Al final, ¿qué es ser un liberal?

Por Mario Vargas Llosa: Publicado el 27/1/14 en:

 http://www.lanacion.com.ar/1658775-al-final-que-es-ser-un-liberal

Como los seres humanos, las palabras cambian de contenido según el tiempo y el lugar. Seguir sus transformaciones es instructivo, aunque, a veces, como ocurre con el vocablo “liberal”, semejante averiguación puede extraviarnos en un laberinto de dudas.

En el Quijote y la literatura de su época, la palabra aparece varias veces. ¿Qué quiere decir allí? Hombre de espíritu abierto, bien educado, tolerante, comunicativo; en suma, una persona con la que se puede simpatizar. En ella no hay connotaciones políticas ni religiosas, sólo éticas y cívicas en el sentido más ancho de ambas palabras.

A fines del siglo XVIII este vocablo cambia de naturaleza y adquiere matices que tienen que ver con las ideas sobre la libertad y el mercado de los pensadores británicos y franceses de la Ilustración (Stuart Mill, Locke, Hume, Adam Smith, Voltaire). Los liberales combaten la esclavitud y el intervencionismo del Estado, defienden la propiedad privada, el comercio libre, la competencia, el individualismo y se declaran enemigos de los dogmas y el absolutismo.

En el siglo XIX un liberal es sobre todo un librepensador: defiende el Estado laico, quiere separar la Iglesia del Estado, emancipar a la sociedad del oscurantismo religioso. Sus diferencias con los conservadores y los regímenes autoritarios generan a menudo guerras civiles y revoluciones. El liberal de entonces es lo que hoy llamaríamos un progresista, defensor de los derechos humanos (desde la Revolución Francesa se les conocía como los Derechos del Hombre) y la democracia.

Con la aparición del marxismo y la difusión de las ideas socialistas, el liberalismo va siendo desplazado de la vanguardia a una retaguardia, por defender un sistema económico y político -el capitalismo- que el socialismo y el comunismo quieren abolir en nombre de una justicia social que identifican con el colectivismo y el estatismo. (No en todas partes ocurre esta transformación de la palabra liberal. En los Estados Unidos, un liberal es todavía un radical, un social demócrata o un socialista a secas). La conversión de la vertiente comunista del socialismo al autoritarismo empuja al socialismo democrático al centro político y lo acerca -sin juntarlo- al liberalismo.

En nuestros días, liberal y liberalismo quieren decir, según las culturas y los países, cosas distintas y a veces contradictorias. El partido del tiranuelo nicaragüense Somoza se llamaba liberal y así se denomina, en Austria, un partido neofascista. La confusión es tan extrema que regímenes dictatoriales como los de Pinochet en Chile y de Fujimori en Perú son llamados a veces “liberales” o “neoliberales” porque privatizaron algunas empresas y abrieron mercados. De esta desnaturalización de lo que es la doctrina liberal no son del todo inocentes algunos liberales convencidos de que el liberalismo es una doctrina esencialmente económica, que gira en torno del mercado como una panacea mágica para la resolución de todos los problemas sociales. Esos logaritmos vivientes llegan a formas extremas de dogmatismo y están dispuestos a hacer tales concesiones en el campo político a la extrema derecha y al neofascismo que han contribuido a desprestigiar las ideas liberales y a que se las vea como una máscara de la reacción y la explotación.

Dicho esto, es verdad que algunos gobiernos conservadores, como los de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, llevaron a cabo reformas económicas y sociales de inequívoca raíz liberal, impulsando la cultura de la libertad de manera extraordinaria, aunque en otros campos la hicieran retroceder. Lo mismo podría decirse de algunos gobiernos socialistas, como el de Felipe González en España o el de José Mujica en Uruguay, que, en la esfera de los derechos humanos, han hecho progresar a sus países reduciendo injusticias inveteradas y creando oportunidades para los ciudadanos de menores ingresos.

Una de las características del liberalismo en nuestros días es que se lo encuentra en los lugares menos pensados y a veces brilla por su ausencia donde ciertos ingenuos creen que está. A las personas y partidos hay que juzgarlos no por lo que dicen y predican, sino por lo que hacen. En el debate que hay en estos días en Perú sobre la concentración de los medios de prensa, algunos valedores de la adquisición por el grupo El Comercio de la mayoría de las acciones de Epensa, que le confiere casi el 80% del mercado de la prensa, son periodistas que callaron o aplaudieron cuando la dictadura de Fujimori y Montesinos cometía sus crímenes más abominables y manipulaba toda la información, comprando a dueños y redactores de diarios o intimidándolos. ¿Cómo tomaríamos en serio a esos novísimos catecúmenos de la libertad?

Un filósofo y economista liberal de la llamada escuela austríaca, Ludwig von Mises, se oponía a que hubiera partidos políticos liberales, porque, a su juicio, el liberalismo debía ser una cultura que irrigara a un arco muy amplio de formaciones y movimientos que, aunque tuvieran importantes discrepancias, compartieran un denominador común sobre ciertos principios liberales básicos.

Algo de eso ocurre desde hace buen tiempo en las democracias más avanzadas, donde, con diferencias más de matiz que de esencia, entre democristianos y socialdemócratas y socialistas, liberales y conservadores, republicanos y demócratas, hay unos consensos que dan estabilidad a las instituciones y continuidad a las políticas sociales y económicas, un sistema que sólo se ve amenazado por sus extremos, el neofascismo de Le Front National en Francia, por ejemplo, o la Liga Lombarda en Italia, y grupos y grupúsculos ultracomunistas y anarquistas.

En América latina, este proceso se da de manera más pausada y con más riesgo de retroceso que en otras partes del mundo, por lo débil que es todavía la cultura democrática, que sólo tiene tradición en países como Chile, Uruguay y Costa Rica, en tanto que en los demás es más bien precaria. Pero ha comenzado a suceder y la mejor prueba de eso es que las dictaduras militares prácticamente se han extinguido y de los movimientos armados revolucionarios sobrevive a duras penas las FARC colombianas, con un apoyo popular decreciente. Es verdad que hay gobiernos populistas y demagógicos, aparte del anacronismo que es Cuba, pero Venezuela, por ejemplo, que aspiraba a ser el gran fermento del socialismo revolucionario latinoamericano, vive una crisis económica, política y social tan profunda, con el desplome de su moneda, la carestía demencial y las iniquidades de la delincuencia, que difícilmente podría ser ahora el modelo continental en que quería convertirla Chávez.

Hay ciertas ideas básicas que definen a un liberal. Que la libertad, valor supremo, es una e indivisible y que ella debe operar en todos los campos para garantizar el verdadero progreso. La libertad política, económica, social, cultural son una sola y todas ellas hacen avanzar la justicia, la riqueza, los derechos humanos, las oportunidades y la coexistencia pacífica en una sociedad. Si en uno solo de esos campos la libertad se eclipsa, en todos los otros se encuentra amenazada. Los liberales creen que el Estado pequeño es más eficiente que el que crece demasiado, y que, cuando esto último ocurre, no sólo la economía se resiente, también el conjunto de las libertades públicas. Creen asimismo que la función del Estado no es producir riqueza, sino que esta función la lleva a cabo mejor la sociedad civil, en un régimen de mercado libre, en que se prohíben los privilegios y se respeta la propiedad privada. La seguridad, el orden público, la legalidad, la educación y la salud competen al Estado, desde luego, pero no de manera monopólica, sino en estrecha colaboración con la sociedad civil.

Éstas y otras convicciones generales de un liberal tienen, a la hora de su aplicación, fórmulas y matices muy diversos relacionados con el nivel de desarrollo de una sociedad, de su cultura y sus tradiciones. No hay fórmulas rígidas y recetas únicas para ponerlas en práctica. Forzar reformas liberales de manera abrupta, sin consenso, puede provocar frustración, desórdenes y crisis políticas que pongan en peligro el sistema democrático. Éste es tan esencial al pensamiento liberal como el de la libertad económica y el respeto a los derechos humanos. Por eso, la difícil tolerancia -para quienes, como nosotros, españoles y latinoamericanos, tenemos una tradición dogmática e intransigente tan fuerte- debería ser la virtud más apreciada entre los liberales. Tolerancia quiere decir aceptar la posibilidad del error en las convicciones propias y de verdad en las ajenas.

Es natural, por eso, que haya entre los liberales discrepancias sobre temas como el aborto, los matrimonios gay, la descriminalización de las drogas y otros. Sobre ninguno de estos temas existe una verdad revelada liberal, porque para los liberales no hay verdades reveladas. La verdad es, como estableció Karl Popper, siempre provisional, sólo válida mientras no surja otra que la califique o refute. Los congresos y encuentros liberales suelen ser, a menudo, parecidos a los de los trotskistas (cuando el trotskismo existía): batallas intelectuales en defensa de ideas contrapuestas. Algunos ven en eso un rasgo de inoperancia e irrealismo. Yo creo que esas controversias entre lo que Isaías Berlin llamaba “las verdades contradictorias” han hecho que el liberalismo siga siendo la doctrina que más ha contribuido a mejorar la coexistencia social, haciendo avanzar la libertad humana.

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

Opinión: Ética, moral y justicia

Por Armando Ribas. Publicado el 25/8/13 en: http://www.hacer.org/latam/?p=31012

“La justicia no es natural, es artificial, pero no arbitraria” David Hume

Mientras más analizo la situación de la filosofía política en la actualidad, más me convenzo de la evidente confusión reinante al respecto. Como ya lo he manifestado en otras ocasiones, creo que esa mayor confusión reside en el concepto de ética, y por supuesto su relación con la moral y la justicia. La consecuencia trasciende entonces al campo de la política. El primer problema obviamente es el concepto mismo de ética, y al respecto el Diccionario de la Academia Española la define: “Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre”. Hasta aquí siento que no hemos avanzado nada en nuestra disquisición.

Pasemos entonces al diccionario Webster. “Etica: Disciplina que trata con lo que está bien y está mal y con el deber moral y obligación; Teoría del sistema de valores morales”. En fin no creo que hayamos llegado a alguna conclusión válida al respecto del análisis que nos proponemos de la situación actual de la política en el mundo.

Evidentemente las anteriores definiciones respecto a la ética, entrañan de por sí una confusión entre ética y moral. Por supuesto a fin de poder analizar la situación política actual es imprescindible que distingamos los conceptos de ética y moral. Entonces  insistiendo en las confusiones, pasemos a la definición de moral del Webster: “relacionado con los principios de bien o mal en el comportamiento”. Me atrevería a decir que en esa definición nos encontramos con un sinónimo de ética.

Entonces ante la confusión precedente, pasemos a analizar los conceptos de David Hume al respecto, que considero fundamentales para comprender el concepto de ética en que se basó el sistema político que cambió la historia del mundo. Ese sistema  es el Rule of law, y no el capitalismo, pues la economía es la consecuencia del sistema ético, político y jurídico. La economía es el resultado de los comportamientos individuales que determina el sistema. Por ello donde no se respetan los derechos individuales, desaparece el mercado.

La ética entonces es un concepto pragmático de la naturaleza humana. Así Hume considera que toda ciencia comienza por la ciencia del hombre, y al respecto dice: “No existe una cuestión de importancia, cuya decisión no esté comprendida en la ciencia del hombre; y no hay ninguna que pueda ser decidida con alguna certeza, antes de  que estemos en contacto con esa ciencia”. Fue en función de esa realidad que por primera vez en la historia se creó el sistema político, basado en el hombre tal cual es y no en el supuesto de cómo debe de ser. Tal concepto ético respecto a la naturaleza humana, fue determinante de la necesidad de limitar el poder político.

Históricamente el poder político absoluto, se fundó primeramente en el supuesto de que representaba la voluntad de Dios. O sea el derecho divino de los reyes, hasta que Locke reconoció que los monarcas también eran hombres.Así se ignoró en Occidente que ya en el Evangelio se reconoció la separación del Estado de la Iglesia. “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.Y asimismo la falibilidad del hombre: “El justo peca siete veces” y “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. En una segunda instancia histórica, a partir de la Revolución Francesa de 1789 se desconoció la naturaleza humana en función de la diosa razón. Fue Rousseau quien primeramente intentó tal proceso y así escribió: “Todo aquel que se atreva a encargarse de la tarea de instituir una nación, debe sentirse asimismo capaz de transformar la naturaleza humana”. En función de ese proyecto de crear un hombre nuevo, se han matado millones de seres humanos, primero por  los jacobinos y seguidamente por los bolcheviques, hasta nuestros días.

Esa moral racionalista fue desarrollada por Kant en sus imperativos categóricos. De conformidad a los mismos la búsqueda de la felicidad es deshonesta, pues no se hace por deber. Es decir que su conclusión es el opuesto del principio básico del Rule of Law, que de conformidad con el pensamiento de John Locke, el derecho a la búsqueda de la propia felicidad es el principio básico de la libertad. Y siguiendo con la postura kantiana, Hegel llega a la conclusión de que el individuo no tiene más razón de ser que su pertenencia al estado. Afortunadamente con la caída del Muro de Berlín esa tendencia autoritaria y fuente del totalitarismo, parecía haber desaparecido del panorama político. Lamentablemente, no obstante esa realidad, el socialismo impera como consecuencia del equívoco precedente sobre la naturaleza humana. La supuesta búsqueda de la igualdad se ha convertido en el camino al poder.

Volviendo a la ética, Hume desarrolló un principio fundamental al respecto, de conformidad con la ciencia del hombre y así dijo: “Si los hombres fueran generosos y la naturaleza pródiga, la justicia no tendría razón de ser”. En función de esta concepción pragmática de la naturaleza humana determinó que la justicia no es natural sino artificial. O sea por arte del hombre, pero no arbitraria, sino el resultado del aprendizaje de la historia, que nos permite conocer la ciencia del hombre. Por tanto llega a la conclusión fundamental de que la naturaleza humana es inmodificable, y si queremos cambiar los comportamientos se requiere cambiar las circunstancias.

El Rule of Law es precisamente ese cambio en las circunstancias que modificó el comportamiento, a partir del respeto por los derechos individuales y el límite al poder político. Siguiendo ese principio fundamental James Madison escribió: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno, y si fueran a ser gobernados por ángeles no se requeriría ningún control al gobierno, que es una administración de hombres sobre hombres”. Como puede observarse la anterior conclusión es una paráfrasis del pensamiento de Hume. Y asimismo reconoció otro principio fundamental cual es que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías. Este último principio es el que hoy se viola como consecuencia de la confusión entre república y democracia. Las mayorías no solo determinan quien gobierna, sino que en nombre de las  mismas y la demagogia de la justicia social, se permite el poder de violar el derecho de propiedad. Igualmente se desconoce el derecho a la búsqueda de la felicidad,  pues es la expresión del egoísmo del interés privado frente al interés general, que representan los gobiernos de turno.

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

La tierra para quien la trabaja

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/8/13 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/cliches-antiliberales-2-la-tierra-para-quien-la-trabaja/

Esta consigna fue estandarte de las más importantes organizaciones enemigas de la libertad y de las dos instituciones sobre las que se sustenta: la propiedad privada y los contratos voluntarios. Cuando Emiliano Zapata gritó hace un siglo: “La tierra para quien la trabaja”, no hacía más que repetir lo que coreaban socialistas, comunistas, anarquistas, y otros movimientos e intelectuales antiliberales, tanto marxistas como no marxistas, incluyendo a destacados economistas como Henry George o Léon Walras. Cabe preguntarse por qué era así, y por qué ha dejado de serlo.

La tierra es un símbolo variado y remoto: la revolución neolítica giró en torno a su cultivo, y durante milenios su relevancia económica fue tan sobresaliente que no resulta extraño que la primera escuela de pensamiento económico, que fundó François Quesnay, la fisiocracia francesa del tercer tercio del siglo XVIII, la considerara el único factor de producción, la única causa genuina del valor y la riqueza. Su contemporáneo Adam Smith, que no llegó tan lejos, sí escribió que la agricultura era la más productiva de las actividades económicas.

A esta confusión, que asimila productivo con ponderación en el conjunto de la economía, se le unió otra confusión, también de antigua data, que separó la tierra de todo lo demás a la hora de justificar su propiedad privada. Se dijo que la tierra no podía ser apropiable porque no había sido producida por nadie, o porque Dios, al entregársela a Adán, lo había hecho a todos los seres humanos por igual. Un prócer del liberalismo como Locke llegó a sostener que la propiedad privada de la tierra sólo era legítima para un hombre siempre y cuando dejara para los demás “suficiente y al menos de la misma calidad”.

LIBERALES DECIMONÓNICOS

En esta confusión cayeron los liberales decimonónicos, como nuestro Álvaro Flórez Estrada y tantos otros, que defendieron la libertad política y la económica al tiempo que atacaban la propiedad de la tierra y aplaudían la desamortización. Cuando los socialistas clamaron después por la reforma agraria, y la llevaron a la práctica con resultados catastróficos, se apoyaban en esa tradición.

Ahora, sin embargo, ni los comunistas proponen arrasar con esa propiedad. Y no es porque se hayan vuelto liberales. La razón no es doctrinal sino empírica: el peso económico del sector primario es hoy muy reducido. Sigue habiendo ataques a la propiedad de la tierra de modo más elíptico, como cuando se habla de “recursos naturales” o “seguridad alimentaria”, pero hoy el grueso de los políticos, en vez de expropiar la tierra, se dedican, haciendo realidad la frase hayekiana de “los socialistas de todos los partidos”, a expropiar el recurso que para los socialistas era el gran creador de riqueza. Precisamente, el trabajo. Nadie rechaza su expropiación, nadie proclama: el trabajo para quien lo trabaje…

Y la agricultura y la ganadería, antiquísimos objetos de tributación, hoy son en muchos lugares del mundo objetos de subsidio.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Las ideas y las acciones

Por Armando P. Ribas. Publicado el 21/5/13 en http://www.libertadyprogresonline.org/2013/05/21/las-ideas-y-las-acciones/

Aunque parezca una pretensión intelectual, este mundo de las comunicaciones, yo diría que está varado. Las ideas a partir de las cuales fue creado este mundo que tomamos por dado, están cada vez más amenazadas, ante la aparente ignorancia universal respecto a los factores ideológicos que permitieron su existencia. Percibimos entonces la contradicción pertinaz entre las ideas que permitieron la libertad y su consecuencia la expansión de las comunicaciones, y las que trasmiten hoy esas comunicaciones. Son las ideas socializantes que prevalecen en el denominado mundo occidental, que permiten el acceso al poder político, y desde el poder se atenta contra las ideas que permitieron las comunicaciones.

Hoy me atrevería a decir que en ese mal denominado mundo occidental y cristiano vive la batalla entre Locke y Rousseau. Fue John Locke quien en el siglo XVII, propuso las ideas en que se basaron fundamentalmente la libertad y que fueran reconocidas por primera vez en la historia en la Glorious Revolution en Inglaterra en el año 1688. Esas ideas partieron del reconocimiento de la naturaleza humana y en virtud de ella la necesidad de limitar el poder político. “Los monarcas también son hombres” Y que conste que en ese pronunciamiento Locke se oponía al pensamiento del Leviatán de Thomas Hobbes; que era su antecesor británico.

Igualmente partiendo de esa misma concepción Locke determinó que el principio fundamental de la libertad era el derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad. Insisto que ese es un concepto ético fundamental pues en el mismo se reconoce la razón de ser del comportamiento humano. Como bien dijera David Hume: “Si la naturaleza fuese pródiga y los hombres generosos, la justicia no tendría razón de ser, pues sería inútil” Consecuentemente se reconoce el derecho de propiedad como el origen de la creación de riqueza. Algo más tarde Adam Smith reconoce esta noción ética y dice: El individuo persiguiendo su propio interés, frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente que cuando el realmente intenta promoverlo. Yo nunca he conocido mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público.

Evidentemente Adam Smith se adelantó a los tiempos en esa observación, y así reconocería la razón de ser de la crisis europea actual. Fue a partir de esos conceptos puestos en práctica políticamente en el reconocimiento de los derechos individuales que se produjo la conocida Revolución Industrial. La misma se conoce pero asimismo me atrevo a decir que se ignora su razón de ser que fue ética y política, pues la economía no es más que la consecuencia. Estas ideas algo después cruzaron el Atlántico y no en el May Flower, sino con posterioridad a ese viaje, pues durante largo tiempo los pilgrims no se diferenciaron de los llegados en las carabelas con Colón.

Fueron los Founding Fathers los que aceptando las anteriores concepciones ético políticas, lograron promulgar la constitución de 1787 y seguidamente en 1791 la aprobación del Bill of Rights (Declaración de derechos) Y seguidamente en 1973 hicieron el mayor aporte a la libertad cuando el juez Marshall en el caso Marbury vs. Madison declaró: “Todos aquellos que han promulgado constituciones, las contemplan como la ley fundamental y suprema de la nación, y consecuentemente la teoría de todos esos gobiernos es que toda ley de la legislatura repugnante a la constitución es nula. Es enfáticamente la competencia y el deber del departamento judicial el decir cual es la ley”.

Ya Madison en la Carta 51 del Federalista, parafraseando a Hume dice: Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno. Si los ángeles fueran a gobernar a los hombres, no serían necesarios controles internos o externos. Al organizar un gobierno que va a ser administrado por hombres sobre hombres la gran dificultad yace en esto. Primero se debe capacitar al gobierno para controlar a los gobernados y en segundo lugar obligarlo a controlarse a si mismo. “En esa concepciones se sustenta el Rule of Law que fuera denominado erróneamente por Marx como el sistema capitalista, que lo descalificara éticamente como la explotación del hombre por el hombre. Pero fue el mismo quien reconociera en e Manifiesto comunista que la burguesía en escasamente cien años de dominio había creado más riquezas y fuerzas productivas que todas las generaciones anteriores juntas. Fue a partir de ese proceso basado en tales principios, diría que ignorados en gran parte del mundo, se desarrolló la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia.

Hoy el socialismo prevalece Bernstein mediante. Fue Edward Bernstein quien en 1899 escribiera Las Precondiciones del Socialismo y en contraposición a Lenín, discutió a Marx en el sentido que el socialismo se podía alcanzar democráticamente sin necesidad de revolución, pues no era verdad tampoco que los trabajadores eran cada vez más pobres. Por consiguiente el capitalismo sigue siendo hoy una mala palabra y estar a su favor significa estar a favor de los ricos y contra los pobres. Como bien dijera Aristóteles hace más de dos mil años: Los pobres siempre serán más que los ricos”. Por tanto vemos hoy la percepción de Nietzsche al respecto de que democracia y socialismo son lo mismo.

Pero el primer error de Bernstein en su análisis filosófico político es haber considerado al socialismo como una superación del liberalismo y así escribió en la obra citada: “El socialismo es el heredero legítimo del liberalismo  Y no hay un real pensamiento liberal, que no pertenezca a los elementos de las ideas del socialismo”. En esa aseveración comienza por desconocer que la base ética del liberalismo es opuesta al socialismo. En tanto que el liberalismo parte de la concepción de la naturaleza humana el socialismo pretende la supuesta creación de un hombre nuevo. Y esa confusión la manifiesta una vez más cuando se refiere al Contrato Social de Russeau como el origen de la entronización en la sociedad de los derechos del hombre proclamados por la Revolución Francesa.

Entonces crucemos el Canal de la Mancha y en el siglo XVIII surgió la figura de Jean Jacques Rousseau nacido en Suiza., quien en sus escritos fue le primero en pronunciarse contra la tesis política de Locke. Fue así que escribió que la propiedad privada era el origen de las desigualdades del hombre. Y en el discurso sobre las Ciencias y las Artes, por el que obtuviera el premio de la Academia de Dillon escribió: “Y nuestras almas han sido corrompidas en proporción a como nuestras ciencias y las artes han avanzado hacia la perfección… Hemos visto volar a la virtud tanto como luz de las artes y las ciencias subió sobre nuestro horizonte.” Más tarde en el Contrato Social escribió: “Cualquiera que se atreva a tomar la tarea de instituir una nación, se debe sentir el mismo capaz de cambiar la naturaleza humana.” A partir de ese concepto generó la concepción de la voluntad general que supuestamente tiende a la igualdad. De ahí se deriva el concepto de la soberanía que es indivisible e inalienable. Por esa razón  dice: “Que es contrario a la naturaleza del cuerpo político que la soberanía imponga sobre si misma una ley que ella no pueda infringir”.

En esa misma tendencia continúa diciendo: “Tal como la naturaleza le da a cada hombre poder absoluto sobre las partes de su cuerpo, el pacto social le da al cuerpo político poder absoluto sobe sus miembros, i es este mismo poder que bajo la dirección de la voluntad general tendrá el nombre de soberanía”.Consecuentemente concluye que: “Cuanto mejor está constituido el estado, mas los asuntos públicos  tienen precedencia sobre los negocios privados en la mente de los ciudadanos”. Y para finalizar Rousseau está en contra del comercio internacional.  En estos principios se sustentó la Revolución Francesa y el jacobinismo supuestamente representante de la diosa razón.

No me cabe la menor duda de que ese fue el inicio del totalitarismo, que como he dicho en otras ocasiones fue la racionalización del despotismo. Esos principios fueron avalados por  Enmanuel Kant, fundamentalmente en su “La Metafísica de la Moral” donde dice: “De esto surge la proposición de que el soberano de un estado solo tiene derechos en relación a sus súbditos y no deberes coercibles.  Más aun la constitución real no puede contener ningún artículo que pueda hacer posible para algún poder del estado resistir  o contener al supremo ejecutivo en casos en que violase las leyes constitucionales” Como podemos ver en estos presupuestos está la contradicción respecto a la libertad basada en los límites al poder político, tal como lo propuso inicialmente Locke y fue seguida por los Founding Fathers en Estados Unidos.

Pero la mayor contradicción entre Kant y Locke surge en el ámbito de la ética. Como se recordará Locke estableció que el derecho a la búsqueda de la felicidad era el principio de la libertad. Kant por el contrario sostiene que la búsqueda de la felicidad es deshonesta pues se hace por interés y no por deber. Por tanto basado en este principio considera igualmente que el comercio es deshonesto pues se hace por interés y no por deber. Por tanto en su “Idea para una Historia con un Propósito Cosmopolita”, después de sostener que la razón está en la historia, que por tanto podemos considerar el inicio del historicismo, dijo: “ El hombre desea la concordia, pero la naturaleza, conociendo mejor que es bueno para sus especies, desea la discordia”. O sea esta es la supuesta justificación ética de la guerra sobre el comercio.

Los anteriores principios fueron llevados a sus últimas consecuencias por Friederick Hegel  quien determino que el Estado era la divina idea tal como se manifestara sobre la tierra. Consecuentemente el individuo no tenía más razón de ser que su pertenencia al estado. Por ello igualmente concluía que la guerra era el momento ético de la sociedad. En esa concepción pues continuó el proceso del historicismo-la razón en la historia- y así esa razón la convirtió en lo que he denominado logo teismo. O sea que la historia era la razón de Dios. En ese proceso la dialéctica deja de ser un sistema de conocimiento platónico, para convertirse en el proceso de la historia a través de las contradicciones. Y por supuesto en esa cosmovisión el Estado juega un papel determinante y la burocracia le ética de la sociedad frente a la concupiscencia de las corporaciones.

Finalmente llega Kart Marx y la revolución proletaria a fin de cumplir con el mandato rouseauniano de eliminar la propiedad privada, como presupuesto ético del camino al comunismo donde el estado desaparecería. Marx consideraba a diferencia de Hegel que la burocracia no representaba la ética de la sociedad, y había de llegarse al nirvana de la  anarquía, a través de la dictadura del proletariado. O sea del marxismo es teóricamente anárquico y en la práctica dictatorial. A mi juicio tácticamente la dictadura del proletariado fue la justificación del estado absoluto en el supuesto del camino al comunismo, donde se pasaría de cada cual de acuerdo a sus habilidades a cada cual de acuerdo a sus necesidades. A los hechos me remito y la obviedad histórica de que la dictadura del proletariado sigue creando más necesidades, que no son posibles de satisfacer.

Visto lo que antecede no puedo creer que aun se considere que existe la civilización   occidental y se ignore que tal como escribiera Balint Bazsonyi, La filosofía política Franco-germánica y la Anglo-americana son tan diferentes como el día y la noche. La primera dio lugar al totalitarismo y la segunda a la libertad por primera vez en la historia. Creo en la evidencia de que de no haber sido por los Estados Unidos el llamado mundo occidental, incluido Latinoamérica seríamos nazis o comunistas. Lamentablemente hoy las ideas de la libertad son cuestionadas por la izquierda de la mano de la social democracia en Europa. Y el mundo sigue confundido en la concepción del imperialismo americano. Esperemos que tomemos conciencia de esta realidad histórico- política y encontremos el camino de la libertad para salir de la crisis del socialismo. Ya debiéramos saber que el socialismo democrático no resuelve los problemas sino que los crea y ahí tenemos la crisis europea que aparentemente no tiene salida dentro del sistema que la creó y el Rule of Law sigue ignorado ante la farsa de la crítica al capitalismo salvaje.

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

Un liberalismo

Por Armando P. Ribas. Publicado el 11/7/12 en http://www.libertadyprogresonline.org/2012/07/11/un-liberalismo/

En un reciente artículo Álvaro Delgado-Gal se refirió a la existencia de dos liberalismos. El uno político y el otro económico. Me voy a permitir discrepar con tal ambivalencia. El liberalismo surge del pensamiento de John Locke, tal como lo expresa fundamentalmente en sus dos Tratados Sobre el Gobierno Civil y en La Carta Sobre la Tolerancia. Allí manifiesta expresamente su oposición al derecho divino de los reyes y al respecto dice: “Como si todos los hombres abandonando el estado de Naturaleza, entren en la sociedad, ellos acuerden que todos ellos excepto uno debe estar bajo las restricciones de la ley; pero que deba todavía retener toda la libertad del estado de naturaleza, incrementado con poder, y hacerlo licencioso por impunidad. Esto es como pensar que los hombres son tan tontos que tienen cuidado de evitar las travesuras que pueden ser hechas por las mofetas y los zorros, pero están, más bien, piensan que es seguro, el ser devorado por leones”.

Y tomando en cuenta la naturaleza humana y refiriéndose a los monarcas dijo: “Pero yo deseo que aquellos que hacen esta objeción recuerden que los monarcas absolutos no son más que hombres”. Consecuentemente estableció los límites al poder político reduciendo las prerrogativas del rey y separando los poderes del estado. Por supuesto en contra del pensamiento de Rousseau estableció los derechos individuales incluyendo el derecho a la búsqueda de la felicidad y así como el derecho de propiedad. A partir de este reconocimiento el autor considera que frente al liberalismo político se encuentra el liberalismo económico generado por David Hume y Adam Smith.

Es cierto que concurren diferencias entre Locke y Hume pero ellas no surgen de manifestarse en dos campos distintos que supuestamente serían el político y el económico. En tanto que para Locke los derechos individuales son naturales, para Hume son el resultado del aprendizaje de la historia sobre la naturaleza humana. Por ello considero que el mayor aporte de Hume al concepto liberal es su análisis sobre la naturaleza humana para determinar el origen mismo de la justicia. Así llega a la conclusión de que “la naturaleza humana es inmutable, por tanto si queremos cambiar los comportamientos debemos cambiar las circunstancias”. Y seguidamente sostiene: “Si los hombres fueran generosos y la naturaleza pródiga, la justicia no tendría razón de ser”. Es decir sería posible la anarquía.

Por otra parte no es cierto que Hume proponga un gobierno absoluto, con tal que se atuviese a la ley. Lo que Hume está proponiendo al respecto es precisamente evitar la tiranía que puede surgir del reconocimiento del origen popular de los gobiernos. En ese sentido dice: “Pero si en lugar de protección y seguridad, se encuentran con la tiranía y la opresión, ellos (los pueblos) están liberados de sus promesas”. O sea Hume está opuesto al derecho divino de los pueblos que no es más que la demagogia impuesta desde el socialismo. Y es en este aspecto donde podemos encontrar alguna contradicción en el planteo de Locke.

Entonces no es que existen dos liberalismos, uno político y otro económico. Los principios en que Hume basa la estabilidad que son: “La seguridad en la propiedad, la transferencia por consenso y el cumplimiento de las promesas”, son éticos, políticos y jurídicos. Lo económico es la consecuencia de la aplicación de los mismos. En ese sentido de la defensa de la propiedad privada coincide plenamente con Locke. Pero pasando entonces a la supuesta economía de Adam Smith, debo rescatar igualmente un principio ético fundamental del liberalismo que es la conocida mano invisible y que la describió en la siguiente forma: “Persiguiendo su propio interés, frecuentemente promueve el de la sociedad mas efectivamente, que cuando el intenta promoverla. Yo no he visto mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público”.

En la frase anterior encontramos un principio ético fundamental, y que por supuesto trasciende al plano político. En el mismo encontramos la justificación del derecho a la búsqueda de la propia felicidad, que como tal fuera igualmente reconocido por Locke y aplicado por los Founding Fathers, a quienes considero los instauradores iniciales del sistema liberal, al que denominaron the Rule of Law. Ese principio es fundamental en el ejercicio de la libertad. El mismo implica el reconocimiento jurídico de la eticidad de los intereses privados que no son contrarios al interés general. Cuando por el contrario se supone que el estado representa al interés general, tenemos de nuevo la voluntad general y el gobierno se constituye en el poder absoluto, tal como lo propuso Hegel. Como se recordará para Hegel el estado era la expresión de la ética, frente a la concupiscencia de las corporaciones. Principio fundamental del totalitarismo que nos regaló la Europa Continental., como reconociera recientemente Jean Francois Revel.

El liberalismo pues es un sistema ético, político y jurídico, en el cual el proceso económico es un resultado del ejercicio de los derechos reconocidos y respetados. Ese fue el sistema que se iniciara en Inglaterra con la Revolución Gloriosa en 1688 cuando se reconocieron los derechos tal como los había planteado Locke. Como antes dijimos ese sistema fue llevado a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers. Fue pues en Estados Unidos donde se adicionó el principio del rol fundamental del departamento de Justicia y la Corte Suprema, para hacer que se cumplan los predicados constitucionales: Judicial Review (Revisión Judicial).

Es indudable que Madison estaba influenciado por el pensamiento de David Hume, cuando escribiera la Carta 51 de El Federalista. Allí escribió: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno; si fueran a ser gobernados por ángeles ningún control externo ni interno sobre el gobierno sería necesario. Al organizar un gobierno, que es una administración de hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto. Primero se debe capacitar al gobierno para controlar a los gobernados, y en segundo lugar obligarlo a controlarse a si mismo”. Las anteriores palabras reflejan una paráfrasis del pensamiento de Hume citado anteriormente. En la misma se registra un concepto fundamental de reconocer la naturaleza humana y al mismo tiempo la admisión de que el gobierno no es la entelequia de los ‘universales’ en el sentido de la voluntad general y su consecuencia el Estado. Por la misma razón seguidamente reconoce que las mayorías no tienen el derecho de violar los derechos de las minorías.

Perdón pero confundir el pensamiento de Hume con el utilitarismo de Bentham y de Rawls es un pecado original que impide comprender la naturaleza ética de liberalismo. El utilitarismo per se es la negación del derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad, y su consecuencia es el supuesto derecho a que se la provea el estado. Y en esa trampa ha caído el artículo 25 de La Declaración Universal de los Derechos Humanos y ahí tenemos el resultado: la crisis europea a través del estado de bienestar y el populismo en América Latina. Lamentablemente el confundir el sistema liberal con el concepto tergiversado de la derecha, le ha permitido a la izquierda apropiarse de la ética acorde con la pretensión de la igualdad económica, cuyo resultado es la desigualdad política que significa el poder absoluto y por supuesto el riesgo de perder la libertad, cuya consecuencia es la pobreza.

En ese sentido es asimismo lamentable que la supuesta civilización occidental no haya tomado conciencia de que la filosofía ética y política de Kant, como complemento de Rousseau, es a su vez el sustento de Hegel. Al respecto puedo decir que en esa carencia ha caído la Escuela Austríaca que en general ha ignorado y confundido el pensamiento kantiano, y a la vez ha intentado mantener la defensa de la libertad en términos de la economía de mercado, y no su sustento ético político. A mi juicio en la filosofía kantiana se encuentran los presupuestos liminares del totalitarismo al desconocer el derecho a la felicidad, por ser un acto deshonesto pues no se hace por deber. De hecho esa descalificación del comercio implica que la alternativa es la guerra. Tanto así que Hegel la consideró el momento ético de la sociedad.

Igualmente Kant siguiendo a Rousseau y la voluntad general, en su Metafísica de las Costumbres, estableció: “El poder soberano de un estado solo tiene derechos en relación a sus súbditos y no deberes coercibles” Y siguiendo esa tesis: “La constitución no puede tener ningún artículo que pueda hacer posible que para cualquier poder del estado el resistir o controlar al supremo ejecutivo en caso que violase la ley constitucional”. Y no olvidemos que en “Idea Para Una Historia Universal con un Sentido Cosmopolita” sostuvo que la razón estaba en la historia y que el progreso de la misma dependía del antagonismo,

No obstante lo dicho anteriormente debo reconocer que en uno de sus últimos ensayos, La Paz Perpetua, Kant dio marcha atrás a su racionalismo moral y político, y bajo la influencia de Hume, reconocida por el mismo, se atuvo al empirismo racional. Fue así que en dicho ensayo distinguió entre la república como el reino del derecho y la democracia como la justificación del despotismo. Este criterio debe ser considerado en los instantes en que vivimos como presupuesto del liberalismo. Seguidamente descartó la racionalidad de la guerra y rescató la importancia del reconocimiento de la naturaleza humana y así dijo: “Tal tarea no envuelve el mejoramiento moral del hombre; solamente significa encontrar como el mecanismo de la naturaleza puede ser aplicado a los hombres de tal manera que el antagonismo de sus actitudes hostiles los hagan exigir uno a otro a someterse a las leyes coercibles y así producir condiciones de paz dentro de las cuales las leyes puedan ser aplicadas”. Como podemos ver estos pensamiento se contradicen con las citas previas en su Metafísica de la Moral, y pueden ser aplicables a la realidad de hoy.

Por último el autor se refiere a la predicción de Schumpeter sobre el triunfo final del socialismo. Al respecto dice: “Este se equivocó al suponer que el futuro sería socialista”. Lamentablemente considero que la predicción de Schumpeter está hoy presente en el estado de bienestar europeo y el populismo “democrático” latinoamericano. Al mismo tiempo se perciben tendencias en Estados Unidos a violar los principios fundamentales del Rule of Law, en nombre de la igualdad económica. O sea lamentablemente la demagogia bajo la denominación “iluminista” del socialismo está monopolizando la ética en la llamada civilización occidental. Esperemos que recuperemos la noción clara del liberalismo y se de un vuelco en la historia que pueda demostrar que Schumpeter se equivocó.

El Dr. Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y profesor en ESEADE.