Ya estaban aquí

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 18/8/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/ya-estaban-aqui/

 

Ayer jueves por la mañana participé en la tertulia de “Más de Uno” en Onda Cero. Y Toni Bolaño nos comentaba desde nuestra emisora en Barcelona, es decir, desde la propia Rambla, sobre la gran cantidad de turistas que paseaban por ahí desde temprano. Era lógico. Las Ramblas son, junto con la Sagrada Familia, el punto de máxima concentración de visitantes de la Ciudad Condal. Y a mediados de agosto, todavía más.

Mientras charlábamos sobre los problemas de España, y en particular de Cataluña, ya estaban aquí, ya estaban en Barcelona, los asesinos. Ya estaban aquí, mezclados con los catalanes, los barceloneses, los demás españoles, los turistas nacionales y extranjeros, estaban los asesinos. Su objetivo, el de siempre: causar el mayor número de muertos y heridos, el mayor terror, el mayor desconcierto.

España conoce bien, por desgracia, el azote terrorista, y en particular lo conoce Barcelona, donde la ETA perpetró la abominable matanza de Hipercor, hace treinta años. No conocíamos el más reciente “modus operandi” de los criminales, porque matar arrollando viandantes con un vehículo es relativamente reciente en Europa. No en Israel, donde los terroristas palestinos han recurrido a este método para asesinar inocentes desde tiempo atrás. Pero en Europa empezaron hace apenas un año, en Niza. Continuaron después en Estocolmo, Berlín, París y Londres.

Y ahora, Barcelona. España sabe que, si nadie está en verdad completamente a salvo del zarpazo terrorista, nuestro país tampoco. De hecho, el Gobierno elevó la alerta antiterrorista a cuatro sobre cinco a mediados de 2015. Dentro de España, Cataluña podía ser el objetivo. Dentro de Cataluña, Barcelona. Y si pensaban matar en Barcelona con el método del atropello masivo, las Ramblas podían ser un objetivo, aún más en estas fechas veraniegas.

Ayer lo consiguieron. Es importante mantener la mente en calma cuando la ira nos hierve la sangre, o nos la congela el espanto, aunque es difícil no oscilar entre la una y el otro ante crímenes brutales como los de ayer en Las Ramblas de Barcelona.

La batalla contra los terroristas no es exclusiva de los policías, los soldados y los guardias civiles o, en este caso, los Mossos d’Esquadra. Los ciudadanos también tenemos un papel que cumplir, o más bien varios, desde la solidaridad inmediata con las víctimas y sus familiares hasta la colaboración con las fuerzas de seguridad. Otra cosa importante que podemos hacer es rechazar la segunda pata del totalitarismo criminal, que siempre camina sobre la violencia, por un lado, y sobre la mentira, por otro. Así como rechazamos la primera, no hagamos caso de la segunda; por ejemplo, desmontemos la sistemática mentira que pregonan los asesinos, al culpabilizarnos de sus crímenes. Los asesinos son los culpables, nosotros no. Ni los españoles, ni los turistas. Ni nosotros, ni nuestro país, ni nuestra religión, ni nuestra historia, ni nuestros valores.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Brexit: ¿crisis u oportunidad?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 24/5/16 en http://www.rionegro.com.ar/columnistas/brexit-crisis-u-oportunidad-BM394267

 

El Reino Unido, a 43 años de su adhesión a la Unión Europea (UE), se encuentra frente a un angustioso dilema que ha de sopesarse a voluntad de partidarios y detractores. Pareciera que el canal de la Mancha, que lo separa en múltiples aspectos del continente, se está ensanchando de forma irreversible.

En repetida opinión, el contexto internacional se caracteriza porque la mayor parte de los extranjeros, incluido entre otros el presidente de EE. UU. Barack Obama, no admite las razones geopolíticas para que Gran Bretaña abandone la UE en el referéndum del próximo 23 de junio.

Europa, que ha sido un balance entre Londres, París y Berlín, cada uno con sus diferentes visiones económicas y de política exterior, abría múltiples posibilidades de colaboración y negociación. Pero ahora el desplazamiento de poder hacia Alemania, tanto debido a su éxito económico como a la marginalización creciente de Francia y la irrelevancia europea del Reino Unido, significa que la UE se está articulando como un núcleo fuertemente integrado en la esfera económica bajo hegemonía política y normativa alemana.

Los diplomáticos británicos, pese al esfuerzo que han dedicado durante décadas a entretejer una relación entre Londres y Bruselas que garantizara al Reino Unido un máximo de influencia con, a la vez, un mínimo de cesión de soberanía, se enfrentan a una debacle de gran magnitud. Tal vez no tanto porque el Reino Unido haya cambiado de posición, que lo ha hecho desde la llegada de David Cameron al poder, sino sobre todo porque el continente se ha puesto en marcha, dejando al Reino Unido atrás.

Primero fue Grexit, la combinación de Grecia y exit (salida). Ahora es Brexit o Brixit para referirse a una posible salida del Reino Unido. En el 2015 el Parlamento británico aprobó la European Union Referendum Act 2015, uno de los objetivos de gobierno del Partido Conservador, y será la segunda ocasión que se celebre un referéndum de este tipo tras la elección de 1975, en la que el 67% de los electores se mostró partidario de permanecer. Se espera que el referéndum del 2016, tal como lo indica la encuesta de Financial Times al 8 de mayo, 46% por la permanencia y 43% por la separación, tenga resultados más ajustados.

Por su parte, los principales responsables de la UE han confirmado que no habrá período de gracia para Reino Unido si decide abandonar el bloque. Bruselas no quiere perder ni un segundo y ya ha comenzado a registrar en las agendas de media Europa una cita el domingo 26 de junio, tres días después del referéndum. Esa reunión serviría para acelerar las negociaciones de un proceso que se califica directamente como “divorcio”.

El impulso de la conducción del “Brexiteers” es el mismo que destacó en 1962 el exsecretario de Estado de norteamericano Dean Acheson cuando declaró: “Gran Bretaña ha perdido un imperio y todavía no ha encontrado un papel”. El escritor Edmund Wilson, por su parte, también lo expresó cuando dijo que la elite británica era “completamente irreconciliable con la disminución de la Gran Bretaña de posguerra”.

Pero, pese el consenso generalizado de que la salida de Gran Bretaña de la UE podría dañar su economía, se alzan las voces de un nuevo desafío. En un paper de “Economists for Brexit”, ocho “notables” economistas británicos se oponen a los argumentos del Tesoro, el FMI, la Escuela de Economía de Londres y la OCDE, a los que consideran un “sinsentido económico” y alegan que el Brexit “traerá ventajas económicas, netas y medibles”.

Los miembros del Partido Conservador de Gran Bretaña comparten la misma idea de que su pequeña isla sigue siendo lo suficientemente grande como para estar al margen de la Europa continental. Sin dudas, el sentido británico original de autosuficiencia, y de poder y gloria, que deriva de hechos históricos. Se piensa que el aislamiento geográfico del Reino Unido, así como las tradiciones entrelazadas de comercio y la libertad individual, la distinguen claramente de sus vecinos del continente.

Aunque las consecuencias de la elección recién se verán tras las pruebas de campo (en uno u otro caso), la amenaza del Brexit quizás debería ser observada no solo como una posible pérdida británica y/o comunitaria sino como una esperanza para frenar y cambiar de signo el inquietante proceso de burocratización que caracteriza al gobierno supranacional europeo desde su misma creación.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Cuando el horror enciende las alarmas

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 28/8/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1722393-isis-cuando-el-horror-enciende-las-alarmas

 

El avance de las milicias del llamado “Estado Islámico en Irak y el Levante” parecía ser -hasta no hace sino unos pocos días- una marea incontenible. El grupo de milicianos islámicos fanáticos sunnita que responde a ese “califato”, se ha apoderado de nada menos que un tercio del territorio de Siria, así como de un tercio del territorio de Irak. En poco tiempo, entonces, ha llegado a controlar un territorio bien significativo, afectando la integridad territorial de los dos países mencionados.

Además ha capturado lo sustancial de los yacimientos de hidrocarburos que estaban en producción en el primer país y cinco yacimientos adicionales en territorio de Irak. Todo un temprano botín de guerra, que se acrecentó dramáticamente cuando -al apoderarse de Mosul, la segunda ciudad de Irak- las fuerzas de ISIS (según las siglas en inglés) se hicieron de fondos líquidos que algunos estiman en unos 500 billones de dólares.

A ello se suma, en términos de peligrosidad real, el disponer de toda suerte de modernos armamentos norteamericanos anteriormente suministrados a las fuerzas armadas de Irak, de los que esas fuerzas se apoderaron al tiempo de tomar Mosul.

No obstante, dos acontecimientos recientes, particularmente graves, parecen haber conmocionado a la comunidad internacional y, como veremos enseguida, acercado a enemigos de ayer, ahora repentinamente unidos por una dramática realidad que, para todos por igual, es inaceptable.

Nos referimos, primero, a la cobarde decapitación de James Foley, un periodista norteamericano. Realizada con fines intimidatorios, ocurrió diez años después de la del empresario Nicholas Berg por las milicias iraquíes de Abu Musab al-Zarqawi, las antecesoras directas de ISIS.

Y, segundo, a la persecución genocida de la minoría Yazidi, un pequeño grupo étnico enrolado en el zoroastrismo, cuyo pasado se hunde en la antigüedad, que casi muere de hambre, sed y frío en las montañas del norte de Irak, escapando de esas fuerzas.

Ambos hechos, por la intensa repugnancia que generan, parecen haber disparado, de pronto, todas las alarmas. Que ahora se escuchan en los más diversos rincones del mundo. Con componentes de urgencia.

Ocurre que estamos frente a un peligro real al que el propio Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Chuck Hagel, acaba de definir como “una amenaza inminente a todos nuestros intereses”. Paradójicamente, hasta el líder religioso supremo de Irán, el Ayatollah Ali Khamenei, podría seguramente haber utilizado exactamente las mismas palabras, respecto de lo que significa para su país.

Para la vida diaria de las personas sometidas a la presencia de ISIS, su aparición en sus vidas supone una inmediata -y absolutamente depravada- regresión al pasado.

Lo que sucede en la ciudad de Raqqa, en el norte de Siria que, desde mayo del año pasado funciona como centro neurálgico de ISIS- así lo demuestra.

Allí las mujeres deben vestirse con el velo “niqab”. Los pantalones, en consecuencia, les están vedados. Corren, asimismo, el riesgo de ser circuncidadas, contra su voluntad. A los ladrones, se les amputan las manos. A las mujeres presuntamente infieles, se las apedrea hasta morir. Los opositores corren el riesgo cierto de ser decapitados o crucificados, con las imágenes de sus muertes multiplicadas y difundidas por los medios electrónicos, una de las armas constantemente utilizadas por los jihadistas. En las pocas peluquerías de mujeres que quedan en la ciudad se debe pintar de negro las imágenes femeninas de los envoltorios de los respectivos productos. La música es silenciada, como si fuera una aberración. Y los helados, así como el alcohol, están terminantemente prohibidos. Por lo demás, quien no se detiene a orar las cinco veces por día previstas por el Islam corre, instantáneamente, riesgo de vida.

Un súbito retorno a la Edad Media se ha impuesto por la fuerza. Si es necesario, a sablazos. Con prescindencia de sus circunstanciales víctimas.

Por esto, los Estados Unidos, convocados -expresamente y de urgencia- por el gobierno de Irak, han vuelto a combatir en ese país. Aunque, por ahora, tan sólo desde el aire. Sus 35 bombardeos aéreos -realizados en apenas tres días- fueron todo lo eficaces que se suponía. Porque permitieron a las fuerzas militares de la minoría kurda, los peshmerga, recuperar el control sobre la represa de Mosul, en una acción estratégicamente crítica. Insólitamente, los cazas norteamericanos debieron bombardear allí a varios sistemas de armas de origen norteamericano, que en algún momento fueran entregados al ejército de Irak, capturados por ISIS en Mosul.

En este tipo de enfrentamientos, cuando no hay apoyo aéreo, las cosas son mucho más difíciles, según lo demuestran los tres intentos fracasados por retomar la ciudad de Tikrit, emplazada a un centenar de kilómetros al norte de Bagdad, aún en manos de IRIS.

Por esto Barack Obama está pidiendo a su Congreso autorización para poder actuar desde el aire también en el espacio aéreo de Siria. Más allá de los meros vuelos de reconocimiento que ya están operando. Lo que supondría comenzar a mantener alguna coordinación con la aviación siria. Algo impensable, hasta no hace mucho.

Los milicianos son eficientes. Combaten bien pertrechados y están curtidos por tres años de una durísima guerra civil en Siria. Además imponen una confrontación basada en la movilidad constante de sus pickups artilladas. Distinta. Veloz. Cambiante. Sin demasiados blancos fijos.

Pese a la enorme importancia que cabe asignar al apoyo aéreo, lo cierto es que ninguno de los países árabes del Golfo ha participado, ni ofrecido participar, en las operaciones militares aéreas realizadas contra ese grupo fanático. Hablamos de más de un millar de cazas de última generación, estacionados en tierra. Esto, presuntamente, debería cambiar. Pronto. En línea con lo que Egipto y los Emiratos están haciendo en Libia.

La existencia esta realidad de horror y salvajismo está precipitando cambios. Como el de Alemania, que acaba de ofrecer expresamente armamentos a Bagdad. Pese a ser el tercer exportador de armas del mundo, Alemania se había -hasta ahora- opuesto insistentemente al levantamiento del embargo europeo de armas respecto de la guerra civil en Siria. Francia, mucho más activa en esto que Alemania, está desde hace rato suministrando armas a los insurgentes sirios. Hablamos de aquellos que pertenecen a las líneas más moderadas que combaten al régimen de los Assad en el norte de su país. Y está sugiriendo que Irán debería coordinar su acción contra ISIS con la del resto de la comunidad internacional. Italia, por su parte, está también suministrando armas a los opositores moderados sirios. Fuerzas especiales británicas buscan hoy en el terreno a quien se supone fuera el verdugo de James Foley.

A lo que cabe agregar que, en el plano de los hechos, las cosas también están cambiando. Las tropas de Irán, por ejemplo (a estar a las noticias difundidas por Al Jazeera) acaban de combatir junto a los kurdos en territorio iraquí, aportando una columna de 1.500 hombres, con tanques. Y los veteranos de la guerrilla kurda conocida como “PKK”, que hasta ahora sólo combatían contra el gobierno turco, hoy lo están haciendo -codo a codo- con los “peshmerga”, esto es con los milicianos kurdos iraquíes, en las cercanías de Erbil, contra ISIS.

Turquía, que tiene a 49 miembros de su consulado en Mosul secuestrados por ISIS, que los utiliza como escudos humanos, se está enfocando, por ahora, sólo en la ayuda humanitaria de los desplazados “Yazidis”.

El gran cambio en el escenario es que, de pronto, los Estados Unidos e Irán tienen, según queda visto, un enemigo común: ISIS. Que, además, está en guerra con el régimen de los Assad, en Siria.

Comprensiblemente, todos reaccionan con horror ante la repugnante brutalidad de las acciones de ISIS, desplegadas siempre con una suerte de omnipotencia arrogante, propia de quienes pretenden actuar en nombre de un Dios que (creen) no condena, sino bendice, su inhumana depravación y sus injustificables series de asesinatos.

ISIS es una amenaza mayor de la que Al-Qaeda supusiera en su momento. Inmediata. Brutal. Desafiante. Para casi todos, incluyendo a China y Rusia.

Tiene, por lo menos, unos 20.000 combatientes en Siria. Y quizás otros tantos en Irak. Dispone de billones de dólares en efectivo; vende -subrepticia, pero exitosamente- crudo y gas natural; controla recursos naturales; y hasta cobra impuestos. Y ha cooptado a un grupo de antiguos oficiales del régimen de Saddam Hussein y de su partido, el “Baath”, con amplia experiencia en el uso -y abuso- de la violencia.

Pese a que la aparición de los califatos radicales no es un fenómeno nuevo -como lo demuestra lo sucedido en Afganistán en tiempos de los “talibanes”; o en Sudán, Mali, Bengazzi o Nigeria, más recientemente- nunca esos experimentos habían obtenido tanto poder y representado un peligro directo tan enorme para la comunidad internacional.

Las banderas negras de ISIS han aparecido ya en protestas callejeras tanto en París, como en Bruselas y Londres. Puede entonces hasta pensarse que las banderas negras que representan a la intolerancia como identidad podrían aparecer, de pronto, también entre nosotros. Quizás, como alguna vez aparecieron las palestinas en nuestros estadios de fútbol. Sería grave. Particularmente cuando nuestra sociedad está aturdida por haber sido víctima de toda una década de prédica incansable de odios y resentimientos.

Ocurre que, para ISIS, todos estamos incluidos en la lista de aquellos que, si no abrazan su credo, renunciando al propio, deberían en algún momento morir. Lo que parece un absurdo en el mundo de hoy pero que, no obstante, como realidad es innegable.

Esa es, precisamente, la razón de las alarmas que hoy resuenan por doquier. Cabe recordar que los cristianos hemos, en el pasado, sido intransigentes en lo religioso. Incluyendo a Santo Tomás. Y a Juan Calvino, cuando la ejecución de Miguel Servetus. No obstante, desde el Concilio Vaticano Segundo, hemos comprendido que la fe no puede nacer y, menos aún, crecer o mantenerse a sablazos, desde que debe nutrirse de la libertad, todo lo contrario a la coacción.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.