inveteradas y creando oportunidades para los ciudadanos de menores ingresos.

Una de las características del liberalismo en nuestros días es que se lo encuentra en los lugares menos pensados y a veces brilla por su ausencia donde ciertos ingenuos creen que está. A las personas y partidos hay que juzgarlos no por lo que dicen y predican, sino por lo que hacen. En el debate que hay en estos días en Perú sobre la concentración de los medios de prensa, algunos valedores de la adquisición por el grupo El Comercio de la mayoría de las acciones de Epensa, que le confiere casi el 80% del mercado de la prensa, son periodistas que callaron o aplaudieron cuando la dictadura de Fujimori y Montesinos cometía sus crímenes más abominables y manipulaba toda la información, comprando a dueños y redactores de diarios o intimidándolos. ¿Cómo tomaríamos en serio a esos novísimos catecúmenos de la libertad?

Un filósofo y economista liberal de la llamada escuela austríaca, Ludwig von Mises, se oponía a que hubiera partidos políticos liberales, porque, a su juicio, el liberalismo debía ser una cultura que irrigara a un arco muy amplio de formaciones y movimientos que, aunque tuvieran importantes discrepancias, compartieran un denominador común sobre ciertos principios liberales básicos.

Algo de eso ocurre desde hace buen tiempo en las democracias más avanzadas, donde, con diferencias más de matiz que de esencia, entre democristianos y socialdemócratas y socialistas, liberales y conservadores, republicanos y demócratas, hay unos consensos que dan estabilidad a las instituciones y continuidad a las políticas sociales y económicas, un sistema que sólo se ve amenazado por sus extremos, el neofascismo de Le Front National en Francia, por ejemplo, o la Liga Lombarda en Italia, y grupos y grupúsculos ultracomunistas y anarquistas.

En América latina, este proceso se da de manera más pausada y con más riesgo de retroceso que en otras partes del mundo, por lo débil que es todavía la cultura democrática, que sólo tiene tradición en países como Chile, Uruguay y Costa Rica, en tanto que en los demás es más bien precaria. Pero ha comenzado a suceder y la mejor prueba de eso es que las dictaduras militares prácticamente se han extinguido y de los movimientos armados revolucionarios sobrevive a duras penas las FARC colombianas, con un apoyo popular decreciente. Es verdad que hay gobiernos populistas y demagógicos, aparte del anacronismo que es Cuba, pero Venezuela, por ejemplo, que aspiraba a ser el gran fermento del socialismo revolucionario latinoamericano, vive una crisis económica, política y social tan profunda, con el desplome de su moneda, la carestía demencial y las iniquidades de la delincuencia, que difícilmente podría ser ahora el modelo continental en que quería convertirla Chávez.

Hay ciertas ideas básicas que definen a un liberal. Que la libertad, valor supremo, es una e indivisible y que ella debe operar en todos los campos para garantizar el verdadero progreso. La libertad política, económica, social, cultural son una sola y todas ellas hacen avanzar la justicia, la riqueza, los derechos humanos, las oportunidades y la coexistencia pacífica en una sociedad. Si en uno solo de esos campos la libertad se eclipsa, en todos los otros se encuentra amenazada. Los liberales creen que el Estado pequeño es más eficiente que el que crece demasiado, y que, cuando esto último ocurre, no sólo la economía se resiente, también el conjunto de las libertades públicas. Creen asimismo que la función del Estado no es producir riqueza, sino que esta función la lleva a cabo mejor la sociedad civil, en un régimen de mercado libre, en que se prohíben los privilegios y se respeta la propiedad privada. La seguridad, el orden público, la legalidad, la educación y la salud competen al Estado, desde luego, pero no de manera monopólica, sino en estrecha colaboración con la sociedad civil.

Éstas y otras convicciones generales de un liberal tienen, a la hora de su aplicación, fórmulas y matices muy diversos relacionados con el nivel de desarrollo de una sociedad, de su cultura y sus tradiciones. No hay fórmulas rígidas y recetas únicas para ponerlas en práctica. Forzar reformas liberales de manera abrupta, sin consenso, puede provocar frustración, desórdenes y crisis políticas que pongan en peligro el sistema democrático. Éste es tan esencial al pensamiento liberal como el de la libertad económica y el respeto a los derechos humanos. Por eso, la difícil tolerancia -para quienes, como nosotros, españoles y latinoamericanos, tenemos una tradición dogmática e intransigente tan fuerte- debería ser la virtud más apreciada entre los liberales. Tolerancia quiere decir aceptar la posibilidad del error en las convicciones propias y de verdad en las ajenas.

Es natural, por eso, que haya entre los liberales discrepancias sobre temas como el aborto, los matrimonios gay, la descriminalización de las drogas y otros. Sobre ninguno de estos temas existe una verdad revelada liberal, porque para los liberales no hay verdades reveladas. La verdad es, como estableció Karl Popper, siempre provisional, sólo válida mientras no surja otra que la califique o refute. Los congresos y encuentros liberales suelen ser, a menudo, parecidos a los de los trotskistas (cuando el trotskismo existía): batallas intelectuales en defensa de ideas contrapuestas. Algunos ven en eso un rasgo de inoperancia e irrealismo. Yo creo que esas controversias entre lo que Isaías Berlin llamaba “las verdades contradictorias” han hecho que el liberalismo siga siendo la doctrina que más ha contribuido a mejorar la coexistencia social, haciendo avanzar la libertad humana.

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

El anacronismo del socialismo y de la política de control de costos

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/12/13 en:

http://economiaparatodos.net/el-anacronismo-del-socialismo-y-de-la-politica-de-control-de-costos/

 

Los cambios en el equipo económico del Gobierno dieron aún más trascendencia mediática a las políticas e ideas de Kicillof. El nuevo ministro de economía se define así mismo como marxista y keynesiano. Tampoco ha guardado energía en criticar a las “teorías ortodoxas”, sea lo que sea que Kicillof entienda por ortodoxia económica. Si sus actos algo sugieren, es un corte marxista más que keynesiano. Confiscaciones como las hechas a Repsol-YPF y la política de controlar la economía a través de grandes planillas de costos tiene bastante más de marxista que de keynesiano. Es importante, sin embargo, distinguir entre el socialismo de inicios del siglo XX y el socialismo actual. El retroceso que el último ha visto frente a los argumentos en defensa de economías libres no es menor; al punto tal la política de Kicillof de controlar los precios es peligrosamente anacrónica.

 

En 1920 Ludwig von Mises publica un artículo crítico al socialismo que iniciaría un debate de varias decadas sobre la viabilidad de las economías centralmente controladas. Si bien es cierto que Mises no fue el único en realizar este argumento, fue su artículo el que sacudió la postura socialista. Por socialismo se entiende una comunidad donde, si bien los bienes de consumo pueden ser privados, no existe propiedad privada sobre los factores de producción. El argumento de Mises es simple pero certero: Ante ausencia de derechos de propiedad en los factores de producción no es posible realizar el cálculo económico de ganancias y pérdidas. Por supuesto, una sociedad pequeña como una familia o una pequeña tribu puede organizarse sin un sistema de precios, pero este ya no es el caso de las grandes sociedades sobre la que se centraba el debate del cálculo económico en el socialismo. La Unión Sovietica, por ejemplo, logró mantenerse a flote permitiendo operar a los mercados negros y observando los precios de otros países para realizar sus propias planificaciones. Es decir, lo pco que funcionó la Unión Soviética se lo debe al sistema al que tanto se oponían. En China comunista las hambrunas eran tan graves que, a pesar de serias pena de cárcel, grupos de agricultores decidieron no obstante firmar un acuerdo secreto por el cual iban a resguardar parte de la producción para ellos mismos en lugar de distribuirlo según los planes centrales. La donación al estado pasó a ser como un impuesto, quedando el resto para el propio productor. El acuerdo obligaba a la comunidad a hacerse cargo del cuidado de la familia de quien fuese capturado por el gobierno. El éxito del este experimento de mercado hizo que el gobierno Chino decidiese dejarlo expandirse en las sombras dando origen a la revolución en la economía China que todavía hoy sorprende a no pocos. El gobierno Chino encontró en este sistema incipiente de mercado una solución a las hambrunas que el planeamiento central no podía solucionar. Vale la pena resaltarlo, los problemas en la Unión Soviética y China comunista no era en al producción de bienes de lujo para unos pocos, era en al producción de bienes tan básicos y necesarios como alimentos.

 

Uno de los tantos problemas de la obra de Marx y Engels es que no ofrece una descripción de cómo funcionaria la sociedad post-capitalista. El marximo es silencioso en uno de los puntos más importantes. Aquellos que se atrevían a hipotetizar sociedades socialistas eran denominados “utópicos.” Si bien los utópicos se atrevieron a pensar cómo funcionaría una sociedad socialista, obviaron el problema de la coordinación social a gran escala. Este fue le punto de critica de Mises, que no es otra cosa que una aplicación de la lección número uno del primer curso de economía: Buenas intenciones no garantizan buenos resultados. Las políticas públicas y económicas deben analizarse por sus resultados, no por sus intenciones. El argumento de Mises fue tan certero que el socialismo tuvo que modificar sus argumentos.

 

Luego de Mises, el socialismo ya no podía evitar referirse al problema económico, por lo que la estategia fue argumentar que el socialismo es posible si asumimos que tenemos información perfecta. Es de este debate de donde proviene el supuesto de información perfecta tan común en los manuales de economía aún hoy día. Este fue el argumento al que se enfrentó Hayek quien, con cierto sentido común, re-preguntó ¿información perfecta provista por quién exactamente..? Es decir, asumir información perfecta es asumir la solución del problema. Seguramente Kicillof no puede recurrir al supuesto de información perfecta para completar la gran planilla de costos de la economía Argentina. El problema, aclara Hayek, no es que la información este ahí afuera en el mercado esperando a ser capturada, sino que esa información surge del mismo proceso de mercado. Eliminar el mercado es eliminar también la información necesaria para la coordinación de mercado. Este es el dilema que presenta Mises y Hayek repite. Mirar los precios de otros países no sólo es hacer trampa al sistema que se dice defender, sino no preciso dado el diferente marco institucional. Cuando, por ejemplo, el equipo económico habla de regular las rentabilidades para que sean “normales” o “aceptables”, ¿se tiene en cuenta el reisgo agentino, es decir, el “riesgo Kicillof”? La rentabilidad de las empresas en Canadá o Suecia poco tienen que ver con las condiciones institucionales argentinas.

 

Si pensamos en el socialismo hoy día, la imagen es muy distinta a la del socialismo de la época de Mises y Hayek. Salvo excepciones, el socialismo se ha retirado a una posición donde se deja al mercado operar y se corrige de manera marginal al sistema “problemas” de distribución del ingreso; o el estado de bienestar ofrece servicios sociales como educación, pensiones y salud pública. Este es un socialismo muy distinto a la versión donde no se permite la propiedad privada de los factores de producción. El socialismo acepta que el mercado libre no es perfecto, y asume que los socialistas son los suficientemente inteligentes como para corregir los erroes. Los defensores del libre mercado tampoco creen que el mercado sea perfecto, pero son más humildes al momento de creerse con el conocimiento necesario para corregir imperfecciones inevitables del mundo en el que vivimos. En palabras de Hayek, el socialismo, si bien en notable retirada desde principios del siglo XX, aún sufre de pretención de un conocimento que no posee.

 

Al escuchar a Kicillof, y no pocos simpatizantes del gobierno, uno tiene la impresión de haber sido transportado por una máquina del tiempo unos cien años al pasado. El problema de anacronismo del equipo económico se transfiere a serios problemas de teoría económica. Uno de los puntos más delicados (y contraintuitivos) de principios económicos es que los costos no determinan los precios, sino que son los precios de bienes finales los que determinan los costos. Es por esto que la teoría del valor marginal es tan importante en economía. Si los costos determinasen los precios, entonces las empresas no tendrían pérdidas y no tendrían problemas cuando sus costos aumentan. Lo que el empresario debe hacer es estimar cual es la estructura de costos que puede afrontar dado los precios a los que espera poder vender su producto. Es la competencia entre empresarios la que en última instancai determina los precios de los factores de producción. Kicillof no sólo se equivoca al creer que puede controlar de manera centralizada la economía, se equivoca además al mirar los costos en lugar de los precios finales. En pocas palabras, la economía argentina está en manos de un equipo económico que entiende el proceso de mercado de manera inversa. Como en todo experimento histórico de control centralizado de la economía, el proyecto K de control de costos está determinado al fracaso.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Aclarando el Termino “Capitalismo”

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 12/11/13 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2013/11/12/aclarando-el-termino-capitalismo/#more-5843

EL 9 de octubre salió en Infobae una nota titulada “Tres décadas y un problema llamado déficit fiscal.” En aquella nota decía que desde la vuelta a la democracia, Argentina tuvo el mismo problema de déficit fiscal, lo que de hecho cambió de década a década fue el método de financiamiento, no el problema de fondo.

EL 25 de octubre Mauro Cristeche (UNLP y UNLaM) comparte una nota crítica a mi comentario en Infobae titulada “Dos siglos de economía Argentina y un problema llamado capitalismo.” Cristeche coincide que el déficit fiscal fue un serio problema, pero sostiene que la nota no es lo suficientemente profunda. El déficit fiscal se debe, argumenta, a la lógica del capitalismo imperante en Argentina en los últimos 200 años.

Si bien envié mis comentarios de respuesta a Infobae pocos días después de la nota de Cristeche, el fallo de la Corte Suprema respeto a la Ley de Medios y otros eventos de la agenda política versus lo puntual de mi respuesta hicieron que, obviamente, mi comentario perdiese relevancia.

No quería dejar de compartir mis reflexiones sobre la nota de Cristeche que copio a continuación.

 

Aclarando el término “capitalismo”

Hace unas semanas escribí una breve nota titulada “Tres décadas y un problema llamado déficit fiscal.” En aquella ocasión comentaba que desde la vuelta a la democracia la economía Argentina ha sufrido el mismo problema recurrente: déficit fiscal. El punto de mi nota era que los sucesivos gobiernos cambiaron el método de financiar el déficit fiscal, pero no el problema de fondo. Mauro Cristeche comparte una nota crítica en reacción a esta idea. Su argumento es que mi nota no es lo suficientemente profunda, si bien coincide que el déficit fiscal ha sido un problema, argumenta que el motivo de este problema se debe al capitalismo. La nota de Cristeche posee varios puntos que merecen seria consideración. Comentar todos ellos resultaría en una nota innecesariamente larga y tediosa. Prefiero enfocarme en un punto que creo es central en nuestros respectivos puntos de vista: el término capitalismo. Pocos términos sufren de tanta confusión y connotaciones que vician nuestro análisis como la palabra capitalismo.

Hay, a mi juicio, un problema central en la nota de Cristeche: No ofrece una definición del término capitalismo, que es nada menos que su objeto de crítica. Claramente el “capitalismo Suizo o Inglés” es distinto al “Capitalismo Venezolano o Argentino.” No todos los capitalismos ofrecen el mismo resultado y por ello es importante distinguirlos cuidadosamente. Ciertas palabras como “capitalismo” o “liberal” han visto su significado alterado a lo largo de la historia e incluso geográficamente. La palabra “liberal,” por ejemplo, no significa lo mismo en Inglaterra que en Estados Unidos. Por ello han surgido términos como “libertario” para evitar confusiones. Aquí mismo en Argentina, el Partido Liberal Libertario usa la palabra “libertario” justamente para tratar de minimizar mal entendidos. También creo importante mencionar que en mi nota no hago uso del término capitalismo, y sólo tangencialmente menciono el libre mercado. Cristeche me asocia a las “ideas propias de la economía liberal,” de haber definido el término capitalismo se habría dado que cuenta que el uso que hace del mismo no aplica a mi nota.

Voy a entender por capitalismo el poner en práctica los principios del liberalismo clásico. Es decir, tanto ciudadanos, como empresas y hasta el mismo gobierno se encuentran en igualdad de condiciones ante una ley que protege la libertad individual y la propiedad privada. No hay privilegios ni para “capitalistas,” ni para la “clase obrera,” ni para el “gobierno.” No creo que esta sea una interpretación torcida del término capitalismo, es lo que tienen en mente los filósofos y pensadores que más han contribuido a esta tradición como John Locke, Wilhelm von Humboldt, Adam Smith, Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek, Milton Friedman, James Buchanan, Karl Popper y Robert Nozick entre muchos otros. Es decir, una cosa es la existencia de “bienes de capital” y otra cosa es el “marco institucional” bajo el cual se organiza la sociedad. El término “capitalismo” hace referencia al libre uso de bienes de capital bajo instituciones de libre mercado, no a la mera presencia de bienes de capital. Las instituciones son importantes porque definen los incentivos de los agente económicos. Los incentivos pueden llevar a tener crecimiento y desarrollo de largo plazo o a sufrir crisis recurrentes. Corea del Norte y Corea del Sur poseen la misma historia, lenguaje y cultura pero se diferencian en sus instituciones. Si las instituciones no fuesen importantes la calidad de vida en ambos países no serían blanco y negro. Bajo esta concepción no toda sociedad donde hay capitalistas es “capitalismo.” Reconozco que puede no ser la única definición del término capitalismo, pero una crítica al capitalismo como liberalismo económico tiene que hacer uso de esta definición.

Mi interpretación del uso que hace Cristeche del término capitalismo es que una sociedad es capitalista siempre y cuando haya capitalistas y bienes de capital independientemente del marco institucional. El capitalismo en su concepción clásica, sin embargo, no es sólo la presencia de jure de propiedad privada, es también la presencia de facto (marco institucional.) No alcanza con ser dueño en los papeles de los factores de producción si uno no es libre de usarlos. Aquella sociedad donde el empresario es “dueño” de su empresa pero su proyecto es dirigido por el gobierno a través de leyes y regulaciones es “capitalismo intervenido (o un tipo de socialismo)”, no un “capitalismo como aplicación de los principios del libre mercado.” Es muy difícil catalogar al Kirchnerismo como un modelo predominantemente capitalista. Nótese que no estoy argumentando sobre la conveniencia o no de aplicar los principios de libre mercado, simplemente estoy definiendo el término “capitalismo” a fin de hacer un diagnóstico más preciso de los problemas económicos de Argentina.

Hay, entonces, por lo menos dos capitalismos, el de libre mercado por un lado y el intervenido como el capitalismo de amigos o capitalismo corrupto (crony capitalism) por el otro. Podemos llamarlos “Capitalismo tipo I” y “Capitalismo tipo II” respectivamente para evitar las connotaciones asociadas a las palabras liberalismo o socialismo. Si aun así no podemos dejar de lado todas las connotaciones asociadas al término capitalismo, entonces podemos pensar en “Orden socio-económico I” y “Orden socio-económico II.” Coincido con Cristeche que el Capitalsimo tipo II es un problema, pero no por ello concluyo que el problema en  Argentina ha sido el Capitalismo tipo I. Es que no pudo serlo por el simple hecho de que no se aplicó. ¿En qué momento desde 1930 en adelante, cuando Argentina comienza a desviarse del resto de los países más ricos del mundo, fue Argentina un país genuinamente liberal? Se podrán identificar ciertas épocas con políticas llamadas neoliberales, pero más allá de su efectiva aplicación, es importante recordar que “neoliberalismo” no es lo mismo que “libre mercado.”

Cuando Cristeche sostiene que el crecimiento del estado se debe a la “relación capitalista,” esto describe el problema del Capitalismo tipo II, donde el empresariado busca el favor del gobierno para no tener que ganarse el peso del consumidor en libre competencia, pero se encuentra en directa oposición con el Capitalismo tipo I, donde el rol del estado es justamente evitar estos privilegios. Es un non sequitur criticar aquello a lo que el Capitalismo tipo I se opone por los vicios presentes en el Capitalismo tipo II. Entiendo cómo se pueden asociar al populismo (un tipo de Capitalismo tipo II) con déficit fiscales, pero asociarlo al capitalismo de libre mercado es el resultado de una confusión terminológica por usar un término sin definir como herramienta de crítica a un marco institucional específico. Nada impide que uno entienda por capitalismo la presencia de capitalistas y bienes de capital indistintamente del marco institucional, pero entonces ya no es válido asociar las ideas de mi nota a “las propias de la economía liberal” y luego utilizar el término capitalismo como herramienta de crítica. El argumento se resume a lo siguiente: el mercado intervenido (Capitalismo tipo II) no funciona, por lo tanto el libre mercado (Capitalismo tipo I) no funciona. El problema queda claro si en la nota de Cristeche reemplazamos la palabra “capitalismo” por “libre mercado.” Uno de sus pasajes ofrece un buen ejemplo: “No hay política más libre mercado que la recurrencia al déficit fiscal.” ¿Desde cuándo la recurrencia de déficits fiscales es rasgo distinto del libre mercado?

Se podrá decir que se encuentra en la lógica de la dinámica de un sistema capitalista que las clases obreras sean oprimidas frente al capital y que el estado termina siendo cómplice del capital en este proceso. O algún argumento similar por el cual la distinción entre estos dos capitalismos es ficticia. ¿Pero no es acaso esta colusión entre capitalistas y gobierno a lo que los liberales (Capitalistas tipo I) tanto se oponen? No hace falta buscar pasajes escondidos, los autores arriba mencionados y tantos otros han escrito ríos de tinta al respecto. El mismo Adam Smith, padre de la economía de la mano invisible, es también conocido por advertir sobre el peligro que empresarios y capitalistas imponían sobre la sociedad al buscar el favor del gobierno para operar bajo un Capitalismo tipo II (proteccionismo) y poner en riesgo el libre mercado. El liberalismo nada tiene que ver con el favoritismo empresarial.

Coincido con Cristeche que los déficits fiscales no caen del cielo, pero no es menos cierto que el equilibrio fiscal es responsabilidad de la clase política y es en ellos en donde cae una responsabilidad mayúscula. La clase política no puede poner la firma en un presupuesto deficitario y luego culpar a un tercero cuando la crisis fiscal viene a cobrarse el déficit. Cristeche da fin a su comentario parafraseando mi propia nota diciendo que “el problema tiene nombre y apellido: se llama capitalismo.” Siendo más precisos, el problema tiene nombre y apellido, se llama “Capitalismo tipo II,” que no es como los autores más reconocidos en el tema conciben este término. Disiento con Cristeche que la causa sea el capitalismo a secas, creo que “populismo” sería un término más apropiado para referirse al origen de los problemas que truncan el destino de un país con tanto potencial.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.